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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un equipo con sus piezas desarrolladas en el exterior


En el triunfo ante Paraguay en Asunción, Argentina dispuso un equipo con la mayoría de sus jugadores hechos al profesionalismo en el exterior. Excepto Lionel Messi, que llegó al Barcelona con 12 años, el resto de los futbolistas que dispuso Alejandro Sabella en la 16º fecha de las Eliminatorias Sudamericanas se formó en las divisiones inferiores de los clubes nacionales, pero el paso por la Primera División fue fugaz.

Además de Messi, Hugo Campagnaro tampoco conoció la máxima categoría del fútbol argentino; sí lo hizo en el ascenso, en Deportivo Morón, para luego continuar su carrera en Italia, donde actualmente se desempeña en el Inter, previos pasos por Piacenza, Sampdoria y Napoli. En tanto, Sergio Romero apenas disputó cuatro fechas del torneo Clausura 2007 en Racing antes de ser transferido al fútbol holandés a los 20 años. Por su parte, Fabricio Coloccini se fue al Milan luego de un único partido en Boca; posteriormente el zaguero regresó al país para completar 19 partidos en San Lorenzo y volver a Europa.

Entre 2005 y 2008, José Basanta disputó 23 cotejos en Estudiantes de La Plata (en el torneo 2006/2007 de la Primera B Nacional integró el plantel del Olimpo que ascendió) y cruzó las fronteras con destino azteca. Ever Banega, quien ingresó a los 31 minutos del choque ante los guaraníes, totalizó 28 presencias en Boca y Ángel Di María es otro de los que no llegó a completar una temporada en Primera División; fueron 35 encuentros en Rosario Central para luego desembarcar en Portugal.

Sergio Agüero se había puesto 54 veces la camiseta de Interdependiente antes de sumarse al Atlético de Madrid por una cifra multimillonaria. En tanto, fueron 66 los partidos que sumaba Lucas Biglia entre Argentinos e Independiente al momento de continuar su trayectoria en Bélgica, desde donde llegó a la Serie A italiana para actualmente ser parte de la Lazio. La misma cantidad de encuentros protagonizó Pablo Zabaleta en San Lorenzo desde su debut en 2003 hasta la venta al Espanyol de Barcelona en 2005, año en el que fue capitán del seleccionado Sub 20 que se consagró campeón del mundo en Holanda y del que también formaban parte Messi, Agüero, Biglia, Banega y Fernando Gago. Precisamente el volante central de Boca es el único de los once futbolistas que iniciaron el partido en Paraguay que se desempeña en el medio local, en el cual suma 90 presencias. Uno menos contabiliza Maximiliano Rodríguez, de regreso en Newell´s, quien entró para marcar el quito tanto de la goleada clasificatoria a Brasil 2014.

El jugador con más partidos en la máxima categoría del futbol argentino en el equipo que selló la clasificación a Brasil 2014 fue Rodrigo Palacio, quien en cinco temporadas jugó 167 partidos, primero en Banfield y luego en Boca, desde donde se fue a Italia. El jugador de Inter fue sustituido por Ezequiel Lavezzi, que en Primera División fue parte de San Lorenzo en 84 partidos.

Tal vez la distancia que muchas veces se percibe entre el hincha y el seleccionado tenga en esta circunstancia al menos una parte de su explicación. La mayoría de los futbolistas del seleccionado nacional han dejado un recuerdo difuso en el público.

Messi lleva disputados 83 partidos en la selección, en los cuales convirtió 37 goles. Con su genio y su edad habilitan una proyección bien podría ubicarlo por delante de Gabriel Batistuta (56) como máximo anotador y de Javier Zanetti (145) como el jugador con más presencias en el seleccionado mayor. Así, probablemente sea el crack rosarino, alguien que nunca jugó en Argentina, quien ostente los mayores números con la albiceste.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de marzo de 2013

Un camino con destino seguro: Brasil 2014

La ocasión de gol que Lionel Messi no pudo concretar a seis minutos del final del partido  evidencia y sintetiza la particularidad que implica jugar en La Paz. En cualquier otro ámbito el rosarino hubiese elegido, de un universo que para él no tiene secretos, la definición más conveniente y certera. No encontró la opción que mejor se ajustaba y la ejecución fue defectuosa.

"Dudé un poquito y el arquero se me vino encima”, reconoció el mejor del mundo sobre la jugada en cuestión. En un artículo publicado en la previa del encuentro, Juan Pablo Sorín, el excapitán del seleccionado argentino, aseguró que los 3.650 metros de altura del estado Hernando Siles no sólo se sienten en las piernas, sino también en la toma de decisiones.

Argentina consiguió ante Bolivia un punto testimonial. Sumó en un sitio históricamente adverso y en el cual en su última visita había sufrido una de las peores derrotas de todos los tiempos. El empate no lo deja ni más cerca ni más lejos del Mundial, porque Argentina se sabe en Brasil 2014. Las matemáticas no afirman lo que el fútbol ya conoce.

Alejandro Sabella mostró, una vez más, su capacidad como estratega en esta nueva tanda de compromisos por Eliminatorias. Contemplando las especiales condiciones de La Paz y atento a la próxima escala, hizo ocho cambios respecto del equipo que había derrotado a Venezuela en el Monumental. Mantuvo a Sergio Romero, dueño del arco; Javier Mascherano, jugador sin par en su función, y Messi, el genio total. Sobre Gonzalo Higuín pesaba una suspensión y Ángel Di María (el mejor ante Bolivia, junto con Mascherano) volvió tras cumplir la suya. También elaboró otro esquema, pero sin relegar el alto poder de fuego que es la característica distintiva de su seleccionado.

Un viejo mandamiento del fútbol reza que lo equipos se arman desde atrás hacia adelante. Cierto es que las aspiraciones consagratorias quedan hipotecadas con una defensa endeble, pero el fútbol desconoce verdades absolutas. Sabella arma su equipo en torno al mejor jugador del mundo. Piensa, en cada circunstancia, quiénes son los mejores socios y cuál es el camino ideal para capitalizar de la mejor manera el genio de un futbolista colosal.

La Selección todavía debe afianzar aspectos colectivos, pero es un equipo reconocible, que marcha con un plan, que persigue una idea. Tiene un conductor idóneo afuera y un líder formidable adentro. Las propias virtudes, las del rival de turno, el trabajo y los imponderables harán lo suyo. Argentina crece en su juego y su ambición mundialista.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

lunes, 16 de noviembre de 2009

Argentina cayó y mostró poco ante España

Vigente campeón de Europa y por muchos considerado como uno de los mejores seleccionados del mundo, España recibió a Argentina y la derrotó merecidamente 2 a 1. En el estadio Vicente Calderón, fortaleza del Atlético de Madrid a orillas del río Manzanares, el conjunto ibérico manejó casi a su antojo el trámite del encuentro y sólo se vio incomodado en el complemento, cuando el seleccionado mostró una actitud más activa.

Sin ser un equipo de verticalidad permanente, los dirigidos por Vicente Del Bosque manejaron precisamente muy bien el cambio de ritmo. Un juego laxo y parsimonioso que por momentos hasta exasperaba en pases laterales mutaba de pronto en ataques punzantes que posicionaban a varios jugadores en ataque. Mantención conservadora y prolija de la pelota y repentinos avances profundos fueron la estrategia española que el conjunto nacional nunca pudo contrarrestar por falta de presión sobre el adversario.

En este sentido, Argentina aceptó un rol que no se compadece con su historia y sus posibilidades actuales. Desde el pitazo inicial rubricó el favoritismo de España y se replegó marcadamente. No se trató de un equipo que procuraba hacerse fuerte en la marca para disparar veloces contraataques, sino que meramente se abroqueló en su campo y se aproximó al arco rival de manera difusa e individual. El cambio de actitud del primero al segundo tiempo fue el aspecto más valorable del conjunto de Diego Maradona.

España es un buen equipo, pero, al menos contra Argentina, lejos estuvo de presentarse como un conjunto temible; habrá que ver si puede sostener la chapa con la que llegará a Sudáfrica. El contrapunto es la Selección, que no juega bien y entonces todo tiene por mejorar. Aunque cada vez queda menos tiempo, en tanto tenga una idea clara y orden, en una competencia de un mes y siete partidos como lo es el Mundial todo puede pasar.

Al igual que en anteriores presentaciones, Argentina tuvo errores colectivos de funcionamiento y marcadas fallas individuales. En este último aspecto, al igual que había ocurrido contra Brasil, en Rosario, resultan alarmantes las desatenciones como la que derivó en el primer gol de Xabi Alonso: el vasco del Real Madrid estaba solo en la medialuna del área cuando remató Silva y llegó libre al rebote que dejó Sergio Romero, ante los desentendidos defensores albicelestes.

Pese a que Argentina no se mostró como un colectivo aceitado en el encuentro con el cual la Real Federación Española de Fútbol celebró su centenario, se produjo un cambio favorable en la preparación. Uno de los aspectos más criticables del proceso de Maradona ha sido las pocas horas diarias de trabajo con los jugadores. Previamente a los últimos partidos por eliminatorias, ante Perú y Uruguay, consultado por un periodista extranjero sobre esta cuestión, Diego arguyó que por el cansancio acumulado y los viajes transatlánticos de los futbolistas lo indicado no era someterlos a prolongadas jornadas de entrenamiento. Coherente con esta idea, en España, sin largos vuelos previos, sí hubo prácticas en doble turno, uno matutino y otro vespertino. Sin hacer que las prácticas sean muy intensas desde lo físico, sería bueno que se continúe con ese plan de trabajo pese a los viajes.

Argentina perdió ante España en el único partido preparatorio que disputo en la manga que la FIFA habilitó para dos. Porque la AFA interpretó que el equipo no necesitaba un par de ensayos. La como siempre bien nutrida paralela delegación dirigencial paseó enfundada en la indumentaria oficial por la capital ibérica, pero no fue capaz de organizar dos partidos, como lo hicieron casi todos los seleccionados en esta doble fecha internacional. El contrato con la empresa rusa Renova que la AFA abruptamente dio de baja era pernicioso para el conjunto nacional; como también lo es la ineptitud de un grupo de hombres que pareciera se dedica a disfrutar de un turismo de elite gratuito en lugar de abocarse a conseguir un rival más en la preparación mundialista.
(Foto: As.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 12 de octubre de 2009

La leyenda Palermo evitó el naufragio argentino

Los brazos abiertos, el mentón arriba, el torso desnudo, las lágrimas de un pesado cielo fulgurante de rayos bañándolo como a todo el estadio y las propias inundándole los ojos quedarán como una toma más de la fílmica carrera de Martín Palermo. Su agónico gol para decretar la victoria ante Perú, en el Monumental, salvó a la Selección de quedar virtualmente excluida de Sudáfrica 2010.

Argentina volvió a mostrarse como un equipo chiquito, carente de juego asociado, sin un esquema definido, huérfano de variantes ensayadas y perdido en su propio laberinto. La era Maradona desdibujó completamente aquel buen comienzo que había tenido y derivó en este jugar a lo que salga que caracterizó al ciclo de Alfio Basile. Diego heredó un cúmulo de problemas y pese a que en un principio pareció que lograría un nuevo orden terminó por caer en el mismo oscuro pozo futbolístico en el que estaba el equipo cuando lo tomó.

Antes del partido ante Perú, en conferencia de prensa, consultado sobre la decisión de hacer entrenar tan poco al equipo, Maradona aseguró que dado el cansancio con el que llegan los jugadores debe cuidarlos sin exigirlos. Esa receta ha sido perniciosa para el equipo nacional. Siempre lo es la falta de trabajo. Detenerse en cada detalle de un partido, mecanizar movimientos, preparar variantes, tener un juego conceptual y grupal, determinar un esquema y afinar una táctica son pasos indispensables para poner en cancha un equipo que sepa leer la partitura que debe interpretar.

Falla la conducción y decepcionan los rendimientos de varios jugadores. Es evidente que Argentina tiene menos futbolistas diferentes de los que suele asegurarse. Es cierto que se cuenta con el mayor talento del planeta, Lionel Messi, pero salvo él y cuatro o cinco jugadores más el resto milita en equipos de tercer o cuarto orden en el contexto europeo. Sin embargo, Paraguay y Chile (ambos dirigidos por técnicos argentinos, Gerardo Martino y Marcelo Bielsa, respectivamente) con a todas vistas menos material lograron equipos con un funcionamiento mucho mejor que el de Argentina a partir de la identidad colectiva que construyeron.

El triunfo ante los peruanos fue inmerecido de acuerdo a lo expuesto por ambos equipos. Argentina comenzó con clara intención de instalarse en campo rival, pero pasado el primer cuarto de hora los buenos intentos se volatilizaron y reapareció el elenco híbrido, anodino y desorientado que había caído ante Paraguay. En el segundo tiempo, el tempranero gol de Gonzalo Higuaín preveía el inicio de un manejo cómodo del partido, pero sucedió todo lo contrario. El conjunto albiceleste no pudo tener la pelota y los circuitos de pases fueron inexistente. Los dirigidos por José “Chemo” Del Solar le robaron la pelota a Argentina y le hicieron mucho daño. La fortuna y las manos salvadoras de Sergio Romero -la figura- evitaron que Perú diese vuelta el marcador. En medio de un tremendo aguacero, el gol de Rengifo a los 90 minutos de juego, luego de que el conjunto rojo y blanco trasladase con comodidad la pelota por toda la cancha, parecía ahogar a la Selección, condenándola. Pero apareció el hombre de las conquistas novelescas, el que pocos días antes había celebrado sus 200 goles en Primera División con un cabezazo desde 40 metros, para desatar el enloquecido festejo de la victoria que parecía imposible.

La penuria argentina fue ante el peor equipo de las Eliminatorias; el último y quien como visitante había llegado a Buenso Aires con sus ocho partidos perdidos, en los cuales había recibido 24 goles y marcado sólo 2.

Argentina tiene que concentrarse únicamente en lograr la clasificación al Mundial, sea el miércoles en el Centenario de Montevideo o en un posterior repechaje. Debe parir la clasificación tras una dolorosa eliminatoria. Un empate ante Uruguay lo clasificará en forma directa a Sudáfrica, salvo la muy improbable alternativa de que Ecuador le gane a Chile, en Santiago, por cinco goles de diferencia. La ventaja de contar con dos de los tres resultados posibles incrementa las posibilidades de conseguir el objetivo y permite la especulación, aunque peligrosa. Gracias a un milagro más del inagotable Palermo la Selección, pese a su ausencia de juego, está más cerca de hacer lo que debe: anotarse en la próxima Copa del Mundo. Una vez con los pasajes en el bolsillo habrá que hacer un replanteo profundo en relación al maltrecho andar que, con distintos matices, Argentina lleva hace más de tres años.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com