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martes, 30 de agosto de 2016

El imprescindible

Todavía no había debutado en River cuando en julio de 2003, un mes después de cumplir 19 años, le llegó la oportunidad de su estreno en el seleccionado nacional. Marcelo Bielsa fue el primero de los ocho técnicos que considerarían a Javier Mascherano para el equipo nacional. Luego mantendría su lugar en las formaciones de José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino y ahora Edgardo Bauza, el nuevo entrenador de Argentina.

Inteligencia táctica, capacidad técnica, despliegue físico y la virtud del ordenamiento colectivo son algunas de las características que lo transformaron en un imprescindible; uno de los pocos en la Selección. En ese ideal de un equipo en el que todos defiendan y también todos ataquen, el jugador del Barcelona se involucra como ningún otro en ambas facetas. Es tan capaz de desactivar el peligro con un quite parado de último hombre como de dar el pase para poner a un compañero delante del arquero rival.

Si Mascherano disputa los partidos frente a Uruguay (el que marcará el debut de Bauza) y Venezuela en la doble fecha de Eliminatoria habrá llegado a los 131 encuentros con Argentina. Esa marca lo deja no tan lejos de la establecida por Javier Zanetti, que con 145 encuentros ostenta el primer lugar del podio de presencias.

Haber sido convocado por ocho técnicos al seleccionado es un récord que marca la valía de Mascherano y la desorganización del fútbol argentino. En los 30 años que transcurrieron entre 1974 y 2004 Argentina tuvo cinco entrenadores (César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Alfio Basile, Daniel Alberto Passarella y Marcelo Bielsa), mientras que en los últimos 12 se sucedieron siete. Así, desde hace más de una década los ciclos de los técnicos en el seleccionado promedian menos de 2 años.

En los turbulentos cambios de conducción, Mascherano nunca dejó de ser un futbolista sin reeemplazo. Así lo consideró Bielsa en el rearmado de su equipo después del Mundial 2002 y así lo considera Bauza rumbo a Rusia 2018.
Foto: Clarin.com.ar

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de noviembre de 2015

El partido de la reivindicación

La tórrida y pegajosa Barranquilla es un buen lugar para la Selección, con su calor extremo o con una lluvia que actúe de bálsamo. Ahí nació hace cuatro años el equipo de Alejandro Sabella, y en el mismo lugar acaso haya hecho lo propio el de Gerardo Martino. Después de tres encuentros con más interrogantes para la preocupación que argumentos para la ilusión, la Selección del Tata cumplió en su último partido del año una gran actuación. El 1-0 ante Colombia no precisó la superioridad que estableció.

Corto y asociado, ordenado para retroceder y desplegado para atacar, Argentina generó un imperativo en el trámite de las acciones que limitó al seleccionado de Néstor Pekerman al rol de partenaire. Tuvo juego y carácter para levantarse cuando estaba golpeado. La acumulación de pases expuso la confianza en el concepto grupal, actuó como muestra de que cada futbolista se respaldaba en sus compañeros. Fue el partido de la reivindicación.

La Selección se erigió desde su triple pivote central. Javier Mascherano fue el de siempre con relevos quirúrgicos, pase firme y como patrón del orden; Lucas Biglia se convirtió en la figura de la cancha con quite, construcción, proyección y gol, en tanto que Ever Banega, sin relegar su rol defensivo, ofició de tiempista del ataque, soltando la pelota en el momento justo y con el destino indicado. Los tres mediocentros, con distintas obligaciones en el esquema grupal, fueron la exclusa para que Argentina se multiplique en defensa y en ataque con roles reversibles.

Otra sociedad destacada fue la de la zaga. Nicolás Otamendi y Ramiro Funes Mori son fuertes y rápidos, ambos con aptitudes para romper líneas y adelantar al equipo. Se complementan como si llevasen varios partidos uno al lado del otro. El ex zaguero de River encontró su lugar por la ausencia de Ezequiel Garay ante Paraguay y cierra el año con el rendimiento más alto del elenco nacional al cabo del primer tramo de las Eliminatorias.

En la delantera, Ezequiel Lavezzi ratificó su compromiso de equipo con un enorme desgaste y siendo punzante al llegar al fondo. Es cierto que Gonzalo Higuían dilapidó una ocasión muy propicia, pero expuso sus credenciales de centrodelantero de jerarquía mundial. Inagotable, Ángel Di María apiló rivales con frenos y arranques indescifrables para los de camiseta amarilla.

Argentina cerró el año con una actuación que la puso muy cerca de lo que se sabe puede dar. Una actuación reivindicatoria para Martino y los futbolistas. Y un guiño de plena confianza a la espera del regreso del mejor de todos.
(Foto: AP-Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de octubre de 2015

Del incendio en el Monumental al desconcierto de Asunción

La única vez que Argentina faltó a un Mundial por mancarse en la clasificación previa fue en 1970. Aunque ciertamente se presenta como un pronóstico demasiado tempranero y fuertemente agorero, puede verse a Rusia 2018 más como un interrogante que como una certeza.

Primero ante Ecuador y luego frente a Paraguay, la Selección mostró la versión más flaca que se le recuerde en mucho tiempo. El muy bajo nivel se tradujo en un punto de seis en disputa y ningún gol en 180 minutos de juego. En ambos partidos estuvo ausente Lionel Messi, con todo lo que eso implica.

El primer partido de las Eliminatorias, ante Ecuador en el Monumental, fue un incendio del que, con esfuerzo, solo se salvaron el más veterano y el más joven del equipo: Javier Mascherano y Ángel Correa. En contrapunto, los dos más abrasados fueron los laterales, Facundo Roncaglia y Emmanuel Mas, que fallaron por concepto individual pero también, marcadamente, por el andamiaje colectivo. Los dos jugaron mano a mano, sin relevos producto de un mediocampo despoblado.

En otro orden, faltó además un precepto que debería ser básico: que el jugador que se desprende de la pelota siga la jugada. Dar un pase a un compañero no implica desentenderse de lo que prosiga, sino que lo que debe hacerse es volver a ofrecerse como alternativa de pase en otro sector, sin perder de vista relevos y desmarques.

La entrega que no le había faltado al equipo en Buenos Aires se incrementó incluso en Asunción, pero ante Paraguay el equipo volvió a mostrar más carencias que aciertos. Correr, una obligación y una virtud muchas veces presentada como defecto (en oposición a “jugar bien”), no alcanza por sí solo. Se necesita una correcta lectura de juego y asociaciones colectivas; orden para generar la impronta que sorprenda al rival.

En el estadio Defensores del Chaco, Argentina se acomodó en bloque de la mitad hacia atrás, y cuando falló ese andamiaje defensivo la jerarquía individual esterilizó el peligro guaraní. En ataque faltaron variantes pese a lo que generó Carlos Tévez. Las apariciones de Rogelio Funes Mori y Matías Kravenitter oficiaron de buena noticia.

Ambos encuentros repitieron dos circunstancias preocupantes. Desde el banco, el entrenador no intentó, o no supo, cambiar la fisonomía del equipo; algo evidente necesario sobre todo en el primer encuentro, de trámite adverso desde el comienzo. Y los jugadores, por su parte, no tuvieron rebeldía para buscar alternativas dentro del plan trazado.

Martino está al frente del equipo hace poco más de un año. Es un técnico capaz y cuenta con un grupo de jugadores de primer orden mundial. Hasta acá, su ciclo ha ido de más a menos. Un elemento que no puede obviarse es la renovación de nombres en relación al ciclo que concluyó en la final del Mundial de Brasil. Pero ese recambio necesita ser rápido y certero, para que el equipo, desde el juego, encuentre los resultados que permitan recobrar la confianza, para que Rusia 2018 aparezca en el horizonte como una certeza y no como una incógnita.
(Foto: Diezmas.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 7 de julio de 2015

La Selección ante un estigma imborrable

"Queriendo entrar en razón
y el corazón tiene razones
que la propia razón
nunca entenderá".
La Renga

Argentina volvió a perder una final, y cuesta mirar más allá de ese golpe que vuelve a impactar con fuerza demoledora. Puede analizarse el partido en Santiago, claro, pero para quien escribe estas líneas la Selección se volvió un misterio. En más de 20 años se probó todo y con todos, pero los títulos siguen siendo esquivos. El desenlace fue el mismo en las finales que ameritaban victorias, como la del Mundial 2014, y en las que en efecto el rival fue más, como la de la Copa América 2007. Ni con merecimiento ni con fortuna pudo cortarse la racha adversa.

Esta vez fue la frustración fue en el certamen continental de seleccionados y en sentencia por penales. Uno convertido, el de Lionel Messi; uno desviado, el de Gonzalo Higuaín, y otro atajado, el de Ever Banega, ahondaron todavía más el abismo. En 11 meses Argentina tuvo el destaque de llegar a la final del Mundial y la Copa América, y el dolor de perderlas. Las caídas ante Alemania y Chile pueden romper la cabeza de varios jugadores del seleccionado.

"No le encuentro explicación, quizás sea yo. Otra vez nos faltó esa cuota de suerte en las finales. Es un karma, no lo sé. Soy uno de los más grandes, hay que hacerse cargo de lo que queda. En la cabeza da vueltas dar un paso al costado y que venga otro”, expresó Javier Mascherano ante un desasosiego que conoce como nadie y sufre como el que más. Perdió las finales de la Copa América de 2004, 2007 y 2015 y la del Mundial 2014. Acaso sea un error pensar el fútbol en términos individuales, pero duele el dolor de Mascherano. Durante más de 10 años le aportó a la Selección jerarquía, calidad, inteligencia, entrega y liderazgo. Si algo merecía el fútbol argentino, los argentinos amantes del fútbol, era que Mascherano fuese campeón y que se eternice la imagen de Lionel Messi alzando un trofeo vestido de celeste y blanco.

Las razones de cada una de las finales perdidas desde 1995 pueden ser analizadas a partir de lo ocurrido en cada partido; pero, en su conjunto, la cadena de frustraciones no encuentra (yo no le encuentro) explicaciones. Pasaron un tendal de jugadores de alta jerarquía internacional y técnicos tan diversos como aptos sin que pueda quebrarse el maleficio.

En un análisis pormenorizado de los últimos 20 años del seleccionado aparecerán razones para entender desde la lógica de las acciones y omisiones la cadena de desencantos. No tengo capacidad para realizarlo. La Selección se me presenta como un enigma indescifrable.
(Foto: Ole.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de julio de 2014

No se pudo, pero vale mucho

El resbalón en el último escalón da más pesar que haber perdido el equilibrio en el umbral de esa escalera que fue el Mundial. El dolor es profundo aunque no exista nada para reprocharse. Pese a haber dejado todo, perdura la idea de que podría haberse hecho algo más. Se instala la mueca por el error que no debió ser, por el detalle en el que no había que fallar. Fue muy importante lo que se consiguió, pero fue agrio el desenlace

En Brasil 2014, Argentina fue de menor a mayor, creció como equipo conforme aumentó la exigencia y recibió un golpe demoledor en el minuto 113 de la final. El gol de Mario Götze enterró la ilusión de bordar la tercera estrella. Pese a la tristeza por la derrota, hay que poner en medida el enorme valor haber vuelto a estar en una definición mundialista, la quinta en la historia del fútbol argentino tras las de 1930, 1978, 1986 y 1990.

Alemania fue el mejor equipo del campeonato, un conjunto producto de un proceso de casi una década; pero en el último partido del Mundial, en el choque por el título en el estadio Maracaná, Argentina fue más que el seleccionado germano. Como nunca, quedó demostrado que en la elite la diferencia la hacen los detalles, en los cuales la Selección no estuvo fina y los teutones fueron quirúrgicos. Una inmejorable en el tramo inicial del partido, otra en los pies del mejor jugador del mundo y una más en el alargue fueron las tres muy claras situaciones de gol que no capitalizó argentina. Alemania, perdonado, no perdonó.

Argentina viajó al Mundial con muchos interrogantes en la defensa y pleno de certezas en ataque. En Brasil la ecuación se invirtió y el equipo soldó una armadura en el fondo (el arquero, los cuatro defensores y el magnánimo Javier Mascherano) y perdió el fuego ofensivo que había sido su principal característica. Lionel Messi salvó al equipo en los tres partidos del grupo y en el choque de octavos de final. Ante Bélgica, en cuartos, jugó acaso como nunca para el equipo y mejoró el cuadro final con sus pinceladas únicas. En la semi y la final -instancias a las que se accedió por sus actuaciones precedentes- padeció la marca férrea y, sobre todo, la ausencia de compañeros con quienes generar un fluido diálogo futbolístico. Sufrió a lo largo del Mundial el bajo rendimiento y las lesiones de todos sus socios de ataque, lo cual quedó muy en evidencia en los últimos dos partidos.

Parecía un Mundial escrito para Argentina. Todo fue acomodándose de tal manera que el destino final no podía ser otro que la copa adornada con los colores celeste y blanco, como en 1978 y 1986. Pero no fue. Sin embargo, la Selección volvió un lugar del que se había alejado por casi un cuarto de siglo. Eso vale mucho.

(Foto: FIFA.com)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 5 de julio de 2014

A Sabella lo que es de Sabella

“Cruzamos el Rubicón”, anunció apenas conseguida la clasificación a las semifinales. Cuando Julio César atravesó el pequeño río que establecía el límite romano, dando inicio a la guerra civil, aseguró: “La suerte está echada”. Con otra cita histórica, Alejandro Sabella desatacó lo que significa que Argentina vuelva a estar entre los cuatro mejores de un Mundial después de 24 años, luego de que fuese subcampeón en Italia 90, aquella Copa del Mundo en la que Argentina se vinculó como nunca a la épica deportiva, embanderada detrás de trío compuesto por Diego Maradona, Sergio Goycochea y Claudio Caniggia.

La victoria ante Bélgica fue también un triunfo personal del entrenador, impecable en cada una de sus determinaciones. La disposición táctica inicial, los nombres para conformar el equipo en el comienzo del partido y los cambios posteriores fueron una cadena de aciertos. La influencia de los técnicos es innegable (a veces para bien de un equipo y otras para mal), y la de Sabella fue imprescindible en el cruce argentino del Rubicón mundialista.

Las titularidades de Sergio Romero y Marcos Rojo ya le habían dado la razón por los altos rendimientos de los dos futbolistas más cuestionados en la previa de Brasil 2014. Ante la ausencia del lateral por suma de amonestaciones, frente a Bélgica ingresó José Basanta, otro futbolista cuando no ninguneado también señalado con varios índices acusadores, y su rendimiento estuvo acorde a la exigencia. Pero esa no fue la única variante que hizo Sabella en la defensa. Sacó a Federico Fernández y puso a Martín Demichelis, con todo lo que implica para un entrenador cambiar a un central en un Mundial. El zaguero del Manchester City jugó bien, demostró su temple, y seguramente influyó para que Ezequiel Garay se destaque todavía más.

Pero el mayor movimiento lo hizo en el mediocampo, donde quitó a Fernando Gago y puso a Lucas Biglia para conformar un doble pivote central con Javier Mascherano, colosal una vez más. Ese módulo en el eje implicó una mayor responsabilidad para Ezequiel Lavezzi, que tuvo que hacer bien largo su recorrido por la banda, hasta aparecer en varias ocasiones como marcador lateral. La tarea táctica de Pocho fue de extrema pulcritud y el mérito de Sabella enorme al vislumbrar que podía lograr esa versión de de un jugador de ataque y convencerlo de realizarla.

En la consagración de México 1986, Carlos Bilardo encontró el equipo en los cuartos de final, cuando para enfrentar a Inglaterra dispuso los ingresos en el equipo titular de Julio Olarticoechea y Héctor Enrique. Sabella también armó su mejor conjunto en esa instancia del Mundial, aunque para las semifinales no podrá contar con el ancho de basto, Ángel Di María. El ingreso de Enzo Pérez para ocupar su lugar fue otro acierto de Sabella. Fideo, Lionel Messi y Mascherano componen el tridente de futbolistas irreemplazables en Argentina.

La Selección había dejado dudas en sus presentaciones anteriores, dudas que minimizó sustancialmente. El equipo tuvo momentos de zozobra ante los belgas, pero se mostró firme y compacto- ya no estuvo largo y quebrado entre líneas- consustanciado colectivamente y entregado a una tarea conjunta moviéndose acompasadamente. Como nunca pareció notarse que la prédica del entrenador había calado hondo. La aplicación de Messi en la marca es una muestra contundente.

Argentina está entre los cuatro mejores del Mundial; ante una mayor exigencia elevó su talla. Buena parte del mérito le corresponde a Sabella, el mismo que había equivocado el equipo en el debut y lo reconoció, el mismo que ideó a la perfección el triunfo en cuartos de final.
(Foto: AFP - Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de julio de 2014

Por el astro y el azar, a la espera del equipo

Si Argentina está a un partido de volver a decir presente en una semifinal mundialista después de 24 años se lo debe al genio de Lionel Messi y al sorteo (¿sorteo?) más favorable que se recuerde antes que a su desempeño de conjunto. El capitán destrabó con sus goles y su talento los cuatro partidos disputados hasta el momento en Brasil 2014. Decisivo y determinante como nadie. En lo que refiere al cuadro, el seleccionado se topó con rivales inferiores a su talla, no recorrió grandes distancias en un país de enorme extensión, evitó el calor del norte y tuvo varios días de descanso. Desde que quedó determinado, el fixture le hizo la más gentil invitación.

En los cuatro partidos disputados, frente a Bosnia, Irán, Nigeria y Suiza, fueron más los malos momentos que los buenos para el conjunto nacional. Pero no ha dejado de ser un equipo de mano muy pesada y, antes o después, el golpe de K.O. aparece. Frente a los helvéticos hubo que esperar hasta los 117 minutos de juego para el gol que dio la clasificación; y luego habría tiempo para que se detengan los corazones albicelestes cuando en tiempo adicionado Suiza pegó un tiro en el palo. A lo largo de todo el partido, el seleccionado se mostró como un equipo largo, quebrado, algo que se pudo ver en la presión individual y la defensa mano a mano.

Otro destello fulgurante de Messi, la multiplicación de sí mismo de Javier Mascherano y el despliegue inagotable de Ángel Di María, autor del gol, cimentaron la victoria para estar por tercer Mundial consecutivo entre los ocho mejores (algo que desde 2006 solo lograron Brasil, Alemania y Argentina). Pero fue un triunfo sufrido, porque Argentina otra vez no pudo plasmar el potencial que se sabe tiene y Suiza lo complicó bastante. Las virtudes en el cotejo disputado en el estadio Arena de Corinthians, en San Pablo, estuvieron más vinculadas con una gran actitud que con destacados movimientos de conjunto. Argentina no dejó de insistir, aún con errores, en percutir a su rival; mostró coraje y resistencia a la frustración para intentar una y otra vez prosperar en campo adversario. Vale destacar ese aspecto.

La Selección quedó incluida en el patrón que marcó la medida en la primera fase de eliminación directa: cinco de los ocho partidos debieron resolverse después del tiempo regular. Brasil estuvo a unos pocos centímetros de ser el llanto de un país, cuando el remate de Pinilla en el último minuto del alargue aboyó el travesaño del arco defendido por Julio César; y avanzó después de que el chileno Jara pegase en un poste el décimo penal, el último de la serie. Alemania se vio superada por Argelia y pasó con penuria en el alarque. Holanda perdía con México a los 88 minutos y lo dio vuelta increíblemente con un penal mal sancionado ya en tiempo de descuento. Costa Rica superó a Grecia por penales y Bélgica a Estado Unidos en la prórroga. Las excepciones fueron Colombia, que sí eliminó con autoridad a Uruguay, y Francia, quien impuso condiciones frente a Nigeria.

Bélgica, con varios jugadores en clubes protagonistas de las ligas europeas más relevantes, supone en la previa un rival de mayor fuste que los enfrentados hasta ahora. No podría sorprender que el nivel de Argentina se eleve con el incremento de la exigencia. El equipo no apareció hasta el momento, pero eso no quiere decir que no pueda hacerlo; es de esperar que, de un momento a otro, surja en su mejor dimensión.

Con Messi y con un camino muy favorable (pese a que, se sabe, ningún partido se gana en la víspera), Alejandro Sabella, que ya tuvo razón con el respaldo a Sergio Romero y Marcos Rojo (no estará en cuartos de final por acumulación de amonestaciones), debe procurar recuperar el funcionamiento que el equipo había mostrado antes de desembarcar en Brasil, donde el Mundial parece hacerle un guiño a la Argentina, que debe superar sus propios complejos para ir a conquistarlo. 
(Foto: FIFA.com) 

Patricio Insua 
patinsua@gmail.com

martes, 26 de marzo de 2013

Un camino con destino seguro: Brasil 2014

La ocasión de gol que Lionel Messi no pudo concretar a seis minutos del final del partido  evidencia y sintetiza la particularidad que implica jugar en La Paz. En cualquier otro ámbito el rosarino hubiese elegido, de un universo que para él no tiene secretos, la definición más conveniente y certera. No encontró la opción que mejor se ajustaba y la ejecución fue defectuosa.

"Dudé un poquito y el arquero se me vino encima”, reconoció el mejor del mundo sobre la jugada en cuestión. En un artículo publicado en la previa del encuentro, Juan Pablo Sorín, el excapitán del seleccionado argentino, aseguró que los 3.650 metros de altura del estado Hernando Siles no sólo se sienten en las piernas, sino también en la toma de decisiones.

Argentina consiguió ante Bolivia un punto testimonial. Sumó en un sitio históricamente adverso y en el cual en su última visita había sufrido una de las peores derrotas de todos los tiempos. El empate no lo deja ni más cerca ni más lejos del Mundial, porque Argentina se sabe en Brasil 2014. Las matemáticas no afirman lo que el fútbol ya conoce.

Alejandro Sabella mostró, una vez más, su capacidad como estratega en esta nueva tanda de compromisos por Eliminatorias. Contemplando las especiales condiciones de La Paz y atento a la próxima escala, hizo ocho cambios respecto del equipo que había derrotado a Venezuela en el Monumental. Mantuvo a Sergio Romero, dueño del arco; Javier Mascherano, jugador sin par en su función, y Messi, el genio total. Sobre Gonzalo Higuín pesaba una suspensión y Ángel Di María (el mejor ante Bolivia, junto con Mascherano) volvió tras cumplir la suya. También elaboró otro esquema, pero sin relegar el alto poder de fuego que es la característica distintiva de su seleccionado.

Un viejo mandamiento del fútbol reza que lo equipos se arman desde atrás hacia adelante. Cierto es que las aspiraciones consagratorias quedan hipotecadas con una defensa endeble, pero el fútbol desconoce verdades absolutas. Sabella arma su equipo en torno al mejor jugador del mundo. Piensa, en cada circunstancia, quiénes son los mejores socios y cuál es el camino ideal para capitalizar de la mejor manera el genio de un futbolista colosal.

La Selección todavía debe afianzar aspectos colectivos, pero es un equipo reconocible, que marcha con un plan, que persigue una idea. Tiene un conductor idóneo afuera y un líder formidable adentro. Las propias virtudes, las del rival de turno, el trabajo y los imponderables harán lo suyo. Argentina crece en su juego y su ambición mundialista.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 7 de septiembre de 2010

Argentina goléo a España y Batista fue el gran ganador

Si Sergio Batista, tal como lo había dicho Julio Humberto Grondona, presidente y voz única de la AFA, estaba cerca de ser ratificado en la conducción del seleccionado argentino, la goleada 4-1 ante España, campeón del mundo, seguramente sentenció el asunto. Lo mejor de la continuidad de Checho es que no se habrá desperdiciado un semestre de trabajo. Porque establecer un limbo transitorio, propio de otra época de la organización del fútbol nacional, fue una pésima idea pergeñada en Viamonte 1366.

Pese a que ni en sus antecedentes como entrenador ni en su carrera como futbolista completaba el formulario para ocupar tamaño cargo, Batista se encontró de pronto en ese lugar y, como era lógico, se abocó a ganarse la permanencia. Anunciado como interino, no le posibilitaron vislumbrar el futuro y lo obligaron a ser puro presente. En esa circunstancia fue buscó poner en cada partido, primero ante Irlanda y luego frente a España, el mejor equipo posible. No había mañana sin la furia del hoy.

Ante un elenco que contó con la mayoría de los jugadores que se consagraron en Sudáfrica 2010, Argentina hizo un muy buen primer tiempo. El trinomio de volantes centrales fue un gran acierto del entrenador. Ever Banega, Javier Mascherano y Esteban Cambiasso se complementaron en gran forma. Probada la jerarquía del capitán y la del cerebro del Inter, la inclusión del hombre del Valencia fue una positiva decisión.

Batista había dicho en la previa del encuentro ante los de Vicente Del Bosque que no quiere un equipo rápido. No parece una buena premisa ante un fútbol donde la dinámica y la velocidad son una condición insoslayable. Plantear la rapidez como un aspecto negativo de un equipo es un error; se trata de un elemento necesario, que no tiene porqué ir en detrimento de otros.

Entonces, durante varios pasajes del encuentro, sobre todo en la mayor parte del complemento, el conjunto nacional se mostró laxo y con falta de verticalidad. Vale el cuidado de la pelota con rotación y lateralización, pero en fútbol el protagonismo implica asumir riesgos. El conservadurismo en la posesión del balón es una receta insípida.

Pero ahí está Lionel Messi, sin lugar a dudas el mejor jugador del planeta. Cada vez que la pelota llega a sus pies hay que contener la respiración porque algo va a suceder. Indescifrable para los adversarios -hasta para los que más lo conocen, como sucedió en el Monumental- cuando encara hacia arco rival una descarga eléctrica parece recorrer todo el escenario para maravillar a compañeros, rivales, espectadores y hasta a los que lo siguen a la distancia por televisión.

Los jugadores, nada menos que con el crack rosarino en la primera voz, se han manifestado por la continuidad de Batista. Hay que ver hasta qué punto es bueno que la corporación de los futbolistas que integran la Selección pida por un técnico. Los cierto es que el apoyo de sus dirigidos, el visto bueno de Grondona y los triunfos en los dos partidos que le encomendaron parecen haber dejado todo definido para que prontamente el campeón del mundo en México 86 sea oficializado al frente del equipo.

La Selección necesita una revolución. La AFA debe abocarse a prestar las mejores condiciones para el trabajo del equipo y no a negocios personales. Los técnicos tienen que imponerse sobre los jugadores por autoridad y convencimiento y trabajar sin concesiones. Los futbolistas, en tanto, den dejar de lado los enconos personales, los reclamos y el estrellato para recuperar el espíritu amateur del que alguna vez habló Marcelo Bielsa y que está presente en los seleccionados nacionales de otras disciplinas. Se impone un cambio integral, de lo contrario será muy difícil salir del letargo.
(Foto: Canchallena.com - AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 4 de marzo de 2010

Ante Alemania, Argentina aprobó un exigente examen

El núcleo del seleccionado nacional había puesto como punto de partida para Sudáfrica 2010 el encuentro preparatorio ante Alemania. Entonces se planificó ese partido como una prueba de fuego, una puesta en cancha de la idea y los nombres pretendidos para la Copa del Mundo. Porque Argentina mostrará desde el 11 de junio el esquema táctico que empleó en la victoria 1 a 0 ante el elenco germano en el Allianz Arena, de Munich, y, salvo tal vez uno o dos cambios, ese mismo equipo titular.

Ganarle a Alemania en su casa siempre es un hecho resonante. La diferencia pudo haber sido incluso de dos goles de acuerdo a lo expuesto por cada uno. Argentina se plantó con una seguridad muy distante de aquella tibieza que había mostrado en la derrota ante España y expuso un elemento que parecía perdido en el elenco nacional: la presión. El mediocampo integrado por Jonás Gutiérrez, Javier Mascherano, Juan Sebastián Verón y Ángel Di María procuró posicionarse siempre en terreno adversario y obligó a los dirigidos por Joaquim Low a retroceder y jugar en muchas ocasiones la pelota hacia atrás.

En defensa, el equipo se mostró fuerte y prolijo con Nicolás Otamendi por derecha, Gabriel Heinze por izquierda y la zaga integrada por Martín Demichelis y Walter Samuel, en su reaparición en el seleccionado. El aspecto más endeble estuvo en el sector derecho, donde, indudablemente, Otamendi se siente incómodo. El muy buen jugador de Vélez no aportó salida y le costó el cierre en diagonal hacia adentro; pero cuando por movimientos propios del juego apareció como central mostró el tiempismo y la calidad que lo hicieron una de las mejores apariciones del fútbol argentino de los últimos años.

La prioridad de mantener el cero en el arco propio, tal como lo había reconocido antes del partido Alejandro Mancuso, ayudante de campo de Maradona, fue seguramente lo que determinó una defensa de cuatro marcadores centrales, con la confianza de que en el medio Jonás, por derecha, y Di María, por izquierda, se ocupasen de las bandas. La fragilidad de la última línea era el aspecto más endeble del seleccionado y en ese sentido hubo un auspicioso progreso. Una defensa amurallada es condición sine qua non para pensar en una consagración mundialista. Sin ir máslejos, en Alemania 2006 llegaron a la final los dos equipos que mejor se defendieron, Italia y Francia.

La receta de la selección fue un rígido 4-4-2 -ya característico de la era Maradona- que albergó una firmeza defensiva que ya se había insinuado en el estadio Centenario de Montevideo cuando se logró la clasificación al Mundial, una gran presión sobre la pelota y el adversario en la mitad de la cancha y una delantera que pretendía explotar su peligrosa velocidad. Fue una versión de equipo duro, compacto y concentrado que tuvo su contrapunto en la falta de variantes ofensivas y la escasa generación real de peligro. En este sentido, Lionel Messi, el mayor talento del planeta, sigue en deuda con la selección y la selección sigue en deuda con él. Ojalá ambos se encuentren en Sudáfrica.

El partido ante Alemania es un buen punto de partida. Argentina mostró un esquema definido y una idea determinada: cuatro hombres en el fondo, cuatro en el medio y dos adelante para no regalar ni un centímetro atrás, presionar en el medio y atacar con los goleadores de Barcelona y Real Madrid. Esa es la base a partir de la cual edificar, porque aún queda mucho por crecer. El propio Diego lo reconoció en la conferencia de prensa posterior al partido: “Tenemos que mejorar muchas cosas”. El mes previo al Mundial será clave; un período de trabajo para dar forma definitiva al equipo, afianzar conceptos, trabajar en un ataque más profundo y con mayores aristas, consolidar la defensa, maximizar las bandas y lograr un volumen de juego integral. Maradona confía en su idea y mucho en los intérpretes para ejecutarla; éstos, los jugadores, saben que están ante una oportunidad única, la de volver a ser campeones del mundo luego de 24 años.
(Foto: Canchallena.com - Telam)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 15 de octubre de 2009

Ya en el Mundial llega el tiempo de repensar

La traumática eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010 finalmente terminó bien para Argentina. La victoria 1 a 0 ante Uruguay, en Montevideo, depositó al equipo nacional en la próxima Copa del Mundo y marcó el final de un camino tormentoso que implicó dos etapas. La primera la condujo Alfio Basile, quien dejó la herencia de un conjunto vacío y una cosecha de puntos escasa en el trayecto más favorable del fixture. Diego Maradona llegó para cambiarle la cara a la albiceleste y lo logró en los primeros amistosos y su debut oficial ante Venezuela. Pero luego el equipo se volatilizó y llegaron tiempos de histeria, de llamado compulsivo de futbolistas y del entonces lógico desmadre del equipo, que comenzó a jugar muy mal.

En el Centenario, Argentina mejoró su imagen fundamentalmente porque ejecutó un plan previamente pensado, con inteligencia de acuerdo a lo que le convenía. Sabía que el empate lo clasificaba en forma directa al Mundial y por eso se paró del otro lado del Río de la Plata dos líneas de cuatro hombres –la última integrada exclusivamente por centrales- y una dupla delantera ágil, compuesta por Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, que volvió a tener una actuación demasiado opaca, sin ser siquiera la sobra del crack que deslumbra en el Barcelona. Los buenos relevos defensivos a la hora de retroceder y la tenencia con tranquilidad de la pelota en le medio, desde la garantía que siempre entrega Juan Sebastián Verón y la levantada tras bajas actuaciones de ese gladiador que es Javier Mascherano, fueron los argumentos centrales del equipo.

Claro que esa buena lectura de la conveniencia no dispara el elogio. Porque la Selección manejó el partido y se impuso tácticamente, pero olvidó el arco rival; no salió a ganar el partido sino a esperar. Ausencia de dinamismo y verticalidad, poco desborde por los costados y el centro delantero continuamente de espaldas al arco fueron la cara negativa.

Tras el encuentro, apenas dejó el campo de juego, Maradona encaró a los micrófonos que lo esperaban ansiosos en el camino al vestuario y, seguramente como catarsis ante una situación por demás incómoda, se mostró desencajado y cayó en exabruptos. Más tarde, con tranquilidad, en la conferencia de prensa volvió a utilizar un lenguaje inapropiado en un tramo que será el único recordado. Es inadmisible que quien ocupa ese cargo de privilegio se exprese con groserías. Y es, además, perjudicial para él, siempre en el centro de la escena, ya que con ese dislate le da letra a un sector de la prensa que lo ha fustigado personalmente y no futbolísticamente. Porque las críticas al juego de un equipo que viene haciéndolo mal son propias de la tarea periodística, pero no le falta razón cuando habla de mala intención mediática, con gente que genera siempre irritación e indignación por su malicia. Sin embargo, con sus palabras Maradona elevó a un periodista agrio y se ganó el repudio generalizado. Le fue funcional a los mala leche.

En la victoria hubiese sido bueno que Diego baje decibeles, si lo deseaba sin soslayar enojos, pero con las formas adecuadas. Maradona no es sólo el técnico de la Selección, ni siquiera su figura se limita a ser la más representativa de nuestro fútbol, es el argentino más conocido en el planeta y es doloroso que recorra el mundo una conducta tan reprochable como la que tuvo al enfrentar a los medios.

Hubo tiempo para lo importante. Ante las cámaras, reconoció que debe conversar muchas cosas con Julio Grondona y Carlos Bilardo, con quien protagonizó un muy emocionado abrazo tras el partido que vuelve impensable un enojo entre ambos. No aseguró su presencia en Sudáfrica como técnico de la Selección porque es evidente que hay muchas cuestiones organizativas que no comparte y entiende es imprescindible se revean. Argumentos no le faltan, ya que la AFA en lugar de facilitar su trabajo le puso obstáculos desde un principio, al no permitirle, inexplicablemente, armar su propio cuerpo técnico.

En caso de que decida continuar en su cargo, deberá tomar nota del mal juego del equipo en el último semestre, entender la necesidad de un esquema colectivo en lugar de un vertiginoso cambio de nombres entre un partido y otro, sumar trabajo pese al cansancio de los viajes y recuperar la templanza de sus primeros días como conductor de la Selección, cuando se mostraba sereno y consciente de las formas que requieren el lugar que ocupa.

Argentina ya está en el Mundial de Sudáfrica y en la carrera corta que es una competencia de un mes con un máximo de siete partidos todo es posible. Un grupo accesible y un cruce favorable en octavos de final pueden facilitar la llegada al partido decisivo. Pero la clasificación no debe tapar las evidentes carecias futbolísitcas. Ahora todo debe apuntar a la cita máxima del fútbol, sí, aunque para que las cosas allá salgan bien se impone mirar atrás y tomar nota de los errores cometidos; todos, los de la dirigencia, el técnico y los jugadores.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de junio de 2009

La era Maradona desdibuja su alentador comienzo

Mesura en las declaraciones, atención extrema sin perder la compostura durante los partidos y un equipo con auspiciosos nuevos aires habían marcado las pautas del inicio del ciclo de Diego Armando Maradona al frente del conjunto nacional. Pero el crecimiento futbolístico tuvo un brusco freno en la histórica derrota 6 a 1 ante Bolivia, en La Paz, por las Eliminatorias, y una ruptura en la hasta ahora destacable línea de conducta del entrenador se dio en la víspera del choque ante Colombia, también en el camino por llegar al Mundial de Sudáfrica, cuando se refirió con términos inapropiados a sus diferencias con Sergio Batista, DT de la Sub 20.

La importante y a la vez opaca victoria ante el elenco cafetero -inmerecida por lo hecho en cancha por ambos equipos- y la precedente estrepitosa derrota paceña exponen un interrogante y un retroceso tras aquellos destacables éxitos ante Escocia primero, Francia luego y Venezuela más tarde . El sábado en el Monumental, el seleccionado nacional se mostró más como un enjambre de individualidades que como un equipo. No tuvo un norte y careció incluso de una búsqueda determinada por falta de ideas. Lejos de verse intentos frustrados, la impresión era que no había plan claramente pergeñado. Perdido y superado en el primer tiempo, en el complemento mostró una mejora conceptual pero continuó sin conseguir volumen de juego. Si Argentina ganó fue por el karma colombiano de cara al arco rival en estas Eliminatorias: sólo marcó goles en 6 de los 13 partidos que disputó y en los últimos ocho encuentros apenas vulneró al rival en uno.

Las funciones y la idea colectiva deben estar por encima de los talentos individuales. Juntar a los mejores futbolistas, a los de buen pie, no garantiza un juego aceitado. Se impone la necesidad de contar con jugadores de rol aunque esto implique que deban esperar afuera a otros de mayor cartel. En la ofensiva se necesita un jugador que sienta el puesto de centrodelantero, independientemente de su contextura física. Lionel Messi, Sergio Agüero y Carlos Tévez –este último en mejor medida- se sienten mejor y rinden más con un clásico 9 delante de ellos, como lo hacen en sus clubes. Ninguno de los tres tienen las características para ser referente de área, y dejar vacante esa posición es dar ventaja.

A Messi por ser el mejor jugador del mundo se le pide en consecuencia y es cierto que el rosarino no logra con la casaca abiceleste establecer las diferencias que marca en el Barcelona. Pero esto no se ajusta únicamente al número 10. La mayoría de los integrantes del seleccionado no tienen vestidos de celeste y blando las prestaciones que muestran en Europa. Sin dudas esto responde a las metodologías de trabajo necesarias para maximizar el poco tiempo que los jugadores pueden estar juntos en el predio de la AFA en Ezeiza.

En este panorama es valioso resaltar dos buenos gestos de Maradona: la lectura de los errores iniciales para cambiar sobre la marcha y la autocrítica tras el partido. Ambas cosas se vieron en la sustitución de Fernando Gago por Javier Zanetti. Tras los primeros 45 minutos entendió que el hombre del Real Madrid, pese a sus esfuerzos, no encontraba la posición sobre la derecha, hueco que aprovechaba Colombia, y con el ingreso de un jugador mucho más habituado a esa posición compensó ese desequilibrio. Más tarde, en la conferencia de prensa, reconoció su error: "Me equivoqué con Gago; él no siente ese lugar, no se acostumbró. La culpa es mía. Lo solucionamos con Zanetti". Sin dudas, desarticular el doble 5 compuesto por Gago y Javier Mascherano, que hasta aquí había dado excelentes resultados siendo el núcleo del equipo, fue un error del DT, que no ocultó su desilusión por lo hecho en el 1 a 0 ante los colombianos.

Maradona está comprometido con su tarea al frente de la selección, pero a su ascendiente entre los jugadores y su experiencia por haber sido quien mejor jugó jamás al fútbol deberá agregarle una estructura de trabajo que contemple los escollos con los que indefectiblemente tiene que lidiar un seleccionador nacional. Esa falta de ruedo de Diego en su rol de entrenador seguramente implica dificultades al momento de lograr un aprovechamiento integral del trabajo de campo, de las prácticas que se puedan realizar. Ahí es donde deberá aprovechar el camino recorrido por Carlos Salvador Bilardo y dejar de lado la necesidad de demostrar que es él quien manda y quien decide la táctica a emplear y los jugadores para desempeñarla.

Diego se embarra sin necesidad cuando elije la peor figura para referirse a cómo nota el semblante de Batista, cuando no aclara los motivos de la proscripción de Gonzalo Higuaín y cuando no utiliza como sparrings a los chicos de los seleccionados juveniles y lo hace con equipos de Tristán Suárez sólo por su amistad con el presidente de dicho club, Gastón Granados. Con esas conductas atenta contra su propio trabajo y alimenta a los que lo cuestionan.

Argentina cuenta con muy buenos jugadores y un técnico que sabe mucho del juego y tiene con ellos una llegada como ningún otro. Si Maradona retoma su tranquilidad inicial, evita los enfrentamientos inencesarios y se detiene en las virtudes de los primeros partidos y los defectos de los últimos para recrear un esquema de trabajo en el cual no queden cabos sueltos, entonces la Selección dará pasos firmes para llegar el año próximo al Mundial con aspiraciones sustentables.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 30 de marzo de 2009

La selección crece a partir de su propia confianza

El pasado sábado, la selección argentina cumplió con la premisa fundamental que exigía el encuentro por Eliminatorias ante Venezuela en el Monumental: ganar con claridad. Lo expuso en el marcador final y en el trámite del encuentro, a partir de un equipo fuertemente convencido. Fue la respuesta a un público que colmó el estadio luego de hacer extensas colas para pagar el elevado costo de las entradas y marcó muy altas mediciones en las transmisiones televisivas. Desde la llegada de Diego Armando Maradona a la dirección técnica, el conjunto nacional construye una nueva y definida identidad y ha recuperado ese especial valor emocional que la supo caracterizar. Esto es claramente recibido por la gente y de ahí tanto apoyo y entusiasmo.

Fue, en líneas generales y pese a la modestia del rival, otra nota positiva para la Selección. La contundencia de un 4 a 0 puso de manifiesto las diferencias entre dos conjuntos con fuerzas por demás desiguales. Buen ritmo y verticalidad, sin caer en el manejo lateral excesivo, fueron las cartas de un equipo que necesitó de los primeros minutos del partido para acomodarse con firmeza en el campo y entonces sí exponer su contundencia.

El entrenador tomó riesgos y asumió responsabilidades en el armado defensivo del equipo. Ratificó en el arco a Juan Pablo Carrizo, quien llevaba más de dos meses sin competición oficial en la Lazio, donde es suplente. Armó una línea de tres en la cual Marcos Angeleri, debutante como titular después de haber jugado sólo unos minutos en la victoria ante Francia, actuó de líbero y los stoppers fueron Javier Zanetti, que pese a su polifuncionalidad nunca había actuado en esa posición, y Gabriel Heinze, el hombre más discutido de las últimas convocatorias. Ese esquema fue un acierto del entrenador: funcionó correctamente, aunque, es cierto, ante un rival de baja jerarquía y en un partido que quedó definido a los tres minutos del complemento con el segundo gol argentino, anotado por Carlos Tévez, de muy buen partido.

Nuevamente quedó de manifiesto el acierto de Maradona de armar la Selección a partir de Javier Mascherano, el hombre más importante del equipo, y Lionel Messi, el mayor talento, el más desequilibrante, del mundo futbolístico. La Pulga recibió, además, un espaldarazo con un tremendo valor simbólico al vestir la camiseta número 10, recibiéndola de quien la hizo leyenda. Y tanto el jugador del Liverpool como el del Barcelona han encontrado a sus complementos perfectos en la clase Fernando Gago y la enjudia Tévez, respectivamente. Ellos conforman el cuarteto que resume todo lo que es esta Selección.

La cuestión que no termina de resolverse es la del centrodelantero. Está claro que Sergio Agüero, pese a su gran categoría y valioso presente en el Atlético de Madrid, no siente la posición de ser cabeza de ataque. Así como Jonás Gutiérrez, un jugador sin marketing, apareció como una buena opción para jugar por la banda izquierda (aunque no tuvo una buena actuación ante los venezolanos), sería bueno que juegue de nueve alguien con más oficio en esa posición, como podrían serlo Diego Milito, Germán Denis o Gonzalo Higuaín.

El miércoles será momento de enfrentar a Bolivia, un seleccionado que no estará el año próximo en el Mundial de Sudáfrica. Será, sin embargo, un encuentro complicado a partir de que el conjunto del altiplano jugará ante el equipo de Maradona –para lo cual reservó a varios de sus titulares en el encuentro de este último fin de semana ante Colombia- y pesará la dificultad de adaptación que implica jugar en La Paz, ciudad situada a 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Con Maradona, la Selección recuperó la mejor versión de sus jugadores y la pasión de su público. Eso nace naturalmente de lo que transmite quien fue el mejor futbolista de la historia, que vestido con la camiseta de argentina se brindó como nadie al jugar con un tobillo destrozado, hacer interminables viajes para no dejar de estar y -ya instalado para siempre en la idolatría absoluta- no ocultar sus lágrimas ante el dolor de la derrota. Es un equipo con otra mentalidad y en la cual los protagonistas se sienten a gusto, algo que evidentemente no ocurría con Alfio Basile. Hay aspectos que deberán mejorarse, pero el equipo avanza a paso firme a partir de la seguridad en sus condiciones y de todo lo que siempre despertará Diego.
(Foto: PrensaLibre.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Irritable por demás, Riquelme le dijo basta a la selección

Hace algunos días, Diego Maradona, técnico del seleccionado argentino, dijo en un programa televisivo que no le había visto un buen rendimiento a Juan Román Riquelme ante Huracán y que así no le servía para su equipo. Maradona vertió una opinión puramente futbolística sobre lo que pretendía de uno de sus jugadores. Muy lejos estuvo de hacerle una fuerte crítica, como pretendieron vender algunos medios. Puntualmente, el DT dijo: “A Riquelme lo quiero en los últimos 20 metros para que se comunique con Tévez, Agüero y Messi. Necesito que se pueda sacar un hombre de encima. Con Huracán, no sé si tenía un problema, pero no volvía. Eso en la selección cuesta mucho. Estás atrás o adelante, en el medio no me servís. Yo lo quiero de enganche, pero que tenga esa velocidad mental para ponerles pelotas de gol a los delanteros y que llegue él también. Si no, no me sirve Román. No quiero que me dé vueltas entre Mascherano y Gago. Él es utilizable si está bien físicamente, si no, está en otro nivel del resto de los jugadores, que están en el aire...".

Entonces, llegó la desmesurada réplica de JR con el anuncio de su renuncia a ser parte del conjunto nacional. “No manejo los mismos códigos que el técnico y el técnico no maneja los mismos códigos que yo. Me enteré de que no iba al partido contra Francia cuando escuché a Bilardo por la radio y me enteré por la tele de la posición en la que el técnico me quiere”, disparó.

Esa respuesta del Nº 10 xeneixe encuentra lados flacos por todos los costados. En primer término, el tema de los códigos aludió, seguramente, a que Maradona dio públicamente una opinión que no lo favorecía. Si embrago, él hizo su descargo desde su casa con un móvil en vivo del noticiero más visto del país y ante un periodista que, sentado a su lado, más bien parecía su jefe de prensa. En la misma pantalla y ante los mismos interlocutores, fue una remake de su primera renuncia, allá por septiembre de 2006. En tanto, no parece real que se haya enterado por la radio que no viajaría a Francia, ya que debía saberlo desde el momento en que Torneos y Competencias, empresa que arma el cronograma de cada fecha del fútbol argentino, determinó que Boca jugase en Jujuy un domingo a las 19:40. Por último, fue el propio jugador el que, también públicamente, reconoció haber hablado varias veces con Maradona después de que lo nombraran entrenador de la selección, con lo cual no suena factible que se haya enterado de lo que pretendía de él recién con las declaraciones que lo ofuscaron.

Desde siempre, Maradona lo elogió cada vez que tuvo un micrófono o grabador delante. Lo marcó como un jugador distinto, como uno de los mejores del mundo. Lo protegió con todo el peso de su figura al criticar a los técnicos con los que tuvo desacuerdos, como Marcelo Bielsa y Manuel Pellegrini. Ya con la responsabilidad de ser el conductor de la selección reiteró su reconocimiento al asegurar que formaría parte de su equipo y que le tenía reservada la emblemática camiseta número 10. Siempre le tiró flores. Sin embargo, una vez que expresó una opinión distinta (que no está jugando bien, algo que es evidente), sin llegar a ser una crítica, porque hasta aseguró que de todas maneras iba a formar parte de la convocatoria para enfrentar a Venezuela y Bolivia por las eliminatorias, Román pega el portazo. Tan desproporcionada resulta la determinación que lo dejan como una persona desagradecida, caprichosa y soberbia.

Esto ocurre porque no concibe puntos intermedios. O es estrella con privilegios o nada, no va con él ser uno más. Después del divismo que le concedieron José Pekerman y, aún más, Alfio Basile, no recibió bien que Maradona declarase que su selección era “Mascherano y diez más” y tampoco soportó nunca el estrellato de Lionel Messi. El ego de Riquelme es evidentemente un problema, ya que no admite el más mínimo señalamiento a su juego, ni tolera tener cerca a alguien que lo pueda eclipsar. Esto lo hace un elemento de discordia. Ha tenido conflictivas salidas de todos los conjuntos que formó: se fue mal de Boca, del Barcelona, del Villarreal y de la selección, antes y ahora.

La mayor parte del plantel de Boca no lo quiere. Sus compañeros no ven con buenos ojos las licencias de las que goza a la hora de los entrenamientos y también genera malestar el hecho de verlo con los brazos en jarra y estacionado en un sector de la cancha cuando las cosas no le salen bien al equipo. El enfrentamiento quedó de manifiesto en el cruce mediático que protagonizó con Julio César Cáceres, cuando ninguno, salvo Hugo Ibarra, salió a romper lanzar por él. Es más, se pusieron claramente del lado del paraguayo y habían decido hacer pública esa postura si el zaguero era sancionado por la Comisión Directiva. De todas maneras, goza de un poder mayúsculo en el club, entre los dirigentes y el técnico, y por eso varias veces se ha excluido o puesto en el equipo públicamente, algo que también hizo cuando se colocó en el equipo olímpico que se quedó con el oro en Beijing.

Ocurre que en Boca le alcanzan 10 ó 15 minutos por partido para hacer lo suficiente para que su equipo se quede con los tres puntos y reforzar la idolatría entre el público de la Bombonera. Pero esas pocas pinceladas que son suficientes en el fútbol local, no alcanzan a nivel de selección. Técnicamente Riquelme detenta un gran virtuosismo, una pegada excelsa, enorma capacidad para tener la pelota aguatándola de espalda a los rivales y una mira finamente calibrada para poner habilitaciones entre líneas. Pero todo eso lo brinda a cuenta gotas y en la selección no alcanza con un tiro libre o un par de pases precisos y que el resto sea un manejo intrascendente de la pelota, lateralizando por demás y frenando al equipo. Nunca fue Riquelme un jugador con la condición atlética necesaria para el fútbol de más alto nivel internacional. Su actuación en el Mundial de Alemania no fue buena y con 31 años es muy aventurado creer que podría estar en la próxima Copa del Mundo en las condiciones acordes a tamaña cita.

La selección se fortalece sin Riquelme, porque la mayoría de sus compañeros, al igual que en Boca, no lo quieren. Mucho más problemático hubiera sido perder a Messi, Mascherano o Gago, que son más importantes para el funcionamiento del equipo. Se afianzará el grupo y tomarán como una motivación extra el hecho de demostrar que Riquelme no es imprescindible para que el equipo nacional vuelva a estar en la primera consideración mundial, camino que ha comenzado a recorrer desde que Maradona se puso al frente.
(Foto: Larazon.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2009

Otra nota positiva para la selección

Creció el juego, apareció el sentido colectivo y se recuperó la mística. Es mucho lo que se avanzó, aunque todavía queden varios aspectos por mejorar, y por eso la selección despierta entusiasmo. Lo hecho por el conjunto nacional para derrotar a Francia 2 a 0 en Marsella (ciudad en la que el seleccionado galo nunca había caído) no lo convierte en el mejor del mundo, pero sí marca una clara contraposición respecto del proceso precedente. En apenas dos partidos, este ante los franceses y el anterior ante Escocia, Diego Armando Maradona le cambió la cara a la selección.

Alfio Basile, tras renunciar a su cargo, se refirió a la falta de compromiso de los jugadores. Las actuaciones del combinado albiceleste bajo su conducción dejaron la sensación, es cierto, de que los futbolistas no estaban consustanciados y la entrega era parcial. Ocurre que esa era la línea que bajaba desde un cuerpo técnico que nunca mostró apego al trabajo necesario para conducir a uno de los seleccionados más importantes del mundo. El vínculo entre el plantel y el Coco estaba roto, por eso uno de los primeros objetivos que se propuso Maradona fue restablecer ese esencial puente entre dirigidos y entrenador.

Con los mismos jugadores que elegía Basile, más el único agregado de Emiliano Papa, lateral izquierdo del medio local, Diego logró claramente una prestación superior. Dispuesto a entregar todo de sí, como en sus épocas de jugador, se puso a trabajar con intensidad desde el primer día. Sabedor de las limitaciones temporales para disponer de los futbolistas y realizar trabajos de campo, no perdió tiempo y se fue a Europa para ver en acción a sus dirigidos y dialogar con ellos sobre su idea de juego. Ya en su presentación había expuesto una fuerte declaración de principios al asegurar que su selección no jugaría amistosos sino partidos internacionales. Haber regado las canchas con sangre, sudor y lágrimas vestido con la casaca albiceleste obliga a sus dirigidos a dar lo mejor de sí, lo cual surge espontáneamente por el reverencial respecto, la gigantesca admiración y la idolatría desde la niñez que le profesan.

Ante Francia, la sociedad integrada por Javier Mascherano y Fernando Gago demostró nuevamente que es el epicentro del equipo, el equilibro perfecto entre marca y juego, para ser el eje del esquema defensivo, fundamentalmente a partir del capitán, y el inicio de los ataques, principalmente desde la prolijidad del hombre del Real Madrid. Por su parte, Lionel Messi, sin dudas en el podio de los talentos individuales a nivel mundial, demostró que con la pelota en los pies tiene una repentización, una velocidad y un desequilibrio que lo convierten en un arma letal. El desafío de Maradona será lograr que La Pulga dé en la selección lo mismo que en el Barcelona. Entonces, tras haber asegurado que el rosarino deberá jugar como atacante deberá definir quien será el centrodelantero, si Sergio Agüero o Carlos Tevez, o alguien de menor cartel pero con más estereotipo del clásico número 9, como Diego Milito, Germán Denis o Fernando Cavenaghi. Además, deberá resolver cómo incluirá a Juan Román Riquelme -o el enganche que pretenda-, ya que en los dos partidos que dirigió jugó con el actual esquema 4-4-2; probablemente opte por una defensa de tres hombres (¿Burdisso-Demichelis-Heinze?).

Los cortocircuitos en cuanto a la conformación de su cuerpo técnico, con la negativa de la AFA para que Oscar Ruggeri sea su principal colaborador, tal cual era su pedido, y que quien continúe en esa función sea Alejandro Mancusso, amigo de Maradona pero no entrenador –con las críticas que esto puede generar- lo preocuparon y ocuparon sin distraerlo de sus tareas como entrenador. Se trata de un contratiempo que hasta ahora ha sabido manejar con mucha altura.

Francia no es el mismo equipo que fue finalista del Mundial de Alemania, ha sufrido el recambio generacional y los cuestionamientos a su entrenador, Raymond Domenech. Por esto hubo quienes le bajaron la cotización al triunfo marsellés. Pero lo cierto es que se hace difícil encontrar hoy cuál es el seleccionado que sirva de medida. En esta reciente fecha FIFA, Alemania perdió con Dinamarca en Düsseldorf e Italia cayó 2 a 0 con Brasil, pese a lo cual el conjunto dirigido por Dunga se apoya actualmente más en el peso histórico de su camiseta que en su realidad futbolística. Tal vez quien se encuentra al tope sea España, ganador de la última Eurocopa, vencedor de Inglaterra en su última presentación y portador de un récord de 29 partidos invicto.

De la mano de Maradona, Argentina recuperó terreno y buscará afianzar este crecimiento en sus próximos encuentros, que serán ante Venezuela, en Buenos Aires, y ante Bolivia, en La Paz; ambos por las Eliminatorias. A poco más de 15 meses de la Copa del Mundo, una mirada hacia el pasado reciente del conjunto nacional y una observación de su actualidad exponen un contrapunto que alimenta la ilusión de cara al futuro.
(Foto: Abc.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de diciembre de 2008

El Señor Fútbol

La selección argentina, desde la llegada a la dirección técnica de Diego Armando Maradona, transita la etapa inicial de un período de reestructuración. Refiriéndose a este proceso, el mejor futbolista de todos los tiempos mostró que está muy metido en el desafío de elevar el rendimiento y la consideración del equipo nacional y evidenció, una vez más, que es un sabio en lo que hace a la observación y el análisis del juego.

Lo primero que hizo, en un marcado contrapunto con los dos procesos anteriores, fue realizar una autocrítica. Pese a que se trató del primer partido del ciclo, destacó que si bien durante los primeros 30 minutos del choque ante Escocia el equipo ejecutó sus ideas, luego se diluyó, perdió la pelota y no mostró una buena versión. Valoró especialmente que en esa media hora inicial hubo dinámica, acumulación de pases, verticalismo y, sobre todo, llegada hasta el fondo de los laterales -Javier Zanetti y Emiliano Papa- cuando los mediocampistas -Maxi Rodríguez y Jonás Gutierrez- se cerraban hacia el centro.

“Hay que dejar el apellido de lado por la camiseta. Va a jugar el que rinda. Yo no soy amigo de nadie, de ningún empresario ni dirigentes, no hay compromisos con nadie. Acá o corren todos o no juega nadie. Hay algo que hay que respetar que es la camiseta. El que elige soy yo y el que acierta y se equivoca soy yo. Me designó (Julio) Grondona y el que hace y deshace soy yo”, aclaró Maradona en la entrevista radial concedida a Mariano Closs.

Sin embargo, volvió a elevar a Javier Mascherano por sobre el resto al destacar que es el único que tiene el puesto asegurado y al reiterar que la selección es “Mascherano y diez más”. Subrayó que la dupla conformada por su capitán y Fernando Gago será el corazón del equipo: “Quiero el equilibrio de Mascherano y Gago. A partir de ellos empieza a armarse el equipo, tanto ofensivamente como defensivamente”.

Diego elogió también a Juan Pablo Carrizo, Gabriel Heinze y Javier Zanetti, ya que, junto con el hombre del Liverpool, fueron a su entender los cuatro jugadores “que mejor entendieron el momento de la selección después de lo que había pasado en Chile”, en referencia a la derrota que significó la salida de Alfio Basile de la dirección técnica. El Pupi, que aparecía en los rumores mediáticos como uno de los seguros desterrados de la nueva era, recibió un enorme respaldo de Maradona: “Me sorprendió gratamente, como persona, por su estado físico y por su obediencia. Es un gran profesional y lo quiero en mi equipo”. De todos modos, adelantó que lo pondrá a “competir sanamente por el puesto” con Marcos Angeleri, de Estudiantes de La Plata.

De los que no estuvieron en césped del Hampden Park escocés, destacó a Juan Sebastián Verón por ser el estilo de jugador que quiere, ya que “está muy bien, parece un pibe de 18 años y corre más que cualquiera. Es un jugador completo y está entre los mejores del mundo. Tiene una sed de venganza y unas ganas de estar en la selección que son admirables”. Si bien esbozó que “entre Riquelme y Verón uno debe ser titular y el técnico dentro de la cancha”, tampoco descartó reunirlos en determinadas circunstancias a partir de asumir que los técnicos están “para encontrarle el lugar a esos jugadores que te dan garantías para hacerle daño al rival”.

También aseguró que sigue las actuaciones del volante de Tigre Martín Morel, quien le “gusta mucho y va a tener una chance”, aunque figuró que está “achanchado” al fútbol argentino. Pese a que no fue incluido en la lista de 14 jugadores que Maradona hizo del fútbol local para entrenarse en el predio de Ezeiza, el número 10 de Tigre, que seguiría su carrera en México, de todos modos podría sumarse a las prácticas cuando haya un campeón del torneo Apertura.

Pleno y muy metido en su rol de entrenador de la selección. Así se lo ve a Diego. Por eso confirmó que ya no estará en el Showbol y adelantó que en los primeros días de 2009 viajará a Europa para “ver a los muchachos, hablar con ellos y que hacer que sigan entiendo que lo que vale acá es defender la camiseta”. El golpe de efecto que sin dudas significó el nombramiento de Maradona menguó su fuerza para que comience a prestarse atención a las premisas de un proyecto futbolístico que despierta en muchos una gran ilusión.
(Foto: Informador.com.mx)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 20 de noviembre de 2008

Un comienzo para la ilusión

A poco más de 14 años de haber disputado su último partido con la selección, Diego Armando Maradona tuvo su estreno como director técnico de Argentina. Lo que reclamó y esperó durante mucho tiempo se hizo realidad. Fue ante el mismo rival, Escocia, y en el mismo estadio, el Hampden Park de Glasgow, donde en 1979 convirtiera su primer gol con la casaca albiceleste. El inicio de la era Maradona mostró resplandores para ilusionarse en distintos aspectos, lo que permite vislumbrar un futuro con brillo. El Rolls Royce lleno de tierra comenzó el proceso para recuperar su elegancia.

En lo que al juego refiere, y aún con todo por delante, hubo una mejora táctica conseguida desde el orden y la motivación. Lo mejor se vio en los primeros 25 minutos, cuando el equipo se mostró vertical, rápido en las trasiciones y aprovechando integralmente el terreno. Claro que todo ante un rival de rango menor y, como era lógico, se trató más de chispazos que de una constante. De todos modos, sirvió para presagiar lo que se avecina, fundamentalmente desde un grupo que, siendo el mismo que con Alfio Basile, se mostró más consustanciado y comprometido, seguramente en línea con lo que emana desde la conducción.

El binomio conjugado en la mitad de la cancha por Javier Mascherano y Fernando Gago fue el inicio de la presión, el ataque y la defensa. Esa sociedad será el núcleo del equipo nacional; la capitanía entregada por Diego al hombre del Liverpool transita en ese sentido. Aunque, claro está, resta saber cuál será el rol de Juan Román Riquelme. El DT adelantó que será el diez del equipo y todo hace prever que tendrá protagonismo estelar, ya que sin él, ante los británicos, optó por un esquema con dos líneas de cuatro y una dupla atacante.

Otra grata carta de presentación fue el buen aprovechamiento de los laterales. Emiliano Papa tuvo un buen debut y Javier Zanetti (que contrariamenente tuvo su 128º presentación con la celeste y blanca) demostró que está vigente y sigue siendo un aporte sustancial cuando integra la defensa y no el mediocampo. Tanto el hombre de Vélez como el del Inter acompañaron siempre los ataques de Maxi Rodríguez y Jonás Gutiérrez. Esas combinaciones externas generaron salida con dinámica.

En el ataque, Carlos Tévez se constituyó en uno de los puntos más altos del equipo. Sin escatimar su entrega habitual, recuperó la tranquilidad que no había tenido en presentaciones anteriores. El cambio de actitud -para mejor- del delantero del Manchester United fue el de todo el conjunto, fortalecido por la motivación de esta nueva etapa, marcada por todo lo que la figura de Maradona implica.

Quedó demostrado que apenas una charla de Diego, al margen del muy necesario trabajo de campo para prever todas las situaciones posibles en un partido, genera en los jugadores un empuje anímico que más tarde tiene su correlato en la cancha. Sobrio y observando cada detalle, estuvo sentado en el banco casi todo el partido y sólo se paró a dar algunas indicaciones una pocas veces, sobre todo en el complemento, cuando el equipo se diluyó. Apenas gritó el gol de Maxi Rodríguez y salió último del campo de juego luego de saludar con un beso y un abrazo a cada uno de sus dirigidos. Como lo había adelantado a la prensa, su expresión distó ampliamente de la mostrada en su condición de hincha y se lo vio en una versión aplomada –aunque no desapasionada- que demuestra entiende perfectamente las formas y responsabilidades que su cargo requiere.

El primer encuentro de la selección argentina con Maradona como DT fue positivo. Aunque el estreno ante Escocia fue apenas eso, un primer paso, y es evidente que aún quedan muchas cosas por resolver. La idea del técnico aparecerá con el mayor tiempo de trabajo, porque no corre la excusa del pasado de la imposibilidad de entrenar por disponer de los jugadores sólo dos o tres días antes de los partidos. El trabajo es acumulativo y la suma de entrenamientos, aunque distanciados en el tiempo, es lo que permite lograr la solidez colectaba para aprovechar el talento de cada uno de los componentes del equipo. Diego Armando Maradona estableció su primer mojón como técnico de la selección argentina de fútbol, el hombre que como nadie conoció el cielo y el infierno, puso manos a la obra para darle, una vez más aunque desde otro perfil, lo mejor que sí a la camiseta que defendió como nadie.
(Foto: Lanacion.com.ar - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 6 de septiembre de 2008

Choque de opuestos

El enfrentamiento entre Argentina y Paraguay en el Monumental expuso ostensiblemente dos modos no sólo distintos, sino radicalmente opuestos de concebir el fútbol. Por un lado, el seleccionado conducido por Alfio Basile se apoyó nuevamente en los arrestos personales de sus magníficos jugadores para buscar imponerse, mientras que, por el otro, el elenco dirigido por el argentino Gerardo Martino expuso su identidad de equipo, a partir de la cual los roles a cumplir son más importantes que los nombres propios.

Al contar el representativo albiceleste con mejores jugadores pero poca preparación estratégica y el visitante con menor jerarquía individual al tiempo que una gran conciencia de su capacidad colectiva, se empardaron las fuerzas. Paraguay pudo ganarlo, pero por temor no fue a buscar la victoria con decisión. Argentina, en cambio, avanzó con ímpetu para crear las más claras de cara al arco rival, aun cuando careció de funcionamiento y variantes. Es cierto que la visita se encontró tempranamente con un gol fortuito y que no se mostró como un equipo ambicioso, pero fue sin embargo quien dominó el partido. La prueba de esto es que fueron muchos más los minutos que se jugaron del modo que quiso Paraguay que aquellos en que el conjunto albiceleste pudo obrar como lo pretendía; es decir que quien impuso condiciones más cabalmente fue el seleccionado guaraní.

Al margen de la de arquero, obligada por la lesión de Abbondanzieri, las sustituciones hechas por Basile no se ajustaron a lo que pedía el partido. Resulta difícil entender cómo inmediatamente tras la expulsión de Tévez y con el partido 0-1 el entrenador no hizo ingresar a Denis o Agüero y optó por jugar más de un cuarto de hora sin centrodelantero. El hombre del Atlético de Madrid, autor del gol del empate, ingresó recién en el inicio del segundo tiempo, al igual que Daniel Díaz. El Cata realizó un buen aporte, superior al de Heinze, a quien reemplazó, pero abajo en el marcador y con un jugador menos, un cambio puesto por puesto –y el último posible- en la defensa no era un aporte sustancial para revertir la derrota parcial.

Digresión, que no lo es tanto: Juan Pablo Carrizo demostró que es su momento, que tiene evidentes condiciones y fuertes argumentos para ser el arquero titular de la selección. Tuvo apenas una atajada para el elogio (es normal que de local a Argentina la ataquen poco), pero su personalidad y tranquilidad dieron una gran garantía y mayor seguridad al equipo; claro contrapunto con lo dubitativo que mayormente se muestra Abbondanzieri.

Con escaso apego al trabajo táctico y gran confianza en los talentos individuales, Basile dio un paso adelante al establecer, aunque más no sea, sociedades, como las de Riquelme y Di María, Messi y Tevez o Mascherano y Cambiasso, alternativa ante la suspensión de Gago. Pero todo lo bueno insinuado por esos binomios -que lejos está de ser suficiente para contar con un equipo sólido- duró apenas 15 minutos, hasta el gol en contra de Heinze.

Es preocupante la poca capacidad de recuperación de la selección. En esta segunda era Basile de los 7 partidos que se comenzó en desventaja sólo se pudo ganar uno: 4 a 2 ante Colombia en la última Copa América. El resto fueron cuatro derrotas (dos ante Brasil, España y Noruega) y dos empates (ante Ecuador y Paraguay, los dos últimos choques por eliminatorias en condición de local).

Argentina obtuvo apenas 3 de los últimos 12 puntos en juego en el camino al próximo Mundial y sigue dependiendo casi exclusivamente de la genialidad de Messi. Habrá pronta oportunidad para intentar revertir la mala racha, en la expedición a Perú. Aún queda tiempo para mejorar y llegar con legítimas aspiraciones a la cita de 2010, pero Basile no da muestras de cambiar su postura, de tomar nota de los malos rendimientos para realizar un giro conceptual que se impone.
(Foto: Univision.com-AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de octubre de 2006

En busca del destino

No hace falta viajar tan atrás en el tiempo. Remontándose menos de un año atrás, es posible ver a Carlos Tévez y Javier Mascherano elevados a la categoría de ídolos absolutos de una de las más populosas torcidas brasileras. En aquel entonces, en medio del fragor y la algarabía por la conquista del Brasileirao, parecía que el calor del Corinthians nunca se apagaría para ellos. Desde su llegada al Timao, Carlitos se trasformó en el corazón del conjunto paulista, erigiéndose como figura y goleador del equipo que le entregó la casaca número 10 y el brazalete de capitán. Poco después de su llegada a la meca industrial de Sudamérica, quien arribó fue Mascherano para con su gran juego meterse a los fanáticos del Corinthians en el bolsillo tan rápido como el propio Tévez.

Separados por los colores que defendían en Argentina, poco tardaron en hacerse socios ideales dentro de la cancha y compinches casi inseparables fuera de ella. Su estadía en una de las ciudades más futboleras en el país de los pentacampeones del mundo se exhibía como ideal. Pero todo cambió tras el Mundial de Alemania. Con licencia extendida regresaron a un Corinthians otra vez protagonista, pero esta vez de la lucha por evitar el descenso. La misma hinchada que los adoró los sentenció culpables y la llegada como nuevo técnico de Emerson Leao, de sabido desprecio por los jugadores argentinos, fue el detonante de la explosión.

Tévez y Mascherano buscaron escapar cuanto antes de esa olla a presión. Lo importante era irse, el destino significaba una preocupación secundaria. Fue entonces cuando apareció con viva crudeza la situación real de ambos, inmersos en un complejo entramado. Kia Joorabchian, empresario de origen iraní y cara visible de la firma MSI que gerenció el Corinthians, los había introducido al llegar a Brasil dentro de la aceitada red de sus negocios. Los arrastró entonces al modesto West Ham inglés, en cuya compra se interesó para ser vecino del multimillonario dueño del Chelsea, el ruso Roman Abramovich, con quien tendría ciertos vínculos. Estas operaciones dan cuenta que los oscuros negocios del fútbol para nada tienen por centro a los países tercermundistas.

Cuando se le depositaron a Boca los más de 20 millones de dólares correspondientes al pase de Tévez, la justicia argentina y la brasilera (esta última en mayor medida) amagaron con tomar cartas en el asunto, pero poco duró el impulso de investigar una punta de los solapados y multimillonarios negocios del fútbol a nivel mundial. Mauricio Macri, presidente de Boca y hombre con fuertes aspiraciones políticas, adujo en aquel entonces que el club de la Ribera no tenía porqué fijarse en el origen del dinero.

Rehenes, Tévez y Mascherano pusieron su talento al servicio del West Ham, pero no alcanzó para elevar el nivel del conjunto de Upton Park. Lejos de contagiar al equipo con sus ganas, fue este el que les trasmitió su apatía. Incluso Alfio Basile, entrenador de la selección argentina, se mostró preocupado por cómo podía influir en el rendimiento de ambos jugadores su nuevo destino. Habrá que esperar para saber si los mismos mecanismos que los apresaron les dan la posibilidad de volver a aprovechar al máximo las mismas condiciones que los hicieron sobresalir.
(Foto: Newsimg.bbc.co.uk - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 27 de mayo de 2006

Entre lo dicho y lo hecho

El 14 de septiembre de 2004 Marcelo Bielsa renunciaba a su cargo como seleccionador nacional y dos días más tarde José Pekerman era nombrado como sucesor. Aunque habían trabajado juntos cuando el tricampeón mundial juvenil era el manager de la selección dirigida técnicamente por el rosarino, la diferencia de personalidades y criterios futbolísticos entre ambos era (es y será) evidente. Sino basta con repasar la historia de cada uno.

En sus primeros pasos al frente de la selección mayor, Pekerman nunca dejó de señalar que su tarea era una continuidad del proceso anterior. Aseguraba que el equipo que ahora él conducía era una prolongación de lo hecho por Bielsa. Sin embargo, desde el inicio de su ciclo al frente de la selección las diferencias con la etapa anterior fueron claras y con el paso del tiempo las mismas se hicieron más evidentes, hasta llegar a diferenciarse claramente dos equipos que nada tenían en común. Aquel de Bielsa poseía una identidad diametralmente opuesta a este de Pekerman, quien afrontará el mundial de Alemania con sus jugadores (como excepción a la regla es justo señalar el caso de Lux y, en menor medida, el de Samuel).

Conformó una lista a la que la que en general la opinión del hincha y el grueso de la prensa no hizo grandes objeciones. Sin embargo, me atrevo a plantear algunas consideraciones para nada menores. Pekerman aseguró que jugará con línea de cuatro, pero, paradójicamente y aunque parezca increíble, no lleva laterales. Por la derecha cuenta con tres improvisaciones: Burdisso, Coloccini y Scaloni (aunque a este último lo nombró entre los mediocampistas cuando dio la lista) y por la izquierda el titular es Sorín, quien en el Villarreal juega de mediocampista, y el suplente es Cufré, quien enfatiza que su posición es como central. Cambiasso y Mascherano, los dos volantes centrales, integran el equipo titular, la opción en caso de lesión o suspensión es otra vez una improvisación: Coloccini o Lucho González. En tanto un mediocampista habituado a jugar por el sector izquierdo brilla por su ausencia.

Si hay que jugársela acepto el desafío. Zanetti en lugar de Coloccini, Arruabarrena por Cufré, Demichelis en vez de Scaloni y para la última variante abro el juego: Bilos, Solari o Kily González en lugar de uno de los seis delanteros que estarán en Alemania, ya que es improbable que se utilicen tantos atacantes. Comulgo con la polifuncionalidad bilardista, pero en la realidad son muy pocos los jugadores que pueden desarrollarse con la misma prestancia en dos o tres posiciones. En lista de 23 mundialistas deben combinarse especialistas y polifuncionales, integrando los primeros el once titular y siendo los otros las alternativas.

A menos de dos años de haber asumido su cargo, pese a la similitud en algunos nombres, Pekerman terminó por elaborar un equipo ubicado en las antípodas del que había armado su predecesor. El cargo que ocupa le brinda totales potestades para contar con los recursos humanos que cree más adecuados y el sistema que considere más conveniente, pero está claro que entre los dichos de su llegada al cargo y esta realidad se abrió una brecha por demás considerable.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com