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martes, 2 de julio de 2013

La peor temporada de la historia


El choque entre Vélez y Newell´s, en Mendoza, marcó el cierre de una temporada aciaga. Pésimo formato de competencia, incongruentes reprogramaciones de partidos, violencia, muerte de un hincha, tribunas vacías y dirigentes continuamente por debajo de la altura de las circunstancias hicieron de la 2012/13 un pantano.

Vélez ya era campeón, había ganado el torneo Inicial; Newell´s también había festejado su título, al consagrase en el Final. Sin embargo, volvieron a enfrentarse para definir otra estrella. Algo más de 90 minutos otorgaron un campeonato de Primera División. En las décadas del 30, 40 y 50 era necesario afrontar más de 30 fechas para coronarse, pero esta vez apenas alcanzó con un encuentro.

Un título, 1.200.000 pesos y clasificación a las Copas Libertadores (Newell´s ya estaba clasificado antes de jugarla), Sudamericana y Recopa Argentina (campeón de la temporada versus ganador de la Copa Argentina) fue lo que se puso en juego en apenas un cotejo. Demasiado más cerca del sinsentido que del merecimiento deportivo.

El reglamento de la temporada establecía dos ganadores (Inicial y Final) y un campeón (el que surgiese del enfrentamiento entre ambos). Sin embargo, con la competencia en curso se modificó lo establecido para darle rango de título oficial también a la adjudicación de cada uno de los dos torneos.

En el segundo certamen de la temporada, Newell´s se supo campeón en un hotel antes de un partido por Copa Argentina como consecuencia de la suspensión de Estudiantes-Lanús al cabo del primer tiempo por el asesinato de Javier Jerez a manos de un policía bonaerense. El conjunto rosarino no pudo festejar frente a Atlético de Rafaela ya que la reanudación en La Plata, ocurrió después de la fecha 18 cuando correspondía a 17. De todos modos, el festejo hubiese sido en solitario en la cancha de la Crema, ya que la muerte en el Estadio Único determinó la prohibición de concurrencia para el público visitante.

Las recientes agresiones de barras de Independiente a Javier Cantero en la una frustrada asamblea expusieron la violencia reinante y fueron el intento de terminar con una Comisión Directiva votada por los socios, movimiento orquestado por los mismo que llevaron a la institución de Avellaneda a la ruina en la que se encuentra. Los violentos sucesos expusieron que además de los barras bravas como tales, hay socios, dirigentes y periodistas con conductas de barras.

Algunos de ellos son, inclusive, peores que los tradicionales delincuentes de paraavalanchas. El fútbol argentino cerró un año futbolístico que que lo obliga a repensarse en múltiples aspectos. Sus males, lejos de menguar, se hacen cada vez más profusos. Es hora de que el fútbol argentino deje de ser para los vivos.
(Foto: Telam.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 6 de noviembre de 2012

Distante del mejor, pero lejos del apocalipsis

La Primera División del fútbol argentino es una liga de discreto relieve. A eso podría agregarse que su organización multiplica desaguisados y la estructura de los estadios no se condice con la magnitud de los eventos. Ahí no se terminan los problemas; la violencia, los dirigentes ineptos y las sospechas de negociados tampoco escasean. 

Pero en el plano del juego las carencias no parecen ser el prólogo de un apocalipsis futbolístico. Pese a ser los menos, hay  partidos interesantes, equipos con virtudes y otros con buenas intenciones (no siempre concretadas). Y, sobre todo, tampoco dejan de surgir futbolistas de calidad. 

Son excepcionales los campeonatos en los que no haya tres o cuatro equipos destacados y, bajo esa línea, dos o tres que esbocen buenos rendimientos. En el torneo Inicial, Newell`s, Vélez y Belgrano han tenidos buenas producciones en continuado. El equipo cordobés no alcanza el brillo de leprosos y fortineros, pero les da legítima pelea con menos recursos. Por detrás, Lanús y Godoy Cruz son conjuntos que persiguen una idea colectiva y protagónica; lo mismo que Colón, aunque un escalón por debajo. 

Ignacio Scocco, Lucas Pratto, Luciano Vietto, Lisandro López, Walter Erviti, Lucas Mugni, Lucas Melano, Ricardo Centurion, Leandro Paredes y Maximiliano Caire son algunos de los futbolistas con alta nota. Unos con más recorrido y otros en el tramo inicial de sus carreras, gestionan con pelota con destaque. 

Es cierto que los buenos equipos, los partidos atractivos, las jugadas finamente hilvanadas y los futbolistas con pulida técnica y decisiones correctas constituyen una minoría. Pero se trata de una minoría que no deja de reproducirse y que cada torneo se ratifica o genera nuevas expresiones. El fútbol argentino tiene limitaciones técnicas y tácticas, pese a lo cual ofrece aspectos interesantes y es la cuna de muy buenos futbolistas. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua 
patinsua@hotmail.com

martes, 14 de agosto de 2012

Los chicos atrás

Ardía el Morumbí, como una semana antes había sido un hervidero el Parque de la Independencia. Corría el año 1992 y para las finales de la Copa Libertadores, ante el San Pablo de Telé Santana, Marcelo Bielsa repetía la zaga central que había llevado a Newell´s hasta esa instancia del campeonato: Fernando Gamboa y Mauricio Pocchettino. Tenían 21 y 20 años, respectivamente. Además, en el carril izquierdo se ubicaba Eduardo Berizzo, quien con 22 años había asumido la responsabilidad de patear el penal con el cual el equipo rosarino se había impuesto 1-0 en el partido de ida.

Dos décadas más tarde y en el contexto de un fútbol doméstico de discreta calidad, técnicos y directivos no están dispuestos a confiar en los juveniles formados en las divisiones inferiores. La histeria de un fútbol urgente busca su reaseguro en profesionales de mayor rodaje. Contratos más onerosos y descapitalización son el precio que pagan los clubes por el temor de los conducen y la impaciencia de los que llenan los estadios.

En su debut en el torneo Inicial, Independiente formó su última línea con tres de cuatro defensores mayores de 34 años: Eduardo Tuzzio (38), Cristian Tula (34) y Claudio Morel Rodríguez (34). Además fueron titulares Hilario Navarro (31), Roberto Battión (30), Víctor Zapata (33), Ernesto Farías (32) y Luciano Leguizamón (30). El contrapunto del equipo senior era el banco de suplentes, donde aguardaban Diego Rodríguez, (23), Leonel Galeano (21), Fabián Monserrat (19), Federico Mancuello (23), Martín Benítez (18) y Patricio Vidal (20).

Leandro González Pirez y Germán Pezzella se destacaron en las selecciones juveniles y desde los pasillos del Monumetal emana hace tiempo una alta consideración para ambos. Pero sus oportunidades en el primer equipo millonario fueron escasas. Y lo seguirán siendo. En el mercado de invierno, River decidió gastar más de 8.000.000 de pesos en adquirir el 60 por ciento del pase de Jonathan Bottinelli. Además sumó a Gabriel Mercado para ubicarlo en una posición en la que Luciano Abecasis se había destacado en el ascenso. Si bien la diferencia de edad entre uno y otro no es sustancial (25 a 22), el futbolista formado Racing no llega a Núñez para cambiar la ecuación desde el lateral derecho.

En Boca, los juveniles son un recurso lejano para Julio Cesar Falcioni. Ante cada necesidad no ya de un titular sino de una alternativa, la búsqueda estuvo afuera. Así, Sebastián Dángelo, Orlando Gaona Lugo, Juan Sánchez Miño y Exequiel Benavidez, entre otros, vieron reducidas sus oportunidades. Desde la institución de la Rivera fueron negociados en los últimos años varios centrales jóvenes con buenas aptitudes (Sauro, Forlín, Muñoz, Silvestre, Cahais) y hoy esa posición es ocupada por Rolando Schiavi, a quien la dirigencia xeneize le renovó el vínculo a seis meses de cumplir 40 años. Sumó para ese sector a Guillermo Burdisso y Lisandro Magallán, dos jugadores en el tramo inicial de sus carreras, pero lo hizo a un alto costo económico.

Con una etiqueta inconfundible, Argentinos Juniors generó en su cantera a la mayoría de los mejores volantes centrales del fútbol nacional en últimas décadas. El año pasado hicieron su presentación en el Bicho Matías Laba y Gaspar Iñiguez. Técnicos para administrar la pelota y criteriosos en los desplazamientos, se destacaron como clásicos número 5 y también se unieron en un destacado doble pivote central. Sin embargo, la institución de la Paternal contrató para el torneo Inicial a Alejandro Capurro, de 31 años. En la derrota del debut ante Vélez, Laba, de 20 años, e Iñiguez, de 18, vieron el encuentro desde el banco de suplentes. La contratación del exjugador de Colón y Gimnasia, titular en Liniers, atenta contra la actualidad y el futuro de Argentinos y es una negación de su historia.

Distinta por oposición fue la apuesta del Fortín. El conjunto dirigido por Ricardo Gareca se floreó a partir de un mediocampo con un promedio de edad de 20 años y seis meses, compuesto por Agustín Allione (17), Francisco Cerro (23), Ariel Cabral (24) y Brian Ferreira (18). Siempre Vélez es una sana excepción.

Estudiantes, por su parte, le abrió las puertas al regreso de Agustín Alayes. Tras su mala experiencia en River, en el Nacional B, el zaguero meditaba el retiro, decisión que postergó tras el llamado de Banfield. En sur del Gran Buenos Aires no se despegó del desastroso torneo hecho por un equipo que se arrojó a un descenso estrepitoso. A los 34 años y sin destaque en las pasadas tres temporadas, el conjunto platense se fijó en él. Estuvo desde el inicio Estuvo desde el estreno ante Tigre, mientras que Matías Sarulyte, categoría 1989 y quien se afirmaba en el Clausura, fue relevo.

Pese a las falencias existentes en el fútbol de base, las divisiones inferiores, la aparición de juveniles con buenas condiciones se mantiene. Pero una vez promovidos al fútbol profesional la consideración es escasa. Cuando los triunfos son esquivos, entrenadores y dirigentes son los primeros apuntados por la exigencia de los hinchas; por eso unos reclaman contrataciones y los otros las concretan. Así, el primer blanco del descontento son los jugadores experimentados, que año tras año, con los mismos colores o una nueva camiseta, se mantienen sin perder su lugar cada fin de semana. Mientras tanto, los chicos esperan atrás. (Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 4 de octubre de 2011

Por sus méritos y el contexto, Boca desfila al título

Julio César Falcioni logró armar su mejor Boca en el momento indicando, cuando Vélez, Estudiantes y Lanús perdieron su forma. Así, por la autoridad futbolística mostrada superado el meridiano del Apertura y la anemia de los rivales de fuste, el Xeneize se aleja en lo alto de la tabla de posiciones. Hizo lo suyo con una notable mejora respecto de la primera mitad de año y los demás, hasta acá, le allanaron el camino.

Los datos estadísticos y la exposición de su juego se evidencia el resurgir. Apenas recibió dos goles en diez fechas, lleva 20 partidos invicto y volvió a ocupar en solitario la punta de un campeonato después de más de 100 fechas y casi tres años. En los últimos cuatro torneos el protagonismo había quedado referido al peso de su camiseta y no a la pelea en los primeros lugares. La conformación de un conjunto sólido, rocoso, ordenado y colectivo y con una luminosa versión de Juan Román Riquelme, la cual parecía extinta, se generó desde el trabajo del técnico, con trabajo de campo y convencimiento del plantel.

Uno de los mayores méritos del entrenador ha sido despertar al Nº 10. En los últimos dos años el ídolo había mostrado su jerarquía en cuentagotas, pero ahora revitalizó su juego para marcar claras diferencias en el amesetado fútbol argentino. Desde su estelar actuación en la conquista de la Copa América 2007, la cual lo tuvo como factótum, que no aparecía en la dimensión que hoy muestra. Seguramente desde concepciones del juego distintas, Falcioni convenció a Riquelme y Riquelme convenció a Falcioni.

El DT campeón con Banfield (título que le valió la consideración de la dirigencia boquense) consiguió también que los futbolistas que llegaron al club desde que se hizo cargo del plantel alcanzasen un destacado rendimiento. Diego Rivero, Leandro Somoza, Rolando Schiavi, el lesionado Darío Cvitanich, Agustín Orión y Walter Erviti, su jugador, hicieron hasta acá un aporte de alta cotización.

Boca marcha con cinco puntos de ventaja sobre Atlético de Rafaela, uno de los equipos ascendidos en esta temporada y quien conoce perfectamente que su realidad no pasa por pelear el campeonato sino por consolidar en la primera mitad de la temporada su permanencia en Primera División. Un punto por detrás de los santafesinos aparece Racing, también todavía invicto y con la valla bien resguardada (apena recibió tres tantos), pero el equipo dirigido por Diego Simeone todavía no logró consolidarse en su idea y estructura.

En un semestre electoral, la intención de Carlos Bianchi de volver a dirigir será la promesa proselitista de cada uno de los candidatos a encabezar la nueva Comisión Directiva. Mientras el futuro de Falcioni parece no conjugarse en la institución de la Ribera, el DT afianza un equipo que avanza decidido hacia su 24º título en el fútbol argentino.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 2 de agosto de 2011

Un proyecto caído por su propio peso

Los promedios se instauraron (tras su génesis efímera en la década de 1940) después de que San Lorenzo perdiese la categoría; pasaron entonces a computarse la temporada en disputa y la precedente, pero ese sistema no le alcanzó a Racing, que también se fue a la vieja Primera B. Entonces la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió que se tomasen en cuenta los últimos tres años futbolísticos para establecer el coeficiente de descenso. Era el reaseguro para que los grandes no volviesen a caer y la definitiva disposición del negocio por delante de la pelota. El sistema funcionó sin fisuras por casi tres décadas, hasta la hecatombe de River.

Para reposicionar al Millonario y ante el peligro latente por los bajos promedios de Boca, San Lorenzo y Racing se pensó en un campeonato que uniese la Primera División y el Nacional B en un megatorneo de 38 equipos. De esta manera se garantizaba el regreso de River al tiempo que se desactivaba la alarma de peligro respecto de los otros cuatro poderosos.

Ernesto Cherquis Bialo, vocero de la AFA, reconoció en una nota radial que la búsqueda de un cambio trascendental de ninguna manera se hubiese dado sin el descenso del club presidido por Daniel Passarella, quien emitió un comunicado en el cual se desligaba de cualquier maniobra para establecer el nuevo formato dado que su aspiración es regresar al sitio dejado por méritos deportivos.

El anunció del tratamiento del proyecto antes de fin de año para, de aprobarse, iniciar la nueva era a mediados del año próximo implicaba un desatino mayúsculo referido a comenzar la temporada con un reglamento flotante en lo que refería a ascensos y descensos.

Algunos dirigentes, entre ellos Julio Baldomar, vicepresidente de Vélez, y Nicolás Russo, titular de Lanús, aseguraron que la idea no había surgido de la AFA sino del gobierno nacional. Julio Humberto Grondona, presidente de la casa matriz del fútbol argentino, y Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de la Nación, los desmintieron.

La cronología implicó el anunció de fusión de la Primera División con la máxima divisional del Ascenso, indicios de retractación, la ratificación en la voz de José Luis Meiszner, secretario ejecutivo de la AFA, y vuelta a foja cero. Los desatinos y las contradicciones abundaron. La postura mayoritaria fue de rechazo. Las desprolijidades no podían más que hacer caer un proyecto que estaba sostenido sobre patas de gelatina.

Los promedios se instauraron para proteger a los grandes y los torneos cortos para devolverlos a la gloria luego del reparto de títulos de la década de 1980. Este amago de cambio iba en la misma dirección.

El megatorneo quedó archivado, aunque difícil sería afirmar que definitivamente. Habrá que ver qué sucede si el derrotero de River el Nacional B no es satisfactorio y si se mantienen los flacos coeficientes de Boca, San Lorenzo y Racing. En el fútbol argentino nunca parece estar dicha la última palabra.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 14 de junio de 2011

Mucho más que un campeón

El torneo Clausura 2011 coronó al mejor equipo de la temporada y a la institución deportiva más sólida del país. Una dirigencia responsable, un entrenador –Ricardo Gareca- laborioso y desconocedor de excusas, un plantel nutrido desde su propia cantera, un equipo de virtuosismo colectivo y un nexo –Christian Bassedas, el manager- ideal entre la directiva y los protagonistas propiciaron el éxito. En Vélez todo es consecuencia.

A falta de una fecha para que se complete el torneo, suma 36 puntos (en el Apertura fue segundo de Estudiantes con 43). Será uno de los equipos que menos puntos necesitó para consagrarse entre los últimos campeones. Pero haber convertido en todos sus partidos, ser el conjunto más goleador con 34 tantos (por intermedio de 12 jugadores distintos) y mantener la valla invicta en la mitad de ellos exponen los méritos. Al margen de la estadística, el equipo de Liniers expuso un gran juego.

Apoyado en una estructura tejida armoniosamente, fue un equipo completo: sólido en defensa, de transiciones rápidas sin arrebatarse en el mediocampo, virtuoso y efectivo en ataque. Siempre confió en sus argumentos. La eliminación a manos de Peñarol en las semifinales de la Copa Libertadores no fue un golpe de knock out. Se repuso para quedarse con la gloria doméstica.

El equipo dirigido por Gareca tuvo en cada línea, al menos, a uno de los más destacados jugadores del campeonato en su puesto. Marcelo Barovero fue el mejor arquero del torneo; muy seguro y sin estridencias, sostuvo al equipo desde atrás y brilló en los momentos determinantes, como ante Godoy Cruz, en la 17º fecha. Sebastián Domínguez fue el comandante de una defensa sólida y de gran entendimiento. Víctor Zapata ratificó su inteligencia para interpretar el juego y ejecutar con claridad. En ataque, Maximiliano Moralez fue un constante generador de espacios, Juan Manuel Martínez un gambeteador vertical con gol y Santiago Silva un centrodelantero conocedor de todos los secretos del puesto.

Ganó su octavo campeonato doméstico, para sumarlo a los cinco logrados en el plano internacional. Presente en 77 de las 80 temporadas que se llevan del profesionalismo se ubica quinto en la tabla histórica. El legado de José Amalfitani se aprecia en el estadio que lleva su nombre y en la Villa olímpica. Vélez reconfigura una historia pretendida de una vez y para siempre. Es un grande.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 31 de mayo de 2011

Pura coherencia

El final del Clausura y el cierre de la temporada se para de frente contra los axiomas futboleros que rezan que cualquiera le gana a cualquiera y que este es un deporte sin lógica. Observar quiénes pelean por el título y cuáles son los clubes que sufren por mantener la categoría deja a las claras que la coherencia en los caminos que se recorren marca los designios.

Vélez, Lanús y Godoy Cruz, desde su solidez institucional, construida a partir de la consecuencia a un proyecto por parte de sus dirigentes, son los equipos que mejor juegan y los que dirimirán la corona del Clausura 2011. Bien podría integrar ese grupo Estudiantes de La Plata, el equipo más poderoso en el último lustro, pero quien se encuentra en un paréntesis, lejos de su mejor versión y sin posibilidades de revalidar el campeonato conquistado en la primera mitad de la temporada. Pese a la ausencia del Pincha, el hecho de que no haya ningún colado enaltece aún más lo hecho por los vanguardista, y lo que representará para el vencedor final, por el peso específico de sus competidores.

En el otro extremo, entre los que pugnan por mantener la categoría, si se toman en cuenta los clubes que establecen su coeficiente de Promedio en tres temporadas y se excluye a los ascendidos en 2010, entonces ahí aparecen Huracán, Gimnasia y Esgrima de La Plata y River. A lo largo de 111 partidos han acumulado más pesares que satisfacciones arrastrados por los desatinos y la negligencia de sus dirigentes, cuando no de conductas aún más graves. Es imposible entender el momento más determinante en la historia del Millonario sin nombrar a José María Aguilar.

El fútbol argentino, en la definición de su año competitivo, es pura lógica. La coherencia, como casi nunca, queda expuesta en las tablas que marcan sin dobleces lo hecho por cada quien.
(Fotos: telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de mayo de 2011

El futuro es suyo, por prepotencia de habilidad

En un medio aplanado, la falta de talento se suple con rigor físico. Forjar la mejor puesta a punto desde la preparación atlética es un arma legítima, máxime cuando se cuenta con menos recursos que adversarios más calificados. Ocurre que esa imposición de la fuerza parece haber desembocado, en buena medida, en un círculo vicioso que terminó por volverla el punto indispensable en la conformación de un futbolista. En ese contexto, todavía, afortunadamente, quedan buenos resquicios por donde de se filtran quienes eluden esa lógica y brillan por su ductilidad.

Si existe una rasgo diferenciador en los jugadores argentinos habilidosos, un sello, una marca de agua, seguramente esté impresa en Eric Lamela, de River, y Ricardo Álvarez, de Vélez. Juveniles de gran despliegue y gambeta indescifrable, imponen su juego más desde sus aptitudes técnicas que desde su portento físico. Veloces y explosivos, esa virtud es complemento de lo que los distingue. Llegaron a Primera con el desarrollo corporal que hoy se impone como condición necesaria en las divisiones inferiores, pero la técnica siempre se mantuvo como su cualidad esencial.

Los caminos que recorrieron fueron muy distintos, pero ambos se vieron obligados a dar muestras de carácter. Lamela fue noticia a los 12 años cuando el Barcelona le ofreció a su familia un contrato de más de 100 mil euros anuales para que se instale en La Masía, la fábrica de talentos catalana. Tras un período de tensión, River hizo un desembolso para generar un precoz profesional del fútbol y mantenerlo en sus filas. Así, creció bajo miradas atentas y supo eludir esa presión para mantener su frescura. Distinto fue el derrotero de Ricky Álvarez, quien no encontraba lugar por su esmirriada contextura. Así fue que en las divisiones juveniles de Boca tenía escaso lugar porque “preferían jugadores más corpulentos”, según contó recientemente. Lejos de darse por vencido, se apoyó en su talento, que fue valorado en Liniers.

Lamela luce la mítica 10 de River y sus características lo emparenta con los clásicos organizadores de juego que en los últimos años se han mudado al lado del número cinco o al costado izquierdo. Vertical, inteligente para descargar e ir a buscar, y con buena visón periférica, procura terminar las jugadas; aunque desde su juventud pueda equivocar en ocasiones la opción más conveniente. Dispuesto desde los laterales del mediocampo también ha sabido marcar diferencias.

Álvarez tardó más que Lamela en asentarse. No encontraba su lugar en la cancha y la desazón le había costado incluso algunas tarjetas rojas. Las lesiones también hicieron su parte. Pero el contexto dado por un equipo de fuerte sustento colectivo, con un marcado sostén táctico y jugadores destacados, lo ayudó a encontrar pronto su mejor versión. Y la dio desde el centro de la cancha, como doble pivot central, y también desde las bandas para terminar las jugadas hacia adentro.

Lamela y Álvarez exponen un avance sostenido. Futbolistas de momentos y jugadas en sus primeras apariciones, sus tareas cada vez tienen más sustento. Destacados por la prepotencia de su habilidad, son certeros proyectos de crack.
(fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de abril de 2011

Un torneo imprevisible desde el mando de los futbolistas

Cuando el campeonato traspasó su meridiano y quedan ocho fechas para el final, el desenlace es impredecible. En la disputa por el título y en la asfixiante puja por evitar el descenso. La síntesis es Olimpo, que pelea por mantenerse en el círculo privilegiado del fútbol argentino al tiempo que se anima a espiar de cerca la cima de la tabla.

La irregularidad dominante quedó expuesta en la derrota del líder, Vélez, como local, ante el equipo menos productivo de la temporada, Quilmes. El torneo apasiona desde la paridad, pero el nivel es bajo. Es la medianía la que empareja. Jugadores con marcadas carencias técnicas y tácticas y entrenadores estancados en el orden actual de las cosas sin ánimo de romper ese status quo configuran el alicaído medio doméstico.

Los directores técnicos son los principales responsables de la expresión colectiva de un equipo, pero transitan un período en el que, en buena medida, su derrotero está atado a las desavenencias de los futbolistas. En once fechas se vieron innumerable cantidad de errores impropios de un futbolista profesional de Primera División. Los inconvenientes para controlar la pelota y las distracciones y equivocaciones en movimientos para tapar espacios o descubrirse se multiplican cada fin de semana.

Los conductores son rehenes de los jugadores, de sus marcados errores individuales. Mientras los responsables del andamiaje colectivo pueden equivocar planteos, no acertar con los cambios y realizar lecturas incorrectas, no son responsables de las fallas elementales de los jugadores, quienes, además, muchas veces, fuerzan el trato para imponer sus condiciones.

La magra calidad del juego que se ve en las canchas argentinas es el punto cúlmine de un proceso complejo, con divisiones inferiores más preocupas por ganar que por formar, juveniles tirados a la cancha salteando etapas, futbolistas experimentados con errores de novatos y entrenadores refugiados en lo establecido como patrón. Una revolución desde los cimientos se impone para iniciar una nueva era.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@hotmail.com

martes, 29 de marzo de 2011

Godoy Cruz, Argentinos y Olimpo, tres procesos para destacar

El listón en lo más alto del fútbol argentino lo sostienen Vélez y Estudiantes. Consecuencia con un proyecto, intransigencia en la búsqueda de protagonismo y permanencia en los primeros lugares los colocan al tope. Sus propuestas, con elementos comunes y otros diferenciadores, imponen condiciones; y, con lógicos paréntesis, son los mejores en el medio doméstico y equipos de mucho respeto fronteras afuera.

En esa marquesina que encabezan los de Liniers y La Plata la continuidad del foco conduce a los desempeños de Godoy Cruz y Argentinos Juniors. Con menos material que los anteriormente mencionados y el ingenio y el trabajo necesarios para mantenerse en la pelea de arriba pese a los fuertes movimientos de jugadores que sufieron, logran dar pelea en el Clausura y en la Copa Libertadores.

Antes del inicio de 2011, Omar Asad se alejó de la dirección técnica y, además, Godoy Cruz perdió su ataque completo con las salidas de Jairo Castillo, César Carranza y David Ramírez, en el podio de los mejores de la primera mitad de la temporada. Entonces los mendocinos pusieron manos a la obra; no para reinventarse, sino para mantener la misma fisonomía con otra conducción y distintos intérpretes. Con la política de no anteponer el fútbol a la institución, Mario Contreras, presidente del club, buscó “un entrenador de acuerdo al plantel”, de modo tal de evitar la contratación de un técnico que luego exigiese la llegada de varios nuevos futbolistas. La elección recayó sobre Jorge Da Silva y con el uruguayo el Tomba supo mantener su juego prolijo, de buen toque de pelota, salida rápida por las bandas y determinación de no refugiarse cerca de su arco ante ningún rival.

El único invicto que le queda al Clausura es Argentinos Juniors. El conjunto de La Paternal disputó 11 partidos en el año y apenas perdió uno, ante Nacional de Montevideo, en el Diego Armando Maradona, por la Libertadores. Pedro Troglio logró conformar un equipo que maximiza sus recursos al explotar virtudes y camuflar defectos. Seguramente ningún campeón sufrió la sangría que vivió el Bicho. Tras el título se fueron el entrenador, el arquero, el primer central y capitán, los tres delanteros titulares y el primer suplente. El costo implicó tener que esperar hasta la octava fecha del Apertura para ganar el primer partido. Ese triunfo actuó de válvula de escape cuando la paciencia parecía agotarse. Desde entonces, la remontada, en rendimiento y resultados favorables, se hizo evidente. Troglio no protestó cuando desmembraron al campeón ni tampoco cuando antes del Clausura fue transferido Néstor Ortigoza, el jugador más determinante. Pese a esa importante ausencia mantuvo la identidad de un conjunto que presiona, se mantiene compacto entre líneas y expone un sólido sentido colectivo.

En otra pelea, la de mantener la categoría, debe destacarse lo hecho por Olimpo. Cuando las decisiones se toman con convencimiento y no desde la demagogia, debe ser difícil para una comisión directiva determinar cuándo el proceso de un entrenador está agotado. La evaluación, más que a los resultados, debería centrarse en el trabajo realizado y la percepción del convencimiento de los jugadores en las ideas y métodos del entrenador. En el Apertura, entre la quinta y la décima fecha, el conjunto de Bahía Blanca sufrió una racha de seis derrotas consecutivas. Pero la sorteó. Fue clave el aplomo dirigencial para sostener a Omar De Felippe como entrenador y apostar por un proyecto en marcha (que venía desde el Nacional B) en lugar de arriesgar con el inicio de otro. Llegó el momento en que el equipo apareció en su mejor dimensión y ahora el elenco aurinegro pelea en los primeros lugares y le escapa a la zona de descenso.

Godoy Cruz, Argentinos Juniors y Olimpo apostaron a la coherencia y se plantaron ante las urgencias para confiar en lo estructural por sobre lo coyuntural. Hoy, disfrutan de los buenos resultados que maduraron lejos de la histeria que impera. (Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua patinsua@gmail.com

martes, 22 de marzo de 2011

La violencia de todos

El de Ramón Aramayo será un nombre más, uno de los tantos que ya dejó en el olvido el fútbol argentino. Integra la larga lista de los que murieron en el intento de ir a ver un partido. Su deceso, aún por aclararse, habría sido producto de apremios ilegales por parte de la Policía Federal en las adyacencias del estadio José Amalfitani. Luego, Vélez y San Lorenzo jugaron apenas siete minutos antes de que el encuentro se suspendiese por la agresión de la parcialidad local a Pablo Migliore y los destrozos en la tribuna visitante.

La violencia en el futbol tiene bien marcada su escala de culpables, pero ya nadie parece quedar exento. A esta altura, no hay inocentes. Todos tienen su parte, dirigentes, Policía, barrabravas, hinchas, Justicia, jugadores y periodistas. Las excepciones remiten a individualidades.

La cara visible son los barras. Ejercen la violencia física en primera persona; cuando reposan, es producto de la extorsión satisfactoria. Actúan a sabiendas del cobijo que tienen en distintos ámbitos: político, dirigencial, policial y judicial. Además, han sido legitimados desde dos sectores. Por un lado, son el blanco de los festejos de los jugadores, es a ellos a quienes ofrendan los goles. Por otro, son vitoreados y festejados por la mayoría del resto de los concurrentes a los estadios, cuyas cartas de presentación suelen ser los insultos y escupitajos.
El principal enemigo de los concurrentes al fútbol, su blanco predilecto, es la Policía. El maltrato de uno y otro lado parece no tener retorno, pero la mayor culpa le caberá siempre a los uniformados, por ser profesionales de la tarea que deben realizar. El maltrato y el abuso del poder y la fuerza nunca encuentran justificativo.

Si la violencia en el fútbol no nace por generación espontánea, sino que es engendrada por una sociedad semejante, al menos parecería que condensa sus peores conductas. Ir a ver un partido debería ser un momento de divertimento, de ocio, de disfrute, donde la alegría de un triunfo o la desazón de una derrota no deberían vivirse con la desmesura que se aprecia.

La solución, seguramente, está en manos de las personas con cargos y potestad para tomar determinaciones. De todos modos, en la medida en que cada uno de los involucrados en el fútbol revise y corrija sus conductas se podrá comenzar, lentamente, a transitar un camino alejado de la muerte y la violencia y cercano al disfrute de un espectáculo deportivo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 31 de agosto de 2010

El momento “determinante” de los entrenadores

La anemia colectiva y la falta de sustento individual mostrado por Boca en la derrota ante All Boys había llevado a Claudio Borghi a sentenciar tras el encuentro que el siguiente, frente a Vélez, sería determinante. No puntualizó lo que quería significar con ese término y en su siguiente conferencia de prensa aseguró que nunca había pensado en renunciar. La victoria en la Bombonera ante el conjunto de Liniers archivó el asunto.

Acorralado por un pobre inicio en el Apertura, en el que está último con un punto en cuatro partidos, Daniel Garnero, entrenador de Independiente, eligió la misma palabra que su colega xeneixe: “Puede ser que no seguir en la Sudamericana sea determinante”. En el partido de ida, el Rojo le ganó en Avellaneda a Argentinos Juniors 1 a 0 y la continuidad en el plano internacional es, según quedó planteado, la llave para que Garnero se mantenga en el cargo.

Al parecer, “determinante” pasará a ser la palabra de cabecera para los entrenadores que, asfixiados por la falta de resultados positivos, aturdidos por la reprobación de los hinchas, aislados por la falta de proyección dirigencial y señalados por la histeria mediática, se sientan tambalear en el borde del abismo.

En el fútbol argentino es una rareza encontrar un proyecto que sobreviva a un mal comienzo. El límite es cada vez más próximo, máxime cuando se trata de alguno de los equipos más populares. Optar por un cambio de conducción se trasformó no en una opción posible en la búsqueda de una solución sino en la única alternativa.

El partido determinante para los entrenadores aparece cada vez más cercano en el horizonte. Principales responsables de lo que sus equipos puedan producir dentro de la cancha, nunca son los únicos. Los recursos que proporciona la dirigencia, el compromiso de los jugadores y la talla del oponente configuran un contexto que debe ser tenido en cuenta.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 19 de abril de 2010

Otro capítulo de la violencia en el fútbol

La decimoquinta fecha del Apertura se desarrolló con varios incidentes en los encuentros que se disputaron durante el fin de semana. No faltaron hechos de violencia explícita ni tampoco los mensajes intimidatorios, como lo son siempre las banderas colocadas en el centro de las tribunas populares. Esta vez se vieron en el seno de las hinchadas de Boca y River.

La 12 sentenció en letras azules sobre fondo amarillo “Martín Palermo, mi único héroe en este lío”, un claro respaldo al N° 9 en la disputa que mantiene con Juan Román Riquelme, quien en la última conferencia de prensa que brindó dio a entender claramente que había sufrido un apriete de ese grupo. El histórico goleador xeneixe siempre ha exhibido una deportividad ejemplar, con un profesionalismo que muchas veces lo llevó a extender y agregar jornadas de trabajo a las pautadas por los cuerpos técnicos, sin simulaciones ni reclamos de tarjeta para los adversarios, algo tan habitual en los últimos años del fútbol argentino. Sin embargo, su relación con la barra brava boquense, dedicándole goles, con visitas a líderes detenidos y participaciones en sus eventos para recaudar dinero, ha sido una mancha en su carrera.

Por su parte, Los Borrachos del Tablón colgaron una bandera en lo alto del Monumental que rezaba “Muñeco Gallardo ortiva y golpista”. Los reclamos de los barras a los jugadores siempre están referidos a las cuotas que pretenden cobrarles a los jugadores y ahí está la explicación al primer adjetivo: la negativa al aporte. Con la cercanía del Mundial el botín se incrementa y, entonces, la virulencia también. El segundo seguramente hacía alusión al rol del ídolo millonario en la salida de Reinaldo Merlo de la dirección técnica, en los primeros días de 2009.

En el estadio Diego Maradona, donde Chacarita hace de local, la derrota parcial 2 a 0 ante Atlético de Tucumán provocó la ira de una parte del público que descargó su furia contra los blindex y alambrados perimetrales. Aunque lo más grave ocurrió días antes del partido y en otros ámbitos. Primero fue la intimidante presencia de miembros de barra del conjunto de San Martín en los tribunales donde el ex juez Mariano Bergés fue sobreseído en el litigio que mantenía con Luis Barrionuevo, sindicalista y político que fuera presidente del Funebrero. En tanto, Walter Chichilo Acevedo, líder de la barra tucumana, fue detenido acusado de balear la Subjefatura de Policía.

Otro episodio similar ocurrió en Rosario, donde el día balearon la casa de una hermana de Roberto Pimpi Camino, justo cuando se cumplía un mes del asesinato del ex jefe de la barra leprosa en los tiempos de Eduardo López. Durante el clásico ante Newell´s, el día anterior, se habían producido incidentes en los sectores de cabinas, donde plateístas de Central agredieron a algunos periodistas.

En otro choque de rivales acérrimos, San Lorenzo y Huracán, hubo enfrentamientos entre parte de la parcialidad del Globo y la Policía. En tanto, en el último partido del domingo, hinchas de Vélez arrogaron butacas y varios de Racing pretendieron avanzar hacia su ubicación, para lo cual derribaron una reja divisoria y más tarde regresaron a su sitio haciendo equilibrio por una cornisa de la segunda bandeja del estadio Presidente Perón.

El fútbol argentino está enfermo de violencia, víctima de las sociedades entre dirigentes políticos, policías, dirigentes y barras bravas. Cada uno a su manera alimentó durante años un entramado que parece ahora imposible de desarticular. Los hinchas de a pie, con insultos, escupidas y vítores a los bravos también hacen su aporte. Claro que las responsabilidades no son las mismas y será tarea de quienes ocupan posiciones que implican tomas de decisiones obrar para que el fútbol deje de ser un espectáculo de alto riesgo.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
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lunes, 8 de marzo de 2010

Independiente sí dice presente

Cerca del ecuador del campeonato, Independiente llegó a lo más alto de la tabla de posiciones. En un torneo que se había presentado como el terreno ideal para la reivindicación de los históricos cinco grandes del fútbol argentino, el conjunto de Avellaneda es el único que asumió esa responsabilidad de protagonismo. En el pasado Apertura ganado por Banfield terminó como el mejor posicionado de los clubes más populares del país, pero sabía que en este torneo debía ir por más.

Su victoria 2 a 0 ante un River en ruinas, en el estadio Libertadores de América, y la derrota de Godoy Cruz ante Newell´s, en Rosario, lo dejaron como único líder del torneo. El conjunto de Américo Rubén Gallego no es un cúmulo de virtudes, pero cuenta con argumentos que justifican plenamente su posicionamiento y alimentan sus ilusiones. La goleadora dupla de ataque conformada por Darío Gandín y Néstor Silvera, el habilidoso manejo vertical de Ignacio Piatti, el prolijo criterio de Walter Acevedo y la solvencia de Adrián Gabbarini cada vez que se lo requiere son las principales credenciales de un equipo que, de todos modos, se valoriza desde su concepto de conjunto.

Además de alcanzar la punta y ganar un clásico más, Independiente cortó una racha muy negativa ante River. El triunfo de ayer fue el primero en más de 11 años ante los millonarios como local; y ya en el pasado torneo había acabado con 13 pesados años sin derrotarlo en el Monumental. Esa década larga anémica de victorias ante un club que fue par durante medio siglo, desde el comienzo del profesionalismo hasta la década del 80, expone con crudeza hasta dónde cayó Independiente en los últimos 20 años.

En siete días, el Rojo cosechó 9 puntos al vencer primero a Racing, el rival de toda la vida, luego a Tigre, en Victoria, y más tarde a River. El próximo fin de semana buscará extender su positiva racha cuando llegue al Diego Armando Maradona para medirse ante Chacarita, urgido por un promedio que lo asfixia.

Independiente peleó el pasado campeonato hasta donde lo empujaron sus virtudes y lo limitaron sus flaquezas. Gallego supo capitalizar esa experiencia y en el Clausura, hasta aquí, las virtudes se maximizaron y los errores disminuyeron. A partir de esos méritos y del beneficio que le significa que Vélez, Banfield y Estudiantes, los tres mejores equipos del país, estén abocados de lleno a la Copa Libertadores es que se propone como el principal candidato al título.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
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lunes, 1 de marzo de 2010

Godoy Cruz por la punta, River por el descenso

La división histórica entre grandes y chicos se ha vuelto sumamente difusa. Las clases sociales del fútbol argentino ya no son más de una vez y para siempre, sino que los lugares se ocupan de acuerdo a la coyuntura permanente que nunca es estructura. Los equipos más populares nunca dejarán de serlo, pero su poderío deportivo no es el que supo monopolizar la primera mitad del profesionalismo.

Así las cosas, Godoy Cruz fue al estadio Diego Armando Maradona en la búsqueda de la cima del Clausura y la consiguió al derrotar a Argentinos Juniors por 2 a 1. El elenco mendocino marcha invicto disputado un tercio del torneo, recibió apenas dos goles y muestra un juego asociado que le ha dado muy buenos resultados hasta el momento. Omar Asad, técnico debutante, organizó un conjunto atento y dinámico. Un sólido esquema defensivo es una condición impostergable para un equipo que pretende protagonismo en los primeros planos y Godoy Cruz parte de esa premisa. Pero además de su firme en defensa, expone un mediocampo con rápidas transiciones que marca sin resignar ataque y una veloz dupla delantera conformada por César Carranza y Nicolás Higuaín.

Mientras el Tomaba mira la punta y se olvida del promedio, River mira el promedio y se olvida de la punta. En el bosque platense, los dirigidos por Leonardo Astrada, gritaron a voz de cuello el empate agónico ante Gimnasia, el peor equipo de las últimas tres temporadas. Como resabios de un pasado radicalmente opuesto que pretende no ver el doloroso presente, el Jefe, sentado en banco, y Marcelo Gallardo, dentro de la cancha, ensayaron un festejo breve. Pero nunca es bueno negar la realidad y engañarse a uno mismo. Astrada asegura que no piensa en la tabla de los promedios y aspira a una mejora del equipo que le permita ganar dos o tres partidos consecutivos para pelear arriba. Sin embargo, no hay indicios que permitan creer en la posibilidad de esa remontada y la real dimensión de River es sumar para no penar por mantener la categoría.

La hipoteca dejada por la precedente Comisión Directiva riverplatense es asfixiante. José María Aguilar y sus laderos produjeron, en 8 años, un vaciamiento estrepitoso: degradación institucional, quebranto económico y descapitalización absoluta del fútbol profesional, su bien más preciado. Entonces River es en cancha el equipo pequeño que se compadece con su situación general y se vuelve un rival accesible para cualquiera.

Seguramente, tan difícil es que Godoy Cruz pueda consagrarse campeón del Clausura como que River se vaya al descenso. Pero hoy el Tomba sonríe por situarse en la cima de la tabla y los millonarios sienten el escalofrío de verse obligados a mirar la tabla de los promedios.

Estudiantes, Vélez y Banfield soy los grandes de hoy. River comienza a pelear por esquivar el descenso, lucha a la que Racing está abocado hace varias temporadas. Colón y Godoy Cruz puntean, mientras que Boca y San Lorenzo no encuentran juego ni puntos. Independiente se alegra por verse inmiscuido en las primeras posiciones, en tanto que Lanús se lamenta por no estar otra vez, como en los últimos años, entre los de arriba. Este es el nuevo orden que impera en el fútbol argentino, en el cual grandes y chicos intercambian ropajes para serlo alternadamente.
(Foto: Ovacion.com.ar - Fotobaires)

Patricio Insua
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martes, 12 de enero de 2010

Dos que se extrañarán mutuamente

Banfield había encontrado al futbolista ideal. Goleador y jugador de conjunto, los festejos y actuaciones de Santiago Silva tuvieron un valor sumamente determinante en la obtención del Apertura 2009, el primer título en el fútbol grande de la historia del club. A su vez, el uruguayo, después de mucho andar, había dado con su lugar en el Planeta Fútbol. Acogido desde su llegada muy bien por los hinchas y valorado por sus compañeros, sus aportes y la fuerte personalidad lo hicieron referente en poco tiempo. Vestido de verde y blanco apareció fulgurante en una dimensión que no había mostrado en sus anteriores pasos por las canchas argentinas, en Newell´s, Gimnasia y Vélez. Los caminos de Banfield y Silva se habían cruzado en una conjunción perfecta. Pero, inesperadamente, la relación se rompió al no llegar a un acuerdo para la renovación del vínculo contractual.

Banfield pierde sin Silva y Silva pierde sin Banfield. La competencia aún no comenzó, pero es de prever que se extrañarán mutuamente. Y en esa presunción de quién pierde más, la peor parte parecería llevarla el Tanque, que regresó a Vélez, un club que lo cedió anteriormente por no estar conforme con su rendimiento, en el cual los simpatizantes lejos están de tenerlo entre sus preferidos y en donde deberá pelear por un lugar con delanteros como su compatriota Hernán Rodrigo López, el rendidor Leandro Caruso, el idolatrado Rolando Zárate y el ascendente Jonathan Cristaldo. Así, no será extraño verlo sentado en el banco de suplentes.

La Comisión Directa del club de sur le había ofrecido comprar la mitad del pase por la cual tenía opción en U$S 1.250.000 y un contrato superior al millón de dólares. Esas cifras, en combinación con la garantía deportiva de seguir en un equipo hecho a su medida y con fuertes ambiciones, en el cual se sintió como en ninguno otro antes, y que en el semestre previo al Mundial le permitía apostar fuerte a ser parte de la delegación uruguaya en Sudáfrica parecían una oferta inmejorable. Y de hecho lo fue, porque no apreció ninguna otra y por eso debió reintegrarse al conjunto de Liniers.

Banfield se había mostrado muy interesado en retenerlo. Del otro lado no ocurrió lo mismo. O al menos queda la sensación de que la predisposición del club fue mayor que la del goleador. La excusa de Silva de no haber atendido los requerimiento de la dirigencia por estar con el celular apagado para desconectarse y descansar en las vacaciones fue una excusa burda. Además, el representante del jugador, Pablo Betancourt, pareció siempre perseguir un interés propio que no estaba en línea con los deseos de su representado.

La institución del sur del Gran Buenos Aires buscó proteger su estabilidad económica y el uruguayo procuró sacarle rédito al mejor año de su carrera. Las dos actitudes fueron lógicas; ambos buscaron su beneficio y cada cual sabe cómo cuidar su bolsillo. Pero al ver que los dos perdían, lo mejor hubiese sido trabajar para que desaparezcan las diferencias y así llegar en un acuerdo que implicase un beneficio mutuo.

El Taladro pretendía retenerlo y el goleador aseguró públicamente que se quería quedar. Pero el binomio perfecto que había existido entre Banfield y Silva se quebró. Tal vez separados de todos modos ambos sigan en la buena senda, pero de seguro sin el otro ninguno de los dos será el mismo.
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
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lunes, 4 de enero de 2010

Estudiantes, Vélez y Banfield, los campeones

El año que ya quedó atrás dejó en las páginas más destacadas de su anuario futbolero la consagración de Estudiantes como el mejor de América, la ratificación de Vélez como un grande por vigencia y no por herencia y el inédito festejo de Banfield, nuevo integrante del cuadro de honor de los campeones argentinos.

El conjunto platense se adjudicó la Copa Libertadores de menor a mayor. Tras clasificarse en la etapa preliminar ajustadamente, en la zona de grupos avanzó también con sufrimiento, pero ya en las instancias cruciales, en los encuentros de ida y vuelta para seguir o perecer, el equipo apareció en su mejor versión: consciencia colectiva, prolija defensa, potencia goleadora y la tremenda gravitación de Juan Sebastián Verón para coordinar los movimientos de sus compañeros con precisión de relojería suiza erigieron merecidamente al Pincha como el monarca del continente. En el cierre del año premundialista, el elenco de Alejandro Sabella estuvo muy cerca de subirse a la cima del Planeta Fútbol, pero el fenomenal Barcelona ganador de todo le arrebató la corona cuando parecía suya. Por sus méritos, el León se ganó el reconocimiento de ser el mejor equipo argentino del año que ya es historia.

En el ámbito doméstico, Vélez fue quien celebró en el primer semestre. Luchó por el título hasta la última fecha con Huracán, conjunto que cosechó muchos elogios y adhesiones por su juego fluido de toques permanentes y desestructuración de líneas. Reflejo de una institución sin par en Argentina, los dirigidos por Ricardo Gareca fueron un conjunto serio, coherente y en constante crecimiento. Dinámico y de transiciones muy veloces su propuesta fue un juego vertical y con desbordes, siempre con el basamento de la solvencia para manejar los tiempos de cada partido. Vélez no sólo obtuvo el Clausura, sino que también fue quien más sumó en 2009: con 73 puntos lideró la tabla anual. Además, parió al fútbol profesional a Nicolás Otamendi, la gran revelación y una de las apariciones más fulgurantes de los últimos años en lo que a marcadores centrales refiere.

El Apertura quedó en manos de Banfield, que se dio el enorme gusto de gritar campeón en Primera División. Julio César Falcioni configuró al mejor equipo del certamen; un conjunto granítico, furiosamente colectivo, concentrado sin distracción alguna en su libreto y con un despliegue físico incansable para ahogar a sus rivales. El Taladro contó con Cristian Lucchetti en su punto de maduración justo para tener una gran presencia desde el arco, un esquema defensivo impenetrable por el centro y que siempre dobló marcas, la jerarquía y entrega de Walter Erviti y la mejor dupla delantera del año, conformada por los uruguayos Sebastián Fernández y Santiago Silva, goleador del torneo.

De vuelta al trabajo en la pretemporada estival, Estudiantes, Vélez y Banfield apuntarán a revalidar las credenciales que exhibieron para lograr la satisfacción de ser los mejores. Con varias similitudes conceptuales y diferencias de ejecución e identidad, sus virtudes los hicieron ser los campeones de 2009. La gloria que buscarán defender es la misma que otros sueñan con arrebatarle para festejar
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
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jueves, 26 de noviembre de 2009

Cappa se fue de Huracán con pretensiones de eternidad

En Fundación mítica de Buenos Aires, el inigualable genio de Jorge Luis Borges refiere al nacimiento de la ciudad a partir del desembarco de mil hombres en Palermo y termina su poema con la aseveración que, en realidad, Buenos Aires es desde siempre. La fantástica elaboración del gran escritor jamás pretendió, claro está, alterar la historia real.

Muy lejos y en otra orilla, Ángel Cappa dejó la dirección técnica de Huracán con la desmesurada pretensión de instalar al Globo del pasado torneo Clausura como una maravilla excepcional. “El tiki tiki fue lo mejor que le pasó al fútbol en los últimos 20 años”, arriesgó, en referencia al estilo del equipo que él formó y guió en el primer semestre del año y quedó en los umbrales del título.

Sin dudas que aquel Huracán era un conjunto admirable. Desarrolló un juego fluido con el que obtuvo muy buenos resultados para llegar a la última fecha con posibilidades concretas de ser campeón. Despertó elogios merecidamente. De ahí a creerse el mejor equipo de las últimas dos décadas hay varios abismos. Sólo por nombrar algunos, Cappa pretendió colocarse por sobre el Vélez de los 90´, el River tricampeón, el Boca ganador de todo en la última década, el San Lorenzo campeón récord con 47 puntos, el visto Independiente de Gallego y el Estudiantes campeón de América.

El desvelo de trascendencia personal y de reavivar una discusión de estilos anacrónica lo llevó a una prédica mediática para instalar la ficción de un Huracán perfecto y preciosista que brilló en el Clausura 09. Trabajó como un sofista para crear el mito de Aquel fabuloso Huracán de Cappa desde el mismo instante en que perdió la chance de ser campeón. El último paso fue la tremenda exageración de poner a su equipo en lo más alto que produjo el fútbol argentino desde 1989 hasta hoy.

Cappa es un intolerante en lo que al debate futbolístico refiere. Desprecia y desmerece todas las fórmulas, tácticas y estrategias de juego que no son las que él pregona. Desprestigia con tono insultante, incluso cuando un adversario lo supera con abrumadora claridad, como ocurrió con San Lorenzo tras el clásico que determinó su ida a sólo cuatro partidos del final del torneo, al sentenciar que el equipo de Diego Simeone "no podía hacer tres pases seguidos". Obviamente poco dijo de la pobrísima tarea de los suyos.

En su despedida, aseguró que “los argentinos pudieron ver que nuestra identidad no está muerta” y que “el fútbol que le gusta a la gente no murió”. Temerario, se erigió en el porta voz de una ilusionaria única manera de apreciar el fútbol y, a la vez, no le dio entidad a otras formas: el modo de jugar que prefiere es vida y los otros serían muerte y tendrían una identidad foránea; una especie de no-ser futbolístico. Aunque luego esbozó que valora todos los modos, su fundamentalismo lo hace caer en contradicciones insalvables, como aseverar que “nuestra identidad jamás murió, no la traicionamos”, cuando en aquella última fecha ante Vélez terminó jugando sin delanteros y haciendo tiempo en cada instancia posible durante todo le partido.

A su salida del club de Parque Patricios, Cappa miró la mitad que le convenía, sin hacer promedio. Se refirió al muy buen desempeño de su equipo el torneo pasado, pero nada dijo del presente certamen, en el cual, también por él dirigido, lo hizo muy mal.

El equipo que con buenos argumentos peleó el título hasta la última instancia quedará sin dudas en la rica historia de Huracán, porque será siempre recordado por el pueblo quemero. En cambio, la pretendida fantasía de Cappa de instalarlo en los anales del fútbol argentino no hace más que exponer su cegador fanatismo, reflejado en frases como “se revalorizó la identidad del fútbol argentino”, “Huracán jugó bien, defendiendo un estilo que es nuestro, de todos los argentinos” y “con Huracán revivió el gusto por este fútbol, resucitó la alegría de poder disfrutar en una cancha de un equipo que juega al toque”.

Ángel Cappa logró casi desde la nada armar un equipo que jugaba muy bien y peleó un título hasta los minutos finales del campeonato. Ni más ni menos que eso. Su exageración de querer colocarlo como un oasis en medio de una geografía desolada corre de plano incluso los legítimos méritos de aquel subcampeón.
(Foto: Espndeportes.espn.go.com)

Patricio Insua
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lunes, 23 de noviembre de 2009

Banfield, Newell´s y nadie más

En su etapa definitoria, a cuatro fechas del final, el torneo Apertura definió a sus candidatos. El abanico que había comenzado a cerrarse en la decimotercera fecha completó su acción el pasado fin de semana para dejar sólo a Banfield y Newell´s en la disputa por el título. Albiverdes y rojinegros lograron tomar distancia de sus perseguidores cuando restan 12 puntos en juego y dirimirán en un mano a mano que se vislumbra apasionante quién será el nuevo campeón del fútbol argentino.

La campaña del conjunto de Julio César Falcioni es extraordinaria. Los números así lo reflejan. Obtuvo 35 puntos de 45 posibles (casi el 80 por ciento), marcha invicto con 10 triunfos y 5 empates, tiene la valla menos vencida con 7 goles recibidos en 15 encuentros y cuenta con el goleador del campeonato, Santiago Silva, autor de 12 tantos.

Finalizada la undécima fecha, ya puntero, Banfield sabía que tenía por delante una serie de cuatro partidos de altísima exigencia ante rivales directos. Primero recibió a Estudiantes en Peña y Arenales, cuando ambos ocupaban el primer puesto, y lo derrotó 2 a 1. Una semana después visitó a San Lorenzo, que se jugaba su última ficha, y lo venció 1 a 0. Otra vez en su casa, eliminó a Vélez de la disputa por el campeonato con un contundente 3 a 0. La última víctima del Taladro fue Independiente, a quien también hizo sepultar sus aspiraciones de título al propinarle su primera caída -2 a 1- en tres presentaciones en el inconcluso Libertadores de América.

Con ese resultado en Avellaneda, Newell´s salió a jugar el clásico ante Central a sabiendas que necesitaba un triunfo para no perderle pisada a Banfield y así continuar ambos en lo más alto. El 2 a 0 en contra a los 12 minutos de juego pintó repentinamente un temible horizonte plomizo; pero con jerarquía, juego y garra lo empató antes de la primera media hora. Luego pasó lo que suele darse en muchos clásicos y que ha sido una constante en el de Rosario en los últimos años: ambos entendieron que perdían mucho, demasiado, con una derrota y eso llevó a la igualdad definitiva.

Al ver lo que le queda a cada uno de los candidatos, el camino parecería ser más llano para Banfield, ya que en los cuatro partidos que le restan enfrentará a los tres últimos, Racing, Huracán y Tigre. Pero en el fútbol nada está dicho hasta el final y Newell´s tiene tantos argumentos como los del sur bonaerense para conseguir el título. Poco falta para saber si el Taladro conseguirá su primer campeonato o si la Lepra dará su sexta vuelta olímpica.
(Foto: Elpais.com.uy)

Patricio Insua
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lunes, 9 de noviembre de 2009

El abanico de candidatos comienza a cerrarse

La lucha en la vanguardia, la pelea por el título, comienza a decantar. El corte que reduce la cantidad de equipos que pugnarán hasta el final por la conquista del torneo Apertura 2009 se produjo y se extenderá. Al promediar el campeonato, la 9a fecha había dejado a los primeros ocho equipos agrupados en apenas dos puntos, pero tras la 13a quedaron un par punteros, un único escolta a tres unidades y otros dos aspirantes, uno a cuatro puntos de la cima y otro a cinco.

Con sólidos argumentos pero distintas fisonomías, Banfield y Newell´s son los sorpresivos líderes del certamen, ya que seguramente muy pocos habían imaginado que los dirigidos por Julio César Falcioni y Roberto Sensini estarían en lo más alto, y con tanta firmeza. El Taladro y los rojinegros sumaron 29 puntos de 39 posibles (una efectividad de casi el 75 por ciento). Mientras que los rosarinos son el conjunto que más victorias logró (nueve), el del sur del Gran Buenos Aires es el único invicto del campeonato, ostenta la valla menos vulnerada (recibió apenas seis tantos) y tiene en el uruguayo Santiago Silva al goleador del torneo, con 11 gritos.

Detrás de los líderes se encuentra el que seguramente es el mejor equipo argentino, Estudiantes de La Plata. El último fin de semana el elenco Pincha tuvo una actuación soberbia en la victoria 3 a 0 ante Vélez. Por un lado, una muy definida identidad y su magnífico juego colectivo lo hacen un equipo temible, en tanto que, por otro, lo ajustado del calendario por tener que adelantar las últimas dos fechas por su presencia en el Mundial de Clubes podría serle perjudicial. Además, la cita en Abu Dhabi, Qatar, es el objetivo mayúsculo de este semestre, lo cual puede generarle una lógica dispersión de la atención.

Un punto detrás de los platenses se encuentra Colón. Los santafesinos son un conjunto de gran prolijidad táctica, tal vez el equipo con mejores variantes a la hora de aprovechar las pelotas paradas desde la gran habilidad de su entrenador, Antonio Mohamed, para generar variantes en esa faceta del juego. Su aspecto negativo refiere al marcado bajo rendimiento cuando juega como visitante, condición en la que ganó dos partidos de seis disputados.

Vélez, campeón defensor, sufrió en pocos días dos duros golpes: quedó eliminado de la Copa Sudamericana en la altura de Quito, ante Liga Deportiva Universitaria, y a la vuelta chocó contra la contundente derrota ante Estudiantes que lo dejó a cinco puntos de Banfield y Newell´s. Pero los dirigidos por Ricardo Gareca tendrán este sábado la oportunidad encaramarse arriba nuevamente cuando visiten al Taladro, en un encuentro que les será bisagra.

Más atrás, a seis puntos de la cima, se encuentran Independiente y San Lorenzo, que se enfrentarán el próximo domingo. De haber una ganador éste podrá aferrarse a la ilusión de dar pelea y habrá retirado al otro de la disputa; en tanto que un empate simplificaría la ecuación dejándolos a ambos definitivamente al margen de la contienda por el título.

En un campeonato de gran paridad se perfilan con más claridad protagonistas y elenco. La cantidad de equipos con posibilidades sigue siendo grande, aunque las instancias definitorias comienzan, inevitablemente, a bajar aspirantes y cerrar los márgenes entorno a los mejores y más templados.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
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