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martes, 28 de marzo de 2017

La desfiguración de la Selección

Cuando transcurrieron 14 fechas de la eliminatoria sudamericana y solamente quedan cuatro partidos para finalizar la clasificación, Argentina está fuera de zona Rusia 2018. Incómoda en la quinta posición, ocupa la plaza que otorga la última chance, la del repechaje.

La primera doble fecha del año fue por demás preocupante: victoria 1-0 ante Chile con un muy mal desempeño y derrota 2-0 frente a Bolivia sin Lionel Messi, sancionado de oficio por la FIFA pocas horas antes del encuentro en La Paz con cuatro partidos de suspensión. De no ser por el penal que el árbitro brasileño Sandro Ricci le obsequió al equipo de Edgardo Bauza en el pésimo campo de juego del estadio Monumental y el capitán argentino ejecutó con su jerarquía, el Mundial hoy estaría vinculado a difícil anhelo y no a un objetivo concreto.

Con el mejor jugador del mundo y futbolistas de ataque adquiridos por los más poderosos clubes de Europa en decenas de millones de euros, Argentina podría jactarse de tener un dispositivo ofensivo inigualable. En cambio, hizo 15 goles en los 14 encuentros y apenas supera en el rubro a Bolivia y Paraguay. Antes del triunfo ante Colombia, Bauza aseguró que no se trataba de un tema que le preocupase. Lo dijo antes y después de garantizar que Argentina será campeón del mundo el año próximo. Las declaraciones del técnico, con idas y vueltas (como en el tema Mauro Iccardi) y posiciones llamativas (como calificar de “brillante” el partido ante Chile) sólo pueden entenderse en un hombre que se siente presionado y acorralado.

El fútbol no es solo el juego, hay otros componentes que no deben desestimarse. Algunos jugadores parecen haber quedado irremediablemente afectados por las tres finales perdidas consecutivamente. La lista la lidera Gonzalo Higuaín, que carga con al menos un estigma de cada una de esas tres definiciones. Los futbolistas deben llegar a la Selección por lo hecho en sus clubes, pero el lugar en el equipo nacional se tiene que sostener por lo hecho vestido de celeste y blanco.

Bauza fue elegido en el cargo por descarte y bajo su conducción el equipo involucionó. Dirigió en eliminatorias ocho encuentros, la misma cantidad que Tite, en quien buscó socorro Brasil cuando comenzó a verse fuera del Mundial. La comparación es dolorosa. El primero sumó 11 puntos, su equipo marcó ocho goles y recibió diez; mientras que con el ex DT de Corinthians, el Scracht se quedó con los 24 puntos que disputó, hizo 25 goles (varios de alta costura) y apenas le convirtieron dos.
Argentina se jugará su lugar en la Copa del Mundo ante Uruguay, en Montevideo; frente a Venezuela y Perú como local y con Ecuador en Quito. Todavía es una incógnita saber en cuántos de esos encuentros se contará con Messi, de acuerdo a si se le reduce la sanción o a la posibilidad de computarle parte de la pena en las próximas fechas FIFA. Bauza no muestra reflejos tras los golpes recibidos. La clave pasa por saber si tiene con qué revertir esta crisis.
(Foto: Lanacion.com.ar)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 18 de octubre de 2016

Selecciones de bajo costo

Cuando la Selección del mejor futbolista del planeta y varias de las figuras de los equipos más poderosos del mundo salió a buscar un entrenador, lo hizo revisando los bolsillos. Desde la AFA, intervenida bajo la pátina de la Comisión Normalizadora encabezada por Armando Pérez, se había advertido rápidamente que los técnicos argentinos más encumbrados estaban fueran de las posibilidades por falta de dinero. La misma lógica se aplicó para los abandonados seleccionados juveniles, para los cuales se convocó a la presentación de proyectos y luego se les preguntó a los candidatos el presupuesto que requerían para su cuerpo técnico.

Así, por una puerta entreabierta ingresó Edgardo Bauza y por la ventana entró Úbeda, que fue nombrado al frente del Sub 20 pese a que no había presentado ningún proyecto (la AFA había recibido 44) ni contaba con experiencia en la categoría. Mientras que la mayor necesita clasificarse al Mundial de Rusia (la única vez que Argentina quedó margina por una Eliminatoria fue en México 1970), los equipos juveniles deberán reinventarse desde el más absoluto abandono.

El debut del Patón había sido ideal, con un valioso triunfo ante Uruguay y porque con la casaca número 10 y el brazalete de capitán había estado Lionel Messi. Ese partido por Eliminatorias en el estadio mundialista de Mendoza había sido el primer partido después de la derrota en la final de la Copa América Centenario, tras la cual el rosarino había anunciado su alejamiento del equipo nacional. Que finalmente no se hubiese producido el alejamiento y Messi estuviese en el estreno del nuevo ciclo fue una bendición para Bauza.

Pero la ausencia por lesiones en los siguientes tres partidos del futbolista insuperable expuso todas las rajaduras del equipo. Fueron empates con Venezuela y Perú y derrota frente a Paraguay en malas actuaciones, sin funcionamiento colectivo ni respuestas individuales. Acaso el mayor interrogante en esos encuentro fue si el técnico puso formaciones con el estilo que él prefiere.

Después esas tres fechas, previas a los próximos exigentes encuentros, frente a Brasil y Colombia, Bauza tuvo dos actos reflejo desafortunados. Primero, en una entrevista televisiva, prometió lo único que un entrenador de ninguna manera puede garantizar: ser campeón. Más tarde, aseguró que a los futbolistas les gusta jugar en la Bombonera, algo que no tendría nada de malo, conocida la especial vibración que emana de ese estadio, sino fuera porque podría verse entrelíneas que las malas producciones anteriores respondieron en alguna medida a los escenarios que las albergaron. Acaso lo hizo por sentirse, ya de entrada, cuestionado. Su ciclo apenas germina, necesita tiempo para sumar entrenamientos y encontrar a los mejores intérpretes para la línea de juego que pretende.

El descalabro que es el fútbol argentino llegó a donde nunca se pensó que se iba a llegar, a las selecciones nacionales. Es difícil esperar la solución de los mismos dirigentes que llevaron a esta situación. La AFA es tierra arrasada. Ocurre que, aún pese a todo, el inagotable surgimiento de futbolistas de jerarquía evita la implosión completa. El fútbol argentino parece resistir solamente a partir de sus jugadores. 
Foto: Lanacion.com.ar

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 28 de junio de 2016

El estigma y la partida

El dolor por otra final perdida solamente se apaciguó con una tristeza todavía mayor, la concreción de la pesadilla más temida: no contar más con Lionel Messi en el seleccionado. Después de otro título que se le escurrió como jugador del conjunto nacional, el mejor del planeta anunció su alejamiento. El héroe acusa el golpe recibido por un equipo que parece víctima de un maleficio que no le permite cortar una racha adversa de más de dos décadas, la peor de su historia..

En los 26 años transcurridos desde 1990 Argentina disputó diez finales y perdió ocho, las últimas siete de manera consecutiva, tres en los 24 meses que van de junio de 2014 a hoy. La de la Copa América Centenario agiganta el karma. Es posible encontrar explicaciones en el juego, realizar análisis tácticos y contemplar aspectos organizativos de cada una de las caídas enfiladas una tras otra. Pero las finales de las Copas América de 2004, 2007, 2015 y 2016, la del Mundial 2014, la de la Copa Rey Fahd 1995 y la del torneo en el cual derivó aquella competencia saudí, la Copa de las Confederaciones, en el año 2005 no pueden ser enhebradas por un consecuente hilo conductor. El destino del equipo nacional parece hechizado para arrodillarlo una y otra vez en la derrota que más duele.

Una nueva frustración, otra vez ante Chile, como el año pasado en Santiago pero esta vez en Estados Unidos, tiene razones futbolísticas, claro; pero también hay que contemplar el aspecto psicológico y emocional. No podrá saberse cuánto le pesó a este grupo de jugadores las dos finales que había perdido en los últimos dos años y el lastre de la acumulación de 23 años sin vueltas olímpicas.

La a caída por penales en Nueva Jersey tuvo como epílogo una mucho más profunda en el anuncio de Lionel Messi. “La Selección no es para mí. Ya está, es por el bien de todos. Lo intenté mucho, son cuatro finales. Lamentablemente no se dio lo que más buscaba que era un título con la Selección”, pronunció lacónico al abrirse la puerta del vestuario. Y se fustigó injustamente: “Es una tristeza grande y encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo hacerlo para sacar diferencia”. Antes de arrodillarse y enterrar el rostro en el césped, de hundirse en el banco de suplentes y de llorar por otra copa que se escapó, el rosarino había hecho en la cancha todo lo que le era posible. Siempre rodeado por cuatro adversarios y golpeado artera y sistemáticamente para no prosperar en el campo, de todas maneras era, como siempre, la llave maestra del ataque.

Ese fútbol de dirigentes que terminaron de dinamitaran la AFA y empobrecieron los clubes, de barrabravas delictivas y plateístas desbocados, de estadios sin visitantes, de un Tribunal de Disciplina penoso, ese fútbol que indujo a poner todo bajo la lupa de la sospecha acaso no se merezca a Messi. Pero lo necesita, imperiosamente, depende casi absolutamente de una cabeza capaz de procesar la mejor jugada en una mínima fracción y de uno pies para ejecutarla con una maestría sin igual.

Messi no es ninguno de los problemas de la Selección. Es, por el contrario, todas sus soluciones. Su renuncia, como toda decisión personal, no puede ser cuestionada. Resta esperar que no sea definitiva, que se trate de un tiempo de oxigenación y recarga para que el seleccionado vuelva a gozar con el privilegio de tener a uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.
(Foto: Elpais.com / AFP-Nicholas Kamm)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de febrero de 2016

El mejor, con los mejores

Barcelona es el mejor equipo del mundo. Hay quienes lo colocan en lo más alto de la historia del fútbol. Para otros ese lugar le corresponde a la versión de Pep Guardiola. Se anotan en la compulsa el Real Madrid de Di Stéfano, el Santos de Pelé, el Ajax de Cruyff o el Milan de Arrigo Sachi y los holandeses. Los debates a la hora de comparar conjuntos de distintas épocas no tienen comienzo ni final. Pero que el equipo de Luis Enrique es, hoy y desde hace rato, el mejor del globo se presenta como una verdad absoluta.

Lo mejor se construye con los mejores, y Barcelona tiene a futbolísticas únicos, insuperables cada uno en su rol. El funcionamiento colectivo es la matriz de sostén, pero lo que diferencia al equipo catalán del resto son sus individualidades. Sistema y nombres se retroalimentan el un círculo virtuoso.

Tiene al mejor centrodelantero del mundo, Luis Suárez. Goleador voraz, cada uno de los ochenta millones de euros que el club catalán pagó por el uruguayo configura una fabulosa inversión. Implacable frente al arco rival a partir de un repertorio pleno de recursos, es también un jugador de maniobra, que teje con suma prolijidad en el aceitadísimo juego de pases blaugrana. En cada contragolpe o ataque vertical elige la posición correcta para recepcionar la pelota o toma la mejor decisión si la lleva.

Tiene al mejor español del mundo, Andrés Iniesta. El artífice del fútbol cerebral, el hombre que parece tener el campo de juego parcelado en una cuadrícula para hacer correr la pelota como un geómetra. Lector superdotado del juego, nada se escapa a su visión periférica. Sereno ante el apremio y frío en los momentos calientes, su sensible dominio de la pelota aporta claridad en cada intervención.

Tiene al mejor mediocentro del mundo, Sergio Busquets. Conoce cada faceta del juego e interpreta de la mejor manera los distintos momentos de un partido. Sabe cuándo retroceder, cuándo avanzar, de qué manera presionar y cómo distender. Esclusa entre el ataque y al defensa, es dueño de un sector neurálgico y lo maneja con maestría.

Tiene al mejor brasileño del mundo, Neymar. El futbolista formado en Santos es un malabarista sumamente efectivo. Cada uno de sus lujos con la pelota tiene sentido para el juego. El virtuosismo con el que deslumbra está puesto en función de un ataque de conjunto. Indescifrable en la gambeta, a poco de cumplir 24 años su techo lo pondrá él mismo.

Tiene al mejor central del mundo, Piqué. Tiempista de excepción, no hay zaguero que lo supere en el juego de adelanto que exige el Barcelona. Defiende más cerca de la mitad de la cancha que de su área, en un sector muy amplio del terreno que cubre con inteligencia, destreza y decisión. Garantía de prolijidad en el primer pase y fuerte en el juego aéreo, es un bastión en la defensa del mejor ataque.

Y tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. El genio supremo, el hacedor de lo imposible. Si la pelota está en su dominio, no hay límites. Goles y más goles, cada uno mejor que el otro. Regates y zigzagueos que nadie puede detener. Messi solo compite contra él mismo; está en otra dimensión. La inigualable década del Barcelona se inició con su llegada al primer equipo y se mantiene hasta hoy. Pura causalidad.
(Foto: EFE/Alejandro García)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de octubre de 2015

Del incendio en el Monumental al desconcierto de Asunción

La única vez que Argentina faltó a un Mundial por mancarse en la clasificación previa fue en 1970. Aunque ciertamente se presenta como un pronóstico demasiado tempranero y fuertemente agorero, puede verse a Rusia 2018 más como un interrogante que como una certeza.

Primero ante Ecuador y luego frente a Paraguay, la Selección mostró la versión más flaca que se le recuerde en mucho tiempo. El muy bajo nivel se tradujo en un punto de seis en disputa y ningún gol en 180 minutos de juego. En ambos partidos estuvo ausente Lionel Messi, con todo lo que eso implica.

El primer partido de las Eliminatorias, ante Ecuador en el Monumental, fue un incendio del que, con esfuerzo, solo se salvaron el más veterano y el más joven del equipo: Javier Mascherano y Ángel Correa. En contrapunto, los dos más abrasados fueron los laterales, Facundo Roncaglia y Emmanuel Mas, que fallaron por concepto individual pero también, marcadamente, por el andamiaje colectivo. Los dos jugaron mano a mano, sin relevos producto de un mediocampo despoblado.

En otro orden, faltó además un precepto que debería ser básico: que el jugador que se desprende de la pelota siga la jugada. Dar un pase a un compañero no implica desentenderse de lo que prosiga, sino que lo que debe hacerse es volver a ofrecerse como alternativa de pase en otro sector, sin perder de vista relevos y desmarques.

La entrega que no le había faltado al equipo en Buenos Aires se incrementó incluso en Asunción, pero ante Paraguay el equipo volvió a mostrar más carencias que aciertos. Correr, una obligación y una virtud muchas veces presentada como defecto (en oposición a “jugar bien”), no alcanza por sí solo. Se necesita una correcta lectura de juego y asociaciones colectivas; orden para generar la impronta que sorprenda al rival.

En el estadio Defensores del Chaco, Argentina se acomodó en bloque de la mitad hacia atrás, y cuando falló ese andamiaje defensivo la jerarquía individual esterilizó el peligro guaraní. En ataque faltaron variantes pese a lo que generó Carlos Tévez. Las apariciones de Rogelio Funes Mori y Matías Kravenitter oficiaron de buena noticia.

Ambos encuentros repitieron dos circunstancias preocupantes. Desde el banco, el entrenador no intentó, o no supo, cambiar la fisonomía del equipo; algo evidente necesario sobre todo en el primer encuentro, de trámite adverso desde el comienzo. Y los jugadores, por su parte, no tuvieron rebeldía para buscar alternativas dentro del plan trazado.

Martino está al frente del equipo hace poco más de un año. Es un técnico capaz y cuenta con un grupo de jugadores de primer orden mundial. Hasta acá, su ciclo ha ido de más a menos. Un elemento que no puede obviarse es la renovación de nombres en relación al ciclo que concluyó en la final del Mundial de Brasil. Pero ese recambio necesita ser rápido y certero, para que el equipo, desde el juego, encuentre los resultados que permitan recobrar la confianza, para que Rusia 2018 aparezca en el horizonte como una certeza y no como una incógnita.
(Foto: Diezmas.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 7 de julio de 2015

La Selección ante un estigma imborrable

"Queriendo entrar en razón
y el corazón tiene razones
que la propia razón
nunca entenderá".
La Renga

Argentina volvió a perder una final, y cuesta mirar más allá de ese golpe que vuelve a impactar con fuerza demoledora. Puede analizarse el partido en Santiago, claro, pero para quien escribe estas líneas la Selección se volvió un misterio. En más de 20 años se probó todo y con todos, pero los títulos siguen siendo esquivos. El desenlace fue el mismo en las finales que ameritaban victorias, como la del Mundial 2014, y en las que en efecto el rival fue más, como la de la Copa América 2007. Ni con merecimiento ni con fortuna pudo cortarse la racha adversa.

Esta vez fue la frustración fue en el certamen continental de seleccionados y en sentencia por penales. Uno convertido, el de Lionel Messi; uno desviado, el de Gonzalo Higuaín, y otro atajado, el de Ever Banega, ahondaron todavía más el abismo. En 11 meses Argentina tuvo el destaque de llegar a la final del Mundial y la Copa América, y el dolor de perderlas. Las caídas ante Alemania y Chile pueden romper la cabeza de varios jugadores del seleccionado.

"No le encuentro explicación, quizás sea yo. Otra vez nos faltó esa cuota de suerte en las finales. Es un karma, no lo sé. Soy uno de los más grandes, hay que hacerse cargo de lo que queda. En la cabeza da vueltas dar un paso al costado y que venga otro”, expresó Javier Mascherano ante un desasosiego que conoce como nadie y sufre como el que más. Perdió las finales de la Copa América de 2004, 2007 y 2015 y la del Mundial 2014. Acaso sea un error pensar el fútbol en términos individuales, pero duele el dolor de Mascherano. Durante más de 10 años le aportó a la Selección jerarquía, calidad, inteligencia, entrega y liderazgo. Si algo merecía el fútbol argentino, los argentinos amantes del fútbol, era que Mascherano fuese campeón y que se eternice la imagen de Lionel Messi alzando un trofeo vestido de celeste y blanco.

Las razones de cada una de las finales perdidas desde 1995 pueden ser analizadas a partir de lo ocurrido en cada partido; pero, en su conjunto, la cadena de frustraciones no encuentra (yo no le encuentro) explicaciones. Pasaron un tendal de jugadores de alta jerarquía internacional y técnicos tan diversos como aptos sin que pueda quebrarse el maleficio.

En un análisis pormenorizado de los últimos 20 años del seleccionado aparecerán razones para entender desde la lógica de las acciones y omisiones la cadena de desencantos. No tengo capacidad para realizarlo. La Selección se me presenta como un enigma indescifrable.
(Foto: Ole.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 2 de diciembre de 2014

La medida Messi

El Balón de Oro es un premio de gran prestigio, pese a que cada vez más el trofeo aparece envuelto en un halo de intereses marketineros y lobbies empresariales. Por sus actuaciones en 2014, Lionel Messi fue considerado por octava vez consecutiva para integrar la terna de la cual saldrá el mejor futbolista del año para la FIFA y la revista France Football. El rosarino es el único que ganó cuatro veces el galardón y verá si el voto de los técnicos y capitanes de los seleccionados más los de un un grupo de periodistas se lo otorga por quinta vez.

No son pocos -y si lo son han hecho oír su voz- los que consideran que no fue un buen año del crack del Barcelona. La afirmación, que no deja de ser temeraria, solamente puede hacerse a partir de comparar a Messi con la mejor versión del propio Messi. En la carrera contra el resto, no dejó de ser el mejor.

Este año condujo a la selección argentina a la final de Brasil 2014, Mundial en el cual la FIFA lo condecoró como el mejor jugador del campeonato, y sostuvo el protagonismo del equipo catalán en España y en Europa. Además, recientemente estableció dos marcas que parecen destinadas a perdurar por décadas, sobre todo porque estirará sus números: se transformó en el máximo goleador de la historia de la liga española y de la Champions League. Al margen de sus más de 50 goles en el año y la estadística que establece números de época, Messi volvió a desplegar en 2014 ese juego que agotó elogios: definiciones imposibles, gambetas supersónicas, asistencias quirúrgicas y un prodigioso dominio de la pelota en cualquier circunstancia.

Después de haberlo ganado en 2009, 2010, 2011 y 2012, Messi competirá por un nuevo Balón de Oro con Cristiano Ronaldo y Manuel Neur. El portugués aparece como el favorito, para repetir su consagración de 2013; mientras que el arquero alemán campeón del mundo paga en las casas de apuestas 25 a 1. Ahí, en la gala de Zúrich, volverá a estar una vez más Lionel Messi, el mejor jugador del mundo; con o sin Balón de Oro.
(Foto: Sport.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de julio de 2014

No se pudo, pero vale mucho

El resbalón en el último escalón da más pesar que haber perdido el equilibrio en el umbral de esa escalera que fue el Mundial. El dolor es profundo aunque no exista nada para reprocharse. Pese a haber dejado todo, perdura la idea de que podría haberse hecho algo más. Se instala la mueca por el error que no debió ser, por el detalle en el que no había que fallar. Fue muy importante lo que se consiguió, pero fue agrio el desenlace

En Brasil 2014, Argentina fue de menor a mayor, creció como equipo conforme aumentó la exigencia y recibió un golpe demoledor en el minuto 113 de la final. El gol de Mario Götze enterró la ilusión de bordar la tercera estrella. Pese a la tristeza por la derrota, hay que poner en medida el enorme valor haber vuelto a estar en una definición mundialista, la quinta en la historia del fútbol argentino tras las de 1930, 1978, 1986 y 1990.

Alemania fue el mejor equipo del campeonato, un conjunto producto de un proceso de casi una década; pero en el último partido del Mundial, en el choque por el título en el estadio Maracaná, Argentina fue más que el seleccionado germano. Como nunca, quedó demostrado que en la elite la diferencia la hacen los detalles, en los cuales la Selección no estuvo fina y los teutones fueron quirúrgicos. Una inmejorable en el tramo inicial del partido, otra en los pies del mejor jugador del mundo y una más en el alargue fueron las tres muy claras situaciones de gol que no capitalizó argentina. Alemania, perdonado, no perdonó.

Argentina viajó al Mundial con muchos interrogantes en la defensa y pleno de certezas en ataque. En Brasil la ecuación se invirtió y el equipo soldó una armadura en el fondo (el arquero, los cuatro defensores y el magnánimo Javier Mascherano) y perdió el fuego ofensivo que había sido su principal característica. Lionel Messi salvó al equipo en los tres partidos del grupo y en el choque de octavos de final. Ante Bélgica, en cuartos, jugó acaso como nunca para el equipo y mejoró el cuadro final con sus pinceladas únicas. En la semi y la final -instancias a las que se accedió por sus actuaciones precedentes- padeció la marca férrea y, sobre todo, la ausencia de compañeros con quienes generar un fluido diálogo futbolístico. Sufrió a lo largo del Mundial el bajo rendimiento y las lesiones de todos sus socios de ataque, lo cual quedó muy en evidencia en los últimos dos partidos.

Parecía un Mundial escrito para Argentina. Todo fue acomodándose de tal manera que el destino final no podía ser otro que la copa adornada con los colores celeste y blanco, como en 1978 y 1986. Pero no fue. Sin embargo, la Selección volvió un lugar del que se había alejado por casi un cuarto de siglo. Eso vale mucho.

(Foto: FIFA.com)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 8 de julio de 2014

Final de una espera de 24 años

El 3 de julio de 1990 seguirá siendo un día de enorme gloria en la historia del fútbol argentino, pero ya no será un muro infranqueable, ya no determinará un mojón que no se puede superar. Aquella noche, la del Maracanazo de Nápoles, cuando la Selección se metió en la final del Mundial de Italia después de derrotar a los dueños de casa, dejó de ser en Brasil 2014 la última semifinal disputada por el seleccionado nacional. Después de 24 años, Argentina está otra vez entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo, algo que consigue por quinta vez en su historia.

El obligado ejercicio de la memoria manda a detenerse en los jugadores que en distintos momentos a lo largo de casi un cuarto de ciclo fue mucho lo que le dieron a la Selección. No lograron protagonizar una instancia como la que espera a los actuales integrantes del seleccionado en Brasil 2014 pese a lo mucho que hicieron y lo no menos que intentaron. Gabriel Batistuta, Diego Simeone, Roberto Ayala, Javier Zanetti, Juan Pablo Sorín, Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón y Gabriel Heinze. La lista se puede ampliar y también sería justo agregarle al menos un par de entrenadores.

Frente a Holanda, Argentina irá por la quinta final de su historia. La buscará con el genio de Lionel Messi y el aliciente del firme funcionamiento colectivo expuesto ante Bélgica, muy superior al mostrado en la fase de grupos y en los octavos de final.

Las frustraciones pasadas no pesan individualmente, pero la memoria colectiva sí tiene bien presente hechos bisagra del pasado. Los 23 futbolistas que están en Brasil no cargaban cada uno con 24 años de sinsabores, pero el seleccionado argentino que está en el Mundial 2014 sí tenía bien presente el largo período sin llegar a las instancias decisivas de la Copa del Mundo.

Cambió el mundo y cambió el fútbol desde 1990 hasta 2014. Argentina fue semifinalista aquella vez y lo repite ahora. Las cosas cambiaron, pero también son muchas las que siguen iguales. La satisfacción de estar entre los cuatro mejores de un Mundial es hoy la misma que ayer. Satisfacción que nunca conforma, por eso, Argentina, esta, que también es aquella, irá por otro paso más.
(Foto: FIFA.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

sábado, 5 de julio de 2014

A Sabella lo que es de Sabella

“Cruzamos el Rubicón”, anunció apenas conseguida la clasificación a las semifinales. Cuando Julio César atravesó el pequeño río que establecía el límite romano, dando inicio a la guerra civil, aseguró: “La suerte está echada”. Con otra cita histórica, Alejandro Sabella desatacó lo que significa que Argentina vuelva a estar entre los cuatro mejores de un Mundial después de 24 años, luego de que fuese subcampeón en Italia 90, aquella Copa del Mundo en la que Argentina se vinculó como nunca a la épica deportiva, embanderada detrás de trío compuesto por Diego Maradona, Sergio Goycochea y Claudio Caniggia.

La victoria ante Bélgica fue también un triunfo personal del entrenador, impecable en cada una de sus determinaciones. La disposición táctica inicial, los nombres para conformar el equipo en el comienzo del partido y los cambios posteriores fueron una cadena de aciertos. La influencia de los técnicos es innegable (a veces para bien de un equipo y otras para mal), y la de Sabella fue imprescindible en el cruce argentino del Rubicón mundialista.

Las titularidades de Sergio Romero y Marcos Rojo ya le habían dado la razón por los altos rendimientos de los dos futbolistas más cuestionados en la previa de Brasil 2014. Ante la ausencia del lateral por suma de amonestaciones, frente a Bélgica ingresó José Basanta, otro futbolista cuando no ninguneado también señalado con varios índices acusadores, y su rendimiento estuvo acorde a la exigencia. Pero esa no fue la única variante que hizo Sabella en la defensa. Sacó a Federico Fernández y puso a Martín Demichelis, con todo lo que implica para un entrenador cambiar a un central en un Mundial. El zaguero del Manchester City jugó bien, demostró su temple, y seguramente influyó para que Ezequiel Garay se destaque todavía más.

Pero el mayor movimiento lo hizo en el mediocampo, donde quitó a Fernando Gago y puso a Lucas Biglia para conformar un doble pivote central con Javier Mascherano, colosal una vez más. Ese módulo en el eje implicó una mayor responsabilidad para Ezequiel Lavezzi, que tuvo que hacer bien largo su recorrido por la banda, hasta aparecer en varias ocasiones como marcador lateral. La tarea táctica de Pocho fue de extrema pulcritud y el mérito de Sabella enorme al vislumbrar que podía lograr esa versión de de un jugador de ataque y convencerlo de realizarla.

En la consagración de México 1986, Carlos Bilardo encontró el equipo en los cuartos de final, cuando para enfrentar a Inglaterra dispuso los ingresos en el equipo titular de Julio Olarticoechea y Héctor Enrique. Sabella también armó su mejor conjunto en esa instancia del Mundial, aunque para las semifinales no podrá contar con el ancho de basto, Ángel Di María. El ingreso de Enzo Pérez para ocupar su lugar fue otro acierto de Sabella. Fideo, Lionel Messi y Mascherano componen el tridente de futbolistas irreemplazables en Argentina.

La Selección había dejado dudas en sus presentaciones anteriores, dudas que minimizó sustancialmente. El equipo tuvo momentos de zozobra ante los belgas, pero se mostró firme y compacto- ya no estuvo largo y quebrado entre líneas- consustanciado colectivamente y entregado a una tarea conjunta moviéndose acompasadamente. Como nunca pareció notarse que la prédica del entrenador había calado hondo. La aplicación de Messi en la marca es una muestra contundente.

Argentina está entre los cuatro mejores del Mundial; ante una mayor exigencia elevó su talla. Buena parte del mérito le corresponde a Sabella, el mismo que había equivocado el equipo en el debut y lo reconoció, el mismo que ideó a la perfección el triunfo en cuartos de final.
(Foto: AFP - Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de julio de 2014

Por el astro y el azar, a la espera del equipo

Si Argentina está a un partido de volver a decir presente en una semifinal mundialista después de 24 años se lo debe al genio de Lionel Messi y al sorteo (¿sorteo?) más favorable que se recuerde antes que a su desempeño de conjunto. El capitán destrabó con sus goles y su talento los cuatro partidos disputados hasta el momento en Brasil 2014. Decisivo y determinante como nadie. En lo que refiere al cuadro, el seleccionado se topó con rivales inferiores a su talla, no recorrió grandes distancias en un país de enorme extensión, evitó el calor del norte y tuvo varios días de descanso. Desde que quedó determinado, el fixture le hizo la más gentil invitación.

En los cuatro partidos disputados, frente a Bosnia, Irán, Nigeria y Suiza, fueron más los malos momentos que los buenos para el conjunto nacional. Pero no ha dejado de ser un equipo de mano muy pesada y, antes o después, el golpe de K.O. aparece. Frente a los helvéticos hubo que esperar hasta los 117 minutos de juego para el gol que dio la clasificación; y luego habría tiempo para que se detengan los corazones albicelestes cuando en tiempo adicionado Suiza pegó un tiro en el palo. A lo largo de todo el partido, el seleccionado se mostró como un equipo largo, quebrado, algo que se pudo ver en la presión individual y la defensa mano a mano.

Otro destello fulgurante de Messi, la multiplicación de sí mismo de Javier Mascherano y el despliegue inagotable de Ángel Di María, autor del gol, cimentaron la victoria para estar por tercer Mundial consecutivo entre los ocho mejores (algo que desde 2006 solo lograron Brasil, Alemania y Argentina). Pero fue un triunfo sufrido, porque Argentina otra vez no pudo plasmar el potencial que se sabe tiene y Suiza lo complicó bastante. Las virtudes en el cotejo disputado en el estadio Arena de Corinthians, en San Pablo, estuvieron más vinculadas con una gran actitud que con destacados movimientos de conjunto. Argentina no dejó de insistir, aún con errores, en percutir a su rival; mostró coraje y resistencia a la frustración para intentar una y otra vez prosperar en campo adversario. Vale destacar ese aspecto.

La Selección quedó incluida en el patrón que marcó la medida en la primera fase de eliminación directa: cinco de los ocho partidos debieron resolverse después del tiempo regular. Brasil estuvo a unos pocos centímetros de ser el llanto de un país, cuando el remate de Pinilla en el último minuto del alargue aboyó el travesaño del arco defendido por Julio César; y avanzó después de que el chileno Jara pegase en un poste el décimo penal, el último de la serie. Alemania se vio superada por Argelia y pasó con penuria en el alarque. Holanda perdía con México a los 88 minutos y lo dio vuelta increíblemente con un penal mal sancionado ya en tiempo de descuento. Costa Rica superó a Grecia por penales y Bélgica a Estado Unidos en la prórroga. Las excepciones fueron Colombia, que sí eliminó con autoridad a Uruguay, y Francia, quien impuso condiciones frente a Nigeria.

Bélgica, con varios jugadores en clubes protagonistas de las ligas europeas más relevantes, supone en la previa un rival de mayor fuste que los enfrentados hasta ahora. No podría sorprender que el nivel de Argentina se eleve con el incremento de la exigencia. El equipo no apareció hasta el momento, pero eso no quiere decir que no pueda hacerlo; es de esperar que, de un momento a otro, surja en su mejor dimensión.

Con Messi y con un camino muy favorable (pese a que, se sabe, ningún partido se gana en la víspera), Alejandro Sabella, que ya tuvo razón con el respaldo a Sergio Romero y Marcos Rojo (no estará en cuartos de final por acumulación de amonestaciones), debe procurar recuperar el funcionamiento que el equipo había mostrado antes de desembarcar en Brasil, donde el Mundial parece hacerle un guiño a la Argentina, que debe superar sus propios complejos para ir a conquistarlo. 
(Foto: FIFA.com) 

Patricio Insua 
patinsua@gmail.com

martes, 24 de junio de 2014

La luz del genio en la sombra colectiva

La solución a todos los problemas de Argentina es la misma: Lionel Messi. Si ante Bosnia e Irán el seleccionado empezó con paso victorioso su camino en Brasil 2014 fue gracias al mejor jugador del mundo. Dos goles con su copyright sumaron los seis puntos que le permiten al equipo de Alejandro Sabella afrontar el último compromiso del grupo ya clasificado a los octavos de final. El encuentro ante Nigeria buscará defender en primer puesto, algo no menor a la hora de proyectar los cruces posteriores.

Tampoco el capitán argentino estuvo a la altura de lo que se esperaba, pero sus finas y filosas cinceladas tienen la capacidad de hacer una escultura en dos golpes. Para él la vara siempre estará en lo más alto, porque se lo evalúa con el “parámetro Messi” y no con la misma mirada con la que se observa al resto de los futbolistas. Sin embargo, no parecer ser permeable a esa presión después de tantos años con los ojos del mundo futbolero siempre posados sobre lo que haga adentro de una cancha.

El cambio de esquema y de intérpretes en relación a los encuentros ante bosnios e iraníes no redundó en una mejora del funcionamiento colectivo. Para mejorar el seleccionado deberá encontrar una mayor dinámica de conjunto, integral, a partir de la cual sean varios los jugadores que ataquen y varios los que definan, desdoblándose en un esfuerzo de conjunto. Si funciona el equipo, marcarán la diferencia las muy buenas individualidades de las que dispone Sabella.

Es muy posible que la Selección se encuentre frente al camino mundialista más sencillo que le haya tocado jamás; puede llegar hasta las semifinales sin toparse con ningún equipo de su propio peso específico. Así las cosas, es posible que sólo necesite dos victorias de esas de talla mundialista parra volver a lazar la copa, como en 1978 y 1986. Claro que no es poco, pero es el imposible encontrar un panorama más benigno.

 En un gran Mundial, repleto de emociones, grandes partidos y muchos goles, Brasil 2014 todavía espera por Argentina, por esa versión de Argentina que todavía no apareció en Brasil, porque está a la sombra, únicamente alumbrada por el resplandor del fulgor del genio que la guarda. Queda esperar que diga presente cuando la exigencia sea mayor, algo que no sería de extrañar.
(Foto: AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de junio de 2014

Idas, vueltas y el mensaje del debut ante Bosnia

Alejandro Sabella tomó una decisión de alto riesgo en el victorioso estreno de Argentina en Brasil 2014. Lo hizo al darle al seleccionado una fisonomía distinta de la que lo había distinguido. Dejó de lado el esquema con tres delanteros y optó por uno con un tridente de zagueros y dos laterales. Sacó a un atacante para colocar un defensor en lo que resultó un intento fallido, ya que el equipo no tuvo mejor resguardo y en cambio perdió contundencia en ataque. En el entretiempo, en lugar de insistir, el entrenador torció el rumbo. Sin terquedad y con grandeza reconoció el error al cambiar para los segundos 45 minutos. “A veces yo también me equivoco”, reconoció en palabras tras el partido.

Lionel Messi esperó al día siguiente para dar su veredicto, y lo hizo con un filo como nunca antes se le había escuchado públicamente: "Somos Argentina, no debemos fijarnos cómo juegan nuestros rivales. A mí sólo me importa que estemos bien nosotros. Prefiero el 4-3-3. Jugamos mucho mejor en el segundo tiempo que en el primero". "Los delanteros nos sentimos mejor con más gente en ataque. En el primer tiempo no encontré espacios, perdí varias pelotas. Por eso estaba fastidioso", confesó pese al fantástico gol, con su sello, que anotó.

En su ciclo al frente de la Selección, Sabella conformó un equipo que se elevó a partir de tener como marca distintiva un poder de ataque sin equivalencias. Ese terror infundido en las defensas adversarias partió de cuatro nombres propios: Messi, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María. Ese módulo con los tres delanteros y el ofensivo volante rosarino del Real Madrid cimentaron un equipo fuerte. El DT no siempre jugó con ellos cuatro, pero fue sí a partir de su convivencia que logró la mejor versión albiceleste.

Ante Bosnia, y acaso pensándolo para todo el Mundial, Sabella dispuso un once inicial que cumpliese con el clásico axioma futbolero que reza que los equipos se arman de atrás hacia delante. Efectivamente, es inviable que un equipo que se defiende mal, que es vulnerable, pueda ser campeón. Argentina necesita mejorar defensivamente, pero no lo puede hacer al costo de limitar su mejor arma. Porque más que armarse desde su propio arco hacia el de enfrente, cada equipo debe partir de su mejor faceta, y la de Argentina, indudablemente, es el ataque. Asumirá riesgos, sin dudas, pero tiene con qué. Indudablemente, lo mejor de argentina es con Messi, Higuaín, Agüero y Di María en cancha. Las idas y vueltas en el partido con Bosnia, la determinación de Sabella y las palabras de Messi (sin que esto haya implicado un quiebre entre ambos), anticipan que Argentina transitará en el Mundial con la forma que la ha diferenciado. Hasta el último partido que le toque jugar.
Foto: Mundodeportivo.com – AP

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 31 de diciembre de 2013

Depositario de una ilusión que lo impulsa

Todas las miradas del futbol argentino están puestas en él, pendientes del torrente de ideas de su cabeza y la infinita capacidad de resolución de sus piernas. Sabe que es el portador de una ilusión colectiva y la vive sin complejos; incluso puede advertirse que es el combustible de la motivación para recibir el año mundialista.

Lionel Messi es la bandera y el mayor argumento de la Selección para Brasil 2014. Atrás quedó la lesión en el bíceps femoral que lo obligó a perderse los últimos partidos del Ezeiza y Rosario, por lo que se prepara para reincorporarse al Barcelona. Después de dos Mundiales alejados de sus expectativas, la tercera edición para su carrera parece encontrarlo en el momento justo, futbolística y emocionalmente.

Argentina disputó su última semifinal en 1990, por lo que en Brasil cumplirá 24 años sin lograr posicionarse entre los cuatro primeros de la Copa del Mundo. En los cinco Mundiales que siguieron al de Italia, hubo varias selecciones de menor relieve que llegaron a disputar siete partidos, como Suecia, Bulgaria, Croacia, Corea, Turquía y Portugal. La Selección, con mejor material y mayor relevancia, no lo consiguió. Ese es el desafío, casi la obligación que se impone el fútbol nacional.

Premios y consideración al margen, Messi recibe el año como el mejor jugador del planeta, condición que ostenta con unanimidad desde hace un lustro. Situado ya entre los grandes futbolistas de todos los tiempos, a mediados de año irá por el logro más deseado. El fútbol argentino reposa en Messi, y Messi lo lleva con gusto en sus botines.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de octubre de 2013

Un lunar

En un trabajo bien desarrollado y con buenos resultados, seguramente sea injusto hacer foco, aunque más no sea por un momento, en una circunstancia a contramano de un proceso conducido con seriedad y sapiencia. Es que en la última fecha de las Eliminatorias, Alejandro Sabella, entrenador del seleccionado nacional, obró de una manera poco conveniente.

Con el equipo ya clasificado en el primer lugar y como cabeza de serie para el sorteo que a fin de año arrojará la conformación de los grupos para Brasil 2014, Argentina fue a Montevideo para enfrentar a Uruguay con un equipo alternativo. Vestido de azul, el conjunto nacional salió al campo de juego del estadio Centenario sin ninguno de sus cuatro jugadores insignia, los que cimentan el andamiaje del conjunto y sostiene las aspiraciones albicelestes.

Si ningún equipo es el mismo sin Lionel Messi, cualquiera se desfigura por completo si además del rosarino también faltan Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María. El mejor jugador del mundo y el goleador del Napoli estuvieron ausentes por lesiones, pero el Kun y el zurdo del Real Madrid fueron desafectados por el entrenador después de la victoria frente a Perú en el Monumental. Los mejores tienen que estar siempre. Más a 8 meses del Mundial y con pocos partidos hasta llegar a Brasil. No es tiempo de licencias.

Del otro lado del Río de La Plata, Argentina plantó un equipo sin nueve de los once titulares que se sabe hoy componen el ideal de Sabella. Si el objetivo era probar jugadores, el contexto para hacerlo era con la mayor cantidad posible de titulares, para ver cómo se acomodan al equipo.

Además, la decisión alimentó suspicacias en cuanto a la definición. Pese a que las posibilidades de que Uruguay se clasificase directamente al Mundial eran remotas (deberá disputar el repechaje con Jordania), la posibilidad existía y el recuerdo del último partido de la clasificación rumbo a Corea-Japón 2002 estaba fresco pese a haber sucedido hace una década.

Son muchos los aspectos que Sabella mejoró en la selección, bajo su guía Argentina recobró presencia y fortaleza. Sin embargo, frente a Uruguay dio un paso en falso.
(Foto: Telam)

Patricio Insua
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un equipo con sus piezas desarrolladas en el exterior


En el triunfo ante Paraguay en Asunción, Argentina dispuso un equipo con la mayoría de sus jugadores hechos al profesionalismo en el exterior. Excepto Lionel Messi, que llegó al Barcelona con 12 años, el resto de los futbolistas que dispuso Alejandro Sabella en la 16º fecha de las Eliminatorias Sudamericanas se formó en las divisiones inferiores de los clubes nacionales, pero el paso por la Primera División fue fugaz.

Además de Messi, Hugo Campagnaro tampoco conoció la máxima categoría del fútbol argentino; sí lo hizo en el ascenso, en Deportivo Morón, para luego continuar su carrera en Italia, donde actualmente se desempeña en el Inter, previos pasos por Piacenza, Sampdoria y Napoli. En tanto, Sergio Romero apenas disputó cuatro fechas del torneo Clausura 2007 en Racing antes de ser transferido al fútbol holandés a los 20 años. Por su parte, Fabricio Coloccini se fue al Milan luego de un único partido en Boca; posteriormente el zaguero regresó al país para completar 19 partidos en San Lorenzo y volver a Europa.

Entre 2005 y 2008, José Basanta disputó 23 cotejos en Estudiantes de La Plata (en el torneo 2006/2007 de la Primera B Nacional integró el plantel del Olimpo que ascendió) y cruzó las fronteras con destino azteca. Ever Banega, quien ingresó a los 31 minutos del choque ante los guaraníes, totalizó 28 presencias en Boca y Ángel Di María es otro de los que no llegó a completar una temporada en Primera División; fueron 35 encuentros en Rosario Central para luego desembarcar en Portugal.

Sergio Agüero se había puesto 54 veces la camiseta de Interdependiente antes de sumarse al Atlético de Madrid por una cifra multimillonaria. En tanto, fueron 66 los partidos que sumaba Lucas Biglia entre Argentinos e Independiente al momento de continuar su trayectoria en Bélgica, desde donde llegó a la Serie A italiana para actualmente ser parte de la Lazio. La misma cantidad de encuentros protagonizó Pablo Zabaleta en San Lorenzo desde su debut en 2003 hasta la venta al Espanyol de Barcelona en 2005, año en el que fue capitán del seleccionado Sub 20 que se consagró campeón del mundo en Holanda y del que también formaban parte Messi, Agüero, Biglia, Banega y Fernando Gago. Precisamente el volante central de Boca es el único de los once futbolistas que iniciaron el partido en Paraguay que se desempeña en el medio local, en el cual suma 90 presencias. Uno menos contabiliza Maximiliano Rodríguez, de regreso en Newell´s, quien entró para marcar el quito tanto de la goleada clasificatoria a Brasil 2014.

El jugador con más partidos en la máxima categoría del futbol argentino en el equipo que selló la clasificación a Brasil 2014 fue Rodrigo Palacio, quien en cinco temporadas jugó 167 partidos, primero en Banfield y luego en Boca, desde donde se fue a Italia. El jugador de Inter fue sustituido por Ezequiel Lavezzi, que en Primera División fue parte de San Lorenzo en 84 partidos.

Tal vez la distancia que muchas veces se percibe entre el hincha y el seleccionado tenga en esta circunstancia al menos una parte de su explicación. La mayoría de los futbolistas del seleccionado nacional han dejado un recuerdo difuso en el público.

Messi lleva disputados 83 partidos en la selección, en los cuales convirtió 37 goles. Con su genio y su edad habilitan una proyección bien podría ubicarlo por delante de Gabriel Batistuta (56) como máximo anotador y de Javier Zanetti (145) como el jugador con más presencias en el seleccionado mayor. Así, probablemente sea el crack rosarino, alguien que nunca jugó en Argentina, quien ostente los mayores números con la albiceste.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 27 de agosto de 2013

Messi, orgullo y vergüenza para Argentina


El fútbol argentino infla el pecho, cuenta en Lionel Messi con el mejor futbolista del planeta y uno de los mejores de todos los tiempos. Pero ese mismo medio y también esta geografía como país deberían sonrojarse al recordar la niñez del rosarino, volviéndole la espalda, casi expulsándolo.

La máxima figura del seleccionado, su emblema, su capitán, jamás jugó en Primera División. En la antesala de su ingreso a las inferiores de Newell´s desde el fútbol infantil rojinegro, se hizo evidente la necesidad de un tratamiento que normalice su crecimiento. El club no quiso pagar el tratamiento y tampoco aparecieron otros dispuestos a costearlo. Las instituciones públicas también estuvieron ausentes y entonces, en el año 2000, la familia Messi decidió alejarse de su patria para instalarse al otro lado del océano Atlético.

Aunque con la impronta de su ciudad natal, la Pulga se formó como futbolista en Barcelona, que lo recibió a los 12 años. Desde se ha convertido ya en el sexto máximo anotador de la Liga Profesional de Fútbol, con 220 goles. Está a siete de Alfredo Di Stéfano y a 31 del vasco Telmo Zarraonandia, Zarra, pichichi histórico de la máxima categoría ibérica. Si todo se da de manera normal, al final de la temporada ese lugar será suyo.

Pero Messi no juega de rojo, se viste de celeste y blanco. Lo más lógico hubiese sido que formase parte del seleccionado español, pero no se despegó de los colores argentinos. Pese a que más de uno pretende colgarse la medalla de haber apurado un amistoso juvenil para que forme parte de la selección nacional, lo concreto es que fu la materialización del firme deseo del propio protagonista.

Messi es la bandera del fútbol argentino, un contexto y un entorno que le dio la espalda. El sentido de pertenencia se antepuso a todo y ahí va el genio con la mítica número diez en la espalada. Messi es motivo de orgullo y vergüenza para Argentina.
(Fotos Telam.com.ar)

Patricio Insua 
patinsua@gmail.com

martes, 23 de julio de 2013

A la cima por mérito propio


Gerardo Martino y Lionel Messi surgieron como futbolistas de Newell´s. Son, además, hinchas del club. Para ambos, Rosario es su lugar en el mundo. La conexión es directa y la empatía se advierte a la distancia. La Pulga es el mejor jugador del mundo y no es impropio que la dirigencia de Barcelona le haya consultado su parecer ante la necesidad de contratar a un nuevo entrenador tras la forzada salida de Tito Vilanova. El visto bueno tampoco puede sorprender.

Sin embargo, explicar la llegada del Tata al banco culé a partir de su vínculo con Messi es un análisis superficial. Conlleva la injusticia de soslayar su capacidad. También implica relativizar el proceso de toma de decisiones en la institución que ostenta al mejor equipo de la historia y es bandera de una comunidad. La opinión de Messi ha de tener su peso específico en Barcelona, sin dudas; pero sin llegar a ser un dictado.

Martino llega al mejor equipo del mundo por mérito propio. Al frente de la selección paraguaya construyó un equipo de fuerte estructura colectiva que potenció individualidades; fue un elenco que sin complejos le peleó de igual a igual a los colosos sudamericanos. Posteriormente lideró una revolución en Newell´s para llevarlo de la última posición en la tabla de los promedios a ser campeón argentino y semifinalista de la Copa Libertadores. Los libretos de ambos procesos fueron distintos.

Pueden tenderse hilos conductores entre Barcelona y el Newell´s de Martino. La rotación permanente para quitarle referencias al rival sin perder el orden, dos laterales de permanente proyección con un mediocampista central cerca de los zagueros y un ataque frondoso son factores comunes. Además, con varios jugadores formados en sus divisiones inferiores, en el conjunto rojinegro se apoyó en un marcado sentido de pertenencia, algo que también es un valor agregado del Barça.

Entre los desafío de Martino uno de los principales será configurar la sociedad entre Messi y Neymar, tema central de la prensa catalana en las pasadas semanas. En tanto, deberá adaptarse al fútbol europeo, al movimiento de uno de los clubes más grandes del planeta, a la idiosincrasia catalana y lidiar con las críticas que pueda sufrir a partir de la interna política de la institución. Todo eso, sosteniendo la vara en lo más alto.

Martino es casi una incógnita para la grada barcelonista. Y es lógico; los partidos de Newell´s no son un programa a seguir en la Ciudad Condal. La referencia fija se remite a lo mucho que costó la victoria española ante Paraguay en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Su paso como futbolista por la Liga fue fugaz, apenas una temporada en el Tenerife a comienzos de los 90.

Otra referencia reitera por la presa española fue su similitud con Marcelo Bielsa. Es posible reconocer líneas similares entre sus equipos, pero lo cierto es que las similitudes se posan más en el modo de hablar y el lenguaje corporal que en el patrón de juego. Martino reconoce en Bielsa a uno de los técnicos que más lo influyó, a la par de José Yudica y Jorge Solari. En comparación con el Loco ha mostrado mayor pragmatismo al acomodarse de distintas formas de a cuerdo a las circunstancias a lo largo de su carrera. El desconocimiento genera las dudas que desde su probada capacidad procurará disipar.

Su llegada puede aportarle al Barcelona un nuevo aire que parece necesario, pero en continuidad con la línea que comenzó a trazar Josep Guardiola, y precisión para contrataciones puntuales. El desafío será enorme. Lo asume por mérito propio.
(Foto: Talam.com.ar)

Patricio Insua
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martes, 26 de marzo de 2013

Un camino con destino seguro: Brasil 2014

La ocasión de gol que Lionel Messi no pudo concretar a seis minutos del final del partido  evidencia y sintetiza la particularidad que implica jugar en La Paz. En cualquier otro ámbito el rosarino hubiese elegido, de un universo que para él no tiene secretos, la definición más conveniente y certera. No encontró la opción que mejor se ajustaba y la ejecución fue defectuosa.

"Dudé un poquito y el arquero se me vino encima”, reconoció el mejor del mundo sobre la jugada en cuestión. En un artículo publicado en la previa del encuentro, Juan Pablo Sorín, el excapitán del seleccionado argentino, aseguró que los 3.650 metros de altura del estado Hernando Siles no sólo se sienten en las piernas, sino también en la toma de decisiones.

Argentina consiguió ante Bolivia un punto testimonial. Sumó en un sitio históricamente adverso y en el cual en su última visita había sufrido una de las peores derrotas de todos los tiempos. El empate no lo deja ni más cerca ni más lejos del Mundial, porque Argentina se sabe en Brasil 2014. Las matemáticas no afirman lo que el fútbol ya conoce.

Alejandro Sabella mostró, una vez más, su capacidad como estratega en esta nueva tanda de compromisos por Eliminatorias. Contemplando las especiales condiciones de La Paz y atento a la próxima escala, hizo ocho cambios respecto del equipo que había derrotado a Venezuela en el Monumental. Mantuvo a Sergio Romero, dueño del arco; Javier Mascherano, jugador sin par en su función, y Messi, el genio total. Sobre Gonzalo Higuín pesaba una suspensión y Ángel Di María (el mejor ante Bolivia, junto con Mascherano) volvió tras cumplir la suya. También elaboró otro esquema, pero sin relegar el alto poder de fuego que es la característica distintiva de su seleccionado.

Un viejo mandamiento del fútbol reza que lo equipos se arman desde atrás hacia adelante. Cierto es que las aspiraciones consagratorias quedan hipotecadas con una defensa endeble, pero el fútbol desconoce verdades absolutas. Sabella arma su equipo en torno al mejor jugador del mundo. Piensa, en cada circunstancia, quiénes son los mejores socios y cuál es el camino ideal para capitalizar de la mejor manera el genio de un futbolista colosal.

La Selección todavía debe afianzar aspectos colectivos, pero es un equipo reconocible, que marcha con un plan, que persigue una idea. Tiene un conductor idóneo afuera y un líder formidable adentro. Las propias virtudes, las del rival de turno, el trabajo y los imponderables harán lo suyo. Argentina crece en su juego y su ambición mundialista.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

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martes, 19 de febrero de 2013

Dos equipos colosales al costo de sacrificar la Liga

Barcelona es el mejor equipo del mundo; más que eso, seguramente sea el más perfecto de la historia del fútbol. Real Madrid integra, también, el selecto póker de los mejores conjuntos de la actualidad. En la pasada gala de la FIFA, en la cual Lionel Messi recibió su cuarto Balón de Oro consecutivo, la alineación ideal la integraron diez jugadores de estos dos clubes, completándose el equipo con el colombiano Radamel Falcao García, del Atlético de Madrid.

En buena medida, el superdesarrollo de culés y merengues se dio a costa de ralear la Liga Profesional de Fútbol, la competencia doméstica española, cuya competitividad quedó herida de muerte. En los últimos 12 años, solamente Valencia logró filtrase dos veces (2001-2002 y 2003-2004) entre los títulos pintados de blanco o blaugrana. La rareza de esta temporada es que el elenco dirigido por José Mourinho marcha tercero, siendo el Atleti de Diego Simeone como cuña entre los dos colosos.

Barcelona y Real Madrid se configuraron como potencias planetarias desde distintas vertientes. Los catalanes lo hicieron, principalmente, a partir de un proyecto de identidad integral con base en la Masía, en tanto que los madrileños apostaron a fuertes movimientos en los mercados de pases. Ambos recorridos fueron posibles por una la concentración económica en su beneficio.

Según un reciente informe del diario vasco Deia, Real Madrid y Barcelona reciben casi la mitad de la torta televisiva, con el 25,2 y el 24,1 por ciento, respectivamente, mientras que quien sigue en la lista es el Valencia con el 6, 5. En Inglaterra, el mayor ingreso por los derechos de televisación lo tiene el Manchester United, pero con el 13, 1 por ciento del total.

Las firmas patrocinantes también corrieron detrás de ellos y el resto de los equipos, incluidos históricos animadores de la primera división española, quedaron relegados económica y deportivamente. Los factores que hicieron que dos crecieran a costa del empequeñecimiento del resto y el marketing globalizado generaron hinchas del Barcelona y el real Madrid en distintas regiones del plurinacional Reino de España; algo impesado en un pasado reciente.

El monopolio que constituyen Barcelona y Real Madrid le sirvió a España para consagrarse campeón del mundo por primera vez en su historia, en Sudáfrica 2010. Sin embargo, en el feroz crecimiento de sus dos tanques, la liga española parece encaminada a implosionar por la desigualdad económica, la competitividad atrofiada y la crisis económica ibérica de la cual el fútbol aún no parece haberse dado por enterado.
 (Foto: Eurosybalones.blogspot.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com