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martes, 15 de octubre de 2013

Un lunar

En un trabajo bien desarrollado y con buenos resultados, seguramente sea injusto hacer foco, aunque más no sea por un momento, en una circunstancia a contramano de un proceso conducido con seriedad y sapiencia. Es que en la última fecha de las Eliminatorias, Alejandro Sabella, entrenador del seleccionado nacional, obró de una manera poco conveniente.

Con el equipo ya clasificado en el primer lugar y como cabeza de serie para el sorteo que a fin de año arrojará la conformación de los grupos para Brasil 2014, Argentina fue a Montevideo para enfrentar a Uruguay con un equipo alternativo. Vestido de azul, el conjunto nacional salió al campo de juego del estadio Centenario sin ninguno de sus cuatro jugadores insignia, los que cimentan el andamiaje del conjunto y sostiene las aspiraciones albicelestes.

Si ningún equipo es el mismo sin Lionel Messi, cualquiera se desfigura por completo si además del rosarino también faltan Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María. El mejor jugador del mundo y el goleador del Napoli estuvieron ausentes por lesiones, pero el Kun y el zurdo del Real Madrid fueron desafectados por el entrenador después de la victoria frente a Perú en el Monumental. Los mejores tienen que estar siempre. Más a 8 meses del Mundial y con pocos partidos hasta llegar a Brasil. No es tiempo de licencias.

Del otro lado del Río de La Plata, Argentina plantó un equipo sin nueve de los once titulares que se sabe hoy componen el ideal de Sabella. Si el objetivo era probar jugadores, el contexto para hacerlo era con la mayor cantidad posible de titulares, para ver cómo se acomodan al equipo.

Además, la decisión alimentó suspicacias en cuanto a la definición. Pese a que las posibilidades de que Uruguay se clasificase directamente al Mundial eran remotas (deberá disputar el repechaje con Jordania), la posibilidad existía y el recuerdo del último partido de la clasificación rumbo a Corea-Japón 2002 estaba fresco pese a haber sucedido hace una década.

Son muchos los aspectos que Sabella mejoró en la selección, bajo su guía Argentina recobró presencia y fortaleza. Sin embargo, frente a Uruguay dio un paso en falso.
(Foto: Telam)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de marzo de 2013

Un camino con destino seguro: Brasil 2014

La ocasión de gol que Lionel Messi no pudo concretar a seis minutos del final del partido  evidencia y sintetiza la particularidad que implica jugar en La Paz. En cualquier otro ámbito el rosarino hubiese elegido, de un universo que para él no tiene secretos, la definición más conveniente y certera. No encontró la opción que mejor se ajustaba y la ejecución fue defectuosa.

"Dudé un poquito y el arquero se me vino encima”, reconoció el mejor del mundo sobre la jugada en cuestión. En un artículo publicado en la previa del encuentro, Juan Pablo Sorín, el excapitán del seleccionado argentino, aseguró que los 3.650 metros de altura del estado Hernando Siles no sólo se sienten en las piernas, sino también en la toma de decisiones.

Argentina consiguió ante Bolivia un punto testimonial. Sumó en un sitio históricamente adverso y en el cual en su última visita había sufrido una de las peores derrotas de todos los tiempos. El empate no lo deja ni más cerca ni más lejos del Mundial, porque Argentina se sabe en Brasil 2014. Las matemáticas no afirman lo que el fútbol ya conoce.

Alejandro Sabella mostró, una vez más, su capacidad como estratega en esta nueva tanda de compromisos por Eliminatorias. Contemplando las especiales condiciones de La Paz y atento a la próxima escala, hizo ocho cambios respecto del equipo que había derrotado a Venezuela en el Monumental. Mantuvo a Sergio Romero, dueño del arco; Javier Mascherano, jugador sin par en su función, y Messi, el genio total. Sobre Gonzalo Higuín pesaba una suspensión y Ángel Di María (el mejor ante Bolivia, junto con Mascherano) volvió tras cumplir la suya. También elaboró otro esquema, pero sin relegar el alto poder de fuego que es la característica distintiva de su seleccionado.

Un viejo mandamiento del fútbol reza que lo equipos se arman desde atrás hacia adelante. Cierto es que las aspiraciones consagratorias quedan hipotecadas con una defensa endeble, pero el fútbol desconoce verdades absolutas. Sabella arma su equipo en torno al mejor jugador del mundo. Piensa, en cada circunstancia, quiénes son los mejores socios y cuál es el camino ideal para capitalizar de la mejor manera el genio de un futbolista colosal.

La Selección todavía debe afianzar aspectos colectivos, pero es un equipo reconocible, que marcha con un plan, que persigue una idea. Tiene un conductor idóneo afuera y un líder formidable adentro. Las propias virtudes, las del rival de turno, el trabajo y los imponderables harán lo suyo. Argentina crece en su juego y su ambición mundialista.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 10 de enero de 2012

Lionel Messi

Cada adjetivo que se coloque junto al nombre del mejor jugador del mundo resulta breve y redundante, porque en cada nueva temporada ha logrado superar lo hecho en la anterior. Año tras año, Lionel Messi incrementa su extraordinaria dimensión de futbolista de excepción. Así, empequeñece y agota elogios. Para mensurarlo se cae entonces en las eternas discusiones que implican establecer comparaciones con los grandes de otros tiempos. Pero ahí está, sentado en la mesa de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona.

La FIFA, en sus fiestas de exhuberancia marketinera, lo reconoció por tercera vez consecutiva como el mejor del planeta entregándole el Balón de Oro. Los premios son apenas una excusa para dimensionarlo en alguna medida; llegan como consecuencia ineludible de un talento que encandila y renueva el asombro.

Con esa forma de hablar que hace parecer que nunca se fue de Rosario, compartió el galardón con Xavi, compañero de equipo y terna (el tercero en cuestión era Cristiano Ronaldo), y agradeció a sus compañeros del Barcelona y la selección. No fue la única mención al conjunto nacional en su fugaz paso por Zurich. Reconoció que Argentina no está en la elite y se ubica por detrás de varios seleccionados, pero que su desafío es ser campeón del mundo vestido de celeste y blanco.

La selección, salvo excepciones, vio hasta el momento al hermano menor de Lionel y no al verdadero Messi. No le cabe culpa, como sí a una estructura que no ha sabido aprovecharlo. Sin embargo sabe que se debe actuaciones en Argentina como las que cotidianamente produce en Barcelona. Seguramente pretende que el punto de partida sea el último partido de 2011 de la selección, cuando fue el elemento determinante, por juego, conducción y carácter, para que el conjunto de Alejandro Sabella se imponga 2-1 ante Colombia, en Barranquilla, por las Eliminatorias.

Messi marca una época con una actuación superlativa tras otra, con registros goleadores que parecen de tiempos remotos. Tímido, retraído y hasta parco ante la prensa, se expresa con un sinfín de recursos estilísticos en los campos de juego. La diferencia que estableció con los grandes jugadores de los últimos 20 años radica en los varios años de continuidad en un destaque colosal. Ubicado en un sitial de máximo privilegio, no se conforma y va por más. A la conquista de la historia.
(Foto: Lavozlibre.com - GTres)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 21 de junio de 2011

A la historia grande

Máximo artillero en la historia de uno de los dos equipos más grandes del fútbol argentino con 236 tantos y solamente superado entre los más goleadores desde que se instauró la era profesional por cuatro hombres mitológicos como Arsenio Erico, Ángel Labruna, Herminio Masantonio y Manuel Pellegrina, Martín Palermo le puso punto final a su carrera como jugador para quedarse en el recuerdo eterno, el que está reservado a unos pocos privilegiados, a los más destacados. Se lo ganó con un instinto sin igual en los tiempos modernos para vulnerar los arcos rivales.

A los 37 años, dio pruebas de un riguroso profesionalismo en su última temporada al disputar los 38 encuentros del año futbolístico. Lo hizo con un gran esfuerzo por las constantes dolencias en su rodilla derecha –en la cual tuvo dos operaciones por rotura de los ligamentos cruzados, en 1999 y 2008-, lo cual lo obligó a disputar gran parte del Clausura infiltrado. Fue una muestra más de la fortaleza mental de hierro de un verdadero titán.

La Selección argentina y el fútbol europeo no fueron su ámbito. Aunque se dio el gusto de emocionar y emocionarse con un dramático gol ante Perú bajo un diluvio por las Eliminatorias a Sudáfrica 2010 y, luego, de anotar en el Mundial frente a Grecia, su paso por la albiceleste será recordado por haber errado tres penales ante Colombia en la Copa América 1999. En tanto, de su paso por el viejo continente se evocará la fractura que le ocasionó el derrumbe de un talud en un festejo. En Boca, en cambio, encontró su lugar en el mundo, con goles a montones. Y los hizo de todas las formas. De chilena, de cabeza desde 35 metros, tomándose del travesaño, con los dos pies al resbalar en un penal. Esos gritos implicaron muchas celebraciones, con clásicos victoriosos, torneos locales, Copa Libertadores y la Intercontinental, cuando se disputaba a un partido en Tokio; aquella noche en la que le marcó dos goles al Real Madrid de Figo, Roberto Carlos y Casillas, entre otros. Así, se ganó el cariño azul y oro, como quedó de manifiesto en su último partido en la Bombonera, ante Banfield.

Acaso el mejor cabeceador de todos los tiempos por estas tierras, su última instantánea como jugador fue ganando una pelota en la altura del área de Gimnasia –su rival y al equipo que más le convirtió- para habilitar a Christian Cellay, autor del agónico gol del empate en el Bosque. Fue la última intervención del “optimista del gol”, como lo había definido Carlos Bianchi, el técnico que lo marcó.

Martín Palermo cerró el libro de su muy atractiva historia como futbolista. Seguramente el futuro sea como entrenador, junto a su amigo Roberto Abbondanzieri. Sus goles, sus festejos, sus desventuras y renaceres quedan registrados en una carrera del mil matices, nada menos que la de uno de los goleadores más importantes de los últimos 80 años.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 31 de mayo de 2010

Encerrada en su propia intimidad, Argentina espera

Instalado en el predio de la Universidad de Pretoria, el seleccionado argentino se prepara para el debut ante Nigeria y todavía no hay pistas que evidencien si Diego Maradona dispondrá un 4-4-2 como dibujo táctico inicial o si finalmente optará por colocar tres delanteros. La decisión del cuerpo técnico de no hacer aún declaraciones y la imposibilidad de la prensa de ver las prácticas echan por tierra cualquier especulación, por lo que habrá que esperar indicios ciertos dados por el entrenador.

La cantidad de enviados especiales de los medios argentinos no persuadió a Maradona. Puertas cerradas y alambrados tapados, la selección se concentra en su propia intimidad, busca fortalecerse en esa convivencia acuartelada y realiza prácticas, según algunos trascendidos, que son de baja intensidad y recién se harían más exigentes en los próximos días.

El último partido por Eliminatorias, ante Uruguay, en Montevideo, y el posterior amistoso frente a Alemania habían puesto punto final a la búsqueda del entrenador por encontrar el equipo mundialista. El proceso iniciado a fines de 2008 y que había visto pasar una inusitada cantidad de jugadores había arrojado su conclusión. El conjunto nacional jugaría en Sudáfrica con un esquema táctico de cuatro defensores centrales, dos mediocampistas laterales de largo recorrido, un eje central con uno de sus componentes más cerca de la última línea y dos atacantes. El dibujo elegido tenía ya, también, nombres definidos: Romero; Otamendi, Demichelis, Samuel y Heinze; Di María, Mascherano, Verón y Jonás Gutiérrez, Higuaín y Messi.

Sin embargo, lo que parecía clausurado encontró una grieta abierta por el propio Diego. “Dejar a Carlitos (Tévez) afuera es bravo. No es descabellado tirar un poquito atrás a Lio (Messi) y poner dos puntas. Llevo a Clemente (Rodríguez) que me puede jugar en los dos lugares por afuera. No se crean tanto lo de los cuatro centrales”, había dicho antes de viajar. La temporada de Tévez en Inglaterra (marcó 22 goles en la Premier League) fue fabulosa y, además de su clase mundial, el jugador del Manchester City tiene un espíritu de lucha formidable y una competitividad insaciable.

La lista de 23 futbolistas que están Sudáfrica parecería descompensa si se tiene en cuenta que hay siete defensores para cuatro posiciones y seis delanteros para sólo dos lugares. Pero también de ese plantel puede desprenderse que la alternativa táctica de Maradona es un 3-4-3, lo que sí equilibraría la lista, aunque sigue pereciendo que sobra un delantero en detrimento de un mediocampista.

Sólo seis jugadores estuvieron en Alemania 2006: Burdisso, Heinze, Mascherano, Maxi Rodríguez, Messi y Tévez. A ellos se agregan, también con experiencia mundialista, Verón (1998 y 2002) y Samuel (2002). Ocho futbolistas tienen menos de diez partidos en la selección, entre ellos los tres arqueros: Romero (6), Andujar (4) y Pozo (4). El resto son Di María (8), Otamendi (6), Bolatti (5), Higuaín (5) Garcé (4) y Pastore (2). El más veterano es Martín Palermo con 36 años, el más experimentado Verón con 69 partidos en el equipo nacional y el más joven es también el de menor rodaje, Pastore, de 20 años.

El segundo ciclo de Alfio Basile solamente había dejado dos cosas positivas: Jonás Gutiérrez y el tándem Mascherano-Gago en el centro del campo. Con poca competencia el de Real Madrid, hubiese sido fabulosa la combinación del capitán con Esteban Cambiasso, de tremenda temporada en el Inter multicampeón. Por otra parte, la inclusión de Ariel Garcé no tiene explicaciones desde lo futbolístico, ni siquiera refugiándose en lo subjetivo de los gustos. Si Maradona lo piensa como central no tiene sentido con otros cinco en la lista y si el lugar es el lateral derecho la comparación con Javier Zanetti no resiste análisis. La presencia de Pozo, un arquero hecho y de flojo rendimiento en el último torneo, en lugar de una joven apuesta para vivir la experiencia de un Mundial también es objetable.

Pero a tan poco del debut de nada vale insistir en lo que cada uno hubiese creído mejor. Argentina tiene un técnico que de fútbol, por el sólo hecho de haberlo jugado como nadie, lo conoce como pocos. Tiene una idea, un plan, y asegura también contar con las alternativas tácticas e individuales necesarias para afrontar el desafío de conseguir que Argentina vuelva a tener un protagonismo relevante en la cita más importante.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 28 de diciembre de 2009

Las cosas por su nombre: Estadio Marcelo Bielsa

Uno de los hombres más brillantes del la historia del fútbol argentino recibió el mayor reconocimiento posible: dar nombre a un estadio. En una fiesta de concurrencia absoluta, con un partido protagonizado por varios ídolos del club de distintos tiempos, Newell´s rebautizó su casa como “Coloso del Parque Marcelo Alberto Bielsa”. Un reconocimiento que suele llegar post mórtem es dado a quien transita por un momento de gran reconocimiento. Porque tras la fabulosa clasificación con Chile al Mundial, el rosarino revalidó –por si hacía falta- sus credenciales de excelso director técnico.

Antes de disputarse los últimos partidos de Eliminatorias, en una conferencia de prensa ofrecida en Santiago, en su rol de técnico de Chile, Bielsa hizo pública una declaración de principios ligada a sus sentimientos en la cual reconoció que “difícilmente” sienta por otra camiseta lo que le genera la de Newell´s. Entonces los hinchas leprosos comenzaron una cruzada para que su cancha llevase el nombre del técnico con el cual festejaron dos títulos de Primera División y estuvieron a un penal de ganar la Copa Libertadores de América. La iniciativa se propagó con gran rapidez entre los socios de la institución y poco tiempo después se concretó el homenaje.

Fiel a su estilo y con su léxico característico, el Loco calificó, sin falsa demagogia, como “injusto” y “desmesurado” el hecho de que el estadio del club de sus amores lleve su nombre. “La sensación es hermosa. Es un momento que no voy a olvidar nunca. (...) La dimensión del reconocimiento excede la posibilidad de retribución. Hay cosas que no pueden retribuirse, son demasiado importantes para el que la recibe, que no imagina el modo de estar a la altura de lo que se le ofrece”, expresó.

Su superlativa capacidad de conducción quedó expuesta, nuevamente, en el enorme trabajo hecho en Chile, y por eso del otro lado de la cordillera pretenden prolongar su contrato hasta 2015. Pero entre grandes reconocimientos, la saña con la que lo trató el sector más poderoso de la prensa deportiva argentina le significó una dolorosa herida aún lacerante. En una entrevista radial concedida algunos meses atrás a LT 8 de Rosario, Rafael Bielsa, quien lo definió como “un técnico de elite” y “un animal deportivo”, dedicó un apartado a la persecución que sufrió su hermano por parte del establishmet mediático, sobre todo tras la frustración que implicó la participación en Corea y Japón. "El sufrimiento que se le ocasionó no hay manera de sacarlo. Nada puede compensar ni pagar lo imposible que le hicieron la vida los empresarios del periodismo deportivo, que no son periodistas deportivos, son individuos muy vinculados con intereses, con ventas de jugadores de fútbol, con negocios particulares, con la idea de recibir una primicia por parte del técnico", aseguró; y agregó que "los medios de Buenos Aires lo que reivindican es el triunfo, pero no el modo cómo consiguió el triunfo y eso es lo más valorable; pero nadie habla de eso, sólo dicen que Chile clasificó tercero". "Marcelo no es técnico de la selección argentina entre otras razones por estos indeseables, por estos sujetos que dictan cátedra de cómo hay que vivir y viven de una manera distinta en la práctica de su prédica. Hubiese sido muy buena su continuidad”, concluyó.

Muchos de los periodistas que hoy lo elogian no es la primera vez que lo elevan, pero lo han hecho a intervalos de bipolaridad, colocándolo en el déspota ascensor que hacen subir y bajar histérica y acomodaticiamente. Lo observaron con cautela en su llegada al conjunto nacional, allá por 1998, lo cuestionaron en la etapa de construcción inicial, más tarde lo alabaron en las dos temporadas previas al Mundial de 2002 y lo crucificaron tras la eliminación en la primera ronda para ya no dejar de fustigarlo. Hasta ahora, que vende reivindicarlo.

A quienes les importa la Selección únicamente un mes cada cuatro años, el del Mundial, en el cual asumen que el elogio sólo cabe si se levanta la Copa, lo defenestraron tras la frustración de Corea y Japón. "Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea. No hay que juzgar la idea, sino el sustento. Yo puedo valorar proyectos antagónicos. Lo que nunca se puede hacer es sustituir las convicciones", analizó Bielsa hace más de 10 años. En el mismo sentido aseguró que “se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados; eso sí es lo importante. Lo importante es el tránsito, la dignidad con que se recorre el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal".

Puede gustar o no la propuesta de Bielsa, porque no existe una única forma de jugar al fútbol y todos los estilos encuentran sus adeptos. Lo que no puede hacerse es descalificar a un entrenador que con una dedicación sin concesiones persigue la excelencia deportiva, a quien en su ambiente se ha convertido poco menos que en un hombre de culto al contar con el apoyo incondicional de sus pares y recibir los mayores elogios de aquellos a quienes dirigió alguna vez.

En cierta oportunidad Jorge Valdano, actualmente director deportivo del Real Madrid, dijo sobre el rosarino: "Bielsa debate consigo mismo y con los demás. Sus interminables ruedas de prensa llegaron a ser heroicas, precisamente porque sus palabras intentaban quebrar las tendencias más arbitrarias, despiadadas, estúpidas. Hay un periodismo que se siente el centro del espectáculo y que abusa de su poder desde una actitud abiertamente chantajista, con una lógica del tipo: tú no me das (información, declaraciones), yo te desprestigio. Bielsa no sólo tiene un lugar en la lucha contra este sistema, sino que su presencia debería ser obligatoria, porque su discurso y sus actitudes sirven para descubrir las bajezas y contradicciones de tantos mediocres que ocupan lugares estelares. El problema es que los personajes como Bielsa luchan solos; en cambio, la mediocridad caza en jauría".
(Foto: Newellsoldboys.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 15 de octubre de 2009

Ya en el Mundial llega el tiempo de repensar

La traumática eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010 finalmente terminó bien para Argentina. La victoria 1 a 0 ante Uruguay, en Montevideo, depositó al equipo nacional en la próxima Copa del Mundo y marcó el final de un camino tormentoso que implicó dos etapas. La primera la condujo Alfio Basile, quien dejó la herencia de un conjunto vacío y una cosecha de puntos escasa en el trayecto más favorable del fixture. Diego Maradona llegó para cambiarle la cara a la albiceleste y lo logró en los primeros amistosos y su debut oficial ante Venezuela. Pero luego el equipo se volatilizó y llegaron tiempos de histeria, de llamado compulsivo de futbolistas y del entonces lógico desmadre del equipo, que comenzó a jugar muy mal.

En el Centenario, Argentina mejoró su imagen fundamentalmente porque ejecutó un plan previamente pensado, con inteligencia de acuerdo a lo que le convenía. Sabía que el empate lo clasificaba en forma directa al Mundial y por eso se paró del otro lado del Río de la Plata dos líneas de cuatro hombres –la última integrada exclusivamente por centrales- y una dupla delantera ágil, compuesta por Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, que volvió a tener una actuación demasiado opaca, sin ser siquiera la sobra del crack que deslumbra en el Barcelona. Los buenos relevos defensivos a la hora de retroceder y la tenencia con tranquilidad de la pelota en le medio, desde la garantía que siempre entrega Juan Sebastián Verón y la levantada tras bajas actuaciones de ese gladiador que es Javier Mascherano, fueron los argumentos centrales del equipo.

Claro que esa buena lectura de la conveniencia no dispara el elogio. Porque la Selección manejó el partido y se impuso tácticamente, pero olvidó el arco rival; no salió a ganar el partido sino a esperar. Ausencia de dinamismo y verticalidad, poco desborde por los costados y el centro delantero continuamente de espaldas al arco fueron la cara negativa.

Tras el encuentro, apenas dejó el campo de juego, Maradona encaró a los micrófonos que lo esperaban ansiosos en el camino al vestuario y, seguramente como catarsis ante una situación por demás incómoda, se mostró desencajado y cayó en exabruptos. Más tarde, con tranquilidad, en la conferencia de prensa volvió a utilizar un lenguaje inapropiado en un tramo que será el único recordado. Es inadmisible que quien ocupa ese cargo de privilegio se exprese con groserías. Y es, además, perjudicial para él, siempre en el centro de la escena, ya que con ese dislate le da letra a un sector de la prensa que lo ha fustigado personalmente y no futbolísticamente. Porque las críticas al juego de un equipo que viene haciéndolo mal son propias de la tarea periodística, pero no le falta razón cuando habla de mala intención mediática, con gente que genera siempre irritación e indignación por su malicia. Sin embargo, con sus palabras Maradona elevó a un periodista agrio y se ganó el repudio generalizado. Le fue funcional a los mala leche.

En la victoria hubiese sido bueno que Diego baje decibeles, si lo deseaba sin soslayar enojos, pero con las formas adecuadas. Maradona no es sólo el técnico de la Selección, ni siquiera su figura se limita a ser la más representativa de nuestro fútbol, es el argentino más conocido en el planeta y es doloroso que recorra el mundo una conducta tan reprochable como la que tuvo al enfrentar a los medios.

Hubo tiempo para lo importante. Ante las cámaras, reconoció que debe conversar muchas cosas con Julio Grondona y Carlos Bilardo, con quien protagonizó un muy emocionado abrazo tras el partido que vuelve impensable un enojo entre ambos. No aseguró su presencia en Sudáfrica como técnico de la Selección porque es evidente que hay muchas cuestiones organizativas que no comparte y entiende es imprescindible se revean. Argumentos no le faltan, ya que la AFA en lugar de facilitar su trabajo le puso obstáculos desde un principio, al no permitirle, inexplicablemente, armar su propio cuerpo técnico.

En caso de que decida continuar en su cargo, deberá tomar nota del mal juego del equipo en el último semestre, entender la necesidad de un esquema colectivo en lugar de un vertiginoso cambio de nombres entre un partido y otro, sumar trabajo pese al cansancio de los viajes y recuperar la templanza de sus primeros días como conductor de la Selección, cuando se mostraba sereno y consciente de las formas que requieren el lugar que ocupa.

Argentina ya está en el Mundial de Sudáfrica y en la carrera corta que es una competencia de un mes con un máximo de siete partidos todo es posible. Un grupo accesible y un cruce favorable en octavos de final pueden facilitar la llegada al partido decisivo. Pero la clasificación no debe tapar las evidentes carecias futbolísitcas. Ahora todo debe apuntar a la cita máxima del fútbol, sí, aunque para que las cosas allá salgan bien se impone mirar atrás y tomar nota de los errores cometidos; todos, los de la dirigencia, el técnico y los jugadores.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 12 de octubre de 2009

La leyenda Palermo evitó el naufragio argentino

Los brazos abiertos, el mentón arriba, el torso desnudo, las lágrimas de un pesado cielo fulgurante de rayos bañándolo como a todo el estadio y las propias inundándole los ojos quedarán como una toma más de la fílmica carrera de Martín Palermo. Su agónico gol para decretar la victoria ante Perú, en el Monumental, salvó a la Selección de quedar virtualmente excluida de Sudáfrica 2010.

Argentina volvió a mostrarse como un equipo chiquito, carente de juego asociado, sin un esquema definido, huérfano de variantes ensayadas y perdido en su propio laberinto. La era Maradona desdibujó completamente aquel buen comienzo que había tenido y derivó en este jugar a lo que salga que caracterizó al ciclo de Alfio Basile. Diego heredó un cúmulo de problemas y pese a que en un principio pareció que lograría un nuevo orden terminó por caer en el mismo oscuro pozo futbolístico en el que estaba el equipo cuando lo tomó.

Antes del partido ante Perú, en conferencia de prensa, consultado sobre la decisión de hacer entrenar tan poco al equipo, Maradona aseguró que dado el cansancio con el que llegan los jugadores debe cuidarlos sin exigirlos. Esa receta ha sido perniciosa para el equipo nacional. Siempre lo es la falta de trabajo. Detenerse en cada detalle de un partido, mecanizar movimientos, preparar variantes, tener un juego conceptual y grupal, determinar un esquema y afinar una táctica son pasos indispensables para poner en cancha un equipo que sepa leer la partitura que debe interpretar.

Falla la conducción y decepcionan los rendimientos de varios jugadores. Es evidente que Argentina tiene menos futbolistas diferentes de los que suele asegurarse. Es cierto que se cuenta con el mayor talento del planeta, Lionel Messi, pero salvo él y cuatro o cinco jugadores más el resto milita en equipos de tercer o cuarto orden en el contexto europeo. Sin embargo, Paraguay y Chile (ambos dirigidos por técnicos argentinos, Gerardo Martino y Marcelo Bielsa, respectivamente) con a todas vistas menos material lograron equipos con un funcionamiento mucho mejor que el de Argentina a partir de la identidad colectiva que construyeron.

El triunfo ante los peruanos fue inmerecido de acuerdo a lo expuesto por ambos equipos. Argentina comenzó con clara intención de instalarse en campo rival, pero pasado el primer cuarto de hora los buenos intentos se volatilizaron y reapareció el elenco híbrido, anodino y desorientado que había caído ante Paraguay. En el segundo tiempo, el tempranero gol de Gonzalo Higuaín preveía el inicio de un manejo cómodo del partido, pero sucedió todo lo contrario. El conjunto albiceleste no pudo tener la pelota y los circuitos de pases fueron inexistente. Los dirigidos por José “Chemo” Del Solar le robaron la pelota a Argentina y le hicieron mucho daño. La fortuna y las manos salvadoras de Sergio Romero -la figura- evitaron que Perú diese vuelta el marcador. En medio de un tremendo aguacero, el gol de Rengifo a los 90 minutos de juego, luego de que el conjunto rojo y blanco trasladase con comodidad la pelota por toda la cancha, parecía ahogar a la Selección, condenándola. Pero apareció el hombre de las conquistas novelescas, el que pocos días antes había celebrado sus 200 goles en Primera División con un cabezazo desde 40 metros, para desatar el enloquecido festejo de la victoria que parecía imposible.

La penuria argentina fue ante el peor equipo de las Eliminatorias; el último y quien como visitante había llegado a Buenso Aires con sus ocho partidos perdidos, en los cuales había recibido 24 goles y marcado sólo 2.

Argentina tiene que concentrarse únicamente en lograr la clasificación al Mundial, sea el miércoles en el Centenario de Montevideo o en un posterior repechaje. Debe parir la clasificación tras una dolorosa eliminatoria. Un empate ante Uruguay lo clasificará en forma directa a Sudáfrica, salvo la muy improbable alternativa de que Ecuador le gane a Chile, en Santiago, por cinco goles de diferencia. La ventaja de contar con dos de los tres resultados posibles incrementa las posibilidades de conseguir el objetivo y permite la especulación, aunque peligrosa. Gracias a un milagro más del inagotable Palermo la Selección, pese a su ausencia de juego, está más cerca de hacer lo que debe: anotarse en la próxima Copa del Mundo. Una vez con los pasajes en el bolsillo habrá que hacer un replanteo profundo en relación al maltrecho andar que, con distintos matices, Argentina lleva hace más de tres años.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 7 de septiembre de 2009

Argentina, perdida en su propio laberinto

Las luces de alarma continúan encendidas en el Seleccionado y no aparecen las soluciones para desactivar el peligro. Lo bueno que el equipo había mostrado en la derrota ante Ecuador se esfumó, y frente Brasil reaparecieron la desarticulación grupal y el fracaso individual. Así, la clasificación de Argentina al Mundial de Sudáfrica aparece comprometida. Porque se insiste con fórmulas que no han dado buenos resultados, persisten falencias que no logran ser resueltas y pesa negativamente la urgencia por la reivindicación.

Argentina es un equipo de esqueleto flaco al carecer de una estructura colectiva, punto de partida de cualquier gran equipo. Contar con quien está cómodamente ubicado en el podio de los mejores jugadores del mundo y perderlo en la reiteración de vanos intentos individuales es la consecuencia. Maradona deberá asumir definitivamente que los roles son más importantes que los nombres. Lionel Messi, Carlos Tévez y Sergio Agüero cumplen prácticamente la misma función; sólo hay lugar para uno de ellos entre los que inician un partido y es evidente para quién debe ser. Se impone, además, jugar con un centrodelantero goleador; no se puede prescindir de un hombre con instinto de área y que viva del gol.

El fútbol actual en su máximo nivel internacional exige una aptitud física de elite en cada uno de los integrantes del plantel de un seleccionado. Así como es necesario disponer de jugadores veloces en un equipo, buscar otros que tengan una contextura que imponga presencia por su altura es también un requerimiento.

El desborde y el centro constituyen un recurso de manual, básico y siempre vigente. Se trata de una variante que toma todavía más importancia cuando el marcador es adverso. Sin un clásico número nueve ni jugadores de importante talla, un centro -ya sea con pelota parada o por elaboración de jugada- es hoy una amable invitación del conjunto nacional a los defensores rivales para que alejen el peligro de su arco sin mayores contratiempos.

Hay cuestiones que atañen únicamente a los jugadores y eximen al entrenador. Que el gol de Luisao -el primero del partido y el que quiebra su trámite- sea una inadmisible desatención de Sebastián Domínguez o Gabriel Heinze, el que fuese responsable de tomarlo (ambos se fueron detrás de Lucio y dejaron absolutamente libre al otro zaguero), remite exclusimente al orden de los futbolistas. Siete minutos más tarde, el segundo tanto brasileño llegó tras dos rebotes que fueron perseguidos por los de amarillo y observados pasivamente por los de celeste y blanco en una falta de reacción y carácter que tampoco puede ser adjudicada al técnico. La rebeldía y la lucha por revertir encuentro desfavorable deben nacer de quienes ingresan al campo de juego.

Argentina había tenido un buen arranque, con un manejo de pelota de mucho dinamismo y seguridad. Antes de cumplirse el primer minuto elaboró una jugada que tuvo un furtivo ataque a fondo. Ese arranque prometedor tuvo otro fogonazo cuando Messi sacó un fuerte disparo en la boca del área que se fue desviado, pero lo hecho en el primer cuarto de hora no encontraría correspondencia en el resto del encuentro.

No se puede dejar de señalar el tamaño dell oponente. Enfrente había un rival superior en todos los aspectos: juego, físico, actitud, aptitud, carácter, orden e inteligencia. La victoria del sólido, prolijo y lúcido conjunto dirigido por Dunga fue inobjetable. La cara de impotencia y preocupación de Maradona una síntesis del desconcierto argentino.

La Selección volvió a perder como local por Eliminatorias tras exactamente 16 años: el 5 de septiembre de 1993 había sido goleado por Colombia 5 a 0, en el Monumental, y obligado a penar en el repechaje ante Australia para estar en el Mundial de Estados Unidos. Esta caída ante Brasil no tiene ese costo. Restan aún tres partidos y las derrotas de Uruguay y Ecuador antes de que comenzase el partido en el Gigante de Arroyito le aseguraban al conjunto nacional mantener la cuarta colocación (última plaza de clasificación directa) independientemente de una derrota.

De los tres partidos que le quedan a Argentina dos son de pronóstico absolutamente reservado. Con la cara aún roja por el cachetazo brasileño habrá que ir a Asunción para enfrentar al siempre complicado Paraguay, escolta del Scratch junto a Chile, y en la última fecha la excursión será a Montevideo para disputar el clásico ante Uruguay, quien también pude llegar a esa instancia con la imperiosa necesidad de una victoria. Entre amabas presentaciones de visitante, llegará Perú, último en la tabla de posiciones.

Argentina navega en la intrascendencia futbolística y para hacer desaparecer esa hibridez será necesario que Maradona revea el plan de juego y la conformación del equipo, en tanto que los jugadores deben asumir cabalmente lo que significa jugar con la camiseta celeste y blanca.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 18 de junio de 2009

Las miserias de River y la AFA apuntaron a Maradona

La impertérrita caradurez de la dirigencia de River encabezada por José María Aguilar apuntó en esta oportunidad contra Diego Maradona, técnico del seleccionado nacional, que en la previa del encuentro por Eliminatorias ante Colombia se quejó del pésimo estado del campo de juego del Monumental. Entonces, el último martes en la reunión de Comité Ejecutivo desarrollada en la sede imperial de Viamonte 1366, el titular de la entidad de Núñez le envió dos cartas a Julio Grondona, pope de la AFA. En una se quejaba por los dichos de Diego en referencia al piso sobre el que debió disputarse el encuentro ante el elenco cafetero y en la otra, absolutamente desatinada y fuera de tiempo, cuestionaba la salud mental del entrenador y preguntaba por sus honorarios.

En la previa del choque ante los colombianos, Diego utilizó la mejor metáfora futbolera al referirse al campo de juego del estadio de River como un potrero, si se tiene en cuenta el estado en que se encontraba el terreno para un partido de Eliminatorias con destacados jugadores. Julio Macchi, vicepresidente riverplatense, aseguró que la institución se sintió agraviada por los dichos de Maradona. De esto modo, la dirigencia que más agravió la riquísima historia del club, pretendió ponerse como victima en lugar de reconocer que efectivamente la cancha estaba en malas condiciones. Diego se refirió a un elemento condicionante de su trabajo, pero bien podría agregarse el maltrecho estado general del Monumental, algo de lo que cualquier espectador puede dar cuenta. Sin embargo, al parecer la CD millonaria cree que su estadio está a la altura del Santiago Bernabeu o el Giuseppe Meazza.

Aguilar y su séquito fueron incluso más allá al exigir en la segunda misiva un examen psicofísico para Maradona, en un miserable golpe bajo aludiendo a su pasada enfermedad de adicción a la cocaína, y pidir detalles sobre sus honorarios. Agachan la cabeza sumisamente ante la propina que mediante la AFA les otorga la empresa propietaria de los derechos de televización en lugar de hacer valer ese capital, le relegan a un empresario amigo a Gonzalo Higuaín, a otros un combo de juveniles a precio de saldo y dibujan los balances, pero ahora buscan mostrarse firmes y preocupados por el salario del técnico nacional, pese a que está en el cargo hace más de siete meses y a que no debe estar ni entre los 20 entrenadores mejores pagos a nivel seleccionados nacionales.

La AFA, una vez más, puso una piedra en el camino de Maradona primero al disputar de todos modos el partido en el Monumental en lugar de trasladarlo no ya al interior -que parece no ser Argentina cuando se habla de la Selección-, sino al menos al José Amalfitani, y más tarde al darle lugar al reclamo de la dirctiva de River. La AFA alega que el Monumental es el único estadio habilitado desde la FIFA para disputar las Eliminatorias. ¿No puede el vicepresidente segundo del mundo conseguir el permiso para jugar en otro escenario? Claro que sí, pero por su aforo el estadio de River es el que mejor se ajusta al negocio de las entradas otorgadas a los patrocinadores. El protocolo debería ser algo limitado, pero en cada partido de la Selección se entregan a esas empresas más de 10.000 tickets. Grondona siempre dijo que no se podía salir de Núñez, pero ahora asegura que cometió un error y por eso pedirá autorización a sus amigos de Suiza para jugar ante Brasil en el Gigante de Arroyito.

El mandamás pretendió, al otro día de la presentación de las cartas de Aguilar, bajarle el tono a la cuestión al sentenciar que se trataba de una disputa de fanatismo superclásico y calificó a Maradona de partidario ferviente de Boca Juniors, asegurando así que opinó como un hincha con gorro, bandera y bincha xeneixe y no como lo que es, el entrenador del equipo nacional.

De esta dirigencia de River y de la eterna conducción de la AFA nunca se puede esperar nada bueno, y si actúan en conjunto lo que devenga seguramente será nefasto. De hecho siempre operan en tándem, ya que todas las irregularidades en River fueron avaladas desde la AFA. Por eso no fue de extrañar que Grondona diera lugar al reclamo de River y pidiese disculpas, desacreditando la justa queja de Maradona y varios jugadores. Tal vez el otrora ferretero logre con todos los técnicos de talla lo mismo que ya consiguió con Bianchi, de modo tal que ninguno quiera hacerse cargo de la Selección estando él de por medio
(Foto: Elpotrero.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de septiembre de 2008

Más luces de alarma

Los problemas de la selección argentina van mucho más allá del empate de Perú en el último suspiro del encuentro disputado en el estadio Universitario de Lima. A fin de cuentas, el agónico gol de Johan Fano, tras una enorme corrida de Julián Vargas de más de 70 metros luego de haber recuperado la pelota y escalado por el sector derecho del ataque peruano para asistir a su compañero, estableció el resultado más acorde de acuerdo al desarrollo del partido. Los inconvenientes cada más preocupantes –por reiterativos- del equipo conducido por Alfio Basile no hubieran desaparecido si se sumaban los tres puntos que parecía estaban en el bolsillo después de que Walter Wilchez metiera la pelota en su propio arco a 8 minutos del final.

Argentina tiene serias falencias de funcionamiento. El equipo no aparece porque no se busca y se espera que surja por generación espontánea. El seleccionado carece de juego colectivo y verticalidad, es laxo, improductivo en la tenencia de la pelota y estático. No hay relevos de posiciones, ni sorpresas a partir de desprendimientos. Las jugadas de pelota parada, armas peligrosas de los equipos serios, brillan por su ausencia. No hay nada que muestre a un equipo como tal. Es llamativo que el responsable de todo esto sea quien armó aquella gran selección de principios de los 90, con un juego radicalmente distinto a este.

Si las actuaciones del equipo siguen dependiendo de un buen descanso para que gane el que se levante mejor, de que Rubén Díaz no olvide llenar sus bolsillos de talco antes de cada partido, de hacer cuernitos cuando ataca el rival o de que no haya jugadores imposibles de marcar, como aseguró Basile lo había sido el veterano Carew en aquella derrota ante Noruega, los nubarrones actuales serán cada vez más oscuros. Lo cierto es que a la selección le falta trabajo. El cuerpo técnico no da cuenta que para aprovechar el talento individual debe mecanizar movimientos, ensayar variantes, prever situaciones adversas, analizar rivales y hacer todo lo necesario para perfeccionar la idea concreta de juego que se tenga.

El técnico insiste en argumentar que no hay tiempo de trabajo. Pero las condiciones son estas y no se pueden cambiar, por lo cual si las mismas le impiden un correcto desempeño de su tarea deberá asumir que no es idóneo para el puesto y proceder en consecuencia. De todos modos, la falta de tiempo se presenta como una excusa cuando se ve que ahora que tuvo a los jugadores disponibles para esta doble fecha de eliminatorias prescindió de tardes y mañanas de prácticas, cuando podría haber organizado una semana con varias jornadas en doble turno.

En dos años como máximo responsable, Basile no ha logrado buenos resultados, ni mucho menos rendimientos que muestren a un equipo que evoluciona de cara al próximo Mundial. Desde aquel debut 0-3 ante Brasil en Londres, en septiembre de 2006, no ha habido mejoras; en ninguna faceta del juego se está mejor que en aquel entonces. Dos años sin crecimiento es demasiado tiempo. Un puñado de buenos momentos en la Copa América disputada el pasado año en Venezuela es demasiado poco.

Basile deberá replantearse íntegramente su papel al frente del seleccionado. Tendrá que revisar su modo de programar los partidos, eliminar la idea de que un equipo se logra sólo con los mejor dotados técnicamente, analizar cómo estarán algunos jugadores cuando se juegue el Mundial y determinar qué futbolistas carecen de esa cuota de amor propio, de ese plus, que es necesario para vestirse con la casaca albiceleste, porque no lograr un mayor compromiso -como está ocurriendo- es un claro síntoma de que los protagonistas no creen en este proceso.
(Foto: Clarin.com)

Patrico Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 19 de junio de 2008

Argentina con algunas luces y más sombras

En los cuatro encuentros que disputó en los últimos 15 días, la selección mostró algunos aspectos favorables, pero, con más fuerza, volvió a exhibir una cara preocupante. Disputó un muy buen partido ante México y uno aceptable, discreto, ante Brasil. En tanto, los rendimientos ante Estados Unidos y Ecuador evidenciaron la mala utilización de los talentos de los que se dispone al no poder conjugarlos en un equipo compacto y con una identidad definida, en lugar del heterogéneo apilado de identidades propias. Recapitulemos en una crónica, brevemente, qué fue lo que ocurrió en cada partido.

Ante México, el 5 de junio, Argentina presentó una línea de tres con Nicolás Burdisso, Martín Demichelis y Fabricio Coloccini, mientras que Messi jugó libre por detrás de la dupla de ataque compuesta por Sergio Agüero y Julio Cruz. Esa victoria 4 a 1 en el Qualcomm Stadium de San Diego, Estados Unidos, exhibió el juego más vertical y veloz de lo que lleva esta segunda era de Alfio Basile como seleccionador nacional, lo que generó, a partir del cambio de esquema y de funcionamiento, una renovada ilusión. Apenas tres días más tarde, en Nueva Jersey, el dueño de casa plantó un armado destinado a neutralizar al rival y lo consiguió, en buena medida gracias a la falta de respuestas colectivas del equipo de Basile; fue 0 a 0. Algo de esto se repitió el día 15, al disputarse el primer choque por la tercera manga de la Eliminatoria mundialista. Argentina enfrentó en el Monumental a Ecuador y estuvo a 30 segundos de una derrota histórica (terminó 1 a 1) al reiterarse la ausencia de un esquema táctico que actúe como sostén y primar un juego laxo, sin verticalidad ni dinámica, con nula búsqueda de forzar el error del rival para generar peligro y aguardando, en cambio, que se abran los espacios por decantación para llegar así al gol. La última escala fue, 72 horas más tarde, en Belo Horizonte, donde Argentina jugó un partido aceptable si se toma como parámetro que en un partido no es necesario ser el mejor del mundo, sino simplemente más que el rival. De todos modos, ante un muy flojo Brasil, quedó la sensación de que se atacó muy poco, de que faltó audacia para ir a buscar con decisión y protagonismo y así quebrar el 0 a 0 final.

El recorrido cronológico evidencia que las gratas novedades implementadas ante México terminaron por diluirse en los dos partidos siguientes en ese juego lateral, insípido, y falto de sorpresa y orden táctico que ha sido característico en ese ciclo. La ausencia de espíritu de equipo no tiene que ver con la falta de solidaridad entre los protagonistas –algo que no sucede-, sino que se remite a la falta de un trabajo táctico que equilibre, prevea variantes, establezca sociedades (sí es de celebrarse la de Javier Mascherano y Fernando Gago en el Mineirao) y cohesione las capacidades individuales. Esta selección está basada, exclusivamente, en las capacidades particulares de cada integrante y así no hay equipo posible.

Al margen del juego, se impone una digresión referida a la conducta de Basile, ya que incurrió en un hecho repudiable. Su imagen insultando a Isaac Mina, lateral izquierdo de Ecuador, cuando el equipo dirigido por Sixto Vizuete se imponía 1 a 0, es uno de los comportamientos más patéticos que se recuerden en la selección en los últimos años. Ese proceder por parte de quien debe conducir es una síntesis que habla por sí misma.

Los dos puntos obtenidos de los últimos 9 en juego por las Eliminatorias no implican un problema, ya que con este formato para el camino mundialista se da por descontado que Argentina sumará lo necesario para estar en Sudáfrica 2010. El inconveniente principal radica en la reiteración de errores y carencias, que a la hora de enfrentar a selecciones poderosas suelen acarrear derrotas. Desde que reasumió la conducción del seleccionado, Basile tuvo cinco enfrentamientos ante habitantes del primer mundo futbolístico y sólo le ganó a Francia, 1 a 0, en Saint Denis en febrero de 2007; el resto fueron dos derrotas (3 a 0) y este reciente empate ante Brasil y caída (2 a 1) frente a España.

La selección argentina cuanta con los futbolistas necesarios para armar un plantel de lujo, quizá el mejor del mundo a la hora de juntar 25 o 30 jugadores. En ese contexto se cuenta con una de las máximas estrellas mundiales, Lionel Messi, y dos talentos reconocidos ya en las ligas más prestigiosas de Europa, Carlos Tévez y Sergio Agüero. Sien embargo, a la hora de buscar un jugador símbolo, al momento de designar un abanderado futbolístico, el elegido es Juan Román Riquelme. Entonces la selección se arma, se amolda, entorno al número 10 de Boca y el equipo nacional es muy grande y dispone de demasiados muy buenos recursos como para hacerlo girar en un romancentrismo.

Entre 1990 y 1994 Basile fue el hacedor y conductor de un equipo nacional que ganaba a partir de un muy buen juego, ofensivo, con dvértigo y personalidad. El Mundial de Estados Unidos fue una frustración más, pero las circunstancias entorno al doping positivo de Diego Maradona generaron una situación muy particular como para englobarla en un análisis general. Lo cierto es que poco tiene que ver aquella selección con esta, pese a que el DT es el mismo. Al parecer, la evolución (para bien o para mal, consideración propia de cada uno) del juego y las realidades organizativas imperantes no han sido interpretadas correctamente por el seleccionador nacional y por eso hoy el equipo expone a cuentagotas la potencialidad de la que dispone.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com