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martes, 19 de enero de 2016

El fútbol no sólo se alimenta de fútbol

Como deporte y fenómeno cultural, el fútbol atraviesa cualquier frontera y allana la escala social. En cambio, como ámbito laboral muta en un reducto de casta que resiste a los outsiders. Incluso prefiere evitar a los especialistas que se desarrollaron en otra disciplina, como a un médico deportólogo que venga del rugby o un kinesiólogo proveniente del voleibol. Todos aquellos que no son del palo deben destrabar varios cerrojos para ingresar a un mundo abierto hacia afuera y cerrado hacia adentro.

Distintos casos demuestran que el prejuicio suele ser infundado. En Primera División, Ariel Holan desarrolló un gran trabajo en el Defensa y Justicia. La mayor parte de su carrera como entrenador fue en el hockey y empezó a trabajar en el fútbol después de los 40 años para comenzar como analista de video (mientras era técnico de hockey) y en el ámbito formativo. En el mundo, hay otro muy buenos ejemplos. 

En el Mundial de Brasil, Louis van Gaal contó en el cuerpo técnico de Holanda con dos ex jugadores de hockey, Hans Jorritsma (también había sido parte de la delegación naranja en Sudáfrica 2010) y Max Reckers, quien lo acompañó luego al Manchester United. En Alemania, Bernhard Peters también pasó de una exitosa carrera en el hockey al fútbol. Trabajó junto a Jürgen Klinsmann y Joachim Löw y es considerado clave en el proceso que recorrió el juego de Alemania en los últimos años. Hoy se desempeña como director deportivo del Hamburgo, cargo que también desarrolló en otros clubes de la Bundesliga.

El principal ayudante de Josep Guardiola en el Bayern Múnich es Manel Estiarte, el mejor waterpolista español de la historia. Antes de lanzarse como entrenador y también cuando ya estaba al frente del Barcelona, Pep se reunió en distintas ocasiones con Julio Velasco, actual entrenador del seleccionado argentino de voleibol, para conocer su opinión sobre diversos temas. Consagrado en Italia, Velasco fue director deportivo de Lazio e Inter y la injerencia de su cargo también se extendía al fútbol. Incluso estuvo cerca de ser técnico del Milan.

A comienzos de la década del 80, convivían en Ferro Carlos Timoteo Griguol y León Najnudel. Quien estaba al frente del primer equipo de fútbol convocó al entrenador del equipo de básquetbol para que Gerónimo Saccardi, Juan Domingo Rocchia, Héctor Cúper, Adolfino Cañete y Alberto Márcico aprendiesen a cortinar y desmarcarse en los córners.

El fútbol profesional es un terreno específico, pero no por eso debería poner trabas a quienes desde otros deportes se acercan para hacer novedosos aportes. Porque, además, en ningún caso se trata de improvisados, sino de profesionales que han sabido desarrollarse en otro ámbito. El fútbol también puede enriquecerse desde otras vertientes.
(Foto: TycSports.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de julio de 2013

A la cima por mérito propio


Gerardo Martino y Lionel Messi surgieron como futbolistas de Newell´s. Son, además, hinchas del club. Para ambos, Rosario es su lugar en el mundo. La conexión es directa y la empatía se advierte a la distancia. La Pulga es el mejor jugador del mundo y no es impropio que la dirigencia de Barcelona le haya consultado su parecer ante la necesidad de contratar a un nuevo entrenador tras la forzada salida de Tito Vilanova. El visto bueno tampoco puede sorprender.

Sin embargo, explicar la llegada del Tata al banco culé a partir de su vínculo con Messi es un análisis superficial. Conlleva la injusticia de soslayar su capacidad. También implica relativizar el proceso de toma de decisiones en la institución que ostenta al mejor equipo de la historia y es bandera de una comunidad. La opinión de Messi ha de tener su peso específico en Barcelona, sin dudas; pero sin llegar a ser un dictado.

Martino llega al mejor equipo del mundo por mérito propio. Al frente de la selección paraguaya construyó un equipo de fuerte estructura colectiva que potenció individualidades; fue un elenco que sin complejos le peleó de igual a igual a los colosos sudamericanos. Posteriormente lideró una revolución en Newell´s para llevarlo de la última posición en la tabla de los promedios a ser campeón argentino y semifinalista de la Copa Libertadores. Los libretos de ambos procesos fueron distintos.

Pueden tenderse hilos conductores entre Barcelona y el Newell´s de Martino. La rotación permanente para quitarle referencias al rival sin perder el orden, dos laterales de permanente proyección con un mediocampista central cerca de los zagueros y un ataque frondoso son factores comunes. Además, con varios jugadores formados en sus divisiones inferiores, en el conjunto rojinegro se apoyó en un marcado sentido de pertenencia, algo que también es un valor agregado del Barça.

Entre los desafío de Martino uno de los principales será configurar la sociedad entre Messi y Neymar, tema central de la prensa catalana en las pasadas semanas. En tanto, deberá adaptarse al fútbol europeo, al movimiento de uno de los clubes más grandes del planeta, a la idiosincrasia catalana y lidiar con las críticas que pueda sufrir a partir de la interna política de la institución. Todo eso, sosteniendo la vara en lo más alto.

Martino es casi una incógnita para la grada barcelonista. Y es lógico; los partidos de Newell´s no son un programa a seguir en la Ciudad Condal. La referencia fija se remite a lo mucho que costó la victoria española ante Paraguay en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Su paso como futbolista por la Liga fue fugaz, apenas una temporada en el Tenerife a comienzos de los 90.

Otra referencia reitera por la presa española fue su similitud con Marcelo Bielsa. Es posible reconocer líneas similares entre sus equipos, pero lo cierto es que las similitudes se posan más en el modo de hablar y el lenguaje corporal que en el patrón de juego. Martino reconoce en Bielsa a uno de los técnicos que más lo influyó, a la par de José Yudica y Jorge Solari. En comparación con el Loco ha mostrado mayor pragmatismo al acomodarse de distintas formas de a cuerdo a las circunstancias a lo largo de su carrera. El desconocimiento genera las dudas que desde su probada capacidad procurará disipar.

Su llegada puede aportarle al Barcelona un nuevo aire que parece necesario, pero en continuidad con la línea que comenzó a trazar Josep Guardiola, y precisión para contrataciones puntuales. El desafío será enorme. Lo asume por mérito propio.
(Foto: Talam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de enero de 2013

Messi empieza a competir contra él mismo

En 2012 Lionel Messi se dedicó a pulverizar registros y sus 91 goles lo convirtieron en el máximo anotador en la historia del Barcelona y el futbolista en marcar más tantos en un año. Sin que hiciese falta, se ratificó como el mejor jugador del planeta, hecho inobjetable; superó esa instancia para instalarse en un plano superior: llegar a ser considerado el mejor de todos los tiempos.

Enero seguramente arranque de la mejor manera para el rosarino, con su cuarto Balón de Oro, hecho que no registra antecedentes. Como luedo de las temporadas 2009, 2010 y 2011, la Pulga se prepara para volver a hacerse con el premio con el que la FIFA y la revista France Football reconocen al mejor del año con los votos de técnicos y capitanes de los seleccionados y un grupo de periodistas de distintos países.

Con la maestría de conjugar desde la más bella estética precisión, velocidad, definición y astucia, Messi levanta un rascacielos que resulta inmejorable pero sigue alzándose. Con una competitividad tremenda, empuja su techo cada vez más arriba. Cuando parece que ya nada puede ser mejor, corporiza una genialidad, y otra, y otra más. Es la sublimación del fútbol.

Indescifrable desde un talento inagotable, con cataratas de goles para quebrar cifras que parecían para siempre, hace que resulte ridículo considerar que jugadores de la talla de Iniesta, Xavi y Cristiano Ronaldo son mejores que él.

Es el mejor de todos en el mejor equipo de la historia, el Barcelona que se originó en la Masía, moldeó a la perfección Josep Guardiola y hoy continúa Tito Vilanova. Además, elevó de un modo absolutamente determinante el nivel de la Selección después de que durante un buen tiempo el equipo argentino, desacompasado, limitase sus posibilidades.

Arranca un nuevo año y así se inicia la competencia de Messi contra el único capaz darle alcance: él mismo en su versión 2013.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 16 de octubre de 2012

El mejor de todos

Si Lionel Messi es lo que es, el mejor jugador del mundo y acaso el más destacado de la historia, se debe a méritos propios. Lo forjaron su talento, su espíritu competitivo y su coraje, ese que de adolescente lo hacía encerrarse en una habitación para clavarse las agujas de las jeringas que eran parte del tratamiento por un déficit de crecimiento. Pero también dio en el momento preciso con las personas indicadas para capitalizar su rango de futbolista de época. Bajo la tutela de Josep Guardiola se erigió en la máxima figura del equipo perfecto, el Barcelona, y con Alejandro Sabella como técnico de la Selección mostró su mejor versión vestido de celeste y blanco.

Las señales eran evidentes y Sabella, convencido de estar ante un irrepetible, las puso en concreto: a la camiseta número 10 le adosó el brazalete de capitán para ungir con el mayor simbolismo al futbolista alrededor del cual orbitaría su equipo. Una historia muy similar a la que en 1983 protagonizaron Carlos Salvador Bilardo y Diego Armando Maradona.

Ante Uruguay, en Mendoza, el rosarino jugó un partido inmaculado. Asediado por la marcación celeste, no perdió nunca la pelota y todos sus pases tuvieron por destinatario a un compañero. Mantuvo la paciencia y la vertical ante cada oriental que lo hostigó. Porque Uruguay es un destacado seleccionado, pero sin dominio de las acciones puede volver un equipo violento.

Apareció como un rayo ante un anonadado Fernando Muslera para abrir el marcador, cuando tras descargar en Ángel Di María fue a buscar con plena decisión el centro del zurdo del Real Madrid. Y sentenció el encuentro con un tiro libre por debajo del salto de la barrera que fue producto de su genio y del interés por mejorar, ya que mencionó que había visto, pocos días antes, goles del mismo modo de Ronaldinho y Pirlo. En medio, le dio un pase extraordinario a Di María, sin necesidad de acomodar el cuerpo y picando la pelota entre dos rivales, para el gol de Sergio Agüero. Los elogios no brotaron por tamaña muestra de jerarquía, no porque se le retaceen, si hasta los agota, sino porque ha naturalizado lo extraordinario. Su repertorio contempla las muy buenas jugadas, las excepcionales y las imposibles.

En Santiago frente a Chile enderezó un partido de inicio sinuoso para Argentina. Lo hizo con un golazo que incluyó una pisada memorable y una definición inapelable. Siempre fue la principal preocupación para la defensa trasandina y no por eso dejó de encontrar huecos en los cuales filtrase con habilidad y rapidez.

Desde aquel partido en Barranquilla, a finales del año pasado, la Pulga comenzó a ejercer un liderazgo integral; el futbolístico lo tenía hace rato, y a eso le adosó un carácter que si bien no dejará de ser reservado, tiene la fuerza suficiente para colocar a todos detrás de él.

Debutó como profesional hace ocho años y en menos de la mitad ya se mostraba como un futbolistas para todos los tiempos. Messi no estaba en deuda con la Selección, la Selección estaba en deuda con Messi. El crecimiento del equipo va generando el hábitat ideal para el mejor de todos.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de septiembre de 2012

El Camp Nou se prepara para recibir al cuarto elemento

Barcelona tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Tal vez sea el mejor de la historia, debate abierto que aún no encuentra sentencia definitiva. De lo que sin dudas puede jactarse el conjunto catalán es de contar con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen el rosarino, Iniesta y Xavi.

El póker de ases se concretará con la llegada de Neymar a Catalunya. Luis Alvaro de Oliveira, presidente del Santos, club propietario del pase del paulista de 20 años, reconoció que la máxima figura del fútbol brasileño seguirá su carrera en el Barça a partir de un acuerdo que desde hace tiempo existe entre ambas instituciones. Su arribo no tiene fecha fijada, podría ser al inicio de la próxima temporada o tras el  Mundial de 2014.

Messi y Neymar son los dos futbolistas más habilidosos y electrizantes del planeta, pero la supremacía del argentino como el mejor de todos no resiste discusión. La Pulga es un jugador integral y maduro, con una visión del juego que lo hace tomar siempre la decisión apropiada cuando no parece haber tiempo ni espacio para hacerlo. El crack brasileño nada tiene que envidiarle en lo que refiere a la maestría del engaño para que la pelota sea ajena a los rivales, pero es eminentemente individualista.

El elenco blaugrana sigue con su fútbol total; no perdió brillo, ocurre que hizo corriente lo extraordinario. Sin Josep Guardiola en la dirección técnica el equipo mantiene su fisonomía. Aunque no es el mismo; lógico al perder a un entrenador de tal estirpe. El equipo mantiene sus rasgos distintivos porque el trabajo de Pep fue el presente de ayer y el legado de hoy.

La estructura sin igual de la filosofía deportiva del Barcelona es el sitio en el cual deberá insertarse Neymar. Y no debería tener problemas en hacerlo. Junto al Mediterráneo terminará de erigirse en figura mundial si asimila los conceptos de una escuela futbolístoca que marcará una época. El Camp Nou espera al cuarto elemento.
(Foto: Afootballreport.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 29 de mayo de 2012

El último concierto

El Vicente Calderón, como escenario, y el Athletic de Bilbao, reducido a un mero partener, fueron testigos de la última función de la sinfónica futbolística dirigida por Joshep Guardiola. La final de la Copa de Rey se trató de un asunto de apenas 24 minutos; ese fue el tiempo que el Barcelona necesitó para ponerse 3-0 y mutilar las ilusiones del conjunto vasco dirigido por Marcelo Bielsa. Una vez más, el elenco blaugrana liquidó a su oponente con una deliciosa combinación de toques, rotación, verticalidad, presión y goles.

Nunca el juego ha sido tan bello y eficaz como el que produjo el Barça en las cuatro temporadas bajo la dirección técnica de Guardiola, quien sólo había tenido una experiencia como entrenador, en el filial del club. Técnica y táctica, talento y músculo, libertades y orden, control y verticalidad, rotación y presión, desprendimientos y relevos, toque y marca. Conjugó conceptos en lugar de oponerlos. Con esa amplitud forjó el mejor equipo de la historia.

Lanzarse a la dirección técnica no fue una aventura para Guardiola, fue un proceso meditado, de estudio y preparación. Se reunió con distintos técnicos, entre ellos, los argentinos Bielsa, César Luis Menotti y Ricardo La Volpe. La escuela barcelonista con su impronta holandesa y, en el mismo sentido, haber estado bajo las órdenes de Johan Cruyff fueron los elementos esenciales del bagaje de Guardiola.

Contó con la mejor sociedad futbolística que se haya visto, la que componen Lionel Messi, Xavi y Andrés Iniesta. No le faltaron otros cracks y jugadores por encima de la media, pero jamás descansó en el talento individual. Multiplicó el trabajo y elevó el nivel de exigencia de lso mejores. Voraz, nunca dejó de ir más. Continuamente propuso variantes para esquivar la previsibilidad; probó con defensas de tres y cuatro hombres, con un centrodelantero de talla y sin referencia de punta. La nutrida distribución de mediocampistas con alta capacidad técnica y la obsesión por la tenencia de la pelota fueron los cimientos inamovibles.

Es coherente y valiosa la determinación del Barcelona de elevar a Tito Vilanova de ayudante de campo a técnico principal. Sin embargo, la continuidad será sólo parcial; considerar que no se trata de un ciclo terminado sería subestimar a Pep Guardiola, ese enorme técnico que el fútbol ya extraña.
(Foto: Marca.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de mayo de 2012

La ida de Guardiola cerró la era más brillante

El mejor equipo de la historia se quedó sin su mentor, y esa partida anuncia la clausura del ciclo más fascinante. Joshep Guardiola dejará la dirección técnica del Barcelona, conjunto que con él al frente brindó un concierto futbolístico tras otro, elevando la nota cada vez cuando parecía que no se podía jugar mejor que lo ya expuesto. Nunca antes se había logrado una continuidad semejante a tan alto nivel; han sido cuatro temporadas de un fútbol total.

La admiración unánime nació de la amplitud del entrenador catalán, que se abrió a todas las escuelas futbolísticas para realizar un proceso de decantación en el cual recolectó lo mejor de cada vertiente y lo combinó. El resultado fue siempre el de once jugadores enhebrados en un dispositivo táctico con hilos de oro y liberados a la impronta de la sorpresa.

Guardiola dispuso de un gran plantel, con varios cracks, pero se preocupó por mejorar a cada futbolista. El paradigma lo encarnó Lionel Messi, quien ya era el mejor jugador del mundo cuando se puso al frente del equipo, pero desde entonces creció en sus producciones futbolísticas y contó los goles de a decenas.

Como DT, nunca descansó en el gran talento de sus dirigidos y trabajó fuertemente la estructura colectiva sin dejar ningún cabo suelto. El resultado fue un equipo que desde una tremenda dinámica conjugó marca férrea, relevos con precisión de relojería suiza, desmarques y rotación de posiciones para sorprender sin perder orden, largas posesiones sin caer en la ociosidad del inocuo pase lateral, voraz vocación ofensiva, presión constante para la recuperación, solidaridad y confianza.

Pero jugar el mejor fútbol y ratificarlo con una andanada de títulos desgasta. Al menos eso le ocurrió a Guardiola, quien en la conferencia de prensa en la que anunció su partida se refirió a la necesidad de descansar. Para muchos, esa explicación evocó a la falta de energía que había argüido Marcelo Bielsa el 14 de septiembre de 2004 en su alejamiento de la selección argentina. Precisamente el técnico del Athletic de Bilbao, al enterarse de la determinación de su colega, que tantas veces lo elogió, sentenció: “Es una pérdida mayúscula. Le dio brillo a este deporte”. La final de la Copa del Rey entre vascos y catalanes, el 25 de mayo, será el último partido de Guardiola al frente del Barcelona.

Vale preguntarse si el alejamiento de Guardiola no viene a ratificar ese gana-pierde que impera, si esa lógica no llegó a condicionar incluso a quien logró el fútbol más bello y eficaz. Si bien algunos meses atrás había dado indicios de una posible ida, es una incógnita saber qué decisión hubiese tomado de haberse consagrado nuevamente en la competencia ibérica y el contexto europeo.

Barcelona era ya un gran campeón en el ciclo precedente, con Frank Rijkaard como técnico y Ronaldinho como estrella. Y seguramente seguirá con protagonismo central con Tito Vilanova, ayudante de campo de Pep y futuro primer entrenador del equipo culé. Guardiola recibió un gran equipo, lo llevó al cénit y lo entregó con la promesa de una continuidad de lo hecho. Pero ya nada volverá a ser igual.

Se trató de su primera experiencia como entrenador, aunque había tenido un paso por la filial del elenco catalán. Desde su primera temporada había sorprendido con un juego absoluto y la conquista de todos los certámenes que disputó: Liga, Copa del Rey, Supercopa de España, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Luego seguiría la prolífica cosecha de títulos; pero el legado para la institución blaugrana y para el fútbol todo es tan grande que excede esas vitrinas repletas de trofeos. Puso en cada cancha el mejor equipo que se haya visto. Pep decidió descansar; ojalá sea por poco tiempo, su presencia se hizo indispensable.
(Foto: Infonwes.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 20 de diciembre de 2011

El equipo de todos

Barcelona terminó de construir el techo del fútbol. Tal vez en años venideros algún otro equipo logre elevarlo; hoy parece improbable. El conjunto catalán se presenta como el resultado final, el producto mejor acabado, de un proceso de un siglo y medio de rodar de la pelota. Tiempos de inmediatez comunicacional, no se tratará de un conjunto mitológico: hay registro de cada uno de sus conciertos. El pasado agiganta, la contemporaneidad invita a no establecer juicios definitivos. Pero el Barça hace a un lado ese prurito. Asistimos a las funciones del mejor equipo de todos los tiempos.

Pero este conjunto imaginado y concretado por Joshep Guardiola no es una isla sino el epicentro de un vastísimo continente. Se fijó en todas las escuelas e ideologías futbolísticas para tamizar ese bagaje y nutrirse sólo de lo mejor de cada una. Entonces el resultado es toque al ras de piso, acumulación de pases, rotación de posiciones, vistosos recursos técnicos y máxima jerarquía individual. Y es, al mismo tiempo, presión constante sobre el rival, orden en cada faceta, férrea marca y solidísima conciencia colectiva.

¿Es sencillo el fútbol? No, es extremadamente complejo, por eso el Barcelona es excepcional. Algunos ganan y otros pocos quedan en la historia por algo más que la gloria de un título. El elenco blaugrana redobló la apuesta con una catarata de títulos y un juego sin igual.

Ha logrado reducir a su mínima expresión a los modestos de la liga española y a los más poderosos de Europa. También humilló al Santos campeón de América. Ante el elenco brasileño, en la final del Mundial de Clubes, en Japón, fue súmmum. Lo hecho especialmente en el primer tercio del encuentro empequeñece, banaliza, cualquier adjetivación.

Ahí está, para disfrute de todos, el Barcelona de Guardiola, en el que como nadie brilla Lionel Messi, el mejor del mundo; el de los sabios Xavi y Andrés Iniesta, el del equilibrista Busquets, el de las proyecciones de Dani Alves, el del aplomo de Piqué y el liderazgo de Carles Puyol. El mejor equipo de la historia.
(Foto: La-razon.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 19 de julio de 2011

Lo urgente y lo importante

Sergio Batista tiene un discurso vacío y los jugadores son los primeros en advertirlo; saben que están a las órdenes de alguien que no está calificado para el cargo. Son o fueron dirigidos por entrenadores como Joseph Guardiola, José Mourinho, Marcelo Bielsa, Alex Ferguson, Roberto Mancini y Rafael Benítez; entonces, la ineludible comparación con el DT argentino resulta insultante. Son futbolistas de elite y necesitan un técnico de elite, a quien respeten, admiren y obedezcan. Quienes creyeron a Batista a la altura de las necesidades son los principales culpables.

Las contradicciones en sus declaraciones públicas no pueden más que transmitirse hacia el interior del grupo. Tras la eliminación ante Uruguay negó una mala actuación de la defensa, cuando la dupla central compuesta por Nicolás Burdisso y Gabriel Milito había tenido un pésimo desempeño. Los zagueros cometieron faltas sistemáticas en los intentos de anticipo y en cada uno de esos tiros libres el juego aéreo oriental fue incontenible por falta de planificación para contrarrestarlo. En una nota en la revista El Gráfico, José Luis Brown contó que a Batista no le gusta trabajar con pelota detenida, algo decididamente preocupante y que no puede admitirse en el máximo nivel, en el cual muchas veces los detalles son definitorios. Y esas jugadas son más que detalles.

Argentina tiene abundancia de mitad de cancha hacia adelante, en las posiciones más cotizadas. Ahí el funcionamiento tuvo menos señalamientos por la jerarquía de nombres pesados. En cambio, en defensa había carencias y se necesitaba mayor dedicación. Por pereza o incapacidad (grave en ambos casos), Batista se encomendó al talento individual, a lo que pudiera producir Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, y sus satélites de brillo propio, Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Carlos Tévez y Ángel Di María (ninguno titular en los cuatro partidos disputados). Nunca hubo un equipo. Armó la nómina para la Copa América con un criterio infantil, acumulando grandes delanteros y multiplicando volantes centrales, su posición en los lejanos tiempos de jugador. El resultado fue una lista previsiblemente descompensada, y cuando abandonó el único esquema que había ensayado en la previa del torneo se encontró sin variantes externas.

Batista no es el responsable de que el fútbol argentino se haya caído del mapa, de un deterioro sin precedentes. Su responsabilidad se cierne a la pobrísima performance en la Copa América de acuerdo a las herramientas de las que disponía. Ese mal rendimiento general sólo alcanzó para ganarle al juvenil seleccionado de Costa Rica.

Como alegoría de otros tiempos, Argentina se convirtió en una fábrica de virtuosos futbolistas, pero no logra la manufacturar un equipo real, con sustento colectivo y una estructura que potencie individualidades en lugar de encomendarse a ellas como único recurso. La penosa actualidad obliga a atender tanto lo urgente (un conjunto enclenque), como lo importante (si la Selección sigue siendo el buque insignia del fútbol nacional o crudamente un negocio al mejor postor). Porque si sólo se miran los síntomas sin profundizar en la causa de la dolencias, difícil será una mejora. No alcanza con placebos.
(Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 11 de enero de 2011

Simplemente, el mejor de todos

El reconocimiento a Lionel Messi como el mejor jugador de 2010 con la entrega del Balón de Oro, premio otorgado conjuntamente por la revista France Football y la FIFA, provocó un vendaval en la prensa deportiva española. Caracterizada por la desmesura, cualidad que incrementó con la conquista de su seleccionado en el Mundial disputado en Sudáfrica, entendió como un despojo casi oprobioso la elección del rosarino, por sobre Andrés Iniesta, el adelantado de la visión periférica, y Xavi Hernández, un sabio del fútbol.

La ceremonia realizada en Zúrich, Suiza, fue seguida con celo por los medios españoles, que la trasmitieron en directo por televisión, radio y portales web. En el momento en que Josep Guardiola, técnico del Barcelona, anunció que el ganador, de entre sus tres dirigidos, era el número 10, la desazón mediática ibérica fue inmediata, y posteriormente temeraria. Así, al día siguiente, el diario Marca tituló “Balón de Oro injusto”, en un desatino difícil de presentar. La reacción generalizada fue como si el reconocimiento hubiese caído en manos de un futbolista gris y no en quien es, a todas luces, el más brillante de todos los que juegan este deporte. El desaire del periodismo español se debió también a una sobreestimación de un premio más; prestigioso por su tradición, pero uno más al fin.

España toda sentía que el título del mundo era el pasaporte para que uno de sus futbolistas vuelva a ser distinguido por la revista gala luego de medio siglo, tras la elección de Luis Suárez en 1960. Ni siquiera importaba si el ganador era Iniesta o Xavi; daba lo mismo cual de los dos cracks alzase el trofeo. Incluso la cruzada pareció propiciar una amnistía en la disputa eterna entre cronistas madrileños y catalanes, enfrentados con la misma ceguera con la que en nuestro país se conducen menottistas y bilardistas extremos.

El Mundial es el clímax, la cita de honor del fútbol; pero no establece juicios definitivos, no deja de ser una verdad relativa. Sin hacer un gran papel en Sudáfrica, seguramente inferior al de Iniesta y Xavi, Messi fue, de todos modos, uno de los mejores de la competencia, y no convirtió cuatro o cinco goles por un zigzag del destino. No tuvo su mejor versión, la superdotada, en ese mes como sí en el resto del calendario.

Iniesta y Xavi habían reconocido, sin asomo de complejos, antes y después de la premiación, que Messi es el mayor talento del mundo, el más estético, efectivo y deslumbrante jugador del planeta, autor en el año que pasó de 60 goles en 65 partidos, la mayoría de ellos magníficos. “El mejor es Leo, no hay color”, sentenciaron al unísono en una nota publicada por el diario El País. También Guardiola, el hacedor de este Barcelona considerado ya por muchos el mejor equipo de clubes de todos los tiempos, lo ubicó en la cima del Planeta Fútbol.

Lionel Messi es el mejor futbolista del mundo. Lo ratificó el pasado año y por eso el premio de France Football y la FIFA. Su juego está muy por delante de un aceitado marketing propio de estos tiempos. Es quien se ha elevado por sobre el resto en las últimas temporadas y no se vislumbra quién pueda robarle el cetro y la corona a este genio de 23 años, que está llamado marcar una época. Ganó en Balón de Oro en 2009 y 2010, y seguramente merecerá retenerlo en los próximos años.
(Foto: Draudesc.wordpress.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de noviembre de 2010

Disfrutar no sólo del Barcelona

Joshep Guardiola ha forjado un equipo que, definitivamente, quedará en la historia. Este Barcelona nacido desde las entrañas de la Masía combiana eficacia y virtuosismo a la perfección. Es un conjunto de una identidad colectiva fabulosa, con enorme despliegue, continua rotación, presión permanente, voraz vocación ofensiva y una tremenda circulación de pelota sin caer en la ociosidad de la tenencia inocua. A partir de la capacidad técnica individual de cada uno de sus componentes, el Barça socializa la pelota: no es patrimonio exclusivo de ninguno de sus futbolistas, es propiedad de todos por igual. Por cierto que en Xavi, Iniesta y Messi -el mejor del mundo- tiene el eje de ese preciso engranaje. Los tres aparecen continuamente en distintos sectores del campo para quitarle las referencias al adversario y se combinan con precisión y velocidad de modo tal de perforar los cerrojos que pretenden detenerlos.

En el derby ante Real Madrid, el conjunto culé tuvo un desempeño perfecto y brindó una exhibición que será recordada por mucho tiempo. El choque se presentaba como un duelo de estilos, el que vendrían a encarnar Guardiola y José Mourinho. La pretensión de confrontar el talento contra el músculo. Era el partido ideal para los fundamentalistas. Fue un aleccionador 5-0 de los catalanes, con un fútbol integral para reducir a su rival -uno de los más grandes del mundo- a un mero partener de ocasión. Entonces, el merecido elogio al excelso juego blaugrana se trasladó luego, en muchos casos, a denostar al técnico merengue. Lo mismo, en sentido contrario, había ocurrido en el primer semestre del año cuando el Inter que conducía portugués eliminó al Barcelona en una de las semifinales de la Champions League. La irracionalidad de uno y otro lado.

Son los exégetas los que en su fanatismo desvirtúan las reales características de un equipo. Así, del Barcelona omitirán la presión, el verticalismo, la sólida estructura colectiva y su férrea defensa. Del otro lado, relegarán en el discurso el cuidado de la pelota, la libertad otorgada a los jugadores más hábiles y las concesiones en defensa.

Mourinho es uno de los mejores entrenadores del mundo pese al tremendo revés que le dio el Barcelona (nunca había perdido por más de tres goles de diferencia), así como los de la Ciudad Condal estaban ya instalados en la antología futbolística pese al modo en que lo eliminó el Inter.

Disfrutar del Barcelona no tiene porqué excluir el elogio a otras propuestas destacables. El fútbol es complejo, tiene muchas aristas. Un gusto determinado no debe ser inhibidor de otro. No se trata de enfrentar a Guardiola y Mourinho -o lo que representan, si se prefiere no ponerlo en nombres propios- sino de superponer, de resaltar lo mejor de cada estilo.
(Foto: News.cn)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 24 de mayo de 2010

Inter, campeón de Europa por convicción

Con una idea de hierro ejecutada sin concesiones por un grupo de futbolistas que, desde ese convencimiento, jugaron para su técnico, José Mourinho, Inter volvió a ser campeón de Europa después de 45 años. Un esquema basado en una defensa granítica y un ataque agazapado y voraz fueron los argumentos centrales del conjunto milanés para quedarse con el trofeo más deseado. En la final ante Bayern Munich, el equipo de ese arrogante y excelente entrenador que es el portugués ratificó que es quien mejor sabe jugar sin necesidad de tener la pelota. Se la cedió a su rival, con presión lo obligó a caer en su embudo defensivo y esperó, impertérrito, para punzarlo con sus puntuales estiletazos.

Y así fue la jornada soñada para Diego Milito, autor de los dos fabulosos goles de la noche madrileña. Amague para engañar al arquero en el primero y avance con la pelota al pie, doble enganche ante Van Buyten y definición al segundo palo en la conquista para liquidar el pleito. La temporada debut del hombre surgido en Racing en el club de los Moratti no pudo ser mejor: 30 goles en 52 partidos. Cinco de esos gritos tuvieron una importancia superlativa para que el Inter sea el primer equipo italiano en quedarse en una misma temporada con el torneo local, la Copa de Liga y la Champions League, ya que monopolizó los tantos decisivos al anotar el 1 a 0 ante Siena para la conquista del quinto Scudetto consecutivo, el 1 a 0 en la final de la Copa de Italia ante Roma y los dos gritos en el Santiago Bernabeu.

La conquista de Europa fue por demás especial para el jugador símbolo de la institución, Javier Zanetti, quien otra vez, como en Alemania 2006, raramente mirará el Mundial por televisión. El su partido 700 con la camiseta del Inter (está a 58 de Giuseppe Bergomi, récord neroazzurro) y el 80° en el máximo certamen europeo, se convirtió en el primer argentino en levantar como capitán la Orejona. Pupi disputó todos los minutos de la edición 2009/2010 de la Champions, privilegio que compartió con su compañero Julio César, el mejor arquero del mundo.

Si Milito fue héroe y figura, Esteban Cambiasso se erigió, una vez más, en el termómetro del equipo y tuvo una gran actuación ante Bayern Munich. Fue la válvula para abrir y cerrar la represas de su equipo. Tácticamente impecable y fino técnicamente, Cuchu fue destacado en más de una ocasión por Mourinho como el hombre que mejor lo interpreta dentro de la cancha. Acaso su ausencia en Sudáfrica sea aún más sensible que la de Zanetti.

La fundamental presencia argentina es un póker completado por Walter Samuel, a quien el regreso al fútbol italiano en 2005 -luego de un difícil paso por el Real Madrid- volvió a convertirlo en el Il Muro. Fue un bastión de la enorme defensa milanesa y así, recomendación de Mourinho a Maradona mediante, será uno de los centrales titulares de la selección en la Copa del Mundo.

Etiquetado por muchos con un conjunto enrolado en el histórico catenaccio italiano, ese estigma llegó tras el partido de vuelta por las semifinales ante Barcelona, en Catalunya. Esa llave ante el fabuloso campeón defensor había sido pensada por Maurinho como un único encuentro; entonces, tras conseguir -por buscarla- una importante ventaja de 3 a 1 en el partido de ida, en la revancha sólo se preocupó por defender esa diferencia y no atacó. Tomó el riesgo de jugar todo el partido refugiado en su campo y consiguió lo que se había propuesto, lograr la clasificación a la final. Pero antes del cruce ante los de Josep Guardiola, en octavos de final Inter le había ganado los dos partidos al Chelsea, campeón de Inglaterra, y lo repitió en cuartos ante el CSKA Moscú. Esos cruces y el ímpetu protagónico que tuvo fronteras adentro desestiman la pretendida descalificación. Ningún equipo logra tres títulos en un año sin ser agresivo en ataque.

Mourinho consiguió que la comunión entre estratega y jugadores que es requisito indispensable para el éxito, sea un valor supremo. El abrazo que le dio Zanetti en pleno campo de juego del Real Madrid y la dedicatoria de Milito al míster evidenciaron el tenor de ese vínculo en el cual radicó en buena parte la fortaleza de un equipo impenetrable a los pareceres ajenos y blindado en su idea.

Un año atrás, Barcelona se quedó con el título europeo a partir de una receta bien distinta a la que ahora utilizó el Inter. Porque es evidente que los caminos elegidos por ambos equipos para llegar al mismo destino no fueron los mismos. Esas dos conquistas con libretos disímiles son un rico alimento para el debate futbolístico si este tiene altura, reflexión, intercambio de posiciones y revisión de conceptos en lugar de agravios y descalificaciones. Todos los estilos ganan, todos los esquemas sirven, pero se requiere convencimiento para llevarlos a cabo y el consecuente trabajo para perfeccionarlos. Inter tuvo ambas cosas y por eso volvió a ser campeón de Europa.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

lunes, 3 de mayo de 2010

Una buena defensa despierta muchos ataques

El Inter llegó a la final de la Champions League sin patear un solo tiro al arco en el encuentro que lo clasificó a esa instancia definitoria y, entonces, se generó un virulento debate sobre su juego. Aunque en realidad no se trató de una discusión, de una contienda de ideas, posiciones y pareceres, ya que las descalificaciones le ganaron ampliamente a los argumentos.

El ideal del fútbol es ser punzante en ataque y sólido en defensa. Desplegarse en campo adversario y compactarse en el propio. El engreído portugués José Mourinho pensó la llave semifinal ante el Barcelona como un único partido, cuya primera mitad se jugaba en Milán y la segunda en la Ciudad Condal. Supo en el cotejo de ida que tenía que atacar para establecer una diferencia favorable y entendió que lo que necesitaba en el vuelta para estar el 22 de mayo en el Santiago Bernabeu era defender la ventaja conseguida una semana antes.

Pensar un partido en virtud de un ataque constante implica correr riesgos. Defenderse cerca del propio arco, como lo hizo Inter en Catalunya, también. En los 90 minutos disputados en el Camp Nou, el conjunto dirigido por Josep Guardiola procuró atacar continuamente pero no logró imponer condiciones, mientras que el elenco milanés sólo aspiró a defender su arco y lo consiguió, pese al gol de Piqué a poco del final. Y lo hizo sin caminar jamás por la cornisa del reglamento, como aseguraron varios medios de la prensa española: no hizo tiempo, ni recurrió al juego brusco y por eso Barcelona no logró siquiera entrar con tiros libres. Fue el que jugó mejor a lo largo de los 180 minutos; primero al manejar la pelota (tuvo una posesión de casi el 70 por ciento en el Gusseppe Meazza) y hacer el daño que quedó reflejado en el 3 a 1 y segundo al abroquelarse casi sin fisuras para mantener esa ventaja. Siempre logró hacer su juego, ejecutar el plan que había pergeñado.

Si un equipo ataca bien y se defiende mal y otro ataca mal pero se defiende bien, se estará frente a dos conjuntos con una faceta del juego satisfactoria y otra deficitaria. Sin embargo, las mayores críticas recaerán sobre el que tenga limitaciones ofensivas. Mientras que un ataque virtuoso siempre es destacado favorablemente, defenderse con férrea solidez recoge marcadamente menos reconocimientos.

Quedarse con el último paso del largo camino que recorrió el Inter para llegar a la final de la Champions es hacer un recorte parcial para distorsionar y desmerecer los méritos de un equipo que con pragmatismo optó por aplicar distintas estrategias de acuerdo a las circunstancias. Si está en los umbrales del penta campeonato en Italia y accedió a la definición del torneo de clubes más importante del mundo es porque fueron muchos más los partidos que salió decididamente a ganar que los que se preocupó exclusivamente por no perder.

No existe un único modo ni un gusto uniforme. El concepto de antifútbol es una malicia que debe ser desterrada. Debe aceptarse el derecho de ver defectos donde otro vislumbra virtudes y viceversa. Lo que no tiene razón de ser es la descalificación, que desmorona cualquier posibilidad de debate y hace que las discusiones sobre los estilos futbolísticos no salgan de las chicanas para avanzar hacia intercambios superadores.
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
mailto:papatinsua@gmail.com

lunes, 12 de abril de 2010

Messi sube la apuesta

Su permanente aparición en las tapas de todos los periódicos deportivos del planeta, los elogios que agotan sinónimos y las comparaciones con los máximos astros de la historia del fútbol mundial no lo cohíben. Lionel Messi se supera continuamente. Cuando ejecuta una actuación que se cree es lo máximo que puede exhibir, poco tarda en realizar otra faena que hace olvidar a la anterior. Abriga ese anhelo de superación constante que, contra lo que puede pensarse, no es patrimonio de todos los deportistas de elite. Estar en la cima no lo marea en absoluto. Adversario, escenario y circunstancia parecen ser siempre los mismos; juega como si estuviese en el patio de sus casa.

En esta temporada, en Barcelona, demostró su capacidad para desempeñarse en distintas posiciones de ataque. Fue extremo derecho, flotó detrás de los delanteros y, el último fin de semana, apareció como el hombre más adelantando del conjunto de Josep Guardiola en el derby ante Real Madrid. En todas rindió con aportes decisivos y lleva anotados 40 goles en la temporada. Voraz, ahora irá por el récord que estableció Ronaldo en el club de la Ciudad Condal: en la temporada 1996/1997, R9 hizo 47 goles en 49 partidos y se convirtió en el máximo anotador culé en una Liga con 34 conquistas en 37 encuentros disputados.

Casi todos sus tantos son golazos. Están -y son mayoría- los que a todas luces tienen el sello característico de su genialidad y también los que lo llevan oculto, como el que abrió el camino a la victoria ante el Madrid, en el Bernabeu. Bajó la pelota más con la cara que con el pecho y definió mordido con la derecha, pero en cada uno de los movimientos hizo lo que deseaba; primero logró desarticular la marca de Raúl Albiol haciéndolo pasar de largo y cuando Iker Casillas se desesperaba por taparle todos los ángulos aguardó ese instante eterno hasta que el arquero merengue sí cedió y optó por hamacarse hacia su izquierda para de derecha vulnerarlo a contrapié.

¿Podría hacer lo que hace en otro club que no sea este impresionante Barcelona? Probablemente no. ¿El conjunto blaugrana tendría el mismo brillo sin su N° 10? Seguramente tampoco. Messi descolla en un gran conjunto, como lo hicieron todos los grandes jugadores de la historia, porque, verdad de Perogrullo, los mejores futbolistas juegan en los mejores equipos.

Sea cual fuere su actuación y la de la selección argentina en el Mundial, Leo ha logrado, por lo pronto, un reconocimiento solamente alcanzado por otros dos futbolistas argentinos: ser considerado el mejor jugador del mundo. Amplía así el binomio que conformaban Alfredo Di Stéfano y Diego Maradona para convertirlo en una terna. Pelusa y la Saeta Rubia incluso están en el podio de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Los 22 años de la Pulga lo proyectan a ubicarse en ese olimpo.

Messi nunca será Maradona. Tal vez hasta llegue a superarlo futbolísticamente, pero nunca será la bandera que es Diego. Es cuestión, entre otras cosas, de personalidades, de tiempos distintos, de vínculos de identificación diversos. Entonces la comparación, aunque muchas veces inevitable, es poco o nada lo que aporta; menos aún cuando lo que oculta es una falsa antinomia. El deleite por la magia del hoy entrenador de la selección argentina y por la habilidad, desequilibrio y definición a máxima velocidad del rosarino no son excluyentes.

Los ojos del planeta deportivo están posados con tremenda expectativa sobre este duende que ejerce su arte en una cancha de fútbol. Él sube la apuesta y entonces cuanto se piensa que lo suyo no puede ser mejor vuelve a sorprender, una y otra vez.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 28 de mayo de 2009

Con Messi, el Barça de Guardiola en lo más alto

Desde un juego preciosista y una cosecha integral de los títulos en disputa, el Barcelona ratificó con la obtención de la Champions League que es el mejor equipo del mundo. Tras haberse adjudicado la Liga y alzado la Copa del Rey en las últimas semanas, el conjunto blaugrana derrotó 2 a 0 al Manchester United en el estadio Olímpico de Roma para quedarse con el torneo de clubes más importante del mundo y así lograr la Triple Corona, algo inédito en la historia del fútbol español.

En la final romana el conjunto inglés tuvo un arranque electrizante y cuando se habían disputado poco más de 5 minutos de juego Cristiano Ronaldo ya había bombardeado en tres ocasiones el arco defendido por Víctor Valdés. Pero cuando el panorama pintaba complicado para el Barça, en su primer ataque, antes de los 10 minutos, Samuel Eto´o abrió el marcador. El gol del camerunés fue un mazazo que aturdió a los Diablos Rojos y entonces los catalanes comenzaron con ese manejo casi monopólico de la pelota que es marca registrada de este equipo. Está claro que no se trató de una de sus mejores producciones de esta temporada, pero la victoria, que quedó sellada a falta de más de 20 minutos para el final con el gol de cabeza de Lionel Messi, fue a todas luces inobjetable.

El ideólogo y hacedor de este equipo que entró en la historia fue Josep Guardiola. Antes del inicio de la temporada, Barcelona lo fue a buscar para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo en el cual brilló como jugador y se consolidó como ídolo absoluto de la afición barcelonista. Pese a su corta brecha generacional con varios jugadores y su falta de experiencia como entrenador, Pep, admirador de Marcelo Bielsa y Ricardo La Volpe, llegó con voz de mando y pulso firme para materializar su idea futbolística. El carácter y el criterio que tuvo como jugador lo reformuló para su nuevo rol de técnico. En alguna oportunidad declaró que si el fabuloso Andrés Iniesta –apodado “Cerebro” en un equipo donde sobran las inteligencias dentro del campo de juego- es el jugador que es se debe, en parte, a que “no está media hora frente al espejo antes de salir a la cancha”. Esta anécdota pinta el perfil de un entrenador que pregona contra la farandulización de los futbolistas para que se aboquen exclusivamente al juego. Así, a los 38 años y en su primera temporada como entrenador, logró Copa, Liga y Champions, como cantaron los casi 30 mil seguidores que llegaron hasta Roma.

Además, este inédito éxito conseguido por un grupo que quedará para siempre en la historia del Barcelona cuenta con el orgulloso sello nacionalista catalán, ya que Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Xabi, Iniesta, Messi y Guardiola fueron todos, en mayor o menor medida, formados en la cantera del club.

El reconocimiento del Barcelona como el mejor equipo del mundo es, a la vez, la consagración de Messi, con sólo 21 años, como el futbolista más destacado del planeta, consideración a la que sólo dos argentinos habían llegado antes: Alfredo Di Stéfano y Diego Armando Maradona. Muy difícil será que La Pulga llegue a la altura de estos dos mitos de la historia del fútbol mundial, pero por lo pronto ha logrado lo mismo que ellos al coronarse rey del Planeta Fútbol.

En este último año el rosarino mostró un crecimiento en su conceptualización del juego, y en eso mucho tiene que ver Guardiola. A diferencia de los que sucedía con Frank Rijkaard, anterior DT de culé, ya no está atado al ala derecha del ataque; si bien ese sigue siendo su sector preferido para arrancar y enganchar en diagonal hacia el arco rival, Messi es ahora un delantero flotante, tal como lo demostró en la final europea. Ya sea por derecha para ir hacia el centro con su gambeta letal en el mano a mano, por izquierda para desbordar con velocidad electrizante, retrazándose para armar juego con ese magnífico tandem que componen Iniesta y Xabi, colocándose de enlace para abastecer a Samuel Eto´o y Thierry Henry o de centrodelantero, tal como ocurrió en su gol al Manchester, el número 10 abre un abanico de opciones que lo hacen el mejor de todos. Precisamente su poder de fuego en esta temporada ha sido impresionante: fue el goleador de su equipo con 38 tantos, 9 de los cuales los anotó en 12 partidos en la Champions para convertirse en el primer argentino en ser top scorer de esa competición.

Pese a contar con el inigualable talento de Messi, el despliegue de Xabi (sin dudas en el podio de los mejores mediocampistas del mundo), la inteligencia de Iniesta, la elegancia de Henry y el gol de Eto´o, Guardiola no descansó en esas individualidades y trabajó para componer una sólida identidad colectiva. Nació así un equipo con presión, un manejo de la pelota como ningún otro, vertical, ofensivo y con una identidad definida de la cual no se alejó en circunstancia alguna y que le permitió componer la prestación más esplendorosa con una efectividad de logros absoluta para ser leyenda.
(Fotos: Cronodeporte.com y Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com