Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de julio de 2014

Final de una espera de 24 años

El 3 de julio de 1990 seguirá siendo un día de enorme gloria en la historia del fútbol argentino, pero ya no será un muro infranqueable, ya no determinará un mojón que no se puede superar. Aquella noche, la del Maracanazo de Nápoles, cuando la Selección se metió en la final del Mundial de Italia después de derrotar a los dueños de casa, dejó de ser en Brasil 2014 la última semifinal disputada por el seleccionado nacional. Después de 24 años, Argentina está otra vez entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo, algo que consigue por quinta vez en su historia.

El obligado ejercicio de la memoria manda a detenerse en los jugadores que en distintos momentos a lo largo de casi un cuarto de ciclo fue mucho lo que le dieron a la Selección. No lograron protagonizar una instancia como la que espera a los actuales integrantes del seleccionado en Brasil 2014 pese a lo mucho que hicieron y lo no menos que intentaron. Gabriel Batistuta, Diego Simeone, Roberto Ayala, Javier Zanetti, Juan Pablo Sorín, Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón y Gabriel Heinze. La lista se puede ampliar y también sería justo agregarle al menos un par de entrenadores.

Frente a Holanda, Argentina irá por la quinta final de su historia. La buscará con el genio de Lionel Messi y el aliciente del firme funcionamiento colectivo expuesto ante Bélgica, muy superior al mostrado en la fase de grupos y en los octavos de final.

Las frustraciones pasadas no pesan individualmente, pero la memoria colectiva sí tiene bien presente hechos bisagra del pasado. Los 23 futbolistas que están en Brasil no cargaban cada uno con 24 años de sinsabores, pero el seleccionado argentino que está en el Mundial 2014 sí tenía bien presente el largo período sin llegar a las instancias decisivas de la Copa del Mundo.

Cambió el mundo y cambió el fútbol desde 1990 hasta 2014. Argentina fue semifinalista aquella vez y lo repite ahora. Las cosas cambiaron, pero también son muchas las que siguen iguales. La satisfacción de estar entre los cuatro mejores de un Mundial es hoy la misma que ayer. Satisfacción que nunca conforma, por eso, Argentina, esta, que también es aquella, irá por otro paso más.
(Foto: FIFA.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 5 de julio de 2014

A Sabella lo que es de Sabella

“Cruzamos el Rubicón”, anunció apenas conseguida la clasificación a las semifinales. Cuando Julio César atravesó el pequeño río que establecía el límite romano, dando inicio a la guerra civil, aseguró: “La suerte está echada”. Con otra cita histórica, Alejandro Sabella desatacó lo que significa que Argentina vuelva a estar entre los cuatro mejores de un Mundial después de 24 años, luego de que fuese subcampeón en Italia 90, aquella Copa del Mundo en la que Argentina se vinculó como nunca a la épica deportiva, embanderada detrás de trío compuesto por Diego Maradona, Sergio Goycochea y Claudio Caniggia.

La victoria ante Bélgica fue también un triunfo personal del entrenador, impecable en cada una de sus determinaciones. La disposición táctica inicial, los nombres para conformar el equipo en el comienzo del partido y los cambios posteriores fueron una cadena de aciertos. La influencia de los técnicos es innegable (a veces para bien de un equipo y otras para mal), y la de Sabella fue imprescindible en el cruce argentino del Rubicón mundialista.

Las titularidades de Sergio Romero y Marcos Rojo ya le habían dado la razón por los altos rendimientos de los dos futbolistas más cuestionados en la previa de Brasil 2014. Ante la ausencia del lateral por suma de amonestaciones, frente a Bélgica ingresó José Basanta, otro futbolista cuando no ninguneado también señalado con varios índices acusadores, y su rendimiento estuvo acorde a la exigencia. Pero esa no fue la única variante que hizo Sabella en la defensa. Sacó a Federico Fernández y puso a Martín Demichelis, con todo lo que implica para un entrenador cambiar a un central en un Mundial. El zaguero del Manchester City jugó bien, demostró su temple, y seguramente influyó para que Ezequiel Garay se destaque todavía más.

Pero el mayor movimiento lo hizo en el mediocampo, donde quitó a Fernando Gago y puso a Lucas Biglia para conformar un doble pivote central con Javier Mascherano, colosal una vez más. Ese módulo en el eje implicó una mayor responsabilidad para Ezequiel Lavezzi, que tuvo que hacer bien largo su recorrido por la banda, hasta aparecer en varias ocasiones como marcador lateral. La tarea táctica de Pocho fue de extrema pulcritud y el mérito de Sabella enorme al vislumbrar que podía lograr esa versión de de un jugador de ataque y convencerlo de realizarla.

En la consagración de México 1986, Carlos Bilardo encontró el equipo en los cuartos de final, cuando para enfrentar a Inglaterra dispuso los ingresos en el equipo titular de Julio Olarticoechea y Héctor Enrique. Sabella también armó su mejor conjunto en esa instancia del Mundial, aunque para las semifinales no podrá contar con el ancho de basto, Ángel Di María. El ingreso de Enzo Pérez para ocupar su lugar fue otro acierto de Sabella. Fideo, Lionel Messi y Mascherano componen el tridente de futbolistas irreemplazables en Argentina.

La Selección había dejado dudas en sus presentaciones anteriores, dudas que minimizó sustancialmente. El equipo tuvo momentos de zozobra ante los belgas, pero se mostró firme y compacto- ya no estuvo largo y quebrado entre líneas- consustanciado colectivamente y entregado a una tarea conjunta moviéndose acompasadamente. Como nunca pareció notarse que la prédica del entrenador había calado hondo. La aplicación de Messi en la marca es una muestra contundente.

Argentina está entre los cuatro mejores del Mundial; ante una mayor exigencia elevó su talla. Buena parte del mérito le corresponde a Sabella, el mismo que había equivocado el equipo en el debut y lo reconoció, el mismo que ideó a la perfección el triunfo en cuartos de final.
(Foto: AFP - Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 9 de noviembre de 2010

Cuando el negocio le gana al fútbol

A manos de un grupo de empresarios alimentados por su insaciable codicia, el fútbol chileno dilapidó el mejor proceso de su historia. Con Marcelo Bielsa a la cabeza, la Roja tuvo un enorme crecimiento futbolístico; dejó de lado su rol de reparto y se hizo protagonista. Creció, fundamentalmente, en la consideración del fútbol sudamericano. En la Eliminatoria rumbo al Mundial 2010 quedó en la segunda colocación, detrás de Brasil y delante de selecciones con pesados pergaminos y mucho mayor potencial presente, como Argentina y Uruguay. Más tarde, en Sudáfrica, tuvo una destacable actuación al perder sólo ante el campeón, España, y el mejor de siempre, Brasil.

El rosarino y con él el gran proyecto de crecimiento del fútbol chileno fueron, en buena medida, víctimas de un golpe de mercado. Los intereses de los clubes más poderosos, sociedades anónimas con su lógica comercial, optaron por defender sus intereses al precio de frenar el mejor proceso futbolístico que hayan conocido.

Cuando faltaban apenas un par de semanas para la renovación de autoridades en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), ente rector del fútbol trasandino, el panorama sólo exponía la continuidad de Harold Mayne-Nicholls. Sin embargo, por lo bajo se urdía un plan que emergió repentinamente con la postulación del Jorge Segovia, dueño de Unión Española, apoyado por la gran mayoría de los clubes de Primera División, con capacidad de voto doble.

Conocida públicamente la competencia, Bielsa llamó sorpresivamente a una conferencia de prensa en la cual anunció que bajo ningún concepto trabajaría con Segovia, dado lo que representa. Pese a esto, a lo que implicaba perder al mejor seleccionador posible, los dirigentes de los clubes fueron tras el empresario español.

Mayne-Nicholls llevaba adelante un proyecto que implicaba un desarrollo integral del fútbol, con la selección como principal bien, por delante de los clubes y sus accionistas. Este hombre, periodista de profesión, había determinado un reparto equitativo de los derechos televisivos, por lo cual varios clubes habían demandado a la ANFP.

El entrenador que dejó su huella en Newell`s, Atlas y América, ambos de México, Vélez, Espanyol, de Barcelona, y la selección argentina había destacado públicamente en más de una ocasión a la ex presidenta Michelle Bachelet. Todo lo contrario ocurrió con su sucesor, Sebastián Piñera, de la pinochetista derecha chilena, a quien le ofreció un frío saludo cuando el equipo nacional fue recibido en el Palacio de la Moneda tras su participación mundialista. Ese hecho, amplificado por la prensa hasta el hartazgo, hizo que creciese esa piedra en el zapato para Piñera, hombre muy vinculado a los negocios del fútbol. Porque Bielsa siempre fue un enemigo ideológico para Piñera.

Pese a ser hincha de la Universidad Católica, el presidente de Chile es el principal accionista de Blanco y Negro, la empresa que gerencia al Colo Colo. Aunque había prometido en su campaña electoral que liquidaría sus acciones si era elegido al frente del Ejecutivo del país, aún las conserva. Piñera fue uno de los que estuvo en contra de acortar la brecha entre los clubes más poderosos y los otros a partir de los ingresos de televisación, ya que El Cacique fue uno de los clubes que demandó a la asociación.

Un grupo de empresarios, con la voracidad que los caracteriza, dio la espalda a los hinchas chilenos y al mejor proceso que haya tenido su fútbol jamás. No le importó eso ni cargarse a un técnico de culto, un absoluto lujo para un fútbol tan menor en el contexto mundial. Chile cayó derrotado en su partido más importante.
(Foto: kancha.cl)
Patricio Insua

martes, 6 de julio de 2010

La eliminación es el árbol

Argentina se fue de Sudáfrica 2010 con el dolor de la desilusión y el ardor de una derrota lacerante. El 4 a 0 ante Alemania por los cuartos de final significó una de las peores caídas de la historia del conjunto nacional en la Copa del Mundo y lo volvió a dejar afuera de la mesa chica, una constante de los últimos 20 años. La eliminación, con sus matices, no deja de ser un eslabón más de una larga cadena. El árbol que no debe tapar el bosque.

Consumado el final, arrecieron las críticas al planteo de Diego Maradona y, en muchos casos, las descalificaciones a su capacidad como estratega del equipo. Los técnicos siempre tienen sus razones, aunque los observadores no las comprendamos. Son, indudablemente, junto con los jugadores, los más interesados en ganar y los más dolidos a la hora de la derrota. Ocurre que entrenadores y futbolistas ejercen profesiones que muchos creen trasparentes, simples, sin secretos. Alguna vez, Marcelo Bielsa señaló que el fútbol está lejos de ser algo sencillo y encierra grandes complejidades.

En una nota radial, Alejandro Mancuso, ayudante de campo de Maradona, aseguró que habían visto todos los partidos de Alemania en Mundial para estudiar sus movimientos y contrarrestarlos (señaló que habían trabajo mucho en centros como el que abrió el marcador), que habían repasado el amistoso disputado en marzo y la tarea del equipo ante México. Entonces, tras esa evaluación, decidieron repetir el equipo del partido anterior. Explicó lo que habían pensado para cada instancia del juego y reconoció que el prematuro gol a los dos minutos hizo añicos la planificación previa y que el equipo no pudo volver a acomodarse en la cancha.

Ante Alemania, la Selección padeció mucho en defensa. Durante todo el ciclo no se pudo conformar una línea de fondo que garantizase solidez, algo que se presenta como una condición necesaria para las grandes citas. Aunque, en este Mundial, a diferencia de Alemana 2006, donde llegaron a la final las dos selecciones que mejor se blindaron atrás, ninguna de las Selecciones que quedan en la disputa por el título se destaca por una férrea defensa.

Sin embargo, aunque parezca paradójico ante un 0-4, el punto más débil estuvo en el ataque. Con los mejores delanteros de la Copa del Mundo, Argentina había invertido la premisa que reina en el fútbol y se hizo fuerte de adelante para atrás. Parecía que era imposible que terminase un partido sin convertir un gol y mucho menos sin crear situaciones de peligro. Pero eso fue lo que sucedió ante los germanos: el equipo logró avanzar por momentos en el terreno, pero nunca generó real riesgo de cara al arco rival.

De todos modos, al margen de las falencias en las distintas facetas del juego, fue llamativa la actitud del equipo tras el segundo gol. Pese a que aún quedaban más de 25 minutos por jugarse, el equipo se dio por vencido prematuramente; no tuvo ímpetu ni rebeldía para buscar revertir una situación desfavorable. Se entregó mansamente, en una actitud muy poco habitual en los futbolistas argentinos.

En Brasil 2014 la cuenta se habrá estirado a 24 años sin colocarse en instancias definitorias de la Copa del Mundo, sin lograr superar el corte de los cuartos de final. Se trata, evidentemente, de un problema estructural. El fútbol argentino vive del mito, de la gloria añeja, lo que genera una distorsión de la realidad; comenzó a recorrer el mismo camino que Uruguay transitó cuando ya aparecían lejos en el horizonte las consagraciones olímpicas de 1924 y 1928 y las conquistas mundiales en 1930 y 1950. En buena medida, el gol de Diego a los ingleses opera de Maracanazo.

Argentina es un país productor y vendedor de buenos talentos; un generador de materia prima de gran calidad que no logra un producto final acorde. Integra el póquer de potencias junto con Brasil, Italia y Alemania, pero hace rato está cada vez más lejos de éstos y más cerca de los que asoman detrás. Se impone una revisión conceptual, una introspección profunda en lo que respecta al juego. Y es imperante la necesidad de erradicar a una dirigencia podrida, que se preocupa por organizar tours de lujo para sus miembros, pero terceriza los amistosos para que la Selección se enfrente con países periféricos en el mapa futbolístico y llenar vaya a saberse qué bolsillos; o es incapaz de conseguir un charter para que un plantel cotizado en millones de euros viaje nada menos que a un Mundial. Son muchas las cosas que deben comenzar a cambiar.
(Foto: Telam.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 29 de junio de 2010

A un triunfo de reconciliarse con la historia

El fútbol argentino integra el póker de potencias mundiales junto con Brasil, Italia y Alemania. Sin embargo, hace 20 años que no logra ratificar esa posición en la máxima cita. Así, el sábado, ante los germanos, por los cuartos de final de Sudáfrica 2010, buscará una victoria que le permita volver a sentarse en la mesa chica de la Copa del Mundo.

De todos modos, independientemente de lo que pase ante los tricampeones mundiales (salvo una caída estrepitosa), la Selección conducida por Diego Armando Maradona ha conseguido la mejor participación mundialista de las últimas dos décadas. Accedió a la misma instancia a la se llegó en 1998 y 2006, pero ante México logró cortar una racha funesta: imponerse en un partido de eliminación directa en los 90 minutos, algo que no conseguía desde el triunfo 1 a 0 frente a Brasil en los octavos de final de Italia 90. Como no podía se de otra manera, se logró con el regreso de Maradona a los Mundiales.

Digresión pertinente: El Mundial, aunque es la competencia más importante, no estable verdades absolutas. El mejor del certamen, quien alza la copa, no es necesariamente el mejor del mundo, ni mucho menos cabe la pretensión de situarlo en lo más alto durante cuatro años. Si, por caso, Ghana dejase en el camino a Uruguay y se metiera en semifinales, ¿alguien podría creer que el fútbol ghanés, con su Selección, está entre los cuatro mejores del mundo? Por supuesto que el valor de la Copa del Mundo no puede ser subestimado ni relativizado, porque ahí se condensan todas las miradas, pero tampoco se lo puede establecer como medida única.

Si te toman en cuenta los últimos ochos Mundiales y se traza una divisoria, en la primera mitad Argentina disputó tres finales de cuatro posibles y obtuvo los dos campeonato del mundo que ostenta; pero después de 1990, no logró nunca superar los cuartos de final. Esto implicó, inevitablemente, que el conjunto albiceleste caiga en la consideración del Planeta Fútbol.

El sábado se encontrará ante un rival que mostró muy interesantes virtudes, pero que no tiene la solidez que ha caracterizado a los siete veces finalistas de la Copa del Mundo. De mitad de cancha hacia adelante es un equipo temible, que aprovecha al máximo los mínimos espacios. Tiene en Thomas Müller, Bastian Schweinsteiger y Mesut Özil tres mediocampista verticales, inteligentes, veloces y de botín fino, y delante de ellos dos delanteros de distinto matiz: el artesanal Lukas Podolski y el voraz Miroslav Klose. Sin embargo, en defensa, los centrales Arne Friedrich y Per Mertesacker no ofrecen seguridad y el arquero Manuel Neuer está lejos de ser una garantía.

Cortar el dinamismo del mediocampo teutón se presenta como el máximo desafío para Maradona. El técnico argentino también deberá analizar si los rendimientos hasta aquí de Ángel Di María y Martín Demichelis ameritan que permanezcan como titulares. En el caso del zaguero, el dilema seguramente gira entorno al hecho de que lleve más de cinco temporadas en el Bayern Munich, el club más poderoso de la Bundesliga. El hombre surgido de River conoce como nadie a los delanteros alemanes, por enfrentarlos o compartir equipo (es compañero de Klose); pero esto es también un arma de doble filo: al mismo tiempo, los atacantes de Joachim Löw lo conocen y sabrán por dónde buscarlo.

La juventud de Argentina y Alemenia permiten proyectar que ambos equipos tendrán aún una mejor versión en Brasil 2014. Pero hoy no es tiempo de pensar en un futuro tan lejano. El sábado habrá un choque de potencias que desestima favoritismo. La Selección buscará un triunfo que lo reconcilie con su rica historia.
(Foto: futbolargentino.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 22 de junio de 2010

Comienza el camino definitorio

Tres días antes de que Argentina se enfrente a México por los octavos de final en el Soccer City, de Johannesburgo, se cumplirán 20 años del último partido de eliminación directa que la Selección ganó en los 90 minutos. Fue aquella tarde de Turín en la que Diego Maradona apiló a medio Brasil antes de habilitar a Claudio Caniggia, que con una gambeta larga eliminó a Taffarel y puso el 1 a o que depositó al equipo de Bilardo en los cuartos de final.

Otra vez bajo la conducción de Maradona, no ya como líder futbolístico dentro del cancha sino como estratega desde la dirección técnica, el conjunto nacional se mediará ante el elenco azteca en una reedición de los octavos de final de Alemania 2006, cuando Argentina avanzó con un golazo de Maxi Rodríguez en tiempo suplementario.

La Selección ratificó su primer lugar en el Grupo B al derrotar en su último compromiso a Grecia 2 a 0. Fue una actuación más sin todo lo bueno que se vio ante Nigeria y ante Corea del Sur, pero con el atenuante de haber preservado a varios titulares y de tener la tranquilidad de saber que incluso una derrota le permitía ganar el grupo.

Al igual que ante los coreanos, Maradona otra vez mostró su ojo clínico y realizó las varias necesarias en los momentos precisos para destrabar un partido en el cual Grecia había propuesto un muro de contención. Primero mandó a la cancha al siempre vertical Ángel Di María y luego agregó al circuito de juego a Javier Pastore, quien pese a sus 20 años ingresó con una soltura absoluta y tocó cada pelota con clase. Por juventud y rendimiento, Otamendi y Pastore fueron lo más auspicioso del equipo de Maradona ante el conjunto helénico.

Pero aún quedaba un cambio más y a 10 minutos del final, ingresó Martín Palermo por Diego Milito. Como no podía ser de otra manera, el eterno goleador se dio el enorme gusto, a los 36 años, de conseguir el grito mundialista en su debut en la máxima cita del deporte.

A partir de lo hechos ante Sudáfrica, Francia y Uruguay, México no debería representar un obstáculo sumamente dificultoso de superar para Argentina. Pero sabido es que en el fútbol nadie gana antes de jugar y las sorpresas siempre están preparadas. “A partir de octavos, si cometés un error te tomás el avión a casa”, advirtió Diego.

Argentina apoya su ilusión en pilares firmes y no en cimientos de arena. Ahí está Lionel Messi, indudablemente el mejor jugador del mundo y del campeonato, y un equipo que cada vez se afianza más en su identidad colectiva y en la seguridad que dan los triunfos. Tiene los argumentos suficientes y así la ilusión -de todos- es legítima y lógica. Si no es ahora, ¿cuándo?
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gamil.com

martes, 15 de junio de 2010

En el buen camino: el de la ilusión sustentada

El debut de la Selección argentina en Sudáfrica 2010 dejó muchos más gestos de satisfacción que de preocupación. En la victoria 1 a 0 ante Nigeria, con gol de Gabriel Heinze, tras una buena jugada preparada, el conjunto de Diego Armando Maradona mostró su temible poder de ataque y si no goleó fue por la inspiradísima tarde que tuvo Vincent Enyeama, el arquero de las Águilas. Por si hacía falta, Lionel Messi demostró que es el mayor talento del Planeta Fútbol, el hombre más desequilibrante. Cada vez que el rosarino tomó contacto con la pelota mostró esa descarga eléctrica que no hay disyuntor rival que pueda detener. Competitivo al máximo, La Pulga anticipó que pretende que este Mundial sea el lanzamiento definitivo para instalarse entre los mejores de todos los tiempos.

Maradona eligió un esquema 3-4-3, el que mejor se ajustaba para sacar máximo provecho del tremendo poder de fuego que ofrece el tridente Tévez-Higuaín-Messi. Pero hubo una flaqueza marcada, un hueco evidente: el sector derecho de la defensa. Jonás Gutiérrez quedó casi siempre a mitad de camino, ya que no fue ni marcador lateral ni un mediocampista lanzado. De todas maneras, asumir el riesgo valía la pena; aunque Diego seguramente haya tomado nota de que ese es un aspecto a mejorar pronto.

Si se lo compara con el estreno de resto de los campeones del mundo, lo de Argentina fue claramente superior a lo mostrado por Uruguay, Francia, Inglaterra y Brasil. También fue mejor a lo expuesto por el monarca reinante, Italia; pero en el caso de la Azzurra vale destacar el peso de la oposición: el durísimo Paraguay de Gerardo Martino. El debut de Alemania fue superior al de argentina porque logró poner en marcador final la diferencia que hubo en el juego; pero acá también se impone remarcar que el rival fue la modesta Australia.

La próxima escala para la Selección será Corea del Sur, que impondrá una oposición más dificultosa que la de Nigeria. Si bien la intención de Maradona es repetir el equipo, la contractura que sufre Juan Sebastián Verón en el gemelo de su pierna derecha podría marginarlo. Era previsible que por su edad (35), el desgaste que implicó una dura temporada y el lugar en la cancha que ocupa -expuesto a un gran desgaste y, por ende, a las tarjetas- el capitán de Estudiantes perdiera su lugar, aunque no se esperaba que ocurriera tan pronto. La lesión de La Bruja no es grave y si se tratase de una instancia de eliminación directa ya estaría confirmado como titular. Pero el margen por haber ganado el primer partido permite preservarlo del riesgo de un desgarro, que sería su despedida del Mundial.

Si Verón no llega su lugar será ocupado por Maxi Rodríguez. Gran conocedor del sector derecho de la mediacancha, el ingreso del hombre del Liverpool, de Inglaterra, implicaría un cambio de esquema: un 4-3-3, con Jonás decididamente como lateral.

Maradona sabe perfectamente cómo se encara una Copa del Mundo y la importancia de administrar de la mejor manera los recursos de los que se dispone. Es en esa planificación que pude radicar la diferencia entre seguir o quedar en el camino. Maradona sabe, cuenta con las herramientas y tiene la llave maestra en manos del portador de su casaca, la N° 10.
(Foto: Telam.com)

Patricio Insua
patisua@gmail.com

lunes, 7 de diciembre de 2009

Nigeria, Corea del Sur y Grecia, los rivales mundialistas

Argentina puede, sin confiarse, claro está, permitirse una sonrisa. El sorteo parcial realizado en Ciudad del Cabo determinó que la Selección, como cabeza de serie del Grupo B del Mundial de Sudáfrica, se enfrente con Nigeria, Corea del Sur y Grecia. Es evidente que el grupo no tiene las dificultades que hubiese implicado vérselas, por ejemplo, ante Costa de Marfil, México y Francia y por eso fue bien recibido.

Sin embargo, la inconsistencia como equipo del conjunto albiceleste es la que eleva la dificultad de un sorteo favorable. Si Argentina logra en el semestre precedente al Mundial establecer una fisonomía colectiva que le permita sacar provecho de las individualidades -Lionel Messi a la cabeza- habrá dado un paso importante para sustentar sus aspiraciones. Pero el funcionamiento grupal lleva una prolongada ausencia de tres años. Los amistosos previos al Mundial y la concentración y las prácticas en Pretoria serán la última posibilidad de acondicionar ese esqueleto sobre el cual se sujeta todo lo demás.

Argentina hará su debut en la XIX Copa del Mundo el segundo día de competencia. En el Ellis Park de Johannesburgo, estadio principal del certamen, el rival será Nigeria. Los africanos se presentan como el rival más fuerte, pero la falta de recambio hace que no se emparenten con aquel buen equipo de una década atrás. Luego de cuatro días de descanso y en el mismo escenario, el adversario será Corea del Sur, un conjunto eléctrico que seguramente propondrá un ritmo de una vertiginosidad extrema. El último rival en la fase clasificatoria será Grecia, en el estadio Peter Mokaba, de Polokwane; un elenco de piernas cansadas que lejos está de aquel que, utilitario, opaco y duro, alzó la Eurocopa en 2004.

Los antecedentes mundialistas dan cuenta de que los nigerianos fueron rivales en el Mundial de Estados Unidos (último partido de Diego Maradona como jugador de la Selección) y en el debut en 2002; en ambos casos con victorias argentinas, 2 a 1 y 1 a 0. Ante los coreanos, Argentina dio el primer paso en el camino que terminaría con el título en el Mundial de México al derrotarlos 3 a 1. En tanto, los griegos fueron adversarios en el estreno en 1994, que fue goleada 4 a 1 con tres tantos de Gabriel Batistuta y el último festejo de Maradona ataviado con la casaca celeste y blanca.

Si los resultados son favorables, Nigeria, Corea del Sur y Grecia serán sólo los primeros tres rivales. Entonces la exigencia será mayor cuando en la instancia posterior el rival sea Francia, México o Uruguay. De avanzar a esa instancia, Argentina buscará cortar con una racha adversa muy pronunciada: en Sudáfrica, el 24 de junio de 2010 se cumplirán 20 años sin que la Selección gane en una instancia de eliminación directa de la máxima competencia en los 90 minutos. La última vez fue en el Mundial de Italia, cuando, en Turín, se impuso 1 a 0 a Brasil, con gol de Claudio Caniggia, por los octavos de final.

El Mundial es una carrera corta, de explosión. Son siete partidos en un mes. Contrariamente a lo que reza el viejo axioma futbolero, para ser campeón del mundo no hay que ganarles a todos, sino a los siete equipos que se tengan por delante. Con el formato de la competición, puede darse que tres y hasta cuatro de ellos sean rivales que no impliquen mayores peligros. Si Maradona logra que el equipo funcione como tal y pueda ejecutar un plan preconcebido, entonces Argentina podrá volver a levantar la ansiada copa.
(Foto: Rionegro.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 16 de noviembre de 2009

Argentina cayó y mostró poco ante España

Vigente campeón de Europa y por muchos considerado como uno de los mejores seleccionados del mundo, España recibió a Argentina y la derrotó merecidamente 2 a 1. En el estadio Vicente Calderón, fortaleza del Atlético de Madrid a orillas del río Manzanares, el conjunto ibérico manejó casi a su antojo el trámite del encuentro y sólo se vio incomodado en el complemento, cuando el seleccionado mostró una actitud más activa.

Sin ser un equipo de verticalidad permanente, los dirigidos por Vicente Del Bosque manejaron precisamente muy bien el cambio de ritmo. Un juego laxo y parsimonioso que por momentos hasta exasperaba en pases laterales mutaba de pronto en ataques punzantes que posicionaban a varios jugadores en ataque. Mantención conservadora y prolija de la pelota y repentinos avances profundos fueron la estrategia española que el conjunto nacional nunca pudo contrarrestar por falta de presión sobre el adversario.

En este sentido, Argentina aceptó un rol que no se compadece con su historia y sus posibilidades actuales. Desde el pitazo inicial rubricó el favoritismo de España y se replegó marcadamente. No se trató de un equipo que procuraba hacerse fuerte en la marca para disparar veloces contraataques, sino que meramente se abroqueló en su campo y se aproximó al arco rival de manera difusa e individual. El cambio de actitud del primero al segundo tiempo fue el aspecto más valorable del conjunto de Diego Maradona.

España es un buen equipo, pero, al menos contra Argentina, lejos estuvo de presentarse como un conjunto temible; habrá que ver si puede sostener la chapa con la que llegará a Sudáfrica. El contrapunto es la Selección, que no juega bien y entonces todo tiene por mejorar. Aunque cada vez queda menos tiempo, en tanto tenga una idea clara y orden, en una competencia de un mes y siete partidos como lo es el Mundial todo puede pasar.

Al igual que en anteriores presentaciones, Argentina tuvo errores colectivos de funcionamiento y marcadas fallas individuales. En este último aspecto, al igual que había ocurrido contra Brasil, en Rosario, resultan alarmantes las desatenciones como la que derivó en el primer gol de Xabi Alonso: el vasco del Real Madrid estaba solo en la medialuna del área cuando remató Silva y llegó libre al rebote que dejó Sergio Romero, ante los desentendidos defensores albicelestes.

Pese a que Argentina no se mostró como un colectivo aceitado en el encuentro con el cual la Real Federación Española de Fútbol celebró su centenario, se produjo un cambio favorable en la preparación. Uno de los aspectos más criticables del proceso de Maradona ha sido las pocas horas diarias de trabajo con los jugadores. Previamente a los últimos partidos por eliminatorias, ante Perú y Uruguay, consultado por un periodista extranjero sobre esta cuestión, Diego arguyó que por el cansancio acumulado y los viajes transatlánticos de los futbolistas lo indicado no era someterlos a prolongadas jornadas de entrenamiento. Coherente con esta idea, en España, sin largos vuelos previos, sí hubo prácticas en doble turno, uno matutino y otro vespertino. Sin hacer que las prácticas sean muy intensas desde lo físico, sería bueno que se continúe con ese plan de trabajo pese a los viajes.

Argentina perdió ante España en el único partido preparatorio que disputo en la manga que la FIFA habilitó para dos. Porque la AFA interpretó que el equipo no necesitaba un par de ensayos. La como siempre bien nutrida paralela delegación dirigencial paseó enfundada en la indumentaria oficial por la capital ibérica, pero no fue capaz de organizar dos partidos, como lo hicieron casi todos los seleccionados en esta doble fecha internacional. El contrato con la empresa rusa Renova que la AFA abruptamente dio de baja era pernicioso para el conjunto nacional; como también lo es la ineptitud de un grupo de hombres que pareciera se dedica a disfrutar de un turismo de elite gratuito en lugar de abocarse a conseguir un rival más en la preparación mundialista.
(Foto: As.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 14 de septiembre de 2009

El deterioro propio de un proceso de involución

Ningún gran equipo se constituye como tal dentro de la cancha. El germen estará siempre en la idea del entrenador y el trabajo y los recursos que emplee para lograr que en el campo de juego se plasme esa concepción. Planificación, corrección, voz de mando, poder de convencimiento, sagacidad en la elección de los futbolistas, comunión colectiva con un proceso y aprovechamiento integral del poco tiempo que se tiene a los jugadores son los principales lineamientos que debe seguir un técnico nacional.

El declive de la Selección comenzó hace exactamente 5 años, el 14 de septiembre de 2004, cuando Marcelo Bielsa renunció a la dirección técnica. José Pekerman, de muy endeble liderazgo grupal, ocupó su lugar en un ciclo que significó un retroceso respecto del anterior. Llegó al Mundial de 2006 gracias a haber tomado el equipo virtualmente clasificado y para viajar a Alemania elaboró una lista que no contaba con marcadores laterales pese a que su esquema táctico era con línea de cuatro hombres en el fondo y tenía sobrepoblación de delanteros en detrimento de los mediocampistas. El segundo ciclo de Alfio Basile, tras aquel muy valorable de la primera mitad de la década del 90, implicó continuar el descenso: otra vez quien llegaba era menos que su antecesor. Desprecio por el trabajo táctico, improvisación, falta de planificación y refugio en las cábalas fueron las pautas de un proceso que solamente dejó problemas.

Es justo señalar que el listón era demasiado alto, y los entrenadores que siguieron a Bielsa estaban absolutamente en otra escala. Es muy difícil superar a un hombre de tal sabiduría, con una contracción al trabajo ejemplar y una excepcional capacidad para transmitir conceptos a los jugadores de modo tal que éstos asuman un genuino compromiso y una identificación absoluta con el proyecto.

En los análisis miopes que buscan con lineal sencillismo derribar cuestiones conceptuales desde un argumento que se pretende demoledor se le espetará a Bielsa el fracaso y la desilusión que significó la Copa del Mundo disputada en Corea y Japón. Tan cierto es que el Mundial es el momento cumbre, como que se trata de una competencia corta de siete partidos en que la suerte y las relaciones públicas pueden posibilitar al menos cuatro rivales menores. Argentina no llegó a tierras asiáticas como principal candidato al título de modo antojadizo, sino por lo que demostró en los años previos, cuando fue considerado universalmente como el mejor equipo del mundo, en un reconocimiento que no tiene trofeo.

La corrosión del seleccionado mayor tuvo su correlato en los equipos juveniles. Las salidas de Pekerman y Hugo Tocalli, líder y lugarteniente, respectivamente, del proceso más exitoso en la historia de fútbol argentino de menores significaron también un evidente retroceso. La enorme valía de aquel ciclo estuvo dada no sólo por las copas alzadas, sino por un fantástico trabajo de formación de jugadores que más tarde constituyeron un aporte esencial y masivo a la mayor.

Diego Maradona recibió un Seleccionado en problemas, con una flojísima cosecha de puntos en los partidos más accesibles de las Eliminatorias. Las derrotas en la altura de La Paz y Quito, y las recientes caídas ante Brasil y Paraguay, en Asunción, no fueron impensadas. Eran partidos perdibles. Pero el cómo sí fue preocupante, tanto en el histórico resultado ante Bolivia, como en la chatura ante los pentacampeones mundiales (a excepción de los primeros 20 minutos) y la alarmante apatía frente el conjunto paraguayo.

Una cuestión que no puede soslayarse es que Argentina no tiene la gran cantidad de buenos jugadores que se ha instalado ostenta. Estas carencias se ven sobre todo en los costados y la punta de ataque: no hay jugadores por los laterales, en defensa y en el medio campo, que marquen diferencias, ni un golpeador de estirpe para ser el compañero de Lionel Messi, el más desequilibrante talento.

La falta de carácter y rebeldía de muchos jugadores no es responsabilidad de Maradona. Sí lo son la ausencia de sostén táctico, la insistencia con fórmulas de ataque que no han dado resultados, la innecesaria rotación de arqueros y el inadmisible hecho de que el equipo se haya entrenado apenas tres horas en los tres días que separaron los choques ante el Scratch y el elenco guaraní.

Al parecer, Diego prepara un volantazo con una depuración del plantel que se impone. Por haberlo jugado mejor que nadie, su conocimiento del fútbol no puede ser puesto en discusión. Trabajar integralmente con mayor dedicación en una idea de juego determinada y lograr un manifiesto compromiso de los jugadores que elija garantizarán solucionar lo urgente, la clasificación al Mundial. Lo importante, que es que la Selección recupere la estirpe que perdió hace cinco años será una empresa harto compleja.
(Foto: Futbolred.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 7 de septiembre de 2009

Argentina, perdida en su propio laberinto

Las luces de alarma continúan encendidas en el Seleccionado y no aparecen las soluciones para desactivar el peligro. Lo bueno que el equipo había mostrado en la derrota ante Ecuador se esfumó, y frente Brasil reaparecieron la desarticulación grupal y el fracaso individual. Así, la clasificación de Argentina al Mundial de Sudáfrica aparece comprometida. Porque se insiste con fórmulas que no han dado buenos resultados, persisten falencias que no logran ser resueltas y pesa negativamente la urgencia por la reivindicación.

Argentina es un equipo de esqueleto flaco al carecer de una estructura colectiva, punto de partida de cualquier gran equipo. Contar con quien está cómodamente ubicado en el podio de los mejores jugadores del mundo y perderlo en la reiteración de vanos intentos individuales es la consecuencia. Maradona deberá asumir definitivamente que los roles son más importantes que los nombres. Lionel Messi, Carlos Tévez y Sergio Agüero cumplen prácticamente la misma función; sólo hay lugar para uno de ellos entre los que inician un partido y es evidente para quién debe ser. Se impone, además, jugar con un centrodelantero goleador; no se puede prescindir de un hombre con instinto de área y que viva del gol.

El fútbol actual en su máximo nivel internacional exige una aptitud física de elite en cada uno de los integrantes del plantel de un seleccionado. Así como es necesario disponer de jugadores veloces en un equipo, buscar otros que tengan una contextura que imponga presencia por su altura es también un requerimiento.

El desborde y el centro constituyen un recurso de manual, básico y siempre vigente. Se trata de una variante que toma todavía más importancia cuando el marcador es adverso. Sin un clásico número nueve ni jugadores de importante talla, un centro -ya sea con pelota parada o por elaboración de jugada- es hoy una amable invitación del conjunto nacional a los defensores rivales para que alejen el peligro de su arco sin mayores contratiempos.

Hay cuestiones que atañen únicamente a los jugadores y eximen al entrenador. Que el gol de Luisao -el primero del partido y el que quiebra su trámite- sea una inadmisible desatención de Sebastián Domínguez o Gabriel Heinze, el que fuese responsable de tomarlo (ambos se fueron detrás de Lucio y dejaron absolutamente libre al otro zaguero), remite exclusimente al orden de los futbolistas. Siete minutos más tarde, el segundo tanto brasileño llegó tras dos rebotes que fueron perseguidos por los de amarillo y observados pasivamente por los de celeste y blanco en una falta de reacción y carácter que tampoco puede ser adjudicada al técnico. La rebeldía y la lucha por revertir encuentro desfavorable deben nacer de quienes ingresan al campo de juego.

Argentina había tenido un buen arranque, con un manejo de pelota de mucho dinamismo y seguridad. Antes de cumplirse el primer minuto elaboró una jugada que tuvo un furtivo ataque a fondo. Ese arranque prometedor tuvo otro fogonazo cuando Messi sacó un fuerte disparo en la boca del área que se fue desviado, pero lo hecho en el primer cuarto de hora no encontraría correspondencia en el resto del encuentro.

No se puede dejar de señalar el tamaño dell oponente. Enfrente había un rival superior en todos los aspectos: juego, físico, actitud, aptitud, carácter, orden e inteligencia. La victoria del sólido, prolijo y lúcido conjunto dirigido por Dunga fue inobjetable. La cara de impotencia y preocupación de Maradona una síntesis del desconcierto argentino.

La Selección volvió a perder como local por Eliminatorias tras exactamente 16 años: el 5 de septiembre de 1993 había sido goleado por Colombia 5 a 0, en el Monumental, y obligado a penar en el repechaje ante Australia para estar en el Mundial de Estados Unidos. Esta caída ante Brasil no tiene ese costo. Restan aún tres partidos y las derrotas de Uruguay y Ecuador antes de que comenzase el partido en el Gigante de Arroyito le aseguraban al conjunto nacional mantener la cuarta colocación (última plaza de clasificación directa) independientemente de una derrota.

De los tres partidos que le quedan a Argentina dos son de pronóstico absolutamente reservado. Con la cara aún roja por el cachetazo brasileño habrá que ir a Asunción para enfrentar al siempre complicado Paraguay, escolta del Scratch junto a Chile, y en la última fecha la excursión será a Montevideo para disputar el clásico ante Uruguay, quien también pude llegar a esa instancia con la imperiosa necesidad de una victoria. Entre amabas presentaciones de visitante, llegará Perú, último en la tabla de posiciones.

Argentina navega en la intrascendencia futbolística y para hacer desaparecer esa hibridez será necesario que Maradona revea el plan de juego y la conformación del equipo, en tanto que los jugadores deben asumir cabalmente lo que significa jugar con la camiseta celeste y blanca.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de junio de 2009

Un resultado que complica en una actuación rescatable

Diego Maradona tomó nota de los errores que la Selección había cometido en la gris victoria ante Colombia y, sobre todo, en la histórica derrota frente a Bolivia. Sin embargo, pese al buen rendimiento del equipo, Argentina sufrió una nueva derrota que lo deja en una posición muy incómoda en la búsqueda de asegurarse su participación en Sudáfrica 2010.

El técnico argentino hizo una correcta planificación táctica, lo que significó un marcado dominio del partido en el primer tiempo y la creación de las situaciones necesarias para abrir el marcador. Una de Lionel Messi delante de los tres palos con el arquero vencido, un penal desperdiciado por Carlos Tévez y una situación de frente y muy cerca del arco de Fernando Gago fueron las tres clarísimas situaciones a disposición antes del golazo de Walter Ayoví, cuando ya el elenco ecuatoriano avanzaba ante la merma física del conjunto nacional. La generación de peligro sin concreción ratifica que la Selección no pude seguir jugando sin un centrodelantero neto, sin alguien que conozca y sienta esa posición.

Así como se le ganó a Colombia sin merecerlo, se cayó ante Ecuador también de espaldas a lo que hubiese sido lo más ajustado de acuerdo al desarrollo del partido. Pero por los resultados en cada una de esas dos fechas, la derrota en Quito enciende luces de alarma, ya que deja a la Selección en la cuarta colocación, la que otorga el último pasaje directo al Mundial, a solamente dos puntos del quinto (precisamente Ecuador), que es quien jugará el repechaje ante un equipo de la CONCACAF (muy posiblemente sea México). En los cuatro partidos que restan, tres de los rivales serán Brasil, Paraguay, en Asunción, y Uruguay, en Montevideo.

Desde la idea de Marcelo Bielsa el seleccionado argentino perdió peso a la hora de ir a jugar fronteras afuera. El rosarino dirigió a Argentina de visitante por Eliminatorias en 13 partidos, de las cuales ganó 7, empató 4 y sólo perdió 2, ambos ante Brasil. Es decir, obtuvo 25 de los 39 puntos en juego, el 64,1 por ciento. Tras su renuncia, Néstor Pekerman, Alfio Basile y Maradona dirigieron en la misma condición 12 encuentros, de los cuales se ganaron apenas 2, se empataron 3 y se perdieron 7, lo que establece una muy flaca eficacia del 25 por ciento (9 puntos de 36 posibles). Desde 2004 hasta hoy, por Eliminatorias de visitante, la Selección perdió ante Ecuador (dos veces), Paraguay, Uruguay, Colombia, Chile y Bolivia.

Hace 8 años el seleccionado argentino bajo la tutela de Bielsa en esta misma instancia de las Eliminatorias (el fixture es el mismo por tercera vez consecutiva) ya estaba clasificado para el Mundial. La victoria en Quito le había dado el pasaje a Corea y Japón a falta de cuatro partidos. De vuelta al ruedo tras 4 años sin dirigir, Bielsa tiene a Chile segundo en la tabla, únicamente detrás de Brasil y prácticamente clasificado al Mundial. Mientras, Argentina saca cuentas y terminó la nueva fecha de Eliminatorias aliviado por el empate entre Venezuela y Uruguay.
(Foto: Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 2 de abril de 2009

De la mano de Bielsa, Chile sonríe y reserva los pasajes para Sudáfrica

Acaso lo más difícil, en cualquier ámbito, sea cambiar estructuras de pensamiento. Cuando esa tarea apunta a un grupo, cuando de lo que se trata es de llevar un nuevo mensaje a un colectivo, el tiempo requerido suele ser mayor. A esa labor se arrojó Marcelo Bielsa cuando le ofrecieron -y aceptó- ser el entrenador del seleccionado chileno de fútbol, a partir de que su premisa era lograr un cambio de identidad respecto de lo que ha sido la historia del combinado trasandino. Lo logró prontamente a partir de un mensaje directo y un tremendo apego al trabajo. Consiguió entonces que el equipo busque ser protagonista en cualquier campo de juego, fortaleciéndose en lo grupal para suplir las carencias de talentos individuales. Iván Zamorano, en el podio de los mejores futbolistas chilenos de la historia, aseguró que "(Bielsa) le ha imprimido algo muy valioso al equipo, que es la credibilidad. Han ido a jugar a muchas partes del mundo y en todas partes es la misma idea: hay que ganar".

Chile supo antes de iniciar las Eliminatorias clasificatorias a Sudáfrica 2010 que sus competidores no serían Argentina, Brasil ni Paraguay, sino los restantes seis seleccionados nacionales. Ante esos rivales directos la Roja obtuvo 17 de los 24 puntos en disputa, varios de los cuales los consiguió de visitante: empató con Uruguay en Montevideo (2-2) y Santiago (0-0), le ganó a Perú en la primera (2-0) y en la segunda rueda (3-1) y también se impuso a Bolivia (2-0), en la Paz; Venezuela (3-2), en Puerto La Cruz, y Colombia (4-0), en el Estadio Nacional. Para llegar a los 20 puntos que acumula se dio el gusto de conseguir la victoria más deseada al vencer a Argentina (1-0) por primera vez en un partido oficial, lo que produjo el alejamiento Alfio Basile. Frente a sus competidores sólo perdió ante Ecuador, en Quito.

Con mucho menos material que Argentina y Brasil, Chile está tercero en la clasificación, un punto por debajo del Scracht y uno por encima de la albiceleste, con lo cual la posibilidad de que vuelva ser mundialista (su última presencia remite a Francia 1998), desde el proceso liderado por Bielsa, es muy concreta.

A partir de las diferencias políticas históricas que suelen existir entre países limítrofes y el correlato del recelo entre sus pueblos, la determinación de que un argentino se hiciese cargo de la dirección técnica de la Selección no fue bien recibida por el público chileno. Además, se sumaba la muy importante cifra estipulada en el contrato para Bielsa y su cuerpo técnico. Pero el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, Harold Mayne-Nicholls, no cedió ante esos señalamientos y avanzó en la concreción del proyecto que entendía era el mejor para el conjunto nacional. El tiempo le dio la razón. Ahora, el titular de la casa matriz del fútbol chileno procura renovar el contrato del entrenador más allá de su expiración, en 2011, y aseguró que el costo que representa su salario y el de sus colaboradores es “una oferta de liquidación", em relación a su producción. En contrapunto con aquella oposición inicial, estas aseveraciones son hoy compartidas por todo el público futbolero trasandino.

En sus años de seleccionador argentino, Bielsa logró exponer su ideal de fútbol. Con verticalidad, vértigo, presión, disposición a imponer condiciones siempre y versatilidad táctica aquel conjunto albiceleste ganó un marcado reconocimiento a nivel mundial. Siempre buscó maximizar la jerarquía individual a partir de una sólida estructura táctica. En el actual proceso en Chile el aspecto grupal le sirve para proteger a sus talentos y protegerse de su carencias.

En un amplio sector del público futbolero y de los medios de comunicación de Argentina, Marcelo Bielsa cargará siempre con la decepción que implicó la actuación del Mundial de 2002. Ante cualquier defensa al trabajo del rosarino, sus detractores, sin mayor análisis, expondrán como principal y acaso único elemento descalificador a su tarea la mala actuación en la Copa del Mundo de Corea y Japón. Pese a aquella frustración, ha dado comprobadas muestras de sus capacidades como entrenador y por eso Chile, pese a sus limitaciones, se encamina al Mundial del año próximo. Sería muy bueno que el fútbol argentino pudiera recuperar en el futuro a un profesiona de su categoría.
(Foto: Reporterodigital.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de agosto de 2008

Vale oro

El seleccionado argentino logró en los Juegos Olímpicos de Beijing lo que había ido a buscar: volver a subirse a lo más alto del podio, como lo había hecho, por primera vez, cuatro años antes en Atenas. Y lo consiguió con los argumentos necesarios para hablar de una consagración incuestionable. Incluso se dio el gusto de superar en las semifinales con gran claridad 3 a 0 a Brasil, triunfo que para muchos le da todavía más brillo al oro logrado. Sucede que están quienes consideran al conjunto verdeamarelo no sólo como el clásico antagonista, sino como medida, como referencia obligada, algo que se ha incrementado como nunca antes en los últimos años. Cierto es que el rango de los rivales eleva la cotización de la victoria, pero vale recordar que en los dos máximos logros de su historia, la obtención de los Mundiales de 1978 y 1986, el representativo albiceleste no se cruzó con el Scratch y nadie les resta valor por eso.

Como había ocurrido en la cuna de la cultura helénica, en el partido definitorio, esta vez en el imponente Nido de pájaro, Argentina mostró su versión más deslucida del torneo. Nigeria fue un rival inferior a Holanda y Brasil, contendientes en cuartos y semis; e incluso tal vez menos que Costa de Marfil, el otro rival africano que enfrentó el equipo dirigido por Sergio Batista. Pero se dio eso que suele ocurrir en muchas finales, cuando los nervios, el valor de lo que está en juego y demás ingredientes hacen que los equipos se aten y no desplieguen el nivel que les posibilitó acceder al choque definitorio.

La nueva consagración olímpica es un logro en sí mismo, un título importante para la historia del fútbol argentino, independientemente de la desvalorización que se pretendió asignarle desde ciertos medios. (Aclaración al respecto: para ciertas señales televisivas muchas veces la importancia de una competencia parecería radicar en si poseen o no los derechos de emitirla. Entonces, los periodistas que ponen la cara no ejercen como tales, sino como voceros de los intereses de sus patrones y así inflan torneos menores o minimizan otros prestigiosos por el mero hecho de trasmitirlos o no). Pero además, desde el juego, el desempeño en la capital del gigante asiático es auspicioso de cara al próximo Mundial.

Alfio Basile desestimó ser el entrenador del equipo en los JJ.OO y desperdició la oportunidad de trabajar con varios de los jugadores que de seguro llevará a Sudáfrica o dondequiera se realice la próxima Copa del Mundo. Ahora, el técnico de la mayor deberá tomar nota de los aspectos de juego más positivos y de los valores destacados que dejó Beijing 2008. De esto último ya dio cuenta al convocar para los próximos partidos de eliminatorias al rosarino Ángel Di María, pieza fundamental en la conquista olímpica, como también lo había sido un año antes en el Mundial Sub-20 ganado en Canadá. Lo mostrado en China es un buen punto de partida para llegar a un equipo con premisas distintas a las que hasta ahora ha mostrado la selección de Basile.

Verticalismo, buen armado de sociedades y sentido colectivo fueron algunos de los aspectos loables del equipo campeón. Esto es un buen punto de partida para agregarle un trabajo táctico más fino, con distintas variantes de ataque, aprovechamiento de las pelotas detenidas, mayor solidez defensiva y dinámica de equipo. Ese es el trabajo que le toca a Basile, quien deberá revisar sus ideas y postulados futbolísticos de cara al Mundial.
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 19 de agosto de 2006

Fútbol ruso

La apertura de nuevos mercados parece ser la nueva obsesión socio económica planetaria. Insertar productos y generar nuevos consumidores es la temática actual. En esta realidad, los dos mercados más apetecibles son China y Rusia, otrora mecas de la política anticapitalista. En lo que al fútbol respecta, la ex Unión Soviética comenzó a ocupar un lugar central y su protagonismo incluso promete incrementarse.

La influencia de los rusos en el fútbol mundial ya es conocida. Los primeros nombres que aparecen son los de Roman Abramovich, dueño del Chelsea, el de Victor Vekselberg, quien adquirió los derechos para organizar los amistosos de la selección argentina hasta 2010, y el de Dimitri Piterman, con todo lo que implicó su controvertida presencia en el fútbol español.

Pero al margen de este perfil empresarial - o en relación con este-, se suma el crecimiento futbolístico de la liga rusa. Para el encuentro ante Argentina del 3 de septiembre en Londres, Dunga, técnico de Brasil, convocó a Daniel Carvalho, Vágner Love, Dudu Cearense (los tres del CSKA) y Elano (del Shakhtar Donetsk de Ucrania). Hace no tanto tiempo era impensable ver en el Scratch a cuatro jugadores de esas latitudes.

A esto se suman las potenciales citaciones de Alfio Basile, seleccionador argentino, a Clemente Rodríguez y Fernando Cavenaghi, ambos también del CSKA. Entonces en el próximo Argentina-Brasil podrían aparecer 6 futbolistas de lo que fuera la tierra de los zares, 5 de ellos pertenecientes a un mismo equipo. Indudablemente esto marca una tendencia y un negocio que promete expandirse aún más y con velocidad. Así, en los próximos años, no sería de extrañar que proliferen magnates rusos propietarios de equipos, conjuntos que se posicionen bien en el contexto de la competencia europea (como la ya hizo el CSKA al levantar la Copa UEFA el año pasado) y jugadores de los principales selecciones que militen en la liga rusa.
(Foto: Wikipedia.org)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

domingo, 2 de julio de 2006

Merci Zizou

Las páginas principales de la historia del fútbol están ocupadas por los grandes artistas de la pelota. Pero existe un lugar de absoluto privilengio, un cuadro de honor, una mesa chica con contados lugares. En ese sitio está instalado Zinedine Zidane. En la Copa del Mundo Alemania 2006, su despedida del fútbol, el número 10 de Francia, el mismo que levantó la copa en 1998 después de anotar dos goles en la final ante Brasil, dio una clase de fútbol magistral justamente ante los pentacampeones del mundo.

Por el contexto, por ser una instancia definitoria de una Copa del Mundo y ante un rival nada más ni nada menos que del peso específico de Brasil, Zinedine Zidane produjo la mejor actuación individual de un futbolista en un partido mundialista desde Maradona hasta nuestros días.

En uno de sus últimos conciertos, este grande de la historia del fútbol mundial dio una exhibición emocionante. Manejó la pelota con una elegancia y una efectividad completamente alejada de la media. Dispuso de los tiempos del partido a su antojo e hizo un culto de la belleza, de la estética, con utilidad y no porque sí. Mostró las mismas credenciales que en sus mejores años lo habían ubicado en la cima del Planeta Fútbol, ya sea con la camiseta del Burdeos, de la Juventus, del Real Madrid o la de la selección francesa.

Su magia, estética y eficacia conjugadas en su máxima expresión, sirvieron para que Francia se imponga con estricta justicia ante Brasil, un equipo que jugó mal durante todo el mundial y que llevó el cartel de candidato sólo por el peso de su camiseta. Por lo demostrado dentro de la cancha, siempre estuvo claro que era un equipo al que le quedaba grande la chapa que portaba, era cuestión de romper con lo instalado.

El fútbol mundial se dio el gran gusto de disfrutar de una noche gloriosa de Zinedine Zidane, uno de los mejores jugadores de la historia, que con una muestra impresionante de amor propio, en el torneo que eligió como su despedida del fútbol, volvió a brillar en la instancia en la que sólo relucen las verdaderas estrellas. Merci Zizou, el fútbol todo te lo agradece.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 28 de junio de 2006

Romper con lo instalado

Antes del inicio de la Copa de Mundo Alemania 2006 aparecía Brasil como el máximo (y para muchos único) candidato para coronarse campeón. Sin embargo, el comienzo de la competencia evidenció desde el primer momento –desde el partido ante Croacia- falencias graves en el conjunto dirigido por Parreira. En los que defienden a los pentacampeones de modo más vehemente apareció la máxima de que el Scratch juega cuando quiere y por eso cuando estuvo en apuros respondió con goles.

Tras los cuatro partidos que disputó no tiene ya sustento decir que es el máximo candidato. Rápidamente se señalará que ganó sus cuatro cotejos y recibió un solo gol, justamente cuando puso un equipo en el cual reservó varios titulares. Pero si bien las estadísticas son útiles para establecer tendencias, muchas veces estas no reflejan la realidad. Ver el partido que hoy Brasil le ganó 3 a 0 por octavos de final a Ghana es una clara muestra de esto.

Hasta aquí se enfrentaron con Croacia (eliminado en la primera ronda), Australia (disputaba un mundial después de 32 años), Japón (también afuera en la etapa de grupos) y Ghana (debutante en mundiales). Ante estos rivales le alcanzó con destellos de algunas de sus individualidades. Ahora se verán las caras con equipos de otro peso específico.

Brasil se comporta como un equipo viejo, aburguesado, desequilibrado, sin recuperación de pelota y además parece que con algunas internas entre sus estrellas. Cafú, Emerson y Roberto Carlos sienten los kilómetros que recorrieron sus piernas en tantos años de carrera, mientras que Ronaldinho, Adriano y Ronaldo parecen haber ido a Alemania con su ego por demás inflamado. El equipo verdeamarelo por momentos muestra una gran desconexión entre líneas y tiene serios problemas para quitarle el balón a su rival. Solamente Kaká, Dida, Ze Roberto y, por mometos, Lucio parecen entender que están disputando un mundial.

Es evidente que Alemania, Argentina, y hasta Francia, que en sus dos primeros partidos había parecido un seleccionado avejentado y desganado, Inglaterra, sin haber demostrado demasiado, e Italia, muy sólido pero avaro y deslucido, tienen suficientes argumentos futbolísticos para aparecer en el favoritismo por delante, o al menos en la misma línea, de los actuales campeones del mundo.
(Foto: Fifaworldcup.yahoo.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 14 de junio de 2006

Sin sorpresas

Con el empate 2 a 2 entre Arabia Saudita y Túnez por el grupo H, en partido disputado en el Allianz Arena de Munich, hicieron su presentación las 32 selecciones que participan del mundial de Alemania. Completada la primera fecha de cada una de las zonas, los 16 partidos hasta ahora disputados no dieron lugar a las sorpresas. Para la estadística cabe mencionar que en esa cantidad de encuentros se convirtieron 39 goles, sólo se sancionó un penal (a favor de España y mal cobrado) y tres jugadores fueron expulsados (Avery John, de Trinidad y Tobago, Vladyslav Vashchuk, de Ucrania y Jean Paul Abalol, de Togo).

Con la única excepción del avejentado y desganado equipo francés, el resto de los campeones del mundo que participan de esta edición de la Copa de Mundo (únicamente Uruguay no pudo clasificarse) debutaron con victorias. Aunque con flaquezas defensivas, Alemania se impuso 4 a 2 ante Costa Rica en el partido inaugural. A Inglaterra, poseedor tal vez del mejor mediocampo del Mundial, le alcanzó un buen primer tiempo para vencer por la mínima diferencia a Paraguay. El debut ante Costa de Marfil dejó para Argentina los tres puntos pero también más de un interrogante. Sin dar demasiadas pistas, aunque con la solidez de siempre, Italia se impuso ante Ganha por 2 a 0. Por su parte, Brasil estuvo en apuros ante Croacia y aunque seguramente lo más justo hubiera sido un empate, se impuso 1 a 0 con un golazo de Kaká.

Por detrás de quienes ya conocieron la cima del Planeta Fútbol, también tuvieron estreno con triunfo aquellos que llegaron a tierras germanas con aspiraciones de ser protagonistas. Se destacaron así las muy buenas goleadas de España, 4 a 0 a Ucrania, y de República Checa, 3 a 0 a Estados Unidos. Alentador para Van Basten y sus muchachos fue lo mostrado por Holanda en su victoria 1 a 0 ante Serbia y Montenegro con gol de Robbens, su figura. En tanto, México pese a que tardó en acomodarse en la cancha, justificó su victoria por 3 a 1 ante Irán, mientras que Portugal se impuso 1 a 0 ante Angola, un triunfo merecido pero en el cual el conjunto dirigido por Scolari no mostró un buen juego.

Ganaron los favoritos, apareció esa lógica que muchas veces suele ser imposible de prever en el fútbol. Si se mantiene la tendencia avanzarán a los octavos de final los equipos más poderosos, pero todavía hay lugar para las sorpresas, que en los últimos mundiales se dieron con equipos como Korea, Turquía, Croacia o Suecia, quienes lograron llegar hasta las semifinales.
(Foto: Inforegion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de junio de 2006

No hay cuco

El Mundial tuvo el debut más esperado, el de Brasil, defensor de título, pentacampeón del mundo y, para la mayor parte de jugadores, técnicos y medios, máximo candidato a coronarse nuevamente el próximo 9 de julio. Sin embargo, quedó demostrado que pese a sus virtudes, el equipo dirigido por Parreira no es imbatible y hay por donde entrarle, sobre todo presionándolo para apurar a los encargados de recuperar la pelota y evitar que se acerquen hasta el arco defendido por Dida.

Si por espectáculo se entiende la conjunción del marco y de lo que se muestra dentro de la cancha, con situaciones de gol, emociones y suspenso hasta el último minuto, entonces Brasil y Croacia protagonizaron lo mejor de lo que hasta ahora se vio en Alemania.

El seleccionado europeo dejó en evidencia falencias que se sabía el Scratch pretendería ocultar y desnudó los problemas defensivos del gran candidato. Fue Prso, el mejor de la cancha, quien se ubicó detrás del veterano Cafú y por allí generó peligro siempre. Nadie es eterno, y el lateral de la Roma sufrió cada vez que lo encararon, lo mismo que Emerson en el centro del campo de juego. Brasil se mostró como un equipo desequilibrado y dio muestras de que cuando lo ataquen va a sufrir. Si bien es lícito pensar que el conjunto verdeamarelo no apareció en su mejor versión, lo cierto es que hoy estuvo en apuros. Croacia le dio la pista al resto de las selecciones que se enfrenten a los actuales campeones del mundo de cómo hay que jugarles para superarlos.

Innegable es la categoría de los jugadores brasileños. Nadie desconoce que Ronaldinho es el mejor jugador del mundo, el más desequilibrante, que Kaká es tan inteligente como exquisito y que Ronaldo y Adriano son dos adictos al gol, aunque hoy el delantero del Real Madrid no gravitó y fue intrascendente la tarea del atacante con nombre de emperador, quien en la última temporada en el Inter hizo menos goles que Julio Cruz, suplente en Argentina. Fue una genialidad, la tremenda pegada de Kaká sobre el final del primer tiempo marcó, la diferencia a favor de los sudamericanos, pero se sabe que la suma de talentos no da por resultado siempre un gran equipo y Brasil deberá mejorar en el aspecto defensivo y equilibrar su juego, ya que en su objetivo de levantar nuevamente el trofeo más preciado deberá enfrentar a equipos de peso y jerarquía. Sin ir más lejos, en octavos se verá las caras con Italia o República Checa.

A favor de Brasil queda, entre otras cosas, que no se despertaron ni Ronaldo ni Ronaldinho, que no se desesperó cuando las cosas no salían de acuerdo a lo planeado y que cuenta con un plantel de muchas variantes. En contra, la floja defensa, la dificultad para recuperar la pelota y que cada equipo que enfrente buscará jugar su partido. Como se esperaba ganó Brasil, pero no del modo que muchos imaginaban.
(Foto: Inforegion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

viernes, 9 de junio de 2006

Puntapié inicial

Tras esperarlo no sin poca ansiedad, se dio inicio a la Copa del Mundo Alemania 2006. En el impactante Allianz Arena de la ciudad de Munich, la selección local se impuso ante Costa Rica por 4 a 2. Desde ahora, entonces, quedarán 63 partidos para saber quién se coronará en el Planeta Fútbol, incógnita que se develará el 9 de julio.

Los primeros 90 minutos de fútbol de la 18ª edición de la Copa de Mundo dejaron la sorpresa de 6 goles, inusual cantidad para un partido inaugural. El equipo dirigido por Jürgen Klismann defendió con la omnipotencia que sólo puede arriesgar un grande cuando juega de local. Así, una línea de fondo que se adelantó sistemáticamente le permitió al mundo ver las exquisitas definiciones de Paulo Cesar Wanchope. Esa forma de defender hizo que el esforzado y digno combinado centroamericano le marque dos goles que en esta oportunidad no fueron la causa de una derrota, pero que advierten que el costo para el tricampeón mundial puede ser mayor contra un equipo de los pesados.

A favor del conjunto germano quedan una apropiación de la pelota casi exclusiva, dos goles de larga distancia de gran factura (convertidos por Lahm y Frings), buen desborde por las bandas, la presencia goleadora de Miroslav Klose y el plus de ser el local, condición con valor agregado si el dueño de casa es una potencia como Alemania, tricampeón del mundo y quien disputó tantas finales como Brasil, siete.

El puntapié inicial del esperado Mundial dejó una sensación agradable por juego y marco. En un mes todo habrá llegado a su final y se conocerá a quien ostentará el título del mundo por cuatro años, período que habrá que esperar para otra cita mundialista. Entonces a disfrutar estos 30 días a puro fútbol.
(Foto: Ole.com.ar - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com