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martes, 23 de febrero de 2016

El mejor, con los mejores

Barcelona es el mejor equipo del mundo. Hay quienes lo colocan en lo más alto de la historia del fútbol. Para otros ese lugar le corresponde a la versión de Pep Guardiola. Se anotan en la compulsa el Real Madrid de Di Stéfano, el Santos de Pelé, el Ajax de Cruyff o el Milan de Arrigo Sachi y los holandeses. Los debates a la hora de comparar conjuntos de distintas épocas no tienen comienzo ni final. Pero que el equipo de Luis Enrique es, hoy y desde hace rato, el mejor del globo se presenta como una verdad absoluta.

Lo mejor se construye con los mejores, y Barcelona tiene a futbolísticas únicos, insuperables cada uno en su rol. El funcionamiento colectivo es la matriz de sostén, pero lo que diferencia al equipo catalán del resto son sus individualidades. Sistema y nombres se retroalimentan el un círculo virtuoso.

Tiene al mejor centrodelantero del mundo, Luis Suárez. Goleador voraz, cada uno de los ochenta millones de euros que el club catalán pagó por el uruguayo configura una fabulosa inversión. Implacable frente al arco rival a partir de un repertorio pleno de recursos, es también un jugador de maniobra, que teje con suma prolijidad en el aceitadísimo juego de pases blaugrana. En cada contragolpe o ataque vertical elige la posición correcta para recepcionar la pelota o toma la mejor decisión si la lleva.

Tiene al mejor español del mundo, Andrés Iniesta. El artífice del fútbol cerebral, el hombre que parece tener el campo de juego parcelado en una cuadrícula para hacer correr la pelota como un geómetra. Lector superdotado del juego, nada se escapa a su visión periférica. Sereno ante el apremio y frío en los momentos calientes, su sensible dominio de la pelota aporta claridad en cada intervención.

Tiene al mejor mediocentro del mundo, Sergio Busquets. Conoce cada faceta del juego e interpreta de la mejor manera los distintos momentos de un partido. Sabe cuándo retroceder, cuándo avanzar, de qué manera presionar y cómo distender. Esclusa entre el ataque y al defensa, es dueño de un sector neurálgico y lo maneja con maestría.

Tiene al mejor brasileño del mundo, Neymar. El futbolista formado en Santos es un malabarista sumamente efectivo. Cada uno de sus lujos con la pelota tiene sentido para el juego. El virtuosismo con el que deslumbra está puesto en función de un ataque de conjunto. Indescifrable en la gambeta, a poco de cumplir 24 años su techo lo pondrá él mismo.

Tiene al mejor central del mundo, Piqué. Tiempista de excepción, no hay zaguero que lo supere en el juego de adelanto que exige el Barcelona. Defiende más cerca de la mitad de la cancha que de su área, en un sector muy amplio del terreno que cubre con inteligencia, destreza y decisión. Garantía de prolijidad en el primer pase y fuerte en el juego aéreo, es un bastión en la defensa del mejor ataque.

Y tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. El genio supremo, el hacedor de lo imposible. Si la pelota está en su dominio, no hay límites. Goles y más goles, cada uno mejor que el otro. Regates y zigzagueos que nadie puede detener. Messi solo compite contra él mismo; está en otra dimensión. La inigualable década del Barcelona se inició con su llegada al primer equipo y se mantiene hasta hoy. Pura causalidad.
(Foto: EFE/Alejandro García)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 14 de enero de 2014

Simeone logró que el fútbol español ya no sea cosa de dos

Volaban los últimos días de 2011 y el Atlético de Madrid ingresaba en el receso de las fiestas cubierto de preocupaciones por el concreto peligro del descenso. Después de la fecha que cerraba el año, la directiva encabezada por Enrique Cerezo había decidido destituir a Gregorio Manzano de la dirección técnica y se daba al encuentro de un nuevo entrenador. En un momento de crisis, el elegido fue entonces un ídolo colchonero: Diego Pablo Simeone.

Dos años después puede verse con claridad la trasformación futbolística que generó el Cholo. De la penuria por no perder su lugar en la Liga, algo que había sufrido 10 años antes, el Aleti se proyectó al máximo protagonismo y ganó la Copa UEFA (al Athletic de Bilbao dirigido por Marcelo Bielsa), la Supercopa de Europa (al Chelsea, entonces campeón de la Champions League) y la Copa del Rey, imponiéndose en la final al Real Madrid en el estadio Santiago Bernabeu para cortar de la mejor manera una larga racha sin vencer a su clásico rival.

Hasta la llega de Simeone al estadio Vicente Calderón la Liga era cosa de dos, Barcelona y Real Madrid; los demás jugaban un certamen propio, olvidándose, por hacérseles imposibles, de los dos de arriba. En el ecuador de la temporada 2013/2014, el Atlético de Madrid encabeza la clasificación con los catalanes, ambos con 50 puntos, tres más que el Merengue y 14 por delante de los vascos del Athletic, que se posicionan en el cuarto lugar. Ganó 16 de los 19 partidos que jugó y apenas perdió uno; a orillas del río Manzanares marcha invicto, con nueve triunfos en diez presentaciones, en las que convirtió 33 goles y recibió solamente seis.

Destacado por hinchas y periodistas en una de sus primeras experiencias como entrenador, cuando fue campeón con Estudiantes, la consideración fue contraria en sus pasos por River (donde también fue campeón) y en su segundo ciclo en Racing luego del interinato en Avellaneda que había marcado su debut como DT. En el que hasta antes de llegar a la capital ibérica era su único paso europeo, había realizado una enorme tarea al conseguir la mejor campaña del Catania en Seria A cuando a su llegada el descenso parecía el destino inexorable. Simeone transita su carrera de técnico con varias de las características que lo habían definido como futbolista: entrega absoluta, inteligencia y la expresión de sus ideas sin buscar adhesiones ni temerle a las críticas. Vive y respira fútbol en todo momento y persigue el crecimiento sin pausa; así, evoluciona permanentemente.

Sea cual fuere el desempeño de Argentina en el Mundial, si Alejandro Sabella decide no continuar en su cargo o la AFA opta por no ofrecerle la continuidad, Simeone aparecerá como un candidato natural. Antes o después, no cuesta nada imaginarlo otra vez en la Selección, ya no como el futbolista que se puso más de 100 veces esa camiseta, sino en la conducción del representativo nacional. De momento, logró lo que en España parecía imposible, que la Liga ya no sea cosa de dos.
(Foto: Marca.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de julio de 2013

A la cima por mérito propio


Gerardo Martino y Lionel Messi surgieron como futbolistas de Newell´s. Son, además, hinchas del club. Para ambos, Rosario es su lugar en el mundo. La conexión es directa y la empatía se advierte a la distancia. La Pulga es el mejor jugador del mundo y no es impropio que la dirigencia de Barcelona le haya consultado su parecer ante la necesidad de contratar a un nuevo entrenador tras la forzada salida de Tito Vilanova. El visto bueno tampoco puede sorprender.

Sin embargo, explicar la llegada del Tata al banco culé a partir de su vínculo con Messi es un análisis superficial. Conlleva la injusticia de soslayar su capacidad. También implica relativizar el proceso de toma de decisiones en la institución que ostenta al mejor equipo de la historia y es bandera de una comunidad. La opinión de Messi ha de tener su peso específico en Barcelona, sin dudas; pero sin llegar a ser un dictado.

Martino llega al mejor equipo del mundo por mérito propio. Al frente de la selección paraguaya construyó un equipo de fuerte estructura colectiva que potenció individualidades; fue un elenco que sin complejos le peleó de igual a igual a los colosos sudamericanos. Posteriormente lideró una revolución en Newell´s para llevarlo de la última posición en la tabla de los promedios a ser campeón argentino y semifinalista de la Copa Libertadores. Los libretos de ambos procesos fueron distintos.

Pueden tenderse hilos conductores entre Barcelona y el Newell´s de Martino. La rotación permanente para quitarle referencias al rival sin perder el orden, dos laterales de permanente proyección con un mediocampista central cerca de los zagueros y un ataque frondoso son factores comunes. Además, con varios jugadores formados en sus divisiones inferiores, en el conjunto rojinegro se apoyó en un marcado sentido de pertenencia, algo que también es un valor agregado del Barça.

Entre los desafío de Martino uno de los principales será configurar la sociedad entre Messi y Neymar, tema central de la prensa catalana en las pasadas semanas. En tanto, deberá adaptarse al fútbol europeo, al movimiento de uno de los clubes más grandes del planeta, a la idiosincrasia catalana y lidiar con las críticas que pueda sufrir a partir de la interna política de la institución. Todo eso, sosteniendo la vara en lo más alto.

Martino es casi una incógnita para la grada barcelonista. Y es lógico; los partidos de Newell´s no son un programa a seguir en la Ciudad Condal. La referencia fija se remite a lo mucho que costó la victoria española ante Paraguay en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Su paso como futbolista por la Liga fue fugaz, apenas una temporada en el Tenerife a comienzos de los 90.

Otra referencia reitera por la presa española fue su similitud con Marcelo Bielsa. Es posible reconocer líneas similares entre sus equipos, pero lo cierto es que las similitudes se posan más en el modo de hablar y el lenguaje corporal que en el patrón de juego. Martino reconoce en Bielsa a uno de los técnicos que más lo influyó, a la par de José Yudica y Jorge Solari. En comparación con el Loco ha mostrado mayor pragmatismo al acomodarse de distintas formas de a cuerdo a las circunstancias a lo largo de su carrera. El desconocimiento genera las dudas que desde su probada capacidad procurará disipar.

Su llegada puede aportarle al Barcelona un nuevo aire que parece necesario, pero en continuidad con la línea que comenzó a trazar Josep Guardiola, y precisión para contrataciones puntuales. El desafío será enorme. Lo asume por mérito propio.
(Foto: Talam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 19 de febrero de 2013

Dos equipos colosales al costo de sacrificar la Liga

Barcelona es el mejor equipo del mundo; más que eso, seguramente sea el más perfecto de la historia del fútbol. Real Madrid integra, también, el selecto póker de los mejores conjuntos de la actualidad. En la pasada gala de la FIFA, en la cual Lionel Messi recibió su cuarto Balón de Oro consecutivo, la alineación ideal la integraron diez jugadores de estos dos clubes, completándose el equipo con el colombiano Radamel Falcao García, del Atlético de Madrid.

En buena medida, el superdesarrollo de culés y merengues se dio a costa de ralear la Liga Profesional de Fútbol, la competencia doméstica española, cuya competitividad quedó herida de muerte. En los últimos 12 años, solamente Valencia logró filtrase dos veces (2001-2002 y 2003-2004) entre los títulos pintados de blanco o blaugrana. La rareza de esta temporada es que el elenco dirigido por José Mourinho marcha tercero, siendo el Atleti de Diego Simeone como cuña entre los dos colosos.

Barcelona y Real Madrid se configuraron como potencias planetarias desde distintas vertientes. Los catalanes lo hicieron, principalmente, a partir de un proyecto de identidad integral con base en la Masía, en tanto que los madrileños apostaron a fuertes movimientos en los mercados de pases. Ambos recorridos fueron posibles por una la concentración económica en su beneficio.

Según un reciente informe del diario vasco Deia, Real Madrid y Barcelona reciben casi la mitad de la torta televisiva, con el 25,2 y el 24,1 por ciento, respectivamente, mientras que quien sigue en la lista es el Valencia con el 6, 5. En Inglaterra, el mayor ingreso por los derechos de televisación lo tiene el Manchester United, pero con el 13, 1 por ciento del total.

Las firmas patrocinantes también corrieron detrás de ellos y el resto de los equipos, incluidos históricos animadores de la primera división española, quedaron relegados económica y deportivamente. Los factores que hicieron que dos crecieran a costa del empequeñecimiento del resto y el marketing globalizado generaron hinchas del Barcelona y el real Madrid en distintas regiones del plurinacional Reino de España; algo impesado en un pasado reciente.

El monopolio que constituyen Barcelona y Real Madrid le sirvió a España para consagrarse campeón del mundo por primera vez en su historia, en Sudáfrica 2010. Sin embargo, en el feroz crecimiento de sus dos tanques, la liga española parece encaminada a implosionar por la desigualdad económica, la competitividad atrofiada y la crisis económica ibérica de la cual el fútbol aún no parece haberse dado por enterado.
 (Foto: Eurosybalones.blogspot.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 1 de enero de 2013

Messi empieza a competir contra él mismo

En 2012 Lionel Messi se dedicó a pulverizar registros y sus 91 goles lo convirtieron en el máximo anotador en la historia del Barcelona y el futbolista en marcar más tantos en un año. Sin que hiciese falta, se ratificó como el mejor jugador del planeta, hecho inobjetable; superó esa instancia para instalarse en un plano superior: llegar a ser considerado el mejor de todos los tiempos.

Enero seguramente arranque de la mejor manera para el rosarino, con su cuarto Balón de Oro, hecho que no registra antecedentes. Como luedo de las temporadas 2009, 2010 y 2011, la Pulga se prepara para volver a hacerse con el premio con el que la FIFA y la revista France Football reconocen al mejor del año con los votos de técnicos y capitanes de los seleccionados y un grupo de periodistas de distintos países.

Con la maestría de conjugar desde la más bella estética precisión, velocidad, definición y astucia, Messi levanta un rascacielos que resulta inmejorable pero sigue alzándose. Con una competitividad tremenda, empuja su techo cada vez más arriba. Cuando parece que ya nada puede ser mejor, corporiza una genialidad, y otra, y otra más. Es la sublimación del fútbol.

Indescifrable desde un talento inagotable, con cataratas de goles para quebrar cifras que parecían para siempre, hace que resulte ridículo considerar que jugadores de la talla de Iniesta, Xavi y Cristiano Ronaldo son mejores que él.

Es el mejor de todos en el mejor equipo de la historia, el Barcelona que se originó en la Masía, moldeó a la perfección Josep Guardiola y hoy continúa Tito Vilanova. Además, elevó de un modo absolutamente determinante el nivel de la Selección después de que durante un buen tiempo el equipo argentino, desacompasado, limitase sus posibilidades.

Arranca un nuevo año y así se inicia la competencia de Messi contra el único capaz darle alcance: él mismo en su versión 2013.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de septiembre de 2012

El Camp Nou se prepara para recibir al cuarto elemento

Barcelona tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Tal vez sea el mejor de la historia, debate abierto que aún no encuentra sentencia definitiva. De lo que sin dudas puede jactarse el conjunto catalán es de contar con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen el rosarino, Iniesta y Xavi.

El póker de ases se concretará con la llegada de Neymar a Catalunya. Luis Alvaro de Oliveira, presidente del Santos, club propietario del pase del paulista de 20 años, reconoció que la máxima figura del fútbol brasileño seguirá su carrera en el Barça a partir de un acuerdo que desde hace tiempo existe entre ambas instituciones. Su arribo no tiene fecha fijada, podría ser al inicio de la próxima temporada o tras el  Mundial de 2014.

Messi y Neymar son los dos futbolistas más habilidosos y electrizantes del planeta, pero la supremacía del argentino como el mejor de todos no resiste discusión. La Pulga es un jugador integral y maduro, con una visión del juego que lo hace tomar siempre la decisión apropiada cuando no parece haber tiempo ni espacio para hacerlo. El crack brasileño nada tiene que envidiarle en lo que refiere a la maestría del engaño para que la pelota sea ajena a los rivales, pero es eminentemente individualista.

El elenco blaugrana sigue con su fútbol total; no perdió brillo, ocurre que hizo corriente lo extraordinario. Sin Josep Guardiola en la dirección técnica el equipo mantiene su fisonomía. Aunque no es el mismo; lógico al perder a un entrenador de tal estirpe. El equipo mantiene sus rasgos distintivos porque el trabajo de Pep fue el presente de ayer y el legado de hoy.

La estructura sin igual de la filosofía deportiva del Barcelona es el sitio en el cual deberá insertarse Neymar. Y no debería tener problemas en hacerlo. Junto al Mediterráneo terminará de erigirse en figura mundial si asimila los conceptos de una escuela futbolístoca que marcará una época. El Camp Nou espera al cuarto elemento.
(Foto: Afootballreport.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 29 de mayo de 2012

El último concierto

El Vicente Calderón, como escenario, y el Athletic de Bilbao, reducido a un mero partener, fueron testigos de la última función de la sinfónica futbolística dirigida por Joshep Guardiola. La final de la Copa de Rey se trató de un asunto de apenas 24 minutos; ese fue el tiempo que el Barcelona necesitó para ponerse 3-0 y mutilar las ilusiones del conjunto vasco dirigido por Marcelo Bielsa. Una vez más, el elenco blaugrana liquidó a su oponente con una deliciosa combinación de toques, rotación, verticalidad, presión y goles.

Nunca el juego ha sido tan bello y eficaz como el que produjo el Barça en las cuatro temporadas bajo la dirección técnica de Guardiola, quien sólo había tenido una experiencia como entrenador, en el filial del club. Técnica y táctica, talento y músculo, libertades y orden, control y verticalidad, rotación y presión, desprendimientos y relevos, toque y marca. Conjugó conceptos en lugar de oponerlos. Con esa amplitud forjó el mejor equipo de la historia.

Lanzarse a la dirección técnica no fue una aventura para Guardiola, fue un proceso meditado, de estudio y preparación. Se reunió con distintos técnicos, entre ellos, los argentinos Bielsa, César Luis Menotti y Ricardo La Volpe. La escuela barcelonista con su impronta holandesa y, en el mismo sentido, haber estado bajo las órdenes de Johan Cruyff fueron los elementos esenciales del bagaje de Guardiola.

Contó con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen Lionel Messi, Xavi y Andrés Iniesta. No le faltaron otros cracks y jugadores por encima de la media, pero jamás descansó en el talento individual. Multiplicó el trabajo y elevó el nivel de exigencia de lso mejores. Voraz, nunca dejó de ir más. Continuamente propuso variantes para esquivar la previsibilidad; probó con defensas de tres y cuatro hombres, con un centrodelantero de talla y sin referencia de punta. La nutrida distribución de mediocampistas con alta capacidad técnica y la obsesión por la tenencia de la pelota fueron los cimientos inamovibles.

Es coherente y valiosa la determinación del Barcelona de elevar a Tito Vilanova de ayudante de campo a técnico principal. Sin embargo, la continuidad será sólo parcial; considerar que no se trata de un ciclo terminado sería subestimar a Pep Guardiola, ese enorme técnico que el fútbol ya extraña.
(Foto: Marca.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de mayo de 2012

La ida de Guardiola cerró la era más brillante

El mejor equipo de la historia se quedó sin su mentor, y esa partida anuncia la clausura del ciclo más fascinante. Joshep Guardiola dejará la dirección técnica del Barcelona, conjunto que con él al frente brindó un concierto futbolístico tras otro, elevando la nota cada vez cuando parecía que no se podía jugar mejor que lo ya expuesto. Nunca antes se había logrado una continuidad semejante a tan alto nivel; han sido cuatro temporadas de un fútbol total.

La admiración unánime nació de la amplitud del entrenador catalán, que se abrió a todas las escuelas futbolísticas para realizar un proceso de decantación en el cual recolectó lo mejor de cada vertiente y lo combinó. El resultado fue siempre el de once jugadores enhebrados en un dispositivo táctico con hilos de oro y liberados a la impronta de la sorpresa.

Guardiola dispuso de un gran plantel, con varios cracks, pero se preocupó por mejorar a cada futbolista. El paradigma lo encarnó Lionel Messi, quien ya era el mejor jugador del mundo cuando se puso al frente del equipo, pero desde entonces creció en sus producciones futbolísticas y contó los goles de a decenas.

Como DT, nunca descansó en el gran talento de sus dirigidos y trabajó fuertemente la estructura colectiva sin dejar ningún cabo suelto. El resultado fue un equipo que desde una tremenda dinámica conjugó marca férrea, relevos con precisión de relojería suiza, desmarques y rotación de posiciones para sorprender sin perder orden, largas posesiones sin caer en la ociosidad del inocuo pase lateral, voraz vocación ofensiva, presión constante para la recuperación, solidaridad y confianza.

Pero jugar el mejor fútbol y ratificarlo con una andanada de títulos desgasta. Al menos eso le ocurrió a Guardiola, quien en la conferencia de prensa en la que anunció su partida se refirió a la necesidad de descansar. Para muchos, esa explicación evocó a la falta de energía que había argüido Marcelo Bielsa el 14 de septiembre de 2004 en su alejamiento de la selección argentina. Precisamente el técnico del Athletic de Bilbao, al enterarse de la determinación de su colega, que tantas veces lo elogió, sentenció: “Es una pérdida mayúscula. Le dio brillo a este deporte”. La final de la Copa del Rey entre vascos y catalanes, el 25 de mayo, será el último partido de Guardiola al frente del Barcelona.

Vale preguntarse si el alejamiento de Guardiola no viene a ratificar ese gana-pierde que impera, si esa lógica no llegó a condicionar incluso a quien logró el fútbol más bello y eficaz. Si bien algunos meses atrás había dado indicios de una posible ida, es una incógnita saber qué decisión hubiese tomado de haberse consagrado nuevamente en la competencia ibérica y el contexto europeo.

Barcelona era ya un gran campeón en el ciclo precedente, con Frank Rijkaard como técnico y Ronaldinho como estrella. Y seguramente seguirá con protagonismo central con Tito Vilanova, ayudante de campo de Pep y futuro primer entrenador del equipo culé. Guardiola recibió un gran equipo, lo llevó al cénit y lo entregó con la promesa de una continuidad de lo hecho. Pero ya nada volverá a ser igual.

Se trató de su primera experiencia como entrenador, aunque había tenido un paso por la filial del elenco catalán. Desde su primera temporada había sorprendido con un juego absoluto y la conquista de todos los certámenes que disputó: Liga, Copa del Rey, Supercopa de España, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Luego seguiría la prolífica cosecha de títulos; pero el legado para la institución blaugrana y para el fútbol todo es tan grande que excede esas vitrinas repletas de trofeos. Puso en cada cancha el mejor equipo que se haya visto. Pep decidió descansar; ojalá sea por poco tiempo, su presencia se hizo indispensable.
(Foto: Infonwes.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de marzo de 2012

Aupa Bielsa

Con gritos sordos, ejerce para que el  reconocimiento refiera al tránsito, a la coherencia de la búsqueda, a la consecuencia con una idea. Sabe que el éxito es un eterno incorformista y que la histórica victoria ante el Manchester United reclama un cierre favorable de la serie en San Mamés. Empresa de alto riesgo ante uno de los equipos más pesados del planeta, el subcampeón de Europa del Barcelona. Pero lo hecho en Old Trafford trasciende la circunstancia de avanzar o perecer en la Europa League.

Al fútbol inglés lo caracteriza su dinámica, presión y rápidas transiciones. Ante uno de sus máximos exponentes y en un escenario tan mítico como difícil cuando ahí juegan los dueños de casa, el Athletic de Marcelo Bielsa superó a su adversario en ritmo, avance sobre la línea de la pelota y ataques vertiginosos. Nada menos que ante los diablos rojos de Sir Alex Ferguson, los vascos manejaron la pelota y la recuperaron en tres cuartos de campo cuando no la tuvieron, sumaron mucha gente en ofensiva desdoblándose para multiplicarse en ataque y achicaron espacios en defensa con relevos bien ajustados. Construyeron un dominio abrumador. En el segundo tiempo superaron el 65 por ciento de tenencia de la pelota. Maniataron a un gigante en una prestación colectiva fascinante que permitió muy altos rendimientos individuales.

En su primer ataque, antes de los 60 segundos, el Athletic terminó la jugada con seis futbolistas en los últimos diez metros del campo de juego. Fue la carta de presentación, un adelanto, de lo que sería el resto del partido. Con el sello indeleble de su entrenador, el conjunto vestido de verde atacó con continuidad, hizo de alto tránsito los sectores externos de la cancha y fue prolífico en diagonales. La obsesión era el arco defendido por David De Gea, una de las figuras del encuentro.

Por más de una década el rosarino había limitado su trabajo a selecciones nacionales; primero en Argentina y luego en Chile, con un interregno entre ambas en el que se recluyó en sus pensamientos sin alejarse del fútbol. Hasta que volvió al trabajo en el día a día con los futbolistas. Bielsa encontró al Athletic y el Athletic encontró a Bielsa. Se puso así en marcha un proyecto contracultural, con un técnico con prédicas alejadas del gana-pierde y un club al margen de la voracidad de mercado. Uno dio con un sitio a su medida, el otro con un entrenador capaz de interpretar su esencia. La institución de Bilbao se nutre sólo con jugadores vascos y compone mayormente su plantilla con productos formados en su cantera. Hay un muy marcado sentido de pertenencia, lo que fortalece el compromiso. Además, la baja movilidad de futbolistas redunda en la posibilidad de la continuidad. Terreno fecundo para Bielsa. Aún no lleva una temporada en Euskadi y, como tantas otras veces, ya enamoró con su trabajo y sus formas.

Cuando finalice, su gestión deberá ser valorada no sólo por los títulos que pudiese obtener, sino fundamentalmente por la impronta futbolística que legue y por el desarrollo de los muy buenos talentos jóvenes de los que dispone. Por caso, en el norte de la península ibérica se señala que Javi Martínez podría recalar en el Barcelona a cambio de unos 40 millones de euros. La media de edad del equipo vasco se sitúa en los 23 años, pero el futuro es ahora.

Bielsa es un líder admirado por sus dirigidos. Los futbolistas del Athletic juegan para su entrenador en una  comunión es un tesoro. Como tantas otras veces, su equipo irradia esa energía, ese coraje, ese valor y ese amor por la tarea que en algún momento dejó de ser regla en el fútbol para convertirse en gema. Ahí van juntos un técnico y un equipo de excepción, ambos, que deslumbran por arrojo y convicción.
(Foto: Goal.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 20 de diciembre de 2011

El equipo de todos

Barcelona terminó de construir el techo del fútbol. Tal vez en años venideros algún otro equipo logre elevarlo; hoy parece improbable. El conjunto catalán se presenta como el resultado final, el producto mejor acabado, de un proceso de un siglo y medio de rodar de la pelota. Tiempos de inmediatez comunicacional, no se tratará de un conjunto mitológico: hay registro de cada uno de sus conciertos. El pasado agiganta, la contemporaneidad invita a no establecer juicios definitivos. Pero el Barça hace a un lado ese prurito. Asistimos a las funciones del mejor equipo de todos los tiempos.

Pero este conjunto imaginado y concretado por Joshep Guardiola no es una isla sino el epicentro de un vastísimo continente. Se fijó en todas las escuelas e ideologías futbolísticas para tamizar ese bagaje y nutrirse sólo de lo mejor de cada una. Entonces el resultado es toque al ras de piso, acumulación de pases, rotación de posiciones, vistosos recursos técnicos y máxima jerarquía individual. Y es, al mismo tiempo, presión constante sobre el rival, orden en cada faceta, férrea marca y solidísima conciencia colectiva.

¿Es sencillo el fútbol? No, es extremadamente complejo, por eso el Barcelona es excepcional. Algunos ganan y otros pocos quedan en la historia por algo más que la gloria de un título. El elenco blaugrana redobló la apuesta con una catarata de títulos y un juego sin igual.

Ha logrado reducir a su mínima expresión a los modestos de la liga española y a los más poderosos de Europa. También humilló al Santos campeón de América. Ante el elenco brasileño, en la final del Mundial de Clubes, en Japón, fue súmmum. Lo hecho especialmente en el primer tercio del encuentro empequeñece, banaliza, cualquier adjetivación.

Ahí está, para disfrute de todos, el Barcelona de Guardiola, en el que como nadie brilla Lionel Messi, el mejor del mundo; el de los sabios Xavi y Andrés Iniesta, el del equilibrista Busquets, el de las proyecciones de Dani Alves, el del aplomo de Piqué y el liderazgo de Carles Puyol. El mejor equipo de la historia.
(Foto: La-razon.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de julio de 2011

Messi es una víctima de la Selección

Tuvo que digerir dos agrios tragos antes de dar con uno de cierto dulzor; hasta disfrutable, comparado con aquellos. Transcurrida para Argentina la fase de grupos de la Copa América 2011, quedó expuesto que Lionel Messi es presa de un equipo con la pretensión de interpretar un libreto que dista de ser el más conveniente para el mayor talento del Planeta Fútbol. Sergio Batista, entrenador del equipo nacional, tiene en el rosarino al mejor del mundo, pero la idea que pregona y los difusos esbozos que se ven en la cancha marchan a contramano del sentido que transita el hombre del Barcelona. Messi es vertical; la Selección es horizontal. Messi es movilidad; la Selección es posicional.

Los empates con Bolivia y Colombia expusieron con más claridad algo que ya se había podido vislumbrar con anterioridad en el ciclo Batista: La Pulga queda atada a una propuesta laxa y aletargada. Se asemeja a una Ferrari atorada en un embotellamiento de alguna arteria del centro porteño. Marear la pelota hacia los costados y hacia atrás una y otra vez no implica ninguna virtud; el cuidado conservador es un demérito para los conjuntos que se pretenden protagonistas.

Frente al modesto combinado juvenil de Costa Rica, Messi se ubicó detrás de Gonzalo Higuaín, ariete albiceleste. Con grandeza y generosidad, fue el jugador más colectivo en una Selección que apuesta a la diferencia individual desde el poco apego del DT al trabajo táctico, algo preocupante en un fútbol donde los detalles son muchas veces la diferencia entre ganar y perder. Regaló pases con precisión quirúrgica, que eran dagas en el área rival; sin embargo, no parece conveniente transformar a un futbolista que hizo 53 goles en la pasada temporada en un asistidor.

Al margen de las contradicciones del entrenador, de las cuales la más evidente (y peligrosa de cara al manejo del grupo) fue la de señalar que consideraba a Tévez como Nº9 y que no estaba en sus planes para luego convocarlo y hacerlo titular como puntero izquierdo, lo más preocupante pasó por la conformación de la lista, absolutamente desbalanceada. De los siete mediocampistas que citó, cinco son volantes centrales y de los seis atacantes, cinco actúan de centrodelanteros. Entonces, cuando en apenas 180 minutos dejó de lado la idea a la cual había apostado en los 20 días en los que dispuso de los jugadores para preparar la competencia, encontró las limitaciones de su propia elección. De todos modos, le alcanzó ante la endeblez costarricense; la victoria fue inobjetable, pero el funcionamiento de acuerdo al material del que se dispone siguió lejos de ser destacable; más bien lo contrario. El próximo escalón, Uruguay en cuartos de final, implicará un desafío muchísimo más complejo.

Messi es el mejor jugador del mundo, sus ámbitos son el Barcelona y la Selección argentina. Pese al abismo de funcionamiento que hay entre los dos conjuntos, en ambos lo rodean cracks y muy buenos futbolistas. Ese es su mundo, la elite. ¿El entrenador argentino está capacitado para habitarlo?
(Foto: Elpais.es-Reuters)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 11 de enero de 2011

Simplemente, el mejor de todos

El reconocimiento a Lionel Messi como el mejor jugador de 2010 con la entrega del Balón de Oro, premio otorgado conjuntamente por la revista France Football y la FIFA, provocó un vendaval en la prensa deportiva española. Caracterizada por la desmesura, cualidad que incrementó con la conquista de su seleccionado en el Mundial disputado en Sudáfrica, entendió como un despojo casi oprobioso la elección del rosarino, por sobre Andrés Iniesta, el adelantado de la visión periférica, y Xavi Hernández, un sabio del fútbol.

La ceremonia realizada en Zúrich, Suiza, fue seguida con celo por los medios españoles, que la trasmitieron en directo por televisión, radio y portales web. En el momento en que Josep Guardiola, técnico del Barcelona, anunció que el ganador, de entre sus tres dirigidos, era el número 10, la desazón mediática ibérica fue inmediata, y posteriormente temeraria. Así, al día siguiente, el diario Marca tituló “Balón de Oro injusto”, en un desatino difícil de presentar. La reacción generalizada fue como si el reconocimiento hubiese caído en manos de un futbolista gris y no en quien es, a todas luces, el más brillante de todos los que juegan este deporte. El desaire del periodismo español se debió también a una sobreestimación de un premio más; prestigioso por su tradición, pero uno más al fin.

España toda sentía que el título del mundo era el pasaporte para que uno de sus futbolistas vuelva a ser distinguido por la revista gala luego de medio siglo, tras la elección de Luis Suárez en 1960. Ni siquiera importaba si el ganador era Iniesta o Xavi; daba lo mismo cual de los dos cracks alzase el trofeo. Incluso la cruzada pareció propiciar una amnistía en la disputa eterna entre cronistas madrileños y catalanes, enfrentados con la misma ceguera con la que en nuestro país se conducen menottistas y bilardistas extremos.

El Mundial es el clímax, la cita de honor del fútbol; pero no establece juicios definitivos, no deja de ser una verdad relativa. Sin hacer un gran papel en Sudáfrica, seguramente inferior al de Iniesta y Xavi, Messi fue, de todos modos, uno de los mejores de la competencia, y no convirtió cuatro o cinco goles por un zigzag del destino. No tuvo su mejor versión, la superdotada, en ese mes como sí en el resto del calendario.

Iniesta y Xavi habían reconocido, sin asomo de complejos, antes y después de la premiación, que Messi es el mayor talento del mundo, el más estético, efectivo y deslumbrante jugador del planeta, autor en el año que pasó de 60 goles en 65 partidos, la mayoría de ellos magníficos. “El mejor es Leo, no hay color”, sentenciaron al unísono en una nota publicada por el diario El País. También Guardiola, el hacedor de este Barcelona considerado ya por muchos el mejor equipo de clubes de todos los tiempos, lo ubicó en la cima del Planeta Fútbol.

Lionel Messi es el mejor futbolista del mundo. Lo ratificó el pasado año y por eso el premio de France Football y la FIFA. Su juego está muy por delante de un aceitado marketing propio de estos tiempos. Es quien se ha elevado por sobre el resto en las últimas temporadas y no se vislumbra quién pueda robarle el cetro y la corona a este genio de 23 años, que está llamado marcar una época. Ganó en Balón de Oro en 2009 y 2010, y seguramente merecerá retenerlo en los próximos años.
(Foto: Draudesc.wordpress.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de noviembre de 2010

Disfrutar no sólo del Barcelona

Joshep Guardiola ha forjado un equipo que, definitivamente, quedará en la historia. Este Barcelona nacido desde las entrañas de la Masía combiana eficacia y virtuosismo a la perfección. Es un conjunto de una identidad colectiva fabulosa, con enorme despliegue, continua rotación, presión permanente, voraz vocación ofensiva y una tremenda circulación de pelota sin caer en la ociosidad de la tenencia inocua. A partir de la capacidad técnica individual de cada uno de sus componentes, el Barça socializa la pelota: no es patrimonio exclusivo de ninguno de sus futbolistas, es propiedad de todos por igual. Por cierto que en Xavi, Iniesta y Messi -el mejor del mundo- tiene el eje de ese preciso engranaje. Los tres aparecen continuamente en distintos sectores del campo para quitarle las referencias al adversario y se combinan con precisión y velocidad de modo tal de perforar los cerrojos que pretenden detenerlos.

En el derby ante Real Madrid, el conjunto culé tuvo un desempeño perfecto y brindó una exhibición que será recordada por mucho tiempo. El choque se presentaba como un duelo de estilos, el que vendrían a encarnar Guardiola y José Mourinho. La pretensión de confrontar el talento contra el músculo. Era el partido ideal para los fundamentalistas. Fue un aleccionador 5-0 de los catalanes, con un fútbol integral para reducir a su rival -uno de los más grandes del mundo- a un mero partener de ocasión. Entonces, el merecido elogio al excelso juego blaugrana se trasladó luego, en muchos casos, a denostar al técnico merengue. Lo mismo, en sentido contrario, había ocurrido en el primer semestre del año cuando el Inter que conducía portugués eliminó al Barcelona en una de las semifinales de la Champions League. La irracionalidad de uno y otro lado.

Son los exégetas los que en su fanatismo desvirtúan las reales características de un equipo. Así, del Barcelona omitirán la presión, el verticalismo, la sólida estructura colectiva y su férrea defensa. Del otro lado, relegarán en el discurso el cuidado de la pelota, la libertad otorgada a los jugadores más hábiles y las concesiones en defensa.

Mourinho es uno de los mejores entrenadores del mundo pese al tremendo revés que le dio el Barcelona (nunca había perdido por más de tres goles de diferencia), así como los de la Ciudad Condal estaban ya instalados en la antología futbolística pese al modo en que lo eliminó el Inter.

Disfrutar del Barcelona no tiene porqué excluir el elogio a otras propuestas destacables. El fútbol es complejo, tiene muchas aristas. Un gusto determinado no debe ser inhibidor de otro. No se trata de enfrentar a Guardiola y Mourinho -o lo que representan, si se prefiere no ponerlo en nombres propios- sino de superponer, de resaltar lo mejor de cada estilo.
(Foto: News.cn)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 24 de mayo de 2010

Inter, campeón de Europa por convicción

Con una idea de hierro ejecutada sin concesiones por un grupo de futbolistas que, desde ese convencimiento, jugaron para su técnico, José Mourinho, Inter volvió a ser campeón de Europa después de 45 años. Un esquema basado en una defensa granítica y un ataque agazapado y voraz fueron los argumentos centrales del conjunto milanés para quedarse con el trofeo más deseado. En la final ante Bayern Munich, el equipo de ese arrogante y excelente entrenador que es el portugués ratificó que es quien mejor sabe jugar sin necesidad de tener la pelota. Se la cedió a su rival, con presión lo obligó a caer en su embudo defensivo y esperó, impertérrito, para punzarlo con sus puntuales estiletazos.

Y así fue la jornada soñada para Diego Milito, autor de los dos fabulosos goles de la noche madrileña. Amague para engañar al arquero en el primero y avance con la pelota al pie, doble enganche ante Van Buyten y definición al segundo palo en la conquista para liquidar el pleito. La temporada debut del hombre surgido en Racing en el club de los Moratti no pudo ser mejor: 30 goles en 52 partidos. Cinco de esos gritos tuvieron una importancia superlativa para que el Inter sea el primer equipo italiano en quedarse en una misma temporada con el torneo local, la Copa de Liga y la Champions League, ya que monopolizó los tantos decisivos al anotar el 1 a 0 ante Siena para la conquista del quinto Scudetto consecutivo, el 1 a 0 en la final de la Copa de Italia ante Roma y los dos gritos en el Santiago Bernabeu.

La conquista de Europa fue por demás especial para el jugador símbolo de la institución, Javier Zanetti, quien otra vez, como en Alemania 2006, raramente mirará el Mundial por televisión. El su partido 700 con la camiseta del Inter (está a 58 de Giuseppe Bergomi, récord neroazzurro) y el 80° en el máximo certamen europeo, se convirtió en el primer argentino en levantar como capitán la Orejona. Pupi disputó todos los minutos de la edición 2009/2010 de la Champions, privilegio que compartió con su compañero Julio César, el mejor arquero del mundo.

Si Milito fue héroe y figura, Esteban Cambiasso se erigió, una vez más, en el termómetro del equipo y tuvo una gran actuación ante Bayern Munich. Fue la válvula para abrir y cerrar la represas de su equipo. Tácticamente impecable y fino técnicamente, Cuchu fue destacado en más de una ocasión por Mourinho como el hombre que mejor lo interpreta dentro de la cancha. Acaso su ausencia en Sudáfrica sea aún más sensible que la de Zanetti.

La fundamental presencia argentina es un póker completado por Walter Samuel, a quien el regreso al fútbol italiano en 2005 -luego de un difícil paso por el Real Madrid- volvió a convertirlo en el Il Muro. Fue un bastión de la enorme defensa milanesa y así, recomendación de Mourinho a Maradona mediante, será uno de los centrales titulares de la selección en la Copa del Mundo.

Etiquetado por muchos con un conjunto enrolado en el histórico catenaccio italiano, ese estigma llegó tras el partido de vuelta por las semifinales ante Barcelona, en Catalunya. Esa llave ante el fabuloso campeón defensor había sido pensada por Maurinho como un único encuentro; entonces, tras conseguir -por buscarla- una importante ventaja de 3 a 1 en el partido de ida, en la revancha sólo se preocupó por defender esa diferencia y no atacó. Tomó el riesgo de jugar todo el partido refugiado en su campo y consiguió lo que se había propuesto, lograr la clasificación a la final. Pero antes del cruce ante los de Josep Guardiola, en octavos de final Inter le había ganado los dos partidos al Chelsea, campeón de Inglaterra, y lo repitió en cuartos ante el CSKA Moscú. Esos cruces y el ímpetu protagónico que tuvo fronteras adentro desestiman la pretendida descalificación. Ningún equipo logra tres títulos en un año sin ser agresivo en ataque.

Mourinho consiguió que la comunión entre estratega y jugadores que es requisito indispensable para el éxito, sea un valor supremo. El abrazo que le dio Zanetti en pleno campo de juego del Real Madrid y la dedicatoria de Milito al míster evidenciaron el tenor de ese vínculo en el cual radicó en buena parte la fortaleza de un equipo impenetrable a los pareceres ajenos y blindado en su idea.

Un año atrás, Barcelona se quedó con el título europeo a partir de una receta bien distinta a la que ahora utilizó el Inter. Porque es evidente que los caminos elegidos por ambos equipos para llegar al mismo destino no fueron los mismos. Esas dos conquistas con libretos disímiles son un rico alimento para el debate futbolístico si este tiene altura, reflexión, intercambio de posiciones y revisión de conceptos en lugar de agravios y descalificaciones. Todos los estilos ganan, todos los esquemas sirven, pero se requiere convencimiento para llevarlos a cabo y el consecuente trabajo para perfeccionarlos. Inter tuvo ambas cosas y por eso volvió a ser campeón de Europa.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

lunes, 3 de mayo de 2010

Una buena defensa despierta muchos ataques

El Inter llegó a la final de la Champions League sin patear un solo tiro al arco en el encuentro que lo clasificó a esa instancia definitoria y, entonces, se generó un virulento debate sobre su juego. Aunque en realidad no se trató de una discusión, de una contienda de ideas, posiciones y pareceres, ya que las descalificaciones le ganaron ampliamente a los argumentos.

El ideal del fútbol es ser punzante en ataque y sólido en defensa. Desplegarse en campo adversario y compactarse en el propio. El engreído portugués José Mourinho pensó la llave semifinal ante el Barcelona como un único partido, cuya primera mitad se jugaba en Milán y la segunda en la Ciudad Condal. Supo en el cotejo de ida que tenía que atacar para establecer una diferencia favorable y entendió que lo que necesitaba en el vuelta para estar el 22 de mayo en el Santiago Bernabeu era defender la ventaja conseguida una semana antes.

Pensar un partido en virtud de un ataque constante implica correr riesgos. Defenderse cerca del propio arco, como lo hizo Inter en Catalunya, también. En los 90 minutos disputados en el Camp Nou, el conjunto dirigido por Josep Guardiola procuró atacar continuamente pero no logró imponer condiciones, mientras que el elenco milanés sólo aspiró a defender su arco y lo consiguió, pese al gol de Piqué a poco del final. Y lo hizo sin caminar jamás por la cornisa del reglamento, como aseguraron varios medios de la prensa española: no hizo tiempo, ni recurrió al juego brusco y por eso Barcelona no logró siquiera entrar con tiros libres. Fue el que jugó mejor a lo largo de los 180 minutos; primero al manejar la pelota (tuvo una posesión de casi el 70 por ciento en el Gusseppe Meazza) y hacer el daño que quedó reflejado en el 3 a 1 y segundo al abroquelarse casi sin fisuras para mantener esa ventaja. Siempre logró hacer su juego, ejecutar el plan que había pergeñado.

Si un equipo ataca bien y se defiende mal y otro ataca mal pero se defiende bien, se estará frente a dos conjuntos con una faceta del juego satisfactoria y otra deficitaria. Sin embargo, las mayores críticas recaerán sobre el que tenga limitaciones ofensivas. Mientras que un ataque virtuoso siempre es destacado favorablemente, defenderse con férrea solidez recoge marcadamente menos reconocimientos.

Quedarse con el último paso del largo camino que recorrió el Inter para llegar a la final de la Champions es hacer un recorte parcial para distorsionar y desmerecer los méritos de un equipo que con pragmatismo optó por aplicar distintas estrategias de acuerdo a las circunstancias. Si está en los umbrales del penta campeonato en Italia y accedió a la definición del torneo de clubes más importante del mundo es porque fueron muchos más los partidos que salió decididamente a ganar que los que se preocupó exclusivamente por no perder.

No existe un único modo ni un gusto uniforme. El concepto de antifútbol es una malicia que debe ser desterrada. Debe aceptarse el derecho de ver defectos donde otro vislumbra virtudes y viceversa. Lo que no tiene razón de ser es la descalificación, que desmorona cualquier posibilidad de debate y hace que las discusiones sobre los estilos futbolísticos no salgan de las chicanas para avanzar hacia intercambios superadores.
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
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lunes, 12 de abril de 2010

Messi sube la apuesta

Su permanente aparición en las tapas de todos los periódicos deportivos del planeta, los elogios que agotan sinónimos y las comparaciones con los máximos astros de la historia del fútbol mundial no lo cohíben. Lionel Messi se supera continuamente. Cuando ejecuta una actuación que se cree es lo máximo que puede exhibir, poco tarda en realizar otra faena que hace olvidar a la anterior. Abriga ese anhelo de superación constante que, contra lo que puede pensarse, no es patrimonio de todos los deportistas de elite. Estar en la cima no lo marea en absoluto. Adversario, escenario y circunstancia parecen ser siempre los mismos; juega como si estuviese en el patio de sus casa.

En esta temporada, en Barcelona, demostró su capacidad para desempeñarse en distintas posiciones de ataque. Fue extremo derecho, flotó detrás de los delanteros y, el último fin de semana, apareció como el hombre más adelantando del conjunto de Josep Guardiola en el derby ante Real Madrid. En todas rindió con aportes decisivos y lleva anotados 40 goles en la temporada. Voraz, ahora irá por el récord que estableció Ronaldo en el club de la Ciudad Condal: en la temporada 1996/1997, R9 hizo 47 goles en 49 partidos y se convirtió en el máximo anotador culé en una Liga con 34 conquistas en 37 encuentros disputados.

Casi todos sus tantos son golazos. Están -y son mayoría- los que a todas luces tienen el sello característico de su genialidad y también los que lo llevan oculto, como el que abrió el camino a la victoria ante el Madrid, en el Bernabeu. Bajó la pelota más con la cara que con el pecho y definió mordido con la derecha, pero en cada uno de los movimientos hizo lo que deseaba; primero logró desarticular la marca de Raúl Albiol haciéndolo pasar de largo y cuando Iker Casillas se desesperaba por taparle todos los ángulos aguardó ese instante eterno hasta que el arquero merengue sí cedió y optó por hamacarse hacia su izquierda para de derecha vulnerarlo a contrapié.

¿Podría hacer lo que hace en otro club que no sea este impresionante Barcelona? Probablemente no. ¿El conjunto blaugrana tendría el mismo brillo sin su N° 10? Seguramente tampoco. Messi descolla en un gran conjunto, como lo hicieron todos los grandes jugadores de la historia, porque, verdad de Perogrullo, los mejores futbolistas juegan en los mejores equipos.

Sea cual fuere su actuación y la de la selección argentina en el Mundial, Leo ha logrado, por lo pronto, un reconocimiento solamente alcanzado por otros dos futbolistas argentinos: ser considerado el mejor jugador del mundo. Amplía así el binomio que conformaban Alfredo Di Stéfano y Diego Maradona para convertirlo en una terna. Pelusa y la Saeta Rubia incluso están en el podio de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Los 22 años de la Pulga lo proyectan a ubicarse en ese olimpo.

Messi nunca será Maradona. Tal vez hasta llegue a superarlo futbolísticamente, pero nunca será la bandera que es Diego. Es cuestión, entre otras cosas, de personalidades, de tiempos distintos, de vínculos de identificación diversos. Entonces la comparación, aunque muchas veces inevitable, es poco o nada lo que aporta; menos aún cuando lo que oculta es una falsa antinomia. El deleite por la magia del hoy entrenador de la selección argentina y por la habilidad, desequilibrio y definición a máxima velocidad del rosarino no son excluyentes.

Los ojos del planeta deportivo están posados con tremenda expectativa sobre este duende que ejerce su arte en una cancha de fútbol. Él sube la apuesta y entonces cuanto se piensa que lo suyo no puede ser mejor vuelve a sorprender, una y otra vez.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
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lunes, 15 de marzo de 2010

Higuaín y Messi, por tres

La capital española y la vanguardista ciudad Condal vibraron al compás de los goles argentinos. En su visita al estadio José Zorilla, Real Madrid vapuleó al Salamanca 4 a 1 y Barcelona, en el Camp Nou, hizo añicos los esfuerzos en los que se empeñó Valencia durante 55 minutos para derrotarlo 3 a 0. Los dos gigantes de una de las ligas más poderosas del mundo tuvieron como explicación basal de sus triunfos a Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, autores de tres goles cada uno. Se trató de dos hat-trick en España que tuvieron fuerte eco en Argentina por tratarse de los dos delanteros que, de no mediar ningún imprevisto, formarán la dupla de ataque albiceleste en Sudáfrica 2010.

Después de que Cristiano Ronaldo abriese el marcador de tiro libre, Higuaín se despachó con un triplete en el cual expuso su categoría y oportunismo. El ariete formado en River y liquidado a precio de salgo por el ex titular millonario José María Aguilar volvió a mostrar su efectivo estilo en un conjunto dominado por cracks con más cartel que él y sus goles le sirvieron al Madrid para mitigar el dolor de la eliminación de la Champions League en octavos de final a manos del Lyon y mantenerse en la cima de la tabla de posiciones. Pero el Merengue no está solo en lo más alto. Barcelona deslumbró con el mismo brillo que la pasada temporada lo llego a levantar los seis trofeos que disputó; y en ese juego de fluidez sin igual Messi se siente a gusto como en ningún otro lado como. Con su letal combinación de velocidad y precisión, el rosarino regaló tres perlas marca registrada, cada una originada en el sector derecho del ataque culé. En el primero enganchó dos veces ante sus marcadores sobre el vértice del área y definió fuerte al primer palo, más tarde se hamacó hacia el centro para colocar la pelota en el ángulo bajo opuesto y cerró su repertorio con un ingreso relampagueante al área y una sutil picada con su pierna derecha para vulnerar el achique que pretendía el arquero cuando le Cursivasalió al cruce.

Messi, sin dudas el mayor talento del fútbol mundial, anotó 22 goles en los 23 partidos que disputó por la Liga española y es, hasta aquí, el pichichi. Su escolta no es otro que Higuaín, apenas con una conquista menos. Ambos se ven favorecidos por dos equipos que juegan más lanzados al arco rival de lo que lo hace la Selección. En este sentido, los goleadores de Barcelona y Real Madrid deberán acomodar sus virtudes en beneficio de un conjunto que para buscar la consagración mundialista partirá de un celoso cuidado del arco propio y recién entonces irá a fondo contra el rival. Las armas fundamentales para procurar esas estocadas serán Higuaín y Messi, protagonistas de festejos por triplicado en España que alimentan el sueño argentino.
(Foto: Lanacion.com)

Patricio Insua
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lunes, 21 de diciembre de 2009

Estudiantes arañó la gloria

La magnitud del dolor de una derrota deportiva difícilmente pueda ser cuantificada. Pretender establecer un parámetro de medición se vuelve una empresa inverosímil. Aún así, de seguro el modo en que Estudiantes cayó ante Barcelona en la final del Mundial de Clubes, disputado en Abu Dhabi, significó un durísimo golpe para el mundo pincharrata. Porque ninguna derrota cala más hondo que la que llega cuando se estuvo tan cerca de ganar. El gol de Pedro, a menos de cinco minutos del final del partido, fue un mazazo para el conjunto platense, y el tanto de Lionel Messi, a los 20 del tiempo suplementario, la estocada que mató el sueño de volver a ser campeón del mundo tras más de cuatro décadas.

Estudiantes tuvo en jaque al equipo que con el título obtenido ratificó su indiscutible condición de mejor del mundo. El talante del rival eleva todavía más su destacada actuación. Delante tenía una maquina, un conjunto que durante todo el año brilló como ninguno y ganó más que nadie; congenió un juego de precioso y preciso manejo, dinámico y vertical, para adjudicarse los seis certámenes que disputó: Liga Española, Champions League, Copa del Rey, Supercopa Europea, Supercopa Española y Mundial de Clubes. Mucho habrá que esperar para que se repita una cosecha semejante; si es que alguna vez ocurre.

Tras disputar un muy buen primer tiempo, jugado con inteligencia y gran disciplina táctica, el gol de cabeza de Mauro Boselli sobre el cierre de esa etapa inicial le dio una ventaja que Estudiantes se empeñaría en defender con todas sus fuerzas. Saber que no tenía con qué intercambiar golpe por golpe fue una muestra de su inteligencia. Así, los segundos 45 minutos fueron un constante ir del conjunto catalán ante los denodados esfuerzos del Pincha por alejar el peligro de su arco, delante del cual la pelota cruzó varias veces. Barcelona, sin perder la calma, impuso condiciones y obligó a su rival a resguardarse muy metido en su campo. Aguantó heroicamente el conjunto de Alejandro Sabella y cuando parecía que el máximo trofeo volaría a La Plata, a los 88 minutos de juego Pedro estableció la igualdad. Golpeado en su ánimo y desgastado físicamente, Estudiantes se hizo jirones en el alargue, sin dejar de dar pelea, aferrándose a la esperaza de llegar a la definición por penales. Pero nuevamente cerca del final, a 10 minutos del pitazo, Messi se filtró en el área a espaladas de Juan Sebastián Verón y Christian Cellay para poner, de pecho, el tanto de la victoria blaugrana.

La diferencia de poderío y presupuestaria entre un club y otro es sideral. Lo que percibe anualmente cualquiera de las estrellas del equipo europeo supera holgadamente el presupuesto íntegro de toda la institución platense. Sin embargo, todas esas diferencias se vieron reducidas en un encuentro en el cual el conjunto argentino dejó el alma y muy cerca estuvo de quedarse con toda la gloria.

Nada que reprocharse para Estudiantes. Guiado por Verón, de enorme sacrificio agregado a su clase sin igual, protegido por la entrega de Braña y Desábato, la búsqueda de Enzo Pérez y el empuje de Boselli todo el equipo estuvo a la altura del máximo acontecimiento, el que cerraba el calendario.

Pese a que no pudo coronarse con el título mundial, la campaña rojiblanca ha sido magnífica. Aquella sufrida clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores con el tanto de Ramón Lentini ante Sporting Cristal, de Perú, terminó con la conquista del mismo trofeo que el mítico equipo de Osvaldo Zubeldía había alcanzado tres veces consecutivas. Estudiantes cierra el año como subcampeón del mundo, detrás de una máquina perfecta como el Barcelona. No es poco. Vaya si no es poco, León.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
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jueves, 28 de mayo de 2009

Con Messi, el Barça de Guardiola en lo más alto

Desde un juego preciosista y una cosecha integral de los títulos en disputa, el Barcelona ratificó con la obtención de la Champions League que es el mejor equipo del mundo. Tras haberse adjudicado la Liga y alzado la Copa del Rey en las últimas semanas, el conjunto blaugrana derrotó 2 a 0 al Manchester United en el estadio Olímpico de Roma para quedarse con el torneo de clubes más importante del mundo y así lograr la Triple Corona, algo inédito en la historia del fútbol español.

En la final romana el conjunto inglés tuvo un arranque electrizante y cuando se habían disputado poco más de 5 minutos de juego Cristiano Ronaldo ya había bombardeado en tres ocasiones el arco defendido por Víctor Valdés. Pero cuando el panorama pintaba complicado para el Barça, en su primer ataque, antes de los 10 minutos, Samuel Eto´o abrió el marcador. El gol del camerunés fue un mazazo que aturdió a los Diablos Rojos y entonces los catalanes comenzaron con ese manejo casi monopólico de la pelota que es marca registrada de este equipo. Está claro que no se trató de una de sus mejores producciones de esta temporada, pero la victoria, que quedó sellada a falta de más de 20 minutos para el final con el gol de cabeza de Lionel Messi, fue a todas luces inobjetable.

El ideólogo y hacedor de este equipo que entró en la historia fue Josep Guardiola. Antes del inicio de la temporada, Barcelona lo fue a buscar para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo en el cual brilló como jugador y se consolidó como ídolo absoluto de la afición barcelonista. Pese a su corta brecha generacional con varios jugadores y su falta de experiencia como entrenador, Pep, admirador de Marcelo Bielsa y Ricardo La Volpe, llegó con voz de mando y pulso firme para materializar su idea futbolística. El carácter y el criterio que tuvo como jugador lo reformuló para su nuevo rol de técnico. En alguna oportunidad declaró que si el fabuloso Andrés Iniesta –apodado “Cerebro” en un equipo donde sobran las inteligencias dentro del campo de juego- es el jugador que es se debe, en parte, a que “no está media hora frente al espejo antes de salir a la cancha”. Esta anécdota pinta el perfil de un entrenador que pregona contra la farandulización de los futbolistas para que se aboquen exclusivamente al juego. Así, a los 38 años y en su primera temporada como entrenador, logró Copa, Liga y Champions, como cantaron los casi 30 mil seguidores que llegaron hasta Roma.

Además, este inédito éxito conseguido por un grupo que quedará para siempre en la historia del Barcelona cuenta con el orgulloso sello nacionalista catalán, ya que Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Xabi, Iniesta, Messi y Guardiola fueron todos, en mayor o menor medida, formados en la cantera del club.

El reconocimiento del Barcelona como el mejor equipo del mundo es, a la vez, la consagración de Messi, con sólo 21 años, como el futbolista más destacado del planeta, consideración a la que sólo dos argentinos habían llegado antes: Alfredo Di Stéfano y Diego Armando Maradona. Muy difícil será que La Pulga llegue a la altura de estos dos mitos de la historia del fútbol mundial, pero por lo pronto ha logrado lo mismo que ellos al coronarse rey del Planeta Fútbol.

En este último año el rosarino mostró un crecimiento en su conceptualización del juego, y en eso mucho tiene que ver Guardiola. A diferencia de los que sucedía con Frank Rijkaard, anterior DT de culé, ya no está atado al ala derecha del ataque; si bien ese sigue siendo su sector preferido para arrancar y enganchar en diagonal hacia el arco rival, Messi es ahora un delantero flotante, tal como lo demostró en la final europea. Ya sea por derecha para ir hacia el centro con su gambeta letal en el mano a mano, por izquierda para desbordar con velocidad electrizante, retrazándose para armar juego con ese magnífico tandem que componen Iniesta y Xabi, colocándose de enlace para abastecer a Samuel Eto´o y Thierry Henry o de centrodelantero, tal como ocurrió en su gol al Manchester, el número 10 abre un abanico de opciones que lo hacen el mejor de todos. Precisamente su poder de fuego en esta temporada ha sido impresionante: fue el goleador de su equipo con 38 tantos, 9 de los cuales los anotó en 12 partidos en la Champions para convertirse en el primer argentino en ser top scorer de esa competición.

Pese a contar con el inigualable talento de Messi, el despliegue de Xabi (sin dudas en el podio de los mejores mediocampistas del mundo), la inteligencia de Iniesta, la elegancia de Henry y el gol de Eto´o, Guardiola no descansó en esas individualidades y trabajó para componer una sólida identidad colectiva. Nació así un equipo con presión, un manejo de la pelota como ningún otro, vertical, ofensivo y con una identidad definida de la cual no se alejó en circunstancia alguna y que le permitió componer la prestación más esplendorosa con una efectividad de logros absoluta para ser leyenda.
(Fotos: Cronodeporte.com y Ole.com.ar)

Patricio Insua
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jueves, 14 de mayo de 2009

Los distintos rebotes de la pelota

Muchas veces el fútbol ha sido una herramienta política. Lo fue, crudamente, en los Mundiales de 1934, en la fascista Italia de Benito Mussolini, y 1978, con el gobierno golpista argentino. La Copa del Mundo disputada en nuestro país fue utilizada por los militares para ocultar la más cruenta violencia de estado con su gigantesco saqueo económico y para vender una falaz imagen de armonia al exterior. Pero aquel evento deportivo permitió, también, que la población se expresase, aunque fuera un instante, con la libertad que no tenía. Ocurrió cuando más de 70.000 personas chiflaron a rabiar a la cúpula militar compuesta por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti en su ingreso al palco oficial antes del inicio de la final entre Argentina y Holanda.


Algo muy similar sucedió ayer en el estadio Mestalla, de Valencia, donde ldisputaron la final de la Copa del Rey, paradójicamente, vascos y catalanes, dos pueblos que en gran medida rechazan a la monarquía parlamentaria española. De este modo, Athletic de Bilbao y Barcelona, los conjuntos protagonistas, fueron las caras de dos comunidades en las cuales muchos de sus ciudadanos le reclaman a la corona y al gobierno central de Madrid reivindicaciones que les son negadas. Así, además de los colores de los equipos, en las tribunas se multiplicaron las banderas vascas y catalanas, dado que su sentimiento de pertenencia no está referido a la nacionalidad y los símbolos patrios que les imponen. Por eso, antes del inicio del encuentro se hicieron oír con fuerza los silbidos cuando el sistema de audio comenzó a reproducir el himno español, idéntica protesta a la que minutos antes había acompañado el ingreso de los reyes al palco. Esta manifestación fue criticada fuertemente por la derecha española, una de las más duras y reaccionarias de Europa.


El momento en que sonaba la canción patria española no fue emitido por Televisión Española (TVE), según se excusaron “por un error humano”. Previo pedido de disculpas, en el entretiempode reprodujeron ese prólogo formal del encuentro, pero lo editaron para ocultar lo que había sucedido; se veía entonces una panorámica del estadio y se escuchaba nítidamente el himno, sin la silbatina que lo había acompañado. Esta maniobra terminó por costarle su puesto de trabajo al responsable de Deportes de la emisora, Julián Reyes, quien seguramente esuchó de la misma voz primero el pedido de censura y luego, ante las repercuciones mediáticas, el anuncio de su despido.


Al margen del aplastante triunfo 4 a 1 del Barça -un equipo tremendo- y la gran actuación de Lionel Messi, el fútbol sirvió como amplificador de un reclamo, en este caso el reiterado de vascos y catalanes a las reivindicaciones soberanistas que abrigan gran cantidad de habitantes del País Vasco y Catalunya para dejar de ser naciones sin estado.
(Foto: Eleconomista.es)

Patricio Insuapatinsua@gmail.com