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martes, 17 de noviembre de 2015

El partido de la reivindicación

La tórrida y pegajosa Barranquilla es un buen lugar para la Selección, con su calor extremo o con una lluvia que actúe de bálsamo. Ahí nació hace cuatro años el equipo de Alejandro Sabella, y en el mismo lugar acaso haya hecho lo propio el de Gerardo Martino. Después de tres encuentros con más interrogantes para la preocupación que argumentos para la ilusión, la Selección del Tata cumplió en su último partido del año una gran actuación. El 1-0 ante Colombia no precisó la superioridad que estableció.

Corto y asociado, ordenado para retroceder y desplegado para atacar, Argentina generó un imperativo en el trámite de las acciones que limitó al seleccionado de Néstor Pekerman al rol de partenaire. Tuvo juego y carácter para levantarse cuando estaba golpeado. La acumulación de pases expuso la confianza en el concepto grupal, actuó como muestra de que cada futbolista se respaldaba en sus compañeros. Fue el partido de la reivindicación.

La Selección se erigió desde su triple pivote central. Javier Mascherano fue el de siempre con relevos quirúrgicos, pase firme y como patrón del orden; Lucas Biglia se convirtió en la figura de la cancha con quite, construcción, proyección y gol, en tanto que Ever Banega, sin relegar su rol defensivo, ofició de tiempista del ataque, soltando la pelota en el momento justo y con el destino indicado. Los tres mediocentros, con distintas obligaciones en el esquema grupal, fueron la exclusa para que Argentina se multiplique en defensa y en ataque con roles reversibles.

Otra sociedad destacada fue la de la zaga. Nicolás Otamendi y Ramiro Funes Mori son fuertes y rápidos, ambos con aptitudes para romper líneas y adelantar al equipo. Se complementan como si llevasen varios partidos uno al lado del otro. El ex zaguero de River encontró su lugar por la ausencia de Ezequiel Garay ante Paraguay y cierra el año con el rendimiento más alto del elenco nacional al cabo del primer tramo de las Eliminatorias.

En la delantera, Ezequiel Lavezzi ratificó su compromiso de equipo con un enorme desgaste y siendo punzante al llegar al fondo. Es cierto que Gonzalo Higuían dilapidó una ocasión muy propicia, pero expuso sus credenciales de centrodelantero de jerarquía mundial. Inagotable, Ángel Di María apiló rivales con frenos y arranques indescifrables para los de camiseta amarilla.

Argentina cerró el año con una actuación que la puso muy cerca de lo que se sabe puede dar. Una actuación reivindicatoria para Martino y los futbolistas. Y un guiño de plena confianza a la espera del regreso del mejor de todos.
(Foto: AP-Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de octubre de 2015

Del incendio en el Monumental al desconcierto de Asunción

La única vez que Argentina faltó a un Mundial por mancarse en la clasificación previa fue en 1970. Aunque ciertamente se presenta como un pronóstico demasiado tempranero y fuertemente agorero, puede verse a Rusia 2018 más como un interrogante que como una certeza.

Primero ante Ecuador y luego frente a Paraguay, la Selección mostró la versión más flaca que se le recuerde en mucho tiempo. El muy bajo nivel se tradujo en un punto de seis en disputa y ningún gol en 180 minutos de juego. En ambos partidos estuvo ausente Lionel Messi, con todo lo que eso implica.

El primer partido de las Eliminatorias, ante Ecuador en el Monumental, fue un incendio del que, con esfuerzo, solo se salvaron el más veterano y el más joven del equipo: Javier Mascherano y Ángel Correa. En contrapunto, los dos más abrasados fueron los laterales, Facundo Roncaglia y Emmanuel Mas, que fallaron por concepto individual pero también, marcadamente, por el andamiaje colectivo. Los dos jugaron mano a mano, sin relevos producto de un mediocampo despoblado.

En otro orden, faltó además un precepto que debería ser básico: que el jugador que se desprende de la pelota siga la jugada. Dar un pase a un compañero no implica desentenderse de lo que prosiga, sino que lo que debe hacerse es volver a ofrecerse como alternativa de pase en otro sector, sin perder de vista relevos y desmarques.

La entrega que no le había faltado al equipo en Buenos Aires se incrementó incluso en Asunción, pero ante Paraguay el equipo volvió a mostrar más carencias que aciertos. Correr, una obligación y una virtud muchas veces presentada como defecto (en oposición a “jugar bien”), no alcanza por sí solo. Se necesita una correcta lectura de juego y asociaciones colectivas; orden para generar la impronta que sorprenda al rival.

En el estadio Defensores del Chaco, Argentina se acomodó en bloque de la mitad hacia atrás, y cuando falló ese andamiaje defensivo la jerarquía individual esterilizó el peligro guaraní. En ataque faltaron variantes pese a lo que generó Carlos Tévez. Las apariciones de Rogelio Funes Mori y Matías Kravenitter oficiaron de buena noticia.

Ambos encuentros repitieron dos circunstancias preocupantes. Desde el banco, el entrenador no intentó, o no supo, cambiar la fisonomía del equipo; algo evidente necesario sobre todo en el primer encuentro, de trámite adverso desde el comienzo. Y los jugadores, por su parte, no tuvieron rebeldía para buscar alternativas dentro del plan trazado.

Martino está al frente del equipo hace poco más de un año. Es un técnico capaz y cuenta con un grupo de jugadores de primer orden mundial. Hasta acá, su ciclo ha ido de más a menos. Un elemento que no puede obviarse es la renovación de nombres en relación al ciclo que concluyó en la final del Mundial de Brasil. Pero ese recambio necesita ser rápido y certero, para que el equipo, desde el juego, encuentre los resultados que permitan recobrar la confianza, para que Rusia 2018 aparezca en el horizonte como una certeza y no como una incógnita.
(Foto: Diezmas.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de enero de 2015

La Copa América debe ser un objetivo en sí mismo

Exactamente 11 meses después de la final de Brasil 2014, ante Alemania, Argentina saldrá al campo de juego del estadio La Portada de la Serena para enfrentar al Paraguay de Ramón Díaz. El 13 de junio, la Selección iniciará su participación en la Copa América, campeonato en el cual buscará acabar con una larga sequía de 22 años sin títulos.

La última conquista del seleccionado mayor fue en 1993, cuando en Ecuador defendió el trofeo que había alzado dos años antes en Chile para erigirse como bicampeón continental. El técnico era Alfio Basile, al mando de un equipo que contaba con Gabriel Batistuta, Diego Simeone, Oscar Ruggeri, Sergio Goycochea, Leonardo Rodríguez y Darío Franco, entre otros. Aquel ciclo de Coco terminó mal en el Mundial de Estados Unidos, cuando después de un arranque soñado ante Grecia y Nigeria apareció la efedrina para el luto del país futbolero. Sin un buen desenlace, de todas maneras aquella era dejó en el recuerdo a un gran equipo, el que logró los dos últimos títulos que ostenta el seleccionado.

Argentina había llegado a Chile 1991 con un lastre de 32 años sin ser el primero de los seleccionados sudamericanos, con las distintas denominaciones y los diferentes formatos que tuvo el torneo a lo largo del tiempo. Así, en los últimos 54 años la Selección apenas se quedó dos veces con la Copa América.

El objetivo primordial de todo proceso es, indudablemente, el Mundial; pero el tránsito de cuatro años no debe reducirse a un banco de pruebas permanente, con la mirada puesta siempre más en ese horizonte que en el presente. El torneo que arrancará en Santiago de Chile el undécimo día del sexto mes del año tiene que ser un objetivo en sí mismo para Argentina, al margen de la proyección hacia Rusia 2018.

Varias veces en ediciones anteriores la Copa América fue vista como una escala, como una parada intermedia y no como un destino. Entonces, se conformaron planteles sin lo mejor que se tenía a disposición, circunstancia que no pocas veces se vio forzada por la presión de los clubes europeos o, incluso, por la propia voluntad de los jugadores.

¿Tiene sentido que un seleccionador se prive de un jugador de gran actualidad porque su edad lo sitúa fuera del próximo Mundial? ¿Debe un entrenador ser complaciente con los pedidos de los clubes europeos? ¿Es lógico que se le conceda a un futbolista ese período de descanso en lugar de marcarle lo relevante del torneo?

Es cierto que la Copa América, como torneo, ha hecho mucho por desprestigiarse. La jugó Japón como invitado, y este año participará Jamaica (último rival de Argentina en el Grupo B). México, pese a no pertenecer a la Confederación Sudamericana de Fútbol, lleva varias ediciones como participante fijo, y Estados Unidos también formó parte en más de una edición. Pese a esto, Argentina debe competir con lo mejor y preparándose sin ahorrar recursos.

A pocos meses de asumir su cargo como entrenador, Gerardo Martino debe ver en la Copa América un objetivo en sí mismo, sin ayer ni mañana. Argentina necesita, de una vez, volver a ser campeón.
(Foto: Taringa.net)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de septiembre de 2014

El que fue y el que pudo ser


Gerardo Martino es el entrenador del seleccionado nacional, y Diego Simeone bien pudo haber ocupado ese lugar. El rosarino fue designado para guiar al equipo nacional en el inicio de la era post Julio Grondona, en tanto que quien fuera el primer jugador en llegar a 100 partidos con la casaca celeste y blanca continúa al frente del Atlético de Madrid, club en el que generó una transformación excepcional. Cada uno observa y piensa el fútbol a su manera, pero con ideas que se entrecruzan y expresan con meridiana claridad conceptual cuando la charla se ahonda bajo superficial.

Eso fue lo que consiguió Cristian Grosso, uno de los mejores periodistas gráficos de la prensa deportiva argentina. Entrevistó a ambos protagonistas para el diario La Nación, en dos charlas de las que se desprendieron conceptos centrales del conductor albiceleste y del técnico argentino más exitoso en Europa.

Pese a contar con Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, y otros atacantes de elite mundial, como Ángel Di María, Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín, Martino postula que en un equipo con esas fortalezas “también hay que correr, hay que presionar y a veces hay que trabar con la cabeza”. Esa premisa de exigir el máximo esfuerzo, sin concesiones, explica parte del éxito de Simeone en España y Europa.

En un adelanto de lo que pretende para Argentina, el Tata expuso que su ideal sería “una síntesis entre la presión de la selección de Paraguay y el juego de Newell's”. Por su parte, Simeone valoró haber logrado “un estilo diferente al que se juega en España, basado especialmente en la impronta de Barcelona” y agregó que “con otras armas, con otras formas, igual se puede competir”. Contra la cátedra futbolística que muchas veces señala acusadora métodos y formas que le son ajenos, amplía el escenario: “No tenemos la verdad de nada, no hay una fórmula”.

Martino y Simeone profesan la comunión humana como punto de partida deportivo. “En Europa no importa si hay tanta cercanía, si somos tan amigos (…), pero yo creo que todos los emprendimientos que terminan bien tienen una solidez grupal”, asegura el DT campeón con Newell´s. “Se encontraron distintas personalidades pero con gustos afines por competir por lo mismo”, repasó el Cholo sobre el tránsito que lo llevo a ganar la liga española, la Europa League, la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Supercopa de Europa.

Sobre el vínculo con los futbolistas y lo que pretende al tenerlos bajo sus órdenes, Martino subrayó que le “importa mucho tener jugadores valientes para llevar adelante una propuesta que implica riesgos”. No le faltó osadía al plantel dirigido por Simeone, que logró en la capital española un equipo dispuesto a seguirlo a ultranza. En el convencimiento a cada futbolista y, a colación, en la confianza ciega de cada uno de ellos en el técnico se forjó el Atleti multicampeón. Esa búsqueda emprenderá Martino, el presente del seleccionado; la que logró Simeone, acaso el futuro del equipo nacional.
(Foto: Mundodeportivo.com - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de julio de 2013

A la cima por mérito propio


Gerardo Martino y Lionel Messi surgieron como futbolistas de Newell´s. Son, además, hinchas del club. Para ambos, Rosario es su lugar en el mundo. La conexión es directa y la empatía se advierte a la distancia. La Pulga es el mejor jugador del mundo y no es impropio que la dirigencia de Barcelona le haya consultado su parecer ante la necesidad de contratar a un nuevo entrenador tras la forzada salida de Tito Vilanova. El visto bueno tampoco puede sorprender.

Sin embargo, explicar la llegada del Tata al banco culé a partir de su vínculo con Messi es un análisis superficial. Conlleva la injusticia de soslayar su capacidad. También implica relativizar el proceso de toma de decisiones en la institución que ostenta al mejor equipo de la historia y es bandera de una comunidad. La opinión de Messi ha de tener su peso específico en Barcelona, sin dudas; pero sin llegar a ser un dictado.

Martino llega al mejor equipo del mundo por mérito propio. Al frente de la selección paraguaya construyó un equipo de fuerte estructura colectiva que potenció individualidades; fue un elenco que sin complejos le peleó de igual a igual a los colosos sudamericanos. Posteriormente lideró una revolución en Newell´s para llevarlo de la última posición en la tabla de los promedios a ser campeón argentino y semifinalista de la Copa Libertadores. Los libretos de ambos procesos fueron distintos.

Pueden tenderse hilos conductores entre Barcelona y el Newell´s de Martino. La rotación permanente para quitarle referencias al rival sin perder el orden, dos laterales de permanente proyección con un mediocampista central cerca de los zagueros y un ataque frondoso son factores comunes. Además, con varios jugadores formados en sus divisiones inferiores, en el conjunto rojinegro se apoyó en un marcado sentido de pertenencia, algo que también es un valor agregado del Barça.

Entre los desafío de Martino uno de los principales será configurar la sociedad entre Messi y Neymar, tema central de la prensa catalana en las pasadas semanas. En tanto, deberá adaptarse al fútbol europeo, al movimiento de uno de los clubes más grandes del planeta, a la idiosincrasia catalana y lidiar con las críticas que pueda sufrir a partir de la interna política de la institución. Todo eso, sosteniendo la vara en lo más alto.

Martino es casi una incógnita para la grada barcelonista. Y es lógico; los partidos de Newell´s no son un programa a seguir en la Ciudad Condal. La referencia fija se remite a lo mucho que costó la victoria española ante Paraguay en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Su paso como futbolista por la Liga fue fugaz, apenas una temporada en el Tenerife a comienzos de los 90.

Otra referencia reitera por la presa española fue su similitud con Marcelo Bielsa. Es posible reconocer líneas similares entre sus equipos, pero lo cierto es que las similitudes se posan más en el modo de hablar y el lenguaje corporal que en el patrón de juego. Martino reconoce en Bielsa a uno de los técnicos que más lo influyó, a la par de José Yudica y Jorge Solari. En comparación con el Loco ha mostrado mayor pragmatismo al acomodarse de distintas formas de a cuerdo a las circunstancias a lo largo de su carrera. El desconocimiento genera las dudas que desde su probada capacidad procurará disipar.

Su llegada puede aportarle al Barcelona un nuevo aire que parece necesario, pero en continuidad con la línea que comenzó a trazar Josep Guardiola, y precisión para contrataciones puntuales. El desafío será enorme. Lo asume por mérito propio.
(Foto: Talam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de junio de 2013

La coronación de la obra


Las notorias campañas de los buenos equipos no siempre se coronan con un título; entonces llega el reconocimiento pero queda el vacío de la consagración. Es cuando el juego destacado concluye con la vuelta olímpica que el cierre resulta ideal. Así ocurrió para Newell´s, inobjetable campeón de torneo Final a partir de la transformación llevada adelante por Gerardo Martino.

El conjunto rosarino inició la temporada en la última posición de la tabla de los promedios, junto con Independiente. Uno fue el que más puntos sumó en el año futbolístico y el otro descendió. Los de Avellaneda no lograron sortear el campo minado que había dejado Julio Comparada, mientras que los rojinegros pudieron subir del profundo hoyo en el que lo había dejado Eduardo López. Los desarreglos dirigenciales tienen su correlato en lo deportivo, pero la capacidad de Martino actuó como dique para evitar ese tránsito.

El trabajo del entrenador encontró apoyatura en un valor esencial: el sentido de pertenencia. “Esto mucho más allá de lo profesional. Salir campeón con Newell´s es invalorable”, sentenció el Tata. Altamente jerarquizado tras su paso por la selección paraguaya, regresó a su club de origen llamado más por la pasión que por el prestigio y el dinero. Similar fue el paso que dieron Maximiliano Rodríguez y Gabriel Heinze, jugadores mundialistas y de jerarquía internacional que pegaron la vuelta. Ignacio Scocco, el mejor del semestre, también respondió al sentir leproso.

Se consagró un equipo con sabiduría para desordenarse con orden. Rotaciones y desdobles para alterar posiciones sin perder su fortaleza colectiva le quietaron continuamente referencia a los rivales. En dos laterales (Cáceres y Casco) que no se habían destacado con anterioridad, Martino generó futbolistas de largo recorrido para asociarse con los tres hombres de punta, mientras que el mediocampo, desde la inteligencia de Lucas Bernardi, equilibró las facetas del juego.

Los irremediables desarreglos del fútbol argentino hicieron que Newell´s debiese festejar en un hotel y antes de un partido por la Copa Argentina. Podría haber sido ante parte de su gente frente a Atlético de Rafaela, posibilidad que quedó trunca por la postergación en el entretiempo de Estudiantes-Lanús por el asesinato de Janiel Jerez, la consecuente prohibición de asistencia de público visitante a los estadios y la reanudación del partido en La Plata, correspondiente a la 17º fecha, después de completada la 18º. La algarabía rojinegra se aplazó para la última fecha, en la previa de la derrota frente a Argentinos Juniors.

Newell´s se consagró yendo por todo. Peleó con la misma energía el torneo Final, en el cual se consagró, y la Copa Libertadores, en la cual competirá próximamente en las semifinales. La gestión de Martino merecía un título.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 14 de mayo de 2013

El paso de Martino habrá dejado huella


Cuando termine la temporada, el fútbol argentino se habrá dado un lujo de un año y medio, la enriquecedora presencia de Gerardo Martino. El Tata reorganizó a Newell´s para rescatarlo de la lucha por la permanencia en Primera y elevarlo a la disputa por el torneo y la Libertadores. Consiga o no títulos, ya logró algo muchas veces más difícil que las vueltas olímpicas: una alta y amplia consideración por su equipo.

Regresó a la institución rosarina por un llamado del corazón. Después de dirigir con suceso a Paraguay desestimó ofertas muy importantes en virtud del club que lo formó y lo idolatró como jugador y bautizó con su nombre una de las tribunas del estadio. No le importó que las condiciones estuviesen lejos de ser las ideales; no midió el riesgo personal, o, si lo hizo, no le preocupó asumir el riesgo. Mucho había tenido que esperar para volver, ya que estuvo vedado en los ignominiosos tiempos de Eduardo López.

Se abocó entonces a transformar al conjunto rojinegro. Forjó una estructura colectiva con una defensa sólida, un mediocampo de buenos administradores de pelota y una delantera con tres hombres. Armó un conjunto que sabe ocupar los espacios para quedar bien guarecido ante los avances rivales y establecer ataques frondosos.

Con la prédica del ejemplo logró el regreso desde Europa de dos mundialistas, Maximiliano Rodríguez y Gabriel Heinze. También pegó al vuelta el goleador y mejor jugador del torneo Final, Ignacio Scocco. También se apoyó en los productos del club, como Hernán Villalba, y tomó decisiones relevantes, la principal en el arco, donde optó por Nahuel Guzmán en lugar del consagrado Sebastián Peratta.

Recientemente, Martino le apuntó al fútbol argentino en su línea de flotación, en su aspecto más endeble, el organizativo. “El fútbol argentino es histérico, tramposo y ventajero”, espetó hace unos días para reiterar los conceptos que ya había dado hace un año. “No me gusta que los partidos se jueguen cuando quiere un determinado grupo de gente o elegir el árbitro por conveniencia. Me gustan las cosas ordenadas y claras”, arremetió al asegurar que su tiempo en nuestro medio terminará con esta temporada.

En el plano futbolístico, analizó que “es muy difícil encontrar juego asociado, la pelota vuela mucho” y que se juega “más a la segunda pelota que a elaborar”. Los partidos protagonizados por Newell´s son habitualmente los que tiene el tiempo neto de juego más alto.

Fuera de tiempo y distancia, Agustín Marchesín dijo que no debía quejarse porque “el fútbol argentino le da de comer”. Afortunadamente para él, Martino resolvió la situación alimenticia propia y de los suyos hace muchos años. El fútbol argentino necesita mucho más a Martino de lo que Martino necesita al fútbol argentino. El arquero de Lanús habló en relación a la mala conducta del DT durante los partidos, una recurrente falla del Tata.

Sus días en el fútbol argentino están contados, lo anunció a comienzos de año sin que eso significase disminuyese la tensión y el compromiso de sus jugadores. Newell´s es uno de esos equipos en el que los futbolistas juegan para su entrenador, algo que se logra solamente cuando se admira al conductor. El equipo de Martino no se guarda nada y pelea el torneo y la Copa Libertadores; tal vez se quede sin nada, pero habrá sido intentándolo todo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 9 de octubre de 2012

Newell´s, con jerarquía y pertenencia

Cuando el torneo Inicial dio cuenta de más de la mitad de sus 190 partidos, Newell´s marcha como líder mostrándose como el equipo de mejor juego colectivo. Único invicto del certamen, mantuvo su arco cerrado en ocho de sus diez presentaciones sin resignar nada en ataque, donde marcó menos goles de los que mereció.

Con sapiencia táctica y un gran despliegue físico, el conjunto rosarino tiene un ataque bien nutrido y dobla marcas en defensa. Es difícil encontrarlo mal parado, desprotegido o con los centrales en retroceso; y adelante sabe aprovechar el ancho de la cancha para hacerse profundo con diagonales y proyecciones que sorprenden. Newell´s juega bien porque ataca bien y defiende bien.

El jugador esencial dentro de ese esquema colectivista es Lucas Bernadi. El ex Mónaco es, a la vez, el primer defensor y el primer delantero. A los 35 años expone una amplitud de registros que le permiten dominar el juego con claridad. Es la compuerta que se abre y se cierra para administrar los recursos del equiopo.

La última línea dispone de un zaguero de lujo en Gabriel Heinze, uno de los jugadores más criticados en sus tiempos en la selección nacional. Destacarse en Europa, llegar a los clubes más encumbrados y disputar dos mundiales es un sitio reservado para pocos. El entrerriano demuestra que tiene sobrada calidad para destacarse en el ámbito doméstico.

Maxi Rodríguez, de un recorrido tan destacado como el de Heinze, volvió para comandar el ataque desde el sector izquierdo. Con buen despliegue y una pegada portentosa, concita la atención de los rivales y lo capitaliza con descargas que luego lo ven posicionarse para volver a ser receptor.

Bernardi, Heize y Maxi Rodríguez regresaron al club que los formó con la pasión rojinegra como motor. Pero si alguien se guió por el llamado del corazón ese fue Gerardo Martino. Después de haberse transformado en un técnico muy codiciado por lo hecho en el seleccionado paraguayo, el Tata dejó de lado varias ofertas muy tentadoras en lo deportivo y algunas que parecían irresistibles desde lo económico para volver al club donde la idolatría llegó a tal punto que la tribuna local del estadio Marcelo Alberto Bielsa lleva su nombre.

Martino amasó un equipo dinámico, de movimientos aceitados y con una malla táctica que permite la sorpresa ensayada y la de la impronta individual. Lo consiguió por contar jugadores inteligentes y aplicados para llevar a cabo una forma de jugar que requiere una rápida y correcta lectura de cada una de las distintas instancias que se presentan en un mismo partido.

Newell`s se encamina con firmeza al mejor desenlace en un torneo del que aún no se sabe bien si tendrá un campeón, semicampeón o precampeón. Pero esa es otra cuestión, el formato de la temporada le es ajeno al equipo de Martino, que un fin de semana tras otro expone un juego integral con los hombres que pasearon su jerarquía por el mundo y regresaron a su lugar de pertenencia.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de junio de 2010

En el buen camino: el de la ilusión sustentada

El debut de la Selección argentina en Sudáfrica 2010 dejó muchos más gestos de satisfacción que de preocupación. En la victoria 1 a 0 ante Nigeria, con gol de Gabriel Heinze, tras una buena jugada preparada, el conjunto de Diego Armando Maradona mostró su temible poder de ataque y si no goleó fue por la inspiradísima tarde que tuvo Vincent Enyeama, el arquero de las Águilas. Por si hacía falta, Lionel Messi demostró que es el mayor talento del Planeta Fútbol, el hombre más desequilibrante. Cada vez que el rosarino tomó contacto con la pelota mostró esa descarga eléctrica que no hay disyuntor rival que pueda detener. Competitivo al máximo, La Pulga anticipó que pretende que este Mundial sea el lanzamiento definitivo para instalarse entre los mejores de todos los tiempos.

Maradona eligió un esquema 3-4-3, el que mejor se ajustaba para sacar máximo provecho del tremendo poder de fuego que ofrece el tridente Tévez-Higuaín-Messi. Pero hubo una flaqueza marcada, un hueco evidente: el sector derecho de la defensa. Jonás Gutiérrez quedó casi siempre a mitad de camino, ya que no fue ni marcador lateral ni un mediocampista lanzado. De todas maneras, asumir el riesgo valía la pena; aunque Diego seguramente haya tomado nota de que ese es un aspecto a mejorar pronto.

Si se lo compara con el estreno de resto de los campeones del mundo, lo de Argentina fue claramente superior a lo mostrado por Uruguay, Francia, Inglaterra y Brasil. También fue mejor a lo expuesto por el monarca reinante, Italia; pero en el caso de la Azzurra vale destacar el peso de la oposición: el durísimo Paraguay de Gerardo Martino. El debut de Alemania fue superior al de argentina porque logró poner en marcador final la diferencia que hubo en el juego; pero acá también se impone remarcar que el rival fue la modesta Australia.

La próxima escala para la Selección será Corea del Sur, que impondrá una oposición más dificultosa que la de Nigeria. Si bien la intención de Maradona es repetir el equipo, la contractura que sufre Juan Sebastián Verón en el gemelo de su pierna derecha podría marginarlo. Era previsible que por su edad (35), el desgaste que implicó una dura temporada y el lugar en la cancha que ocupa -expuesto a un gran desgaste y, por ende, a las tarjetas- el capitán de Estudiantes perdiera su lugar, aunque no se esperaba que ocurriera tan pronto. La lesión de La Bruja no es grave y si se tratase de una instancia de eliminación directa ya estaría confirmado como titular. Pero el margen por haber ganado el primer partido permite preservarlo del riesgo de un desgarro, que sería su despedida del Mundial.

Si Verón no llega su lugar será ocupado por Maxi Rodríguez. Gran conocedor del sector derecho de la mediacancha, el ingreso del hombre del Liverpool, de Inglaterra, implicaría un cambio de esquema: un 4-3-3, con Jonás decididamente como lateral.

Maradona sabe perfectamente cómo se encara una Copa del Mundo y la importancia de administrar de la mejor manera los recursos de los que se dispone. Es en esa planificación que pude radicar la diferencia entre seguir o quedar en el camino. Maradona sabe, cuenta con las herramientas y tiene la llave maestra en manos del portador de su casaca, la N° 10.
(Foto: Telam.com)

Patricio Insua
patisua@gmail.com

lunes, 12 de octubre de 2009

La leyenda Palermo evitó el naufragio argentino

Los brazos abiertos, el mentón arriba, el torso desnudo, las lágrimas de un pesado cielo fulgurante de rayos bañándolo como a todo el estadio y las propias inundándole los ojos quedarán como una toma más de la fílmica carrera de Martín Palermo. Su agónico gol para decretar la victoria ante Perú, en el Monumental, salvó a la Selección de quedar virtualmente excluida de Sudáfrica 2010.

Argentina volvió a mostrarse como un equipo chiquito, carente de juego asociado, sin un esquema definido, huérfano de variantes ensayadas y perdido en su propio laberinto. La era Maradona desdibujó completamente aquel buen comienzo que había tenido y derivó en este jugar a lo que salga que caracterizó al ciclo de Alfio Basile. Diego heredó un cúmulo de problemas y pese a que en un principio pareció que lograría un nuevo orden terminó por caer en el mismo oscuro pozo futbolístico en el que estaba el equipo cuando lo tomó.

Antes del partido ante Perú, en conferencia de prensa, consultado sobre la decisión de hacer entrenar tan poco al equipo, Maradona aseguró que dado el cansancio con el que llegan los jugadores debe cuidarlos sin exigirlos. Esa receta ha sido perniciosa para el equipo nacional. Siempre lo es la falta de trabajo. Detenerse en cada detalle de un partido, mecanizar movimientos, preparar variantes, tener un juego conceptual y grupal, determinar un esquema y afinar una táctica son pasos indispensables para poner en cancha un equipo que sepa leer la partitura que debe interpretar.

Falla la conducción y decepcionan los rendimientos de varios jugadores. Es evidente que Argentina tiene menos futbolistas diferentes de los que suele asegurarse. Es cierto que se cuenta con el mayor talento del planeta, Lionel Messi, pero salvo él y cuatro o cinco jugadores más el resto milita en equipos de tercer o cuarto orden en el contexto europeo. Sin embargo, Paraguay y Chile (ambos dirigidos por técnicos argentinos, Gerardo Martino y Marcelo Bielsa, respectivamente) con a todas vistas menos material lograron equipos con un funcionamiento mucho mejor que el de Argentina a partir de la identidad colectiva que construyeron.

El triunfo ante los peruanos fue inmerecido de acuerdo a lo expuesto por ambos equipos. Argentina comenzó con clara intención de instalarse en campo rival, pero pasado el primer cuarto de hora los buenos intentos se volatilizaron y reapareció el elenco híbrido, anodino y desorientado que había caído ante Paraguay. En el segundo tiempo, el tempranero gol de Gonzalo Higuaín preveía el inicio de un manejo cómodo del partido, pero sucedió todo lo contrario. El conjunto albiceleste no pudo tener la pelota y los circuitos de pases fueron inexistente. Los dirigidos por José “Chemo” Del Solar le robaron la pelota a Argentina y le hicieron mucho daño. La fortuna y las manos salvadoras de Sergio Romero -la figura- evitaron que Perú diese vuelta el marcador. En medio de un tremendo aguacero, el gol de Rengifo a los 90 minutos de juego, luego de que el conjunto rojo y blanco trasladase con comodidad la pelota por toda la cancha, parecía ahogar a la Selección, condenándola. Pero apareció el hombre de las conquistas novelescas, el que pocos días antes había celebrado sus 200 goles en Primera División con un cabezazo desde 40 metros, para desatar el enloquecido festejo de la victoria que parecía imposible.

La penuria argentina fue ante el peor equipo de las Eliminatorias; el último y quien como visitante había llegado a Buenso Aires con sus ocho partidos perdidos, en los cuales había recibido 24 goles y marcado sólo 2.

Argentina tiene que concentrarse únicamente en lograr la clasificación al Mundial, sea el miércoles en el Centenario de Montevideo o en un posterior repechaje. Debe parir la clasificación tras una dolorosa eliminatoria. Un empate ante Uruguay lo clasificará en forma directa a Sudáfrica, salvo la muy improbable alternativa de que Ecuador le gane a Chile, en Santiago, por cinco goles de diferencia. La ventaja de contar con dos de los tres resultados posibles incrementa las posibilidades de conseguir el objetivo y permite la especulación, aunque peligrosa. Gracias a un milagro más del inagotable Palermo la Selección, pese a su ausencia de juego, está más cerca de hacer lo que debe: anotarse en la próxima Copa del Mundo. Una vez con los pasajes en el bolsillo habrá que hacer un replanteo profundo en relación al maltrecho andar que, con distintos matices, Argentina lleva hace más de tres años.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 16 de octubre de 2008

Caída libre

La selección argentina paga el precio de la improvisación constante. No hay planificación, se juega a lo que sale en cada partido. Hace dos años se reiteran los mismos errores, por lo que ya se trata de falencias crónicas. La pelota parada a favor se desperdicia y la que viene en contra se padece, hay un estatismo que hace que los defensores no pasen la línea de los mediocampistas y tampoco éstos la de los atacantes, no hay cobertura de espacios en defensa, ni variantes en ataque. Se desprecia la estrategia, la mecanización de movimientos, la sujeción táctica para las virtudes individuales. La impronta de los talentos sigue siendo el plan A, B y C. No hay nada que vuelva a esta selección un equipo, un colectivo organizado. Entonces se juega decididamente mal.

Así, en otra muy pobre actuación, se perdió ante Chile por la primera fecha de la segunda rueda de las Eliminatorias. Y la primera victoria oficial de la Roja se gestó a partir de pulverizar táctica y conceptualmente al seleccionado argentino. En muchos pasajes fue realmente un baile y el 1 a 0 final fue exiguo, dado que diferencia acorde al trámite era de tres goles.

Desde que se inició este ciclo, el conjunto dirigido por Alfio Basile no ha logrado hacer una jugada como la que culminó en el tanto del equipo de Marcelo Bielsa: toques, verticalidad, cambio de frente, jugadores desprendidos al vacío y un stopper dando el pase gol fueron algunas de las virtudes del golazo que se inició en el sector izquierdo de la defensa chilena y culminó en el ala derecha de su ataque.

Antes de la derrota en Santiago, Argentina había pretendido tapar sus carencias con el triunfo en el Monumental 2 a 1 ante Uruguay. En ese partido logró lo que más imperiosamente necesitaba: los 3 puntos. Pero el modo en que se los consiguió no apagaron las luces de alarma. En el cotejo ante los charrúas se vieron en pasajes del primer tiempo presión, velocidad y verticalidad para buscar el arco rival. Pero en el complemento volvió a mostrarse endeble en defensa, largo entre líneas y falto de coordinación.

Basile argumenta que no hay tiempo de trabajo. Esto constituye una evidente falacia, ya que a todos estos jugadores los ha tenido en muchos entrenamientos para encuentros de eliminatorias y otros partidos en los últimos dos años. Sin embargo, no ha logrado ningún avance en la fisonomía de un equipo como tal. Y esto ocurre porque la falta de tiempo es una excusa desde el momento en que no trabaja con los jugadores cuando los tiene: rara vez hace doble turno y abundan los entrenamientos livianos y distendidos. Gerardo Martino y Marcelo Bielsa, dos técnicos argentinos que dirigen en eliminatorias, dan la pauta de que se puede tener equipos con identidad propia pese a no poder realizar gran cantidad de prácticas y a que la mayoría de sus dirigidos están en el extranjero.

La principal planificación tomada por el cuerpo técnico argentino para enfrentar a Chile fue vestir de azul y no hablar con la prensa antes del partido. Seguramente porque consideraron ambas cosas cómo algo fundamental para conseguir el triunfo ante Uruguay. Estas cuestiones, como el talco, los cuernitos y los cigarrillos nunca faltan, pero nadie se preocupó por advertirle a Juan Román Riquelme, a quien consideran amo y señor del equipo, que arrastraba una amarilla (el propio jugador reconoció tras el partido ante el seleccionado oriental que se enteró en el vestuario que tenía una amonetación previa y por eso se perdía el encuentro ante Chile).

Argentina dispone, quizás, del mejor plantel que pueda armar un seleccionado. Pero las respuestas individuales no aparecen. Esos mismos futbolistas que constituyen aportes fundamentales en los más importantes equipos del mundo no hacen la diferencia con la casaca celeste y blanca. ¿Por qué Lionel Messi no es crack como en Barcelona? ¿Por qué Sergio Agüero no hiere como en el Atlético de Madrid? ¿Por qué Carlos Tévez no es la tromba que arroya en el Manchester United? ¿Por qué Estaban Cambiasso y Javier Zanetti son intrascendentes y no hacen el aporte que le significan al Inter? Y así con casi todos. Porque no hay plan y no hay lucimiento posible sin una plataforma seria de trabajo. Lo que falla es el técnico y lo que no hizo hasta aquí nada prevé que lo hará de cara al futuro. Por eso se impone un cambio; ahora, cuando todavía hay tiempo de cara al Mundial.

La selección argentina juega en el piso de sus posibilidades. Muestra lo mínimo que se puede esperar de la conjunción de jugadores de probada jerarquía. Juntar buenos futbolistas es apenas el primer eslabón en la cadena de tareas de un entrenador. Al desdeñar el juego de equipo, no disponer de un esquema táctico que dé una identidad definida y reiterarse en errores conceptuales, se dilapida un potencial enorme. De este modo, no se pueden tener aspiraciones acorde a la historia del seleccionado. El juego que Argentina desarrolla desde hace dos años lo pone claramente de punto ante el resto de las selecciones importantes, aquellas que irán al Mundial a buscar la gloria.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 6 de septiembre de 2008

Choque de opuestos

El enfrentamiento entre Argentina y Paraguay en el Monumental expuso ostensiblemente dos modos no sólo distintos, sino radicalmente opuestos de concebir el fútbol. Por un lado, el seleccionado conducido por Alfio Basile se apoyó nuevamente en los arrestos personales de sus magníficos jugadores para buscar imponerse, mientras que, por el otro, el elenco dirigido por el argentino Gerardo Martino expuso su identidad de equipo, a partir de la cual los roles a cumplir son más importantes que los nombres propios.

Al contar el representativo albiceleste con mejores jugadores pero poca preparación estratégica y el visitante con menor jerarquía individual al tiempo que una gran conciencia de su capacidad colectiva, se empardaron las fuerzas. Paraguay pudo ganarlo, pero por temor no fue a buscar la victoria con decisión. Argentina, en cambio, avanzó con ímpetu para crear las más claras de cara al arco rival, aun cuando careció de funcionamiento y variantes. Es cierto que la visita se encontró tempranamente con un gol fortuito y que no se mostró como un equipo ambicioso, pero fue sin embargo quien dominó el partido. La prueba de esto es que fueron muchos más los minutos que se jugaron del modo que quiso Paraguay que aquellos en que el conjunto albiceleste pudo obrar como lo pretendía; es decir que quien impuso condiciones más cabalmente fue el seleccionado guaraní.

Al margen de la de arquero, obligada por la lesión de Abbondanzieri, las sustituciones hechas por Basile no se ajustaron a lo que pedía el partido. Resulta difícil entender cómo inmediatamente tras la expulsión de Tévez y con el partido 0-1 el entrenador no hizo ingresar a Denis o Agüero y optó por jugar más de un cuarto de hora sin centrodelantero. El hombre del Atlético de Madrid, autor del gol del empate, ingresó recién en el inicio del segundo tiempo, al igual que Daniel Díaz. El Cata realizó un buen aporte, superior al de Heinze, a quien reemplazó, pero abajo en el marcador y con un jugador menos, un cambio puesto por puesto –y el último posible- en la defensa no era un aporte sustancial para revertir la derrota parcial.

Digresión, que no lo es tanto: Juan Pablo Carrizo demostró que es su momento, que tiene evidentes condiciones y fuertes argumentos para ser el arquero titular de la selección. Tuvo apenas una atajada para el elogio (es normal que de local a Argentina la ataquen poco), pero su personalidad y tranquilidad dieron una gran garantía y mayor seguridad al equipo; claro contrapunto con lo dubitativo que mayormente se muestra Abbondanzieri.

Con escaso apego al trabajo táctico y gran confianza en los talentos individuales, Basile dio un paso adelante al establecer, aunque más no sea, sociedades, como las de Riquelme y Di María, Messi y Tevez o Mascherano y Cambiasso, alternativa ante la suspensión de Gago. Pero todo lo bueno insinuado por esos binomios -que lejos está de ser suficiente para contar con un equipo sólido- duró apenas 15 minutos, hasta el gol en contra de Heinze.

Es preocupante la poca capacidad de recuperación de la selección. En esta segunda era Basile de los 7 partidos que se comenzó en desventaja sólo se pudo ganar uno: 4 a 2 ante Colombia en la última Copa América. El resto fueron cuatro derrotas (dos ante Brasil, España y Noruega) y dos empates (ante Ecuador y Paraguay, los dos últimos choques por eliminatorias en condición de local).

Argentina obtuvo apenas 3 de los últimos 12 puntos en juego en el camino al próximo Mundial y sigue dependiendo casi exclusivamente de la genialidad de Messi. Habrá pronta oportunidad para intentar revertir la mala racha, en la expedición a Perú. Aún queda tiempo para mejorar y llegar con legítimas aspiraciones a la cita de 2010, pero Basile no da muestras de cambiar su postura, de tomar nota de los malos rendimientos para realizar un giro conceptual que se impone.
(Foto: Univision.com-AFP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com