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martes, 23 de febrero de 2016

El mejor, con los mejores

Barcelona es el mejor equipo del mundo. Hay quienes lo colocan en lo más alto de la historia del fútbol. Para otros ese lugar le corresponde a la versión de Pep Guardiola. Se anotan en la compulsa el Real Madrid de Di Stéfano, el Santos de Pelé, el Ajax de Cruyff o el Milan de Arrigo Sachi y los holandeses. Los debates a la hora de comparar conjuntos de distintas épocas no tienen comienzo ni final. Pero que el equipo de Luis Enrique es, hoy y desde hace rato, el mejor del globo se presenta como una verdad absoluta.

Lo mejor se construye con los mejores, y Barcelona tiene a futbolísticas únicos, insuperables cada uno en su rol. El funcionamiento colectivo es la matriz de sostén, pero lo que diferencia al equipo catalán del resto son sus individualidades. Sistema y nombres se retroalimentan el un círculo virtuoso.

Tiene al mejor centrodelantero del mundo, Luis Suárez. Goleador voraz, cada uno de los ochenta millones de euros que el club catalán pagó por el uruguayo configura una fabulosa inversión. Implacable frente al arco rival a partir de un repertorio pleno de recursos, es también un jugador de maniobra, que teje con suma prolijidad en el aceitadísimo juego de pases blaugrana. En cada contragolpe o ataque vertical elige la posición correcta para recepcionar la pelota o toma la mejor decisión si la lleva.

Tiene al mejor español del mundo, Andrés Iniesta. El artífice del fútbol cerebral, el hombre que parece tener el campo de juego parcelado en una cuadrícula para hacer correr la pelota como un geómetra. Lector superdotado del juego, nada se escapa a su visión periférica. Sereno ante el apremio y frío en los momentos calientes, su sensible dominio de la pelota aporta claridad en cada intervención.

Tiene al mejor mediocentro del mundo, Sergio Busquets. Conoce cada faceta del juego e interpreta de la mejor manera los distintos momentos de un partido. Sabe cuándo retroceder, cuándo avanzar, de qué manera presionar y cómo distender. Esclusa entre el ataque y al defensa, es dueño de un sector neurálgico y lo maneja con maestría.

Tiene al mejor brasileño del mundo, Neymar. El futbolista formado en Santos es un malabarista sumamente efectivo. Cada uno de sus lujos con la pelota tiene sentido para el juego. El virtuosismo con el que deslumbra está puesto en función de un ataque de conjunto. Indescifrable en la gambeta, a poco de cumplir 24 años su techo lo pondrá él mismo.

Tiene al mejor central del mundo, Piqué. Tiempista de excepción, no hay zaguero que lo supere en el juego de adelanto que exige el Barcelona. Defiende más cerca de la mitad de la cancha que de su área, en un sector muy amplio del terreno que cubre con inteligencia, destreza y decisión. Garantía de prolijidad en el primer pase y fuerte en el juego aéreo, es un bastión en la defensa del mejor ataque.

Y tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. El genio supremo, el hacedor de lo imposible. Si la pelota está en su dominio, no hay límites. Goles y más goles, cada uno mejor que el otro. Regates y zigzagueos que nadie puede detener. Messi solo compite contra él mismo; está en otra dimensión. La inigualable década del Barcelona se inició con su llegada al primer equipo y se mantiene hasta hoy. Pura causalidad.
(Foto: EFE/Alejandro García)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de septiembre de 2012

El Camp Nou se prepara para recibir al cuarto elemento

Barcelona tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Tal vez sea el mejor de la historia, debate abierto que aún no encuentra sentencia definitiva. De lo que sin dudas puede jactarse el conjunto catalán es de contar con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen el rosarino, Iniesta y Xavi.

El póker de ases se concretará con la llegada de Neymar a Catalunya. Luis Alvaro de Oliveira, presidente del Santos, club propietario del pase del paulista de 20 años, reconoció que la máxima figura del fútbol brasileño seguirá su carrera en el Barça a partir de un acuerdo que desde hace tiempo existe entre ambas instituciones. Su arribo no tiene fecha fijada, podría ser al inicio de la próxima temporada o tras el  Mundial de 2014.

Messi y Neymar son los dos futbolistas más habilidosos y electrizantes del planeta, pero la supremacía del argentino como el mejor de todos no resiste discusión. La Pulga es un jugador integral y maduro, con una visión del juego que lo hace tomar siempre la decisión apropiada cuando no parece haber tiempo ni espacio para hacerlo. El crack brasileño nada tiene que envidiarle en lo que refiere a la maestría del engaño para que la pelota sea ajena a los rivales, pero es eminentemente individualista.

El elenco blaugrana sigue con su fútbol total; no perdió brillo, ocurre que hizo corriente lo extraordinario. Sin Josep Guardiola en la dirección técnica el equipo mantiene su fisonomía. Aunque no es el mismo; lógico al perder a un entrenador de tal estirpe. El equipo mantiene sus rasgos distintivos porque el trabajo de Pep fue el presente de ayer y el legado de hoy.

La estructura sin igual de la filosofía deportiva del Barcelona es el sitio en el cual deberá insertarse Neymar. Y no debería tener problemas en hacerlo. Junto al Mediterráneo terminará de erigirse en figura mundial si asimila los conceptos de una escuela futbolístoca que marcará una época. El Camp Nou espera al cuarto elemento.
(Foto: Afootballreport.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 29 de mayo de 2012

El último concierto

El Vicente Calderón, como escenario, y el Athletic de Bilbao, reducido a un mero partener, fueron testigos de la última función de la sinfónica futbolística dirigida por Joshep Guardiola. La final de la Copa de Rey se trató de un asunto de apenas 24 minutos; ese fue el tiempo que el Barcelona necesitó para ponerse 3-0 y mutilar las ilusiones del conjunto vasco dirigido por Marcelo Bielsa. Una vez más, el elenco blaugrana liquidó a su oponente con una deliciosa combinación de toques, rotación, verticalidad, presión y goles.

Nunca el juego ha sido tan bello y eficaz como el que produjo el Barça en las cuatro temporadas bajo la dirección técnica de Guardiola, quien sólo había tenido una experiencia como entrenador, en el filial del club. Técnica y táctica, talento y músculo, libertades y orden, control y verticalidad, rotación y presión, desprendimientos y relevos, toque y marca. Conjugó conceptos en lugar de oponerlos. Con esa amplitud forjó el mejor equipo de la historia.

Lanzarse a la dirección técnica no fue una aventura para Guardiola, fue un proceso meditado, de estudio y preparación. Se reunió con distintos técnicos, entre ellos, los argentinos Bielsa, César Luis Menotti y Ricardo La Volpe. La escuela barcelonista con su impronta holandesa y, en el mismo sentido, haber estado bajo las órdenes de Johan Cruyff fueron los elementos esenciales del bagaje de Guardiola.

Contó con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen Lionel Messi, Xavi y Andrés Iniesta. No le faltaron otros cracks y jugadores por encima de la media, pero jamás descansó en el talento individual. Multiplicó el trabajo y elevó el nivel de exigencia de lso mejores. Voraz, nunca dejó de ir más. Continuamente propuso variantes para esquivar la previsibilidad; probó con defensas de tres y cuatro hombres, con un centrodelantero de talla y sin referencia de punta. La nutrida distribución de mediocampistas con alta capacidad técnica y la obsesión por la tenencia de la pelota fueron los cimientos inamovibles.

Es coherente y valiosa la determinación del Barcelona de elevar a Tito Vilanova de ayudante de campo a técnico principal. Sin embargo, la continuidad será sólo parcial; considerar que no se trata de un ciclo terminado sería subestimar a Pep Guardiola, ese enorme técnico que el fútbol ya extraña.
(Foto: Marca.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 20 de diciembre de 2011

El equipo de todos

Barcelona terminó de construir el techo del fútbol. Tal vez en años venideros algún otro equipo logre elevarlo; hoy parece improbable. El conjunto catalán se presenta como el resultado final, el producto mejor acabado, de un proceso de un siglo y medio de rodar de la pelota. Tiempos de inmediatez comunicacional, no se tratará de un conjunto mitológico: hay registro de cada uno de sus conciertos. El pasado agiganta, la contemporaneidad invita a no establecer juicios definitivos. Pero el Barça hace a un lado ese prurito. Asistimos a las funciones del mejor equipo de todos los tiempos.

Pero este conjunto imaginado y concretado por Joshep Guardiola no es una isla sino el epicentro de un vastísimo continente. Se fijó en todas las escuelas e ideologías futbolísticas para tamizar ese bagaje y nutrirse sólo de lo mejor de cada una. Entonces el resultado es toque al ras de piso, acumulación de pases, rotación de posiciones, vistosos recursos técnicos y máxima jerarquía individual. Y es, al mismo tiempo, presión constante sobre el rival, orden en cada faceta, férrea marca y solidísima conciencia colectiva.

¿Es sencillo el fútbol? No, es extremadamente complejo, por eso el Barcelona es excepcional. Algunos ganan y otros pocos quedan en la historia por algo más que la gloria de un título. El elenco blaugrana redobló la apuesta con una catarata de títulos y un juego sin igual.

Ha logrado reducir a su mínima expresión a los modestos de la liga española y a los más poderosos de Europa. También humilló al Santos campeón de América. Ante el elenco brasileño, en la final del Mundial de Clubes, en Japón, fue súmmum. Lo hecho especialmente en el primer tercio del encuentro empequeñece, banaliza, cualquier adjetivación.

Ahí está, para disfrute de todos, el Barcelona de Guardiola, en el que como nadie brilla Lionel Messi, el mejor del mundo; el de los sabios Xavi y Andrés Iniesta, el del equilibrista Busquets, el de las proyecciones de Dani Alves, el del aplomo de Piqué y el liderazgo de Carles Puyol. El mejor equipo de la historia.
(Foto: La-razon.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 11 de enero de 2011

Simplemente, el mejor de todos

El reconocimiento a Lionel Messi como el mejor jugador de 2010 con la entrega del Balón de Oro, premio otorgado conjuntamente por la revista France Football y la FIFA, provocó un vendaval en la prensa deportiva española. Caracterizada por la desmesura, cualidad que incrementó con la conquista de su seleccionado en el Mundial disputado en Sudáfrica, entendió como un despojo casi oprobioso la elección del rosarino, por sobre Andrés Iniesta, el adelantado de la visión periférica, y Xavi Hernández, un sabio del fútbol.

La ceremonia realizada en Zúrich, Suiza, fue seguida con celo por los medios españoles, que la trasmitieron en directo por televisión, radio y portales web. En el momento en que Josep Guardiola, técnico del Barcelona, anunció que el ganador, de entre sus tres dirigidos, era el número 10, la desazón mediática ibérica fue inmediata, y posteriormente temeraria. Así, al día siguiente, el diario Marca tituló “Balón de Oro injusto”, en un desatino difícil de presentar. La reacción generalizada fue como si el reconocimiento hubiese caído en manos de un futbolista gris y no en quien es, a todas luces, el más brillante de todos los que juegan este deporte. El desaire del periodismo español se debió también a una sobreestimación de un premio más; prestigioso por su tradición, pero uno más al fin.

España toda sentía que el título del mundo era el pasaporte para que uno de sus futbolistas vuelva a ser distinguido por la revista gala luego de medio siglo, tras la elección de Luis Suárez en 1960. Ni siquiera importaba si el ganador era Iniesta o Xavi; daba lo mismo cual de los dos cracks alzase el trofeo. Incluso la cruzada pareció propiciar una amnistía en la disputa eterna entre cronistas madrileños y catalanes, enfrentados con la misma ceguera con la que en nuestro país se conducen menottistas y bilardistas extremos.

El Mundial es el clímax, la cita de honor del fútbol; pero no establece juicios definitivos, no deja de ser una verdad relativa. Sin hacer un gran papel en Sudáfrica, seguramente inferior al de Iniesta y Xavi, Messi fue, de todos modos, uno de los mejores de la competencia, y no convirtió cuatro o cinco goles por un zigzag del destino. No tuvo su mejor versión, la superdotada, en ese mes como sí en el resto del calendario.

Iniesta y Xavi habían reconocido, sin asomo de complejos, antes y después de la premiación, que Messi es el mayor talento del mundo, el más estético, efectivo y deslumbrante jugador del planeta, autor en el año que pasó de 60 goles en 65 partidos, la mayoría de ellos magníficos. “El mejor es Leo, no hay color”, sentenciaron al unísono en una nota publicada por el diario El País. También Guardiola, el hacedor de este Barcelona considerado ya por muchos el mejor equipo de clubes de todos los tiempos, lo ubicó en la cima del Planeta Fútbol.

Lionel Messi es el mejor futbolista del mundo. Lo ratificó el pasado año y por eso el premio de France Football y la FIFA. Su juego está muy por delante de un aceitado marketing propio de estos tiempos. Es quien se ha elevado por sobre el resto en las últimas temporadas y no se vislumbra quién pueda robarle el cetro y la corona a este genio de 23 años, que está llamado marcar una época. Ganó en Balón de Oro en 2009 y 2010, y seguramente merecerá retenerlo en los próximos años.
(Foto: Draudesc.wordpress.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de noviembre de 2010

Disfrutar no sólo del Barcelona

Joshep Guardiola ha forjado un equipo que, definitivamente, quedará en la historia. Este Barcelona nacido desde las entrañas de la Masía combiana eficacia y virtuosismo a la perfección. Es un conjunto de una identidad colectiva fabulosa, con enorme despliegue, continua rotación, presión permanente, voraz vocación ofensiva y una tremenda circulación de pelota sin caer en la ociosidad de la tenencia inocua. A partir de la capacidad técnica individual de cada uno de sus componentes, el Barça socializa la pelota: no es patrimonio exclusivo de ninguno de sus futbolistas, es propiedad de todos por igual. Por cierto que en Xavi, Iniesta y Messi -el mejor del mundo- tiene el eje de ese preciso engranaje. Los tres aparecen continuamente en distintos sectores del campo para quitarle las referencias al adversario y se combinan con precisión y velocidad de modo tal de perforar los cerrojos que pretenden detenerlos.

En el derby ante Real Madrid, el conjunto culé tuvo un desempeño perfecto y brindó una exhibición que será recordada por mucho tiempo. El choque se presentaba como un duelo de estilos, el que vendrían a encarnar Guardiola y José Mourinho. La pretensión de confrontar el talento contra el músculo. Era el partido ideal para los fundamentalistas. Fue un aleccionador 5-0 de los catalanes, con un fútbol integral para reducir a su rival -uno de los más grandes del mundo- a un mero partener de ocasión. Entonces, el merecido elogio al excelso juego blaugrana se trasladó luego, en muchos casos, a denostar al técnico merengue. Lo mismo, en sentido contrario, había ocurrido en el primer semestre del año cuando el Inter que conducía portugués eliminó al Barcelona en una de las semifinales de la Champions League. La irracionalidad de uno y otro lado.

Son los exégetas los que en su fanatismo desvirtúan las reales características de un equipo. Así, del Barcelona omitirán la presión, el verticalismo, la sólida estructura colectiva y su férrea defensa. Del otro lado, relegarán en el discurso el cuidado de la pelota, la libertad otorgada a los jugadores más hábiles y las concesiones en defensa.

Mourinho es uno de los mejores entrenadores del mundo pese al tremendo revés que le dio el Barcelona (nunca había perdido por más de tres goles de diferencia), así como los de la Ciudad Condal estaban ya instalados en la antología futbolística pese al modo en que lo eliminó el Inter.

Disfrutar del Barcelona no tiene porqué excluir el elogio a otras propuestas destacables. El fútbol es complejo, tiene muchas aristas. Un gusto determinado no debe ser inhibidor de otro. No se trata de enfrentar a Guardiola y Mourinho -o lo que representan, si se prefiere no ponerlo en nombres propios- sino de superponer, de resaltar lo mejor de cada estilo.
(Foto: News.cn)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 13 de julio de 2010

El mejor del mundo fue el mejor del Mundial

España llegó a Sudáfrica con el favoritismo ganado a partir de sus actuaciones en los últimos tres años, pero con una débil historia mundialista. Su mejor registro se remontaba 60 años atrás, con el cuarto puesto en Brasil 1950. Pero ni el peso de la candidatura, ni los pobres antecedentes en la máxima cita, ni tampoco el comienzo con derrota ante Suiza (se convirtió en primer campeón que cayó en el debut) hicieron mella en el conjunto de Vicente del Bosque, que ratificó con el trofeo más deseado su condición de mejor Selección del mundo.

España y Holanda fueron los mejores de Sudáfrica 2010 y llegaron a la final merecidamente, lo que garantizaba un campeón incuestionable desde los méritos. Pero el partido decisivo resultó, como ocurre tantas veces, definitivamente olvidable. Ninguno de los dos entregó siquiera una muestra de los argumentos que los habían llevado a estar ese domingo en el Soccer City de Johannesburgo. De los ibéricos se recordará el agónico gol de Iniesta, a los 116 minutos de juego, y de los Tulipanes su juego violento.

No fue un campeón brillante. Se distanció de auqel andar que cuando conquistó la Euro 2008, el punto más alto de una generación como la que nunca tuvo el fútbol español. Fue en la historia de la competencia el consagrado con menor cantidad de goles a favor: apenas 8 en siete partidos. Ganó todos sus encuentros eliminatorios 1 a 0, convirtiéndose en la primer equipo en cerrar su arco tras la primera fase y hasta alzar la copa. Fue El campeón más rentable, como tituló Diego Torres Romano su gran nota en el diario El País.

Su mejor actuación fue en la semifinal ante Alemania, en la cual ganó con mucha mayor claridad que la que reflejó el 1 a 0 final conseguido con un gran cabezado de Carles Puyol tras un corner. Le cerró todos los caminos y no abusó del intrascendente toque lateral que muchas veces lo hizo un equipo laxo. Manejó a voluntad a uno de los mejores equipos del Mundial y a un grande histórico, que disputó siete finales y en seis de los últimos ocho mundiales se ubicó entre los cuatro mejores.

Tuvo en Casillas, su capitán, un arquero que respondió a lo grande cuando más se lo necesitó. Los catalanes Puyol y Piqué constituyeron un aceitadísima zaga central, mientras que Ramos se mostró como un lateral com ADN brasileño y Capdevila hizo lo suyo del otro lado. Otra sociedad blaugrana, fue el motor del equipo: se trató de la que constituyeron Busquets, Iniesta y Xavi. Un vasco, Xabi Alonso, fue el equilibrista de ese mediocampo. Adelante, la frescura de Pedro -otro más del Barcelona- y la potencia goleadora de Villa completaron un equipo bien definido. Con esa base, apoyada en el Barcelona de Joseph Guardiola, España se convitió en el octavo campeón del mundo, junto con Brasil, Italia, Alemania, Argentina, Uruguay, Inglaterra y Francia.

La consagración de España es la coronación de un proyecto sostenido en el tiempo. Claro que no fue la única que lo tuvo, pero sólo había lugar en lo más alto para uno. Es justo que haya sido La Roja. El triunfo implicó, además, el punto más alto del impresionante crecimiento del deporte español, que inició una política al respecto cuando más de 20 años atrás el Comité Olímpico Internacional le dio a Barcelona la sede de los JJOO de 1992.

Mientras tanto, el fútbol argentino sigue empantanado en una discusión sobre estilos ficticia y anacrónica. Cuatro años atrás, con el título de Italia en Alemania 2006, de un lado se golpeaban el pecho señalando que ésa era la verdad del fútbol. Ahora, del otro, proponen a esta España como un equipo que le puso manija a la pelota. Exageraciones, abundantes. Superar esa falsa antinomia, entender que no es esa Italia o esta España, sino Italia 2006 más España 2010, que no es el Barcelona de Guardiola o el Inter de Mourinho, sino Pep más Mou ampliará el horizonte miope. El fútbol es superación y no contraposición; todos los sistemas y todas las ideas tienen virtudes y defectos, se trata, a fin de cuentas, de nutriste de lo bueno y prescindir de lo otro.
(Foto: Efe.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 28 de mayo de 2009

Con Messi, el Barça de Guardiola en lo más alto

Desde un juego preciosista y una cosecha integral de los títulos en disputa, el Barcelona ratificó con la obtención de la Champions League que es el mejor equipo del mundo. Tras haberse adjudicado la Liga y alzado la Copa del Rey en las últimas semanas, el conjunto blaugrana derrotó 2 a 0 al Manchester United en el estadio Olímpico de Roma para quedarse con el torneo de clubes más importante del mundo y así lograr la Triple Corona, algo inédito en la historia del fútbol español.

En la final romana el conjunto inglés tuvo un arranque electrizante y cuando se habían disputado poco más de 5 minutos de juego Cristiano Ronaldo ya había bombardeado en tres ocasiones el arco defendido por Víctor Valdés. Pero cuando el panorama pintaba complicado para el Barça, en su primer ataque, antes de los 10 minutos, Samuel Eto´o abrió el marcador. El gol del camerunés fue un mazazo que aturdió a los Diablos Rojos y entonces los catalanes comenzaron con ese manejo casi monopólico de la pelota que es marca registrada de este equipo. Está claro que no se trató de una de sus mejores producciones de esta temporada, pero la victoria, que quedó sellada a falta de más de 20 minutos para el final con el gol de cabeza de Lionel Messi, fue a todas luces inobjetable.

El ideólogo y hacedor de este equipo que entró en la historia fue Josep Guardiola. Antes del inicio de la temporada, Barcelona lo fue a buscar para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo en el cual brilló como jugador y se consolidó como ídolo absoluto de la afición barcelonista. Pese a su corta brecha generacional con varios jugadores y su falta de experiencia como entrenador, Pep, admirador de Marcelo Bielsa y Ricardo La Volpe, llegó con voz de mando y pulso firme para materializar su idea futbolística. El carácter y el criterio que tuvo como jugador lo reformuló para su nuevo rol de técnico. En alguna oportunidad declaró que si el fabuloso Andrés Iniesta –apodado “Cerebro” en un equipo donde sobran las inteligencias dentro del campo de juego- es el jugador que es se debe, en parte, a que “no está media hora frente al espejo antes de salir a la cancha”. Esta anécdota pinta el perfil de un entrenador que pregona contra la farandulización de los futbolistas para que se aboquen exclusivamente al juego. Así, a los 38 años y en su primera temporada como entrenador, logró Copa, Liga y Champions, como cantaron los casi 30 mil seguidores que llegaron hasta Roma.

Además, este inédito éxito conseguido por un grupo que quedará para siempre en la historia del Barcelona cuenta con el orgulloso sello nacionalista catalán, ya que Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Xabi, Iniesta, Messi y Guardiola fueron todos, en mayor o menor medida, formados en la cantera del club.

El reconocimiento del Barcelona como el mejor equipo del mundo es, a la vez, la consagración de Messi, con sólo 21 años, como el futbolista más destacado del planeta, consideración a la que sólo dos argentinos habían llegado antes: Alfredo Di Stéfano y Diego Armando Maradona. Muy difícil será que La Pulga llegue a la altura de estos dos mitos de la historia del fútbol mundial, pero por lo pronto ha logrado lo mismo que ellos al coronarse rey del Planeta Fútbol.

En este último año el rosarino mostró un crecimiento en su conceptualización del juego, y en eso mucho tiene que ver Guardiola. A diferencia de los que sucedía con Frank Rijkaard, anterior DT de culé, ya no está atado al ala derecha del ataque; si bien ese sigue siendo su sector preferido para arrancar y enganchar en diagonal hacia el arco rival, Messi es ahora un delantero flotante, tal como lo demostró en la final europea. Ya sea por derecha para ir hacia el centro con su gambeta letal en el mano a mano, por izquierda para desbordar con velocidad electrizante, retrazándose para armar juego con ese magnífico tandem que componen Iniesta y Xabi, colocándose de enlace para abastecer a Samuel Eto´o y Thierry Henry o de centrodelantero, tal como ocurrió en su gol al Manchester, el número 10 abre un abanico de opciones que lo hacen el mejor de todos. Precisamente su poder de fuego en esta temporada ha sido impresionante: fue el goleador de su equipo con 38 tantos, 9 de los cuales los anotó en 12 partidos en la Champions para convertirse en el primer argentino en ser top scorer de esa competición.

Pese a contar con el inigualable talento de Messi, el despliegue de Xabi (sin dudas en el podio de los mejores mediocampistas del mundo), la inteligencia de Iniesta, la elegancia de Henry y el gol de Eto´o, Guardiola no descansó en esas individualidades y trabajó para componer una sólida identidad colectiva. Nació así un equipo con presión, un manejo de la pelota como ningún otro, vertical, ofensivo y con una identidad definida de la cual no se alejó en circunstancia alguna y que le permitió componer la prestación más esplendorosa con una efectividad de logros absoluta para ser leyenda.
(Fotos: Cronodeporte.com y Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com