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martes, 6 de noviembre de 2012

Distante del mejor, pero lejos del apocalipsis

La Primera División del fútbol argentino es una liga de discreto relieve. A eso podría agregarse que su organización multiplica desaguisados y la estructura de los estadios no se condice con la magnitud de los eventos. Ahí no se terminan los problemas; la violencia, los dirigentes ineptos y las sospechas de negociados tampoco escasean. 

Pero en el plano del juego las carencias no parecen ser el prólogo de un apocalipsis futbolístico. Pese a ser los menos, hay  partidos interesantes, equipos con virtudes y otros con buenas intenciones (no siempre concretadas). Y, sobre todo, tampoco dejan de surgir futbolistas de calidad. 

Son excepcionales los campeonatos en los que no haya tres o cuatro equipos destacados y, bajo esa línea, dos o tres que esbocen buenos rendimientos. En el torneo Inicial, Newell`s, Vélez y Belgrano han tenidos buenas producciones en continuado. El equipo cordobés no alcanza el brillo de leprosos y fortineros, pero les da legítima pelea con menos recursos. Por detrás, Lanús y Godoy Cruz son conjuntos que persiguen una idea colectiva y protagónica; lo mismo que Colón, aunque un escalón por debajo. 

Ignacio Scocco, Lucas Pratto, Luciano Vietto, Lisandro López, Walter Erviti, Lucas Mugni, Lucas Melano, Ricardo Centurion, Leandro Paredes y Maximiliano Caire son algunos de los futbolistas con alta nota. Unos con más recorrido y otros en el tramo inicial de sus carreras, gestionan con pelota con destaque. 

Es cierto que los buenos equipos, los partidos atractivos, las jugadas finamente hilvanadas y los futbolistas con pulida técnica y decisiones correctas constituyen una minoría. Pero se trata de una minoría que no deja de reproducirse y que cada torneo se ratifica o genera nuevas expresiones. El fútbol argentino tiene limitaciones técnicas y tácticas, pese a lo cual ofrece aspectos interesantes y es la cuna de muy buenos futbolistas. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua 
patinsua@hotmail.com

martes, 29 de noviembre de 2011

La revancha de Falcioni

Hay que voltear apenas la vista, al semestre pasado, para apreciar con qué vértigo y contundencia cambiaron las cosas. O, mejor dicho, las hizo cambiar. Julio César Falcioni desembarcó en Boca a comienzos de este año y el Clausura 2011 fue un difícil trance para el entrenador que llegaba de ser campeón con Banfield. Convocado a la institución de la Ribera por lo conseguido en el sur, no logró que su equipo se emparentase ni lejanamente con aquel colectivo granítico, compacto, inteligente, veloz y punzante. Hubo, en cambio, un elenco endeble, desconectado, con fisuras defensivas y carencias de ataque.

Así fue como inició cuestionado este torneo en el que será campeón con holgura. Luego del empate sin goles con Olimpo en el debut crecieron los rumores sobre el prematuro final del ciclo si el estreno en Brandsen 805, ante Unión, no era con victoria. El contundente 4-0 ante los santafesinos archivó la cuestión, pero el DT expuso la herida cuando tras el encuentro monologó apenas 30 segundos con la prensa antes de dar media vuelta para meterse nuevamente en el vestuario.

Todo lo que no había podido plasmar en el Clausura lo consiguió con claridad en el Apertura. Las contrataciones de Agustín Orión y Rolando Schiavi cimentaron una defensa que se revitalizó para hacerse muy difícil de vulnerar. En 16 fechas apenas recibió cuatro goles; dos de tiro libre (Gabriel Méndez, de San Lorenzo, y Nicolás Castro, de Atlético de Rafaela), uno en contra (Juan Insaurralde, ante Lanús) y otro con un furioso disparo desde afuera del área de Ariel Rojas en la pasada victoria ante Godoy Cruz.

En la mitad de la cancha, Leandro Somoza volvió a ser el de Vélez, con rigor en la marca, atención en los relevos y buena administración de pelota. Sobre la izquierda, Walter Erviti se rehízo a un posición que no ocupaba desde hacía muchos años y se transformó en una pieza muy importante, tanto como Diego Rivero del otro costado, aunque limitado en sus presencias por distintas lesiones.

Pero Falcioni logró un funcionamiento grupal más allá de los nombres, incluso más allá del de Juan Román Riquelme, con todas las implicancias que tiene para el mundo auriazul. Si el equipo tuvo un salto de calidad cada vez que el ídolo jugó, cuando los problemas físicos lo marginaron la estructura no se resintió y Cristian Chávez demostró su jerarquía. Lo mismo ocurrió en el centro del ataque, donde el equipo no perdió gol pese a las alternancias de Lucas Viatri, Nicolás Blandi y Darío Cvitanich.

Reponerse a la adversidad, algo que siempre tiene un enorme valor, ha sido uno de los mayores méritos del técnico. Cambió un equipo endeble por uno que juega bien; porque se defiende bien y ataca bien. Además, lleva 26 partidos invicto, lo que establece la quinta mejor racha en la historia del profesionalismo. Alcanzará su segundo título como técnico y se habrá quedado con dos de los últimos cinco campeonatos con dos equipos distintos. No es poco. Es la revancha de Julio César Falcioni, un gran entrenador.
(Foto: Telam.com.ar)


Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 14 de junio de 2011

Mucho más que un campeón

El torneo Clausura 2011 coronó al mejor equipo de la temporada y a la institución deportiva más sólida del país. Una dirigencia responsable, un entrenador –Ricardo Gareca- laborioso y desconocedor de excusas, un plantel nutrido desde su propia cantera, un equipo de virtuosismo colectivo y un nexo –Christian Bassedas, el manager- ideal entre la directiva y los protagonistas propiciaron el éxito. En Vélez todo es consecuencia.

A falta de una fecha para que se complete el torneo, suma 36 puntos (en el Apertura fue segundo de Estudiantes con 43). Será uno de los equipos que menos puntos necesitó para consagrarse entre los últimos campeones. Pero haber convertido en todos sus partidos, ser el conjunto más goleador con 34 tantos (por intermedio de 12 jugadores distintos) y mantener la valla invicta en la mitad de ellos exponen los méritos. Al margen de la estadística, el equipo de Liniers expuso un gran juego.

Apoyado en una estructura tejida armoniosamente, fue un equipo completo: sólido en defensa, de transiciones rápidas sin arrebatarse en el mediocampo, virtuoso y efectivo en ataque. Siempre confió en sus argumentos. La eliminación a manos de Peñarol en las semifinales de la Copa Libertadores no fue un golpe de knock out. Se repuso para quedarse con la gloria doméstica.

El equipo dirigido por Gareca tuvo en cada línea, al menos, a uno de los más destacados jugadores del campeonato en su puesto. Marcelo Barovero fue el mejor arquero del torneo; muy seguro y sin estridencias, sostuvo al equipo desde atrás y brilló en los momentos determinantes, como ante Godoy Cruz, en la 17º fecha. Sebastián Domínguez fue el comandante de una defensa sólida y de gran entendimiento. Víctor Zapata ratificó su inteligencia para interpretar el juego y ejecutar con claridad. En ataque, Maximiliano Moralez fue un constante generador de espacios, Juan Manuel Martínez un gambeteador vertical con gol y Santiago Silva un centrodelantero conocedor de todos los secretos del puesto.

Ganó su octavo campeonato doméstico, para sumarlo a los cinco logrados en el plano internacional. Presente en 77 de las 80 temporadas que se llevan del profesionalismo se ubica quinto en la tabla histórica. El legado de José Amalfitani se aprecia en el estadio que lleva su nombre y en la Villa olímpica. Vélez reconfigura una historia pretendida de una vez y para siempre. Es un grande.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 31 de mayo de 2011

Pura coherencia

El final del Clausura y el cierre de la temporada se para de frente contra los axiomas futboleros que rezan que cualquiera le gana a cualquiera y que este es un deporte sin lógica. Observar quiénes pelean por el título y cuáles son los clubes que sufren por mantener la categoría deja a las claras que la coherencia en los caminos que se recorren marca los designios.

Vélez, Lanús y Godoy Cruz, desde su solidez institucional, construida a partir de la consecuencia a un proyecto por parte de sus dirigentes, son los equipos que mejor juegan y los que dirimirán la corona del Clausura 2011. Bien podría integrar ese grupo Estudiantes de La Plata, el equipo más poderoso en el último lustro, pero quien se encuentra en un paréntesis, lejos de su mejor versión y sin posibilidades de revalidar el campeonato conquistado en la primera mitad de la temporada. Pese a la ausencia del Pincha, el hecho de que no haya ningún colado enaltece aún más lo hecho por los vanguardista, y lo que representará para el vencedor final, por el peso específico de sus competidores.

En el otro extremo, entre los que pugnan por mantener la categoría, si se toman en cuenta los clubes que establecen su coeficiente de Promedio en tres temporadas y se excluye a los ascendidos en 2010, entonces ahí aparecen Huracán, Gimnasia y Esgrima de La Plata y River. A lo largo de 111 partidos han acumulado más pesares que satisfacciones arrastrados por los desatinos y la negligencia de sus dirigentes, cuando no de conductas aún más graves. Es imposible entender el momento más determinante en la historia del Millonario sin nombrar a José María Aguilar.

El fútbol argentino, en la definición de su año competitivo, es pura lógica. La coherencia, como casi nunca, queda expuesta en las tablas que marcan sin dobleces lo hecho por cada quien.
(Fotos: telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 29 de marzo de 2011

Godoy Cruz, Argentinos y Olimpo, tres procesos para destacar

El listón en lo más alto del fútbol argentino lo sostienen Vélez y Estudiantes. Consecuencia con un proyecto, intransigencia en la búsqueda de protagonismo y permanencia en los primeros lugares los colocan al tope. Sus propuestas, con elementos comunes y otros diferenciadores, imponen condiciones; y, con lógicos paréntesis, son los mejores en el medio doméstico y equipos de mucho respeto fronteras afuera.

En esa marquesina que encabezan los de Liniers y La Plata la continuidad del foco conduce a los desempeños de Godoy Cruz y Argentinos Juniors. Con menos material que los anteriormente mencionados y el ingenio y el trabajo necesarios para mantenerse en la pelea de arriba pese a los fuertes movimientos de jugadores que sufieron, logran dar pelea en el Clausura y en la Copa Libertadores.

Antes del inicio de 2011, Omar Asad se alejó de la dirección técnica y, además, Godoy Cruz perdió su ataque completo con las salidas de Jairo Castillo, César Carranza y David Ramírez, en el podio de los mejores de la primera mitad de la temporada. Entonces los mendocinos pusieron manos a la obra; no para reinventarse, sino para mantener la misma fisonomía con otra conducción y distintos intérpretes. Con la política de no anteponer el fútbol a la institución, Mario Contreras, presidente del club, buscó “un entrenador de acuerdo al plantel”, de modo tal de evitar la contratación de un técnico que luego exigiese la llegada de varios nuevos futbolistas. La elección recayó sobre Jorge Da Silva y con el uruguayo el Tomba supo mantener su juego prolijo, de buen toque de pelota, salida rápida por las bandas y determinación de no refugiarse cerca de su arco ante ningún rival.

El único invicto que le queda al Clausura es Argentinos Juniors. El conjunto de La Paternal disputó 11 partidos en el año y apenas perdió uno, ante Nacional de Montevideo, en el Diego Armando Maradona, por la Libertadores. Pedro Troglio logró conformar un equipo que maximiza sus recursos al explotar virtudes y camuflar defectos. Seguramente ningún campeón sufrió la sangría que vivió el Bicho. Tras el título se fueron el entrenador, el arquero, el primer central y capitán, los tres delanteros titulares y el primer suplente. El costo implicó tener que esperar hasta la octava fecha del Apertura para ganar el primer partido. Ese triunfo actuó de válvula de escape cuando la paciencia parecía agotarse. Desde entonces, la remontada, en rendimiento y resultados favorables, se hizo evidente. Troglio no protestó cuando desmembraron al campeón ni tampoco cuando antes del Clausura fue transferido Néstor Ortigoza, el jugador más determinante. Pese a esa importante ausencia mantuvo la identidad de un conjunto que presiona, se mantiene compacto entre líneas y expone un sólido sentido colectivo.

En otra pelea, la de mantener la categoría, debe destacarse lo hecho por Olimpo. Cuando las decisiones se toman con convencimiento y no desde la demagogia, debe ser difícil para una comisión directiva determinar cuándo el proceso de un entrenador está agotado. La evaluación, más que a los resultados, debería centrarse en el trabajo realizado y la percepción del convencimiento de los jugadores en las ideas y métodos del entrenador. En el Apertura, entre la quinta y la décima fecha, el conjunto de Bahía Blanca sufrió una racha de seis derrotas consecutivas. Pero la sorteó. Fue clave el aplomo dirigencial para sostener a Omar De Felippe como entrenador y apostar por un proyecto en marcha (que venía desde el Nacional B) en lugar de arriesgar con el inicio de otro. Llegó el momento en que el equipo apareció en su mejor dimensión y ahora el elenco aurinegro pelea en los primeros lugares y le escapa a la zona de descenso.

Godoy Cruz, Argentinos Juniors y Olimpo apostaron a la coherencia y se plantaron ante las urgencias para confiar en lo estructural por sobre lo coyuntural. Hoy, disfrutan de los buenos resultados que maduraron lejos de la histeria que impera. (Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua patinsua@gmail.com

martes, 1 de marzo de 2011

Falcioni y Riquelme, una historia previsible

Este presente era absolutamente nítido desde diciembre. En el momento en que se supo que Julio César Falcioni sería técnico de Boca -algo que ocurrió antes del vínculo legal- comenzó la cuenta regresiva del cortocircuito con Juan Román Riquelme. Seguramente se produjo antes de lo esperado, pero no cabe la sorpresa. Todo era previsible: que el DT prescindiera del astro, que la gente se pusiese del lado del ídolo y que en el primer partido sin el Nº 10 y sin victoria, la Bombonera tronase. Un guión fácil de anticipar.

Si un entrenador llega al máximo desafío de su carrera por jugar de una determinada manera, lo esperable es la ratificación. Siempre hay matices, pero dentro de la concepción del juego que se tiene. Así, Falcioni deberá buscar variantes, porque en tres fechas Boca no jugó bien, pero lo hará a partir de su universo de ideas y no de otras.

Es probable que, por sus concepciones futbolísticas, desde el primer encuentro se hayan observado con mutua desconfianza. El primero en expresarlo, en marcar territorio, fue JR. Antes del inicio del campeonato, cuando el técnico había valorado lo hecho en los partidos de verano, le quitó importancia a esos amistosos y postuló que se podía jugar mejor. Con el torneo en marcha destacó la producción ante Godoy Cruz y criticó lo hecho frente a Racing. Es decir, elípticamente aseguró que Boca juga bien con él y mal en su ausencia. Por el lado del entrenador, un futbolista de las características de Riquelme no encaja más que como alternativa para determinadas circunstancias en su esquema táctico preferido, el 4-4-2 con un mediocampo con dos jugadores abiertos por las bandas y un doble pivote central, y, además, entiende como condición indispensable la movilidad permanente.

En la previa del encuentro ante All Boys, Falcioni tomó una determinación inherente a su función. Ni más ni menos que eso. Ocurre que por el contexto, Boca, y el protagonista, Riquelme, las repercusiones fueron múltiples. Interesado como el que más en ganar, entendió que el mejor equipo para conseguirlo no lo contemplaba. La decisión de no incluirlo entre los once fue una muestra de autoridad y, fundamentalmente, una apuesta firme y plena por sus convicciones. Tan sólo un partido, la derrota 4-1 ante los mendocinos, le sirvió para regresar a las fuentes. Esa será la única manera de no reclamarse nada.

De todas maneras, no haberlo colocado entre los suplentes ante el conjunto de Floresta, así como mantener entre los relevos a Walter Erviti, su jugador, apuntó a la diplomacia. Salvo que el entrenador notase falta de compromiso y mala predisposición al trabajo por parte del jugador, algo que no dijo públicamente, debió incluirlo entre los 18.

Falcioni y Riquelme se han comportado de manera oscilante. El entrenador lo halagó en su arribo al club y lo calificó de emblema tras el primer partido, pero luego lo borró. El futbolista, por su parte, no estuvo disponible para los amistosos estivales, sí para el debut ante Godoy Cruz, luego se bajó por molestias del choque ante Racing, pero tres días después, de cara al partido ante All Boys, aseguró estar plena físicamente y en la previa del cotejo ante Vélez otra vez dejó el entrenamiento rumbo a las camillas de kinesiología.

Haber quitado a Riquelme -quien lleva dos temporadas jugando poco-, si es que el DT resiste en el cargo a partir de la dictadura de los resultados, puede ser el primer eslabón de una determinación similar con otros históricos, ya que ni Sebastián Battaglia ni Martín Palermo han demostrado méritos para mantenerse en el equipo titular. Sea por lo que fuese, Falcioni no fue Falcioni en la primera fecha al conformar un equipo en el que no creía; ahora parece dispuesto a mantenerse fiel a sus ideas, pese al costo que pueda implicar.
(Foto: telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de febrero de 2011

Falcioni, de espaldas a su historia

“No hay jugadores como Riquelme, por eso ensayo con dos esquemas”, había postulado Julio César Falcioni en la Posada de los Pájaros, en Tandil, donde Boca trabajó durante la pretemporada. En su primer partido oficial, el entrenador incluyó al ídolo y la disposición con él en cancha, nunca utilizada en los encuentros preparatorios, fue claramente deficitaria.

Llegó a Boca por plantar a sus equipos de una determinada manera, propuesta que insinuó con buen funcionamiento y carácter colectivo en los torneos estivales; con un sistema táctico 4-4-2, presión sobre el rival y variantes con pelota detenida. Había presentado un muy interesante boceto, que trazaba con claridad las líneas fundamentales. Pero en el debut ante Godoy Cruz dejó todo eso de lado para armar un mediocampo sin su sello, lejos de sus preferencias y con la evidencia de haber priorizado los nombres por sobre el funcionamiento. Se traicionó y lo pagó muy caro, con una estruendosa derrota 4 a 1 en el inicio del Clausura, en la Bombonera. Arrió las banderas que lo habían hecho desembarcar en Brandasen 805.

Ante los mendocinos, el mediocampo xeneize estuvo conformado por cuatro futbolistas habituados a moverse por el eje central del campo; Sebastián Battaglia, Leandro Somoza, Walter Erviti y Juan Román Riquelme. Las bandas quedaron descubiertas y así nacieron cada uno de los goles de los dirigidos por Jorge Da Silva, con jugadores que llegaban por los costados sin que nadie los persiguiese.

El mandato de colocar a Riquelme en cancha le condicionó la formación. Además, el Nº 10 estuvo lejos de su mejor versión, con poca movilidad y recostado en el pase corto y lateral, constante pocas veces alterada, en una ocasión por un portentoso disparo desde fuera del área que rebotó en uno de los postes del arco magníficamente defendido por Sebastián Torrico.

Por ningún refuerzo insistió más que por Erviti, pero cuando dispuso del marplatense lo colocó en un sector de la cancha distinto al que le asignó durante más de un año en Banfield y en el cual el volante surgido en San Lorenzo se transformó en uno de los mejores del medio local. Falcioni no fue Falcioni, entonces Erviti no fue Erviti.

El técnico se encuentra en una encrucijada. Por un lado, con un Riquelme opaco, el desafío es recuperarlo y buscar la manera de insertarlo en el esquema que prefiere, que es el que más y mejor utilizó a lo largo de su carrera como entrenador. Por otro, una apuesta mucho más riesgosa sería mantenerlo como alternativa, con todo lo que eso implica.

Falcioni llegó a Boca, el mayor desafío y el punto más alto de su carrera, por méritos propios, por una consecuencia en su trabajo y por haber concretado sus ideas sin dejar de intentar mejorarlas continuamente. Estar en un lugar de privilegio y hacer otra cosa no es más que traicionarse a sí mismo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de agosto de 2010

La serena resistencia de Borghi

El tono ameno, la sonrisa fácil, las explicaciones sustentadas y el humor sin ironía son las principales marcas de los diálogos de Claudio Borghi con la prensa. Sus formas se contraponen con la locura de urgencia que impera en el fútbol argentino. No lo contamina la histeria generalizada. En una caja de resonancia como casi ninguna otra, el Bichi mantiene su tranquila prédica de hablar del juego con pausada reflexión, aunque sabe perfectamente la premura que lo rodea. “Boca siempre es noticia, hasta cuando yo bostezo", figuró en su última conferencia.

En apenas dos fechas, tras un empate y una derrota, el entrenador xeneixe ya sintió cómo el aleteo de una mariposa puede generar un sismo en la Ribera. Desde el momento mismo de su desembarco, incluso antes de que dirigiese la primera práctica, desde distintos puntos del mentado mundo Boca se miró con recelo su sistema táctico con una línea de tres hombre en el fondo. "Esto es fútbol, ganar es muy importante, a veces más importante que jugar bien. Me gusta ganar como a mucha gente. No hemos podido hacerlo y no es un drama tan grande“, contempló.

Cosechado un punto de seis posibles, los cuestionamientos apuntaran al esquema con tres defensores. En un programa televisivo, Carlos Aimar, técnico que se formó de la mano del gran Carlos Timoteo Griugol, se ocupó por explicar desde el análisis de las imágenes de los encuentros de Boca que hasta aquí el funcionamiento táctico del equipo ha sido muy prolijo y de muy buena sincronización entre los mediocampistas y la última línea. Así fue como dio cuenta que de los tres goles que recibió Boca, uno fue por una mala decisión individual de Matías Giménez (ante Godoy Cruz), luego de cubrir perfectamente el sector que le correspondía, y otro por un accidente de Clemente Rodríguez (ante Racing), quien tropezó con la pelota cuando ya habían cerrado todos los caminos posibles a su rival. El restante fue desde un tiro libre en el cual el autor de la conquista (Claudio Yacob, de Racing) se encontraba en clara posición adelantada.

Claudio Borghi no cede ante los aguijoneos, ni se sube a la montaña rusa que busca constantemente el conflicto. Sus formas seguirán siendo las que tuvo en el momento de alejarse vencido de Independiente o de ser campeón con Argetinos Juniors. Siempre es buena esa serena resistencia.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 26 de abril de 2010

Argentinos ya ganó

Aunque una campaña sorprenda a los propios protagonistas al superar las expectativas iniciales, llega una instancia en la que lo que hubiera conformado en un comienzo queda de lado para ir por más. Así transcurren los días de Argentinos Juniors, que a tres fechas del final del Clausura se encuentra a solamente un punto de la cima del campeonato y sueña con obtener el tercer título de Primera División de su historia, tras el Metropolitano de 1984 y el Nacional de 1985.

El conjunto de Claudio Borghi tiene sello propio. Juega cercano entre líneas para achicar espacios y con acumulación de pases sin caer en una horizontalidad que no hiere al rival. Tiene vocación ofensiva sin descuidarse atrás y tomó los riegos que en algún momento debe asumir todo equipo que tiene altas aspiraciones.

El esquema táctico inicial de Argentinos rompe con la habitualidad que suelen mostrar los equipos argentinos: una defensa de tres hombres; cuatro mediocampistas, dos abiertos por los laterales y un binomio de medios, un enlace y dos delanteros. Esa disposición 3-4-1-2 no es fija, porque Argentinos mueve continuamente la pelota y entonces también a sus ejecutantes. Borghi tiene un discurso descontracturado que no es sólo de la boca para afuera, como una postura preciosista, sino llevada a la práctica por sus dirigidos.

El corazón del equipo está en el centro del campo, donde Néstor Ortigoza y Juan Mercier conformar un doble volante central que regula el funcionamiento de todo el conjunto. De ellos nace el inicio del ataque y la presión para la recuperación del balón cuando lo tiene el rival. Se entienden y complementan a la perfección, con Mercier con más responsabilidades en la marca y Ortigoza (dicho sea de paso, el mejor ejecutantes de penales del fútbol argentino) con mayor pista para acompañar los ataques.

Pero el Bicho tiene un talón de Aquiles y en un lugar demasiado sensible: el arco. Nicolás Peric es inseguro y sus recurrentes errores han significado goles que hasta aquí, de todos modos, no han tenido un alto costo. Es difícil que un equipo pueda ser campeón con un arquero tan frágil como el chileno.

Pese a sus méritos y virtudes, los de la Paternal no la tienen fácil. Corren de atrás, a un punto nada menos que de Estudiantes, el mejor equipo argentino. Apenas por debajo lo tienen a Independiente, el único grande que, al menos en este campeonato, ejerce de tal y al que recibirá en el Diego Armando Maradona en la anteúltima fecha. En la línea del Rojo también está Godoy Cruz, la revelación del certamen.

Coronar este gran torneo con el título es el deseo de todo Argentinos Juniors. No conseguirlo en nada opacaría una campaña excepcional, en la que suma 64 puntos y tiene prácticamente asegurado su regreso al plano internacional, clasificándose a la Copa Sudamericana, que se disputará en el segundo semestre del año. Borghi, hombre profundamente de la casa, logró un equipo que juega de acuerdo a su prédica; los buenos resultados se suman y los hinchas lo disfrutan. Aunque no llegue la gloria final, Argentinos ya ganó.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de marzo de 2010

Independiente sí dice presente

Cerca del ecuador del campeonato, Independiente llegó a lo más alto de la tabla de posiciones. En un torneo que se había presentado como el terreno ideal para la reivindicación de los históricos cinco grandes del fútbol argentino, el conjunto de Avellaneda es el único que asumió esa responsabilidad de protagonismo. En el pasado Apertura ganado por Banfield terminó como el mejor posicionado de los clubes más populares del país, pero sabía que en este torneo debía ir por más.

Su victoria 2 a 0 ante un River en ruinas, en el estadio Libertadores de América, y la derrota de Godoy Cruz ante Newell´s, en Rosario, lo dejaron como único líder del torneo. El conjunto de Américo Rubén Gallego no es un cúmulo de virtudes, pero cuenta con argumentos que justifican plenamente su posicionamiento y alimentan sus ilusiones. La goleadora dupla de ataque conformada por Darío Gandín y Néstor Silvera, el habilidoso manejo vertical de Ignacio Piatti, el prolijo criterio de Walter Acevedo y la solvencia de Adrián Gabbarini cada vez que se lo requiere son las principales credenciales de un equipo que, de todos modos, se valoriza desde su concepto de conjunto.

Además de alcanzar la punta y ganar un clásico más, Independiente cortó una racha muy negativa ante River. El triunfo de ayer fue el primero en más de 11 años ante los millonarios como local; y ya en el pasado torneo había acabado con 13 pesados años sin derrotarlo en el Monumental. Esa década larga anémica de victorias ante un club que fue par durante medio siglo, desde el comienzo del profesionalismo hasta la década del 80, expone con crudeza hasta dónde cayó Independiente en los últimos 20 años.

En siete días, el Rojo cosechó 9 puntos al vencer primero a Racing, el rival de toda la vida, luego a Tigre, en Victoria, y más tarde a River. El próximo fin de semana buscará extender su positiva racha cuando llegue al Diego Armando Maradona para medirse ante Chacarita, urgido por un promedio que lo asfixia.

Independiente peleó el pasado campeonato hasta donde lo empujaron sus virtudes y lo limitaron sus flaquezas. Gallego supo capitalizar esa experiencia y en el Clausura, hasta aquí, las virtudes se maximizaron y los errores disminuyeron. A partir de esos méritos y del beneficio que le significa que Vélez, Banfield y Estudiantes, los tres mejores equipos del país, estén abocados de lleno a la Copa Libertadores es que se propone como el principal candidato al título.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Godoy Cruz por la punta, River por el descenso

La división histórica entre grandes y chicos se ha vuelto sumamente difusa. Las clases sociales del fútbol argentino ya no son más de una vez y para siempre, sino que los lugares se ocupan de acuerdo a la coyuntura permanente que nunca es estructura. Los equipos más populares nunca dejarán de serlo, pero su poderío deportivo no es el que supo monopolizar la primera mitad del profesionalismo.

Así las cosas, Godoy Cruz fue al estadio Diego Armando Maradona en la búsqueda de la cima del Clausura y la consiguió al derrotar a Argentinos Juniors por 2 a 1. El elenco mendocino marcha invicto disputado un tercio del torneo, recibió apenas dos goles y muestra un juego asociado que le ha dado muy buenos resultados hasta el momento. Omar Asad, técnico debutante, organizó un conjunto atento y dinámico. Un sólido esquema defensivo es una condición impostergable para un equipo que pretende protagonismo en los primeros planos y Godoy Cruz parte de esa premisa. Pero además de su firme en defensa, expone un mediocampo con rápidas transiciones que marca sin resignar ataque y una veloz dupla delantera conformada por César Carranza y Nicolás Higuaín.

Mientras el Tomaba mira la punta y se olvida del promedio, River mira el promedio y se olvida de la punta. En el bosque platense, los dirigidos por Leonardo Astrada, gritaron a voz de cuello el empate agónico ante Gimnasia, el peor equipo de las últimas tres temporadas. Como resabios de un pasado radicalmente opuesto que pretende no ver el doloroso presente, el Jefe, sentado en banco, y Marcelo Gallardo, dentro de la cancha, ensayaron un festejo breve. Pero nunca es bueno negar la realidad y engañarse a uno mismo. Astrada asegura que no piensa en la tabla de los promedios y aspira a una mejora del equipo que le permita ganar dos o tres partidos consecutivos para pelear arriba. Sin embargo, no hay indicios que permitan creer en la posibilidad de esa remontada y la real dimensión de River es sumar para no penar por mantener la categoría.

La hipoteca dejada por la precedente Comisión Directiva riverplatense es asfixiante. José María Aguilar y sus laderos produjeron, en 8 años, un vaciamiento estrepitoso: degradación institucional, quebranto económico y descapitalización absoluta del fútbol profesional, su bien más preciado. Entonces River es en cancha el equipo pequeño que se compadece con su situación general y se vuelve un rival accesible para cualquiera.

Seguramente, tan difícil es que Godoy Cruz pueda consagrarse campeón del Clausura como que River se vaya al descenso. Pero hoy el Tomba sonríe por situarse en la cima de la tabla y los millonarios sienten el escalofrío de verse obligados a mirar la tabla de los promedios.

Estudiantes, Vélez y Banfield soy los grandes de hoy. River comienza a pelear por esquivar el descenso, lucha a la que Racing está abocado hace varias temporadas. Colón y Godoy Cruz puntean, mientras que Boca y San Lorenzo no encuentran juego ni puntos. Independiente se alegra por verse inmiscuido en las primeras posiciones, en tanto que Lanús se lamenta por no estar otra vez, como en los últimos años, entre los de arriba. Este es el nuevo orden que impera en el fútbol argentino, en el cual grandes y chicos intercambian ropajes para serlo alternadamente.
(Foto: Ovacion.com.ar - Fotobaires)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 19 de octubre de 2009

Ahí viene Boca

La última fecha dejó una mala noticia para el nutrido grupo de equipos que pelean arriba: Boca agarró envión a impulso de triunfos. Los nueve puntos conseguidos en sus últimas tres presentaciones lo hicieron acomodarse con aspiraciones en un torneo de gran paridad, en el cual los primeros ocho equipos están separados en apenas dos puntos. Se trata del resurgir de un equipo parecía no estaría en la lucha por el título y se encontraba atrapado en una serie de problemas que lo tenían paralizado. Varios de esos inconvenientes no desaparecieron, pero otros sí y por eso Boca le apunta ahora al doble adjetivo de clasificarse a la Copa Libertadores, en primer término, y pelear por el campeonato.

Tras la derrota ante Godoy Cruz, en la Bombonera, Alfio Basile había presentado la renuncia, pero lo convencieron de que continuara al frente del plantel. El siguiente fin de semana el verdugo fue Estudiantes, que lo superó con más claridad que la mínima diferencia que estableció el 2 a 1 final. Con tres derrotas en fila, cinco puntos en seis partidos y su técnico debilitado por un amague de partida el panorama para el conjunto xeneixe era sombrío. Pero llegó la remontada. A las tres derrotas siguieron la misma cantidad de triunfos y los cinco puntos se multiplicaron para que esa sea la distancia con el puntero, San Lorenzo.

Cada uno de los triunfos encadenados tuvo distintos matices. El conseguido ante Vélez, que marcó el punto de inflexión, fue una muestra del carácter del equipo, ya que abajo en el marcador, dominado en el trámite del partido y con el zumbido en el oído de las caídas precedentes logró quedarse –seguramente sin merecerlo- con los tres puntos por empuje y el histórico gol de cabeza de Martín Palermo desde 40 metros. Sin su goleador, que preparaba el final feliz para la novela de terror y suspenso que protagonizarían Argentina y Perú por eliminatorias, hubo victoria ante Racing, también luego de ir en desventaja y esta vez con un un tremendo segundo tiempo de Juan Román Riquelme. Ante Tigre, tuvo su mejor rendimiento del semestre; ganaba 2 a 0 y estaba para golear, pero tras el descuento de los de Victoria terminó en apuros y con la angustia de sufrir los minutos finales a la espera del final del encuentro.

La fragilidad defensiva continúa siendo el mayor problema de Boca. Los desacoples de sus centrales, Julio César Cáceres y Gabriel Paletta, y los recurrentes errores de su arquero, Roberto Abbondanzieri, lo hacen un equipo demasiado vulnerable, lo cual se evidencia en el hecho de no haber finalizado ningún partido del torneo sin recibir al menos un gol. Además, lo ajustado del campeonato hace que pese a que lo separan cinco puntos de San Lorenzo está en la mitad de la tabla; es decir, con varios equipos por sobre su posición. Esos son los principales obstáculos que deberá sortear.

El buen aprovechamiento del tiempo sin competencia que implicó la última doble fecha de las eliminatorias ha tenido un gran valor en esta positiva racha. Basile y su cuerpo técnico realizaron una base física para mitigar en parte los inconvenientes de la gira europea antes del inicio de la temporada y trabajaron en doble turno para buscar solucionar los problemas de funcionamiento.

Con la seguridad que dan los triunfos, Boca visitará a River el próximo domingo en el partido que atrae más miradas. Si los dirigidos por Basile logran capitalizar su buen momento y aprovecharse del derrumbe millonario para armar un poker de victorias quedándose con los tres puntos en el superclásico entonces se convertirá, definitivamente, en el candidato más temido.
(Foto: Canchallena.com - Fotobaires)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2009

Basile y un cambio que no llegará

Afuera de la lucha por el campeonato, a Boca le quedan 13 fechas para lograr la quimera de clasificarse a la próxima edición de la Copa Libertadores, porque con las actuales pobres producciones y a partir de la cantidad de puntos que necesita sumar imaginarse en el principal certamen continental se presenta como una empresa inalcanzable. Para revertir este presente se impone un cambio que, por la forma de pensar de su entrenador, difícilmente se dará.

Alfio Basile descansa en la impronta de los futbolistas y no cree en un colectivo que mecanice movimientos; por eso no acumula horas de trabajo y programa breves prácticas vespertinas, sin doble turno. Desestima el aporte que pueden significar futbolistas juveniles (lo que implica una descapitalización para la institución) o con poca experiencia y no buscará soluciones en la Reserva o la Cuarta División. Otra de sus máximas, reflejada en la habitual declaración sobre su apego a tener un once de memoria, es que siempre, bajo cualquier circunstancia, hay que bancar a los jugadores y no se los puede quemar sacándolos.

El Coco no siempre pesó así. Cuando a principios de la década del 90 se hizo cargo de la dirección técnica de la Selección entendió que se imponía un recambio generacional y armó un conjunto casi juvenil, repleto de caras nuevas con la celeste y blanca, que desplegó un fútbol colectivo, vertical, atractivo y ganador en el período entre mundiales que separó los campeonatos de Italia y Estados Unidos. En plena Copa América disputada en Chile, en 1991, no dudó en reemplazar a Diego Latorre, diamante de Boca, por Leonardo Rodríguez, quien despegaba en San Lorenzo. Pero los tiempos cambiaron y Basile también. Comenzó a apoyarse en una filosofía de fútbol de café que lo desdibujó como entrenador. La versión como técnico presentada en los últimos 15 años ha sido muy pobre, a excepción del exitoso paréntesis xeneixe 2005-2007.

En Boca el presente es inviable y el futuro próximo imposible con una aglomeración de jugadores con muchos kilómetros recorridos, como Roberto Abbondanzzieri, Hugo Ibarra, Juan Román Riquelme y Martín Palermo. Sebastián Battaglia también podría integrar este grupo sino fuera que su aporte sigue siendo fundamental. Con ventaja desde su documento (aún no tiene 30 años), el mediocampista central es el más regular y mejor jugador de Boca en los últimos dos años.

En el caso de JR y el goleador se agrega el dato para nada menor de sus irreconciliables diferencias y los problemas que esto implica en el seno del plantel. Todos quienes tienen poder de decisión en el club deberán evaluar qué pierde y qué gana el equipo con la permanencia de uno y la salida del otro y actuar en consecuencia, ya que no hay lugar para los dos. Pese a que los exegetas de Basile han ponderado siempre su dominio de las internas de vestuario está claro que no pudo desatar el nudo existente.

Este año es el peor xeneixe en casi ocho décadas de profesionalismo si se toma como parámetro el porcentaje de puntos obtenidos. Basile no es el único culpable. Varios jugadores arrastran rendimientos muy bajos y algunos agregan, además, poco compromiso ante la adversidad. A eso se suma una prestación física muy mejorable por el desgaste que implicó la gira europea que censuró la pretemporada. Esa necesidad económica de recaudar en el Viejo Continente pagará un interés muy alto, ya que costará privarse de los ingresos por participar de la Copa Libertadores y el prestigio deportivo de no estar en el campeonato del que disputó cinco de las últimas diez finales, ganándolas en cuatro oportunidades.

Ese tour en el invierno boreal es parte de las culpas que le caben a la dirigencia, liderada por el presidente Jorge Amor Ameal, y la gerencia, a cargo del manager Carlos Bianchi. Antes, ambas partes le habían negado a Carlos Ischia la posibilidad de reforzar el equipo, también fueron responsables de que el club perdiera a un gran arquero como Mauricio Caranta, a comienzos de la presente temporada esquivaron la responsabilidad de abrir la puerta de salida a glorias con mucho más pretérito que presente y, finalmente, eligieron un entrenador que no era el indicado para la coyuntura, aún pidiéndole que siga tras presentar su renuncia.

Porque luego de la derrota como local ante Godoy Cruz Basile había entendido que no podía encontrar las respuestas que buscaba. Sin embargo, allegados y dirigentes le hicieron rever su postura. Malos rendimientos y un pequeño puñado de puntos habían ensombrecidoa Basile y el hecho de renunciar y luego aceptar seguir debilitó aún más su posición.

Para revertir la incómoda actualidad el ex seleccionador nacional debería cambiar sus formas y abandonar sus códigos para trabajar más y mejor y prescindir de algunos de los monstruos sagrados que habitan en el plantel boquense. A esta altura de su vida, Basile no lo hará y así será muy difícil que Boca logre terminar este año de otra forma que no sea mal.
(Foto: Ellitoral.com - AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Llop, Molina y una historia que se repite

Racing ha vivido más de la mitad de las casi ocho décadas del profesionalismo en crisis. En los últimos 42 años obtuvo apenas un campeonato local, el Apertura 2001; título conseguido con una legitimidad manchada por arbitrajes beneficiosos y la disputa del partido definitorio apenas una semana después de uno de los hechos más lamentables de la historia argentina, como fue el desastroso y luctuoso final del gobierno que encabezaba Fernando De La Rúa. Aquel 28 de diciembre sólo jugaron Vélez ante Racing y River frente a Rosario Central, ya que el resto de los partidos correspondientes a la última fecha se postergaron para febrero de 2002. Pero el necesario festejo de Racing no podía esperar, era más importante que la crisis nacional. Y el gol de Gabriel Loeschbor le dio al pueblo racinguista una alegría que, pese a todo, era honda y genuina.

Ese logro y la conquista de la Supercopa de 1988 fueron los únicos festejos del conjunto de Avellaneda en más de cuatro décadas. El contrapunto lo dieron el descenso y la permanencia en la segunda categoría dos años, la quiebra del club, su privatización y la disputa de la Promoción la pasada temporada. Esos fueron los principales males de una lista tan larga como dolorosa para la gente de Racing.

Ese derrotero incluyó el paso de casi un centenar de técnicos. Este fin de semana, tras la derrota en el clásico ante Independiente 2 a 0, Juan Manuel Llop pasó a ser un nombre más de esa nómina. Probablemente, el ciclo del Chocho estaba agotado por los malos resultados (ocho partidos sin victorias) y la sabida distante relación con el plantel. Ocurre que Racing -sus dirigentes, sus seguidores- deberá aceptar que sus problemas no responden a la coyuntura de cambiar un entrenador, sino que son estructurales. Sólo Boca, Vélez, Lanús y Estudiantes, instituciones serias y con proyectos sólidos, pueden aspirar a mejorar un mal momento futbolístico a partir de un cambio de DT.

Pese a todo esto, la grandeza de Racing no está en duda. La gran cosecha de títulos en el amateurismo (1913-14-15-16-17-18-19-20-21-25) para ganarse el mote de Academia, conseguir antes que nadie un tricampeonato en la era profesional (1949-50-51) y haber sido el primer equipo argentino campeón del mundo (1967) son parte de una riquísima historia, contenida por una de las hinchadas más grandes y emocionantes de nuestro fútbol.

El presidente de Racing, Rodolfo Molina, ya tomó la decisión de despedir a Llop. A dos meses de haberse hecho cargo de la conducción del club, después de sólo tres partidos oficiales como titular de la entidad, eligió despedir a un técnico, en línea con lo que han sido los manejos de club en los últimos años. No puede señalarse falta de coherencia. Antes del choque ante Independiente, Molina aseguró que se trataba de un cuerpo técnico “heredado”, algo absolutamente cierto, aunque omitió recordar que en su campaña electoral prometió la continuidad del ex entrenador de Newell´s, Godoy Cruz y Banfield. Molina debería blanquear la realidad de Racing recordándole a sus hinchas que la etapa de gloria está registrada en blanco y negro, que los números son de un rojo cegador y que una reconstrucción sólo es posible con orden institucional y un trabajo a mediano y largo plazo en inferiores para que el primer equipo se nutra de esos valores juveniles; es decir, encarar un proceso de saneamiento que muy difícilmente implique estar en la disputa por un título. Si en lugar de eso opta por prometer pomposas contrataciones y grandes campañas que al no concretarse lleven entonces a semestrales cambio de técnicos, entonces Racing continuará en la misma tenebrosa senda de los últimos 40 años.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Hipocresía y demagogia

River afrontará la última fecha del Apertura con el único objetivo de no terminar el torneo en lo más bajo de la tabla de posiciones por primera vez en su historia, para lo cual deberá ganarle a Estudiantes en La Plata y esperar que Central no sume ante Godoy Cruz. En este marco, su presidente, José María Aguilar, asomó a los medios para fustigar al plantel profesional. Pese a ser el mayor responsable de la tremenda degradación institucional del club, salió a despegarse de una realidad que encuentra una de sus principales explicaciones en su conducción.

El titular de la entidad de Núñez, en declaraciones al programa Un buen momento, de radio La Red, uno de sus sitios favoritos para hacerse oír públicamente, aseguró: “Quienes formamos parte del club debemos asumir responsabilidades y hacer una profunda autocrítica”. Así, paradójicamente, reclamó dos conductas que jamás practicó y, acto seguido, le apuntó a los futbolistas, de los que señaló que “algunos juegan por la camiseta, otros por la plata o por amor al deporte, pero también hay que jugar por el honor de vestir la camiseta de River”. Aguilar habla de honorabilidad cuando ha hecho de River un lugar de fenomenales negocios para terceros y no para el club a la hora de vender a sus mejores valores a costo de saldo.

También se preocupó por menospreciar el nivel del fútbol argentino al aseverar que tiene sentido referirse al liderazgo “cuando hay que ir a jugar con Real Madrid en el Bernabeu” y no cuando se juega “de local con los equipos del torneo local”, para rematar que “los líderes de salita azul están para el preescolar”. Se sabe que este fue un tiro directo para Eduardo Tuzzio, capitán del equipo y a quien River pretende sacarse de encima. Si bien está claro que el ex central de San Lorenzo hace tiempo muestra un nivel inferior al necesario para jugar en Primera División, muy lejos está de ser uno de los factores centrales del este presente de River.

Alertó que “hay muchas cosas para analizar” y adelantó que “no va a ser tan sencillo como otras veces”. Es decir, hasta ahora puedo manejar con su astuta muñeca política en la carretera de baches que el mismo creó, pero ahora, con el equipo último, los humores son más difíciles de manejar y conciliar. Finalmente, pregonó que “la dirigencia de River es complaciente y muy defensora de sus jugadores”, aunque que “va a seguir defendiendo los intereses del club, pero esto gratis no es". Esto último es algo absolutamente sabido, para Aguilar nada es gratis.

Con la demagogia de criticar a los jugadores queriéndose poner en la voz del hincha y con la hipocresía de reclamar cuestiones, como el honor, que él jamás mostró desde su condición de presidente, Aguilar buscó despegarse del pésimo momento del equipo. Por eso mismo, pese a las criticas, aseguró que River tiene uno de los tres mejores planteles del fútbol argentino, endilgándose el mérito de haber conformado una plantilla fabulosa y culpado a los futbolistas de no haber estado a la altura de las circunstancias.

Los muchos sectores oscuros que tiene el fútbol argentino se explican desde la moral de la mayoría de sus protagonistas de saco y corbata. Que José María Aguilar sea el titular de River desde hace 7 años es un eslabon más de la cadena que entre otros integran Eduardo López, presidente de facto en Newell´s desde hace más de una década; Jorge Romo, el hombre que nunca dirigió pero maneja el arbitraje argentino hace casi 20 años, y, no ya como un eslabón, sino como el dueño de la cadena, el candado, la llave, el collar y el perro, Julio Humberto Grondona, amo y señor de la AFA desde 1979.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 11 de agosto de 2008

Aunque sea un momento, bien vale el festejo

Los torneos cortos son para una reducida elite. Pese a lo que siempre se aseguró desde la AFA en su defensa, las más de 30 ediciones de certámenes de 19 fechas sólo entregaron un nuevo campeón: Lanús, en el Apertura 2007. Nunca son más de tres o cuatro, con pocas variaciones a lo largo de los años, los equipos que tienen con qué sentirse en condiciones de apuntar al título. El resto, la gran mayoría, el proletariado futbolero, pelea en el largo aliento, en la carrera de 38 fechas. Ahí, los que con mucho esfuerzo se han acomodado un poco, buscan la clasificación a torneos internacionales, aunque les signifique pan para hoy y hambre para mañana; y más atrás aparecen quienes bregan por mantenerse dentro del sistema, es decir, por no perder su lugar en la Primera División.

Entre los que pugnarán esta temporada por no caer del círculo privilegiado del fútbol argentino están San Martín y Godoy Cruz. El sistema de promedios, reaseguro de los grandes, obliga a los recién ascendidos a hacer campañas más que aceptables. El criterio para mantener la categoría genera una desigualdad muy manifiesta: mientras que el Santo y el Tomba deberán sumar no menos de 48 puntos para evitar el descenso o la Promoción, Boca y River podrían perder todos los partidos del Apertura 2008 y el Clausura 2009 que de todos modos se mantendrían en la máxima divisional.

En este contexto, tucumanos y mendocinos lograron comenzar con una sonrisa. En el norte, los dirigidos por Carlos Roldán tuvieron la satisfacción de disputar el primer partido del campeonato y la victoria 2 a 0 ante Huracán generó la gran alegría de un estadio colmado. Por su parte, el conjunto blanquiazul dio el batacazo de la primera fecha al derrotar como visitante con dos goles del colombiano Jairo Castillo a Banfield, que en la previa del campeonato se presentaba como uno de los equipos que mejor se había reforzado y que aspira a colarse en la lucha de arriba.

San Martín y Godoy Cruz dieron apenas un primer paso. Saben lo difícil que será concretar el objetivo de la permanencia y la regularidad que deberán conseguir para conseguirlo sin sufrimiento. El festejo de ambos tras el debut con triunfo es absolutamente lógico, ya que implica haber comenzado del mejor modo un desafío complicado y da fuerza a la ilusión que ya comenzaron a desandar.
(Foto: Mdzol.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com