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martes, 29 de diciembre de 2015

Un nuevo ensayo

Boca necesitó 30 fechas para consagrarse campeón en 2015. Ahora es tiempo de un nuevo ensayo. El año próximo, el ganador del torneo de Primera División se alzará con el título después de 16 jornadas y una final. Los certámenes de la máxima categoría del fútbol nacional mutan de manera tal que erosionan cada vez más la jerarquía de la liga del país subcampeón del mundo.

En un certamen en el que volverán a participar 30 equipos, el campeón lo será después de 17 partidos. Porque el formato para 2016 será de dos zonas de 15 equipos cada una, y los ganadores definirán la corona en un único encuentro final en cancha neutral. La pérdida de la categoría será solamente para un equipo, quien quede último en la inefable tabla de los promedios.

La segmentación deriva en la práctica en dos torneos en paralelo (muchos equipos no se cruzarán en todo el campeonato), y entonces aparecen las inequidades. Será legítimo que haya equipos que se sientan perjudicados al verse en un grupo que entienden más dificultoso de acuerdo a sus objetivos de título o permanencia. Habrá equipos que viajarán más que otros y quienes enfrenten a más rivales directos de visitante que de local.

La brevedad de este torneo –menos de cuatro meses- refiere a la recomposición del año futbolístico entre agosto y julio, para lograr la coincidencia con las ligas europeas, principal mercado exportador del fútbol argentino. A partir de ese certamen, la promesa es que los descensos sean más que los ascensos para recomponer un torneo con una menor cantidad de participantes.

Con problemas organizativos que ya parecen crónicos, con una coyuntura de grosero desvarío en lo que refiere a la renovación de autoridades, la AFA lanzó otro torneo de formato sin precedentes.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 21 de julio de 2015

Un lujo para el fútbol argentino

Carlos Tévez podría seguir en la Juventus, donde fue el goleador en la temporada en la cual el conjunto turinés volvió a ser campeón de Italia y llegó a la final de la Champions League. También pudo haber protagonizado una llegada estelar al Atlético de Madrid, que pisa con fuerza en España y en Europa, porque era una prioridad para Diego Simeone tenerlo en su plantel. Incluso descartó ser el jugador mejor pago del planeta: el Shanghai Donghai de China le ofreció un contrato de 20 millones de dólares anuales por dos años. Pero Carlitos decidió volver a Boca, y el fútbol argentino debe saludar de pie esa decisión.

Es un enorme lujo contar acá con uno de los mejores delanteros del mundo, porque ese es el lugar que ocupa Tévez. Pleno, en uno de los mejores momentos de su magnífica carrera, a los 31 años protagoniza una vuelta impulsada por lo sentimental y motorizada por el anhelo de gloria deportiva con sus colores de pertenencia. Si en la Selección bien se ganó el mote de “jugador del pueblo”, en Boca la idolatría desbordante quedó reflejada en su presentación, con un estadio colmado por más de 50.000 personas.

Hay, también, un fuerte contrapunto, y es el que refiere al vínculo contractual que une a la estrella y la institución. La cifra se presenta como prohibitiva para el medio doméstico. Fuerte económicamente y ordenado en sus finanzas, Boca considera que puede permitirse un contrato altísimo. Como presidente, Daniel Angelici avaló el contrato de Tévez cuando como tesorero se había opuesto al de Juan Román Riquelme.

Al margen de esta cuestión, Carlos Tévez llega para vestir de gala al fútbol argentino, lejos de la foto del retiro y en pleno rodaje de la película de una trayectoria fuera de serie.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2015

A la conquista de Sudamérica

No hay título más prestigioso en el ámbito de la Confederación Sudamericana de fútbol que la Copa Libertadores, y Argentina es el país que más veces alzó ese trofeo. Nuestro fútbol se consagró 23 veces por intermedio de ocho equipos distintos; desde Independiente, el primero, hasta San Lorenzo, actual defensor del título.

En esta edición, de los ocho grupos que conforman la primera instancia, seis tienen presencia argentina. Así, una buena performance en la fase inicial podría acomodar las llaves de manera tal que el fútbol nacional vuelva a tener un representante en la final, como ya ocurrió en 32 ocasiones desde 1960, cuando se inauguró la competición, hasta la fecha.

San Lorenzo aspira a retener el título que lo obsesionó tanto tiempo y lo hizo alcanzar el goce máximo en 2014. En tanto, Boca va por su séptima copa para convertirse en el máximo ganador de la historia junto con Independiente, que pese a muchos años de ausencia protagónica ganó el certamen más que ningún otro. Por su parte, River buscará volver a ser celebrar a 30 años de su primera conquista y 10 de la última.

Racing, vigente campeón argentino, quiere conseguir por segunda vez el título que consiguió hace medio siglo. Estudiantes, con su mística copera sin igual, sueña con alzar el trofeo por vez quinta vez. Por último, Huracán, clasificado tras ganar la Copa Argentina, apunta a ser la gran sorpresa en su segunda participación en la historia.

Argentina es el coloso del fútbol sudamericano, y en 2015 procurará volver a imponer su prestigio. El torneo en la que brillaron Ricardo Bochini, Juan Román Riquelme, Juan Ramón Verón y tantos otros, puede volver a quedar embanderado de celeste y blanco.
(Foto: Espndeportes.espn.go)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de febrero de 2014

El legítimo valor de la memoria de los hinchas

Es muy difícil encontrar algún punto destacable en los 14 meses de gestión que lleva el tercer ciclo de Carlos Bianchi en Boca, pero los hinchas, memoriosos y agradecidos, en su mayoría no tienen cuestionamientos hacia el entrenador. Ni el mal funcionamiento ni la falta de buenos resultados empañan la imagen que los habitantes de la Bombonera tienen del Virrey. La gloria del pasado inclina la balanza hacia un apoyo prácticamente sin reservas.

En tiempos de una histeria en la que el gana-pierde es la ley que marca la suerte de los técnicos, Boca, su gente, marca la excepción. Aunque la imagen que da es la de uno distinto al que fue, los hinchas confían en la capacidad del entrenador para reeditar las conquistas del pasado.

En un falso alarde de autoridad, Daniel Angelici, presidente de Boca, aseguró que no le temblaría el pulso si entendiese que lo mejor para el club es el alejamiento de Bianchi. Probablemente haya operado un cambio en el conductor de la Domisión Directiva xeninze, porque sí le tembló cuando no le renovó el contrato a Julio Falcioni y corrió en busca del refugio del nombre de Bianchi luego de una maniobra claramente urdida.

La lógica del hincha no es la misma que la de la dirigencia ni la del periodismo, que evalúan desde otra perspectiva. Ahí sí, públican y en voz baja, se escuchan críticas. La salvedad debe hacerse: un amplio sector de los dirigentes del fútbol argentino y del periodismo deportivo, lejos está actuar conforme a lo que debería ser. En los primeros sobra demagogia e incoherencia; en los otros, intereses y posiciones personales.

Se lo ve incómodo a Bianchi, bamboleándose en un fútbol que es distinto al que dejó hace ocho años. Un período de inactividad tan grande es una hipoteca difícil de levantar en cualquier profesión cuando se opta por la vuelta al ruedo. Pero el Virrey cuenta con el apoyo incondicional del pueblo xeneize, no es poco. 
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de noviembre de 2013

El amateurismo profesionalizado

“En Boca pasa una situación difícil. Yo siempre pregunto por todos los chicos y a quien le preguntás te dice que todos son cracks. Los chicos de 14 o 15 años ya viven como los de Primera, porque se les paga muy bien desde chicos. Si te tratan así cuando tenés 14 años, te sacan la ilusión de llegar a Primera".

La frase la pronunció Juan Román Riquelme en una conferencia de prensa, con una claridad y contundencia conceptual que no asombra. Casi siempre sus exposiciones públicas dejan algo sustancioso. El capitán de xeneize apuntó a un aspecto central: el amor por la tarea, la valoración del esfuerzo y la importancia de los procesos.

En la etapa de formación juvenil, los adolescentes deben saber –y asumir- las tempranas responsabilidades y conductas que exige el fútbol para llegar a ser un profesional, pero sin perder de vista el aspecto lúdico del juego y la aceptación de que el recorrido no necesariamente desembocará en la meta deseada.

El período amateur es indispensable en la formación de un futbolista, reducir esa etapa es nocivo para la persona y para el deportista. Además, muchas veces los chicos cargan con frustraciones familiares, o con responsabilidades de un adulto: ser el sostén económico del hogar, o llegar a serlo prontamente. La combinación es tan peligrosa como extendida.

Riquelme advirtió sobre una situación que pasa invertida y de las cual los clubes y el fútbol argentino en general deberían tomar nota.
(Foto: Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de julio de 2013

Un paréntesis contracultural y una exigencia común


El fútbol argentino es un permanente aquí y ahora. En el mejor de los casos, la mirada llega a ser cortoplacista. "Cinco fechas más". "Hasta el final del torneo". No hay proyectos porque todo ciclo queda interrumpido con un puñado de resultados desfavorables. El formato de la competencia, con breves torneos de 19 fechas; la voracidad de los medios, con el imperativo del show y el impacto, y la impaciencia del hombre común, potenciada en su rol de hincha, impulsan la lógica del puro presente.

Sin embargo, Carlos Bianchi logró imponerse a ese mandato. El reconocimiento de la parcialidad zeneize ante el mejor técnico en la historia de la institución permitió la saludable burbuja. El primer semestre del año fue muy malo, pero su cargo no se puso en duda. El Virrey logró un paréntesis contracultural, un oasis en el fútbol argentino: paciencia.

La confianza en el entrenador de cara al torneo Inicial también se sostiene con fuertes contrataciones. El conjunto de la Ribera sumó a Daniel Díaz; zaguero al que había buscado en anteriores libros de pases; Fernando Gago, titular en la selección de Alejandro Sabella, y Emmanuel Gigliotti, goleador de la pasada temporada con la camiseta de Colón.

Es que en lo que respecta a adquisición de futbolistas, Bianchi y Boca no han sido excepción. Los técnicos de Primera División pretenden titulares, suplentes y posibles alternativas con recorrido en la categoría. Los DTs piden y los dirigentes hacen hasta lo indebido para complacerlos. Boca tiene sobreabundancia de jugadores para afrontar 19 partidos en algo más de cuatro meses.

Así, el fútbol de base se presenta como una obligación para los clubes. Las divisiones inferiores pierden sentido si ni siquiera logran promover al primer equipo un arquero suplente, que en el mejor de los casos podría ver acción en un par de encuentros durante toda la temporada.

Varias veces los juveniles han dado soluciones a sus equipos; sin embargo, se los utiliza como última alternativa, como sucedió el campeonato pasado con Argentinos Juniors. El Bicho evitó el descenso con varios chicos a los que antes no había dado lugar.

Los clubes deberían obligarse estatutariamente a que, como mínimo, la mitad de su plantel profesional esté conformada por futbolistas surgidos de su cantera. De esa manera, ganarían económicamente, potenciarían un gran valor como el sentido de pertenencia y formarían equipos, estructuras colectivas, con menor dificultad. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 18 de diciembre de 2012

Bianchi otra vez al ruedo

Boca dio un salto de calidad y el fútbol argentino recuperó a un hombre que lo jerarquiza. Carlos Bianchi vuelve a la dirección técnica para iniciar su tercera era al frente del club de la Ribera, tras sus pasos en 1998-2001 y 2003-2004. Pone en juego nada menos que su propio mito: en ambos ciclos anteriores fue campeón doméstico, de América y del mundo. Además, las dos veces fue distinguido como el mejor entrenador de clubes del mundo (en 2000 y 2003). El deseo que volver a conducir un plantel y el desafío de ir por nuevos títulos con un equipo de su sello lo hicieron dejar de reposar en sus laureles para volver al ruedo.

(Con la incomodidad de ser autorreferencial, pese a tratarse de un espacio propio: Personalmente, por los indicios dados en los últimos años, creía que el Virrey no volvería a dirigir. Celebro mi error).

Julio César Falcioni hizo un destacado trabajo, tomándolo en un momento delicado tras varias temporadas negativas y reinstalándolo en un sitial acorde con la envergadura del club. Pero no logró empatía con los hinchas. Todo lo contrario ocurre con Bianchi, hombre elevado a la máxima consideración del pueblo boquense, que desde su ida fue tachando los días a la espera de un regreso que nunca supo si se concretaría. Finalmente llegó el momento tan esperado.

Después de ocho años sin dirigir en Argentina y a seis su última experiencia como DT –un efímero paso por el Atlético de Madrid-, Bianchi produce un regreso esperadísimo. En medio quedó una desdorosa gestión como mánager boquense. Ahora volverá al rol en el cual se ganó la consideración de para muchos ser el mejor de todos.

Alquimista futbolero, logró equipos graníticos y contundentes a partir de lograr la mejor versión de cada uno de sus futbolistas; a los discretos los hizo buenos, a los buenos destacados, a los muy buenos esenciales y a los cracks los conservó siempre en ese sitial.

Se trata del mejor y más inesperado regalo de fin de año para la gente de Boca, que de todos modos quiere agrandar la alegría con el retorno de Juan Román Riquelme. Aunque el ídolo aseguró que bajo ninguna circunstancia volvería a jugar para el club del que es hincha, si su deseo reeditarse como futbolista xeneize debería concretarlo y no quedar preso de aquellas palabras. Con el Virrey otra vez en Brandsen 805, las tribunas de la Bombonera esperan ahora la vuelta de JR; los hinchas de Boca saben que con Bianchi no hay imposibles.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 11 de diciembre de 2012

La arena mediática, la conveniencia y la demagogia

Juan Román Riquelme y Julio César Falcioni habían  activado sus contactos mediáticos para marcar el terreno. El interés del ídolo no fue nítido, ya que aclaró que en ninguna circunstancia volvería a vestir la camiseta de Boca; el del entrenador, en cambio, perseguía la renovación de su contrato. Como punto común, ambos ostentaron sus logros en el club de la Ribera, sin equivalencias, claro, por lo que lógicamente significan uno y otro para los hinchas a partir de lo que realizaron. En tanto, Daniel Angelici, titular de la institución, se mantuvo en segundo plano. 

El desenlace fue la no renovación del vínculo de Falcioni después de dos años al frente del equipo. La dirigencia de Boca lo decidió por la desaprobación a la tarea del entrenador por parte del público que concurrió a la Bombonera en el último partido del torneo Inicial, ante Gogoy Cruz. En la conferencia de prensa realizada para dar a conocer la noticia, Angelici apuntó contra Riquelme de modo directo, como nunca antes, al asegurar que con una “cadena nacional”, como definió su múltiple exposición mediática, predispuso a la gente contra el técnico. 

La voluntad de los socios debe respetarse, ese es el mandato de los dirigentes. Sin embargo no deben caer en la demagogia de correr detrás de voluntades cambiantes ni proceder de un modo que no está en línea con sus convicciones. La conveniencia nunca es buena guía.

 Los logros de Falcioni en Boca son tan evidentes como que en el segundo semestre de este año el equipo estuvo lejos de su mejor versión y jugó mal en muchos partidos. La última imagen parece haber pesado más que el proceso global de dos años. 

Angelici sabe que necesita un golpe de efecto de suma contundencia y sólo podrá asestarlo con el regreso de Carlos Bianchi. Si logra que el Virrey vuelva a dirigir -algo que parece muy poco probable- el cambio seguramente implique una superación. Ninguno de los otros nombres que se barajan representa a priori un salto de calidad respecto de la conducción futbolística de la que prescidió. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua 
patinsua@gmail.com

martes, 27 de noviembre de 2012

¿Boca prescinde de Falcioni?

Si bien algunas informaciones pueden estar contaminadas, los cronistas que cubren la actualidad de Boca coinciden, mayoritariamente, en que son escasas las posibilidades de Julio César Falcioni de continuar como entrenador. La Comisión Directiva que lidera Daniel Angelici aporta indicios en ese sentido: a dos fechas del final del torneo y a menos de 40 días para el vencimiento del contrato del técnico, no se trató una eventual renovación, pese a que meses atrás el presidente había dicho que la decisión se tomaría en octubre.

Las discretas actuaciones fueron más que las destacadas para Boca en el torneo Inicial, lo cual no le impidió llegar a 30 puntos cuando aún quedan seis por disputarse. Se instaló, desde algunos sectores, que el conjunto de la Ribera juega mal; algo válido por tratarse de subjetividades, de modos de apresiación. Pero difícilmente un equipo que juega mal pueda sumar 63 puntos en el año (podría llegar a 69), disputar la final de la Copa Libertadores y coronarse en la Copa Argentina.

Falcioni marcó claras diferencias con sus predecesores. Cuando llegó, la preocupación de Boca era engrosar el promedio y terminó reinstalándose en su lugar en el contexto del fútbol argentino y también recuperó protagonismo fronteras afuera.

Hubo un tema determinante, el alejamiento de la actividad de Juan Román Riquelme. Si bien ni el entrenador ni el talentosos mediocampista se refirieron públicamente al tema, se habló reiteradamente de un insalvable distanciamiento entre ambos. Si es difícil para un técnico encontrarse en contraposición con un ídolo, más complejo todavía es lidiar con el recuerdo dejado por la estrella. Como Gardel, que cada día canta mejor, las pisadas, asistencias y remates de JR cada vez parecen más excelsos.

La Comisión Directiva xeneize hace bien en buscar otro entrenador si percibe que la mayoría de sus socios demanda ese cambio. Los equipos de Falcioni tienen un techo, pero también ofrecen un piso elevado. Si finalmente se va, su sucesor deberá mantener ese piso y elevar el techo; no le será tarea fácil.
(Foto: Mundoxeneize.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 14 de agosto de 2012

Los chicos atrás

Ardía el Morumbí, como una semana antes había sido un hervidero el Parque de la Independencia. Corría el año 1992 y para las finales de la Copa Libertadores, ante el San Pablo de Telé Santana, Marcelo Bielsa repetía la zaga central que había llevado a Newell´s hasta esa instancia del campeonato: Fernando Gamboa y Mauricio Pocchettino. Tenían 21 y 20 años, respectivamente. Además, en el carril izquierdo se ubicaba Eduardo Berizzo, quien con 22 años había asumido la responsabilidad de patear el penal con el cual el equipo rosarino se había impuesto 1-0 en el partido de ida.

Dos décadas más tarde y en el contexto de un fútbol doméstico de discreta calidad, técnicos y directivos no están dispuestos a confiar en los juveniles formados en las divisiones inferiores. La histeria de un fútbol urgente busca su reaseguro en profesionales de mayor rodaje. Contratos más onerosos y descapitalización son el precio que pagan los clubes por el temor de los conducen y la impaciencia de los que llenan los estadios.

En su debut en el torneo Inicial, Independiente formó su última línea con tres de cuatro defensores mayores de 34 años: Eduardo Tuzzio (38), Cristian Tula (34) y Claudio Morel Rodríguez (34). Además fueron titulares Hilario Navarro (31), Roberto Battión (30), Víctor Zapata (33), Ernesto Farías (32) y Luciano Leguizamón (30). El contrapunto del equipo senior era el banco de suplentes, donde aguardaban Diego Rodríguez, (23), Leonel Galeano (21), Fabián Monserrat (19), Federico Mancuello (23), Martín Benítez (18) y Patricio Vidal (20).

Leandro González Pirez y Germán Pezzella se destacaron en las selecciones juveniles y desde los pasillos del Monumetal emana hace tiempo una alta consideración para ambos. Pero sus oportunidades en el primer equipo millonario fueron escasas. Y lo seguirán siendo. En el mercado de invierno, River decidió gastar más de 8.000.000 de pesos en adquirir el 60 por ciento del pase de Jonathan Bottinelli. Además sumó a Gabriel Mercado para ubicarlo en una posición en la que Luciano Abecasis se había destacado en el ascenso. Si bien la diferencia de edad entre uno y otro no es sustancial (25 a 22), el futbolista formado Racing no llega a Núñez para cambiar la ecuación desde el lateral derecho.

En Boca, los juveniles son un recurso lejano para Julio Cesar Falcioni. Ante cada necesidad no ya de un titular sino de una alternativa, la búsqueda estuvo afuera. Así, Sebastián Dángelo, Orlando Gaona Lugo, Juan Sánchez Miño y Exequiel Benavidez, entre otros, vieron reducidas sus oportunidades. Desde la institución de la Rivera fueron negociados en los últimos años varios centrales jóvenes con buenas aptitudes (Sauro, Forlín, Muñoz, Silvestre, Cahais) y hoy esa posición es ocupada por Rolando Schiavi, a quien la dirigencia xeneize le renovó el vínculo a seis meses de cumplir 40 años. Sumó para ese sector a Guillermo Burdisso y Lisandro Magallán, dos jugadores en el tramo inicial de sus carreras, pero lo hizo a un alto costo económico.

Con una etiqueta inconfundible, Argentinos Juniors generó en su cantera a la mayoría de los mejores volantes centrales del fútbol nacional en últimas décadas. El año pasado hicieron su presentación en el Bicho Matías Laba y Gaspar Iñiguez. Técnicos para administrar la pelota y criteriosos en los desplazamientos, se destacaron como clásicos número 5 y también se unieron en un destacado doble pivote central. Sin embargo, la institución de la Paternal contrató para el torneo Inicial a Alejandro Capurro, de 31 años. En la derrota del debut ante Vélez, Laba, de 20 años, e Iñiguez, de 18, vieron el encuentro desde el banco de suplentes. La contratación del exjugador de Colón y Gimnasia, titular en Liniers, atenta contra la actualidad y el futuro de Argentinos y es una negación de su historia.

Distinta por oposición fue la apuesta del Fortín. El conjunto dirigido por Ricardo Gareca se floreó a partir de un mediocampo con un promedio de edad de 20 años y seis meses, compuesto por Agustín Allione (17), Francisco Cerro (23), Ariel Cabral (24) y Brian Ferreira (18). Siempre Vélez es una sana excepción.

Estudiantes, por su parte, le abrió las puertas al regreso de Agustín Alayes. Tras su mala experiencia en River, en el Nacional B, el zaguero meditaba el retiro, decisión que postergó tras el llamado de Banfield. En sur del Gran Buenos Aires no se despegó del desastroso torneo hecho por un equipo que se arrojó a un descenso estrepitoso. A los 34 años y sin destaque en las pasadas tres temporadas, el conjunto platense se fijó en él. Estuvo desde el inicio Estuvo desde el estreno ante Tigre, mientras que Matías Sarulyte, categoría 1989 y quien se afirmaba en el Clausura, fue relevo.

Pese a las falencias existentes en el fútbol de base, las divisiones inferiores, la aparición de juveniles con buenas condiciones se mantiene. Pero una vez promovidos al fútbol profesional la consideración es escasa. Cuando los triunfos son esquivos, entrenadores y dirigentes son los primeros apuntados por la exigencia de los hinchas; por eso unos reclaman contrataciones y los otros las concretan. Así, el primer blanco del descontento son los jugadores experimentados, que año tras año, con los mismos colores o una nueva camiseta, se mantienen sin perder su lugar cada fin de semana. Mientras tanto, los chicos esperan atrás. (Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 10 de julio de 2012

Riquelme, su verdad y las interpretaciones

“Le comuniqué al presidente que no voy a continuar. Amo a este club, voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. El compromiso que tengo es muy grande, pero me siento vacío y no tengo nada más para darle al club. Estoy agradecido, a mis compañeros, al cuerpo técnico y a los dirigentes. Es una decisión mía. Yo no puedo jugar a la mitad. Llevo 16 años en el fútbol. Llegué a lo máximo, pensé que no iba a jugar una final de Copa nunca más. Ahora sólo quiero ir a mi casa, abrazarme con mis hijos y comer asado con mis amigos”.

La voz entrecortada de Juan Román Riquelme cerraba así su tercer ciclo vestido de azul y oro. Los periodistas que se encontraban en la antesala del vestuario visitante del estadio Pacaembú eran testigos de una noticia que eclipsaría incluso la derrota de Boca en la final de la Copa Libertadores.

Pese a sus dichos, las interpretaciones de la prensa recorrieron dos caminos, ambos a partir de la suposición del descontento del ídolo xeneize. Por un lado, se especuló con una ruptura con el entrenador, y, por otro, con el presidente. De ningún modo fueron lógicas infundadas, porque Riquelme ha tenido marcadas diferencias con Julio César Falcioni y con Daniel Angelici.

El número diez y el DT han expresado públicamente y en la cancha –uno con su juego, el otro con la disposición de sus equipos- distintos modos de entener el juego. Se trató entonces de una conveniencia forzada, muy friccionada en la llegada del entrenador y más llevadera con el paso del tiempo. Más o menos ríspida, nunca fue una relación basada en la confianza.

En tanto, Angelici renunció en su momento a la tesorería de la institución en desacuerdo con el contrato que se le había ofrecido al jugador, el mismo vínculo que ahora como presidente desea que cumpla. El futbolista había dicho en la campaña electoral que se quedaría en el club si Jorge Amor Ameal continuaba al frente de la Comisión Directiva, pero que no sabía qué haría ante un cambio de autoridades. La mirada que le dirigió Angelici segundos antes del anuncio de su partida no es posible entre dos personas a buenas.

Pero lo concreto es que las palabras de Riquelme no apuntaron ni al técnico ni al presidente. Contrariamente, les agradeció. De haberse sentido a disgusto con alguien, lo hubiese expresado, como lo hizo nada menos que con Maradona y en la Selección.

A lo largo de su carrera ha sido muy valiente dentro y fuera de la cancha. Callarse o mandar a decir no va con él. Lo que hayan afirmado quienes se jactan de ser sus confidentes correrá por su cuenta, tanto como las elucubraciones de los intérpretes de los medios. Riquelme puntualizó en el desgaste mental y físico, el mismo que lo hizo jugar poco en las pasadas temporadas. Esa fue su verdad, la única que cuenta.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 15 de mayo de 2012

Malos hábitos

Hay conductas, tan extendidas como reprochables, que hacen que los protagonistas no puedan más que avergonzarse. Y es porque las saben inadecuadas, pese a la habitualidad, que entonces las niegan; por pudor. Abundan en el fútbol argentino. Pero el tiempo, prolongado en algunas ocasiones y breve en otras, hace que muchas veces las circunstancias sean reconocidas.

En una nota concedida a radio La Red, Walter Erviti reveló que fue en octubre de 2010 cuando en una pausa de un entrenamiento Julio César Falcioni se le acercó y le adelantó: “Voy a dirigir a Boca y quiero que vengas conmigo”. La práctica era en Luis Guillón, cuando ambos estaban en Banfield.

Los dirigentes xeneizes se habían puesto en contacto con el entrenador cuando este se encontraba en el club sureño y ambas partes acordaron el vínculo para su llegada al club de la Ribera. Tan avanzado estaba todo que se pusieron a trabajar conjuntamente en los refuerzos y así el marplatense supo que su futuro no estaría en Peña y Arenales.

Pero todavía faltaba mucho para que finalizase el torneo que disputaban con el Taladro. No sería justo dudar del profesionalismo de Falcioni y Erviti y arriesgar que porque veían su horizonte próximo pintado de azul y oro no se abocarían plenamente al club que los empleaba. Pero lo cierto es que desde aquel octubre hasta el final del torneo Apertura, con el conductor táctico en el banco y el líder futbolístico en la cancha, Banfield ganó un partido de once y obtuvo siete puntos de 33 posibles.

El proceder de Boca, Falcioni y Erviti desató la novela de los primeros días de 2011. El jugador utilizó los peores métodos para irse de Banfield, con presiones, ausentándose de la pretemporada y con declaraciones públicas apuntándole a los mismos dirigentes que pocos meses antes le habían ofrecido un jugosísimo contrato que firmó con plena satisfacción. Todo era parte de una actuación premeditada, porque Erviti, como él mismo lo reconoció, sabía desde octubre que buscaría su salida, como fuera.

Más que un deporte y un espectáculo, el fútbol es una industria sin chimeneas y los intereses que los mueven no tienen escrúpulos. Los actores principales podrían adecentar el negocio; está en sus manos hacerlo.
(Fotos: Unorafaela.com y Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de abril de 2012

Imposición por convicción y juego

“La posición en la que puedo rendir mejor no existe en el equipo. O me adapto o no juego”.
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Algunas semanas antes del inicio del Apertura 2011, Walter Erviti había reconocido en una entrevista radial la necesidad de un cambio de hábito para exponer una versión mejorada respecto de la que había presentado en su primer campeonato en Boca. Para permutar murmullos por aplausos se impuso una reedición de su juego que debía nacer del convencimiento mental; no eludió su responsabilidad ni culpó a terceros, sino que se desafió a sí mismo.

El esquema para el mediocampo de Julio César Falcioni, a partir de la presencia de Juan Román Riquelme, contemplaba un clásico número cinco, dos volantes externos y un enlace. Sin un doble pivot central, módulo en el cual el marplatense se había convertido en uno de los mejores jugadores del país en Banfield, precisamente bajo las órdenes del propio Falcioni, asumió el desafío de reconvertirse. Tuvo entonces que volver a sector izquierdo de la mitad de la cancha, como en sus primeros pasos en el fútbol profesional, en San Lorenzo.

Recostado sobre el sector externo, como lugarteniente en la conducción de Riquelme primero y Christian Chávez después, multiplicando el sacrificio y con más goles que en el promedio de su carera, se convirtió en una pieza importante del campeón del Apertura 2011. Y la hinchada de Boca se lo reconoció.

Erviti forjó su camino en el club de la Ribera desde una fuerte convicción. No le preocupó el mal proceder que tuvo en su desprolija salida de Banfield y utilizó como combustible el mal primer campeonato en su llegada a Brandsen 805. Relegó el protagonismo que había tenido en el mejor momento del club sureño, pero se afianzó como un elemento relevante en el colectivismo xeneize.

Fue campeón en todos los equipos en los que jugó: San Lorenzo, Monterrey (México), Banfield y Boca. Además, en cada una de esas instituciones cosechó el reconocimiento de los hinchas. A los 31 años, Erviti se mueve con madurez y aplomo, con habilidad e inteligencia; lejos de los egos y compenetrado en el rol que forjó para afianzar la estructura del Boca de Falcioni que lidera el Clausura y se ilusiona con la Copa Libertadores.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 7 de febrero de 2012

Apuntes para el cambio

Hace ya un tiempo considerable que el nivel del fútbol argentino bien pude graficarse con una curva descendente. El nivel de juego, materia prima del espectáculo deportivo, decayó marcadamente –con excepciones ocasionales, claro- y entonces la paridad se transformó en el elemento decisivo del fútbol nacional. Tal vez hizo un paréntesis en Apertura, con la ventaja conseguida por Boca para lograr el título; o quizás prevaleció entre todos los equipos que quedaron comprendidos entre el elenco de Julio Falcioni y Banfield, el último de la tabla.

Así las cosas, tal vez se a tiempo de mover el avispero, de buscar alternativas, pensar variantes. A continuación algunos apuntes en tal sentido, amplios, líneas bocetadas, circunscriptos a dos aspectos: la movilidad de los futbolistas y el formato de los campeonatos.

La histeria cortoplacista del fútbol argentino tiene uno de sus reflejos en un constante movimiento de jugadores. Limitar esto podría tener un correlato positivo económica y deportivamente para los clubes. Se trata de no permitir el traspaso de un futbolista de un equipo a otro sin que haya disputado 76 partidos (dos temporadas completas) en su club de origen o cumplido 21 años, lo que suceda primero. En el mismo sentido, las partidas al exterior deberían propiciarse solamente con 152 encuentros en nuestro fútbol (cuatro temporadas) o 23 años, también lo que se dé en primer término. Como no se puede obligar a nadie a permanecer en el país, si un futbolista decidiese emigrar a ligas de otras latitudes antes de los plazos establecidos, el camino a recorrer sería el de establecer un período (tal vez dos temporadas) en el cual esté impedido de regresar al fútbol argentino y tomar parte en la selección.

Condicionar la compra-venta de jugadores daría aire a las asfixiadas arcas de los clubes, ya que, además de evitar costosas adquisiciones, los salarios de los jugadores estarían en un plano factible y no en las astronómicas cifras a las que hoy se comprometen. Al dejar de existir ofertas para cambiar de equipo desaparecería también la exigencia de contratos que sólo generan deuda en las instituciones. Ante esta parcial inmovilidad, para que no haya abusos de uno ni otro lado, podrían establecerse salarios mínimos y máximos. Además dejarían de proliferar los misteriosos grupos inversores y los intermediarios que hacen pingües negocios a costa de los clubes, no pocas veces entregados en bandeja por los propios dirigentes.

En lo deportivo, mantener planteles no haría más que cumplir con el ruego de todos los entrenadores cada fin de temporada. El conocimiento de de los futbolistas sostenido en el tiempo es un elemento indispensable para la generación de equipos con una identidad definida.

Se agrega también un aspecto intangible, ligado a lo emocional, y es el que tiene que ver con una identificación más fuerte de los protagonistas con los colores que lucen y el orgullo de los hinchas de recitar formaciones de corrido sin preguntar qué fue de tal jugador o dónde fue a parar aquel otro.

En lo que hace a los torneos, lo que se impone es establecer unanimidad en las competiciones: todos deben disputarse con el mismo formato. Los promedios son injustos con los que ascienden de categoría y en Primera División hacen que los equipos que disputan certámenes internacionales ninguneen su competencia madre, que es el torneo nacional. Su eliminación debe ser con prudente antelación para evitar que algún club saque ventaja o se generen suspicacias. A partir de entonces, los ascensos y descensos serían tres en cada categoría, suprimiéndose las promociones.

Los campeonatos deberían seguir el calendario anual y no la temporada europea, disputándose a dos ruedas todos contra todos en condición de local y visitante. En el caso de la máxima categoría, además del campeón, los tres equipos que lo sigan en el escalafón ingresarían en forma directa a la Copa Libertadores, el quinto disputaría el repechaje y del sexto al undécimo correspondería la Sudamericana. Si el equipo que pugna por ingresar a la zona de grupos del principal certamen continental no lo lograse su cometido, ingresaría entonces a la Sudamericana en lugar de quien estaba en la undécima posición, relegándolo. En lo que hace a las categorías inferiores, el primero de la tabla se haría acreedor de un ascenso, pudiendo establecerse para los dos restantes un certamen reducido de eliminación directa.

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 24 de enero de 2012

Implicancias del primer superclásico de verano

La antesala del enfrentamiento entre Boca y River en Chaco, después de más de nueve meses sin superclásicos y con el descenso del Millonario en medio, le dio caracter de reparto al aspecto deportivo para poner el foco en la seguridad y las motivaciones políticas del cruce más emblemático de la historia del fútbol argentino.

En el restringido plano de la pelota, el duelo en Resistencia pondrá frente a frente a los dos equipos más convocantes en condiciones por demás disímiles, encontrándolo a Boca como campeón de la máxima categoría y a River en el segundo puesto de la B Nacional. En divisionales diferentes, el único ámbito posible para el choque de los dos tanques del fútbol argentino fue en los tradicionales torneos de verano (también podrían verse este semestre en la Copa Argentina). Pese a tratarse de un amistoso estival, el cálculo del costo de una eventual derrota en el momento futbolístico más traumático en su centenaria historia hizo que desde Núñez se intentase dejar de lado el duelo.

En sitios en los cuales la intolerancia es continua y creciente como son los estadios de fútbol, con el protagonismo de los barras, delincuentes con palancas listas para accionar en todos los ámbitos de modo tal de poder moverse a discreción, la seguridad se transformó en un eje central. El operativo policial se planificó con 2500 efectivos y una ciudad sitiada para mantener en extremos opuestos a los matones disfrazados con unos y otros colores. Siempre presentes y protagonistas, las barra bravas parecen un actor no negociable.

El clásico que cada fin de enero se disputaba en Mar del Plata se mudó a Chaco por pura demagogia política de su gobernador, Jorge Capitanich, quien fue denunciado por la ONG “Fútbol en Paz en Argentina”, que lo acusó de pactar con los barras. Una de las provincias con más pobres y marginados del país entendió que era prioritario organizar un partido para el que debió fletar vuelos, arreglar un estadio, repavimentar calles y movilizar a distintos sectores de las fuerzas de seguridad. El fútbol forma parte de bagaje cultural argentino y es dable que un estado –provincial en este caso- ofrezca este espectáculo a sus habitantes, pero el costo parece demasiado para una porción del territorio nacional con tantas necesidades latentes y olvidadas.
(Foto: Perfil.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 29 de noviembre de 2011

La revancha de Falcioni

Hay que voltear apenas la vista, al semestre pasado, para apreciar con qué vértigo y contundencia cambiaron las cosas. O, mejor dicho, las hizo cambiar. Julio César Falcioni desembarcó en Boca a comienzos de este año y el Clausura 2011 fue un difícil trance para el entrenador que llegaba de ser campeón con Banfield. Convocado a la institución de la Ribera por lo conseguido en el sur, no logró que su equipo se emparentase ni lejanamente con aquel colectivo granítico, compacto, inteligente, veloz y punzante. Hubo, en cambio, un elenco endeble, desconectado, con fisuras defensivas y carencias de ataque.

Así fue como inició cuestionado este torneo en el que será campeón con holgura. Luego del empate sin goles con Olimpo en el debut crecieron los rumores sobre el prematuro final del ciclo si el estreno en Brandsen 805, ante Unión, no era con victoria. El contundente 4-0 ante los santafesinos archivó la cuestión, pero el DT expuso la herida cuando tras el encuentro monologó apenas 30 segundos con la prensa antes de dar media vuelta para meterse nuevamente en el vestuario.

Todo lo que no había podido plasmar en el Clausura lo consiguió con claridad en el Apertura. Las contrataciones de Agustín Orión y Rolando Schiavi cimentaron una defensa que se revitalizó para hacerse muy difícil de vulnerar. En 16 fechas apenas recibió cuatro goles; dos de tiro libre (Gabriel Méndez, de San Lorenzo, y Nicolás Castro, de Atlético de Rafaela), uno en contra (Juan Insaurralde, ante Lanús) y otro con un furioso disparo desde afuera del área de Ariel Rojas en la pasada victoria ante Godoy Cruz.

En la mitad de la cancha, Leandro Somoza volvió a ser el de Vélez, con rigor en la marca, atención en los relevos y buena administración de pelota. Sobre la izquierda, Walter Erviti se rehízo a un posición que no ocupaba desde hacía muchos años y se transformó en una pieza muy importante, tanto como Diego Rivero del otro costado, aunque limitado en sus presencias por distintas lesiones.

Pero Falcioni logró un funcionamiento grupal más allá de los nombres, incluso más allá del de Juan Román Riquelme, con todas las implicancias que tiene para el mundo auriazul. Si el equipo tuvo un salto de calidad cada vez que el ídolo jugó, cuando los problemas físicos lo marginaron la estructura no se resintió y Cristian Chávez demostró su jerarquía. Lo mismo ocurrió en el centro del ataque, donde el equipo no perdió gol pese a las alternancias de Lucas Viatri, Nicolás Blandi y Darío Cvitanich.

Reponerse a la adversidad, algo que siempre tiene un enorme valor, ha sido uno de los mayores méritos del técnico. Cambió un equipo endeble por uno que juega bien; porque se defiende bien y ataca bien. Además, lleva 26 partidos invicto, lo que establece la quinta mejor racha en la historia del profesionalismo. Alcanzará su segundo título como técnico y se habrá quedado con dos de los últimos cinco campeonatos con dos equipos distintos. No es poco. Es la revancha de Julio César Falcioni, un gran entrenador.
(Foto: Telam.com.ar)


Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 22 de noviembre de 2011

Teófilo Gutiérrez le puso fin a su ciclo en Racing y expuso a Simeone

En la previa del partido ante Boca, Diego Simeone tuvo que debatirse entre lo que correspondía y lo que convenía y entre el disgusto del plantel y el de los hinchas. La encrucijada la forzó Teófilo Gutiérrez al retrasar su regreso desde Colombia, donde había estado con su selección. Excluirlo debilitaba al equipo pero mantenía las reglas de trabajo y convivencia; colocarlo entre los once fortalecía la formación inicial y resquebrajaba el aspecto grupal. Al medir costos y beneficios, el excapitán del seleccionado nacional optó por mantenerlo como titular.

El delantero barranquillero se había sumado a los entrenamientos un día antes choque ante los de Julio Falcioni; fue expulsado en la Bombonera y luego arremetió contra sus compañeros y el entrenador. Así, en un par de días le puso punto final a su estada en la institución de Avellaneda.

Nombrándolo por el apellido, con la clara intención de marcar distancia, Sebastián Saja apuntó contra el colombiano al postular que el partido contra Boca debía prepararse con varios días de antelación y en lugar de mentalizarse en ese compromiso recién al momento de salir a la cancha. Tras las declaraciones del arquero llegaron las de colombiano, quien marcó su preferencia por el anterior entrenador de Racing, Miguel Ángel Russo, y se quejó de que sus compañeros hayan hablado con la prensa en lugar de encararlo personalemente. Auqnue hizo lo mismo, ya que su descargo fue ante los medios. La respuesta del otro lado la dio Luchas Licht, quien lo tildó de “poco hombre”. Como síntesis, en una remake de la recordada frase de Diego Latorre cuando se refirió al Boca del Bambino Veira como un cabaret, Gabriel Hauche emparentó la interna de la Academia con “un teatro de revistas”.

El conflicto dañará a Racing, al propio jugador y, sobre todo, a Simeone, que quedó expuesto por su determinación. Postulado como un conductor de grupo que no admite faltas de conducta ni negocia la dedicación, la excepción lo debilitó frente al resto del plantel. Por convicción o conveniencia, decidió apostar por el goleador y la respuesta de este fue una bofetada; primero, con una expulsión por demás evitable y, luego, cuestionándolo ante los medios.

Nacido y criado en el marginal barrio La Chinita, con la muerte como vecina y la violencia en cada esquina, forjó un carácter con más heridas que callos. Su verba desafiante y altanera mostró a un personaje ideal para los medios y él pareció enamorarse esa condición de guapo desafiante.

Teófilo Gutiérrez decidió cerrar su ciclo en la Racing de la peor manera, enfrentado con sus compañeros y el entrenador, quien quedó muy observado por el plantel. Tan sólo un semestre le bastó al colombiano para mostrar condiciones de jugador de excepción, de goleador pura sangre; y también para que se lo rotule como un profesional endeble a partir de reiterarse en conductas inapropiadas.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 4 de octubre de 2011

Por sus méritos y el contexto, Boca desfila al título

Julio César Falcioni logró armar su mejor Boca en el momento indicando, cuando Vélez, Estudiantes y Lanús perdieron su forma. Así, por la autoridad futbolística mostrada superado el meridiano del Apertura y la anemia de los rivales de fuste, el Xeneize se aleja en lo alto de la tabla de posiciones. Hizo lo suyo con una notable mejora respecto de la primera mitad de año y los demás, hasta acá, le allanaron el camino.

Los datos estadísticos y la exposición de su juego se evidencia el resurgir. Apenas recibió dos goles en diez fechas, lleva 20 partidos invicto y volvió a ocupar en solitario la punta de un campeonato después de más de 100 fechas y casi tres años. En los últimos cuatro torneos el protagonismo había quedado referido al peso de su camiseta y no a la pelea en los primeros lugares. La conformación de un conjunto sólido, rocoso, ordenado y colectivo y con una luminosa versión de Juan Román Riquelme, la cual parecía extinta, se generó desde el trabajo del técnico, con trabajo de campo y convencimiento del plantel.

Uno de los mayores méritos del entrenador ha sido despertar al Nº 10. En los últimos dos años el ídolo había mostrado su jerarquía en cuentagotas, pero ahora revitalizó su juego para marcar claras diferencias en el amesetado fútbol argentino. Desde su estelar actuación en la conquista de la Copa América 2007, la cual lo tuvo como factótum, que no aparecía en la dimensión que hoy muestra. Seguramente desde concepciones del juego distintas, Falcioni convenció a Riquelme y Riquelme convenció a Falcioni.

El DT campeón con Banfield (título que le valió la consideración de la dirigencia boquense) consiguió también que los futbolistas que llegaron al club desde que se hizo cargo del plantel alcanzasen un destacado rendimiento. Diego Rivero, Leandro Somoza, Rolando Schiavi, el lesionado Darío Cvitanich, Agustín Orión y Walter Erviti, su jugador, hicieron hasta acá un aporte de alta cotización.

Boca marcha con cinco puntos de ventaja sobre Atlético de Rafaela, uno de los equipos ascendidos en esta temporada y quien conoce perfectamente que su realidad no pasa por pelear el campeonato sino por consolidar en la primera mitad de la temporada su permanencia en Primera División. Un punto por detrás de los santafesinos aparece Racing, también todavía invicto y con la valla bien resguardada (apena recibió tres tantos), pero el equipo dirigido por Diego Simeone todavía no logró consolidarse en su idea y estructura.

En un semestre electoral, la intención de Carlos Bianchi de volver a dirigir será la promesa proselitista de cada uno de los candidatos a encabezar la nueva Comisión Directiva. Mientras el futuro de Falcioni parece no conjugarse en la institución de la Ribera, el DT afianza un equipo que avanza decidido hacia su 24º título en el fútbol argentino.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 2 de agosto de 2011

Un proyecto caído por su propio peso

Los promedios se instauraron (tras su génesis efímera en la década de 1940) después de que San Lorenzo perdiese la categoría; pasaron entonces a computarse la temporada en disputa y la precedente, pero ese sistema no le alcanzó a Racing, que también se fue a la vieja Primera B. Entonces la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió que se tomasen en cuenta los últimos tres años futbolísticos para establecer el coeficiente de descenso. Era el reaseguro para que los grandes no volviesen a caer y la definitiva disposición del negocio por delante de la pelota. El sistema funcionó sin fisuras por casi tres décadas, hasta la hecatombe de River.

Para reposicionar al Millonario y ante el peligro latente por los bajos promedios de Boca, San Lorenzo y Racing se pensó en un campeonato que uniese la Primera División y el Nacional B en un megatorneo de 38 equipos. De esta manera se garantizaba el regreso de River al tiempo que se desactivaba la alarma de peligro respecto de los otros cuatro poderosos.

Ernesto Cherquis Bialo, vocero de la AFA, reconoció en una nota radial que la búsqueda de un cambio trascendental de ninguna manera se hubiese dado sin el descenso del club presidido por Daniel Passarella, quien emitió un comunicado en el cual se desligaba de cualquier maniobra para establecer el nuevo formato dado que su aspiración es regresar al sitio dejado por méritos deportivos.

El anunció del tratamiento del proyecto antes de fin de año para, de aprobarse, iniciar la nueva era a mediados del año próximo implicaba un desatino mayúsculo referido a comenzar la temporada con un reglamento flotante en lo que refería a ascensos y descensos.

Algunos dirigentes, entre ellos Julio Baldomar, vicepresidente de Vélez, y Nicolás Russo, titular de Lanús, aseguraron que la idea no había surgido de la AFA sino del gobierno nacional. Julio Humberto Grondona, presidente de la casa matriz del fútbol argentino, y Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de la Nación, los desmintieron.

La cronología implicó el anunció de fusión de la Primera División con la máxima divisional del Ascenso, indicios de retractación, la ratificación en la voz de José Luis Meiszner, secretario ejecutivo de la AFA, y vuelta a foja cero. Los desatinos y las contradicciones abundaron. La postura mayoritaria fue de rechazo. Las desprolijidades no podían más que hacer caer un proyecto que estaba sostenido sobre patas de gelatina.

Los promedios se instauraron para proteger a los grandes y los torneos cortos para devolverlos a la gloria luego del reparto de títulos de la década de 1980. Este amago de cambio iba en la misma dirección.

El megatorneo quedó archivado, aunque difícil sería afirmar que definitivamente. Habrá que ver qué sucede si el derrotero de River el Nacional B no es satisfactorio y si se mantienen los flacos coeficientes de Boca, San Lorenzo y Racing. En el fútbol argentino nunca parece estar dicha la última palabra.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 21 de junio de 2011

A la historia grande

Máximo artillero en la historia de uno de los dos equipos más grandes del fútbol argentino con 236 tantos y solamente superado entre los más goleadores desde que se instauró la era profesional por cuatro hombres mitológicos como Arsenio Erico, Ángel Labruna, Herminio Masantonio y Manuel Pellegrina, Martín Palermo le puso punto final a su carrera como jugador para quedarse en el recuerdo eterno, el que está reservado a unos pocos privilegiados, a los más destacados. Se lo ganó con un instinto sin igual en los tiempos modernos para vulnerar los arcos rivales.

A los 37 años, dio pruebas de un riguroso profesionalismo en su última temporada al disputar los 38 encuentros del año futbolístico. Lo hizo con un gran esfuerzo por las constantes dolencias en su rodilla derecha –en la cual tuvo dos operaciones por rotura de los ligamentos cruzados, en 1999 y 2008-, lo cual lo obligó a disputar gran parte del Clausura infiltrado. Fue una muestra más de la fortaleza mental de hierro de un verdadero titán.

La Selección argentina y el fútbol europeo no fueron su ámbito. Aunque se dio el gusto de emocionar y emocionarse con un dramático gol ante Perú bajo un diluvio por las Eliminatorias a Sudáfrica 2010 y, luego, de anotar en el Mundial frente a Grecia, su paso por la albiceleste será recordado por haber errado tres penales ante Colombia en la Copa América 1999. En tanto, de su paso por el viejo continente se evocará la fractura que le ocasionó el derrumbe de un talud en un festejo. En Boca, en cambio, encontró su lugar en el mundo, con goles a montones. Y los hizo de todas las formas. De chilena, de cabeza desde 35 metros, tomándose del travesaño, con los dos pies al resbalar en un penal. Esos gritos implicaron muchas celebraciones, con clásicos victoriosos, torneos locales, Copa Libertadores y la Intercontinental, cuando se disputaba a un partido en Tokio; aquella noche en la que le marcó dos goles al Real Madrid de Figo, Roberto Carlos y Casillas, entre otros. Así, se ganó el cariño azul y oro, como quedó de manifiesto en su último partido en la Bombonera, ante Banfield.

Acaso el mejor cabeceador de todos los tiempos por estas tierras, su última instantánea como jugador fue ganando una pelota en la altura del área de Gimnasia –su rival y al equipo que más le convirtió- para habilitar a Christian Cellay, autor del agónico gol del empate en el Bosque. Fue la última intervención del “optimista del gol”, como lo había definido Carlos Bianchi, el técnico que lo marcó.

Martín Palermo cerró el libro de su muy atractiva historia como futbolista. Seguramente el futuro sea como entrenador, junto a su amigo Roberto Abbondanzieri. Sus goles, sus festejos, sus desventuras y renaceres quedan registrados en una carrera del mil matices, nada menos que la de uno de los goleadores más importantes de los últimos 80 años.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com