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martes, 15 de abril de 2014

Sabella, decidido por los suyos

La elección le pertenece, se la obliga su cargo y la sostiene el sólido argumento del conocimiento íntimo y detallado de los protagonistas a partir de la convivencia. Alejandro Sabella, técnico del seleccionado, parece tener decidida la lista mundialista para Brasil hace rato. El entrenador está convencido de los suyos, del valor de los futbolistas que sostuvieron su proceso al frente del conjunto nacional, más allá de los rendimientos actuales.

Si bien la mayoría de los nombres que se vislumbran en la nómina de 23 se impone sin objeciones, un puñado de futbolistas ingresaron en cierto limbo.

Los casos más emblemáticos en este sentido son los de Fernando Gago y Ever Banega, dos futbolistas con roles muy similares asignados en el seleccionado y que arrastran un tiempo prolongado de actuaciones muy por debajo de las que supieron mostrar. Con 28 años el porteño y 25 el rosarino, ninguno de los dos resaltó en la reinserción en el fútbol argentino. Vinieron a buscar algo que no encontraron.

Ambos regresaron de Europa después de conflictos en el mismo club, Valencia. Entonces, Gago pegó la vuelta de España para sumarse a Vélez, pero lo que a todas luces se presentaba como una incorporación de lujo para el club de Liniers se transformó en una enorme decepción: apenas ocho partidos en un semestre, producto de lesiones encadenas una tras otra. El regreso a Boca se inició también con problemas físicos; superada esa etapa habitó el mediocampo xeneize sin señas del que fue. Destacaron más los gestos de fastidio que su juego. Una nueva lesión acaba de dejarlo afuera del equipo por lo que queda del torneo. Muy bajo en su nivel y con un físico de cristal, es temerario pensarlo para siete partidos en un mes.

Por su parte, Banega se sumó a Newell´s, club ligado a sus afectos, y también su actualidad lo expone disminuido. Sin la cantidad de minutos en cancha que podía augurársele y con desempeños discretos, lejos de imponer condiciones, su imagen se ha distorsionado. El equipo rojinegro perdió el rumbo y en ese naufragio no encontró a qué aferrarse. Al igual que en el caso de Gago, no marcó la diferencia que se esperaba y que, por caso, en sus regresos a la Lepra sí impusieron Maximiliano Rodríguez y Gabriel Heinze.

Gago y Banega encabezan una lista a la que se le agregan más nombres, pero Sabella confía en los suyos. Los conoció en su mejor versión y debe augurar la reaparición de esas prestaciones a partir de la motivación que genera un Mundial. Las incógnitas son grandes, pero el entrenador parece decidido a asumir el desafío de resolverlas.

Los entrenadores quieren para los grandes desafíos a los futbolistas en los que más confían. Buscan el éxito con las herramientas que entienden mejor se ajustan a la tarea requerida. No hay cuestionamientos para ese comportamiento. Sin embargo, una lista mundialista debería tener lugares reservados para la actualidad más furiosa, para esos jugadores que en los meses previos a la cita más importante muestran jerarquía y aptitudes destacadas. El caso más emblemático es el de Héctor Enrique, pieza vital en la conquista del Mundial de México, quien antes del campeonato solamente había jugado dos partidos en la Selección (ante Noruega e Israel), ambos en el mismo año 1986.

Sin tiempo para pruebas y ensayos, la lista se adivina cerrada hace mucho tiempo en la cabeza de Sabella. El técnico se la juega por los suyos, aún con los riesgos del caso por los desconcertantes mensajes que le mandan algunos de sus futbolistas.
(Foto: Telam.com.ar)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un equipo con sus piezas desarrolladas en el exterior


En el triunfo ante Paraguay en Asunción, Argentina dispuso un equipo con la mayoría de sus jugadores hechos al profesionalismo en el exterior. Excepto Lionel Messi, que llegó al Barcelona con 12 años, el resto de los futbolistas que dispuso Alejandro Sabella en la 16º fecha de las Eliminatorias Sudamericanas se formó en las divisiones inferiores de los clubes nacionales, pero el paso por la Primera División fue fugaz.

Además de Messi, Hugo Campagnaro tampoco conoció la máxima categoría del fútbol argentino; sí lo hizo en el ascenso, en Deportivo Morón, para luego continuar su carrera en Italia, donde actualmente se desempeña en el Inter, previos pasos por Piacenza, Sampdoria y Napoli. En tanto, Sergio Romero apenas disputó cuatro fechas del torneo Clausura 2007 en Racing antes de ser transferido al fútbol holandés a los 20 años. Por su parte, Fabricio Coloccini se fue al Milan luego de un único partido en Boca; posteriormente el zaguero regresó al país para completar 19 partidos en San Lorenzo y volver a Europa.

Entre 2005 y 2008, José Basanta disputó 23 cotejos en Estudiantes de La Plata (en el torneo 2006/2007 de la Primera B Nacional integró el plantel del Olimpo que ascendió) y cruzó las fronteras con destino azteca. Ever Banega, quien ingresó a los 31 minutos del choque ante los guaraníes, totalizó 28 presencias en Boca y Ángel Di María es otro de los que no llegó a completar una temporada en Primera División; fueron 35 encuentros en Rosario Central para luego desembarcar en Portugal.

Sergio Agüero se había puesto 54 veces la camiseta de Interdependiente antes de sumarse al Atlético de Madrid por una cifra multimillonaria. En tanto, fueron 66 los partidos que sumaba Lucas Biglia entre Argentinos e Independiente al momento de continuar su trayectoria en Bélgica, desde donde llegó a la Serie A italiana para actualmente ser parte de la Lazio. La misma cantidad de encuentros protagonizó Pablo Zabaleta en San Lorenzo desde su debut en 2003 hasta la venta al Espanyol de Barcelona en 2005, año en el que fue capitán del seleccionado Sub 20 que se consagró campeón del mundo en Holanda y del que también formaban parte Messi, Agüero, Biglia, Banega y Fernando Gago. Precisamente el volante central de Boca es el único de los once futbolistas que iniciaron el partido en Paraguay que se desempeña en el medio local, en el cual suma 90 presencias. Uno menos contabiliza Maximiliano Rodríguez, de regreso en Newell´s, quien entró para marcar el quito tanto de la goleada clasificatoria a Brasil 2014.

El jugador con más partidos en la máxima categoría del futbol argentino en el equipo que selló la clasificación a Brasil 2014 fue Rodrigo Palacio, quien en cinco temporadas jugó 167 partidos, primero en Banfield y luego en Boca, desde donde se fue a Italia. El jugador de Inter fue sustituido por Ezequiel Lavezzi, que en Primera División fue parte de San Lorenzo en 84 partidos.

Tal vez la distancia que muchas veces se percibe entre el hincha y el seleccionado tenga en esta circunstancia al menos una parte de su explicación. La mayoría de los futbolistas del seleccionado nacional han dejado un recuerdo difuso en el público.

Messi lleva disputados 83 partidos en la selección, en los cuales convirtió 37 goles. Con su genio y su edad habilitan una proyección bien podría ubicarlo por delante de Gabriel Batistuta (56) como máximo anotador y de Javier Zanetti (145) como el jugador con más presencias en el seleccionado mayor. Así, probablemente sea el crack rosarino, alguien que nunca jugó en Argentina, quien ostente los mayores números con la albiceste.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de julio de 2013

Un paréntesis contracultural y una exigencia común


El fútbol argentino es un permanente aquí y ahora. En el mejor de los casos, la mirada llega a ser cortoplacista. "Cinco fechas más". "Hasta el final del torneo". No hay proyectos porque todo ciclo queda interrumpido con un puñado de resultados desfavorables. El formato de la competencia, con breves torneos de 19 fechas; la voracidad de los medios, con el imperativo del show y el impacto, y la impaciencia del hombre común, potenciada en su rol de hincha, impulsan la lógica del puro presente.

Sin embargo, Carlos Bianchi logró imponerse a ese mandato. El reconocimiento de la parcialidad zeneize ante el mejor técnico en la historia de la institución permitió la saludable burbuja. El primer semestre del año fue muy malo, pero su cargo no se puso en duda. El Virrey logró un paréntesis contracultural, un oasis en el fútbol argentino: paciencia.

La confianza en el entrenador de cara al torneo Inicial también se sostiene con fuertes contrataciones. El conjunto de la Ribera sumó a Daniel Díaz; zaguero al que había buscado en anteriores libros de pases; Fernando Gago, titular en la selección de Alejandro Sabella, y Emmanuel Gigliotti, goleador de la pasada temporada con la camiseta de Colón.

Es que en lo que respecta a adquisición de futbolistas, Bianchi y Boca no han sido excepción. Los técnicos de Primera División pretenden titulares, suplentes y posibles alternativas con recorrido en la categoría. Los DTs piden y los dirigentes hacen hasta lo indebido para complacerlos. Boca tiene sobreabundancia de jugadores para afrontar 19 partidos en algo más de cuatro meses.

Así, el fútbol de base se presenta como una obligación para los clubes. Las divisiones inferiores pierden sentido si ni siquiera logran promover al primer equipo un arquero suplente, que en el mejor de los casos podría ver acción en un par de encuentros durante toda la temporada.

Varias veces los juveniles han dado soluciones a sus equipos; sin embargo, se los utiliza como última alternativa, como sucedió el campeonato pasado con Argentinos Juniors. El Bicho evitó el descenso con varios chicos a los que antes no había dado lugar.

Los clubes deberían obligarse estatutariamente a que, como mínimo, la mitad de su plantel profesional esté conformada por futbolistas surgidos de su cantera. De esa manera, ganarían económicamente, potenciarían un gran valor como el sentido de pertenencia y formarían equipos, estructuras colectivas, con menor dificultad. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de junio de 2009

Un resultado que complica en una actuación rescatable

Diego Maradona tomó nota de los errores que la Selección había cometido en la gris victoria ante Colombia y, sobre todo, en la histórica derrota frente a Bolivia. Sin embargo, pese al buen rendimiento del equipo, Argentina sufrió una nueva derrota que lo deja en una posición muy incómoda en la búsqueda de asegurarse su participación en Sudáfrica 2010.

El técnico argentino hizo una correcta planificación táctica, lo que significó un marcado dominio del partido en el primer tiempo y la creación de las situaciones necesarias para abrir el marcador. Una de Lionel Messi delante de los tres palos con el arquero vencido, un penal desperdiciado por Carlos Tévez y una situación de frente y muy cerca del arco de Fernando Gago fueron las tres clarísimas situaciones a disposición antes del golazo de Walter Ayoví, cuando ya el elenco ecuatoriano avanzaba ante la merma física del conjunto nacional. La generación de peligro sin concreción ratifica que la Selección no pude seguir jugando sin un centrodelantero neto, sin alguien que conozca y sienta esa posición.

Así como se le ganó a Colombia sin merecerlo, se cayó ante Ecuador también de espaldas a lo que hubiese sido lo más ajustado de acuerdo al desarrollo del partido. Pero por los resultados en cada una de esas dos fechas, la derrota en Quito enciende luces de alarma, ya que deja a la Selección en la cuarta colocación, la que otorga el último pasaje directo al Mundial, a solamente dos puntos del quinto (precisamente Ecuador), que es quien jugará el repechaje ante un equipo de la CONCACAF (muy posiblemente sea México). En los cuatro partidos que restan, tres de los rivales serán Brasil, Paraguay, en Asunción, y Uruguay, en Montevideo.

Desde la idea de Marcelo Bielsa el seleccionado argentino perdió peso a la hora de ir a jugar fronteras afuera. El rosarino dirigió a Argentina de visitante por Eliminatorias en 13 partidos, de las cuales ganó 7, empató 4 y sólo perdió 2, ambos ante Brasil. Es decir, obtuvo 25 de los 39 puntos en juego, el 64,1 por ciento. Tras su renuncia, Néstor Pekerman, Alfio Basile y Maradona dirigieron en la misma condición 12 encuentros, de los cuales se ganaron apenas 2, se empataron 3 y se perdieron 7, lo que establece una muy flaca eficacia del 25 por ciento (9 puntos de 36 posibles). Desde 2004 hasta hoy, por Eliminatorias de visitante, la Selección perdió ante Ecuador (dos veces), Paraguay, Uruguay, Colombia, Chile y Bolivia.

Hace 8 años el seleccionado argentino bajo la tutela de Bielsa en esta misma instancia de las Eliminatorias (el fixture es el mismo por tercera vez consecutiva) ya estaba clasificado para el Mundial. La victoria en Quito le había dado el pasaje a Corea y Japón a falta de cuatro partidos. De vuelta al ruedo tras 4 años sin dirigir, Bielsa tiene a Chile segundo en la tabla, únicamente detrás de Brasil y prácticamente clasificado al Mundial. Mientras, Argentina saca cuentas y terminó la nueva fecha de Eliminatorias aliviado por el empate entre Venezuela y Uruguay.
(Foto: Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de junio de 2009

La era Maradona desdibuja su alentador comienzo

Mesura en las declaraciones, atención extrema sin perder la compostura durante los partidos y un equipo con auspiciosos nuevos aires habían marcado las pautas del inicio del ciclo de Diego Armando Maradona al frente del conjunto nacional. Pero el crecimiento futbolístico tuvo un brusco freno en la histórica derrota 6 a 1 ante Bolivia, en La Paz, por las Eliminatorias, y una ruptura en la hasta ahora destacable línea de conducta del entrenador se dio en la víspera del choque ante Colombia, también en el camino por llegar al Mundial de Sudáfrica, cuando se refirió con términos inapropiados a sus diferencias con Sergio Batista, DT de la Sub 20.

La importante y a la vez opaca victoria ante el elenco cafetero -inmerecida por lo hecho en cancha por ambos equipos- y la precedente estrepitosa derrota paceña exponen un interrogante y un retroceso tras aquellos destacables éxitos ante Escocia primero, Francia luego y Venezuela más tarde . El sábado en el Monumental, el seleccionado nacional se mostró más como un enjambre de individualidades que como un equipo. No tuvo un norte y careció incluso de una búsqueda determinada por falta de ideas. Lejos de verse intentos frustrados, la impresión era que no había plan claramente pergeñado. Perdido y superado en el primer tiempo, en el complemento mostró una mejora conceptual pero continuó sin conseguir volumen de juego. Si Argentina ganó fue por el karma colombiano de cara al arco rival en estas Eliminatorias: sólo marcó goles en 6 de los 13 partidos que disputó y en los últimos ocho encuentros apenas vulneró al rival en uno.

Las funciones y la idea colectiva deben estar por encima de los talentos individuales. Juntar a los mejores futbolistas, a los de buen pie, no garantiza un juego aceitado. Se impone la necesidad de contar con jugadores de rol aunque esto implique que deban esperar afuera a otros de mayor cartel. En la ofensiva se necesita un jugador que sienta el puesto de centrodelantero, independientemente de su contextura física. Lionel Messi, Sergio Agüero y Carlos Tévez –este último en mejor medida- se sienten mejor y rinden más con un clásico 9 delante de ellos, como lo hacen en sus clubes. Ninguno de los tres tienen las características para ser referente de área, y dejar vacante esa posición es dar ventaja.

A Messi por ser el mejor jugador del mundo se le pide en consecuencia y es cierto que el rosarino no logra con la casaca abiceleste establecer las diferencias que marca en el Barcelona. Pero esto no se ajusta únicamente al número 10. La mayoría de los integrantes del seleccionado no tienen vestidos de celeste y blando las prestaciones que muestran en Europa. Sin dudas esto responde a las metodologías de trabajo necesarias para maximizar el poco tiempo que los jugadores pueden estar juntos en el predio de la AFA en Ezeiza.

En este panorama es valioso resaltar dos buenos gestos de Maradona: la lectura de los errores iniciales para cambiar sobre la marcha y la autocrítica tras el partido. Ambas cosas se vieron en la sustitución de Fernando Gago por Javier Zanetti. Tras los primeros 45 minutos entendió que el hombre del Real Madrid, pese a sus esfuerzos, no encontraba la posición sobre la derecha, hueco que aprovechaba Colombia, y con el ingreso de un jugador mucho más habituado a esa posición compensó ese desequilibrio. Más tarde, en la conferencia de prensa, reconoció su error: "Me equivoqué con Gago; él no siente ese lugar, no se acostumbró. La culpa es mía. Lo solucionamos con Zanetti". Sin dudas, desarticular el doble 5 compuesto por Gago y Javier Mascherano, que hasta aquí había dado excelentes resultados siendo el núcleo del equipo, fue un error del DT, que no ocultó su desilusión por lo hecho en el 1 a 0 ante los colombianos.

Maradona está comprometido con su tarea al frente de la selección, pero a su ascendiente entre los jugadores y su experiencia por haber sido quien mejor jugó jamás al fútbol deberá agregarle una estructura de trabajo que contemple los escollos con los que indefectiblemente tiene que lidiar un seleccionador nacional. Esa falta de ruedo de Diego en su rol de entrenador seguramente implica dificultades al momento de lograr un aprovechamiento integral del trabajo de campo, de las prácticas que se puedan realizar. Ahí es donde deberá aprovechar el camino recorrido por Carlos Salvador Bilardo y dejar de lado la necesidad de demostrar que es él quien manda y quien decide la táctica a emplear y los jugadores para desempeñarla.

Diego se embarra sin necesidad cuando elije la peor figura para referirse a cómo nota el semblante de Batista, cuando no aclara los motivos de la proscripción de Gonzalo Higuaín y cuando no utiliza como sparrings a los chicos de los seleccionados juveniles y lo hace con equipos de Tristán Suárez sólo por su amistad con el presidente de dicho club, Gastón Granados. Con esas conductas atenta contra su propio trabajo y alimenta a los que lo cuestionan.

Argentina cuenta con muy buenos jugadores y un técnico que sabe mucho del juego y tiene con ellos una llegada como ningún otro. Si Maradona retoma su tranquilidad inicial, evita los enfrentamientos inencesarios y se detiene en las virtudes de los primeros partidos y los defectos de los últimos para recrear un esquema de trabajo en el cual no queden cabos sueltos, entonces la Selección dará pasos firmes para llegar el año próximo al Mundial con aspiraciones sustentables.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 30 de marzo de 2009

La selección crece a partir de su propia confianza

El pasado sábado, la selección argentina cumplió con la premisa fundamental que exigía el encuentro por Eliminatorias ante Venezuela en el Monumental: ganar con claridad. Lo expuso en el marcador final y en el trámite del encuentro, a partir de un equipo fuertemente convencido. Fue la respuesta a un público que colmó el estadio luego de hacer extensas colas para pagar el elevado costo de las entradas y marcó muy altas mediciones en las transmisiones televisivas. Desde la llegada de Diego Armando Maradona a la dirección técnica, el conjunto nacional construye una nueva y definida identidad y ha recuperado ese especial valor emocional que la supo caracterizar. Esto es claramente recibido por la gente y de ahí tanto apoyo y entusiasmo.

Fue, en líneas generales y pese a la modestia del rival, otra nota positiva para la Selección. La contundencia de un 4 a 0 puso de manifiesto las diferencias entre dos conjuntos con fuerzas por demás desiguales. Buen ritmo y verticalidad, sin caer en el manejo lateral excesivo, fueron las cartas de un equipo que necesitó de los primeros minutos del partido para acomodarse con firmeza en el campo y entonces sí exponer su contundencia.

El entrenador tomó riesgos y asumió responsabilidades en el armado defensivo del equipo. Ratificó en el arco a Juan Pablo Carrizo, quien llevaba más de dos meses sin competición oficial en la Lazio, donde es suplente. Armó una línea de tres en la cual Marcos Angeleri, debutante como titular después de haber jugado sólo unos minutos en la victoria ante Francia, actuó de líbero y los stoppers fueron Javier Zanetti, que pese a su polifuncionalidad nunca había actuado en esa posición, y Gabriel Heinze, el hombre más discutido de las últimas convocatorias. Ese esquema fue un acierto del entrenador: funcionó correctamente, aunque, es cierto, ante un rival de baja jerarquía y en un partido que quedó definido a los tres minutos del complemento con el segundo gol argentino, anotado por Carlos Tévez, de muy buen partido.

Nuevamente quedó de manifiesto el acierto de Maradona de armar la Selección a partir de Javier Mascherano, el hombre más importante del equipo, y Lionel Messi, el mayor talento, el más desequilibrante, del mundo futbolístico. La Pulga recibió, además, un espaldarazo con un tremendo valor simbólico al vestir la camiseta número 10, recibiéndola de quien la hizo leyenda. Y tanto el jugador del Liverpool como el del Barcelona han encontrado a sus complementos perfectos en la clase Fernando Gago y la enjudia Tévez, respectivamente. Ellos conforman el cuarteto que resume todo lo que es esta Selección.

La cuestión que no termina de resolverse es la del centrodelantero. Está claro que Sergio Agüero, pese a su gran categoría y valioso presente en el Atlético de Madrid, no siente la posición de ser cabeza de ataque. Así como Jonás Gutiérrez, un jugador sin marketing, apareció como una buena opción para jugar por la banda izquierda (aunque no tuvo una buena actuación ante los venezolanos), sería bueno que juegue de nueve alguien con más oficio en esa posición, como podrían serlo Diego Milito, Germán Denis o Gonzalo Higuaín.

El miércoles será momento de enfrentar a Bolivia, un seleccionado que no estará el año próximo en el Mundial de Sudáfrica. Será, sin embargo, un encuentro complicado a partir de que el conjunto del altiplano jugará ante el equipo de Maradona –para lo cual reservó a varios de sus titulares en el encuentro de este último fin de semana ante Colombia- y pesará la dificultad de adaptación que implica jugar en La Paz, ciudad situada a 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Con Maradona, la Selección recuperó la mejor versión de sus jugadores y la pasión de su público. Eso nace naturalmente de lo que transmite quien fue el mejor futbolista de la historia, que vestido con la camiseta de argentina se brindó como nadie al jugar con un tobillo destrozado, hacer interminables viajes para no dejar de estar y -ya instalado para siempre en la idolatría absoluta- no ocultar sus lágrimas ante el dolor de la derrota. Es un equipo con otra mentalidad y en la cual los protagonistas se sienten a gusto, algo que evidentemente no ocurría con Alfio Basile. Hay aspectos que deberán mejorarse, pero el equipo avanza a paso firme a partir de la seguridad en sus condiciones y de todo lo que siempre despertará Diego.
(Foto: PrensaLibre.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Irritable por demás, Riquelme le dijo basta a la selección

Hace algunos días, Diego Maradona, técnico del seleccionado argentino, dijo en un programa televisivo que no le había visto un buen rendimiento a Juan Román Riquelme ante Huracán y que así no le servía para su equipo. Maradona vertió una opinión puramente futbolística sobre lo que pretendía de uno de sus jugadores. Muy lejos estuvo de hacerle una fuerte crítica, como pretendieron vender algunos medios. Puntualmente, el DT dijo: “A Riquelme lo quiero en los últimos 20 metros para que se comunique con Tévez, Agüero y Messi. Necesito que se pueda sacar un hombre de encima. Con Huracán, no sé si tenía un problema, pero no volvía. Eso en la selección cuesta mucho. Estás atrás o adelante, en el medio no me servís. Yo lo quiero de enganche, pero que tenga esa velocidad mental para ponerles pelotas de gol a los delanteros y que llegue él también. Si no, no me sirve Román. No quiero que me dé vueltas entre Mascherano y Gago. Él es utilizable si está bien físicamente, si no, está en otro nivel del resto de los jugadores, que están en el aire...".

Entonces, llegó la desmesurada réplica de JR con el anuncio de su renuncia a ser parte del conjunto nacional. “No manejo los mismos códigos que el técnico y el técnico no maneja los mismos códigos que yo. Me enteré de que no iba al partido contra Francia cuando escuché a Bilardo por la radio y me enteré por la tele de la posición en la que el técnico me quiere”, disparó.

Esa respuesta del Nº 10 xeneixe encuentra lados flacos por todos los costados. En primer término, el tema de los códigos aludió, seguramente, a que Maradona dio públicamente una opinión que no lo favorecía. Si embrago, él hizo su descargo desde su casa con un móvil en vivo del noticiero más visto del país y ante un periodista que, sentado a su lado, más bien parecía su jefe de prensa. En la misma pantalla y ante los mismos interlocutores, fue una remake de su primera renuncia, allá por septiembre de 2006. En tanto, no parece real que se haya enterado por la radio que no viajaría a Francia, ya que debía saberlo desde el momento en que Torneos y Competencias, empresa que arma el cronograma de cada fecha del fútbol argentino, determinó que Boca jugase en Jujuy un domingo a las 19:40. Por último, fue el propio jugador el que, también públicamente, reconoció haber hablado varias veces con Maradona después de que lo nombraran entrenador de la selección, con lo cual no suena factible que se haya enterado de lo que pretendía de él recién con las declaraciones que lo ofuscaron.

Desde siempre, Maradona lo elogió cada vez que tuvo un micrófono o grabador delante. Lo marcó como un jugador distinto, como uno de los mejores del mundo. Lo protegió con todo el peso de su figura al criticar a los técnicos con los que tuvo desacuerdos, como Marcelo Bielsa y Manuel Pellegrini. Ya con la responsabilidad de ser el conductor de la selección reiteró su reconocimiento al asegurar que formaría parte de su equipo y que le tenía reservada la emblemática camiseta número 10. Siempre le tiró flores. Sin embargo, una vez que expresó una opinión distinta (que no está jugando bien, algo que es evidente), sin llegar a ser una crítica, porque hasta aseguró que de todas maneras iba a formar parte de la convocatoria para enfrentar a Venezuela y Bolivia por las eliminatorias, Román pega el portazo. Tan desproporcionada resulta la determinación que lo dejan como una persona desagradecida, caprichosa y soberbia.

Esto ocurre porque no concibe puntos intermedios. O es estrella con privilegios o nada, no va con él ser uno más. Después del divismo que le concedieron José Pekerman y, aún más, Alfio Basile, no recibió bien que Maradona declarase que su selección era “Mascherano y diez más” y tampoco soportó nunca el estrellato de Lionel Messi. El ego de Riquelme es evidentemente un problema, ya que no admite el más mínimo señalamiento a su juego, ni tolera tener cerca a alguien que lo pueda eclipsar. Esto lo hace un elemento de discordia. Ha tenido conflictivas salidas de todos los conjuntos que formó: se fue mal de Boca, del Barcelona, del Villarreal y de la selección, antes y ahora.

La mayor parte del plantel de Boca no lo quiere. Sus compañeros no ven con buenos ojos las licencias de las que goza a la hora de los entrenamientos y también genera malestar el hecho de verlo con los brazos en jarra y estacionado en un sector de la cancha cuando las cosas no le salen bien al equipo. El enfrentamiento quedó de manifiesto en el cruce mediático que protagonizó con Julio César Cáceres, cuando ninguno, salvo Hugo Ibarra, salió a romper lanzar por él. Es más, se pusieron claramente del lado del paraguayo y habían decido hacer pública esa postura si el zaguero era sancionado por la Comisión Directiva. De todas maneras, goza de un poder mayúsculo en el club, entre los dirigentes y el técnico, y por eso varias veces se ha excluido o puesto en el equipo públicamente, algo que también hizo cuando se colocó en el equipo olímpico que se quedó con el oro en Beijing.

Ocurre que en Boca le alcanzan 10 ó 15 minutos por partido para hacer lo suficiente para que su equipo se quede con los tres puntos y reforzar la idolatría entre el público de la Bombonera. Pero esas pocas pinceladas que son suficientes en el fútbol local, no alcanzan a nivel de selección. Técnicamente Riquelme detenta un gran virtuosismo, una pegada excelsa, enorma capacidad para tener la pelota aguatándola de espalda a los rivales y una mira finamente calibrada para poner habilitaciones entre líneas. Pero todo eso lo brinda a cuenta gotas y en la selección no alcanza con un tiro libre o un par de pases precisos y que el resto sea un manejo intrascendente de la pelota, lateralizando por demás y frenando al equipo. Nunca fue Riquelme un jugador con la condición atlética necesaria para el fútbol de más alto nivel internacional. Su actuación en el Mundial de Alemania no fue buena y con 31 años es muy aventurado creer que podría estar en la próxima Copa del Mundo en las condiciones acordes a tamaña cita.

La selección se fortalece sin Riquelme, porque la mayoría de sus compañeros, al igual que en Boca, no lo quieren. Mucho más problemático hubiera sido perder a Messi, Mascherano o Gago, que son más importantes para el funcionamiento del equipo. Se afianzará el grupo y tomarán como una motivación extra el hecho de demostrar que Riquelme no es imprescindible para que el equipo nacional vuelva a estar en la primera consideración mundial, camino que ha comenzado a recorrer desde que Maradona se puso al frente.
(Foto: Larazon.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2009

Otra nota positiva para la selección

Creció el juego, apareció el sentido colectivo y se recuperó la mística. Es mucho lo que se avanzó, aunque todavía queden varios aspectos por mejorar, y por eso la selección despierta entusiasmo. Lo hecho por el conjunto nacional para derrotar a Francia 2 a 0 en Marsella (ciudad en la que el seleccionado galo nunca había caído) no lo convierte en el mejor del mundo, pero sí marca una clara contraposición respecto del proceso precedente. En apenas dos partidos, este ante los franceses y el anterior ante Escocia, Diego Armando Maradona le cambió la cara a la selección.

Alfio Basile, tras renunciar a su cargo, se refirió a la falta de compromiso de los jugadores. Las actuaciones del combinado albiceleste bajo su conducción dejaron la sensación, es cierto, de que los futbolistas no estaban consustanciados y la entrega era parcial. Ocurre que esa era la línea que bajaba desde un cuerpo técnico que nunca mostró apego al trabajo necesario para conducir a uno de los seleccionados más importantes del mundo. El vínculo entre el plantel y el Coco estaba roto, por eso uno de los primeros objetivos que se propuso Maradona fue restablecer ese esencial puente entre dirigidos y entrenador.

Con los mismos jugadores que elegía Basile, más el único agregado de Emiliano Papa, lateral izquierdo del medio local, Diego logró claramente una prestación superior. Dispuesto a entregar todo de sí, como en sus épocas de jugador, se puso a trabajar con intensidad desde el primer día. Sabedor de las limitaciones temporales para disponer de los futbolistas y realizar trabajos de campo, no perdió tiempo y se fue a Europa para ver en acción a sus dirigidos y dialogar con ellos sobre su idea de juego. Ya en su presentación había expuesto una fuerte declaración de principios al asegurar que su selección no jugaría amistosos sino partidos internacionales. Haber regado las canchas con sangre, sudor y lágrimas vestido con la casaca albiceleste obliga a sus dirigidos a dar lo mejor de sí, lo cual surge espontáneamente por el reverencial respecto, la gigantesca admiración y la idolatría desde la niñez que le profesan.

Ante Francia, la sociedad integrada por Javier Mascherano y Fernando Gago demostró nuevamente que es el epicentro del equipo, el equilibro perfecto entre marca y juego, para ser el eje del esquema defensivo, fundamentalmente a partir del capitán, y el inicio de los ataques, principalmente desde la prolijidad del hombre del Real Madrid. Por su parte, Lionel Messi, sin dudas en el podio de los talentos individuales a nivel mundial, demostró que con la pelota en los pies tiene una repentización, una velocidad y un desequilibrio que lo convierten en un arma letal. El desafío de Maradona será lograr que La Pulga dé en la selección lo mismo que en el Barcelona. Entonces, tras haber asegurado que el rosarino deberá jugar como atacante deberá definir quien será el centrodelantero, si Sergio Agüero o Carlos Tevez, o alguien de menor cartel pero con más estereotipo del clásico número 9, como Diego Milito, Germán Denis o Fernando Cavenaghi. Además, deberá resolver cómo incluirá a Juan Román Riquelme -o el enganche que pretenda-, ya que en los dos partidos que dirigió jugó con el actual esquema 4-4-2; probablemente opte por una defensa de tres hombres (¿Burdisso-Demichelis-Heinze?).

Los cortocircuitos en cuanto a la conformación de su cuerpo técnico, con la negativa de la AFA para que Oscar Ruggeri sea su principal colaborador, tal cual era su pedido, y que quien continúe en esa función sea Alejandro Mancusso, amigo de Maradona pero no entrenador –con las críticas que esto puede generar- lo preocuparon y ocuparon sin distraerlo de sus tareas como entrenador. Se trata de un contratiempo que hasta ahora ha sabido manejar con mucha altura.

Francia no es el mismo equipo que fue finalista del Mundial de Alemania, ha sufrido el recambio generacional y los cuestionamientos a su entrenador, Raymond Domenech. Por esto hubo quienes le bajaron la cotización al triunfo marsellés. Pero lo cierto es que se hace difícil encontrar hoy cuál es el seleccionado que sirva de medida. En esta reciente fecha FIFA, Alemania perdió con Dinamarca en Düsseldorf e Italia cayó 2 a 0 con Brasil, pese a lo cual el conjunto dirigido por Dunga se apoya actualmente más en el peso histórico de su camiseta que en su realidad futbolística. Tal vez quien se encuentra al tope sea España, ganador de la última Eurocopa, vencedor de Inglaterra en su última presentación y portador de un récord de 29 partidos invicto.

De la mano de Maradona, Argentina recuperó terreno y buscará afianzar este crecimiento en sus próximos encuentros, que serán ante Venezuela, en Buenos Aires, y ante Bolivia, en La Paz; ambos por las Eliminatorias. A poco más de 15 meses de la Copa del Mundo, una mirada hacia el pasado reciente del conjunto nacional y una observación de su actualidad exponen un contrapunto que alimenta la ilusión de cara al futuro.
(Foto: Abc.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 11 de diciembre de 2008

El Señor Fútbol

La selección argentina, desde la llegada a la dirección técnica de Diego Armando Maradona, transita la etapa inicial de un período de reestructuración. Refiriéndose a este proceso, el mejor futbolista de todos los tiempos mostró que está muy metido en el desafío de elevar el rendimiento y la consideración del equipo nacional y evidenció, una vez más, que es un sabio en lo que hace a la observación y el análisis del juego.

Lo primero que hizo, en un marcado contrapunto con los dos procesos anteriores, fue realizar una autocrítica. Pese a que se trató del primer partido del ciclo, destacó que si bien durante los primeros 30 minutos del choque ante Escocia el equipo ejecutó sus ideas, luego se diluyó, perdió la pelota y no mostró una buena versión. Valoró especialmente que en esa media hora inicial hubo dinámica, acumulación de pases, verticalismo y, sobre todo, llegada hasta el fondo de los laterales -Javier Zanetti y Emiliano Papa- cuando los mediocampistas -Maxi Rodríguez y Jonás Gutierrez- se cerraban hacia el centro.

“Hay que dejar el apellido de lado por la camiseta. Va a jugar el que rinda. Yo no soy amigo de nadie, de ningún empresario ni dirigentes, no hay compromisos con nadie. Acá o corren todos o no juega nadie. Hay algo que hay que respetar que es la camiseta. El que elige soy yo y el que acierta y se equivoca soy yo. Me designó (Julio) Grondona y el que hace y deshace soy yo”, aclaró Maradona en la entrevista radial concedida a Mariano Closs.

Sin embargo, volvió a elevar a Javier Mascherano por sobre el resto al destacar que es el único que tiene el puesto asegurado y al reiterar que la selección es “Mascherano y diez más”. Subrayó que la dupla conformada por su capitán y Fernando Gago será el corazón del equipo: “Quiero el equilibrio de Mascherano y Gago. A partir de ellos empieza a armarse el equipo, tanto ofensivamente como defensivamente”.

Diego elogió también a Juan Pablo Carrizo, Gabriel Heinze y Javier Zanetti, ya que, junto con el hombre del Liverpool, fueron a su entender los cuatro jugadores “que mejor entendieron el momento de la selección después de lo que había pasado en Chile”, en referencia a la derrota que significó la salida de Alfio Basile de la dirección técnica. El Pupi, que aparecía en los rumores mediáticos como uno de los seguros desterrados de la nueva era, recibió un enorme respaldo de Maradona: “Me sorprendió gratamente, como persona, por su estado físico y por su obediencia. Es un gran profesional y lo quiero en mi equipo”. De todos modos, adelantó que lo pondrá a “competir sanamente por el puesto” con Marcos Angeleri, de Estudiantes de La Plata.

De los que no estuvieron en césped del Hampden Park escocés, destacó a Juan Sebastián Verón por ser el estilo de jugador que quiere, ya que “está muy bien, parece un pibe de 18 años y corre más que cualquiera. Es un jugador completo y está entre los mejores del mundo. Tiene una sed de venganza y unas ganas de estar en la selección que son admirables”. Si bien esbozó que “entre Riquelme y Verón uno debe ser titular y el técnico dentro de la cancha”, tampoco descartó reunirlos en determinadas circunstancias a partir de asumir que los técnicos están “para encontrarle el lugar a esos jugadores que te dan garantías para hacerle daño al rival”.

También aseguró que sigue las actuaciones del volante de Tigre Martín Morel, quien le “gusta mucho y va a tener una chance”, aunque figuró que está “achanchado” al fútbol argentino. Pese a que no fue incluido en la lista de 14 jugadores que Maradona hizo del fútbol local para entrenarse en el predio de Ezeiza, el número 10 de Tigre, que seguiría su carrera en México, de todos modos podría sumarse a las prácticas cuando haya un campeón del torneo Apertura.

Pleno y muy metido en su rol de entrenador de la selección. Así se lo ve a Diego. Por eso confirmó que ya no estará en el Showbol y adelantó que en los primeros días de 2009 viajará a Europa para “ver a los muchachos, hablar con ellos y que hacer que sigan entiendo que lo que vale acá es defender la camiseta”. El golpe de efecto que sin dudas significó el nombramiento de Maradona menguó su fuerza para que comience a prestarse atención a las premisas de un proyecto futbolístico que despierta en muchos una gran ilusión.
(Foto: Informador.com.mx)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 20 de noviembre de 2008

Un comienzo para la ilusión

A poco más de 14 años de haber disputado su último partido con la selección, Diego Armando Maradona tuvo su estreno como director técnico de Argentina. Lo que reclamó y esperó durante mucho tiempo se hizo realidad. Fue ante el mismo rival, Escocia, y en el mismo estadio, el Hampden Park de Glasgow, donde en 1979 convirtiera su primer gol con la casaca albiceleste. El inicio de la era Maradona mostró resplandores para ilusionarse en distintos aspectos, lo que permite vislumbrar un futuro con brillo. El Rolls Royce lleno de tierra comenzó el proceso para recuperar su elegancia.

En lo que al juego refiere, y aún con todo por delante, hubo una mejora táctica conseguida desde el orden y la motivación. Lo mejor se vio en los primeros 25 minutos, cuando el equipo se mostró vertical, rápido en las trasiciones y aprovechando integralmente el terreno. Claro que todo ante un rival de rango menor y, como era lógico, se trató más de chispazos que de una constante. De todos modos, sirvió para presagiar lo que se avecina, fundamentalmente desde un grupo que, siendo el mismo que con Alfio Basile, se mostró más consustanciado y comprometido, seguramente en línea con lo que emana desde la conducción.

El binomio conjugado en la mitad de la cancha por Javier Mascherano y Fernando Gago fue el inicio de la presión, el ataque y la defensa. Esa sociedad será el núcleo del equipo nacional; la capitanía entregada por Diego al hombre del Liverpool transita en ese sentido. Aunque, claro está, resta saber cuál será el rol de Juan Román Riquelme. El DT adelantó que será el diez del equipo y todo hace prever que tendrá protagonismo estelar, ya que sin él, ante los británicos, optó por un esquema con dos líneas de cuatro y una dupla atacante.

Otra grata carta de presentación fue el buen aprovechamiento de los laterales. Emiliano Papa tuvo un buen debut y Javier Zanetti (que contrariamenente tuvo su 128º presentación con la celeste y blanca) demostró que está vigente y sigue siendo un aporte sustancial cuando integra la defensa y no el mediocampo. Tanto el hombre de Vélez como el del Inter acompañaron siempre los ataques de Maxi Rodríguez y Jonás Gutiérrez. Esas combinaciones externas generaron salida con dinámica.

En el ataque, Carlos Tévez se constituyó en uno de los puntos más altos del equipo. Sin escatimar su entrega habitual, recuperó la tranquilidad que no había tenido en presentaciones anteriores. El cambio de actitud -para mejor- del delantero del Manchester United fue el de todo el conjunto, fortalecido por la motivación de esta nueva etapa, marcada por todo lo que la figura de Maradona implica.

Quedó demostrado que apenas una charla de Diego, al margen del muy necesario trabajo de campo para prever todas las situaciones posibles en un partido, genera en los jugadores un empuje anímico que más tarde tiene su correlato en la cancha. Sobrio y observando cada detalle, estuvo sentado en el banco casi todo el partido y sólo se paró a dar algunas indicaciones una pocas veces, sobre todo en el complemento, cuando el equipo se diluyó. Apenas gritó el gol de Maxi Rodríguez y salió último del campo de juego luego de saludar con un beso y un abrazo a cada uno de sus dirigidos. Como lo había adelantado a la prensa, su expresión distó ampliamente de la mostrada en su condición de hincha y se lo vio en una versión aplomada –aunque no desapasionada- que demuestra entiende perfectamente las formas y responsabilidades que su cargo requiere.

El primer encuentro de la selección argentina con Maradona como DT fue positivo. Aunque el estreno ante Escocia fue apenas eso, un primer paso, y es evidente que aún quedan muchas cosas por resolver. La idea del técnico aparecerá con el mayor tiempo de trabajo, porque no corre la excusa del pasado de la imposibilidad de entrenar por disponer de los jugadores sólo dos o tres días antes de los partidos. El trabajo es acumulativo y la suma de entrenamientos, aunque distanciados en el tiempo, es lo que permite lograr la solidez colectaba para aprovechar el talento de cada uno de los componentes del equipo. Diego Armando Maradona estableció su primer mojón como técnico de la selección argentina de fútbol, el hombre que como nadie conoció el cielo y el infierno, puso manos a la obra para darle, una vez más aunque desde otro perfil, lo mejor que sí a la camiseta que defendió como nadie.
(Foto: Lanacion.com.ar - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 6 de septiembre de 2008

Choque de opuestos

El enfrentamiento entre Argentina y Paraguay en el Monumental expuso ostensiblemente dos modos no sólo distintos, sino radicalmente opuestos de concebir el fútbol. Por un lado, el seleccionado conducido por Alfio Basile se apoyó nuevamente en los arrestos personales de sus magníficos jugadores para buscar imponerse, mientras que, por el otro, el elenco dirigido por el argentino Gerardo Martino expuso su identidad de equipo, a partir de la cual los roles a cumplir son más importantes que los nombres propios.

Al contar el representativo albiceleste con mejores jugadores pero poca preparación estratégica y el visitante con menor jerarquía individual al tiempo que una gran conciencia de su capacidad colectiva, se empardaron las fuerzas. Paraguay pudo ganarlo, pero por temor no fue a buscar la victoria con decisión. Argentina, en cambio, avanzó con ímpetu para crear las más claras de cara al arco rival, aun cuando careció de funcionamiento y variantes. Es cierto que la visita se encontró tempranamente con un gol fortuito y que no se mostró como un equipo ambicioso, pero fue sin embargo quien dominó el partido. La prueba de esto es que fueron muchos más los minutos que se jugaron del modo que quiso Paraguay que aquellos en que el conjunto albiceleste pudo obrar como lo pretendía; es decir que quien impuso condiciones más cabalmente fue el seleccionado guaraní.

Al margen de la de arquero, obligada por la lesión de Abbondanzieri, las sustituciones hechas por Basile no se ajustaron a lo que pedía el partido. Resulta difícil entender cómo inmediatamente tras la expulsión de Tévez y con el partido 0-1 el entrenador no hizo ingresar a Denis o Agüero y optó por jugar más de un cuarto de hora sin centrodelantero. El hombre del Atlético de Madrid, autor del gol del empate, ingresó recién en el inicio del segundo tiempo, al igual que Daniel Díaz. El Cata realizó un buen aporte, superior al de Heinze, a quien reemplazó, pero abajo en el marcador y con un jugador menos, un cambio puesto por puesto –y el último posible- en la defensa no era un aporte sustancial para revertir la derrota parcial.

Digresión, que no lo es tanto: Juan Pablo Carrizo demostró que es su momento, que tiene evidentes condiciones y fuertes argumentos para ser el arquero titular de la selección. Tuvo apenas una atajada para el elogio (es normal que de local a Argentina la ataquen poco), pero su personalidad y tranquilidad dieron una gran garantía y mayor seguridad al equipo; claro contrapunto con lo dubitativo que mayormente se muestra Abbondanzieri.

Con escaso apego al trabajo táctico y gran confianza en los talentos individuales, Basile dio un paso adelante al establecer, aunque más no sea, sociedades, como las de Riquelme y Di María, Messi y Tevez o Mascherano y Cambiasso, alternativa ante la suspensión de Gago. Pero todo lo bueno insinuado por esos binomios -que lejos está de ser suficiente para contar con un equipo sólido- duró apenas 15 minutos, hasta el gol en contra de Heinze.

Es preocupante la poca capacidad de recuperación de la selección. En esta segunda era Basile de los 7 partidos que se comenzó en desventaja sólo se pudo ganar uno: 4 a 2 ante Colombia en la última Copa América. El resto fueron cuatro derrotas (dos ante Brasil, España y Noruega) y dos empates (ante Ecuador y Paraguay, los dos últimos choques por eliminatorias en condición de local).

Argentina obtuvo apenas 3 de los últimos 12 puntos en juego en el camino al próximo Mundial y sigue dependiendo casi exclusivamente de la genialidad de Messi. Habrá pronta oportunidad para intentar revertir la mala racha, en la expedición a Perú. Aún queda tiempo para mejorar y llegar con legítimas aspiraciones a la cita de 2010, pero Basile no da muestras de cambiar su postura, de tomar nota de los malos rendimientos para realizar un giro conceptual que se impone.
(Foto: Univision.com-AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 16 de diciembre de 2006

Preso del sistema

La frustración boquense por haberse quedado en las puertas de lo que pudo ser el primer tricampeonato de su historia, tras perder de manera increíble el Apertura 2006, hicieron que todos los dardos apuntaron a un único blanco: Ricardo La Volpe. Sabía el hombre en cuestión que sería así: de conseguir el objetivo los méritos hubiesen recaído sobre los jugadores y el equipo que Basile dejó armado, caso contrario, como ocurrió, las críticas serían sólo para él. Y en esta circunstancia no escondió la cabeza, hizo frente a la situación y expuso sus argumentos para quienes los quisieran escuchar.

El entrenador de México en el último Mundial quedó preso de una declaración suya en la cual adelantó que dejaría su lugar si no había vuelta olímpica. Paradójicamente, entró en la histeria que se contrapone con su forma de trabajo, la que requiere plazos a los cuales nuestro fútbol no parece estar acostumbrado. De haber seguido hubiera quedado acorralado por la estructura del fútbol argentino, ya que en la pretemporada el tiempo de trabajo se achica por los facturadores torneos de verano. Entonces, perdido un campeonato que tenía ganado, la primera derrota estival hubiese generado un huracán de críticas. El trabajado Boca de La Volpe que podía imaginarse para el año próximo quedará en la nada, en el fangoso terreno de lo que podría haber sido.

El DT vino a plantear un saludable y rico debate futbolero, pero en muy pocas oportunidades logró plasmar su discurso en la cancha. Sus jugadores no comprendieron sus ideas o, peor aún, comprendiéndolas no las compartieron, y por esos caminos habrá que buscar los bajos rendimientos en los últimos tiempos de elementos claves del equipo y de indiscutible calidad como Díaz, Gago y Palacio. Tuvo que tratar con el conservadurismo de los futbolistas, reticentes a cualquier cambio -más aún si esto implica trabajo y esfuerzo-, por lo cual plantearon su postura de seguir con una línea de fondo de cuatro hombres en lugar de trabajar en un nuevo esquema que pudiera ser más beneficioso. Consumada la salida de La Volpe, Pablo Ledesma dijo a la prensa que nunca había entendido al entrenador; y lo dijo sin ningún tipo de pudor, casi con orgullo. Afirmar no entender al técnico es por mucho la peor publicidad que puede hacerse un futbolista. Lo cierto es que la historia de La Volpe en Boca será recordada con un verano, tormentoso, de apenas tres meses.

Le dio protagonismo a los juveniles, buscó implementar una gran metodología de trabajo, intentó adaptarse a las circunstancias de rivales, lesiones y suspensiones, pensó variantes permanentemente y aguantó con serenidad la embestida de un sector del periodismo que le cayó ni bien desembarcó en Ezeiza. Pero perdió un campeonato en una situación inmejorable y eso parecería dejar en tierra infértil todo lo demás.

Antes del inicio del torneo el ambiente futbolístico hablaba de las claras diferencias entre Boca y el resto, de la jerarquía desigual entre el Xeneixe y los demás. Ya tenía un nuevo título en el bolsillo, pero lo perdió increíblemente pese a tener tres chances. Se lo ganó Estudiantes con absoluta justicia, porque el desempate puso mano a mano a un equipo con muchas dudas, Boca, y otro sin ninguna, el campeón. Habrá que esperar para volver a tener en el fútbol argentino a Ricardo La Volpe y que disponga del tiempo necesario para plasmar en la cancha su rica interpretación del juego.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Casi Pincha

Sabe que es ser campeón. En 1967 cortó el monopolio de consagraciones de River, Boca, Independiente, Racing y San Lorenzo para disfrutar el dulce sabor de gritar rojo (y blanco) de contento desde lo más alto. Incluso más: sus vueltas olímpicas también trascendieron los certámenes domésticos. Así fue tres veces consecutivas campeón de la Copa Libertadores de América antes de que los gigantes River y Boca conocieran la gloria continental.

Pero aquel magnífico y mítico Estudiantes de Osvaldo Zubeldía fue una excepción, un oasis en el desierto. Porque si bien son 14 los equipos que se consagraron en Primera División, más de 70 años de profesionalismo prueban que los campeonatos han sido para los poderos, quedando para los demás el consuelo de haber estado cerca de la hazaña. Se escribió entonces una historia paralela de campeones morales, inaugurada por Banfield en 1951.

Esta vez fue Boca, con quien nadie parece poder. Lo derrotó Belgrano el último fin de semana y River en el superclásico, pero en la carrera larga -o no tanto-, la de 19 fechas, el Xeneixe se impone. Se encamina entonces al primer tricampeonato de su historia. Superó las transición Basile-Lavolpe, con el cambio de filosofía y metodología de trabajo que ello implicaba. Con un equipo seguro y compacto, más Rodrigo Palacio y Fernando Gago, los dos mejores jugadores del medio local, el Boca del Loco, con su estilo, continuó en la senda ganadora del Boca del Coco.

Estudiantes dio pelea hasta donde pudo. Le costó encontrar su mejor versión en el arranque del campeonato, pero acumuló una histórica serie de triunfos al hilo para prolongar hasta la última fecha del Apertura la consagración del campeón. El Pincha contó prácticamente con el mismo plantel del que dispusieron Merlo y Burruchaga en temporadas anteriores; pero la llegada de Simeone, técnico de firmes y gratas ideas futbolísticas, y Verón, guía dentro de la cancha, hicieron que el conjunto platense lograra algo que pocos imaginaban antes de este torneo: que Boca tenga que esperar hasta la última fecha para dar la vuelta olímpica.

Las historias de campeones morales no corren para Estudiantes, porque conoció la gloria con trofeos y medallas concretas. Sin embargo, esta vez al León se le quedó atorado en la garganta un nuevo rugido, un nuevo título, muy probablemente mereciéndolo. El pasado de Estudiantes no permite hablar de premios consuelo, pero este equipo deberá quedarse muy tranquilo con lo hecho, su gente se lo reconoce y el rival que lo relegó es nada menos que Boca, de gigante historia y enorme presente.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
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martes, 3 de octubre de 2006

Bigote sobre la Boca

Antes de firmar el contrato que lo trasformó en el sucesor del multicampeón Alfio Basile como entrenador de Boca, Ricardo La Volpe sabía que en su regreso al fútbol argentino luego de más de 20 años tenía mucho para perder y poco para ganar. El ex arquero de Banfield y San Lorenzo, que en el último mundial dirigió a la selección mexicana, llegó a un club que cuenta con el mejor plantel del fútbol argentino, muy firme institucionalmente, ganador de los últimos cinco torneos disputados y, además, recibió al equipo puntero en el Apertura. De ganarlo se dirá que recibió un conjunto que funcionaba solo, en velocidad crucero; pero si no hay nueva vuelta olímpica para el Xeineixe será señalado como el único culpable.

En este contexto, La Volpe, con su fuerte personalidad, llegó con la firmeza de sus convicciones futbolísticas y con un discurso enriquecedor para el medio local. Sin vueltas enfrenta los micrófonos para hablar de fútbol, de táctica y reconocer sus propias falencias y las del equipo, muchas veces con nombre y apellido. Las estructuras futbolísticas y el ideal de juego de técnicos como La Volpe requieren muchas e intensas horas de trabajo. En este punto el DT deberá luchar contra la idiosincrasia que en los últimos años, en general, ha forjado el futbolista argentino que se desarrolla en el medio local. Parecería que se los castiga al ensayar movimientos durante la semana, por eso apenas finalizan las prácticas huyen para disfrutar del mundillo vip en el que hoy viven los jugadores de elite, con boliches y restaurantes de moda, pulposa rubias y morochas, lujosos cero kilómetro, play satation, MP3, tapas de revistas (por supuesto que no sólo deportivas) y demás pompas de la fama. A esto se agrega que el plantel xeneixe trabajó hasta hace muy poco con un cuerpo técnico más flexible y menos exigente en la rutina de trabajo.

Se le objetará que no hacia falta tocar nada en un equipo que marcaba claras diferencias con el resto. Los cambios de La Volpe son paulatinos pero firmes. Es lógico que el entrenador aplique la idea de juego que cree mejor, la misma que lo hizo ser considerado un técnico de importantes credenciales, razón por la cual Boca se fijó en él. En el cambio de forma del equipo que recibió al que busca lograr es entendible que exista un período de nebulosa. Se trata de un técnico que deja marcas en el jugador que lo sabe aprovechar y escuchar; algo muy importante si se tiene en cuenta que tiene bajo sus ordenes a Rodrigo Palacio y Fernando Gago, quienes están llamados a convertirse en pilares de la selección nacional.

El último fin de semana ante Vélez se fue al vestuario para el entretiempo con una catarata de insultos de la platea que se ubica detrás de su banco de suplentes. En el vestuario serenó a sus jugadores, les dijo que los insultos serían para él, que ellos estén tranquilos y entonces les dio las indicaciones sobre qué debían hacer para remontar un partido que perdían por dos goles. El equipo salió con otro carácter y otro juego; además las muy buenas inclusiones de Maidana y Franzoia fortalecieron al equipo y le dieron orden y equilibrio para conseguir una épica victoria.

Ricardo La Volpe es un valor muy importante que ha llegado al fútbol argentino. En tiempos de show mediáticos y polémicas vacías y estériles, el técnico made in México tiene una clara idea de juego, busca plasmarla en la cancha con gran predisposición al trabajo y frente a los periodistas propone un diálogo que aporta al debate futbolero sin la ociosa mala costumbre de sólo llenar espacios. Si bien son los resultados los que gobiernan el fútbol, sería importante que se lo valore también en caso que los mismos no lo acompañen.
(Foto: Diario.com.mx)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com