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martes, 14 de junio de 2011

Mucho más que un campeón

El torneo Clausura 2011 coronó al mejor equipo de la temporada y a la institución deportiva más sólida del país. Una dirigencia responsable, un entrenador –Ricardo Gareca- laborioso y desconocedor de excusas, un plantel nutrido desde su propia cantera, un equipo de virtuosismo colectivo y un nexo –Christian Bassedas, el manager- ideal entre la directiva y los protagonistas propiciaron el éxito. En Vélez todo es consecuencia.

A falta de una fecha para que se complete el torneo, suma 36 puntos (en el Apertura fue segundo de Estudiantes con 43). Será uno de los equipos que menos puntos necesitó para consagrarse entre los últimos campeones. Pero haber convertido en todos sus partidos, ser el conjunto más goleador con 34 tantos (por intermedio de 12 jugadores distintos) y mantener la valla invicta en la mitad de ellos exponen los méritos. Al margen de la estadística, el equipo de Liniers expuso un gran juego.

Apoyado en una estructura tejida armoniosamente, fue un equipo completo: sólido en defensa, de transiciones rápidas sin arrebatarse en el mediocampo, virtuoso y efectivo en ataque. Siempre confió en sus argumentos. La eliminación a manos de Peñarol en las semifinales de la Copa Libertadores no fue un golpe de knock out. Se repuso para quedarse con la gloria doméstica.

El equipo dirigido por Gareca tuvo en cada línea, al menos, a uno de los más destacados jugadores del campeonato en su puesto. Marcelo Barovero fue el mejor arquero del torneo; muy seguro y sin estridencias, sostuvo al equipo desde atrás y brilló en los momentos determinantes, como ante Godoy Cruz, en la 17º fecha. Sebastián Domínguez fue el comandante de una defensa sólida y de gran entendimiento. Víctor Zapata ratificó su inteligencia para interpretar el juego y ejecutar con claridad. En ataque, Maximiliano Moralez fue un constante generador de espacios, Juan Manuel Martínez un gambeteador vertical con gol y Santiago Silva un centrodelantero conocedor de todos los secretos del puesto.

Ganó su octavo campeonato doméstico, para sumarlo a los cinco logrados en el plano internacional. Presente en 77 de las 80 temporadas que se llevan del profesionalismo se ubica quinto en la tabla histórica. El legado de José Amalfitani se aprecia en el estadio que lleva su nombre y en la Villa olímpica. Vélez reconfigura una historia pretendida de una vez y para siempre. Es un grande.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de marzo de 2010

Independiente sí dice presente

Cerca del ecuador del campeonato, Independiente llegó a lo más alto de la tabla de posiciones. En un torneo que se había presentado como el terreno ideal para la reivindicación de los históricos cinco grandes del fútbol argentino, el conjunto de Avellaneda es el único que asumió esa responsabilidad de protagonismo. En el pasado Apertura ganado por Banfield terminó como el mejor posicionado de los clubes más populares del país, pero sabía que en este torneo debía ir por más.

Su victoria 2 a 0 ante un River en ruinas, en el estadio Libertadores de América, y la derrota de Godoy Cruz ante Newell´s, en Rosario, lo dejaron como único líder del torneo. El conjunto de Américo Rubén Gallego no es un cúmulo de virtudes, pero cuenta con argumentos que justifican plenamente su posicionamiento y alimentan sus ilusiones. La goleadora dupla de ataque conformada por Darío Gandín y Néstor Silvera, el habilidoso manejo vertical de Ignacio Piatti, el prolijo criterio de Walter Acevedo y la solvencia de Adrián Gabbarini cada vez que se lo requiere son las principales credenciales de un equipo que, de todos modos, se valoriza desde su concepto de conjunto.

Además de alcanzar la punta y ganar un clásico más, Independiente cortó una racha muy negativa ante River. El triunfo de ayer fue el primero en más de 11 años ante los millonarios como local; y ya en el pasado torneo había acabado con 13 pesados años sin derrotarlo en el Monumental. Esa década larga anémica de victorias ante un club que fue par durante medio siglo, desde el comienzo del profesionalismo hasta la década del 80, expone con crudeza hasta dónde cayó Independiente en los últimos 20 años.

En siete días, el Rojo cosechó 9 puntos al vencer primero a Racing, el rival de toda la vida, luego a Tigre, en Victoria, y más tarde a River. El próximo fin de semana buscará extender su positiva racha cuando llegue al Diego Armando Maradona para medirse ante Chacarita, urgido por un promedio que lo asfixia.

Independiente peleó el pasado campeonato hasta donde lo empujaron sus virtudes y lo limitaron sus flaquezas. Gallego supo capitalizar esa experiencia y en el Clausura, hasta aquí, las virtudes se maximizaron y los errores disminuyeron. A partir de esos méritos y del beneficio que le significa que Vélez, Banfield y Estudiantes, los tres mejores equipos del país, estén abocados de lleno a la Copa Libertadores es que se propone como el principal candidato al título.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 15 de febrero de 2010

Méritos en rojo y negro

El gran objetivo de Newell´s y Colón para la primera mitad de 2010 quedó trunco mucho antes de lo que esperaban. Emelec, de Ecuador, y Universidad de Chile, los eliminaron en la fase preliminar de la Copa Libertadores para reducir así su participación en el torneo continental a sólo dos partidos. Sin embargo, la frustración en el plano internacional significó, al mismo tiempo, transformarse en firmes candidatos a quedarse con el certamen doméstico.

Por méritos propios y el contexto de carencias ajenas, leprosos y sabaleros, que ya tuvieron grandes actuaciones en el último torneo ganado por Banfield, tienen con qué aspirar a la consagración. Fuertes desde una concepción colectiva que potencia buenas individualidades y convencidos de un modo de jugar -diferente en cada uno-, cuentan con la altura futbolística para ser los campeones del Clausura.

Esta gran actualidad de los equipos que comparten los colores rojo y negro implica, además, una recuperación que vale la pena ser destacada. En el caso de los rosarinos se trata de un renacer institucional luego de un proceso tan oscuro como penoso, mientras que por el lado de los santafecinos implica protagonizar una pelea radicalmente opuesta a que la que daba poco tiempo atrás.

La descapitalización de una de las canteras más prolíficas del fútbol argentino y la aniquilación de la faz social y deportiva amateur fueron el legado de Eduardo López, presidente de facto durante más de 10 años. Pero Newell´s se puso de pie. La nueva Comisión Directiva liderada por Guillermo Llorente reestableció, desde el triunfo electoral del Movimiento Leproso en diciembre de 2008, un club de puertas abiertas y pergeñó un proyecto futbolístico que tuvo resultados inmediatos al pelear el pasado Apertura hasta la última fecha.

Colón fue un destacado animador a finales de los 90. Realizó grandes campañas y consiguió clasificar a la Copa Libertadores por primera vez en su historia. Pero luego de aquellas temporadas de esplendor los malos resultados se fueron sucediendo. Cuando Antonio Mohamed llegó a club, a fines de marzo de 2008, el promedio apremiaba y el único objetivo era no abandonar el círculo privilegiado del fútbol argentino. Con buen ojo para detectar virtudes en sus futbolista y también para conseguir refuerzos tapados que mucho le aportaron, el Turco demostró ser, también, un avezado lector de los diferentes momentos dentro de un partido, un pícaro estratega y un trabajador conspicuo para encontrar variantes a la hora de la pelota detenida. Esos fueron los principales condimentos de una receta que transforó el elemental plato de la lucha por permanencia en el sabroso menú de los primeros planos.

Colón le respondió a su salida de la Copa Libertadores con una victoria ante River mucho más clara que el 1 a 0 del resultado final. Newell´s tampoco tuvo duelo por la ida del certamen continental y en el estadio Diego Armando Maradona empataba sin goles ante Argentinos Juniors cuando el partido se suspendió a los 20 minutos del segundo tiempo por lluvia. La eliminación copera fue el punto de partida para que los colores rojo y negro den se anoten resaltados en la disputa por el Clausura.
(Foto: Losandes.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de febrero de 2010

Bienvenido asterisco

En un torneo Clausura comprimido por la disputa del Mundial y en paralelo con la Copa Libertadores apareció el primer asterisco de la temporada, un clásico del fútbol argentino de los últimos años. El partido correspondiente a la segunda fecha entre Banfield y Argentinos Juniors debió ser suspendido por lluvia cuando apenas se habían disputado 8 minutos y promete ser resuelto en la difusa fecha de “finales de febrero”. Décadas atrás, cuando un encuentro era aplazado la reanudación tenía lugar al día siguiente. Retomar la antigua determinación sería el trastorno menor y no desnaturalizaría la compaginación del certamen.

La desorganización y la falta de programación en el medio local es una cuestión crónica. El armado de un cronograma anual por parte de la Asociación del Fútbol Argentino es una quimera y las reprogramaciones muchas veces llegan encima de la disputa de cada de fecha. La casa matriz ni siquiera logra que los partidos comiencen a horario y los entretiempos duren lo que deben y no lo que cada técnico dispone. Basta con llevar a la práctica las penas establecidas en lugar de que sean letra muerta para que se respeten los horarios.

Si Banfield y Argentinos se mantienen al margen de la pelea por el título y sus posiciones en la tabla acumulada de la temporada no tienen incidencia en la clasificación a la Copa Sudamericana difícil es saber cuándo se completarán los 82 minutos que restan del encuentro suspendido el miércoles 3 de febrero. Porque hay antecedes de lo más inverosímiles, como reanudaciones tan demoradas que los rivales se encontraban ya en distintas categorías o futbolistas que disputaron el inicio del partido para un equipo y lo completaron en el otro.

El medio local ha perdido categoría. Los equipos son volátiles, con jugadores que van y vienen continuamente; lo que, además, hizo prácticamente desaparecer el sentido de pertenencia en los protagonistas. A esto se agrega la desvalorización del espectáculo por excelencia, del más popular del país, con infraestructura arcaica y una organización muy descuidada. Respetar al espectador sigue siendo una de las deudas más grandes.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 18 de enero de 2010

Siempre Lanús

Cuando comience el torneo Clausura, Lanús se verá en lo más alto de la tabla de los Promedios. Claro que mantener la categoría no es algo que lo preocupe en lo más mínimo. Lo que el dato revela es que se trata del equipo que más puntos sumó -162- si se toman en cuenta los últimos cinco campeonatos; es decir, las precedentes dos temporadas y media. Sin dudas, el Granate se ha transformado, gracias a grandes actuaciones y destacadísimas campañas, en un referente del medio nacional.

En ese período, el conjunto del Sur de Gran Buenos Aires obtuvo su primer título en la elite del fútbol argentino, el Apertura 2007, y clasificó en tres oportunidades consecutivas a la Copa Libertadores de América. Dirigido por Ramón Cabrero primero y luego por quien fuera su ayudante de campo, Luis Zubeldía, se instaló definitivamente como uno de los protagonistas de cada certamen local. Hasta ahora, la deuda interna pasa por el plano internacional, ya que en la Libertadores no ha logrado los desempeños deseados. La extinta Copa Conmebol obtenida en 1996 es motivo de orgullo para su gente, pero está claro que el deseo y el desafío pasan por un hacer un papel relevante en el principal certamen continental, y a eso apuntará principalmente este año.

Pero Lanús no sólo gana en la cancha. Se trata de una institución integral, con gran cantidad de deportistas amateur, instalaciones de primer nivel con continuas obras, un proyecto educativo y una gran inserción en su barrio. Por supuesto que el fútbol profesional es la principal actividad y la que permite el desarrollo de otras áreas. Y esto se debe a que Lanús no sólo es el equipo que más sumó de un tiempo a esta parte, sino también el que mejor vendió: en cesión de futbolistas recaudó más de 45 millones de dólares desde comiezos de 2007 a la fecha. Casi la mitad de esa cifra que engrosó las arcas del club ingresó por dos transferencias: las de José Sand al Al-Ain Sports and Cultural Club, de Emiratos Árabes, y Eduardo Salvio al Atlético de Madrid. Fueron, a su vez, las dos mejores ventas del fútbol argentino del último año. El caso del Toto es una prueba cabal de la fábrica de talentos que es Lanús, ya que la mayoría de esos ingresos se han generado con chicos formados en sus divisiones menores. Cuando el mercado se achica y los clubes malvenden y acuden a préstamos que luego son sólo fabulosos negocios para misteriosos grupos inversores, el Granate aparece como un oasis con futbolistas propios y grandes ventas; directas, sin intermediaciones.

Lanús carga con un mote de equipo chico que en nada se condice con su condición. Su actualidad es mérito del trabajo a largo plazo, la coherencia dirigencial y la proyección institucional. Bien quisieran varios equipos grandes tener el protagonismo, la solvencia y el futuro del ejemplar club sureño.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 4 de enero de 2010

Estudiantes, Vélez y Banfield, los campeones

El año que ya quedó atrás dejó en las páginas más destacadas de su anuario futbolero la consagración de Estudiantes como el mejor de América, la ratificación de Vélez como un grande por vigencia y no por herencia y el inédito festejo de Banfield, nuevo integrante del cuadro de honor de los campeones argentinos.

El conjunto platense se adjudicó la Copa Libertadores de menor a mayor. Tras clasificarse en la etapa preliminar ajustadamente, en la zona de grupos avanzó también con sufrimiento, pero ya en las instancias cruciales, en los encuentros de ida y vuelta para seguir o perecer, el equipo apareció en su mejor versión: consciencia colectiva, prolija defensa, potencia goleadora y la tremenda gravitación de Juan Sebastián Verón para coordinar los movimientos de sus compañeros con precisión de relojería suiza erigieron merecidamente al Pincha como el monarca del continente. En el cierre del año premundialista, el elenco de Alejandro Sabella estuvo muy cerca de subirse a la cima del Planeta Fútbol, pero el fenomenal Barcelona ganador de todo le arrebató la corona cuando parecía suya. Por sus méritos, el León se ganó el reconocimiento de ser el mejor equipo argentino del año que ya es historia.

En el ámbito doméstico, Vélez fue quien celebró en el primer semestre. Luchó por el título hasta la última fecha con Huracán, conjunto que cosechó muchos elogios y adhesiones por su juego fluido de toques permanentes y desestructuración de líneas. Reflejo de una institución sin par en Argentina, los dirigidos por Ricardo Gareca fueron un conjunto serio, coherente y en constante crecimiento. Dinámico y de transiciones muy veloces su propuesta fue un juego vertical y con desbordes, siempre con el basamento de la solvencia para manejar los tiempos de cada partido. Vélez no sólo obtuvo el Clausura, sino que también fue quien más sumó en 2009: con 73 puntos lideró la tabla anual. Además, parió al fútbol profesional a Nicolás Otamendi, la gran revelación y una de las apariciones más fulgurantes de los últimos años en lo que a marcadores centrales refiere.

El Apertura quedó en manos de Banfield, que se dio el enorme gusto de gritar campeón en Primera División. Julio César Falcioni configuró al mejor equipo del certamen; un conjunto granítico, furiosamente colectivo, concentrado sin distracción alguna en su libreto y con un despliegue físico incansable para ahogar a sus rivales. El Taladro contó con Cristian Lucchetti en su punto de maduración justo para tener una gran presencia desde el arco, un esquema defensivo impenetrable por el centro y que siempre dobló marcas, la jerarquía y entrega de Walter Erviti y la mejor dupla delantera del año, conformada por los uruguayos Sebastián Fernández y Santiago Silva, goleador del torneo.

De vuelta al trabajo en la pretemporada estival, Estudiantes, Vélez y Banfield apuntarán a revalidar las credenciales que exhibieron para lograr la satisfacción de ser los mejores. Con varias similitudes conceptuales y diferencias de ejecución e identidad, sus virtudes los hicieron ser los campeones de 2009. La gloria que buscarán defender es la misma que otros sueñan con arrebatarle para festejar
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 21 de diciembre de 2009

Estudiantes arañó la gloria

La magnitud del dolor de una derrota deportiva difícilmente pueda ser cuantificada. Pretender establecer un parámetro de medición se vuelve una empresa inverosímil. Aún así, de seguro el modo en que Estudiantes cayó ante Barcelona en la final del Mundial de Clubes, disputado en Abu Dhabi, significó un durísimo golpe para el mundo pincharrata. Porque ninguna derrota cala más hondo que la que llega cuando se estuvo tan cerca de ganar. El gol de Pedro, a menos de cinco minutos del final del partido, fue un mazazo para el conjunto platense, y el tanto de Lionel Messi, a los 20 del tiempo suplementario, la estocada que mató el sueño de volver a ser campeón del mundo tras más de cuatro décadas.

Estudiantes tuvo en jaque al equipo que con el título obtenido ratificó su indiscutible condición de mejor del mundo. El talante del rival eleva todavía más su destacada actuación. Delante tenía una maquina, un conjunto que durante todo el año brilló como ninguno y ganó más que nadie; congenió un juego de precioso y preciso manejo, dinámico y vertical, para adjudicarse los seis certámenes que disputó: Liga Española, Champions League, Copa del Rey, Supercopa Europea, Supercopa Española y Mundial de Clubes. Mucho habrá que esperar para que se repita una cosecha semejante; si es que alguna vez ocurre.

Tras disputar un muy buen primer tiempo, jugado con inteligencia y gran disciplina táctica, el gol de cabeza de Mauro Boselli sobre el cierre de esa etapa inicial le dio una ventaja que Estudiantes se empeñaría en defender con todas sus fuerzas. Saber que no tenía con qué intercambiar golpe por golpe fue una muestra de su inteligencia. Así, los segundos 45 minutos fueron un constante ir del conjunto catalán ante los denodados esfuerzos del Pincha por alejar el peligro de su arco, delante del cual la pelota cruzó varias veces. Barcelona, sin perder la calma, impuso condiciones y obligó a su rival a resguardarse muy metido en su campo. Aguantó heroicamente el conjunto de Alejandro Sabella y cuando parecía que el máximo trofeo volaría a La Plata, a los 88 minutos de juego Pedro estableció la igualdad. Golpeado en su ánimo y desgastado físicamente, Estudiantes se hizo jirones en el alargue, sin dejar de dar pelea, aferrándose a la esperaza de llegar a la definición por penales. Pero nuevamente cerca del final, a 10 minutos del pitazo, Messi se filtró en el área a espaladas de Juan Sebastián Verón y Christian Cellay para poner, de pecho, el tanto de la victoria blaugrana.

La diferencia de poderío y presupuestaria entre un club y otro es sideral. Lo que percibe anualmente cualquiera de las estrellas del equipo europeo supera holgadamente el presupuesto íntegro de toda la institución platense. Sin embargo, todas esas diferencias se vieron reducidas en un encuentro en el cual el conjunto argentino dejó el alma y muy cerca estuvo de quedarse con toda la gloria.

Nada que reprocharse para Estudiantes. Guiado por Verón, de enorme sacrificio agregado a su clase sin igual, protegido por la entrega de Braña y Desábato, la búsqueda de Enzo Pérez y el empuje de Boselli todo el equipo estuvo a la altura del máximo acontecimiento, el que cerraba el calendario.

Pese a que no pudo coronarse con el título mundial, la campaña rojiblanca ha sido magnífica. Aquella sufrida clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores con el tanto de Ramón Lentini ante Sporting Cristal, de Perú, terminó con la conquista del mismo trofeo que el mítico equipo de Osvaldo Zubeldía había alcanzado tres veces consecutivas. Estudiantes cierra el año como subcampeón del mundo, detrás de una máquina perfecta como el Barcelona. No es poco. Vaya si no es poco, León.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2009

Basile y un cambio que no llegará

Afuera de la lucha por el campeonato, a Boca le quedan 13 fechas para lograr la quimera de clasificarse a la próxima edición de la Copa Libertadores, porque con las actuales pobres producciones y a partir de la cantidad de puntos que necesita sumar imaginarse en el principal certamen continental se presenta como una empresa inalcanzable. Para revertir este presente se impone un cambio que, por la forma de pensar de su entrenador, difícilmente se dará.

Alfio Basile descansa en la impronta de los futbolistas y no cree en un colectivo que mecanice movimientos; por eso no acumula horas de trabajo y programa breves prácticas vespertinas, sin doble turno. Desestima el aporte que pueden significar futbolistas juveniles (lo que implica una descapitalización para la institución) o con poca experiencia y no buscará soluciones en la Reserva o la Cuarta División. Otra de sus máximas, reflejada en la habitual declaración sobre su apego a tener un once de memoria, es que siempre, bajo cualquier circunstancia, hay que bancar a los jugadores y no se los puede quemar sacándolos.

El Coco no siempre pesó así. Cuando a principios de la década del 90 se hizo cargo de la dirección técnica de la Selección entendió que se imponía un recambio generacional y armó un conjunto casi juvenil, repleto de caras nuevas con la celeste y blanca, que desplegó un fútbol colectivo, vertical, atractivo y ganador en el período entre mundiales que separó los campeonatos de Italia y Estados Unidos. En plena Copa América disputada en Chile, en 1991, no dudó en reemplazar a Diego Latorre, diamante de Boca, por Leonardo Rodríguez, quien despegaba en San Lorenzo. Pero los tiempos cambiaron y Basile también. Comenzó a apoyarse en una filosofía de fútbol de café que lo desdibujó como entrenador. La versión como técnico presentada en los últimos 15 años ha sido muy pobre, a excepción del exitoso paréntesis xeneixe 2005-2007.

En Boca el presente es inviable y el futuro próximo imposible con una aglomeración de jugadores con muchos kilómetros recorridos, como Roberto Abbondanzzieri, Hugo Ibarra, Juan Román Riquelme y Martín Palermo. Sebastián Battaglia también podría integrar este grupo sino fuera que su aporte sigue siendo fundamental. Con ventaja desde su documento (aún no tiene 30 años), el mediocampista central es el más regular y mejor jugador de Boca en los últimos dos años.

En el caso de JR y el goleador se agrega el dato para nada menor de sus irreconciliables diferencias y los problemas que esto implica en el seno del plantel. Todos quienes tienen poder de decisión en el club deberán evaluar qué pierde y qué gana el equipo con la permanencia de uno y la salida del otro y actuar en consecuencia, ya que no hay lugar para los dos. Pese a que los exegetas de Basile han ponderado siempre su dominio de las internas de vestuario está claro que no pudo desatar el nudo existente.

Este año es el peor xeneixe en casi ocho décadas de profesionalismo si se toma como parámetro el porcentaje de puntos obtenidos. Basile no es el único culpable. Varios jugadores arrastran rendimientos muy bajos y algunos agregan, además, poco compromiso ante la adversidad. A eso se suma una prestación física muy mejorable por el desgaste que implicó la gira europea que censuró la pretemporada. Esa necesidad económica de recaudar en el Viejo Continente pagará un interés muy alto, ya que costará privarse de los ingresos por participar de la Copa Libertadores y el prestigio deportivo de no estar en el campeonato del que disputó cinco de las últimas diez finales, ganándolas en cuatro oportunidades.

Ese tour en el invierno boreal es parte de las culpas que le caben a la dirigencia, liderada por el presidente Jorge Amor Ameal, y la gerencia, a cargo del manager Carlos Bianchi. Antes, ambas partes le habían negado a Carlos Ischia la posibilidad de reforzar el equipo, también fueron responsables de que el club perdiera a un gran arquero como Mauricio Caranta, a comienzos de la presente temporada esquivaron la responsabilidad de abrir la puerta de salida a glorias con mucho más pretérito que presente y, finalmente, eligieron un entrenador que no era el indicado para la coyuntura, aún pidiéndole que siga tras presentar su renuncia.

Porque luego de la derrota como local ante Godoy Cruz Basile había entendido que no podía encontrar las respuestas que buscaba. Sin embargo, allegados y dirigentes le hicieron rever su postura. Malos rendimientos y un pequeño puñado de puntos habían ensombrecidoa Basile y el hecho de renunciar y luego aceptar seguir debilitó aún más su posición.

Para revertir la incómoda actualidad el ex seleccionador nacional debería cambiar sus formas y abandonar sus códigos para trabajar más y mejor y prescindir de algunos de los monstruos sagrados que habitan en el plantel boquense. A esta altura de su vida, Basile no lo hará y así será muy difícil que Boca logre terminar este año de otra forma que no sea mal.
(Foto: Ellitoral.com - AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 16 de julio de 2009

Estudiantes de América

Con una gran actuación en el Mineirao, Estudiantes se coronó campeón de la Copa Libertadores de América por cuarta vez en su historia al vencer 2 a 1 a Cruzeiro. Luego de 39 años, volvió a alzar el trofeo que ya lo había distinguido como monarca del continente en 1968, 1969 y 1970. La mística originada en aquella gloria registrada en blanco y negro tuvo su parte en este magnífico equipo que sabedor de su capacidad ansiaba hacer historia y reeditar aquellos festejos.

Tras el empate sin goles en La Plata en el partido de ida, el Pincha le cedió al elenco brasileño el favoritismo para el encuentro decisivo. Pero desde el comienzo del partido el conjunto platense expuso su decisión de ir a buscar la victoria sin especular, sin meterse atrás, con presión sobre el rival, manejo productivo de la pelota y la firme decisión de imponer condiciones. Planificó el partido a la perfección y tuvo siempre muy en claro lo que debía hacer, sus premisas y su objetivo. Jugó una final como debe hacerse. Tuvo mucho juego y jerarquía. Demostró, además de muchas virtudes tácticas y técnicas, tranquilidad y coraje para dar vuelta el resultado después encontrarse en desventaja a poco del inicio del segundo tiempo. Porque nunca se sintió menos que su rival, se plantó con firme personalidad y jamás se dejó impresionar por un marco con decenas de miles de torcedores que reducían a un puñado a los casi 5.000 fervorosos pinchas presentes. Estudiantes superó a Cruzeiro en su propio terreno con la prestancia de los grandes equipos.

Sin sangrías en su plantel en las últimas temporadas, el León consolidó una definida identidad colectiva desde el compromiso de sus muy buenos jugadores. Pero en esa estructura grupal, la figura de Juan Sebastián Verón constituye un aporte trascendental. Hizo un partido soberbio, perfecto. No es justo ni preciso reducir el valor y los méritos de Estudiantes a su presencia, pero el valor del ex Boca, Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester, Chelsea e Inter es superlativo. La incidencia de la Bruja es futbolística, anímica y organizativa; su influencia en el club –para bien de la institución- es total.

Al promediar el semestre, se hizo necesario un cambio de conducción. Con Leonardo Astrada como técnico, el equipo deambulaba por los últimos lugares de la tabla de posiciones del Clausura y su clasificación a los octavos de final de la Copa estaba seriamente comprometida. Llegó entonces Alejandro Sabella, con pasado como jugador del club pero nula experiencia como técnico, y logró la mejor versión del equipo para guiarlo a un nuevo título internacional después de más de tres décadas. A fines de 2008 había estado cerca de conseguirlo, al ser finalista de la Copa Sudamericana, convirtiéndose, posteriormente, en el primer equipo en llegar a la final de los dos certámenes internacionales de la temporada. En la contratación de Sabella fue clave, una vez más, el aval de Verón, que lo conocía de su paso por la Selección, cuando era ayudante de campo de Daniel Pasarrella.

Estudiantes ganó la Copa de punta a punta. Dio el primer paso a fines de enero, cuando en la fase preliminar superó a Sporting Cristal, de Perú, luego de perder 2 a 1 en Lima y ganar 1 a 0 en la vuelta (avanzó por el gol de visitante). Posteriormente compartió el Grupo 5 con Deportivo Quito (Ecuador), Universitario de Sucre (Bolivia), y Cruzeiro (Brasil), con quien perdió 3 a 0 en Belo Horizonte y ganó 4 a 0 en La Plata. En octavos de final eliminó a Libertad (Paraguay), tras un 3 a 0 de local y un empate en cero en Asunción; en cuartos a Defensor Sporting (Uruguay), con triunfos 1 a 0 en Montevideo y en La Plata, y a Nacional (Uruguay) en el paso previo a la final, con victorias 1 a 0 de local y 2 a 1 en el estadio Centenario.

El presente de Estudiantes no es más que la consecuencia de un claro proyecto futbolístico, de una lógica dirigencial que se mantuvo sin importar los nombres. Ese proceso mostró sus primeros resultados cinco años atrás, cuando Estudiantes comenzó a meterse en la pelea por el título en los torneos Apertura y Clausura. El salto de calidad se produjo con el regreso de Verón, a mediados de 2006. Desde su llegada, Estudiantes forjó sus logros con una enorme efectividad como local en el estadio Provincial Ciudad de La Plata, al cual se había resistido por no querer abandonar su cancha de 1 y 57. En los últimos tres años perdió allí sólo tres partidos y fue campeón del Apertura 2006 y de esta Libertadores, en la cual no recibió ningún gol como local. Además, consiguió otro hito que quedará siempre en el recuerdo de los hinchas: la histórica goleada 7 a 0 frente e Gimnasia, su rival de toda la vida.

Consolidado como el mejor equipo argentino incluso antes de llegar a la final ante Cruzeiro, Estudiantes extendió su dominio a nivel continental para erigirse también como el número uno de América. Campeón por méritos propios, el Pincha agregó con este presente glorioso un motivo más de orgullo para su gente y nuevo lauro a su enorme historia.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 22 de junio de 2009

Estudiantes, un gran equipo con ansias de gloria

Desde el momento en que el torneo Clausura se encaminó de tal modo que Huracán, Vélez y Lanús se convirtieron en los candidatos al título (los de Luis Zubeldía quedaron relegados este fin de semana) se abrió un debate futbolero sobre cuál de los tres es el mejor equipo. Pese a la imposibilidad de establecer los parámetros para llevar adelante esta discusión, la misma de todas maneras siempre existe. Injustamente, en algún momento no se contempló a Estudiantes de la Plata en esa conversación, pese a que como mínimo está a la misma altura que quemeros, fortineros y granates. Si bien es cierto que el Pincha nunca estuvo cerca de los primeros lugares del torneo local, su actuación en la Copa Libertadores bien ameritaba considerarlo como el mejor equipo del país. Históricamente habituado al segundo plano mediático, desde aquel mítico multicampeón concebido por Osvaldo Zubeldía, este Estudiantes sí despertó un marcado reconocimiento tras la victoria ante Defensor Sportig, de Uruguay, y la clasificación a las semifinales del certamen continental por quinta vez en su historia (la última fue en 1983), donde se verá las caras ante otro histórico copero, Nacional de Montevideo.

Estudiantes lleva varias temporadas de un marcado crecimiento futbolístico a partir de un orden dirigencial que permitió el armado de planteles con los recursos necesarios para tener un protagonismo principal. Compras puntuales y un gran trabajo mantenido en el tiempo en sus muy buenas divisiones inferiores convirtieron al León en un equipo con una definida identidad a lo largo de los últimos años, algo que también logró Lanús.

A mediados de 2006, la llegada de Juan Sebastián Verón, hijo dilecto de la casa y jugador de clase mundial, le dio al equipo el salto de calidad que necesitaba, lo cual quedó patentado con la conquista del Apertura de ese año. Hizo una gran diferencia económica en su carrera, disputó Mundiales, jugó en los clubes más poderosos y ya está para siempre en la idolatría máxima del pueblo pincha. Pese a esto exhibe una entrega innegociable, porque en lugar de recostarse en su carácter de estrella absoluta predica con el ejemplo, de modo tal que ninguno de sus compañeros pueda relajarse ni guardarse nada.

Indudablemente, el conjunto platense tiene una historia íntima con la Copa Libertadores, una mítica épica que influye, porque los jugadores que hoy visten su camiseta la conocen, la tienen en su cabeza, y eso genera un plus mental, una motivación extra, que en el fútbol nunca puede desestimarse.

Ahí está Estudiantes, protagonista como desde hace rato y otra vez, después de más de un cuarto de siglo, en las instancias decisivas de la Copa Libertadores. Enfrente tendrá casi un espejo, un contendiente de condiciones muy similares: gran presente, tres veces campeón continental y otra vez semifinalista después de más de 20 años. Será la reedición de una vieja rivalidad de antaño, con buenos antecedentes para el Pincha, que lo enfrentó y lo venció en las semifinales de dos de las tres copas que ganó, las de 1969 y 1971. Su aspiración de volver a la cima de América tiene argumentos sólidos.
(Foto: Rionegro.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 16 de marzo de 2009

Made in Lanús

En 1992, luego de tres décadas con muchísimas tardes de sábado y muy pocas de domingo, de que su gente se repartiese entre el cariño al club de la zona y los goles de Boca, River, Independiente, Racing o San Lorenzo, Lanús era campeón del Nacional B y lograba, nuevamente, su pasaporte para ser parte del fútbol grande de la Argentina. Entonces, la ilusión pasaba por conseguir que la Primera División no fuera algo efímero, como en los últimos 30 años, en los cuales el club había logrado tres ascensos, pero apenas había disputado en la elite la misma cantidad de temporadas: subió en 1971, 1976 y 1990 y bajó en 1972, 1977 y 1991. (En medio sufrió la peor debacle de su historia, cuando en 1979 descendió a Primera C, tenía un mínimo puñado de socios, una deuda millonaria y el yugo de un juicio con la AFA). Si bien se trataba de una institución con historia, que bien podía golpearse el pecho al recordar dos maravillosos equipos, Los Globetrotters subcampeones de River en 1956 y Los Albañiles de 1964, el hecho de tener un masa societaria reducida, una situación económica inestable y un arcaico estadio íntegramente de tablones de madera hacían temer que la historia de los últimos fantasmales pasos en Primera se repitiera.

Pero a partir de esa debilidad, el Granate construyó uno de los mayores y más exitosos crecimientos de la historia de nuestro fútbol. Desde aquel ascenso a inicios de los 90 se consolidó en Primera con un proyecto futbolístico a largo plazo basado en un impecable trabajo en divisiones inferiores; hoy una de las mejores canteras del fútbol nacional. Incluso cuando las cosas no salían y el equipo estaba lejos de realizar buenas campañas, desde una conducción tan seria como convencida supieron detectar muy prontamente los errores cometidos para retomar la línea trazada.

Institucionalmente los pasos se sucedieron con una velocidad asombrosa: lograron hacer de un estadio vetusto uno moderno, con comodidades y un aforo muy importante; reformaron su sede, trasformándose en un orgullo para la ciudad; sumaron una gran cantidad de actividades amateurs y se convirtieron en un ejemplo desde sus iniciativas sociales, culturales y educativas. Recientemente inauguraron debajo de una de las tribunas del estadio una concentración de lujo para los chicos de las inferiores oriundos de distintos puntos del país.

Esa visión integral de lo que una institución deportiva cimentada estructuralmente en el fútbol profesional debía ser y el trabajo consecuente a esa premisa tuvo su merecido premio con la conquista de su primer y hasta ahora único título local en 2007. Antes, en 1996, había alzado la Copa Conmebol, un torneo internacional de tercer orden, pero que le sirvió al club para creer en que un logro grande, como el que posteriormente consiguió, era algo posible y no una quimera.

Si bien hacía años que la apuesta era por sus divisiones inferiores, tras las malas experiencias que implicaron las etapas de Néstor Gorosito y Carlos Ramacciotti como entrenadores, Lanús vio claramente que no sólo lo mejor que podía poner en cancha provenía de su semillero, sino que entendió que para maximizar los resultados era necesario que la conducción recayera también en alguien de las entrañas de la institución. Así, decidieron que Ramón Cabrero se haga cargo del primer equipo. Pese a que tenía casi 60 años y una corta y lejana experiencia como entrenador, conocía muy bien a muchos de los muy buenos talentos juveniles que pedían pista. El contrapunto generacional con el DT lo aportaba su ayudante de campo, Luis Zubeldía, quien asumía ese rol y el de entrenador de la Reserva con apenas 23 años, luego de un retiro prematuro producto de una osteocondritis que mató la carrera de un volante que prometía mucho desde Lanús y las selecciones juveniles (disputó los Mundiales Sub 17, en Egipto 1997, y Sub 20, en Nigeria 1999).

Cabrero se hizo cargo del equipo luego de la 13º fecha del Apertura 2005, tras la derrota 4 a 1 ante River que marcó la salida de Gorosito. Entonces, el objetivo principal era engrosar el promedio y escaparle a la Promoción, instancia que había disputado en 2002. Pese a las dificultades propias de un equipo que no venía bien, Ramonín obtuvo el 50 por ciento de los puntos en juego: 9 en seis fechas. Al siguiente torneo, tras realizar la pretemporada y sabiéndose técnico definitivo y no interino realizó una sensacional campaña al lograr un subcampeonato. Los dos torneos siguientes, en los que repitió la sexta posición, fueron la antesala de la gloria máxima: el título del Apertura 2007.

El Clausura 2008 fue muy malo. Incidieron el desgaste de la doble competencia al disputar la Copa Libertadores –certamen que jugaba por primera vez-y las lesiones para que el Granate termine 16º, apenas 3 puntos por sobre el último. La decisión de Cabrero fue alejarse de la dirección técnica para ocupar la coordinación general del fútbol y su apuesta y la de la CD fue dejar a Zubeldía, de apenas 27 años, al frente del equipo. Con tremenda madurez y muy interesantes conceptos futbolísticos, en su primer torneo como DT el equipo terminó cuarto, sólo por debajo de San Lorenzo, Tigre y Boca, los tres equipos que definieron el título en un triangular final. Con apenas dos puntos menos que los que llegaron mano a mano al final, había sido, para muchos, el equipo que mejor fútbol había desplegado en el torneo.

Trascurridas seis fechas del presente torneo, Lanús está solo en lo más alto de la tabla de posiciones con 15 puntos. Incluso podría tener puntaje ideal si ante Gimnasia, en La Plata, hubiese tenido un poco de fortuna y un arbitraje justo. De todas maneras, pase lo que pase el, próximo fin de semana no se bajará de la cima, ya que su escolta, Vélez, suma 12 unidades. El último sábado defendió la punta en la victoria 2 a 1 ante Colón con un equipo en el que fueron reservados varios titulares, en una demostración de la inagotable aparición de recursos de los que dispone. Jugadores como Sebastián Blanco, José Sand y Matías Fritzler estuvieron en el banco a la espera del próximo partido ante Everton, de Chile, un encuentro clave para las aspiraciones de continuar en la Libertadores. Porque Lanús es puntero mientras atiende tanto al frente doméstico como al internacional, aunque si resiste la tentación y deja de lado el certamen continental para concentrase en el Apertura será el principal candidato a adjudicárselo.

El proceso iniciado con Cabrero y continuado hoy con Zubeldía se sustenta en la solidez institucional y económica que le permite al club vender poco y muy bien y pagar los sueldos necesarios para que ninguno de sus futbolistas presione por irse. Esto pasa, además, por la identificación de los jugadores con el club. Y no sólo con los que provienen de las inferiores, para lo cual basta con mirar el caso de Sand. El correntino fue el goleador del último torneo y es uno de los mejores artilleros de la Argentina; sin embargo, pese a orillar los 30 años, no pide a gritos una transferencia, porque encontró en Lanús su lugar en el mundo: un club que hizo un gran esfuerzo por sumarlo a su plantel, que le paga lo que vale y donde la gente lo adora.

En todos estos años de crecimiento, Lanús no tuvo elecciones para elegir a sus autoridades. Esa circunstancias no fue porque se le puso trabas a quienes quisieran participar, sino que cuando el equipo descendió a la tercera categoría las agrupaciones políticas del club se dieron cuanta que en la unidad estaba el crecimiento y que éste se daría solamente con pautas inequívocas: buena y austera administración, claridad en las cuentas, apertura a los socios, trabajo a largo plazo en las divisiones inferiores y, más tarde, controlar las conductas de los representantes y mantener a raya a los intermediarios. Forjó así una identidad que evidencia una clara comunión entre todos y cada uno de quienes forman parte de la vida del club. Así, Lanús es hoy un ejemplo, un modelo y una fantástica realidad.
(Foto: Esfutbol.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 19 de enero de 2009

Fútbol en ojotas

Los torneos de verano supieron ocupar un lugar relevante en el calendario futbolístico. En la década del 80, la Copa de Oro –que tuvo su primera edición en 1969-, se convirtió en un clásico de cada temporada en la balnearia ciudad de Mar del Plata. El estadio mundialista “José María Minella” fue así escenario de grandes choques entre los cinco tradicionales grandes del fútbol argentino y algunos invitados internacionales, como el seleccionado de Polonia, al que Enzo Francescoli le convirtió su mítico gol de chilena en el verano de 1986, cundo River le ganó con esa pintura al representativo europeo 5 a 4, luego de ir 4 a 2 abajo en el marcador.

Cada uno de los equipos jugaba con sus mejores figuras, con sus alineaciones titulares, esos partidos que, por la competencia anual, no eran una molestia en plena pretemporada. Además, esos certámenes de preparación contaban con un ingrediente muy especial: se constituían en la presentación oficial de los refuerzos de cada equipo, de los jugadores que llegaban con el objetivo de ser piezas fundamentales en la búsqueda del título.

Todo aquello que fue, ya no es. Con un esbozo de federalismo se sumó a Mar del Plata las sedes de Mendoza y Salta, pero los torneos de verano perdieron relevancia. Se convirtieron en una carga para los equipos y son muy pocos los choques que constituyen un buen entretenimiento y, a la vez, un útil banco de pruebas para los entrenadores. Los calendarios ajustados, las mayores exigencias en las pretemporadas –por los cambios en las metodologías de trabajos físicos respecto de lo que se hacía 15 o 20 años atrás- y la llegada de las incorporaciones (mínimas este año por la crisis financiera mundial que también afecta al fútbol) ya en pleno trabajo hacen que los partidos se vuelvan una necesidad para generar ingresos que no sólo no aporta en la preparación, sino que implica una complicación. Así, muchas veces terminan dándose prácticas con indumentaria oficial y a puertas abiertas, protagonizadas por juveniles, no tanto con ánimo de foguearlos como sí en respuesta a la obligación de presentar un equipo.

Todo esto hace que el marco tampoco acompañe. Por estos días, cada uno de estos partidos -que la señal de cable que los trasmite se ocupa de ensalzar como si fuera un torneo apenas un escalón por debajo en la Copa Libertadores en importancia- se disputan con tribunas despobladas.

Pero lo peor es que, pese a todo, estos certámenes muchas veces constituyen un espejismo, una visión distorsionada de la realidad. La ansiedad propia de los hinchas y el fogoneo mediático hacen que se sobreestime a un determinado equipo al exagerar sus posibilidades para la futura temporada a partir de un puñado de buenos resultados estivales, o, por el contrario, otro es colocado al borde del precipicio por no haber tenido rendimientos satisfactorios.

El fútbol de verano supo ser un agradable espectáculo y una buena plataforma de ensayo para los técnicos, pero se transformó en una obligación que poco aporta. La necesidad de los amates del fútbol de tener un aperitivo hasta el inicio de la competencia y de la empresa que tiene los derechos de televización del fútbol de seguir facturando son la razón de ser de estos encuentros amistosos.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 9 de junio de 2008

En un fútbol histérico, River es otra vez campeón

Tras cuatro años de sequía de campeonatos, River se consagró en el torneo Clausura 2008. Lo hizo con Diego Simeone como entrenador. El cortoplacismo y la vorágine que constituyen la histeria de nuestro fútbol ven al ex capitán de la selección argentina obtener un nuevo título local cuando debería estar por finalizar su vínculo con Estudiantes, con quien ganó el Apertura 2006 y contra quien luchó por esta conquista.

Hace un mes, River era un tembladeral. Un borrascoso frente se había instalado con la crónica crisis institucional, con la fatídica eliminación de la Copa Libertadores a manos de San Lorenzo, con la furia de los hincha al siguiente fin de semana expresada -luego de haber recibido al equipo con maíz- a puro insulto al finalizar el primer tiempo ante Gimnasia, con los rumores de divisiones internas en el plantel con Ortega como principal protagonistas y con las polvaredas que levantaron las declaraciones de Oscar Ahumada y Juan Pablo Carrizo. Hoy, con aquello a la vuelta de la esquina, River parece ser Aruba, para tomar palabras de su presidente, José María Aguilar.

En plena crisis de River, el contrapunto era Boca, que disfrutaba de todos los elogios. Una gran actuación colectiva y una formidable producción individual de Martín Palermo le habían permitido avanzar a las semifinales de la Libertadores tras vencer 3 a 0 en el estadio Jalisco de Guadalajara al Atlas, al tiempo que se mantenía con muy buenas aspiraciones en el plano doméstico. Pero ahora, sin títulos y con rumores de divisiones internas con Juan Román Riquelme en el centro de la escena, los xeneixes son los que aparecen en crisis. Todo cambia demasiado rápido.

Este campeonato, por lo ya citado, seguramente fue especial para Simeone, tal vez por eso en el festejo se lo vio tomándose los genitales, en una conducta impropia, que nunca mostró en sus tiempos de jugador y menos tendría que tener ahora que es el conductor de un grupo. Sin contabilizar su interinato en Racing, sus llegadas a Estudiantes y River fueron a pleno éxito, ya que tanto en la Plata como en Núñez fue campeón en el primer certamen que disputó. En River mostró, seguramente producto de las presiones, un versión enloquecida de sí mismo en cada partido, algo que no había ocurrido en el Pincha.

Esta vez, sin lograr constituir en un gran equipo, sí uno bueno, Simeone plantó a lo largo del torneo un conjunto con una decidida vocación ofensiva y que supo hacerse fuerte en el Monumental, donde sólo cedió 2 puntos de los 30 que disputó. Fue un acierto suyo no haber descuidado el torneo local mientras tuvo doble competencia, lo mismo que haber asumido riesgos en momentos de quiebre. Así, en parte, logró imponer su impronta en el juego colectivo del equipo. El primer gol ante Olimpo, el que comenzó a abrir el camino hacia la consagración, llegó por una jugada diagrama en el laboratorio del Cholo y materializada por Diego Buonanotte, que más tarde completó su doblete. Habrá que ver cuánto tardará la dirigencia millonaria en rematar a su nueva joya, quien junto con Ahumada, Abelairas y Carrizo integró el cuarteto de figuras del campeón.

El tan esperado título le trae tranquilidad a la institución. Sabido es que socios y simpatizantes reclaman, en la gran mayoría de los casos, cuando los resultados deportivos no llegan. Esto dista demasiado de lo ideal, pero encuentra su lógica en el hecho de que los clubes del fútbol argentino tienen su razón de ser en el fútbol profesional. Entonces cuando los resultado acompañan, el análisis es que las cosas están bien, sin importar si en realidad no lo están o si podrían estar mucho mejor. En el caso de River, el título será utilizado por la CD liderada por Aguilar con la misma conducta que tuvo desde que asumió la conducción del club.

Establecer proyectos a largo plazo parece ser una quimera en los equipos con mayor convocatoria. Para los entrenadores de estos equipos ya no alcanza con el trabajo táctico y estratégico con ajustes finos en cada entrenamiento, sino que ahora se requiere una habilidad extra, que Simeone la tuvo, y es la de saber condensar todos esos conceptos en un período breve que permita sobrevivir en un medio voraz.
(Foto: Noticiasnet.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 5 de junio de 2008

Aun eliminado, Boca es la chapa argentina

En una de las tantas cálidas noches cariocas, Boca vio desvanecerse, en el mítico Maracaná, su ambición de acceder a una nueva final de la Copa Libertadores, la que hubiera sido la sexta en 9 años. Aunque en muchos casos el merecimiento es algo que se desdeña en el mundo del fútbol, el equipo de la Ribera fue, a lo largo de la serie semifinal, claramente más que su rival, Fluminense. El 2 a 2 de la ida fue tan mentiroso como el 3 a 1 de la vuelta. La fortuna y la puntera no estuvieron, en esta ocasión, del lado xeneixe.

En Río de Janeiro, los de Carlos Ischia se plantaron con la misma autoridad, solvencia y buen juego que le posibilitaron los regresos con clasificación de Bello Horizonte, tras derrotar a Cruzeiro 2 a 1 en octavos de final, y de Guadalajara, luego de apabullar al Atlas 3 a 0 en cuartos. Así, los más de 90.000 torcedores que pusieron un estruendoso marco no amedrentaron a un conjunto que sabía perfectamente qué era lo que quería y cómo debía hacerlo. Pero el fútbol, y tal vez eso sea lo que lo hace tan apasionante, permite que el que mejor hace las cosas no sea siempre el que se quede con el premio final.

Buscar explicaciones a la eliminación de Boca no es sencillo, por la superioridad que mostró, pero bien pueden señalarse la sanción que lo obligó a dejar su estadio, los yerros en la definición en Brasil y la ausencia de su arquero titular: Migliore sufrió un gol-blooper en el primer partido y en el segundo no tuvo reacción en el empate del Flu, el tiro libre de Washington. La supuesta diferencia entre miembros del plantel no pareció influir, ya que se vio a todos los jugadores solidarios entre si y sin escatimar esfuerzos. En relación a ese malestar que tendría a Juan Román Riquelme como centro, llamó la atención que en la arenga del entretiempo el Nº 10 se mantenga al margen, preocupado por sus botines, y que al finalizar el partido se haya ido rápidamente, sin juntarse en el centro de la cancha con sus compañeros para saludar a los hinchas que viajaron hasta Río de Janeiro.

La Copa Libertadores tuvo presencia argentina en 17 finales consecutivas. Fue entre 1963 y 1979, cuando, con diverso desenlace, estuvieron en la definición del más prestigioso certamen sudamericano Independiente (6 veces), Boca (4), Estudiantes (4), River (2) y Racing (1). Sin embrago, en la última década, la representación nacional en la definición de la Libertadores se volvió patrimonio exclusivo de Boca, convirtiéndose así en la chapa argentina en dicha competición. Se trata de un conjunto que marcó una era con victorias épicas, haciendo pata ancha en los escenarios más complicados y ante las circunstancias más adversas.

Por caso, River, el otro gigante de la Argentina y rival histórico de Boca, en los últimos 10 años solamente pudo alcanzar las semifinales, en dos ocasiones. En 2004, con un Monumental exclusivo para hinchas locales, cayó precisamente ante Boca; mientras que un año más tarde fue ampliamente superado por San Pablo, que lo venció en Núñez y en Brasil. Acostumbrado a justificar lo injustificable, su presidente, José María Aguilar, aseguró recientemente que el campeonato local es más importante que la Libertadores, cuando es sabido que la obsesión de los hinchas millonarios pasa por la consagración en el plano internacional.

Aunque con injusticia desde los merecimientos, esta vez Boca vio fustrado su sueño de una nueva consagración copera. En esta edición, por virtudes propias y categoría de los rivales, jugó incluso mejor que en 2007, cuando alzó el trofeo. Expuso, nuevamente, el temperamento que lo colocó en un lugar privilegiado de la historia futbolística. Por una cuestión cronológica, esa dinastía iniciada en 1998 transita sus últimos pasos con Riquelme, Palermo, Ibarra y Battaglia, miembros de la armada original. Aunque esta vez sin la gloria de un título, Boca mostró las credenciales que le han otorgado un lugar en la posteridad de los memoriosos del fútbol.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 5 de mayo de 2008

Pelear en dos frentes es posible

Obtener simultáneamente la liga local y el máximo certamen continental ha sido una excepción tanto para los equipos europeos como para los sudamericanos. El doblete es el mayor desafío. En lo que respecta a los clubes argentinos, ninguno logró hasta el momento enhebrar festejo doméstico y consagración en la Libertadores. Newell´s acarició la hazaña en dos oportunidades: dirigido por Yudica se quedó con el campeonato 87/88 y perdió en la final copera ante Nacional de Montevideo, mientras que bajo el mando de Bielsa logró el Clausura 92 y cayó en el otro plano, por penales y en Brasil, ante el legendario San Pablo de Telé Santana.

Ocurre que, al menos en los últimos años, los equipos argentinos pocas veces apuntaron a dar batalla en los dos frentes. Se instaló la modalidad de reservar los mejores recursos para el ámbito internacional y afrontar con lo que quede (en algunos casos jugadores de gran calidad, cuando se cuenta con un planel amplio) la competición de fronteras adentro. Gallego en River intentó afrontar con todo las dos competiciones y se quedó con las manos vacías, mientras que la máxima de Bianchi fue apuntar sólo a Libertadores, obteniéndola con esta receta tres veces con Boca y una con Vélez. El éxito del Virrey terminó por establecer como una verdad revela concentrar todos los esfuerzos en el plano internacional. La presión mediática hecha carne en los hinchas, es también un elemento que pesa muchísimo en la elección. Esta modalidad, le trajo a equipos modestos posteriores penas para mantenerse en la máxima categoría.

Lo concreto es que a seis fechas del final del Clausura, comparten el liderazgo River, Estudiantes y San Lorenzo, mientras que Boca se ubica apenas un punto por debajo. Los cuatro se encuentran en plena disputa de la Libertadores, a la espera de los partidos de vuelta de los octavos de final. Los cuatro, contra lo que está instalado, pelean copa y campeonato. Millonarios y santos se eliminarán, con lo cual será al menos uno el que siga dando pelea en los dos frentes y podrán ser tres si Boca y Estudiantes (que se enfrentarán el próximo fin de semana por el Clausura) avanzan en sus choques de vuelta ante Cruzeiro y Liga de Quito, respectivamente.

En Inglaterra, cuando queda por disputarse sólo una fecha, Manchester United y Chelsea pelean cabeza a cabeza por la edición 2007/2008 de la Premier League. El duelo británico será internacional el 21 de mayo, cuando definan en Moscú al campeón de Europa. Tal vez ocurra que uno se quede con la Champinos y el otro disfrute de la consagración en la isla, con lo cual tampoco habría doble festejo. Pero lo importante es que tanto los dirigidos por Sir Alex Ferguson, como los del israelí Avram Grant dan muestra de la posibilidad de sincronizar éxito local e internacional. No puede dejar de mencionarse que esto es posible desde que el fútbol globalizado ha generado clubes con un poder económico brutal –como los dos británicos en cuestión- que les permite contar con algunos cracks a nivel mundial, con varios muy destacados futbolistas y otros muchos muy buenos o buenos.

En Brasil, este fin de semana Flamengo se coronó campeón del certamen Carioca y lleva una importante ventaja en su eliminatoria de copa, ya que venció al América 4 a 2 en México en su partido de ida por los octavos de final. En tanto, en México el Atlas de Brindisi también ganó como visitante su partido de ida 1 a 0 ante Lanús y es protagonista principal del torneo mexicano.

La programación de las ligas y certámenes europeos obligan a quien aspire a la doble consagración a pelear durante un año. En Argentina, para quedarse con el Clausura y la Libertadores hay que intensificar esfuerzos en un cuatrimestre. En organizaciones completamente diferentes, tiene tanto mérito el protagonismo en la vanguardia durante una temporada completa, como soportar el desgaste de tener que hacerlo en cuatro meses.

Pelear en los dos frentes es posible. Se debe estar en un alto nivel físico, metal y futbolístico para hacerlo. Evidente resulta que no es una tarea fácil, pero –pese a las estadísticas- tampoco es un imposible. Boca, River, San Lorenzo, Estudiantes, Manchester, Chelsea, Flamengo y Atlas dan prueba de ello.
(Foto: Espndeportes.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 23 de abril de 2008

Cuando la historia sí juega

Muchas veces, en circunstancias de enfrentarse dos equipos parejos por presente deportivo pero distanciados por sus pergaminos, suele hablarse de la paternidad del más laureado. Pero esos son los casos en los cuales la historia no juega, ya que nada tienen que ver las glorias protagonizadas por otros con una coyuntura determinada.

Sin embargo, hay momentos en los que lo hecho otrora influye y marca rumbo en el presente. Tal es el caso de Estudiantes de La Plata a la hora de hablar de la Copa Libertadores. Dirigido por Osvaldo Zubeldía, el León disputó cuatro finales consecutivas del más prestigioso certamen continental, obteniéndolo en 1968, 1969 y 1970. En su regreso a la competición en 1983 fue semifinalista y en 2006 cayó en cuartos de final por penales ante San Pablo en Brasil. Solamente en las ediciones de 1976 y 1984 el conjunto platense tuvo actuaciones deslucidas.

Entonces, este Estudiantes, armado en lo táctico y estratégico por Roberto Sensini y plantado en el campo de juego desde el liderazgo futbolístico y anímico de Juan Sebastián Verón, juega la Copa Libertadores con la convicción de poder ganarla. Otra vez. Esa es la clave.

Tal vez no lo logre, la empresa es más que complicada, pero su intervención en la contienda no se remite a la mera participación, ni tampoco a la aspiración de ser protagonista, sino que la apuesta es por volver a ser el número uno de América.

San Lorenzo, por caso, con la presión extra que implica su centenario y la fuerte apuesta futbolística hecha a tal fin, también juega la Copa con la ilusión de alzarla. Pero lo cierto es que la misma le ha sido esquiva y mientras los santos sueñan con esa gloria, el Pincha vive su ilusión en el terreno de lo material, de saber que se puede repetir lo que ya se hizo. Los hinchas de San Lorenzo sufren una historia de desencuentros con la Libertadores, mientras que los de Estudiantes disfrutan de un amor correspondido.

Es por la jerarquía de su plantel y por la muy buena mano que ha mostrado Sensini como entrenador que Estudiantes avanzó a los octavos de final del prestigioso certamen continental y, tras once fechas disputadas, comparte la punta del torneo Clausura con River. Está claro que es la muy buena actualidad y el trabajo institucional serio desde hace más de dos años lo que sustenta las ilusiones albirojas. Pero en este equipo parece hacerse carne lo que dijo el poeta Juan Gelman al recibir el Premio Cervantes: “La memoria es memoria si es presente”. Y Estudiantes tiene una memoria deportiva que le da su identidad actual.

La mística de Estudiantes a la hora de hacer frente al torneo que reúne a los mejores equipos de América no es cuento. El Pincha forjó buena parte de su rica historia futbolística con aquellas consagraciones internacionales, muchas de ellas épicas. Es porque sabe de qué se trata, que buscará otra vez la cima futbolística del continente.
(Foto: Hoy.com.ec)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 13 de febrero de 2008

La tan mentada presión

El arranque de San Lorenzo en este comienzo de temporada estuvo muy lejos de la ilusión que había despertado en sus hinchas. El conjunto dirigido por Ramón Díaz perdió 2 a 0 en el Nuevo Gasómetro ante Newell´s en la primera fecha del torneo Clausura y también cayó derrotado, por el mismo marcador pero todavía con peor rendimiento, frente a Caracas en Venezuela en el estreno copero. Al conjunto caribeño le alcanzó con empuje y lanzar pelotazos aéreos contra la endeble defensa azulgrana para debutar con victoria en el Grupo 1.

Si bien los futbolistas más encumbrados, como lo son los de San Lorenzo, disfrutan de lo que hacen al tiempo que ganan muy buen dinero y fama –un bien no tangible, pero muy apreciado en estas sociedades mediatizadas del siglo XXI-, la presión es algo que aparece y muchas veces es difícil de sobrellevar. Necesidad de un festejo grande en el año del Centenario, obsesión de los hinchas ante la esquiva copa Libertadores, importantes contrataciones con hincapié en la festiva recepción a Andrés D`alessandro y pomposa estridencia mediática. Todos estos son elementos que evidencian su peso en el Ciclón.

Si se toman en cuenta los partidos disputados en el torneo de verano –los cuales suelen ser usados por esos mismos medios del establishment para inflar o denostar a los tradicionales grandes-, los malos rendimientos acumulan siete partidos sin victorias y un promedio de un expulsado por encuentro. Incluso, las bajas producciones y la ausencia de buenos resultados se extienden desde el pasado Apertura ganado por Lanús.

Así, aparecen las falencias futbolísticas. El frustrado pase de Orión al Napoli de Italia repercutió en la semblanza del arquero y eso se nota en la cancha. Lo mismo pasó ya con Andrés Silvera. La inseguridad del arquero se traslada a una defensa que no logra actuar como dique ante los ataques rivales. En tanto, los mediocampistas se ven desbordados, principalmente en el sector central, y con poca llegada al arco rival, lo que termina por partir el equipo.

Cuando técnico de River, Díaz consiguió la Libertadores con un esquema mezquino a la hora de jugar lejos del Monumental. Ahora pretende repetir esa receta pero aumentada. De esta manera, decidió ir a jugar contra el Caracas -un equipo reforzado con argentinos que aquí jugaban en Primera B, como Federico Barrionuevo- con un único delantero (Silvera) y un solo volante con clara prioridad de ataque (D`alessandro). San Lorenzo planteó el partido con una cautela extrema. Ningún equipo argentino, ni los equipos más modestos en sus últimas incursiones internacionales, fue a Venezuela con tantos temores. Al menos Daniel Bilos debería haber estado desde el comienzo. En tanto, Adrián González le da variantes al equipo por el lateral derecho y es una garantía con su pegada en las pelotas detenidas; pero no es definitivamente titular y su crónica alternancia entre el once inicial y el banco hipoteca su aporte.

Si bien malo, es apenas el comienzo y San Lorenzo está a tiempo de revertir la situación y dar pelea en el torneo que decida priorizar, que obviamente será la copa. Las dos derrotas en tres días preocupan sobre todo por el modo en que se consumaron. Ramón Díaz tendrá que dejar a un constados sus miedos y trabajar en dos sentidos: en el aspecto futbolístico, para afianzar un esquema de juego sólido que minimice los riegos que debe tomar un equipo con aspiraciones de campeón, y en el aspecto psicológico, para restarle presión a sus jugadores, como lo hizo en la última conquista local, y poder aprovechar el muy buen potencial del plantel del que dispone.
(Foto: Clarin.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

viernes, 22 de junio de 2007

Diez de Copa

Durante el último invierno boreal, Juan Román Riquelme atravesaba por su momento futbolístico más difícil. El Villarreal, club que meritoriamente logró ser considerado de segundo orden por su desempeño en las últimas ediciones de la liga española, prescindía de sus servicios como jugador. El conjunto que lo había apañado y donde era adorado por los hinchas le abría la puerta para invitarlo a salir por decisión del entrenador Manuel Pellegrini. Con los hechos consumados quedaría en claro que no se trataba de una relación necesaria, ya que a Riquelme le fue muy bien sin el Villarreal y el conjunto español continuó con buenas faenas sin el enlace argentino.

Un Mundial en el que no rindió de acuerdo a lo que de él se esperaba, la renuncia a la selección con excusas difíciles de aceptar en un futbolista profesional y las pocas buenas actuaciones en sus últimos partidos en el Submarino Amarillo oscurecían el horizonte de un jugador en el umbral de los 30 años.

Pero con la serenidad característica hizo su jugada. Una apuesta fuerte en la que colocó todas sus fichas y cuando la bola se detuvo hizo saltar la banca. Regresó a Boca, su lugar en el mundo pero donde la lupa sobre su juego tendría mayor aumento para no perder detalle, y tuvo, muy posiblemente, el mejor semestre de su carrera. Con su alquimia futbolística trasformó todos los signos de interrogación por sus últimas actuaciones y los meses de inactividad que arrastraba al llegar al club de la Ribera en coloridos signos de admiración. Si por sobre todos los nombres resalta y queda en la historia el de Carlos Bianchi por las Copas Libertadores obtenidas en 2000, 2001 y 2003, la edición 2007 le guarda ese lugar a Riquelme. En los últimos años pocas veces un jugador fue tan decisivo para la obtención del máximo trofeo sudamericano como en esta oportunidad el número 10 de Boca.

Juan Román Riquelme cambió. Mantuvo su esencia, pero le agregó un plus. Mostró una verticalidad y una movilidad que antes no aparecían en su juego; pruebas de esto son el golazo ante Racing por el torno local y su segundo tanto en la final ante Gremio en Brasil. Los números dan cuenta: con 8 tantos, 3 de ellos en las finales, fue el goleador de Boca en la Libertadores. En otros tiempos Riquelme lanzaba pases deliciosos pero no acompañaba la jugada, no pisaba el área, mientras que en esta nueva versión fue habitual verlo terminar una acción de ataque (hayan sido gol o no) en posición de centro delantero. El segundo gol en Porto Alegre, al empujar al pelota a un metro de la línea de gol luego de 80 minutos de juego y con el marcador global 4 a 0 dan cuenta de un renovado Riquelme.

Sumó también voz de mando. Se transformó en referente de los más jóvenes, en el encargado de juntar a sus compañeros en la mitad de la cancha en las buenas y en las no tan buenas y se puso por delante cuando hubo que enfrentar a la prensa.

Como ya se habrá acostumbrado el propio Riquelme, en su vida como jugador hay cataratas de rosas o lluvia de espinas. Nunca dejará de dividir las aguas, algo raro en un jugador que sólo se expresa con su juego, porque jamás se escuchó de él una declaración altisonante, provocadora o fuera de lugar. Hoy Riquelme es claramente el mejor jugador del fútbol sudamericano y buscará ratificarlo en la Copa América, ya que a su gran momento se agrega el regreso a la selección. Habrá que ver si su día a día continuará en Boca o, como se rumorea, en uno de los más grande de Europa, con lo cual podrá saldar una deuda personal, la de destacarse en un peso pesado de una de las ligas más poderosas del planeta.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insuapatinsua@gmail.com