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martes, 15 de junio de 2010

En el buen camino: el de la ilusión sustentada

El debut de la Selección argentina en Sudáfrica 2010 dejó muchos más gestos de satisfacción que de preocupación. En la victoria 1 a 0 ante Nigeria, con gol de Gabriel Heinze, tras una buena jugada preparada, el conjunto de Diego Armando Maradona mostró su temible poder de ataque y si no goleó fue por la inspiradísima tarde que tuvo Vincent Enyeama, el arquero de las Águilas. Por si hacía falta, Lionel Messi demostró que es el mayor talento del Planeta Fútbol, el hombre más desequilibrante. Cada vez que el rosarino tomó contacto con la pelota mostró esa descarga eléctrica que no hay disyuntor rival que pueda detener. Competitivo al máximo, La Pulga anticipó que pretende que este Mundial sea el lanzamiento definitivo para instalarse entre los mejores de todos los tiempos.

Maradona eligió un esquema 3-4-3, el que mejor se ajustaba para sacar máximo provecho del tremendo poder de fuego que ofrece el tridente Tévez-Higuaín-Messi. Pero hubo una flaqueza marcada, un hueco evidente: el sector derecho de la defensa. Jonás Gutiérrez quedó casi siempre a mitad de camino, ya que no fue ni marcador lateral ni un mediocampista lanzado. De todas maneras, asumir el riesgo valía la pena; aunque Diego seguramente haya tomado nota de que ese es un aspecto a mejorar pronto.

Si se lo compara con el estreno de resto de los campeones del mundo, lo de Argentina fue claramente superior a lo mostrado por Uruguay, Francia, Inglaterra y Brasil. También fue mejor a lo expuesto por el monarca reinante, Italia; pero en el caso de la Azzurra vale destacar el peso de la oposición: el durísimo Paraguay de Gerardo Martino. El debut de Alemania fue superior al de argentina porque logró poner en marcador final la diferencia que hubo en el juego; pero acá también se impone remarcar que el rival fue la modesta Australia.

La próxima escala para la Selección será Corea del Sur, que impondrá una oposición más dificultosa que la de Nigeria. Si bien la intención de Maradona es repetir el equipo, la contractura que sufre Juan Sebastián Verón en el gemelo de su pierna derecha podría marginarlo. Era previsible que por su edad (35), el desgaste que implicó una dura temporada y el lugar en la cancha que ocupa -expuesto a un gran desgaste y, por ende, a las tarjetas- el capitán de Estudiantes perdiera su lugar, aunque no se esperaba que ocurriera tan pronto. La lesión de La Bruja no es grave y si se tratase de una instancia de eliminación directa ya estaría confirmado como titular. Pero el margen por haber ganado el primer partido permite preservarlo del riesgo de un desgarro, que sería su despedida del Mundial.

Si Verón no llega su lugar será ocupado por Maxi Rodríguez. Gran conocedor del sector derecho de la mediacancha, el ingreso del hombre del Liverpool, de Inglaterra, implicaría un cambio de esquema: un 4-3-3, con Jonás decididamente como lateral.

Maradona sabe perfectamente cómo se encara una Copa del Mundo y la importancia de administrar de la mejor manera los recursos de los que se dispone. Es en esa planificación que pude radicar la diferencia entre seguir o quedar en el camino. Maradona sabe, cuenta con las herramientas y tiene la llave maestra en manos del portador de su casaca, la N° 10.
(Foto: Telam.com)

Patricio Insua
patisua@gmail.com

jueves, 4 de marzo de 2010

Ante Alemania, Argentina aprobó un exigente examen

El núcleo del seleccionado nacional había puesto como punto de partida para Sudáfrica 2010 el encuentro preparatorio ante Alemania. Entonces se planificó ese partido como una prueba de fuego, una puesta en cancha de la idea y los nombres pretendidos para la Copa del Mundo. Porque Argentina mostrará desde el 11 de junio el esquema táctico que empleó en la victoria 1 a 0 ante el elenco germano en el Allianz Arena, de Munich, y, salvo tal vez uno o dos cambios, ese mismo equipo titular.

Ganarle a Alemania en su casa siempre es un hecho resonante. La diferencia pudo haber sido incluso de dos goles de acuerdo a lo expuesto por cada uno. Argentina se plantó con una seguridad muy distante de aquella tibieza que había mostrado en la derrota ante España y expuso un elemento que parecía perdido en el elenco nacional: la presión. El mediocampo integrado por Jonás Gutiérrez, Javier Mascherano, Juan Sebastián Verón y Ángel Di María procuró posicionarse siempre en terreno adversario y obligó a los dirigidos por Joaquim Low a retroceder y jugar en muchas ocasiones la pelota hacia atrás.

En defensa, el equipo se mostró fuerte y prolijo con Nicolás Otamendi por derecha, Gabriel Heinze por izquierda y la zaga integrada por Martín Demichelis y Walter Samuel, en su reaparición en el seleccionado. El aspecto más endeble estuvo en el sector derecho, donde, indudablemente, Otamendi se siente incómodo. El muy buen jugador de Vélez no aportó salida y le costó el cierre en diagonal hacia adentro; pero cuando por movimientos propios del juego apareció como central mostró el tiempismo y la calidad que lo hicieron una de las mejores apariciones del fútbol argentino de los últimos años.

La prioridad de mantener el cero en el arco propio, tal como lo había reconocido antes del partido Alejandro Mancuso, ayudante de campo de Maradona, fue seguramente lo que determinó una defensa de cuatro marcadores centrales, con la confianza de que en el medio Jonás, por derecha, y Di María, por izquierda, se ocupasen de las bandas. La fragilidad de la última línea era el aspecto más endeble del seleccionado y en ese sentido hubo un auspicioso progreso. Una defensa amurallada es condición sine qua non para pensar en una consagración mundialista. Sin ir máslejos, en Alemania 2006 llegaron a la final los dos equipos que mejor se defendieron, Italia y Francia.

La receta de la selección fue un rígido 4-4-2 -ya característico de la era Maradona- que albergó una firmeza defensiva que ya se había insinuado en el estadio Centenario de Montevideo cuando se logró la clasificación al Mundial, una gran presión sobre la pelota y el adversario en la mitad de la cancha y una delantera que pretendía explotar su peligrosa velocidad. Fue una versión de equipo duro, compacto y concentrado que tuvo su contrapunto en la falta de variantes ofensivas y la escasa generación real de peligro. En este sentido, Lionel Messi, el mayor talento del planeta, sigue en deuda con la selección y la selección sigue en deuda con él. Ojalá ambos se encuentren en Sudáfrica.

El partido ante Alemania es un buen punto de partida. Argentina mostró un esquema definido y una idea determinada: cuatro hombres en el fondo, cuatro en el medio y dos adelante para no regalar ni un centímetro atrás, presionar en el medio y atacar con los goleadores de Barcelona y Real Madrid. Esa es la base a partir de la cual edificar, porque aún queda mucho por crecer. El propio Diego lo reconoció en la conferencia de prensa posterior al partido: “Tenemos que mejorar muchas cosas”. El mes previo al Mundial será clave; un período de trabajo para dar forma definitiva al equipo, afianzar conceptos, trabajar en un ataque más profundo y con mayores aristas, consolidar la defensa, maximizar las bandas y lograr un volumen de juego integral. Maradona confía en su idea y mucho en los intérpretes para ejecutarla; éstos, los jugadores, saben que están ante una oportunidad única, la de volver a ser campeones del mundo luego de 24 años.
(Foto: Canchallena.com - Telam)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 4 de enero de 2010

Estudiantes, Vélez y Banfield, los campeones

El año que ya quedó atrás dejó en las páginas más destacadas de su anuario futbolero la consagración de Estudiantes como el mejor de América, la ratificación de Vélez como un grande por vigencia y no por herencia y el inédito festejo de Banfield, nuevo integrante del cuadro de honor de los campeones argentinos.

El conjunto platense se adjudicó la Copa Libertadores de menor a mayor. Tras clasificarse en la etapa preliminar ajustadamente, en la zona de grupos avanzó también con sufrimiento, pero ya en las instancias cruciales, en los encuentros de ida y vuelta para seguir o perecer, el equipo apareció en su mejor versión: consciencia colectiva, prolija defensa, potencia goleadora y la tremenda gravitación de Juan Sebastián Verón para coordinar los movimientos de sus compañeros con precisión de relojería suiza erigieron merecidamente al Pincha como el monarca del continente. En el cierre del año premundialista, el elenco de Alejandro Sabella estuvo muy cerca de subirse a la cima del Planeta Fútbol, pero el fenomenal Barcelona ganador de todo le arrebató la corona cuando parecía suya. Por sus méritos, el León se ganó el reconocimiento de ser el mejor equipo argentino del año que ya es historia.

En el ámbito doméstico, Vélez fue quien celebró en el primer semestre. Luchó por el título hasta la última fecha con Huracán, conjunto que cosechó muchos elogios y adhesiones por su juego fluido de toques permanentes y desestructuración de líneas. Reflejo de una institución sin par en Argentina, los dirigidos por Ricardo Gareca fueron un conjunto serio, coherente y en constante crecimiento. Dinámico y de transiciones muy veloces su propuesta fue un juego vertical y con desbordes, siempre con el basamento de la solvencia para manejar los tiempos de cada partido. Vélez no sólo obtuvo el Clausura, sino que también fue quien más sumó en 2009: con 73 puntos lideró la tabla anual. Además, parió al fútbol profesional a Nicolás Otamendi, la gran revelación y una de las apariciones más fulgurantes de los últimos años en lo que a marcadores centrales refiere.

El Apertura quedó en manos de Banfield, que se dio el enorme gusto de gritar campeón en Primera División. Julio César Falcioni configuró al mejor equipo del certamen; un conjunto granítico, furiosamente colectivo, concentrado sin distracción alguna en su libreto y con un despliegue físico incansable para ahogar a sus rivales. El Taladro contó con Cristian Lucchetti en su punto de maduración justo para tener una gran presencia desde el arco, un esquema defensivo impenetrable por el centro y que siempre dobló marcas, la jerarquía y entrega de Walter Erviti y la mejor dupla delantera del año, conformada por los uruguayos Sebastián Fernández y Santiago Silva, goleador del torneo.

De vuelta al trabajo en la pretemporada estival, Estudiantes, Vélez y Banfield apuntarán a revalidar las credenciales que exhibieron para lograr la satisfacción de ser los mejores. Con varias similitudes conceptuales y diferencias de ejecución e identidad, sus virtudes los hicieron ser los campeones de 2009. La gloria que buscarán defender es la misma que otros sueñan con arrebatarle para festejar
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 21 de diciembre de 2009

Estudiantes arañó la gloria

La magnitud del dolor de una derrota deportiva difícilmente pueda ser cuantificada. Pretender establecer un parámetro de medición se vuelve una empresa inverosímil. Aún así, de seguro el modo en que Estudiantes cayó ante Barcelona en la final del Mundial de Clubes, disputado en Abu Dhabi, significó un durísimo golpe para el mundo pincharrata. Porque ninguna derrota cala más hondo que la que llega cuando se estuvo tan cerca de ganar. El gol de Pedro, a menos de cinco minutos del final del partido, fue un mazazo para el conjunto platense, y el tanto de Lionel Messi, a los 20 del tiempo suplementario, la estocada que mató el sueño de volver a ser campeón del mundo tras más de cuatro décadas.

Estudiantes tuvo en jaque al equipo que con el título obtenido ratificó su indiscutible condición de mejor del mundo. El talante del rival eleva todavía más su destacada actuación. Delante tenía una maquina, un conjunto que durante todo el año brilló como ninguno y ganó más que nadie; congenió un juego de precioso y preciso manejo, dinámico y vertical, para adjudicarse los seis certámenes que disputó: Liga Española, Champions League, Copa del Rey, Supercopa Europea, Supercopa Española y Mundial de Clubes. Mucho habrá que esperar para que se repita una cosecha semejante; si es que alguna vez ocurre.

Tras disputar un muy buen primer tiempo, jugado con inteligencia y gran disciplina táctica, el gol de cabeza de Mauro Boselli sobre el cierre de esa etapa inicial le dio una ventaja que Estudiantes se empeñaría en defender con todas sus fuerzas. Saber que no tenía con qué intercambiar golpe por golpe fue una muestra de su inteligencia. Así, los segundos 45 minutos fueron un constante ir del conjunto catalán ante los denodados esfuerzos del Pincha por alejar el peligro de su arco, delante del cual la pelota cruzó varias veces. Barcelona, sin perder la calma, impuso condiciones y obligó a su rival a resguardarse muy metido en su campo. Aguantó heroicamente el conjunto de Alejandro Sabella y cuando parecía que el máximo trofeo volaría a La Plata, a los 88 minutos de juego Pedro estableció la igualdad. Golpeado en su ánimo y desgastado físicamente, Estudiantes se hizo jirones en el alargue, sin dejar de dar pelea, aferrándose a la esperaza de llegar a la definición por penales. Pero nuevamente cerca del final, a 10 minutos del pitazo, Messi se filtró en el área a espaladas de Juan Sebastián Verón y Christian Cellay para poner, de pecho, el tanto de la victoria blaugrana.

La diferencia de poderío y presupuestaria entre un club y otro es sideral. Lo que percibe anualmente cualquiera de las estrellas del equipo europeo supera holgadamente el presupuesto íntegro de toda la institución platense. Sin embargo, todas esas diferencias se vieron reducidas en un encuentro en el cual el conjunto argentino dejó el alma y muy cerca estuvo de quedarse con toda la gloria.

Nada que reprocharse para Estudiantes. Guiado por Verón, de enorme sacrificio agregado a su clase sin igual, protegido por la entrega de Braña y Desábato, la búsqueda de Enzo Pérez y el empuje de Boselli todo el equipo estuvo a la altura del máximo acontecimiento, el que cerraba el calendario.

Pese a que no pudo coronarse con el título mundial, la campaña rojiblanca ha sido magnífica. Aquella sufrida clasificación a la fase de grupos de la Copa Libertadores con el tanto de Ramón Lentini ante Sporting Cristal, de Perú, terminó con la conquista del mismo trofeo que el mítico equipo de Osvaldo Zubeldía había alcanzado tres veces consecutivas. Estudiantes cierra el año como subcampeón del mundo, detrás de una máquina perfecta como el Barcelona. No es poco. Vaya si no es poco, León.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 15 de octubre de 2009

Ya en el Mundial llega el tiempo de repensar

La traumática eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010 finalmente terminó bien para Argentina. La victoria 1 a 0 ante Uruguay, en Montevideo, depositó al equipo nacional en la próxima Copa del Mundo y marcó el final de un camino tormentoso que implicó dos etapas. La primera la condujo Alfio Basile, quien dejó la herencia de un conjunto vacío y una cosecha de puntos escasa en el trayecto más favorable del fixture. Diego Maradona llegó para cambiarle la cara a la albiceleste y lo logró en los primeros amistosos y su debut oficial ante Venezuela. Pero luego el equipo se volatilizó y llegaron tiempos de histeria, de llamado compulsivo de futbolistas y del entonces lógico desmadre del equipo, que comenzó a jugar muy mal.

En el Centenario, Argentina mejoró su imagen fundamentalmente porque ejecutó un plan previamente pensado, con inteligencia de acuerdo a lo que le convenía. Sabía que el empate lo clasificaba en forma directa al Mundial y por eso se paró del otro lado del Río de la Plata dos líneas de cuatro hombres –la última integrada exclusivamente por centrales- y una dupla delantera ágil, compuesta por Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, que volvió a tener una actuación demasiado opaca, sin ser siquiera la sobra del crack que deslumbra en el Barcelona. Los buenos relevos defensivos a la hora de retroceder y la tenencia con tranquilidad de la pelota en le medio, desde la garantía que siempre entrega Juan Sebastián Verón y la levantada tras bajas actuaciones de ese gladiador que es Javier Mascherano, fueron los argumentos centrales del equipo.

Claro que esa buena lectura de la conveniencia no dispara el elogio. Porque la Selección manejó el partido y se impuso tácticamente, pero olvidó el arco rival; no salió a ganar el partido sino a esperar. Ausencia de dinamismo y verticalidad, poco desborde por los costados y el centro delantero continuamente de espaldas al arco fueron la cara negativa.

Tras el encuentro, apenas dejó el campo de juego, Maradona encaró a los micrófonos que lo esperaban ansiosos en el camino al vestuario y, seguramente como catarsis ante una situación por demás incómoda, se mostró desencajado y cayó en exabruptos. Más tarde, con tranquilidad, en la conferencia de prensa volvió a utilizar un lenguaje inapropiado en un tramo que será el único recordado. Es inadmisible que quien ocupa ese cargo de privilegio se exprese con groserías. Y es, además, perjudicial para él, siempre en el centro de la escena, ya que con ese dislate le da letra a un sector de la prensa que lo ha fustigado personalmente y no futbolísticamente. Porque las críticas al juego de un equipo que viene haciéndolo mal son propias de la tarea periodística, pero no le falta razón cuando habla de mala intención mediática, con gente que genera siempre irritación e indignación por su malicia. Sin embargo, con sus palabras Maradona elevó a un periodista agrio y se ganó el repudio generalizado. Le fue funcional a los mala leche.

En la victoria hubiese sido bueno que Diego baje decibeles, si lo deseaba sin soslayar enojos, pero con las formas adecuadas. Maradona no es sólo el técnico de la Selección, ni siquiera su figura se limita a ser la más representativa de nuestro fútbol, es el argentino más conocido en el planeta y es doloroso que recorra el mundo una conducta tan reprochable como la que tuvo al enfrentar a los medios.

Hubo tiempo para lo importante. Ante las cámaras, reconoció que debe conversar muchas cosas con Julio Grondona y Carlos Bilardo, con quien protagonizó un muy emocionado abrazo tras el partido que vuelve impensable un enojo entre ambos. No aseguró su presencia en Sudáfrica como técnico de la Selección porque es evidente que hay muchas cuestiones organizativas que no comparte y entiende es imprescindible se revean. Argumentos no le faltan, ya que la AFA en lugar de facilitar su trabajo le puso obstáculos desde un principio, al no permitirle, inexplicablemente, armar su propio cuerpo técnico.

En caso de que decida continuar en su cargo, deberá tomar nota del mal juego del equipo en el último semestre, entender la necesidad de un esquema colectivo en lugar de un vertiginoso cambio de nombres entre un partido y otro, sumar trabajo pese al cansancio de los viajes y recuperar la templanza de sus primeros días como conductor de la Selección, cuando se mostraba sereno y consciente de las formas que requieren el lugar que ocupa.

Argentina ya está en el Mundial de Sudáfrica y en la carrera corta que es una competencia de un mes con un máximo de siete partidos todo es posible. Un grupo accesible y un cruce favorable en octavos de final pueden facilitar la llegada al partido decisivo. Pero la clasificación no debe tapar las evidentes carecias futbolísitcas. Ahora todo debe apuntar a la cita máxima del fútbol, sí, aunque para que las cosas allá salgan bien se impone mirar atrás y tomar nota de los errores cometidos; todos, los de la dirigencia, el técnico y los jugadores.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 16 de julio de 2009

Estudiantes de América

Con una gran actuación en el Mineirao, Estudiantes se coronó campeón de la Copa Libertadores de América por cuarta vez en su historia al vencer 2 a 1 a Cruzeiro. Luego de 39 años, volvió a alzar el trofeo que ya lo había distinguido como monarca del continente en 1968, 1969 y 1970. La mística originada en aquella gloria registrada en blanco y negro tuvo su parte en este magnífico equipo que sabedor de su capacidad ansiaba hacer historia y reeditar aquellos festejos.

Tras el empate sin goles en La Plata en el partido de ida, el Pincha le cedió al elenco brasileño el favoritismo para el encuentro decisivo. Pero desde el comienzo del partido el conjunto platense expuso su decisión de ir a buscar la victoria sin especular, sin meterse atrás, con presión sobre el rival, manejo productivo de la pelota y la firme decisión de imponer condiciones. Planificó el partido a la perfección y tuvo siempre muy en claro lo que debía hacer, sus premisas y su objetivo. Jugó una final como debe hacerse. Tuvo mucho juego y jerarquía. Demostró, además de muchas virtudes tácticas y técnicas, tranquilidad y coraje para dar vuelta el resultado después encontrarse en desventaja a poco del inicio del segundo tiempo. Porque nunca se sintió menos que su rival, se plantó con firme personalidad y jamás se dejó impresionar por un marco con decenas de miles de torcedores que reducían a un puñado a los casi 5.000 fervorosos pinchas presentes. Estudiantes superó a Cruzeiro en su propio terreno con la prestancia de los grandes equipos.

Sin sangrías en su plantel en las últimas temporadas, el León consolidó una definida identidad colectiva desde el compromiso de sus muy buenos jugadores. Pero en esa estructura grupal, la figura de Juan Sebastián Verón constituye un aporte trascendental. Hizo un partido soberbio, perfecto. No es justo ni preciso reducir el valor y los méritos de Estudiantes a su presencia, pero el valor del ex Boca, Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester, Chelsea e Inter es superlativo. La incidencia de la Bruja es futbolística, anímica y organizativa; su influencia en el club –para bien de la institución- es total.

Al promediar el semestre, se hizo necesario un cambio de conducción. Con Leonardo Astrada como técnico, el equipo deambulaba por los últimos lugares de la tabla de posiciones del Clausura y su clasificación a los octavos de final de la Copa estaba seriamente comprometida. Llegó entonces Alejandro Sabella, con pasado como jugador del club pero nula experiencia como técnico, y logró la mejor versión del equipo para guiarlo a un nuevo título internacional después de más de tres décadas. A fines de 2008 había estado cerca de conseguirlo, al ser finalista de la Copa Sudamericana, convirtiéndose, posteriormente, en el primer equipo en llegar a la final de los dos certámenes internacionales de la temporada. En la contratación de Sabella fue clave, una vez más, el aval de Verón, que lo conocía de su paso por la Selección, cuando era ayudante de campo de Daniel Pasarrella.

Estudiantes ganó la Copa de punta a punta. Dio el primer paso a fines de enero, cuando en la fase preliminar superó a Sporting Cristal, de Perú, luego de perder 2 a 1 en Lima y ganar 1 a 0 en la vuelta (avanzó por el gol de visitante). Posteriormente compartió el Grupo 5 con Deportivo Quito (Ecuador), Universitario de Sucre (Bolivia), y Cruzeiro (Brasil), con quien perdió 3 a 0 en Belo Horizonte y ganó 4 a 0 en La Plata. En octavos de final eliminó a Libertad (Paraguay), tras un 3 a 0 de local y un empate en cero en Asunción; en cuartos a Defensor Sporting (Uruguay), con triunfos 1 a 0 en Montevideo y en La Plata, y a Nacional (Uruguay) en el paso previo a la final, con victorias 1 a 0 de local y 2 a 1 en el estadio Centenario.

El presente de Estudiantes no es más que la consecuencia de un claro proyecto futbolístico, de una lógica dirigencial que se mantuvo sin importar los nombres. Ese proceso mostró sus primeros resultados cinco años atrás, cuando Estudiantes comenzó a meterse en la pelea por el título en los torneos Apertura y Clausura. El salto de calidad se produjo con el regreso de Verón, a mediados de 2006. Desde su llegada, Estudiantes forjó sus logros con una enorme efectividad como local en el estadio Provincial Ciudad de La Plata, al cual se había resistido por no querer abandonar su cancha de 1 y 57. En los últimos tres años perdió allí sólo tres partidos y fue campeón del Apertura 2006 y de esta Libertadores, en la cual no recibió ningún gol como local. Además, consiguió otro hito que quedará siempre en el recuerdo de los hinchas: la histórica goleada 7 a 0 frente e Gimnasia, su rival de toda la vida.

Consolidado como el mejor equipo argentino incluso antes de llegar a la final ante Cruzeiro, Estudiantes extendió su dominio a nivel continental para erigirse también como el número uno de América. Campeón por méritos propios, el Pincha agregó con este presente glorioso un motivo más de orgullo para su gente y nuevo lauro a su enorme historia.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 22 de junio de 2009

Estudiantes, un gran equipo con ansias de gloria

Desde el momento en que el torneo Clausura se encaminó de tal modo que Huracán, Vélez y Lanús se convirtieron en los candidatos al título (los de Luis Zubeldía quedaron relegados este fin de semana) se abrió un debate futbolero sobre cuál de los tres es el mejor equipo. Pese a la imposibilidad de establecer los parámetros para llevar adelante esta discusión, la misma de todas maneras siempre existe. Injustamente, en algún momento no se contempló a Estudiantes de la Plata en esa conversación, pese a que como mínimo está a la misma altura que quemeros, fortineros y granates. Si bien es cierto que el Pincha nunca estuvo cerca de los primeros lugares del torneo local, su actuación en la Copa Libertadores bien ameritaba considerarlo como el mejor equipo del país. Históricamente habituado al segundo plano mediático, desde aquel mítico multicampeón concebido por Osvaldo Zubeldía, este Estudiantes sí despertó un marcado reconocimiento tras la victoria ante Defensor Sportig, de Uruguay, y la clasificación a las semifinales del certamen continental por quinta vez en su historia (la última fue en 1983), donde se verá las caras ante otro histórico copero, Nacional de Montevideo.

Estudiantes lleva varias temporadas de un marcado crecimiento futbolístico a partir de un orden dirigencial que permitió el armado de planteles con los recursos necesarios para tener un protagonismo principal. Compras puntuales y un gran trabajo mantenido en el tiempo en sus muy buenas divisiones inferiores convirtieron al León en un equipo con una definida identidad a lo largo de los últimos años, algo que también logró Lanús.

A mediados de 2006, la llegada de Juan Sebastián Verón, hijo dilecto de la casa y jugador de clase mundial, le dio al equipo el salto de calidad que necesitaba, lo cual quedó patentado con la conquista del Apertura de ese año. Hizo una gran diferencia económica en su carrera, disputó Mundiales, jugó en los clubes más poderosos y ya está para siempre en la idolatría máxima del pueblo pincha. Pese a esto exhibe una entrega innegociable, porque en lugar de recostarse en su carácter de estrella absoluta predica con el ejemplo, de modo tal que ninguno de sus compañeros pueda relajarse ni guardarse nada.

Indudablemente, el conjunto platense tiene una historia íntima con la Copa Libertadores, una mítica épica que influye, porque los jugadores que hoy visten su camiseta la conocen, la tienen en su cabeza, y eso genera un plus mental, una motivación extra, que en el fútbol nunca puede desestimarse.

Ahí está Estudiantes, protagonista como desde hace rato y otra vez, después de más de un cuarto de siglo, en las instancias decisivas de la Copa Libertadores. Enfrente tendrá casi un espejo, un contendiente de condiciones muy similares: gran presente, tres veces campeón continental y otra vez semifinalista después de más de 20 años. Será la reedición de una vieja rivalidad de antaño, con buenos antecedentes para el Pincha, que lo enfrentó y lo venció en las semifinales de dos de las tres copas que ganó, las de 1969 y 1971. Su aspiración de volver a la cima de América tiene argumentos sólidos.
(Foto: Rionegro.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de diciembre de 2008

El Señor Fútbol

La selección argentina, desde la llegada a la dirección técnica de Diego Armando Maradona, transita la etapa inicial de un período de reestructuración. Refiriéndose a este proceso, el mejor futbolista de todos los tiempos mostró que está muy metido en el desafío de elevar el rendimiento y la consideración del equipo nacional y evidenció, una vez más, que es un sabio en lo que hace a la observación y el análisis del juego.

Lo primero que hizo, en un marcado contrapunto con los dos procesos anteriores, fue realizar una autocrítica. Pese a que se trató del primer partido del ciclo, destacó que si bien durante los primeros 30 minutos del choque ante Escocia el equipo ejecutó sus ideas, luego se diluyó, perdió la pelota y no mostró una buena versión. Valoró especialmente que en esa media hora inicial hubo dinámica, acumulación de pases, verticalismo y, sobre todo, llegada hasta el fondo de los laterales -Javier Zanetti y Emiliano Papa- cuando los mediocampistas -Maxi Rodríguez y Jonás Gutierrez- se cerraban hacia el centro.

“Hay que dejar el apellido de lado por la camiseta. Va a jugar el que rinda. Yo no soy amigo de nadie, de ningún empresario ni dirigentes, no hay compromisos con nadie. Acá o corren todos o no juega nadie. Hay algo que hay que respetar que es la camiseta. El que elige soy yo y el que acierta y se equivoca soy yo. Me designó (Julio) Grondona y el que hace y deshace soy yo”, aclaró Maradona en la entrevista radial concedida a Mariano Closs.

Sin embargo, volvió a elevar a Javier Mascherano por sobre el resto al destacar que es el único que tiene el puesto asegurado y al reiterar que la selección es “Mascherano y diez más”. Subrayó que la dupla conformada por su capitán y Fernando Gago será el corazón del equipo: “Quiero el equilibrio de Mascherano y Gago. A partir de ellos empieza a armarse el equipo, tanto ofensivamente como defensivamente”.

Diego elogió también a Juan Pablo Carrizo, Gabriel Heinze y Javier Zanetti, ya que, junto con el hombre del Liverpool, fueron a su entender los cuatro jugadores “que mejor entendieron el momento de la selección después de lo que había pasado en Chile”, en referencia a la derrota que significó la salida de Alfio Basile de la dirección técnica. El Pupi, que aparecía en los rumores mediáticos como uno de los seguros desterrados de la nueva era, recibió un enorme respaldo de Maradona: “Me sorprendió gratamente, como persona, por su estado físico y por su obediencia. Es un gran profesional y lo quiero en mi equipo”. De todos modos, adelantó que lo pondrá a “competir sanamente por el puesto” con Marcos Angeleri, de Estudiantes de La Plata.

De los que no estuvieron en césped del Hampden Park escocés, destacó a Juan Sebastián Verón por ser el estilo de jugador que quiere, ya que “está muy bien, parece un pibe de 18 años y corre más que cualquiera. Es un jugador completo y está entre los mejores del mundo. Tiene una sed de venganza y unas ganas de estar en la selección que son admirables”. Si bien esbozó que “entre Riquelme y Verón uno debe ser titular y el técnico dentro de la cancha”, tampoco descartó reunirlos en determinadas circunstancias a partir de asumir que los técnicos están “para encontrarle el lugar a esos jugadores que te dan garantías para hacerle daño al rival”.

También aseguró que sigue las actuaciones del volante de Tigre Martín Morel, quien le “gusta mucho y va a tener una chance”, aunque figuró que está “achanchado” al fútbol argentino. Pese a que no fue incluido en la lista de 14 jugadores que Maradona hizo del fútbol local para entrenarse en el predio de Ezeiza, el número 10 de Tigre, que seguiría su carrera en México, de todos modos podría sumarse a las prácticas cuando haya un campeón del torneo Apertura.

Pleno y muy metido en su rol de entrenador de la selección. Así se lo ve a Diego. Por eso confirmó que ya no estará en el Showbol y adelantó que en los primeros días de 2009 viajará a Europa para “ver a los muchachos, hablar con ellos y que hacer que sigan entiendo que lo que vale acá es defender la camiseta”. El golpe de efecto que sin dudas significó el nombramiento de Maradona menguó su fuerza para que comience a prestarse atención a las premisas de un proyecto futbolístico que despierta en muchos una gran ilusión.
(Foto: Informador.com.mx)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 10 de noviembre de 2008

En once meses, River se deglutió a Simeone

Ni siquiera el título local obtenido en su llegada, después de 4 años de sequía, le permitió mantenerse en el cargo. Esa vuelta olímpica dada apenas cinco meses atrás no fue atenuante para el durísimo presente. Así, tras haber quedado eliminado de la modesta Copa Sudamericana ante Chivas de Guadalajara, el segundo rival que le tocó enfrentar (anteriormente había eliminado a Defensores, de Uruguay), y marchando último en el Apertura, Diego Pablo Simeone decidió dejar de ser el entrenador de River. Algo previsible por las actuaciones de los últimos meses.

En su estada en Núñez, pese a no haber llegado a ser de un año, el ex capitán de la selección argentina dirigió en total cuatro certámenes. Cosas propias de la vergonzante organización de la Asociación del Fútbol Argentino y la Confederación Sudamericana de Fútbol. En simultaneo con el Clausura 2008 que finalmente obtendría, disputó la Copa Libertadores, de la cual quedó afuera ante San Lorenzo, en el Monumental, en un partido que será recordado en el tiempo. Los otros dos compromisos fueron los que marcaron su salida: la Copa Sudamericana y el presente Apertura, en el cual River enhebra la peor racha de su historia con 12 encuentros sin victorias, por lo que ocupa el último lugar en la tabla a sólo cinco fechas del final.

Simeone nunca logró que River tuviese su impronta, que ejecutase su ideal de juego. Fue un campeón mediocre en el precedente torneo doméstico; fue campeón porque un equipo debía serlo. El título claramente se apoyó más en un puñado de buenas individualidades que en una cohesión colectiva alcanzada por la mano del entrenador. El Cholo sufrió su paso por River, o al menos lo disfrutó con un grado de tensión extremo. El visible nerviosismo con el que vivió cada partido marcó un fuerte contraste con la serenidad que mostraba en el banco de Estudiantes, cuando sí vio ejecutarse en el campo de juego sus ideas. Es probable que la situación personal por la que atraviesa, hecha pública por revistas y programas de chimentos, haya afectado su trabajo como técnico.

Simeone ha tenido precipitadas salidas en sus tres procesos como entrenador y también choques con referentes. Si bien dejar Racing respondió a una decisión de la extinta Blanquiceleste S.A. y la marginación de Ariel Ortega se sostenía en argumentos de peso, sus idas de River y de Estudiantes (sobre todo ésta), en La Plata con los enfrentamientos con Juan Sebastián Verón y José Luis Calderón, marcan aspectos que debe mejorar en su rol de conductor.

River no se comió a Simeone por su falta de capacidad. Nadie le pondrá al entrenador ese lastre de ser considerado un profesional no apto para los equipos de mayor convocatoria y atención mediática. Lo ve pasar fugazmente en el peor momento institucional de su historia, porque hace rato que los fracasos deportivos del Millonario hay que buscarlos en la Comisión Directiva encabezada por José María Aguilar antes que en planteles o cuerpos técnicos.

Sus conocimientos, el férreo apego al trabajo, la intención de tener siempre un equipo ofensivo y su constante búsqueda de solucionar errores –aunque no siempre del mejor modo-, fueron reconocidos por los riverplatenses. Ni en los peores momentos los principales reclamos de los hinchas recayeron en él. Con el equipo último, los aplausos antes de iniciarse el encuentro ante Huracán, que se repitieron en el final pero con silbidos para los jugadores, marcaron la valoración a la tarea del entrenador y el entendimiento de que fue quien más hizo por revertir la peor situación de River en su historia.

Apenas un puñado de meses atrás, el Cholo era el seguro próximo entrenador del Atlético de Madrid y estaba entre los primeros en las consideraciones para hacerse cargo del seleccionado nacional tras la Copa del Mundo de 2010. Tal vez no haya retrocedido en esa proyección, pero sí deberá pulir algunos de sus manejos y formas de trabajo para ser, definitivamente, ese gran entrenador del que ya ha dado pruebas.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 14 de diciembre de 2006

Campeón desde el alma

Estudiantes de La Plata grita su cuarto título de Primera División. Y la alegría del pueblo pincha es inmensa, no sólo porque hayan pasado 23 años desde la última vuelta olímpica, sino por la manera en que los de ese enorme técnico que es Diego Simeone consiguieron este Apertura 2006. Con una gigantesca convicción que les hizo nunca bajar los brazos a pesar de correr desde atrás, una gran jerarquía futbolística y un amor propio que no cabía en el pecho. Así, el León llegó a lo más alto. Superó un trance difícil luego de un buen arranque, goleó en un clásico que será eterno y no aflojó en un largo sprint final para consagrarse con indiscutido merecimiento.

Relegó en el desempate a Boca, después de haber igualado en la primera posición del torneo con 44 puntos. En el cotejo jugado en la cancha de Vélez, los platenses la pasaron mal en la primera mitad y se fueron en desventaja por el tempranero gol de Martín Palermo. El entretiempo sirvió para que el Cholo ordenara el equipo, le mostrase el camino para dañar a su rival y le hiciera creer a sus jugadores, una vez más, que la última palabra no está dicha hasta el segundo final. Fue entonces precioso tiro libre de Sosa para igualar el marcador y corajeada de Pavone para poner la ventaja que minutos más tarde valdría un campeonato. Con el espíritu que instauró Zubeldía, este modelo estudiantil 2006 concretó una magnífica epoyeya, una gesta histórica de quien siempre corrió sin darse nunca por vencido, una patriada futbolística de esas que quedan en la memoria para siempre.

Estudiantes de La Plata es campeón con total justicia. Un certamen con varios hechos impresentables tuvo en parte de rehenes a Boca y Estudiantes, legítimos aspirantes al título, por eso la final obligada que se dio anunciaba que el campeón sería indiscutido. Y lo ganó Estudiantes para quedar en el bronce. El Pincha de Juan Sebastián Verón, que mudó su clase desde Europa para hacer realidad el sueño que tantas veces habrá soñado de pibe, el de Simeone, padre de la criatura y abanderado del tesón de este equipo, el de Andujar, Angeleri, Ortiz, Alayez, Alvarez, Sosa, Braña, Galván, Calderón, Pavone. Y siguen las firmas. Salud León, salud campeón.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 5 de septiembre de 2006

Ásperos regresos

El amor por la camiseta es un valor supremo en el mundo del fútbol. Sin dudas, quienes más protegen este sentimiento son los hinchas. Entonces, los jugadores que a su buen juego suman el profesar cariño por los colores que defienden logran instantáneamente el enamoramiento de la tribuna. Pero lo que es motivo de idolatría cuando se trata del propio equipo se transforma en feroz insulto cuando ocurre en otro club.

Desde su regreso al fútbol argentino, Juan Sebastián Verón recibió de modo casi brutal el cariño durante tanto tiempo acumulado por la gente de Estudiantes de La Plata. En contrapartida, pese a ser un jugador de indiscutible categoría y una figura que jerarquiza la liga argentina, cada fin de semana la popular opuesta a la de los Pinchas invierte casi más tiempo en insultar a la Brujita que en alentar a su equipo. Con cuentas bancarias de varios ceros, optó por volver al club de su corazón antes que seguir en Europa, donde varios conjuntos le ofrecían ganancias muy superiores que las que percibe en la institución platense. El hincha, pese a saber como nadie de cuestiones de sentimientos, deja esto de lado; salvo, dicho está, que se trate de alguien de su equipo.

Podría buscarse el porqué a los insultos para Verón en lo que implicó su actuación en el Mundial asiático de 2002, donde fue señalado, después de Marcelo Bielsa, como responsable principal de lo que fue la mayor decepción de nuestro fútbol. Pero sin ese mismo peso encima, el mismo trato recibió en su regreso al país Cristian González, aunque en menor grado que el ex Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester United, Chelsea e Inter. Lo propio conoció en su vuelta al pais Diego Simeone, cuando retornó para retirarse en Racing, el club al que alentaba en su edad escolar. En el caso del Cholo, en un muy mal momento del equipo, incluso parte de la propia hinchada académica lo hostigó; algo que con mayor dureza aún conoció Abel Balbo por parte del publico xeneixe cuando retornó al país para vestir la casaca de Boca.

El insulto más común para estos jugadores es "fracasado". Jugaron Mundiales, militaron en los clubes más importantes de las principales ligas y se aseguraron el porvenir económico de cuatro o cinco generaciones. Llegaron a la elite de lo que eligieron, pero el tipo común, que seguro no ocupa un lugar de privilegio en su tarea laboral, le grita "fracasado". Aunque, paradoja de las canchas argentinas, jugadores que tuvieron un mal rendimiento en las ligas europeas, como Martín Palermo o Ariel Ortega, no reciben el maltrato de quienes tuvieron del otro lado del Atlántico una tarea auspiciosa. Parecería un castigo al éxito, algo sobre lo que se han explayado varios hombres que se atrevieron a indagar sobre el ser argentino.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
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martes, 18 de julio de 2006

Nueva sucursal en Europa

El Royal Sport Club Anderlecht de Bélgica parece haberse transformado en la nueva colonia argentina en el fútbol europeo. El primero en desembarcar en el conjunto de Bruselas fue Nicolás Frutos, cuando siendo el goleador del torneo argentino que disputaba con la casaca de Independiente armó las valijas para mudar sus gritos del otro lado del Atlántico. Hizo punta de playa, fue un buen embajador y allanó el camino para las posteriores contrataciones de los mediocampistas Lucas Biglia y Cristian Leiva y del defensor Nicolás Pareja.

El más argentino de los equipos europeos es seguramente el Inter, con Zanetti (capitán, ídolo y con 12 años en el club), Burdisso, Samuel, Cambiasso, Solari y hasta la finalizada temporada Kily González y Verón, este último de regreso en el país para jugar con la camiseta de Estudiantes. Pero el amor del mandamás del club milanés, Massimo Moratti, por los futbolistas sudamericanos no termina ahí, ya que cuenta además con los brasileños Adriano, César, Maicon, Maxwell y Julio Cesar (tercer arquero), el colombiano Iván Córdoba (llegó procedente de San Lorenzo en 2000), el chileno Pizarro y el oriental Recoba, principal mimado de Moratti.

En España, en tanto, la máxima representación argentina está en el Villarreal, muy bien posicionado en la Liga de las Estrellas en los últimos años y sensación de la reciente edición de la Champions League, en la cual llegó hasta las semifinales. En el Submarino Amarillo militan Barbosa, Gonzalo Rodríguez, Arruabarrena, Sorín, Riquelme y Guillermo Franco, quien se nacionalizó mexicano y defendió la casaca de los azteca en el recientemente finalizado Mundial de Alemania. Además, cuenta con otros dos sudamericanos que cobraron notoriedad en el fútbol argentino: el uruguayo Forlán y el DT chileno Manuel Pellegrini.

El Anderlecht es el conjunto más veces campeón del fútbol belga con 28 vueltas olímpicas. También conoció la gloria en Europa, sobre todo en la década del 70, cuando se quedó con la Recopa en 1976 y 1978 y con la Supercopa también en esos años tras vencer en las finales al Liverpool y al Bayern Munich respectivamente. La última conquista europea, y tal vez la más importante, fue en 1983, cuando alzó la Copa UEFA tras imponerse en la serie de encuentros definitorios al Benfica portugués.

Pese a que mantiene su hegemonía en el fútbol doméstico, el Anderlecht busca volver a tener protagonismo internacional, incluso mayor al que conoció y para eso recurrió a la calidad y el valor agregado de los jugadores argentinos. Un nuevo reconocimiento para el fútbol de estas latitudes.
(Foto: Rsca.be)

Patricio Insua
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miércoles, 7 de junio de 2006

El amor brujo

El amor por la camiseta, tantas veces profesado por los futbolistas, suele quedarse en palabras que se lleva el viento. A la hora de las decisiones los jugosos contratos o las vidrieras que prometen futuras cuentas bancarias con varios ceros ganan con holgura en la disputa contra el sentimiento. Cuando esto parece una realidad inapelable entonces aparece Juan Sebastián Verón, subido a su escoba para volar desde Europa hasta La Plata, su lugar en el mundo.

El hijo de Juan Ramón, mítico símbolo de Estudiantes y autor del gol más importante de la historia del Pincha para consagrarse campeón del mundo en la cancha de Manchester United, regresa al club de sus amores, a vestir la casaca rojiblanca y a respirar el que para él es el aire más puro, el del country de City Bell. Supo vestir los colores de los clubes más poderosos, pero los de Estudiantes de La Plata siempre los llevó pintados en la piel y el corazón, ese corazón que hoy lo hace volver.

Desde que se abrieron las fronteras del planeta fútbol se hizo costumbre que las estrellas retornen al país para dar sus últimos pasos en un equipo vinculado a sus sentimientos, pero lo cierto es que -en la mayoría de los casos- esa determinación la tomaron cuando, sin restar homenajes, en las elites mundiales les abrieron la puerta con cortesía para invitarlos a buscar nuevos rumbos. En cambio, Verón vuelve teniendo la oportunidad de seguir en lel primer plano internacional y lo hace no ante la seducción de un grande de la Argentina, sino ante el reclamo de su genética pincha.

En el mismo momento en que el Inter de Milán, un pesado de una de las ligas más poderosas del mundo, le ofreció un contrato de varios millones de euros, Verón decidió volver a Estudiantes. En días en que por Italia se preguntan cómo Pekerman lo dejó fuera de la nómina mundialista, La Brujita pegó la vuelta. Cierto es que no está en la cresta de su carrera, pero le queda mucho por dar adentro de una cancha y es un refuerzo de lujo no sólo para Estudiantes sino para el fútbol argentino todo. Juan Sebastián Verón priorizó lo sentimental, cosa que muchas veces personas con tanto o más dinero que él relegan en pos de seguir llenando el cofre de lo material.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com