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martes, 12 de enero de 2016

Goles nómadas

Ángel Labruna vistió la camiseta de River ininterrumpidamente durante dos décadas y el paraguayo Arsenio Erico jugó 11 años en Independiente. Se trata de los máximos artilleros de Primera División desde la instauración del profesionalismo. José Sanfilippo hizo más de 200 goles en San Lorenzo entre 1953 y 1962. Juan Carlos Cárdenas, el Chango, autor del tanto con el que Racing fue campeón del mundo, estuvo 10 años en la Academia desde su primer ciclo en 1962 hasta el tercero en 1976. Más cerca en el tiempo, Martín Palermo se convirtió en el máximo goleador de la historia de Boca con sus dos pasos en 1996-2000 y 2004-2011.

Hoy los protagonistas de los goles son nómades, no es posible ubicarlos con precisión en un estadio ni identificarlos con determinados colores. Cargan con sus botines y sus gritos de un destino a otro. Ponen en alta cotización sus conquistas y las negocian a la incuestionable medida de sus propios intereses. Son los tiempos que corren, con un fútbol de fronteras abiertas y representantes e intermediarios ávidos de transacciones de piernas.

Los cinco centrodelanteros que se desempeñan en nuestro medio y más goles hicieron en Primera División son Santiago Silva, José Sand, Rubén Ramírez, Mauro Óbolo y Mariano Pavone. Cuatro de ellos cambiaron de equipo para este año; solamente Óbolo continuará con el mismo escudo, el de Belgrano. En tanto, Mariano Pavone es el único que jugó más de dos temporadas seguidas en un mismo club, cuando permaneció seis años en Estudiantes al inicio de su carrera.

En menos de un año, el uruguayo Silva habrá vestido tres camisetas diferentes, de instituciones cercanas geográficamente: Lanús, Arsenal, y Banfield, donde afrontará su segundo ciclo. Además, pasó por Newell´s, Gimnasia, Boca y tuvo dos etapas en Vélez. En esos siete clubes hizo 106 goles en la máxima categoría. Si se toman en cuenta sus experiencias en Uruguay, Brasil, Alemania, Portugal e Italia, son 15 camisetas distintas las que lució Silva en 18 ciclos.

Desde su debut en Primera en 1999, José Sand jugó para Colón (dos pasos), River, Banfield, Lanús, Racing, Tigre, Argentinos Juniors y Aldosivi. Lleva 91 goles en la máxima categoría con ocho casacas diferentes. La mayoría, 50 en 67 partidos, fueron en el Granate, institución a la que regresó para el torneo que comenzará el mes próximo. Solamente en el Bicho no pudo marcar. Además, en el ascenso estuvo en Independiente Rivadavia de Mendoza, Defensores de Belgrano y Boca Unidos, mientras que fuera del país recorrió canchas en Brasil, España, México y Emiratos Árabes.

Temperley será el sexto equipo para Rubén Ramírez en la elite del fútbol argentino. El conjunto del sur del Gran Buenos Aires es la nueva morada de los hasta aquí 89 goles que antes habitaron en Colón (dos veces), Racing, Banfield, Godoy Cruz y Quilmes. Tiro Federal y Audax en Chile completan el recorrido en la trayectoria del santafesino de Margarita.

Mauro Óbolo continuará en Belgrano, donde buscará acrecentar su cifra goleadora en Primera. Lleva 84 tantos convertidos en Vélez (tres ciclos), Lanús, Arsenal, Godoy Cruz y el Pirata cordobés (dos etapas). Sus goles también tuvieron vuelo internacional en Italia, España, Suecia y Chile.

Después de 15 partidos en Racing, Mariano Pavone comienza el año en el mismo lugar donde lo había hecho en 2015, Vélez. Antes de sus pasos por Avellaneda y Liniers, el bonaerense oriundo de Tres Sargentos pasó por Estudiantes, Lanús y River para totalizar 79 goles. Otros 51 los celebró en el Betis español y el Cruz Azul mexicano.

Valor preciado en todas las latitudes, los goles del fútbol argentinos saltan de un club a otro, se pierden en paisajes lejanos y regresan sin melancolía. Cambian de colores pero no se extinguen. Los clubes van detrás de sus portadores. Así, hoy son suyos y mañana de otro. Los hinchas celebran los goles de quien en el pasado fue su verdugo y sufren los quien en el futuro puede ser su goleador.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 21 de junio de 2011

A la historia grande

Máximo artillero en la historia de uno de los dos equipos más grandes del fútbol argentino con 236 tantos y solamente superado entre los más goleadores desde que se instauró la era profesional por cuatro hombres mitológicos como Arsenio Erico, Ángel Labruna, Herminio Masantonio y Manuel Pellegrina, Martín Palermo le puso punto final a su carrera como jugador para quedarse en el recuerdo eterno, el que está reservado a unos pocos privilegiados, a los más destacados. Se lo ganó con un instinto sin igual en los tiempos modernos para vulnerar los arcos rivales.

A los 37 años, dio pruebas de un riguroso profesionalismo en su última temporada al disputar los 38 encuentros del año futbolístico. Lo hizo con un gran esfuerzo por las constantes dolencias en su rodilla derecha –en la cual tuvo dos operaciones por rotura de los ligamentos cruzados, en 1999 y 2008-, lo cual lo obligó a disputar gran parte del Clausura infiltrado. Fue una muestra más de la fortaleza mental de hierro de un verdadero titán.

La Selección argentina y el fútbol europeo no fueron su ámbito. Aunque se dio el gusto de emocionar y emocionarse con un dramático gol ante Perú bajo un diluvio por las Eliminatorias a Sudáfrica 2010 y, luego, de anotar en el Mundial frente a Grecia, su paso por la albiceleste será recordado por haber errado tres penales ante Colombia en la Copa América 1999. En tanto, de su paso por el viejo continente se evocará la fractura que le ocasionó el derrumbe de un talud en un festejo. En Boca, en cambio, encontró su lugar en el mundo, con goles a montones. Y los hizo de todas las formas. De chilena, de cabeza desde 35 metros, tomándose del travesaño, con los dos pies al resbalar en un penal. Esos gritos implicaron muchas celebraciones, con clásicos victoriosos, torneos locales, Copa Libertadores y la Intercontinental, cuando se disputaba a un partido en Tokio; aquella noche en la que le marcó dos goles al Real Madrid de Figo, Roberto Carlos y Casillas, entre otros. Así, se ganó el cariño azul y oro, como quedó de manifiesto en su último partido en la Bombonera, ante Banfield.

Acaso el mejor cabeceador de todos los tiempos por estas tierras, su última instantánea como jugador fue ganando una pelota en la altura del área de Gimnasia –su rival y al equipo que más le convirtió- para habilitar a Christian Cellay, autor del agónico gol del empate en el Bosque. Fue la última intervención del “optimista del gol”, como lo había definido Carlos Bianchi, el técnico que lo marcó.

Martín Palermo cerró el libro de su muy atractiva historia como futbolista. Seguramente el futuro sea como entrenador, junto a su amigo Roberto Abbondanzieri. Sus goles, sus festejos, sus desventuras y renaceres quedan registrados en una carrera del mil matices, nada menos que la de uno de los goleadores más importantes de los últimos 80 años.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de abril de 2011

El bronce no puede alterarse, la titularidad sí

El momento más especial de su carrera, el de los últimos pasos, se convirtió en el más amargo. Porque desde que Martín Palermo es Martín Palermo nunca tuvo un período tan aciago, en su juego y en su obsesión: el gol. Cuando era suplente en Estudiantes de La Plata en el Nacional B las cosas tampoco le resultaban fáciles, pero sabía que tenía mucho tiempo por delante para revertir ese presente. Y vaya si lo hizo.

La historia de los clubes la escriben en buena medida sus grandes futbolistas. Palermo es una parte nuclear de la Boca, hecho que no hay posibilidad de corromper. Así será para siempre. Pero el aporte individual, por mayor que haya sido, no debe estar por sobre lo colectivo; y, en este momento, sea por falencias propias o por una disposición táctica que no lo favorece, su presencia en el equipo titular no parece ser la mejor opción para el Xeneize.

Como lo merece, en cada partido, la hinchada boquense lo ovaciona. No escatima cariño para agradecerle al ídolo todo lo que le dio. Pero al margen de la cuestión sentimental de las tribunas, está el lado racional de quien conduce. Seguramente Julio César Falcioni tenga sus razones, pero mantener al disminuido ariete platense en lugar de optar por Lucas Viatri, parece un boicot a sí mismo. Aunque, al fin de cuentas, desde que llegó a Boca, el DT parece dispuesto a transitar un camino alejado de sus convicciones.

Hay muchas maneras de valorar a una gloria de un club, a un goleador con registros de otra época (en Boca anotó en 230 en 394 partidos). Mantenerlo como titular no es necesariamente una. Nada de lo que haga o deje de hacer en los diez partidos que le quedan modificará su antológica carrera. Sus goles significaron varios títulos, locales e internacionales. Que hoy escaseen no altera el bronce para la posteridad en La Ribera. Que su aporte al equipo no sea entre los once que inician cada partido, tampoco. (Foto: Telam.com.ar) Patricio Insua patinsua@gmail.com

martes, 25 de enero de 2011

Falcioni, orden y progreso

Con la despedida de 2010, Boca cerró su peor año en más de una década. Sin competiciones internacionales, a las cuales no logró clasificarse, ganó 12 partidos, empató 9 y perdió 17. En esos 38 encuentros recibió 55 goles para ser el segundo equipo más vulnerado, detrás de Colón (61) y junto con Huracán. En la tabla anual, al margen de los ascendidos (All Boys, Olimpo, y Quilmes, que disputaron la mitad de los partidos que el resto de los equipos), Boca sólo quedó por delante de San Lorenzo, Huracán y Gimnasia, y fue el más derrotado junto con Tigre y el Lobo. Ese tránsito implicó cuatro ciclos de entrenadores, los de Hugo Alves, Roberto Pompei en su primer interinato, Claudio Borghi y nuevamente Pompei.

Las diferencias entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme, glorias de la historia xeneize, son públicamente conocidas. Detrás, arrastran al resto de los jugadores a enrolarse en uno u otro bando. Pese a su eterna presencia goleadora (fue el máximo anotador de 2010), el aporte del centrodelantero es por demás discreto. La condición del Nº 10, quien firmó un contrato hasta 2014 exorbitante para el fútbol argentino, no difiere demasiado: en los últimos dos años, de 85 partidos disputados por Boca jugó 44 y anotó ocho goles.

En 2011 habrá elecciones en el club. Jorge Amor Ameal, pese a su infructuosa gestión, pretende la reelección. José Beraldi, vicepresidente primero, manifestó su interés en tomar la conducción del club, y Juan Carlos Crespi, vice segundo, podría ser una tercera alternativa. La convivencia parece ser muy difícil cuando los tres máximos dirigentes apuntan a ocupar la misma oficina.

En ese contexto arribó Julio César Falcioni para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo. Asumió el desafío de hacer su trabajo pese al lastre del año pasado, la interna del plantel y la disputa electoral de la dirigencia. Pero a pulso firme y desde el comienzo impuso sus condiciones. En la Posada de los Pájaros, en Tandil, sometió a los futbolistas a una pretemporada de altísima exigencia, como no la habían tenido en mucho tiempo. Se repitieron los días de trabajos en triple turno, iniciados a las 6:15 y con gran protagonismo de Gustavo Otero, preparador físico que se formó bajo la tutela de Julio Santella, quien fuera el PF de Carlos Bianchi.

"En concentración y esfuerzo el rival no nos puede ganar nunca" sentenció recientemente el entrenador. Una frase que sintetiza buena parte de su concepción del juego. Sabe que pulida técnica y sabiduría táctica son patrimonio de un selecto grupo, pero que la mejor prestación física y la atención plena están al alcance de cualquier futbolista ejercitándolo.

Fueron apenas dos partidos de verano, ante Independiente y River, con todas las salvedades que tienen los ensayos preparatorios, pero en ambos Boca esbozó las líneas características del DT. Un equipo firme en defensa, rápido en las transiciones, de permanente presión y con todos sus jugadores en constante movimiento para lograr dos premisas fundamentales: ahogar al rival doblando marcas y que con la pelota el portador tenga distintas opciones de pase.

Orden y progreso son los cimientos a partir de los cuales Falcioni edifica su Boca.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 22 de junio de 2010

Comienza el camino definitorio

Tres días antes de que Argentina se enfrente a México por los octavos de final en el Soccer City, de Johannesburgo, se cumplirán 20 años del último partido de eliminación directa que la Selección ganó en los 90 minutos. Fue aquella tarde de Turín en la que Diego Maradona apiló a medio Brasil antes de habilitar a Claudio Caniggia, que con una gambeta larga eliminó a Taffarel y puso el 1 a o que depositó al equipo de Bilardo en los cuartos de final.

Otra vez bajo la conducción de Maradona, no ya como líder futbolístico dentro del cancha sino como estratega desde la dirección técnica, el conjunto nacional se mediará ante el elenco azteca en una reedición de los octavos de final de Alemania 2006, cuando Argentina avanzó con un golazo de Maxi Rodríguez en tiempo suplementario.

La Selección ratificó su primer lugar en el Grupo B al derrotar en su último compromiso a Grecia 2 a 0. Fue una actuación más sin todo lo bueno que se vio ante Nigeria y ante Corea del Sur, pero con el atenuante de haber preservado a varios titulares y de tener la tranquilidad de saber que incluso una derrota le permitía ganar el grupo.

Al igual que ante los coreanos, Maradona otra vez mostró su ojo clínico y realizó las varias necesarias en los momentos precisos para destrabar un partido en el cual Grecia había propuesto un muro de contención. Primero mandó a la cancha al siempre vertical Ángel Di María y luego agregó al circuito de juego a Javier Pastore, quien pese a sus 20 años ingresó con una soltura absoluta y tocó cada pelota con clase. Por juventud y rendimiento, Otamendi y Pastore fueron lo más auspicioso del equipo de Maradona ante el conjunto helénico.

Pero aún quedaba un cambio más y a 10 minutos del final, ingresó Martín Palermo por Diego Milito. Como no podía ser de otra manera, el eterno goleador se dio el enorme gusto, a los 36 años, de conseguir el grito mundialista en su debut en la máxima cita del deporte.

A partir de lo hechos ante Sudáfrica, Francia y Uruguay, México no debería representar un obstáculo sumamente dificultoso de superar para Argentina. Pero sabido es que en el fútbol nadie gana antes de jugar y las sorpresas siempre están preparadas. “A partir de octavos, si cometés un error te tomás el avión a casa”, advirtió Diego.

Argentina apoya su ilusión en pilares firmes y no en cimientos de arena. Ahí está Lionel Messi, indudablemente el mejor jugador del mundo y del campeonato, y un equipo que cada vez se afianza más en su identidad colectiva y en la seguridad que dan los triunfos. Tiene los argumentos suficientes y así la ilusión -de todos- es legítima y lógica. Si no es ahora, ¿cuándo?
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gamil.com

lunes, 19 de abril de 2010

Otro capítulo de la violencia en el fútbol

La decimoquinta fecha del Apertura se desarrolló con varios incidentes en los encuentros que se disputaron durante el fin de semana. No faltaron hechos de violencia explícita ni tampoco los mensajes intimidatorios, como lo son siempre las banderas colocadas en el centro de las tribunas populares. Esta vez se vieron en el seno de las hinchadas de Boca y River.

La 12 sentenció en letras azules sobre fondo amarillo “Martín Palermo, mi único héroe en este lío”, un claro respaldo al N° 9 en la disputa que mantiene con Juan Román Riquelme, quien en la última conferencia de prensa que brindó dio a entender claramente que había sufrido un apriete de ese grupo. El histórico goleador xeneixe siempre ha exhibido una deportividad ejemplar, con un profesionalismo que muchas veces lo llevó a extender y agregar jornadas de trabajo a las pautadas por los cuerpos técnicos, sin simulaciones ni reclamos de tarjeta para los adversarios, algo tan habitual en los últimos años del fútbol argentino. Sin embargo, su relación con la barra brava boquense, dedicándole goles, con visitas a líderes detenidos y participaciones en sus eventos para recaudar dinero, ha sido una mancha en su carrera.

Por su parte, Los Borrachos del Tablón colgaron una bandera en lo alto del Monumental que rezaba “Muñeco Gallardo ortiva y golpista”. Los reclamos de los barras a los jugadores siempre están referidos a las cuotas que pretenden cobrarles a los jugadores y ahí está la explicación al primer adjetivo: la negativa al aporte. Con la cercanía del Mundial el botín se incrementa y, entonces, la virulencia también. El segundo seguramente hacía alusión al rol del ídolo millonario en la salida de Reinaldo Merlo de la dirección técnica, en los primeros días de 2009.

En el estadio Diego Maradona, donde Chacarita hace de local, la derrota parcial 2 a 0 ante Atlético de Tucumán provocó la ira de una parte del público que descargó su furia contra los blindex y alambrados perimetrales. Aunque lo más grave ocurrió días antes del partido y en otros ámbitos. Primero fue la intimidante presencia de miembros de barra del conjunto de San Martín en los tribunales donde el ex juez Mariano Bergés fue sobreseído en el litigio que mantenía con Luis Barrionuevo, sindicalista y político que fuera presidente del Funebrero. En tanto, Walter Chichilo Acevedo, líder de la barra tucumana, fue detenido acusado de balear la Subjefatura de Policía.

Otro episodio similar ocurrió en Rosario, donde el día balearon la casa de una hermana de Roberto Pimpi Camino, justo cuando se cumplía un mes del asesinato del ex jefe de la barra leprosa en los tiempos de Eduardo López. Durante el clásico ante Newell´s, el día anterior, se habían producido incidentes en los sectores de cabinas, donde plateístas de Central agredieron a algunos periodistas.

En otro choque de rivales acérrimos, San Lorenzo y Huracán, hubo enfrentamientos entre parte de la parcialidad del Globo y la Policía. En tanto, en el último partido del domingo, hinchas de Vélez arrogaron butacas y varios de Racing pretendieron avanzar hacia su ubicación, para lo cual derribaron una reja divisoria y más tarde regresaron a su sitio haciendo equilibrio por una cornisa de la segunda bandeja del estadio Presidente Perón.

El fútbol argentino está enfermo de violencia, víctima de las sociedades entre dirigentes políticos, policías, dirigentes y barras bravas. Cada uno a su manera alimentó durante años un entramado que parece ahora imposible de desarticular. Los hinchas de a pie, con insultos, escupidas y vítores a los bravos también hacen su aporte. Claro que las responsabilidades no son las mismas y será tarea de quienes ocupan posiciones que implican tomas de decisiones obrar para que el fútbol deje de ser un espectáculo de alto riesgo.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

lunes, 12 de octubre de 2009

La leyenda Palermo evitó el naufragio argentino

Los brazos abiertos, el mentón arriba, el torso desnudo, las lágrimas de un pesado cielo fulgurante de rayos bañándolo como a todo el estadio y las propias inundándole los ojos quedarán como una toma más de la fílmica carrera de Martín Palermo. Su agónico gol para decretar la victoria ante Perú, en el Monumental, salvó a la Selección de quedar virtualmente excluida de Sudáfrica 2010.

Argentina volvió a mostrarse como un equipo chiquito, carente de juego asociado, sin un esquema definido, huérfano de variantes ensayadas y perdido en su propio laberinto. La era Maradona desdibujó completamente aquel buen comienzo que había tenido y derivó en este jugar a lo que salga que caracterizó al ciclo de Alfio Basile. Diego heredó un cúmulo de problemas y pese a que en un principio pareció que lograría un nuevo orden terminó por caer en el mismo oscuro pozo futbolístico en el que estaba el equipo cuando lo tomó.

Antes del partido ante Perú, en conferencia de prensa, consultado sobre la decisión de hacer entrenar tan poco al equipo, Maradona aseguró que dado el cansancio con el que llegan los jugadores debe cuidarlos sin exigirlos. Esa receta ha sido perniciosa para el equipo nacional. Siempre lo es la falta de trabajo. Detenerse en cada detalle de un partido, mecanizar movimientos, preparar variantes, tener un juego conceptual y grupal, determinar un esquema y afinar una táctica son pasos indispensables para poner en cancha un equipo que sepa leer la partitura que debe interpretar.

Falla la conducción y decepcionan los rendimientos de varios jugadores. Es evidente que Argentina tiene menos futbolistas diferentes de los que suele asegurarse. Es cierto que se cuenta con el mayor talento del planeta, Lionel Messi, pero salvo él y cuatro o cinco jugadores más el resto milita en equipos de tercer o cuarto orden en el contexto europeo. Sin embargo, Paraguay y Chile (ambos dirigidos por técnicos argentinos, Gerardo Martino y Marcelo Bielsa, respectivamente) con a todas vistas menos material lograron equipos con un funcionamiento mucho mejor que el de Argentina a partir de la identidad colectiva que construyeron.

El triunfo ante los peruanos fue inmerecido de acuerdo a lo expuesto por ambos equipos. Argentina comenzó con clara intención de instalarse en campo rival, pero pasado el primer cuarto de hora los buenos intentos se volatilizaron y reapareció el elenco híbrido, anodino y desorientado que había caído ante Paraguay. En el segundo tiempo, el tempranero gol de Gonzalo Higuaín preveía el inicio de un manejo cómodo del partido, pero sucedió todo lo contrario. El conjunto albiceleste no pudo tener la pelota y los circuitos de pases fueron inexistente. Los dirigidos por José “Chemo” Del Solar le robaron la pelota a Argentina y le hicieron mucho daño. La fortuna y las manos salvadoras de Sergio Romero -la figura- evitaron que Perú diese vuelta el marcador. En medio de un tremendo aguacero, el gol de Rengifo a los 90 minutos de juego, luego de que el conjunto rojo y blanco trasladase con comodidad la pelota por toda la cancha, parecía ahogar a la Selección, condenándola. Pero apareció el hombre de las conquistas novelescas, el que pocos días antes había celebrado sus 200 goles en Primera División con un cabezazo desde 40 metros, para desatar el enloquecido festejo de la victoria que parecía imposible.

La penuria argentina fue ante el peor equipo de las Eliminatorias; el último y quien como visitante había llegado a Buenso Aires con sus ocho partidos perdidos, en los cuales había recibido 24 goles y marcado sólo 2.

Argentina tiene que concentrarse únicamente en lograr la clasificación al Mundial, sea el miércoles en el Centenario de Montevideo o en un posterior repechaje. Debe parir la clasificación tras una dolorosa eliminatoria. Un empate ante Uruguay lo clasificará en forma directa a Sudáfrica, salvo la muy improbable alternativa de que Ecuador le gane a Chile, en Santiago, por cinco goles de diferencia. La ventaja de contar con dos de los tres resultados posibles incrementa las posibilidades de conseguir el objetivo y permite la especulación, aunque peligrosa. Gracias a un milagro más del inagotable Palermo la Selección, pese a su ausencia de juego, está más cerca de hacer lo que debe: anotarse en la próxima Copa del Mundo. Una vez con los pasajes en el bolsillo habrá que hacer un replanteo profundo en relación al maltrecho andar que, con distintos matices, Argentina lleva hace más de tres años.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2009

Basile y un cambio que no llegará

Afuera de la lucha por el campeonato, a Boca le quedan 13 fechas para lograr la quimera de clasificarse a la próxima edición de la Copa Libertadores, porque con las actuales pobres producciones y a partir de la cantidad de puntos que necesita sumar imaginarse en el principal certamen continental se presenta como una empresa inalcanzable. Para revertir este presente se impone un cambio que, por la forma de pensar de su entrenador, difícilmente se dará.

Alfio Basile descansa en la impronta de los futbolistas y no cree en un colectivo que mecanice movimientos; por eso no acumula horas de trabajo y programa breves prácticas vespertinas, sin doble turno. Desestima el aporte que pueden significar futbolistas juveniles (lo que implica una descapitalización para la institución) o con poca experiencia y no buscará soluciones en la Reserva o la Cuarta División. Otra de sus máximas, reflejada en la habitual declaración sobre su apego a tener un once de memoria, es que siempre, bajo cualquier circunstancia, hay que bancar a los jugadores y no se los puede quemar sacándolos.

El Coco no siempre pesó así. Cuando a principios de la década del 90 se hizo cargo de la dirección técnica de la Selección entendió que se imponía un recambio generacional y armó un conjunto casi juvenil, repleto de caras nuevas con la celeste y blanca, que desplegó un fútbol colectivo, vertical, atractivo y ganador en el período entre mundiales que separó los campeonatos de Italia y Estados Unidos. En plena Copa América disputada en Chile, en 1991, no dudó en reemplazar a Diego Latorre, diamante de Boca, por Leonardo Rodríguez, quien despegaba en San Lorenzo. Pero los tiempos cambiaron y Basile también. Comenzó a apoyarse en una filosofía de fútbol de café que lo desdibujó como entrenador. La versión como técnico presentada en los últimos 15 años ha sido muy pobre, a excepción del exitoso paréntesis xeneixe 2005-2007.

En Boca el presente es inviable y el futuro próximo imposible con una aglomeración de jugadores con muchos kilómetros recorridos, como Roberto Abbondanzzieri, Hugo Ibarra, Juan Román Riquelme y Martín Palermo. Sebastián Battaglia también podría integrar este grupo sino fuera que su aporte sigue siendo fundamental. Con ventaja desde su documento (aún no tiene 30 años), el mediocampista central es el más regular y mejor jugador de Boca en los últimos dos años.

En el caso de JR y el goleador se agrega el dato para nada menor de sus irreconciliables diferencias y los problemas que esto implica en el seno del plantel. Todos quienes tienen poder de decisión en el club deberán evaluar qué pierde y qué gana el equipo con la permanencia de uno y la salida del otro y actuar en consecuencia, ya que no hay lugar para los dos. Pese a que los exegetas de Basile han ponderado siempre su dominio de las internas de vestuario está claro que no pudo desatar el nudo existente.

Este año es el peor xeneixe en casi ocho décadas de profesionalismo si se toma como parámetro el porcentaje de puntos obtenidos. Basile no es el único culpable. Varios jugadores arrastran rendimientos muy bajos y algunos agregan, además, poco compromiso ante la adversidad. A eso se suma una prestación física muy mejorable por el desgaste que implicó la gira europea que censuró la pretemporada. Esa necesidad económica de recaudar en el Viejo Continente pagará un interés muy alto, ya que costará privarse de los ingresos por participar de la Copa Libertadores y el prestigio deportivo de no estar en el campeonato del que disputó cinco de las últimas diez finales, ganándolas en cuatro oportunidades.

Ese tour en el invierno boreal es parte de las culpas que le caben a la dirigencia, liderada por el presidente Jorge Amor Ameal, y la gerencia, a cargo del manager Carlos Bianchi. Antes, ambas partes le habían negado a Carlos Ischia la posibilidad de reforzar el equipo, también fueron responsables de que el club perdiera a un gran arquero como Mauricio Caranta, a comienzos de la presente temporada esquivaron la responsabilidad de abrir la puerta de salida a glorias con mucho más pretérito que presente y, finalmente, eligieron un entrenador que no era el indicado para la coyuntura, aún pidiéndole que siga tras presentar su renuncia.

Porque luego de la derrota como local ante Godoy Cruz Basile había entendido que no podía encontrar las respuestas que buscaba. Sin embargo, allegados y dirigentes le hicieron rever su postura. Malos rendimientos y un pequeño puñado de puntos habían ensombrecidoa Basile y el hecho de renunciar y luego aceptar seguir debilitó aún más su posición.

Para revertir la incómoda actualidad el ex seleccionador nacional debería cambiar sus formas y abandonar sus códigos para trabajar más y mejor y prescindir de algunos de los monstruos sagrados que habitan en el plantel boquense. A esta altura de su vida, Basile no lo hará y así será muy difícil que Boca logre terminar este año de otra forma que no sea mal.
(Foto: Ellitoral.com - AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 25 de mayo de 2009

Entretelones de la ida de Ischia

Tras la eliminación copera y en la previa del choque ante Vélez, Carlos Ischia había asegurado públicamente que no renunciaría a su cargo de director técnico de Boca. Sin embargo, tras la derrota ante los del Fortín Jorge Amor Ameal, presidente del club, anunció que el entrenador dirigirá hasta el final del Clausura y luego renuncia. En realidad se trató de un despido cuya negociación implicó la continuidad hasta el final del torneo y el pago íntegro de un contrato que finaliza en diciembre. Ahora, en la Ribera estarían abocados a encontrar un entrenador de transición para que luego Carlos Bianchi, manager de la institución, vuelva al ruedo como DT. De este modo se cumplirá con la cláusula que el Virrey había exigido en su contrato y que establece que no puede ser el sucesor de quien fuera su ayudante de campo durante 8 años.

El camino de Ischia en Boca tuvo su punto de partida a fines de 2007, cuando la dirigencia encabezada por Pedro Pompillo había decidido no renovarle el contrato a Miguel Ángel Russo, pese a que pocos meses antes se había convertido en el tercer técnico en la historia del club (junto con Juan Carlos Lorenzo y Bianchi) en ganar la Copa Libertadores -aquella vez con una trascendental prestación de Juan Román Riquelme-. Con un curriculum discreto, cuyo último y reciente antecedente era una precipitada renuncia en Rosario Central dejándolo en la última posición de la tabla, Ischia logró despejar las dudas iniciales a partir de los buenos rendimientos del equipo en su primer semestre como cabeza de grupo. El protagonismo en la Copa Libertadores en la cual avanzó hasta las semifinales y quedó eliminado -sin merecerlo- ante Fluminense, la obtención de la Recopa Sudamericana ante Arsenal y la conquista del Apertura en la segunda mitad de 2008 luego de imponerse en el triangular de desempate con Tigre y San Lorenzo le dieron sus credenciales.

Pero en el trayecto a la conquista de aquel título local un hecho marcó el punto de inflexión que comenzó resquebrajar la autoridad de Ischia entre un grupo de jugadores con fuertes diferencias. La pirotecnia verbal entre Julio César Cáceres y Riquelme desnudó la fractura que existente en el plantel. Se conoció entonces el enfrentamiento que se mantiene hasta hoy, en el cual la mayoría de los jugadores, encolumnados detrás de Martín Palermo, se hartó de las actitudes del número 10. Las licencias de las que siempre gozó JR esta vez se hicieron inaguantables para casi todos sus compañeros. La obtención del campeonato corrió del primer plano la interna, pero era tapar el sol con las manos.

El comienzo de este año fue con un nuevo sismo en el seno del grupo, pero esta vez con Ischia en el centro de la escena y con un muy mal manejo de la situación. Protagonizó un enfrentamiento con Mauricio Caranta, por entonces titular del arco de Boca, que incluyó varias declaraciones cruzadas y una situación escandalosa cuando el arquero fue por sus propios medios a la pretemporada en Tandil y se le prohibió el ingreso al hotel donde se concentraba el equipo. El técnico prestó su colaboración a la usina de especulaciones periodísticas al no aclarar jamás los motivos de la exclusión del cordobés.

En medio de Carantagate se dio el regreso de Bianchi al club. Aunque esta vez llegaba para desempeñarse como manager, su presencia significaba una presión extra, cuando no el vencimiento de un plazo fijo, para el entrenador de turno. Vale señalar que la aparición del Virrey implicó una contradicción en sí misma ya que llegó a cambio de una cifra millonaria con la excusa de reducir el déficit del club (que en el último Balance reflejó un pasivo de más de 100 millones de pesos) a partir de la reducción de contratos de futbolistas, ventas, elección de los lugares de concentración y una serie de cuestiones que antes resolvían un grupo de dirigentes.

Sin Copa y con un pésimo andar en el Clausura, a tres puntos de la última colocación con sólo cuatro partidos por delante, las malas actuaciones del equipo se explican en buena parte por la influencia en la cancha de los desencuentros irreconciliables fuera de ella. Los privilegios de los que disfruta Riquelme, siendo por mucho el jugador mejor pago del plantel, evidencian su nulo compañerismo y la misma falta de compromiso con el grupo que en su momento ya había señalado Manuel Pellegrini como causa central de su salida del Villarreal.

La culpa de que Riquelme no se entrene como es debido y que decida cuándo jugar no se le puede endilgar sólo Ischia, sino que no puede dejar de responsabilizarse del mismo modo al manager y la Comisión Directiva. También tiene su responsabilidad el público que cada domingo llena la Bombonera y expresa su acuerdo con el libre albedrío para el ídolo.

Boca atraviesa un mal momento, pero fue campeón hace apenas 5 meses. El periodismo y los hinchas se retroalimentan para generar la artificiosa imposición de que cada año tiene que haber una vuelta olímpica teñida de azul y oro. Seguramente sea más grave la ruptura interna del plantel que el semestre sin títulos y con malas actuaciones, pero a esas cosas solamente se les presta atención en la derrota. Solucionar el enfrentamiento entre Riquelme y el resto, justificar el millonario contrato que se le paga a Bianchi y encontrar un técnico de paso como antesala del retorno al trabajo de campo del técnico devenido en manager son las premisas de la actualidad xeneixe.
(Foto: Losandes.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 4 de mayo de 2009

Palermo Gol

Corren tiempos volátiles para el fútbol argentino, de procesos breves en los cuales difícilmente un técnico resista más de dos temporadas en una institución, de idolatrías furtivas con jugadores que las menos de las veces llegan a disputar un centenar de partidos con la misma camiseta. En este contexto se vuelve aún más grande la magnífica conquista de Martín Palermo, quien llegó a los 200 goles en Boca con el hermoso tanto de tijera ante Deportivo Táchira, por la Copa Libertadores. Allá lejos quedó el primero de la serie, ante Independiente, el 30 de septiembre de 1997.

El bicentenario goleador surgido en Estudiantes de La Plata necesitó para su gesta 315 partidos, de lo cual se desprende una efectividad que también parece de otros tiempos. Su promedio de gol lo emparenta con los míticos arietes de las primeras décadas del fútbol profesional. El detalle desmenuza 158 tantos por torneos locales y 42 en certámenes internacionales, convirtiéndoselos a 50 equipos distintos, 30 argentinos y 20 del exterior.

Insaciable, a los 35 años, Palermo va a hora por la idolatría máxima en el conjunto de La Ribera: ser el máximo artillero en la historia del club. Para eso deberá alcanzar a Roberto Cherro, quien en los finales del amateurismo y principios del profecionalismo anotó 218 tantos.

Varias veces lo dieron por muerto, pero el hombre siempre respondió con goles y más goles. Al regresar de España muchos lo creyeron de vuelta, cuando contrataron a Bruno Marioni se apostaba a ver cuánto tardaría éste en quitarle el puesto y también lo enterraron el año pasado al sufrir la segunda rotura de ligamentos de su carrera. Siempre resucitó.

A fuerza de inflar las redes de todos los arcos argentinos, Palermo está también en la historia grande de nuestro fútbol. Si a los goles que anotó con Boca se le suman los que hizo en el comienzo de su carrera en Estudiantes, el Loco suma 192 (en 330 partidos) quedando a solamente un tanto de ingresar al privilegiado círculo de los diez máximos artilleros de Primera División en la era profesional. Para tomar dimensión del logro de Palermo, bien vale repasar que ha superado en cantidad de goles a mitos y figuras de la talla de José Manuel Moreno (187), Hugo Gottardi (186), Roque Avallay (184), Juan José Pizzutti (182) Jaime Sarlanga (171), Luis Artime (165), Vicente de la Mata (152) y Mario Boyé (151).

Integró una delantera tremenda, que siempre será recordada, con Guillermo Barros Schelotto, de quien se hizo compinche y amigo cuando de pibes se detestaban; peleaban en el colegio y los clásicos platenses entre Estudiantes y Gimnasia. Incluso antes de la ida de Boca del mellizo, comenzó a integrar un tándem no menos peligroso con Rodrigo Palacio como acompañante. Marcelo Delgado también supo ser un buen acompañante. En todos los casos, nunca dejó de ser él quien representó el mayor peligro para las defensas rivales.

Sus goles han sido importantísimos para Boca. Sirvieron para ser campeón local, para alzar la Copa Libertadores de América y para ser campeón del mundo en 2000, cuando le convirtió al Real Madrid, en Japón, dos veces antes de los 10 minutos de juego. Sus festejos fueron protagonistas de 13 títulos para el club, 6 locales y 7 internacionales. Y si bien no son campeonatos, algo bastante parecido: muchos de los goles de Palermo fueron para ganar clásicos, y esos son los que los hinchas nunca olvidan. A River le anotó 7 veces, siendo el más recordado aquel por los cuartos de final de la Copa Libertadores de 2000, en su vuelta tras la primera rotura de ligamentos que padeció. Además, le hizo 10 a San Lorenzo, 7 a Independiente y 6 a Racing; es decir que como xeneixe le anotó 30 goles a los otros cuatro tradicionales grandes. Los que más lo sufrieron fueron Gimnasia y Esgrima de la Plata, su rival, y Vélez; al Lobo le anotó 12 y a los fortineros 11.

Seguramente, pese a la friolera de goles conseguidos vestido de azul y oro, Palermo no esté a la altura de los grandes goleadores argentinos que han tenido reconocimiento internacional, como Gabriel Batistuta, Hernán Crespo y Abel Balbo. Porque Europa y el Seleccionado le fueron esquivos. En el Viejo Continente se desempeñó en la liga española, donde disputó cuatro temporadas en Villarreal, Betis y Alavés y su rendimiento nunca fue bueno. Con la albiceleste tampoco rindió en el puñado de oportunidades que tuvo y su paso por el elenco nacional será siempre recordado por haber errado tres penales en un mismo partido, ante Colombia, en la Copa América de 1999.

Pero su paso por el fútbol ibérico le dio madurez como jugador. Regresó con el olfato goleador que había mostrado aquí y le agregó mejor ubicación y la capacidad de, eventualmente, retrasarse para participar del armado de las jugadas o hasta incluso actuar de asistidor y no ser exclusivamente un definidor.

Por sus movimientos aparatosos, por no ser un jugador dúctil (circunstancias por las cuales los hinchas de Boca se burlaban de él cuando llegó al club), y por no haberse destacado en Europa ni en la Selección, Palermo ha sido cuestionado. Pero a fuerza de goles y de la imagen de buen tipo se ganó el respeto del pueblo futbolero argentino, que lo reconoce como uno de los más importantes goleadores que han pisado estas canchas.
(Foto: Eldepornauta.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 26 de enero de 2009

Código de área

El conflicto suscitado entre Mauricio Caranta y Carlos Ischia se ha transformado en un laberinto cada vez más intrincado para Boca. Fue la bienvenida para Carlos Bianchi, que tuvo en ese enfrentamiento y en las dilatadas negociaciones con el Getafe español por la llegada de Roberto Abbondanzieri un tránsito inicial a los tumbos en su novedoso puesto gerencial. Si bien no se trata de una cuestión que haya debilitado al equipo, ya que fue campeón del pasado torneo Apertura, la falta de resolución luego de más de tres meses daña la imagen del club y perjudica al jugador.

En su última conferencia de prensa en Buenos Aires antes de partir hacia la pretemporada, Ischia reiteró que el cordobés no sería tenido en cuenta y agregó que, a razón de esa decisión, no podría entrenarse ni con la Primera ni con el plantel de Reserva. De todos modos, asesorado por la gente de Futbolistas Argentinos Agremiados, Caranta se dirigió a Tandil en compañía de su representante y el apoderado legal del gremio. No fue bien recibido: se le negó el ingreso al hotel donde se concentraban sus compañeros. En realidad lo que perseguía no era sumarse a los entrenamientos, sino forzar su libertad de acción.

Bianchi, en su rol de manager, cuestionó duramente al jugador al asegurar que si bien éste le había prometido que no viajaría a Tandil finalmente no cumplió. Al respecto, dedujo que “lo hicieron cambiar de idea” y reflexionó que “los códigos han cambiado”. En el inicio de su exposición a la prensa, el pasado viernes, el Virrey destacó que el ex hombre de Instituto de Córdoba y el Santos Laguna mexicano debería haberse presentado a entrenar con la Reserva –en contradicción a lo que había señalado Ischia- y no lo hizo, dejando implícito que se trataba de una falta que podría ser castigada.

La réplica de Caranta fue durísima. No le apuntó a Bianchi, pero sí a Ischia y a la Comisión Directiva. Del entrenador cuestionó su capacidad y autoridad al contar que “en la práctica había algunos jugadores que se iban y tenía que ir el médico a avisarle que estaba jugando con diez”, al tiempo que aseguró que “no tiene justificativos deportivos” para haberlo excluido. Sobre la directiva, denunció: “un alto dirigente me dijo: 'Si llegás a Tandil te embarramos'”. También cuestionó la honestidad de la CD al contar que su pase al Valencia de España no se realizó porque no le daban el dinero que le correspondía, ya que según señaló “alguien se llevaba una buena plata de esa negociación". Puntualmente, de Jorge Amor Ameal, presidente del club , dijo que “está mal asesorado y se tiene que informar” y auguró que su situación se resolverá judicialmente porque “no hubo (desde Boca) buena voluntad”.

Caranta era indiscutido arquero titular (tuvo su consagración definitiva en la conquista de la Copa Libertadores de 2007), hasta que en el tramo final del último Apertura una implosión lo eyectó del arco. Obviamente se trató de un problema personal y la circunstancia de no aclarar desde un principio la naturaleza del conflicto (sin necesidad de pormenorizarlo) y caer en un enredo de declaraciones cruzadas y contradictorias, que incluyeron incluso al padre del protagonista, propiciaron rumores de todo tipo. Caranta es víctima de un conflicto que también alimentó al no haber hecho pública su versión de los motivos de su separación del plantel.

Incluso en con este panorama, dentro de la cancha, Boca no acusa golpe alguno y cada vez muestra una superioridad mayor respecto de los demás equipos del fútbol argentino. El pasado sábado, en una ventosa noche marplatense, se quedó con el primer superclásico del año. Pese a que no puede dejar de señalarse el escaso valor de un choque de verano, siempre tiene un gusto especial superar al más rival. Máxime cuando se lo consigue sin varias de sus mejores destacadas figuras. Mientras que River únicamente no tuvo a Oscar Ahumada, por lo que tuvo que improvisar a Facundo Quiroga como centrocampista, el elenco auriazul prescindió para la victoria de cinco titulares: su arquero (sea Abbondanzieri o Sergio García), Gabriel Paletta y su tremendo tridente ofensivo compuesto por Juan Román Riquelme, Rodrigo Palacio y Martín Palermo. Y se podría agregar un sexto ausente, precisamente su jugador más influyente del pasado semestre, Sebastián Battaglia, que fue expulsado en el primer tiempo.

Pese a que la directiva no supo manejar el Carantagate y se creó un problema que debería haber ahogado antes de que se transforme en esta escabrosa novela, Boca continúa dando muestras que está un escalón por encima de los demás. Dualidades que hoy no son excluyentes en el Mundo Boca.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de noviembre de 2008

Handicap Boca

Cuando sólo quedan tres fechas para finalizar el torneo, hay una muy mala noticia para los equipos que miran la punta desde abajo: es Boca quien está en la cima. Curtido como nadie en los últimos años en este menester de lograr campeonatos -aún en situaciones desventajosas o de mayores responsabilidades-, no será sencillo para sus rivales verlo ceder. Si bien el último fin de semana para ganar en Tucumán a San Martín y llegar sin compañía a lo más alto debió contar con la inestimable colaboración del árbitro Carlos Maglio, muchos méritos ha acumulado este Boca.

Disputó casi todo el certamen sin Martín Palermo y Rodrigo Palacio, su letal dupla ofensiva. Bien puede aventurarse que sin ellos en cancha el conjunto auriazul se privó de algo así como 15 goles que significasen 8 o 9 puntos más en la tabla. En el caso del platense, su ausencia implica además la falta del referente, del líder, y de alguien a quien no intimida en lo más mínimo sentir todas las miradas puestas en él.

Mayores fueron los contratiempos en la defensa. También por lesiones, el tramo final del Apertura encuentra a Boca sin su zaga central titular, conformada por Julio César Cáceres y Gabriel Paletta. Hugo Ibarra, dueño de lateral derecho, también sufrió ausencias por su físico, lo mismo que Morel Rodríguez por la izquierda. Los cuatro juntos sólo pudieron estar presentes en seis partidos (los cinco primeros del campeonato y el superclásico ante River), en los cuales el equipo sumó 16 de los 18 puntos en juego. Además, “por haberle mentido a sus compañeros”, según señaló el técnico, Carlos Ischia, -a lo cual bien podría sumarse el revuelo que la novela generó en la prensa- Mauricio Caranta dejó el arco y su lugar fue ocupado por el debutante juvenil Javier García, de 19 años.

Los problema se completaron con dos cuestiones extradeportivas de distintos matices: el cruce de fuertes declaraciones entre Juan Román Riquelme y el paraguayo Cáceres y el golpe que significó la inesperada muerte de Pedro Pompillo, quien fuera el titular de la entidad.

A todo esto logró sobreponerse Boca para estar hoy en la punta. Y en gran medida es mérito de Ischia haber conseguido que sus dirigidos dejen atrás todas estas cuestiones.

Si algo potencia todavía más las posibilidades de Boca es la situación de sus adversarios en la lucha por el título. Por un lado, San Lorenzo, que fue puntero durante la mayor parte del torneo, mermó sustancialmente su rendimeinto y apenas ganó uno de los últimos seis encuentros que disputó. Aunque está solamente a dos puntos de los de la Ribera, anímica y futbolísticamente el conjunto de Miguel Ángel Russo está claramente disminuido. Por otro, Tigre, que desplegó un muy buen juego a lo largo del campeonato, dispone de menos recursos y variantes que Boca y San Lorenzo, al tiempo que deberá soportar el vértigo del protagonismo en instancias definitorias, algo difícil de sobrellevar para los equipos sin experiencia en esas peleas.

En esta última etapa del campeonato, mantener la punta y enhebrar al menos tres partidos sin derrotas es algo que no ha ocurrido. Esta irregularidad alimenta incluso las esperanzas de Lanús que, pese a estar a cuatro unidades del líder y con tres equipos por delante, está convencido de poder aspirar a la consagración final.

Sin su mejor versión, Boca está de todos modos en el primer puesto. El próximo fin de semana enfrentará a Racing y, como esto es fútbol y todo puede ocurrir, tal vez la situación actual tome otro giro, como viene ocurriendo cada fin de semana. Pero la experiencia del Xeneixe en estas definiciones, una vez que a muy poco del final ha logrado hacerse de la punta en soledad, parece augurar otra vuelta olímpica teñida de azul y amarillo.
(Foto: Diariouno.com.ar)

Patricio Insua
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lunes, 9 de junio de 2008

En un fútbol histérico, River es otra vez campeón

Tras cuatro años de sequía de campeonatos, River se consagró en el torneo Clausura 2008. Lo hizo con Diego Simeone como entrenador. El cortoplacismo y la vorágine que constituyen la histeria de nuestro fútbol ven al ex capitán de la selección argentina obtener un nuevo título local cuando debería estar por finalizar su vínculo con Estudiantes, con quien ganó el Apertura 2006 y contra quien luchó por esta conquista.

Hace un mes, River era un tembladeral. Un borrascoso frente se había instalado con la crónica crisis institucional, con la fatídica eliminación de la Copa Libertadores a manos de San Lorenzo, con la furia de los hincha al siguiente fin de semana expresada -luego de haber recibido al equipo con maíz- a puro insulto al finalizar el primer tiempo ante Gimnasia, con los rumores de divisiones internas en el plantel con Ortega como principal protagonistas y con las polvaredas que levantaron las declaraciones de Oscar Ahumada y Juan Pablo Carrizo. Hoy, con aquello a la vuelta de la esquina, River parece ser Aruba, para tomar palabras de su presidente, José María Aguilar.

En plena crisis de River, el contrapunto era Boca, que disfrutaba de todos los elogios. Una gran actuación colectiva y una formidable producción individual de Martín Palermo le habían permitido avanzar a las semifinales de la Libertadores tras vencer 3 a 0 en el estadio Jalisco de Guadalajara al Atlas, al tiempo que se mantenía con muy buenas aspiraciones en el plano doméstico. Pero ahora, sin títulos y con rumores de divisiones internas con Juan Román Riquelme en el centro de la escena, los xeneixes son los que aparecen en crisis. Todo cambia demasiado rápido.

Este campeonato, por lo ya citado, seguramente fue especial para Simeone, tal vez por eso en el festejo se lo vio tomándose los genitales, en una conducta impropia, que nunca mostró en sus tiempos de jugador y menos tendría que tener ahora que es el conductor de un grupo. Sin contabilizar su interinato en Racing, sus llegadas a Estudiantes y River fueron a pleno éxito, ya que tanto en la Plata como en Núñez fue campeón en el primer certamen que disputó. En River mostró, seguramente producto de las presiones, un versión enloquecida de sí mismo en cada partido, algo que no había ocurrido en el Pincha.

Esta vez, sin lograr constituir en un gran equipo, sí uno bueno, Simeone plantó a lo largo del torneo un conjunto con una decidida vocación ofensiva y que supo hacerse fuerte en el Monumental, donde sólo cedió 2 puntos de los 30 que disputó. Fue un acierto suyo no haber descuidado el torneo local mientras tuvo doble competencia, lo mismo que haber asumido riesgos en momentos de quiebre. Así, en parte, logró imponer su impronta en el juego colectivo del equipo. El primer gol ante Olimpo, el que comenzó a abrir el camino hacia la consagración, llegó por una jugada diagrama en el laboratorio del Cholo y materializada por Diego Buonanotte, que más tarde completó su doblete. Habrá que ver cuánto tardará la dirigencia millonaria en rematar a su nueva joya, quien junto con Ahumada, Abelairas y Carrizo integró el cuarteto de figuras del campeón.

El tan esperado título le trae tranquilidad a la institución. Sabido es que socios y simpatizantes reclaman, en la gran mayoría de los casos, cuando los resultados deportivos no llegan. Esto dista demasiado de lo ideal, pero encuentra su lógica en el hecho de que los clubes del fútbol argentino tienen su razón de ser en el fútbol profesional. Entonces cuando los resultado acompañan, el análisis es que las cosas están bien, sin importar si en realidad no lo están o si podrían estar mucho mejor. En el caso de River, el título será utilizado por la CD liderada por Aguilar con la misma conducta que tuvo desde que asumió la conducción del club.

Establecer proyectos a largo plazo parece ser una quimera en los equipos con mayor convocatoria. Para los entrenadores de estos equipos ya no alcanza con el trabajo táctico y estratégico con ajustes finos en cada entrenamiento, sino que ahora se requiere una habilidad extra, que Simeone la tuvo, y es la de saber condensar todos esos conceptos en un período breve que permita sobrevivir en un medio voraz.
(Foto: Noticiasnet.com.ar)

Patricio Insua
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jueves, 5 de junio de 2008

Aun eliminado, Boca es la chapa argentina

En una de las tantas cálidas noches cariocas, Boca vio desvanecerse, en el mítico Maracaná, su ambición de acceder a una nueva final de la Copa Libertadores, la que hubiera sido la sexta en 9 años. Aunque en muchos casos el merecimiento es algo que se desdeña en el mundo del fútbol, el equipo de la Ribera fue, a lo largo de la serie semifinal, claramente más que su rival, Fluminense. El 2 a 2 de la ida fue tan mentiroso como el 3 a 1 de la vuelta. La fortuna y la puntera no estuvieron, en esta ocasión, del lado xeneixe.

En Río de Janeiro, los de Carlos Ischia se plantaron con la misma autoridad, solvencia y buen juego que le posibilitaron los regresos con clasificación de Bello Horizonte, tras derrotar a Cruzeiro 2 a 1 en octavos de final, y de Guadalajara, luego de apabullar al Atlas 3 a 0 en cuartos. Así, los más de 90.000 torcedores que pusieron un estruendoso marco no amedrentaron a un conjunto que sabía perfectamente qué era lo que quería y cómo debía hacerlo. Pero el fútbol, y tal vez eso sea lo que lo hace tan apasionante, permite que el que mejor hace las cosas no sea siempre el que se quede con el premio final.

Buscar explicaciones a la eliminación de Boca no es sencillo, por la superioridad que mostró, pero bien pueden señalarse la sanción que lo obligó a dejar su estadio, los yerros en la definición en Brasil y la ausencia de su arquero titular: Migliore sufrió un gol-blooper en el primer partido y en el segundo no tuvo reacción en el empate del Flu, el tiro libre de Washington. La supuesta diferencia entre miembros del plantel no pareció influir, ya que se vio a todos los jugadores solidarios entre si y sin escatimar esfuerzos. En relación a ese malestar que tendría a Juan Román Riquelme como centro, llamó la atención que en la arenga del entretiempo el Nº 10 se mantenga al margen, preocupado por sus botines, y que al finalizar el partido se haya ido rápidamente, sin juntarse en el centro de la cancha con sus compañeros para saludar a los hinchas que viajaron hasta Río de Janeiro.

La Copa Libertadores tuvo presencia argentina en 17 finales consecutivas. Fue entre 1963 y 1979, cuando, con diverso desenlace, estuvieron en la definición del más prestigioso certamen sudamericano Independiente (6 veces), Boca (4), Estudiantes (4), River (2) y Racing (1). Sin embrago, en la última década, la representación nacional en la definición de la Libertadores se volvió patrimonio exclusivo de Boca, convirtiéndose así en la chapa argentina en dicha competición. Se trata de un conjunto que marcó una era con victorias épicas, haciendo pata ancha en los escenarios más complicados y ante las circunstancias más adversas.

Por caso, River, el otro gigante de la Argentina y rival histórico de Boca, en los últimos 10 años solamente pudo alcanzar las semifinales, en dos ocasiones. En 2004, con un Monumental exclusivo para hinchas locales, cayó precisamente ante Boca; mientras que un año más tarde fue ampliamente superado por San Pablo, que lo venció en Núñez y en Brasil. Acostumbrado a justificar lo injustificable, su presidente, José María Aguilar, aseguró recientemente que el campeonato local es más importante que la Libertadores, cuando es sabido que la obsesión de los hinchas millonarios pasa por la consagración en el plano internacional.

Aunque con injusticia desde los merecimientos, esta vez Boca vio fustrado su sueño de una nueva consagración copera. En esta edición, por virtudes propias y categoría de los rivales, jugó incluso mejor que en 2007, cuando alzó el trofeo. Expuso, nuevamente, el temperamento que lo colocó en un lugar privilegiado de la historia futbolística. Por una cuestión cronológica, esa dinastía iniciada en 1998 transita sus últimos pasos con Riquelme, Palermo, Ibarra y Battaglia, miembros de la armada original. Aunque esta vez sin la gloria de un título, Boca mostró las credenciales que le han otorgado un lugar en la posteridad de los memoriosos del fútbol.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 5 de septiembre de 2006

Ásperos regresos

El amor por la camiseta es un valor supremo en el mundo del fútbol. Sin dudas, quienes más protegen este sentimiento son los hinchas. Entonces, los jugadores que a su buen juego suman el profesar cariño por los colores que defienden logran instantáneamente el enamoramiento de la tribuna. Pero lo que es motivo de idolatría cuando se trata del propio equipo se transforma en feroz insulto cuando ocurre en otro club.

Desde su regreso al fútbol argentino, Juan Sebastián Verón recibió de modo casi brutal el cariño durante tanto tiempo acumulado por la gente de Estudiantes de La Plata. En contrapartida, pese a ser un jugador de indiscutible categoría y una figura que jerarquiza la liga argentina, cada fin de semana la popular opuesta a la de los Pinchas invierte casi más tiempo en insultar a la Brujita que en alentar a su equipo. Con cuentas bancarias de varios ceros, optó por volver al club de su corazón antes que seguir en Europa, donde varios conjuntos le ofrecían ganancias muy superiores que las que percibe en la institución platense. El hincha, pese a saber como nadie de cuestiones de sentimientos, deja esto de lado; salvo, dicho está, que se trate de alguien de su equipo.

Podría buscarse el porqué a los insultos para Verón en lo que implicó su actuación en el Mundial asiático de 2002, donde fue señalado, después de Marcelo Bielsa, como responsable principal de lo que fue la mayor decepción de nuestro fútbol. Pero sin ese mismo peso encima, el mismo trato recibió en su regreso al país Cristian González, aunque en menor grado que el ex Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester United, Chelsea e Inter. Lo propio conoció en su vuelta al pais Diego Simeone, cuando retornó para retirarse en Racing, el club al que alentaba en su edad escolar. En el caso del Cholo, en un muy mal momento del equipo, incluso parte de la propia hinchada académica lo hostigó; algo que con mayor dureza aún conoció Abel Balbo por parte del publico xeneixe cuando retornó al país para vestir la casaca de Boca.

El insulto más común para estos jugadores es "fracasado". Jugaron Mundiales, militaron en los clubes más importantes de las principales ligas y se aseguraron el porvenir económico de cuatro o cinco generaciones. Llegaron a la elite de lo que eligieron, pero el tipo común, que seguro no ocupa un lugar de privilegio en su tarea laboral, le grita "fracasado". Aunque, paradoja de las canchas argentinas, jugadores que tuvieron un mal rendimiento en las ligas europeas, como Martín Palermo o Ariel Ortega, no reciben el maltrato de quienes tuvieron del otro lado del Atlántico una tarea auspiciosa. Parecería un castigo al éxito, algo sobre lo que se han explayado varios hombres que se atrevieron a indagar sobre el ser argentino.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com