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martes, 26 de marzo de 2013

Un camino con destino seguro: Brasil 2014

La ocasión de gol que Lionel Messi no pudo concretar a seis minutos del final del partido  evidencia y sintetiza la particularidad que implica jugar en La Paz. En cualquier otro ámbito el rosarino hubiese elegido, de un universo que para él no tiene secretos, la definición más conveniente y certera. No encontró la opción que mejor se ajustaba y la ejecución fue defectuosa.

"Dudé un poquito y el arquero se me vino encima”, reconoció el mejor del mundo sobre la jugada en cuestión. En un artículo publicado en la previa del encuentro, Juan Pablo Sorín, el excapitán del seleccionado argentino, aseguró que los 3.650 metros de altura del estado Hernando Siles no sólo se sienten en las piernas, sino también en la toma de decisiones.

Argentina consiguió ante Bolivia un punto testimonial. Sumó en un sitio históricamente adverso y en el cual en su última visita había sufrido una de las peores derrotas de todos los tiempos. El empate no lo deja ni más cerca ni más lejos del Mundial, porque Argentina se sabe en Brasil 2014. Las matemáticas no afirman lo que el fútbol ya conoce.

Alejandro Sabella mostró, una vez más, su capacidad como estratega en esta nueva tanda de compromisos por Eliminatorias. Contemplando las especiales condiciones de La Paz y atento a la próxima escala, hizo ocho cambios respecto del equipo que había derrotado a Venezuela en el Monumental. Mantuvo a Sergio Romero, dueño del arco; Javier Mascherano, jugador sin par en su función, y Messi, el genio total. Sobre Gonzalo Higuín pesaba una suspensión y Ángel Di María (el mejor ante Bolivia, junto con Mascherano) volvió tras cumplir la suya. También elaboró otro esquema, pero sin relegar el alto poder de fuego que es la característica distintiva de su seleccionado.

Un viejo mandamiento del fútbol reza que lo equipos se arman desde atrás hacia adelante. Cierto es que las aspiraciones consagratorias quedan hipotecadas con una defensa endeble, pero el fútbol desconoce verdades absolutas. Sabella arma su equipo en torno al mejor jugador del mundo. Piensa, en cada circunstancia, quiénes son los mejores socios y cuál es el camino ideal para capitalizar de la mejor manera el genio de un futbolista colosal.

La Selección todavía debe afianzar aspectos colectivos, pero es un equipo reconocible, que marcha con un plan, que persigue una idea. Tiene un conductor idóneo afuera y un líder formidable adentro. Las propias virtudes, las del rival de turno, el trabajo y los imponderables harán lo suyo. Argentina crece en su juego y su ambición mundialista.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 15 de noviembre de 2011

Un oasis

El triunfo de la selección ante Colombia dejó como dato más saliente un elemento que parecía perdido: la reacción ante la adversidad. Luego de irse al descanso en desventaja en la sofocante Barranquilla, el conjunto dirigido por Alejandro Sabella tuvo coraje, enjundia y destacados recursos futbolísticos para ir a buscar el partido. Así se quedó con el triunfo por 2 a 1, con goles de Lionel Messi y Sergio Agüero. Argentina consiguió un triunfo que lo puede marcar.

El cambio de actitud se observó con mayor claridad en algunos nombres propios; el caso más destacado fue el de José Sosa. El ex Estudiantes había tenido malos primeros 45 minutos y en el complemento se destacó a partir de la claridad en su juego y un enorme esfuerzo físico. También el capitán argentino tuvo una muy valorable segunda mitad. Si en los últimos minutos ante Bolivia -en el desolador previo empate en el Monumental- se lo había extrañado, ante Colombia fue determinante para el triunfo.

La victoria no mostró a un buen equipo, sino a uno con falencias; aunque esbozó señales para esperanzarse. La segunda manga de eliminatorias, tomada como una unidad, expone que lo hecho ante bolivianos y cafeteros dejó más dudas que certezas. La Selección necesita comenzar a recorrer un camino de mayor claridad conceptual y con un compromiso sin concesiones, en el camino que mostró ayer en el segundo tiempo.

Tantas frustraciones, carencias y errores prolongados en el tiempo refieren a un problema estructural, cuya complejidad implica diversas aristas. La solución, por tanto, no lo es menos y requiere perseguirla sin sosiego en lugar de esperarla.

Los nombres propios deben ir detrás de un principio colectivo. No hay futbolista que vestido de celeste y blanco siquiera se acerque a los rendimientos que muestran en sus clubes, donde se destacan sin cuestionamientos. Tal vez por eso en cada uno de los eventuales apuntados descansan exposiciones con argumentos valederos. Ni Messi, el mejor jugador del planeta, logra destrabar el cerrojo cada vez más atascado por el óxido del paso del tiempo. La mochila es pesada y la presión asfixiante para jugadores y técnicos. Se trata de un círculo pernicioso que crece retroalimentándose.

En el problemático universo de la selección, la órbita a la que ahora se le presta más atención es a la que describe el planeta comandado por Sabella. El DT realizó cambios (algunos obligados, es cierto) de nombres y esquema de cada partido de eliminatorias al siguiente. Si la versatilidad es una virtud, su costo es la imposibilidad de definir un estilo. Esos movimientos constantes implican muchas horas de trabajo. El propio entrenador se refirió antes del encuentro ante los colombianos a la falta de tiempo; sin embargo, le dio demasiada libertad de acción al plantel. Cada estada del seleccionado en el país debe necesariamente implicar más horas en el predio de Ezeiza y menos de dispersión.

El segundo tiempo ante Colombia fue un oasis. El desafío es hacerlo permanente. El proceso seguramente sea más lento de lo deseado, pero debe ser continuo y traccionado por esa especial dedicación que solamente promueve la pasión.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insuapatinsua@gmail.com

martes, 12 de julio de 2011

Messi es una víctima de la Selección

Tuvo que digerir dos agrios tragos antes de dar con uno de cierto dulzor; hasta disfrutable, comparado con aquellos. Transcurrida para Argentina la fase de grupos de la Copa América 2011, quedó expuesto que Lionel Messi es presa de un equipo con la pretensión de interpretar un libreto que dista de ser el más conveniente para el mayor talento del Planeta Fútbol. Sergio Batista, entrenador del equipo nacional, tiene en el rosarino al mejor del mundo, pero la idea que pregona y los difusos esbozos que se ven en la cancha marchan a contramano del sentido que transita el hombre del Barcelona. Messi es vertical; la Selección es horizontal. Messi es movilidad; la Selección es posicional.

Los empates con Bolivia y Colombia expusieron con más claridad algo que ya se había podido vislumbrar con anterioridad en el ciclo Batista: La Pulga queda atada a una propuesta laxa y aletargada. Se asemeja a una Ferrari atorada en un embotellamiento de alguna arteria del centro porteño. Marear la pelota hacia los costados y hacia atrás una y otra vez no implica ninguna virtud; el cuidado conservador es un demérito para los conjuntos que se pretenden protagonistas.

Frente al modesto combinado juvenil de Costa Rica, Messi se ubicó detrás de Gonzalo Higuaín, ariete albiceleste. Con grandeza y generosidad, fue el jugador más colectivo en una Selección que apuesta a la diferencia individual desde el poco apego del DT al trabajo táctico, algo preocupante en un fútbol donde los detalles son muchas veces la diferencia entre ganar y perder. Regaló pases con precisión quirúrgica, que eran dagas en el área rival; sin embargo, no parece conveniente transformar a un futbolista que hizo 53 goles en la pasada temporada en un asistidor.

Al margen de las contradicciones del entrenador, de las cuales la más evidente (y peligrosa de cara al manejo del grupo) fue la de señalar que consideraba a Tévez como Nº9 y que no estaba en sus planes para luego convocarlo y hacerlo titular como puntero izquierdo, lo más preocupante pasó por la conformación de la lista, absolutamente desbalanceada. De los siete mediocampistas que citó, cinco son volantes centrales y de los seis atacantes, cinco actúan de centrodelanteros. Entonces, cuando en apenas 180 minutos dejó de lado la idea a la cual había apostado en los 20 días en los que dispuso de los jugadores para preparar la competencia, encontró las limitaciones de su propia elección. De todos modos, le alcanzó ante la endeblez costarricense; la victoria fue inobjetable, pero el funcionamiento de acuerdo al material del que se dispone siguió lejos de ser destacable; más bien lo contrario. El próximo escalón, Uruguay en cuartos de final, implicará un desafío muchísimo más complejo.

Messi es el mejor jugador del mundo, sus ámbitos son el Barcelona y la Selección argentina. Pese al abismo de funcionamiento que hay entre los dos conjuntos, en ambos lo rodean cracks y muy buenos futbolistas. Ese es su mundo, la elite. ¿El entrenador argentino está capacitado para habitarlo?
(Foto: Elpais.es-Reuters)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 14 de septiembre de 2009

El deterioro propio de un proceso de involución

Ningún gran equipo se constituye como tal dentro de la cancha. El germen estará siempre en la idea del entrenador y el trabajo y los recursos que emplee para lograr que en el campo de juego se plasme esa concepción. Planificación, corrección, voz de mando, poder de convencimiento, sagacidad en la elección de los futbolistas, comunión colectiva con un proceso y aprovechamiento integral del poco tiempo que se tiene a los jugadores son los principales lineamientos que debe seguir un técnico nacional.

El declive de la Selección comenzó hace exactamente 5 años, el 14 de septiembre de 2004, cuando Marcelo Bielsa renunció a la dirección técnica. José Pekerman, de muy endeble liderazgo grupal, ocupó su lugar en un ciclo que significó un retroceso respecto del anterior. Llegó al Mundial de 2006 gracias a haber tomado el equipo virtualmente clasificado y para viajar a Alemania elaboró una lista que no contaba con marcadores laterales pese a que su esquema táctico era con línea de cuatro hombres en el fondo y tenía sobrepoblación de delanteros en detrimento de los mediocampistas. El segundo ciclo de Alfio Basile, tras aquel muy valorable de la primera mitad de la década del 90, implicó continuar el descenso: otra vez quien llegaba era menos que su antecesor. Desprecio por el trabajo táctico, improvisación, falta de planificación y refugio en las cábalas fueron las pautas de un proceso que solamente dejó problemas.

Es justo señalar que el listón era demasiado alto, y los entrenadores que siguieron a Bielsa estaban absolutamente en otra escala. Es muy difícil superar a un hombre de tal sabiduría, con una contracción al trabajo ejemplar y una excepcional capacidad para transmitir conceptos a los jugadores de modo tal que éstos asuman un genuino compromiso y una identificación absoluta con el proyecto.

En los análisis miopes que buscan con lineal sencillismo derribar cuestiones conceptuales desde un argumento que se pretende demoledor se le espetará a Bielsa el fracaso y la desilusión que significó la Copa del Mundo disputada en Corea y Japón. Tan cierto es que el Mundial es el momento cumbre, como que se trata de una competencia corta de siete partidos en que la suerte y las relaciones públicas pueden posibilitar al menos cuatro rivales menores. Argentina no llegó a tierras asiáticas como principal candidato al título de modo antojadizo, sino por lo que demostró en los años previos, cuando fue considerado universalmente como el mejor equipo del mundo, en un reconocimiento que no tiene trofeo.

La corrosión del seleccionado mayor tuvo su correlato en los equipos juveniles. Las salidas de Pekerman y Hugo Tocalli, líder y lugarteniente, respectivamente, del proceso más exitoso en la historia de fútbol argentino de menores significaron también un evidente retroceso. La enorme valía de aquel ciclo estuvo dada no sólo por las copas alzadas, sino por un fantástico trabajo de formación de jugadores que más tarde constituyeron un aporte esencial y masivo a la mayor.

Diego Maradona recibió un Seleccionado en problemas, con una flojísima cosecha de puntos en los partidos más accesibles de las Eliminatorias. Las derrotas en la altura de La Paz y Quito, y las recientes caídas ante Brasil y Paraguay, en Asunción, no fueron impensadas. Eran partidos perdibles. Pero el cómo sí fue preocupante, tanto en el histórico resultado ante Bolivia, como en la chatura ante los pentacampeones mundiales (a excepción de los primeros 20 minutos) y la alarmante apatía frente el conjunto paraguayo.

Una cuestión que no puede soslayarse es que Argentina no tiene la gran cantidad de buenos jugadores que se ha instalado ostenta. Estas carencias se ven sobre todo en los costados y la punta de ataque: no hay jugadores por los laterales, en defensa y en el medio campo, que marquen diferencias, ni un golpeador de estirpe para ser el compañero de Lionel Messi, el más desequilibrante talento.

La falta de carácter y rebeldía de muchos jugadores no es responsabilidad de Maradona. Sí lo son la ausencia de sostén táctico, la insistencia con fórmulas de ataque que no han dado resultados, la innecesaria rotación de arqueros y el inadmisible hecho de que el equipo se haya entrenado apenas tres horas en los tres días que separaron los choques ante el Scratch y el elenco guaraní.

Al parecer, Diego prepara un volantazo con una depuración del plantel que se impone. Por haberlo jugado mejor que nadie, su conocimiento del fútbol no puede ser puesto en discusión. Trabajar integralmente con mayor dedicación en una idea de juego determinada y lograr un manifiesto compromiso de los jugadores que elija garantizarán solucionar lo urgente, la clasificación al Mundial. Lo importante, que es que la Selección recupere la estirpe que perdió hace cinco años será una empresa harto compleja.
(Foto: Futbolred.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 27 de abril de 2009

Para la FIFA sólo afecta la altura

Pese a su frustrado intento del pasado año, la FIFA volvió a la carga contra la disputa de partidos internacionales en ciudades marcadamente elevadas sobre el nivel del mar. La determinación que regirá a partir de 2011 establece que no podrán disputarse cotejos de selecciones o continentales entre equipos en aquellos estadios que se sitúan por sobre los 2750 metros. De este modo, en Sudamérica Bolivia no podrá ser local en La Paz (3600 metros) ni Ecuador en Quito (2800 metros). Carlos Palavacini, integrante de la Comisión Médica de la FIFA, argumentó que lo que busca esta medida es “normalizar el juego” y puntualizó que “todos los que van a La Paz sufren una desventaja”. Palavacini fue aún más lejos al señalar que si bien nadie murió en La Paz por disputar un encuentro no se debe esperar a que esto suceda para tomar medidas.

Pese a los cuestionamientos que se realizan desde distintos sectores, la prédica de la FIFA no es infundada, ya que científicamente está probado que el llamado mal de altura produce trastornos físicos. La dificultad que implica jugar en los lugares más elevados sobre el nivel del mar sin el período de adaptación necesario (el cual sería imposible de cumplir con los actuales calendarios de competencias) es incuestionable y por eso los países que disponen de ciudades en el llano y en el alto prefieren ser locales en las últimas, a sabiendas de la dificultad extra que implica para sus rivales.

Ocurre que la decisión de la FIFA se vuelve injusta por parcial, por no ser equitativa. La altura no es el único elemento que condiciona el normal desarrollo de un partido. Si el ente rector del fútbol mundial determina que no se puede jugar por sobre los 2800 metros de altura, también debe establecer la veda de partidos a partir de temperaturas mínimas y máximas. Así, por ejemplo, se hace necesario elaborar un parámetro a partir del cual no se disputen encuentros si los termómetros están por debajo de los cero grados centígrados o por encima de los 35. Incluso no bastaría sólo con esto, sino que también habría que legislar en cuanto a la nieve y la humedad que hace al calor más intenso. La severa polución ambiental y la condesanción de enfermedades endémicas en determinados territorios también es un punto a evaluar.

Claro que establecer todas estas restricciones implicaría no la protesta ecuatoriana o boliviana, que difícilmente le preocupe a la FIFA, como sí los enojos de distintas potencias europeas que por las temperaturas extremas y las nevadas de muchas de sus ciudades deberían eventualmente suspender partidos. También se vería afectado el millonario fútbol mexicano si se estableciera que no se puede jugar en el mítico estadio Azteca del contaminadísimo DF y sería imposible disputar partidos en África (cuyas asociaciones fueron decisivas para que Joseph Blatter llegue al máximo puesto ejecutivo del fútbol mundial), por sus problemas sanitarios y su calor agobiante.

La FIFA asegura que no se puede jugar a más de 2750 metros sobre el nivel del mar pero avala que no ya futbolistas profesionales sino chicos menores de 17 años disputen un campeonato mundial en Nigeria, para lo cual deberán aplicarse un cóctel de una docena de vacunas y disputarán partidos con un temperatura de alrededor de 40 grados y una humedad del 80 por ciento aproximadamente.

La doble moral de presentarse como un templo de las buenas costumbres del deporte y ser en realidad una empresa que factura miles de millones de euros desde infinidad de hechos de corrupción es la carta de presentación de la FIFA. Marca, además, claras diferencias entre sus afiliados poderosos y los otros; por eso, si veta la altura no es por las dificultades físicas que se conocen hace décadas, sino por las constantes quejas de Brasil y Argentina por tener que ir a jugar a La Paz.
(Foto: Flickr.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 6 de abril de 2009

Frente interno

La estrepitosa derrota en La Paz ante Bolivia 6 a 1 generó, como era de esperar, una serie de cuestionamientos desde distintos sectores de la prensa. Hubo críticas fundadas y equilibradas, que son las que alimentan el debate con altura y construyen. Pero más aún abundó el circo, propio de realidad mediática que funciona hace ya buen tiempo. Entonces, a los oscilantes oportunistas que ponderan exultantes en la victoria y señalan con gravedad en la derrota sin más argumento que el resultado puesto, se sumaron los que estaban esperando a Diego Maradona con el cuchillo bajo el poncho. Es curioso que ese grupo que relativizó la victoria ante Venezuela se agarre de la humillante derrota con resultado tenístico como si esa fuera sí, efectivamente, la realidad de la Selección.

Al margen de la capacidad concreta de los medios y periodistas de instalar temas y guiar opiniones, existe un conflicto real que subsiste desde la designación de Maradona y es el que refiere a la composición del resto del staff del seleccionado. Este problema lleva ya 5 meses sin solución.

La Asociación del Fútbol Argentino designó a Maradona como director técnico del seleccionado mayor pero, en una determinación sin antecedentes, no le permitió elegir a la totalidad de sus colaboradores. Vedado, se vio en la necesidad de acudir a un plan alternativo y designó a Miguel Ángel Lemme y Alejandro Mancuso como ayudantes de campo. Se cuestionó, entonces, las capacidades y méritos de éstos, sobre todo del ex mediocampista central por su relación de amistad con el entrenador. Pero el eje de la cuestión no debería ser ese. Javier Torrente y Claudio Vivas eran mucho menos conocidos en el ambiente del fútbol que Lemme y Mancuso, pero fueron los hombres que Marcelo Bielsa entendía eran los indicados para trabajar con él en su proceso al frente del conjunto argentino, entre 1998 y 2004. El tema central es el hecho de que a Maradona le hayan impedido armar su cuerpo técnico ideal.

Humberto Grondona, puesto como Subsecretario de Selecciones Nacionales por su padre, Julio Grondona, todopoderoso presidente de la AFA, le pegó a Maradona tras la histórica derrota paceña. Desde su impunidad filial espetó que lo ocurrido ante Bolivia “tiene que servir de experiencia”, que “hay que trabajar y no subestimar a los rivales” y que “sería importante que (Maradona) escuche a la gente con mucha experiencia”, ya que “sería muy tonto” no consultar a un técnico campeón del mundo. Así, con otras palabras aseguró que el DT nacional no trabaja, que menospreció las cualidades del combinado boliviano y le dio sustento a los rumores que hablaban de cortocircuitos con Carlos Bilardo. Diego se había opuesto públicamente a la designación de Humbertito luego de que le negasen la posibilidad de sumar a Oscar Ruggeri a su cuerpo técnico, a lo cual Grondona puntualizó que su hijo no tendría injerencia en la mayor sino en los seleccionados juveniles, lo que hace aún más desubicadas sus declaraciones.

La actitud de Bilardo tampoco ayudó. Tres días antes del partido ante Venezuela adelantó, con misterios, que en 10 días haría un anuncio importante, lo que alimentó distintas especulaciones. Pero la lealtad incondicional de Bilardo hacia Maradona, que lleva más de 25 años, impide pensar en cualquier especulación. Consciente del error por el revuelo que generaron sus palabras y en la búsqueda subsanarlo, el DT campeón en México 86 dio varias entrevistas en las cuales aseguró que “ni loco” renunciaría a su cargo. Además, le bajó el tono a su anuncio al decir que “se entendió mal” y que “no tiene nada que ver con el fútbol”, sino que se trata de tres cláusulas de su contrato “que se están estudiando, que se tienen que aceptar o no, pero no son nada grave”. Agregó que su relación con Maradona está “bien”, que hablan “siempre” y que Diego lo escucha, aunque aclaró: “Yo le digo lo que él me pregunta. Lo que no me pregunta, no. Yo no soy de estar encima. Vos al técnico no le podés decir nada”.

Su trato directo con presidentes de asociaciones y confederaciones y su relevante presencia en congresos mundiales de fútbol le dan a Bilardo las condiciones óptimas para ejercer el cargo ejecutivo de Director de Selecciones Nacionales para el que fue designado. Tal vez ayudaría a aclarar el panorama que el propio doctor explicase puntualmente cuál es su rol y sus tareas. Seguramente Bilardo podría, además, aportarle mucho a la selección en el plano estrictamente futbolístico, pero esa es una decisión que debe tomar Maradona sin ninguna presión ni condicionamiento, contrariamente a lo que ha ocurrido hasta ahora.

Si la AFA le ofreció la dirección técnica del seleccionado a Maradona es porque confía en sus condiciones, con lo cual no debería haber puesto ningún reparo a la conformación de su cuerpo técnico. Daniel Passarella y Bielsa sufrieron las interferencias de las oficinas de Viamonte 1366, pero las que afronta Maradona son todavía más evidentes. Los señalamientos discordantes de la prensa y el público están dentro de las reglas de juego a partir de las diferentes posiciones que se pueden tener. Pero que sea la AFA la que ponga trabas crea un escenario muy complicado. Diego deberá tener como entrenador la misma cintura que tuvo como jugador para eludir estas dificultades.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 2 de abril de 2009

De la mano de Bielsa, Chile sonríe y reserva los pasajes para Sudáfrica

Acaso lo más difícil, en cualquier ámbito, sea cambiar estructuras de pensamiento. Cuando esa tarea apunta a un grupo, cuando de lo que se trata es de llevar un nuevo mensaje a un colectivo, el tiempo requerido suele ser mayor. A esa labor se arrojó Marcelo Bielsa cuando le ofrecieron -y aceptó- ser el entrenador del seleccionado chileno de fútbol, a partir de que su premisa era lograr un cambio de identidad respecto de lo que ha sido la historia del combinado trasandino. Lo logró prontamente a partir de un mensaje directo y un tremendo apego al trabajo. Consiguió entonces que el equipo busque ser protagonista en cualquier campo de juego, fortaleciéndose en lo grupal para suplir las carencias de talentos individuales. Iván Zamorano, en el podio de los mejores futbolistas chilenos de la historia, aseguró que "(Bielsa) le ha imprimido algo muy valioso al equipo, que es la credibilidad. Han ido a jugar a muchas partes del mundo y en todas partes es la misma idea: hay que ganar".

Chile supo antes de iniciar las Eliminatorias clasificatorias a Sudáfrica 2010 que sus competidores no serían Argentina, Brasil ni Paraguay, sino los restantes seis seleccionados nacionales. Ante esos rivales directos la Roja obtuvo 17 de los 24 puntos en disputa, varios de los cuales los consiguió de visitante: empató con Uruguay en Montevideo (2-2) y Santiago (0-0), le ganó a Perú en la primera (2-0) y en la segunda rueda (3-1) y también se impuso a Bolivia (2-0), en la Paz; Venezuela (3-2), en Puerto La Cruz, y Colombia (4-0), en el Estadio Nacional. Para llegar a los 20 puntos que acumula se dio el gusto de conseguir la victoria más deseada al vencer a Argentina (1-0) por primera vez en un partido oficial, lo que produjo el alejamiento Alfio Basile. Frente a sus competidores sólo perdió ante Ecuador, en Quito.

Con mucho menos material que Argentina y Brasil, Chile está tercero en la clasificación, un punto por debajo del Scracht y uno por encima de la albiceleste, con lo cual la posibilidad de que vuelva ser mundialista (su última presencia remite a Francia 1998), desde el proceso liderado por Bielsa, es muy concreta.

A partir de las diferencias políticas históricas que suelen existir entre países limítrofes y el correlato del recelo entre sus pueblos, la determinación de que un argentino se hiciese cargo de la dirección técnica de la Selección no fue bien recibida por el público chileno. Además, se sumaba la muy importante cifra estipulada en el contrato para Bielsa y su cuerpo técnico. Pero el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, Harold Mayne-Nicholls, no cedió ante esos señalamientos y avanzó en la concreción del proyecto que entendía era el mejor para el conjunto nacional. El tiempo le dio la razón. Ahora, el titular de la casa matriz del fútbol chileno procura renovar el contrato del entrenador más allá de su expiración, en 2011, y aseguró que el costo que representa su salario y el de sus colaboradores es “una oferta de liquidación", em relación a su producción. En contrapunto con aquella oposición inicial, estas aseveraciones son hoy compartidas por todo el público futbolero trasandino.

En sus años de seleccionador argentino, Bielsa logró exponer su ideal de fútbol. Con verticalidad, vértigo, presión, disposición a imponer condiciones siempre y versatilidad táctica aquel conjunto albiceleste ganó un marcado reconocimiento a nivel mundial. Siempre buscó maximizar la jerarquía individual a partir de una sólida estructura táctica. En el actual proceso en Chile el aspecto grupal le sirve para proteger a sus talentos y protegerse de su carencias.

En un amplio sector del público futbolero y de los medios de comunicación de Argentina, Marcelo Bielsa cargará siempre con la decepción que implicó la actuación del Mundial de 2002. Ante cualquier defensa al trabajo del rosarino, sus detractores, sin mayor análisis, expondrán como principal y acaso único elemento descalificador a su tarea la mala actuación en la Copa del Mundo de Corea y Japón. Pese a aquella frustración, ha dado comprobadas muestras de sus capacidades como entrenador y por eso Chile, pese a sus limitaciones, se encamina al Mundial del año próximo. Sería muy bueno que el fútbol argentino pudiera recuperar en el futuro a un profesiona de su categoría.
(Foto: Reporterodigital.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 1 de abril de 2009

Histórica y dolorosa derrota

En el estadio Hernando Siles de La Paz, por la 12º fecha de las Eliminatorias Sudamericanas clasificatorias para Sudáfrica 2010, Argentina sufrió la que bien podría ser considerada como la peor derrota de su historia, al caer 6 a 1 ante Bolivia. La imagen del segundo tiempo de los jugadores deambulando por la cancha y del entrenador, Diego Armando Maradona, con las manos cruzadas debajo de la espalda, la mirada perdida y la boca sellada es la triste síntesis que quedará de un partido que será recordado por siempre.

La Selección careció de todo. Fue un equipo estático, sin reacción, tácticamente huérfano y anímicamente descorazonado. Se trató de un compendio de errores conceptuales y técnicos, con horrores en defensa y la imposibilidad de generar juego, o, aunque más no sea, una serie de pases sucesivos fructíferos. Argentina fue un equipo desconectado, que dejó muchos espacios libres, lo cual es letal en la altura.

Con los antecedes al respecto, el cuerpo técnico argentino optó por permanecer en Santa Cruz para contrarrestar las dificultas físicas que se sabe acarrea jugar a 3.600 metros sobre el nivel del mar y ascendió a La Paz un par de horas antes del encuentro. De todas maneras, Maradona no se refirió a la altura antes del partido ni la puso como excusa una vez consumada la derrota, sino que en la conferencia de prensa que brindó, con el evidente dolor en el rostro por la terrible goleada, se refirió a la clarísima superioridad. “No hicimos absolutamente nada”, reconoció también el DT, que significó que “cada gol de Bolivia era un puñal en el corazón”.

Pese al derecho inobjetable que le asiste a Bolivia de ser local en La Paz, como es potestad de cada asociación afiliada a la FIFA elegir en qué ciudad del territorio de su país juegue su representativo, es indudable que la altura produce malestar en quienes no están habituados a la vida en esa geografía. Tal vez debería evaluarse si la opinión del cuerpo médico no debería ser preponderante para jugar en estas condiciones; es decir, si no es mejor ir con los futbolistas físicamente más aptos para soportar los efectos de la altura aunque esto implique poner en cancha un equipo con menor jerarquía al que pudiera conformarse en las circunstancias habituales.

Si bien la defensa de Maradona a que Bolivia jugue en La Paz fue loable, cometió un gran error como entrenador si no tuvo en cuenta el factor altura a la hora de plantear el partido de ayer. La mala planificación del encuentro explica la derrota y la altura define la goleada.

Una derrota en La Paz era previsible, si se tienen en cuenta las implicancias de jugar en La Paz, la importancia que le asignaba Bolivia al partido –que muy lejos de poder clasificar al Mundial no puso a sus mejores figuras el pasado fin de semana ante Colombia para reservadas para el choque ante el equipo de Maradona- y la falta de buenos resultados de Argentina en estas Eliminatorias jugando fuera de Buenos Aires: como visitante sólo le ganó a Venezuela y cosechó apenas 5 puntos de los 18 posibles. Sin embargo, el calibre de una caída lacerante, de una goleada vergonzante, provocó un estrépito feroz.

Así, como no podía esperarse de otro modo, el 6 a 1 en contra tuvo una gran repercusión en la prensa deportiva de todo el globo. Esta derrota debe ponerse en su justa medida: quedará para siempre en los anales del fútbol argentino y mundial, pero no es definitoria de cara a la clasificación del elenco nacional para el Mundial del año próximo, donde se descuenta su presencia.

El 6 a 1 ante Checoslovaquia en la Copa del Mundo de 1958, el 2 a 2 ante Perú que implicó no estar en México 70, el 4 a 0 del Mundial de 1974 ante la Holanda mágica, el 5 a 0 ante Colombia que obligó a penar en un repechaje ante Australia 15 años atrás y el empate 1 a 1 ante Suecia que marcó la eliminación en la primera ronda del Mundial de Corea y Japón fueron resultados negativos más trascendentales que esta derrota ante Bolivia. Pero por lo abultado del marcador y la talla del rival esta bien puede considerarse la peor derrota de la historia. Se trató de una experiencia dolorosa, un cachetazo tremendo para la riquísima historia del fútbol argentino, pero cuyos efectos no deberían ser significativos.
(Foto: Ole.com.ar - Reuters)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 30 de marzo de 2009

La selección crece a partir de su propia confianza

El pasado sábado, la selección argentina cumplió con la premisa fundamental que exigía el encuentro por Eliminatorias ante Venezuela en el Monumental: ganar con claridad. Lo expuso en el marcador final y en el trámite del encuentro, a partir de un equipo fuertemente convencido. Fue la respuesta a un público que colmó el estadio luego de hacer extensas colas para pagar el elevado costo de las entradas y marcó muy altas mediciones en las transmisiones televisivas. Desde la llegada de Diego Armando Maradona a la dirección técnica, el conjunto nacional construye una nueva y definida identidad y ha recuperado ese especial valor emocional que la supo caracterizar. Esto es claramente recibido por la gente y de ahí tanto apoyo y entusiasmo.

Fue, en líneas generales y pese a la modestia del rival, otra nota positiva para la Selección. La contundencia de un 4 a 0 puso de manifiesto las diferencias entre dos conjuntos con fuerzas por demás desiguales. Buen ritmo y verticalidad, sin caer en el manejo lateral excesivo, fueron las cartas de un equipo que necesitó de los primeros minutos del partido para acomodarse con firmeza en el campo y entonces sí exponer su contundencia.

El entrenador tomó riesgos y asumió responsabilidades en el armado defensivo del equipo. Ratificó en el arco a Juan Pablo Carrizo, quien llevaba más de dos meses sin competición oficial en la Lazio, donde es suplente. Armó una línea de tres en la cual Marcos Angeleri, debutante como titular después de haber jugado sólo unos minutos en la victoria ante Francia, actuó de líbero y los stoppers fueron Javier Zanetti, que pese a su polifuncionalidad nunca había actuado en esa posición, y Gabriel Heinze, el hombre más discutido de las últimas convocatorias. Ese esquema fue un acierto del entrenador: funcionó correctamente, aunque, es cierto, ante un rival de baja jerarquía y en un partido que quedó definido a los tres minutos del complemento con el segundo gol argentino, anotado por Carlos Tévez, de muy buen partido.

Nuevamente quedó de manifiesto el acierto de Maradona de armar la Selección a partir de Javier Mascherano, el hombre más importante del equipo, y Lionel Messi, el mayor talento, el más desequilibrante, del mundo futbolístico. La Pulga recibió, además, un espaldarazo con un tremendo valor simbólico al vestir la camiseta número 10, recibiéndola de quien la hizo leyenda. Y tanto el jugador del Liverpool como el del Barcelona han encontrado a sus complementos perfectos en la clase Fernando Gago y la enjudia Tévez, respectivamente. Ellos conforman el cuarteto que resume todo lo que es esta Selección.

La cuestión que no termina de resolverse es la del centrodelantero. Está claro que Sergio Agüero, pese a su gran categoría y valioso presente en el Atlético de Madrid, no siente la posición de ser cabeza de ataque. Así como Jonás Gutiérrez, un jugador sin marketing, apareció como una buena opción para jugar por la banda izquierda (aunque no tuvo una buena actuación ante los venezolanos), sería bueno que juegue de nueve alguien con más oficio en esa posición, como podrían serlo Diego Milito, Germán Denis o Gonzalo Higuaín.

El miércoles será momento de enfrentar a Bolivia, un seleccionado que no estará el año próximo en el Mundial de Sudáfrica. Será, sin embargo, un encuentro complicado a partir de que el conjunto del altiplano jugará ante el equipo de Maradona –para lo cual reservó a varios de sus titulares en el encuentro de este último fin de semana ante Colombia- y pesará la dificultad de adaptación que implica jugar en La Paz, ciudad situada a 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Con Maradona, la Selección recuperó la mejor versión de sus jugadores y la pasión de su público. Eso nace naturalmente de lo que transmite quien fue el mejor futbolista de la historia, que vestido con la camiseta de argentina se brindó como nadie al jugar con un tobillo destrozado, hacer interminables viajes para no dejar de estar y -ya instalado para siempre en la idolatría absoluta- no ocultar sus lágrimas ante el dolor de la derrota. Es un equipo con otra mentalidad y en la cual los protagonistas se sienten a gusto, algo que evidentemente no ocurría con Alfio Basile. Hay aspectos que deberán mejorarse, pero el equipo avanza a paso firme a partir de la seguridad en sus condiciones y de todo lo que siempre despertará Diego.
(Foto: PrensaLibre.com)

Patricio Insua
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