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martes, 16 de octubre de 2012

El mejor de todos

Si Lionel Messi es lo que es, el mejor jugador del mundo y acaso el más destacado de la historia, se debe a méritos propios. Lo forjaron su talento, su espíritu competitivo y su coraje, ese que de adolescente lo hacía encerrarse en una habitación para clavarse las agujas de las jeringas que eran parte del tratamiento por un déficit de crecimiento. Pero también dio en el momento preciso con las personas indicadas para capitalizar su rango de futbolista de época. Bajo la tutela de Josep Guardiola se erigió en la máxima figura del equipo perfecto, el Barcelona, y con Alejandro Sabella como técnico de la Selección mostró su mejor versión vestido de celeste y blanco.

Las señales eran evidentes y Sabella, convencido de estar ante un irrepetible, las puso en concreto: a la camiseta número 10 le adosó el brazalete de capitán para ungir con el mayor simbolismo al futbolista alrededor del cual orbitaría su equipo. Una historia muy similar a la que en 1983 protagonizaron Carlos Salvador Bilardo y Diego Armando Maradona.

Ante Uruguay, en Mendoza, el rosarino jugó un partido inmaculado. Asediado por la marcación celeste, no perdió nunca la pelota y todos sus pases tuvieron por destinatario a un compañero. Mantuvo la paciencia y la vertical ante cada oriental que lo hostigó. Porque Uruguay es un destacado seleccionado, pero sin dominio de las acciones puede volver un equipo violento.

Apareció como un rayo ante un anonadado Fernando Muslera para abrir el marcador, cuando tras descargar en Ángel Di María fue a buscar con plena decisión el centro del zurdo del Real Madrid. Y sentenció el encuentro con un tiro libre por debajo del salto de la barrera que fue producto de su genio y del interés por mejorar, ya que mencionó que había visto, pocos días antes, goles del mismo modo de Ronaldinho y Pirlo. En medio, le dio un pase extraordinario a Di María, sin necesidad de acomodar el cuerpo y picando la pelota entre dos rivales, para el gol de Sergio Agüero. Los elogios no brotaron por tamaña muestra de jerarquía, no porque se le retaceen, si hasta los agota, sino porque ha naturalizado lo extraordinario. Su repertorio contempla las muy buenas jugadas, las excepcionales y las imposibles.

En Santiago frente a Chile enderezó un partido de inicio sinuoso para Argentina. Lo hizo con un golazo que incluyó una pisada memorable y una definición inapelable. Siempre fue la principal preocupación para la defensa trasandina y no por eso dejó de encontrar huecos en los cuales filtrase con habilidad y rapidez.

Desde aquel partido en Barranquilla, a finales del año pasado, la Pulga comenzó a ejercer un liderazgo integral; el futbolístico lo tenía hace rato, y a eso le adosó un carácter que si bien no dejará de ser reservado, tiene la fuerza suficiente para colocar a todos detrás de él.

Debutó como profesional hace ocho años y en menos de la mitad ya se mostraba como un futbolistas para todos los tiempos. Messi no estaba en deuda con la Selección, la Selección estaba en deuda con Messi. El crecimiento del equipo va generando el hábitat ideal para el mejor de todos.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de enero de 2012

Una década de ciclos truncos

Durante 30 años la Asociación del Fútbol Argentino se afirmó con consecuencia en la convicción, sostenida hasta en los momentos más complejos, de que el mejor representativo del fútbol argentino sólo podía surgir del trabajo sostenido por la planificación ajena al cortoplacismo. Desde 1974, mojón de la refundación del conjunto nacional cuando se asignó a César Luis Menotti como entrenador, hasta 2004, año en que Marcelo Bielsa decidió dejar su cargo al frente del elenco nacional, la selección había mantenido inalterable una política de no apartarse del camino por el que se había optado.

En esas tres décadas, Argentina tuvo cinco entrenadores, Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Alfio Basile, Daniel Passarella y Bielsa; la misma cantidad que en los últimos diez años, en los que se sucedieron Néstor Pekerman, Basile (en su segundo ciclo), Diego Maradona, Sergio Batista y ahora Alejandro Sabella. A ninguno le correspondió un período completo, entendiéndose por tal un proceso que se inicie al finalizar un Mundial y se prolongue hasta el siguiente. Se sostenían procesos que se habían iniciado por convicción y en el último tiempo se diluyeron otros que partieron de la ocasión.

En este período la volatilidad de los entrenadores tuvo su correlato en una desmesurada convocatoria de futbolistas para ser más de 150 los que se vistieron de celeste y blanco en los últimos dos años y medio. La imposición comercial de una selección doméstica es la explicación de ese caudal y de que a varios jugadores les haya bastado con jugar bien un puñado de partidos para llegar al seleccionado. El resultado fue que un sitio reservado para los mejores se expandió perjudicialmente.

Con el inicio de 2012 se enciende la cuenta regresiva rumbo a Brasil 2014, cita en la que Argentina cumplirá casi un cuarto de siglo sin lograr meterse en las semifinales del torneo más relevante del mundo. Sabella intentará, también en un ciclo parcial, que la selección recupere una estructura sólida y un funcionamiento colectivo que aproveche en la mayor medida posible la potencialidad de los buenos talentos de los que dispone –sobre todo en ataque-, con Lionel Messi, el mejor jugador del planeta como abanderado. Tratará, en la misma carrera de postas breves con relevos repentinos, de torcer una historia de problemas coyunturales que se solidificaron en carencias estructurales. Lo consiga o no, el siguiente paso deberá ser volver a confiar en la capacidad de los mejores conductores con la coherencia de antaño.
(Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 5 de julio de 2011

A 25 años de un triunfo eterno

Eran tiempos de télex, no de Twitter; y las fotos nacían en un cuarto de revelado en lugar de retocarse con Photoshop y volar por el ciberespacio. Mucho giró el mundo para un presente que poco se asemeja a ese pasado que parce aún mucho más lejano en tantas cosas. Pero un grito, una celebración, un festejo, quedó detenido en el tiempo para siempre. Hace 25 años, en México, Argentina lograba su último título mundial y daba lugar a la página más épica de la historia del fútbol nacional. Lo hacía con la marca a fuego del mejor jugador de todos los tiempos, Diego Armando Maradona.

La Mano de Dios, el gol más golazo de la vida, la interminable carrera a la eternidad de Jorge Luis Burruchaga, el llanto de Carlos Salvador Bilardo abrazado por Pedro Pablo Pasculli y Diego en andas con la copa son algunas instantáneas que aparecen nítidas de aquella consagración mexicana. Se trató de un equipo que forjó su identidad a contracorriente; con muchos garrotazos y contadas muestras de apoyo, logró revertir a una mayoría que no había creído en sus posibilidades para luego rendirse ante su magnificencia.

No hay manera de concebir aquel equipo sin Maradona, pero también es un reduccionismo demasiado injusto colocar a ese seleccionado apenas como un apéndice del Barrilete cósmico que danzó por el Estadio Azteca, con esa zurda como una pluma de incomparable exquisitez y el césped vuelto el más fino papel para escribir el poema perfecto del fútbol.

Aquel seleccionado enfrentó a cuatro a campeones mundiales. Se trató del empate 1-1 con Italia en la primera fase y los triunfos ante Uruguay, 1-0 en octavos; Inglaterra, 2-1 en cuartos, y Alemania, 3-2 en la final. El resto de los encuentros fueron las victorias frente a Corea del Sur y Bulgaria, en la fase de grupos, y Bélgica, en semifinales.

Delante del arquero, un líbero y dos stoppers, cinco mediocampistas ajedrecísticamente dispuestos y dos delanteros conformaron el sistema trabajado con obsesión durante casi cuatro años. Además, Bilardo supo hacer los cambios de intérpretes necesarios sobre la marcha. Así, entre el debut con Corea del Sur y la final con Alemania el equipo tuvo modificaciones. Néstor Clausen salió en la línea de fondo por José Luis Cuccifo, el sector izquierdo del medio campo fue ocupado por Julio Olarticoechea y no ya por Oscar Garré y Pasculli dejó su lugar en la delantera para que allí se acomodase Maradona y Héctor Enrique ingresase en la mitad de la cancha. Pero la base siempre estuvo muy clara: Nery Pumpido, José Luis Brown, Oscar Ruggeri, Ricardo Giusti, Sergio Batista, Burruchaga, Maradona y Jorge Valdano jugaron los siete partidos como titulares (Olarticoechea también disputó todos los partidos; pero ingresó como suplente en los cuatro primeros y estuvo desde el arranque en los tres últimos).

Se cumplen las Bodas de Plata del último gran logro del fútbol nacional, cuando Maradona se convirtió en bandera. Un festejo que será para siempre.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 2 de noviembre de 2010

Una decisión sin sustento

Es difícil dar con el hilo conductor que llevó a que Sergio Batista sea el técnico de la Selección. Desconcierta ver en un lugar de absoluto privilegio a un entrenador que en nada se destaca de la media y está lejos de los mejores. Diego Maradona tenía brevísimos antecedentes como DT, pero su designación se sostuvo en el gigantesco pasado como futbolista vestido de celeste y blanco. Por caso, Franz Beckenbauer, en Alemania; Marco Van Basten, en Holanda, y Dunga, en Brasil, habían debutado como técnicos en selecciones. En el caso del ex gran volante central surgido de Argentinos Juniors, no se encuentran ni en su talla como futbolista internacional ni en su pasado como conductor argumentos para la designación. Es muy fácil enumerar a varios técnicos con muchos más méritos que Batista para semejante lugar.

Luis Segura, presidente de Argentinos Juniors; Juan Carlos Crespi, vice de Boca; Germán Lerche, presidente de Colón; Diego Turnes, vice de River; Julio Ricardo Grondona, presidente de Arsenal, y Mario Contreras, presidente de Godoy Cruz, fueron los dirigentes que se prestaron a la parodia de un supuesto cónclave para determinar al elegido y proponerlo a sus pares de Comité Ejecutivo. De la reunión, realizada en el predio de la AFA en Ezeiza, también participaron Carlos Bilardo y Humberto Grondona, director y subdirector de Selecciones Nacionales, respectivamente. El mecanismo real fue el verticalismo que impera desde hace décadas en la sede de la calle Viamonte: la decisión fue, como siempre, de Julio Humberto Grondona.

No hubo entrevistas con distintos postulantes y, por lo tanto, mucho menos se realizó la tarea de cotejar distintos proyectos para ver cuál era el más sustentable y adecuado. Nunca se siguió ese proceso en la AFA, pero en este caso la exposición es aún mayor porque se nombró a alguien sin los pergaminos necesarios.

“Nos reunimos con la Comisión y hubo unanimidad: Batista debía ser en entrenador. Tiene experiencia, fue jugador nacional y ha dirigido”, fue el básico sostén de Bilardo; quien, a su vez, reconoció que jamás habló con otro técnico. Es penoso ver su rol actual con todo lo que le dio a la Selección en sus años de entrenador. Previamente, Grondona había sostenido que “(Batista) es lo que se merece por su trayectoria en el fútbol argentino”, en lo que fue también un argumento amplísimo en el universo que puede abarcar.

A favor de Batista vale decir que en los últimos 20 años han pasado por la Selección técnicos de las más diversas características y solamente fueron destacados los períodos entre-Mundiales de Alfio Basile (1990-1994) y Marcelo Bielsa (1998-2002). Ojalá logre llevar adelante un trabajo con el que aproveche al máximo el gran potencial latente, porque su éxito será el de la Selección. El primer desafío será volver a conseguir un título después de 18 años, cuando el año próximo se dispute aquí la Copa América. Aunque Batista dejó muchos espacios en blanco a la hora de llenar el formulario para ser el conductor nacional, la responsabilidad recayó sobre sus espaldas.
(Foto: Telam)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 10 de agosto de 2010

Un interinato que atrasa 40 años

La determinación de la AFA tras una nueva decepción mundialista y la desprolijidad con la cual corrió a Diego Armando Maradona fue acotar el próximo ciclo de cuatro años a tres y medio. Se comió un semestre de trabajo en el camino a Brasil 2014. En una medida propia de un fútbol criollo registrado en blanco y negro, Julio Humberto Grondona optó por un interinato hasta fin de año a cargo de Sergio Batista, quien estaba a cargo del Sub-20.

Ni continuidad del proceso anterior ni establecimiento de uno nuevo, la Selección flota en un limbo. Se tratará de un tiempo dilapidado y un período aciago, porque difícilmente aporte soluciones y muy probablemente agregue desconcierto. Cierto es que no hay un técnico que se imponga por sobre los demás, cuyo nombre surja como el natural para hacerse cargo del equipo. Carlos Bianchi encontraría el consenso más amplio, pero no está claro si el Virrey quiere volver a dirigir y, en tal caso, si esta vez sí aceptaría la propuesta de la AFA. Lo concreto es que sin un candidato puesto por su propio peso lo mejor hubiese sido definirse por uno de los varios con idoneidad para el cargo y que comenzase a trabar inmediatamente.

La implementación de un proyecto integral tiene que partir necesariamente de la entidad que rige el fútbol nacional. Pero en tanto la dirigencia siga poniendo en los encuentros preparatorios el negocio por delante de lo deportivo, mientras le permita a los clubes retacear jugadores si continúa con inoperancia de no poder conseguir vuelos para acudir al evento deportivo más importante, no habrá entrenador que pueda darse a la ardua tarea que es necesaria para sacar al equipo albiceleste de un letargo demasiado extenso.

En 1974, la AFA contrató a César Luis Menotti para refundar el seleccionado y dar inicio a una real organización. Condujo al equipo 8 años y fue reemplazado por Carlos Salvador Bilardo, quien estuvo al frente del conjunto nacional por el mismo lapso. En 16 años Argentina tuvo apenas dos técnicos y ambos fueron campeones del mundo. El último entrenador, en cambio, apenas acumuló 20 meses en el cargo y lo que sigue es un interinato de medio año. Este presente implica un retroceso de 40 años, cuando la Selección era una anarquía organizativa que la hacía más un problema que un emblema del fútbol nacional.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 22 de junio de 2010

Comienza el camino definitorio

Tres días antes de que Argentina se enfrente a México por los octavos de final en el Soccer City, de Johannesburgo, se cumplirán 20 años del último partido de eliminación directa que la Selección ganó en los 90 minutos. Fue aquella tarde de Turín en la que Diego Maradona apiló a medio Brasil antes de habilitar a Claudio Caniggia, que con una gambeta larga eliminó a Taffarel y puso el 1 a o que depositó al equipo de Bilardo en los cuartos de final.

Otra vez bajo la conducción de Maradona, no ya como líder futbolístico dentro del cancha sino como estratega desde la dirección técnica, el conjunto nacional se mediará ante el elenco azteca en una reedición de los octavos de final de Alemania 2006, cuando Argentina avanzó con un golazo de Maxi Rodríguez en tiempo suplementario.

La Selección ratificó su primer lugar en el Grupo B al derrotar en su último compromiso a Grecia 2 a 0. Fue una actuación más sin todo lo bueno que se vio ante Nigeria y ante Corea del Sur, pero con el atenuante de haber preservado a varios titulares y de tener la tranquilidad de saber que incluso una derrota le permitía ganar el grupo.

Al igual que ante los coreanos, Maradona otra vez mostró su ojo clínico y realizó las varias necesarias en los momentos precisos para destrabar un partido en el cual Grecia había propuesto un muro de contención. Primero mandó a la cancha al siempre vertical Ángel Di María y luego agregó al circuito de juego a Javier Pastore, quien pese a sus 20 años ingresó con una soltura absoluta y tocó cada pelota con clase. Por juventud y rendimiento, Otamendi y Pastore fueron lo más auspicioso del equipo de Maradona ante el conjunto helénico.

Pero aún quedaba un cambio más y a 10 minutos del final, ingresó Martín Palermo por Diego Milito. Como no podía ser de otra manera, el eterno goleador se dio el enorme gusto, a los 36 años, de conseguir el grito mundialista en su debut en la máxima cita del deporte.

A partir de lo hechos ante Sudáfrica, Francia y Uruguay, México no debería representar un obstáculo sumamente dificultoso de superar para Argentina. Pero sabido es que en el fútbol nadie gana antes de jugar y las sorpresas siempre están preparadas. “A partir de octavos, si cometés un error te tomás el avión a casa”, advirtió Diego.

Argentina apoya su ilusión en pilares firmes y no en cimientos de arena. Ahí está Lionel Messi, indudablemente el mejor jugador del mundo y del campeonato, y un equipo que cada vez se afianza más en su identidad colectiva y en la seguridad que dan los triunfos. Tiene los argumentos suficientes y así la ilusión -de todos- es legítima y lógica. Si no es ahora, ¿cuándo?
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gamil.com

jueves, 15 de octubre de 2009

Ya en el Mundial llega el tiempo de repensar

La traumática eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010 finalmente terminó bien para Argentina. La victoria 1 a 0 ante Uruguay, en Montevideo, depositó al equipo nacional en la próxima Copa del Mundo y marcó el final de un camino tormentoso que implicó dos etapas. La primera la condujo Alfio Basile, quien dejó la herencia de un conjunto vacío y una cosecha de puntos escasa en el trayecto más favorable del fixture. Diego Maradona llegó para cambiarle la cara a la albiceleste y lo logró en los primeros amistosos y su debut oficial ante Venezuela. Pero luego el equipo se volatilizó y llegaron tiempos de histeria, de llamado compulsivo de futbolistas y del entonces lógico desmadre del equipo, que comenzó a jugar muy mal.

En el Centenario, Argentina mejoró su imagen fundamentalmente porque ejecutó un plan previamente pensado, con inteligencia de acuerdo a lo que le convenía. Sabía que el empate lo clasificaba en forma directa al Mundial y por eso se paró del otro lado del Río de la Plata dos líneas de cuatro hombres –la última integrada exclusivamente por centrales- y una dupla delantera ágil, compuesta por Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, que volvió a tener una actuación demasiado opaca, sin ser siquiera la sobra del crack que deslumbra en el Barcelona. Los buenos relevos defensivos a la hora de retroceder y la tenencia con tranquilidad de la pelota en le medio, desde la garantía que siempre entrega Juan Sebastián Verón y la levantada tras bajas actuaciones de ese gladiador que es Javier Mascherano, fueron los argumentos centrales del equipo.

Claro que esa buena lectura de la conveniencia no dispara el elogio. Porque la Selección manejó el partido y se impuso tácticamente, pero olvidó el arco rival; no salió a ganar el partido sino a esperar. Ausencia de dinamismo y verticalidad, poco desborde por los costados y el centro delantero continuamente de espaldas al arco fueron la cara negativa.

Tras el encuentro, apenas dejó el campo de juego, Maradona encaró a los micrófonos que lo esperaban ansiosos en el camino al vestuario y, seguramente como catarsis ante una situación por demás incómoda, se mostró desencajado y cayó en exabruptos. Más tarde, con tranquilidad, en la conferencia de prensa volvió a utilizar un lenguaje inapropiado en un tramo que será el único recordado. Es inadmisible que quien ocupa ese cargo de privilegio se exprese con groserías. Y es, además, perjudicial para él, siempre en el centro de la escena, ya que con ese dislate le da letra a un sector de la prensa que lo ha fustigado personalmente y no futbolísticamente. Porque las críticas al juego de un equipo que viene haciéndolo mal son propias de la tarea periodística, pero no le falta razón cuando habla de mala intención mediática, con gente que genera siempre irritación e indignación por su malicia. Sin embargo, con sus palabras Maradona elevó a un periodista agrio y se ganó el repudio generalizado. Le fue funcional a los mala leche.

En la victoria hubiese sido bueno que Diego baje decibeles, si lo deseaba sin soslayar enojos, pero con las formas adecuadas. Maradona no es sólo el técnico de la Selección, ni siquiera su figura se limita a ser la más representativa de nuestro fútbol, es el argentino más conocido en el planeta y es doloroso que recorra el mundo una conducta tan reprochable como la que tuvo al enfrentar a los medios.

Hubo tiempo para lo importante. Ante las cámaras, reconoció que debe conversar muchas cosas con Julio Grondona y Carlos Bilardo, con quien protagonizó un muy emocionado abrazo tras el partido que vuelve impensable un enojo entre ambos. No aseguró su presencia en Sudáfrica como técnico de la Selección porque es evidente que hay muchas cuestiones organizativas que no comparte y entiende es imprescindible se revean. Argumentos no le faltan, ya que la AFA en lugar de facilitar su trabajo le puso obstáculos desde un principio, al no permitirle, inexplicablemente, armar su propio cuerpo técnico.

En caso de que decida continuar en su cargo, deberá tomar nota del mal juego del equipo en el último semestre, entender la necesidad de un esquema colectivo en lugar de un vertiginoso cambio de nombres entre un partido y otro, sumar trabajo pese al cansancio de los viajes y recuperar la templanza de sus primeros días como conductor de la Selección, cuando se mostraba sereno y consciente de las formas que requieren el lugar que ocupa.

Argentina ya está en el Mundial de Sudáfrica y en la carrera corta que es una competencia de un mes con un máximo de siete partidos todo es posible. Un grupo accesible y un cruce favorable en octavos de final pueden facilitar la llegada al partido decisivo. Pero la clasificación no debe tapar las evidentes carecias futbolísitcas. Ahora todo debe apuntar a la cita máxima del fútbol, sí, aunque para que las cosas allá salgan bien se impone mirar atrás y tomar nota de los errores cometidos; todos, los de la dirigencia, el técnico y los jugadores.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 8 de junio de 2009

La era Maradona desdibuja su alentador comienzo

Mesura en las declaraciones, atención extrema sin perder la compostura durante los partidos y un equipo con auspiciosos nuevos aires habían marcado las pautas del inicio del ciclo de Diego Armando Maradona al frente del conjunto nacional. Pero el crecimiento futbolístico tuvo un brusco freno en la histórica derrota 6 a 1 ante Bolivia, en La Paz, por las Eliminatorias, y una ruptura en la hasta ahora destacable línea de conducta del entrenador se dio en la víspera del choque ante Colombia, también en el camino por llegar al Mundial de Sudáfrica, cuando se refirió con términos inapropiados a sus diferencias con Sergio Batista, DT de la Sub 20.

La importante y a la vez opaca victoria ante el elenco cafetero -inmerecida por lo hecho en cancha por ambos equipos- y la precedente estrepitosa derrota paceña exponen un interrogante y un retroceso tras aquellos destacables éxitos ante Escocia primero, Francia luego y Venezuela más tarde . El sábado en el Monumental, el seleccionado nacional se mostró más como un enjambre de individualidades que como un equipo. No tuvo un norte y careció incluso de una búsqueda determinada por falta de ideas. Lejos de verse intentos frustrados, la impresión era que no había plan claramente pergeñado. Perdido y superado en el primer tiempo, en el complemento mostró una mejora conceptual pero continuó sin conseguir volumen de juego. Si Argentina ganó fue por el karma colombiano de cara al arco rival en estas Eliminatorias: sólo marcó goles en 6 de los 13 partidos que disputó y en los últimos ocho encuentros apenas vulneró al rival en uno.

Las funciones y la idea colectiva deben estar por encima de los talentos individuales. Juntar a los mejores futbolistas, a los de buen pie, no garantiza un juego aceitado. Se impone la necesidad de contar con jugadores de rol aunque esto implique que deban esperar afuera a otros de mayor cartel. En la ofensiva se necesita un jugador que sienta el puesto de centrodelantero, independientemente de su contextura física. Lionel Messi, Sergio Agüero y Carlos Tévez –este último en mejor medida- se sienten mejor y rinden más con un clásico 9 delante de ellos, como lo hacen en sus clubes. Ninguno de los tres tienen las características para ser referente de área, y dejar vacante esa posición es dar ventaja.

A Messi por ser el mejor jugador del mundo se le pide en consecuencia y es cierto que el rosarino no logra con la casaca abiceleste establecer las diferencias que marca en el Barcelona. Pero esto no se ajusta únicamente al número 10. La mayoría de los integrantes del seleccionado no tienen vestidos de celeste y blando las prestaciones que muestran en Europa. Sin dudas esto responde a las metodologías de trabajo necesarias para maximizar el poco tiempo que los jugadores pueden estar juntos en el predio de la AFA en Ezeiza.

En este panorama es valioso resaltar dos buenos gestos de Maradona: la lectura de los errores iniciales para cambiar sobre la marcha y la autocrítica tras el partido. Ambas cosas se vieron en la sustitución de Fernando Gago por Javier Zanetti. Tras los primeros 45 minutos entendió que el hombre del Real Madrid, pese a sus esfuerzos, no encontraba la posición sobre la derecha, hueco que aprovechaba Colombia, y con el ingreso de un jugador mucho más habituado a esa posición compensó ese desequilibrio. Más tarde, en la conferencia de prensa, reconoció su error: "Me equivoqué con Gago; él no siente ese lugar, no se acostumbró. La culpa es mía. Lo solucionamos con Zanetti". Sin dudas, desarticular el doble 5 compuesto por Gago y Javier Mascherano, que hasta aquí había dado excelentes resultados siendo el núcleo del equipo, fue un error del DT, que no ocultó su desilusión por lo hecho en el 1 a 0 ante los colombianos.

Maradona está comprometido con su tarea al frente de la selección, pero a su ascendiente entre los jugadores y su experiencia por haber sido quien mejor jugó jamás al fútbol deberá agregarle una estructura de trabajo que contemple los escollos con los que indefectiblemente tiene que lidiar un seleccionador nacional. Esa falta de ruedo de Diego en su rol de entrenador seguramente implica dificultades al momento de lograr un aprovechamiento integral del trabajo de campo, de las prácticas que se puedan realizar. Ahí es donde deberá aprovechar el camino recorrido por Carlos Salvador Bilardo y dejar de lado la necesidad de demostrar que es él quien manda y quien decide la táctica a emplear y los jugadores para desempeñarla.

Diego se embarra sin necesidad cuando elije la peor figura para referirse a cómo nota el semblante de Batista, cuando no aclara los motivos de la proscripción de Gonzalo Higuaín y cuando no utiliza como sparrings a los chicos de los seleccionados juveniles y lo hace con equipos de Tristán Suárez sólo por su amistad con el presidente de dicho club, Gastón Granados. Con esas conductas atenta contra su propio trabajo y alimenta a los que lo cuestionan.

Argentina cuenta con muy buenos jugadores y un técnico que sabe mucho del juego y tiene con ellos una llegada como ningún otro. Si Maradona retoma su tranquilidad inicial, evita los enfrentamientos inencesarios y se detiene en las virtudes de los primeros partidos y los defectos de los últimos para recrear un esquema de trabajo en el cual no queden cabos sueltos, entonces la Selección dará pasos firmes para llegar el año próximo al Mundial con aspiraciones sustentables.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 6 de abril de 2009

Frente interno

La estrepitosa derrota en La Paz ante Bolivia 6 a 1 generó, como era de esperar, una serie de cuestionamientos desde distintos sectores de la prensa. Hubo críticas fundadas y equilibradas, que son las que alimentan el debate con altura y construyen. Pero más aún abundó el circo, propio de realidad mediática que funciona hace ya buen tiempo. Entonces, a los oscilantes oportunistas que ponderan exultantes en la victoria y señalan con gravedad en la derrota sin más argumento que el resultado puesto, se sumaron los que estaban esperando a Diego Maradona con el cuchillo bajo el poncho. Es curioso que ese grupo que relativizó la victoria ante Venezuela se agarre de la humillante derrota con resultado tenístico como si esa fuera sí, efectivamente, la realidad de la Selección.

Al margen de la capacidad concreta de los medios y periodistas de instalar temas y guiar opiniones, existe un conflicto real que subsiste desde la designación de Maradona y es el que refiere a la composición del resto del staff del seleccionado. Este problema lleva ya 5 meses sin solución.

La Asociación del Fútbol Argentino designó a Maradona como director técnico del seleccionado mayor pero, en una determinación sin antecedentes, no le permitió elegir a la totalidad de sus colaboradores. Vedado, se vio en la necesidad de acudir a un plan alternativo y designó a Miguel Ángel Lemme y Alejandro Mancuso como ayudantes de campo. Se cuestionó, entonces, las capacidades y méritos de éstos, sobre todo del ex mediocampista central por su relación de amistad con el entrenador. Pero el eje de la cuestión no debería ser ese. Javier Torrente y Claudio Vivas eran mucho menos conocidos en el ambiente del fútbol que Lemme y Mancuso, pero fueron los hombres que Marcelo Bielsa entendía eran los indicados para trabajar con él en su proceso al frente del conjunto argentino, entre 1998 y 2004. El tema central es el hecho de que a Maradona le hayan impedido armar su cuerpo técnico ideal.

Humberto Grondona, puesto como Subsecretario de Selecciones Nacionales por su padre, Julio Grondona, todopoderoso presidente de la AFA, le pegó a Maradona tras la histórica derrota paceña. Desde su impunidad filial espetó que lo ocurrido ante Bolivia “tiene que servir de experiencia”, que “hay que trabajar y no subestimar a los rivales” y que “sería importante que (Maradona) escuche a la gente con mucha experiencia”, ya que “sería muy tonto” no consultar a un técnico campeón del mundo. Así, con otras palabras aseguró que el DT nacional no trabaja, que menospreció las cualidades del combinado boliviano y le dio sustento a los rumores que hablaban de cortocircuitos con Carlos Bilardo. Diego se había opuesto públicamente a la designación de Humbertito luego de que le negasen la posibilidad de sumar a Oscar Ruggeri a su cuerpo técnico, a lo cual Grondona puntualizó que su hijo no tendría injerencia en la mayor sino en los seleccionados juveniles, lo que hace aún más desubicadas sus declaraciones.

La actitud de Bilardo tampoco ayudó. Tres días antes del partido ante Venezuela adelantó, con misterios, que en 10 días haría un anuncio importante, lo que alimentó distintas especulaciones. Pero la lealtad incondicional de Bilardo hacia Maradona, que lleva más de 25 años, impide pensar en cualquier especulación. Consciente del error por el revuelo que generaron sus palabras y en la búsqueda subsanarlo, el DT campeón en México 86 dio varias entrevistas en las cuales aseguró que “ni loco” renunciaría a su cargo. Además, le bajó el tono a su anuncio al decir que “se entendió mal” y que “no tiene nada que ver con el fútbol”, sino que se trata de tres cláusulas de su contrato “que se están estudiando, que se tienen que aceptar o no, pero no son nada grave”. Agregó que su relación con Maradona está “bien”, que hablan “siempre” y que Diego lo escucha, aunque aclaró: “Yo le digo lo que él me pregunta. Lo que no me pregunta, no. Yo no soy de estar encima. Vos al técnico no le podés decir nada”.

Su trato directo con presidentes de asociaciones y confederaciones y su relevante presencia en congresos mundiales de fútbol le dan a Bilardo las condiciones óptimas para ejercer el cargo ejecutivo de Director de Selecciones Nacionales para el que fue designado. Tal vez ayudaría a aclarar el panorama que el propio doctor explicase puntualmente cuál es su rol y sus tareas. Seguramente Bilardo podría, además, aportarle mucho a la selección en el plano estrictamente futbolístico, pero esa es una decisión que debe tomar Maradona sin ninguna presión ni condicionamiento, contrariamente a lo que ha ocurrido hasta ahora.

Si la AFA le ofreció la dirección técnica del seleccionado a Maradona es porque confía en sus condiciones, con lo cual no debería haber puesto ningún reparo a la conformación de su cuerpo técnico. Daniel Passarella y Bielsa sufrieron las interferencias de las oficinas de Viamonte 1366, pero las que afronta Maradona son todavía más evidentes. Los señalamientos discordantes de la prensa y el público están dentro de las reglas de juego a partir de las diferentes posiciones que se pueden tener. Pero que sea la AFA la que ponga trabas crea un escenario muy complicado. Diego deberá tener como entrenador la misma cintura que tuvo como jugador para eludir estas dificultades.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Irritable por demás, Riquelme le dijo basta a la selección

Hace algunos días, Diego Maradona, técnico del seleccionado argentino, dijo en un programa televisivo que no le había visto un buen rendimiento a Juan Román Riquelme ante Huracán y que así no le servía para su equipo. Maradona vertió una opinión puramente futbolística sobre lo que pretendía de uno de sus jugadores. Muy lejos estuvo de hacerle una fuerte crítica, como pretendieron vender algunos medios. Puntualmente, el DT dijo: “A Riquelme lo quiero en los últimos 20 metros para que se comunique con Tévez, Agüero y Messi. Necesito que se pueda sacar un hombre de encima. Con Huracán, no sé si tenía un problema, pero no volvía. Eso en la selección cuesta mucho. Estás atrás o adelante, en el medio no me servís. Yo lo quiero de enganche, pero que tenga esa velocidad mental para ponerles pelotas de gol a los delanteros y que llegue él también. Si no, no me sirve Román. No quiero que me dé vueltas entre Mascherano y Gago. Él es utilizable si está bien físicamente, si no, está en otro nivel del resto de los jugadores, que están en el aire...".

Entonces, llegó la desmesurada réplica de JR con el anuncio de su renuncia a ser parte del conjunto nacional. “No manejo los mismos códigos que el técnico y el técnico no maneja los mismos códigos que yo. Me enteré de que no iba al partido contra Francia cuando escuché a Bilardo por la radio y me enteré por la tele de la posición en la que el técnico me quiere”, disparó.

Esa respuesta del Nº 10 xeneixe encuentra lados flacos por todos los costados. En primer término, el tema de los códigos aludió, seguramente, a que Maradona dio públicamente una opinión que no lo favorecía. Si embrago, él hizo su descargo desde su casa con un móvil en vivo del noticiero más visto del país y ante un periodista que, sentado a su lado, más bien parecía su jefe de prensa. En la misma pantalla y ante los mismos interlocutores, fue una remake de su primera renuncia, allá por septiembre de 2006. En tanto, no parece real que se haya enterado por la radio que no viajaría a Francia, ya que debía saberlo desde el momento en que Torneos y Competencias, empresa que arma el cronograma de cada fecha del fútbol argentino, determinó que Boca jugase en Jujuy un domingo a las 19:40. Por último, fue el propio jugador el que, también públicamente, reconoció haber hablado varias veces con Maradona después de que lo nombraran entrenador de la selección, con lo cual no suena factible que se haya enterado de lo que pretendía de él recién con las declaraciones que lo ofuscaron.

Desde siempre, Maradona lo elogió cada vez que tuvo un micrófono o grabador delante. Lo marcó como un jugador distinto, como uno de los mejores del mundo. Lo protegió con todo el peso de su figura al criticar a los técnicos con los que tuvo desacuerdos, como Marcelo Bielsa y Manuel Pellegrini. Ya con la responsabilidad de ser el conductor de la selección reiteró su reconocimiento al asegurar que formaría parte de su equipo y que le tenía reservada la emblemática camiseta número 10. Siempre le tiró flores. Sin embargo, una vez que expresó una opinión distinta (que no está jugando bien, algo que es evidente), sin llegar a ser una crítica, porque hasta aseguró que de todas maneras iba a formar parte de la convocatoria para enfrentar a Venezuela y Bolivia por las eliminatorias, Román pega el portazo. Tan desproporcionada resulta la determinación que lo dejan como una persona desagradecida, caprichosa y soberbia.

Esto ocurre porque no concibe puntos intermedios. O es estrella con privilegios o nada, no va con él ser uno más. Después del divismo que le concedieron José Pekerman y, aún más, Alfio Basile, no recibió bien que Maradona declarase que su selección era “Mascherano y diez más” y tampoco soportó nunca el estrellato de Lionel Messi. El ego de Riquelme es evidentemente un problema, ya que no admite el más mínimo señalamiento a su juego, ni tolera tener cerca a alguien que lo pueda eclipsar. Esto lo hace un elemento de discordia. Ha tenido conflictivas salidas de todos los conjuntos que formó: se fue mal de Boca, del Barcelona, del Villarreal y de la selección, antes y ahora.

La mayor parte del plantel de Boca no lo quiere. Sus compañeros no ven con buenos ojos las licencias de las que goza a la hora de los entrenamientos y también genera malestar el hecho de verlo con los brazos en jarra y estacionado en un sector de la cancha cuando las cosas no le salen bien al equipo. El enfrentamiento quedó de manifiesto en el cruce mediático que protagonizó con Julio César Cáceres, cuando ninguno, salvo Hugo Ibarra, salió a romper lanzar por él. Es más, se pusieron claramente del lado del paraguayo y habían decido hacer pública esa postura si el zaguero era sancionado por la Comisión Directiva. De todas maneras, goza de un poder mayúsculo en el club, entre los dirigentes y el técnico, y por eso varias veces se ha excluido o puesto en el equipo públicamente, algo que también hizo cuando se colocó en el equipo olímpico que se quedó con el oro en Beijing.

Ocurre que en Boca le alcanzan 10 ó 15 minutos por partido para hacer lo suficiente para que su equipo se quede con los tres puntos y reforzar la idolatría entre el público de la Bombonera. Pero esas pocas pinceladas que son suficientes en el fútbol local, no alcanzan a nivel de selección. Técnicamente Riquelme detenta un gran virtuosismo, una pegada excelsa, enorma capacidad para tener la pelota aguatándola de espalda a los rivales y una mira finamente calibrada para poner habilitaciones entre líneas. Pero todo eso lo brinda a cuenta gotas y en la selección no alcanza con un tiro libre o un par de pases precisos y que el resto sea un manejo intrascendente de la pelota, lateralizando por demás y frenando al equipo. Nunca fue Riquelme un jugador con la condición atlética necesaria para el fútbol de más alto nivel internacional. Su actuación en el Mundial de Alemania no fue buena y con 31 años es muy aventurado creer que podría estar en la próxima Copa del Mundo en las condiciones acordes a tamaña cita.

La selección se fortalece sin Riquelme, porque la mayoría de sus compañeros, al igual que en Boca, no lo quieren. Mucho más problemático hubiera sido perder a Messi, Mascherano o Gago, que son más importantes para el funcionamiento del equipo. Se afianzará el grupo y tomarán como una motivación extra el hecho de demostrar que Riquelme no es imprescindible para que el equipo nacional vuelva a estar en la primera consideración mundial, camino que ha comenzado a recorrer desde que Maradona se puso al frente.
(Foto: Larazon.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 29 de octubre de 2008

El inicio de una era: Maradona será el DT y Bilardo estará como manager

La máxima gloria de la historia del fútbol argentino regresa al seleccionado y eso, por su propio peso, es para celebrar. Diego Armando Maradona se dará el gusto de dirigir al conjunto nacional. Sin dudas, se trata de un reconocimiento merecido a quien hace rato pedía la oportunidad de conducir tácticamente al equipo que como jugador le entregó más que nadie. El nombramiento llega en un momento en el cual se lo ve íntegro y habiendo dejado atrás los problemas personales que comprometieron su salud. Lo merecía como nadie y la ilusión es inmensa por todo lo que el protagonista significa y representa. El barrilete cósmico toma vuelo nuevamente.

Llega a la dirección técnica un mito viviente, un hombre que, al margen de ser seguramente la personalidad más conocida del mundo entero, es admirado y respetado hasta el paroxismo por los futbolistas argentinos. Llega quien genera y moviliza como nadie. Llega alguien que por sí sólo incrementará el propio peso de Argentina en el Planeta Fútbol. Llega la más poderosa motivación para el plantel albiceleste. Llega quien defendió la camiseta argentina dejando hasta el último aliento, sin guardarse nada jamás, pese a su juego incomparable y ser objeto de una idolatría extrema.

Su conocimiento del juego difícilmente pueda ser puesto en discusión y comprobada es su visión para detectar las buenas capacidades de los futbolistas. De esto se desprende que no tendrá mayores inconvenientes en parar un equipo con los intérpretes apropiados para ejecutar la táctica y estrategia elegidas. Cierto es que su experiencia como entrenador es mínima. Entonces, habrá que ver cómo trabajará en los entrenamientos para materializar sus ideas y de qué modo llevará adelante la planificación general que implica la conducción del seleccionado. Pero todo esto bien podría ser compensado con otra vuelta de mucho peso, la de Carlos Salvador Bilardo, el técnico más importante de la historia del seleccionado a partir del título de 1986 y el subcampeonato de 1990, quien será el manager. Es cierto que desde el Mundial de Italia ha dirigido poco y salteado, pero su capacidad y dedicación están certificadas. Todavía no se sabe si realizará trabajos de campo o si solamente se limitará al secretariado técnico, capitalizando sus muy buenas relaciones con muchos de los máximos dirigentes del fútbol mundial. El resto del cuerpo técnico (que todavía no está definido íntegramente) estará conformado por otros ex futbolistas de la era Bilardo.

Cuando según las propias palabras del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona, no había apuro en definir al técnico del conjunto nacional, se conoció la designación de Maradona para buscar, dentro de poco más de un año y medio, el tercer título del mundo, luego del obtenido hace ya más de dos décadas con él como protagonista excluyente dentro de la cancha y Bilardo como ideólogo del proceso.

El técnico y el capitán del seleccionado campeón en México 86 le han sabido pegar duro al Jefe. Con toda lógica, claro. Siempre más áspero fue el Diez, quien denunció muchas veces el despotismo afista. Por su parte, el Narigón, (que también supo recibir estiletazos de Maradona) lo azuzó cuando reconoció sus aspiraciones de ocupar el despacho principal de la sede de Viamonte 1366. Del otro lado, el Pope le pegó a ambos, por turnos, con su labia pérfida. Así las cosas, Grondona, Maradona y Bilardo debieron tragarse sapos en la reunión cumbre de ayer en Puerto Madero.

Hoy en las buenas, seguramente más adelante llegarán los choques con el mandamás. Sin ser lo ideal, no será un problema grave: Passarella y Bielsa supieron hacer su trabajo sin relación con la cúpula. Sí sería inconveniente que haya cortocircuitos entre Maradona y Bilardo, algo que se evitará con una clara asignación de las tareas de uno como entrenador y otro como manager. En su primera exposición pública, Maradona declaró que será él quien dirija las prácticas y arme el equipo, pero “sin dejar de escuchar a alguien que sabe tanto como Carlos”, quien por su parte dejó bien en claro que la cabeza será Maradona. El mayor inconveniente estará en las trabas que esta nueva conducción encontrará en los acuerdos comerciales que la AFA.

El impacto del desembarco de Diego tuvo resonacia a nivel mundial. A las pocas horas de conocerse la novedad no había portal de noticias en el globo que ignorase la noticia. Como siempre lo hicieron, Maradona y Bilardo le entregaran hasta lo último que tengan a la selección en un proceso que despierta una expectativa nunca antes generada.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

viernes, 17 de octubre de 2008

Final anunciado: Basile dejó de ser el técnico de la selección

El pésimo rendimiento y la consiguiente derrota ante Chile fueron la estocada final para el segundo ciclo de Alfio Basile al frente del seleccionado nacional. Un proceso en el que jamás se encontró el equipo y tampoco evolucionó a lo largo de sus distintas presentaciones tuvo un 2007 con sus peores resultados y sus más flojas actuaciones. El final era tan obvio como necesario.

Es positiva la salida de Basile, quien hace tiempo enterró el buen técnico que supo ser. Argentina desperdició con él dos años en los que con una gran cantidad de buenos jugadores nunca logró armar realmente un equipo. Apenas algo en la Copa América y otros esporádicos momentos fueron demasiado poco. Así, se perdió trascendencia en el concierto internacional. Nunca valoró lo colectivo y la planificación. Jugó siempre a lo que salga, a la suerte de que los jugadores se levanten bien y al refugio de las cábalas. Se va, además, un cuerpo técnico de formas deplorables: insultos a los rivales, falta de respeto con los periodistas, cigarrillos en el banco de suplentes, declaraciones desubicadas y explicaciones futbolísticas con filosofía de bar. Agotado el ciclo Basile es saludable que el cambio de mando se haga ahora y se dé inicio a uno nuevo con un cuerpo técnico a la altura de las circunstancias y las responsabilidades.

Basile se excusó siempre en la falta de tiempo, pero lejos estuvo de aprovechar cada momento en que contó con los jugadores. Tampoco le interesó dirigir al equipo olímpico, dónde hubiese tenido todavía más tiempo para trabajar con muchos de los integrantes del seleccionado mayor y preparar una reserva para apuntalar al grupo central de jugadores por él elegido. Justamente fue esa su tarea exclusiva: convocar buenos jugadores entre un universo por demás generoso. Pero está comprobado que sólo el talento no alcanza.

Por diversas cuestiones y seguramente de modo inconsciente, los futbolistas dejaron de responderle a Basile. Probablemente, el hecho de estar inmersos en el súper profesionalismo, en equipos donde cada detalle es tomado en cuenta, y encontrar en Ezeiza el marcado contraste de una organización improvisada hizo que no se consustanciaran enteramente.

A 20 meses de la Copa del Mundo se impone la contratación de un entrenador con experiencia y gran apego al trabajo, maximizando cada uno de los momentos en que disponga de los jugadores y estando pendiente en el día a día de cada detalle que rodea al equipo nacional. Un técnico sin recorrido pero que haya sido cacique con la albiceleste no es una mala alternativa. Será un ciclo corto, no con cuatro años para preparar el equipo mundialista como sí dispusieron Menotti, Bilardo, el propio Basile en su primer ciclo, Passarella y Bielsa. El tiempo de quien llegue será la mitad, como le ocurrió a Pekerman antes de llegar a Alemania 2006.

El nuevo entrenador de la selección -que es necesario sea nombrado prontamente y ponga inmediatamente manos a la obra- deberá ser firme ante las autoridades de la AFA en relación a las condiciones para llevar a cabo su trabajo. No tendrá que conceder cuestiones fundamentales y contar así con poder de decisión en la elección de los rivales para los cotejos preparatorios y disponer de los jugadores que requiera sin condicionamientos de la empresa rusa Renova ni de nadie. En este sentido, deberá procurar que los clubes argentinos cedan a los jugadores cuando se los requiera y hacer valer con los de Europa las reglamentaciones de la FIFA para las selecciones nacionales. Si por el contrario quien llega acepta las actuales condiciones será muy difícil que Argentina pueda tener aspiraciones de un protagonismo principal en la máxima cita futbolística.
(Foto: Criticadigital.com.ar - Télam)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com