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martes, 20 de enero de 2015

La vieja guardia, a la carga

Allí están, para acreditar su valía de largo recorrido, templados a partir de las experiencias de tantos años al frente de diferentes planteles. Si la nueva generación de entrenadores recogió elogios en el torneo pasado, la vieja guarda de técnicos está dispuesta a refrendar su vigencia.

A los 59 años, más de dos décadas después de su estreno como DT, Américo Rubén Gallego vuelve al ruedo al frente de su segundo ciclo en Newell´s. Campeón con el equipo rosarino (2004), con Independiente (2002) y con River en dos oportunidades (1994 y 2000), el Tolo es uno de los abanderados de una camada que no quiere perder terreno.

Miguel Ángel Russo volvió a Vélez, club en el que fue campeón en 2005. Con 58 años y más de 25 como entrenador, buscará revancha en Liniers después de que sus últimos pasos por la máxima categoría no hayan sido buenos. Enrolado en una corriente celosa de los detalles, trabaja en un club virtuoso. El primer desafío será determinante: el desempate con Boca por la clasificación a la Copa Libertadores.

Nacido en el mismo año que Russo, Edgardo Bauza buscará su primer título como entrenador en el fútbol argentino después de haber sido campeón en Perú y Ecuador y de haber obtenidos dos veces la Copa Libertadores, en 2008 con Liga de Quito y el año pasado con San Lorenzo. Libre de presiones en el semestre anterior, cuando la mirada del Ciclón solamente estaba puesta en el Mundial de Clubes, iniciará un torneo con la exigencia de pelear arriba.

También con 58 años, Julio César Falcioni retorna desde Chile al fútbol argentino para hacerse cargo de Quilmes. Después de sus malos pasos por Universidad Católica y All Boys, afronta un nuevo desafío para recuperar el prestigio que supo cosechar en el medio local. El Cervecero terminó último en el torneo anterior y promedió menos de de un gol por partido, por lo que lo espera una ardua tarea.

Los dos entrenadores más veteranos que tendrá la Primera División serán Ricardo Rezza, de 66 años, y Reinaldo Merlo, de 64. El técnico que al frente de Temperley logró dos ascensos en menos de seis meses vuelve a dirigir en la máxima categoría después de 16 años y Mostaza encara en Colón su decimotercer ciclo al frente de un equipo argentino después de haber dirigido a Los Andes, Chacarita, Belgrano, Estudiantes, Rosario Central, Douglas Haig, Aldosivi, dos veces a River y tres a Racing.

El atractivo torneo con el cual se cerró el año 2014 fue atribuido en buena medida a la impronta dada por una nueva generación de entrenadores. Se coronó Racing al mando de Diego Cocca en su puja con River, muy bien tejido por Marcelo Gallardo. Los técnicos que los dirigieron en sus años de futbolistas o los veían en el equipo rival siguen en ejercicio en una tarea mayormente expulsiva por la inclemencia de una exigencia constante.

La agrandada Primera División, con 30 equipos participantes, tendrá también un amplio espectro en cuanto a los entrenadores. Será una convivencia de competición entre una nueva oleada (Cocca, Gallardo, Rodolfo Arruabarrena, Matías Almeyda, Mauricio Pellegrino, Darío Franco), la generación intermedia (Néstor Gorosito, Leonardo Madelón, Gustavo Alfaro) y la vieja guardia.
(Foto: Canchallena.com.ar-FotoBAIRES)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de febrero de 2014

El legítimo valor de la memoria de los hinchas

Es muy difícil encontrar algún punto destacable en los 14 meses de gestión que lleva el tercer ciclo de Carlos Bianchi en Boca, pero los hinchas, memoriosos y agradecidos, en su mayoría no tienen cuestionamientos hacia el entrenador. Ni el mal funcionamiento ni la falta de buenos resultados empañan la imagen que los habitantes de la Bombonera tienen del Virrey. La gloria del pasado inclina la balanza hacia un apoyo prácticamente sin reservas.

En tiempos de una histeria en la que el gana-pierde es la ley que marca la suerte de los técnicos, Boca, su gente, marca la excepción. Aunque la imagen que da es la de uno distinto al que fue, los hinchas confían en la capacidad del entrenador para reeditar las conquistas del pasado.

En un falso alarde de autoridad, Daniel Angelici, presidente de Boca, aseguró que no le temblaría el pulso si entendiese que lo mejor para el club es el alejamiento de Bianchi. Probablemente haya operado un cambio en el conductor de la Domisión Directiva xeninze, porque sí le tembló cuando no le renovó el contrato a Julio Falcioni y corrió en busca del refugio del nombre de Bianchi luego de una maniobra claramente urdida.

La lógica del hincha no es la misma que la de la dirigencia ni la del periodismo, que evalúan desde otra perspectiva. Ahí sí, públican y en voz baja, se escuchan críticas. La salvedad debe hacerse: un amplio sector de los dirigentes del fútbol argentino y del periodismo deportivo, lejos está actuar conforme a lo que debería ser. En los primeros sobra demagogia e incoherencia; en los otros, intereses y posiciones personales.

Se lo ve incómodo a Bianchi, bamboleándose en un fútbol que es distinto al que dejó hace ocho años. Un período de inactividad tan grande es una hipoteca difícil de levantar en cualquier profesión cuando se opta por la vuelta al ruedo. Pero el Virrey cuenta con el apoyo incondicional del pueblo xeneize, no es poco. 
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 11 de diciembre de 2012

La arena mediática, la conveniencia y la demagogia

Juan Román Riquelme y Julio César Falcioni habían  activado sus contactos mediáticos para marcar el terreno. El interés del ídolo no fue nítido, ya que aclaró que en ninguna circunstancia volvería a vestir la camiseta de Boca; el del entrenador, en cambio, perseguía la renovación de su contrato. Como punto común, ambos ostentaron sus logros en el club de la Ribera, sin equivalencias, claro, por lo que lógicamente significan uno y otro para los hinchas a partir de lo que realizaron. En tanto, Daniel Angelici, titular de la institución, se mantuvo en segundo plano. 

El desenlace fue la no renovación del vínculo de Falcioni después de dos años al frente del equipo. La dirigencia de Boca lo decidió por la desaprobación a la tarea del entrenador por parte del público que concurrió a la Bombonera en el último partido del torneo Inicial, ante Gogoy Cruz. En la conferencia de prensa realizada para dar a conocer la noticia, Angelici apuntó contra Riquelme de modo directo, como nunca antes, al asegurar que con una “cadena nacional”, como definió su múltiple exposición mediática, predispuso a la gente contra el técnico. 

La voluntad de los socios debe respetarse, ese es el mandato de los dirigentes. Sin embargo no deben caer en la demagogia de correr detrás de voluntades cambiantes ni proceder de un modo que no está en línea con sus convicciones. La conveniencia nunca es buena guía.

 Los logros de Falcioni en Boca son tan evidentes como que en el segundo semestre de este año el equipo estuvo lejos de su mejor versión y jugó mal en muchos partidos. La última imagen parece haber pesado más que el proceso global de dos años. 

Angelici sabe que necesita un golpe de efecto de suma contundencia y sólo podrá asestarlo con el regreso de Carlos Bianchi. Si logra que el Virrey vuelva a dirigir -algo que parece muy poco probable- el cambio seguramente implique una superación. Ninguno de los otros nombres que se barajan representa a priori un salto de calidad respecto de la conducción futbolística de la que prescidió. 
(Foto: Telam.com.ar) 

Patricio Insua 
patinsua@gmail.com

martes, 27 de noviembre de 2012

¿Boca prescinde de Falcioni?

Si bien algunas informaciones pueden estar contaminadas, los cronistas que cubren la actualidad de Boca coinciden, mayoritariamente, en que son escasas las posibilidades de Julio César Falcioni de continuar como entrenador. La Comisión Directiva que lidera Daniel Angelici aporta indicios en ese sentido: a dos fechas del final del torneo y a menos de 40 días para el vencimiento del contrato del técnico, no se trató una eventual renovación, pese a que meses atrás el presidente había dicho que la decisión se tomaría en octubre.

Las discretas actuaciones fueron más que las destacadas para Boca en el torneo Inicial, lo cual no le impidió llegar a 30 puntos cuando aún quedan seis por disputarse. Se instaló, desde algunos sectores, que el conjunto de la Ribera juega mal; algo válido por tratarse de subjetividades, de modos de apresiación. Pero difícilmente un equipo que juega mal pueda sumar 63 puntos en el año (podría llegar a 69), disputar la final de la Copa Libertadores y coronarse en la Copa Argentina.

Falcioni marcó claras diferencias con sus predecesores. Cuando llegó, la preocupación de Boca era engrosar el promedio y terminó reinstalándose en su lugar en el contexto del fútbol argentino y también recuperó protagonismo fronteras afuera.

Hubo un tema determinante, el alejamiento de la actividad de Juan Román Riquelme. Si bien ni el entrenador ni el talentosos mediocampista se refirieron públicamente al tema, se habló reiteradamente de un insalvable distanciamiento entre ambos. Si es difícil para un técnico encontrarse en contraposición con un ídolo, más complejo todavía es lidiar con el recuerdo dejado por la estrella. Como Gardel, que cada día canta mejor, las pisadas, asistencias y remates de JR cada vez parecen más excelsos.

La Comisión Directiva xeneize hace bien en buscar otro entrenador si percibe que la mayoría de sus socios demanda ese cambio. Los equipos de Falcioni tienen un techo, pero también ofrecen un piso elevado. Si finalmente se va, su sucesor deberá mantener ese piso y elevar el techo; no le será tarea fácil.
(Foto: Mundoxeneize.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 10 de julio de 2012

Riquelme, su verdad y las interpretaciones

“Le comuniqué al presidente que no voy a continuar. Amo a este club, voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. El compromiso que tengo es muy grande, pero me siento vacío y no tengo nada más para darle al club. Estoy agradecido, a mis compañeros, al cuerpo técnico y a los dirigentes. Es una decisión mía. Yo no puedo jugar a la mitad. Llevo 16 años en el fútbol. Llegué a lo máximo, pensé que no iba a jugar una final de Copa nunca más. Ahora sólo quiero ir a mi casa, abrazarme con mis hijos y comer asado con mis amigos”.

La voz entrecortada de Juan Román Riquelme cerraba así su tercer ciclo vestido de azul y oro. Los periodistas que se encontraban en la antesala del vestuario visitante del estadio Pacaembú eran testigos de una noticia que eclipsaría incluso la derrota de Boca en la final de la Copa Libertadores.

Pese a sus dichos, las interpretaciones de la prensa recorrieron dos caminos, ambos a partir de la suposición del descontento del ídolo xeneize. Por un lado, se especuló con una ruptura con el entrenador, y, por otro, con el presidente. De ningún modo fueron lógicas infundadas, porque Riquelme ha tenido marcadas diferencias con Julio César Falcioni y con Daniel Angelici.

El número diez y el DT han expresado públicamente y en la cancha –uno con su juego, el otro con la disposición de sus equipos- distintos modos de entener el juego. Se trató entonces de una conveniencia forzada, muy friccionada en la llegada del entrenador y más llevadera con el paso del tiempo. Más o menos ríspida, nunca fue una relación basada en la confianza.

En tanto, Angelici renunció en su momento a la tesorería de la institución en desacuerdo con el contrato que se le había ofrecido al jugador, el mismo vínculo que ahora como presidente desea que cumpla. El futbolista había dicho en la campaña electoral que se quedaría en el club si Jorge Amor Ameal continuaba al frente de la Comisión Directiva, pero que no sabía qué haría ante un cambio de autoridades. La mirada que le dirigió Angelici segundos antes del anuncio de su partida no es posible entre dos personas a buenas.

Pero lo concreto es que las palabras de Riquelme no apuntaron ni al técnico ni al presidente. Contrariamente, les agradeció. De haberse sentido a disgusto con alguien, lo hubiese expresado, como lo hizo nada menos que con Maradona y en la Selección.

A lo largo de su carrera ha sido muy valiente dentro y fuera de la cancha. Callarse o mandar a decir no va con él. Lo que hayan afirmado quienes se jactan de ser sus confidentes correrá por su cuenta, tanto como las elucubraciones de los intérpretes de los medios. Riquelme puntualizó en el desgaste mental y físico, el mismo que lo hizo jugar poco en las pasadas temporadas. Esa fue su verdad, la única que cuenta.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 15 de mayo de 2012

Malos hábitos

Hay conductas, tan extendidas como reprochables, que hacen que los protagonistas no puedan más que avergonzarse. Y es porque las saben inadecuadas, pese a la habitualidad, que entonces las niegan; por pudor. Abundan en el fútbol argentino. Pero el tiempo, prolongado en algunas ocasiones y breve en otras, hace que muchas veces las circunstancias sean reconocidas.

En una nota concedida a radio La Red, Walter Erviti reveló que fue en octubre de 2010 cuando en una pausa de un entrenamiento Julio César Falcioni se le acercó y le adelantó: “Voy a dirigir a Boca y quiero que vengas conmigo”. La práctica era en Luis Guillón, cuando ambos estaban en Banfield.

Los dirigentes xeneizes se habían puesto en contacto con el entrenador cuando este se encontraba en el club sureño y ambas partes acordaron el vínculo para su llegada al club de la Ribera. Tan avanzado estaba todo que se pusieron a trabajar conjuntamente en los refuerzos y así el marplatense supo que su futuro no estaría en Peña y Arenales.

Pero todavía faltaba mucho para que finalizase el torneo que disputaban con el Taladro. No sería justo dudar del profesionalismo de Falcioni y Erviti y arriesgar que porque veían su horizonte próximo pintado de azul y oro no se abocarían plenamente al club que los empleaba. Pero lo cierto es que desde aquel octubre hasta el final del torneo Apertura, con el conductor táctico en el banco y el líder futbolístico en la cancha, Banfield ganó un partido de once y obtuvo siete puntos de 33 posibles.

El proceder de Boca, Falcioni y Erviti desató la novela de los primeros días de 2011. El jugador utilizó los peores métodos para irse de Banfield, con presiones, ausentándose de la pretemporada y con declaraciones públicas apuntándole a los mismos dirigentes que pocos meses antes le habían ofrecido un jugosísimo contrato que firmó con plena satisfacción. Todo era parte de una actuación premeditada, porque Erviti, como él mismo lo reconoció, sabía desde octubre que buscaría su salida, como fuera.

Más que un deporte y un espectáculo, el fútbol es una industria sin chimeneas y los intereses que los mueven no tienen escrúpulos. Los actores principales podrían adecentar el negocio; está en sus manos hacerlo.
(Fotos: Unorafaela.com y Ole.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de abril de 2012

Imposición por convicción y juego

“La posición en la que puedo rendir mejor no existe en el equipo. O me adapto o no juego”.
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Algunas semanas antes del inicio del Apertura 2011, Walter Erviti había reconocido en una entrevista radial la necesidad de un cambio de hábito para exponer una versión mejorada respecto de la que había presentado en su primer campeonato en Boca. Para permutar murmullos por aplausos se impuso una reedición de su juego que debía nacer del convencimiento mental; no eludió su responsabilidad ni culpó a terceros, sino que se desafió a sí mismo.

El esquema para el mediocampo de Julio César Falcioni, a partir de la presencia de Juan Román Riquelme, contemplaba un clásico número cinco, dos volantes externos y un enlace. Sin un doble pivot central, módulo en el cual el marplatense se había convertido en uno de los mejores jugadores del país en Banfield, precisamente bajo las órdenes del propio Falcioni, asumió el desafío de reconvertirse. Tuvo entonces que volver a sector izquierdo de la mitad de la cancha, como en sus primeros pasos en el fútbol profesional, en San Lorenzo.

Recostado sobre el sector externo, como lugarteniente en la conducción de Riquelme primero y Christian Chávez después, multiplicando el sacrificio y con más goles que en el promedio de su carera, se convirtió en una pieza importante del campeón del Apertura 2011. Y la hinchada de Boca se lo reconoció.

Erviti forjó su camino en el club de la Ribera desde una fuerte convicción. No le preocupó el mal proceder que tuvo en su desprolija salida de Banfield y utilizó como combustible el mal primer campeonato en su llegada a Brandsen 805. Relegó el protagonismo que había tenido en el mejor momento del club sureño, pero se afianzó como un elemento relevante en el colectivismo xeneize.

Fue campeón en todos los equipos en los que jugó: San Lorenzo, Monterrey (México), Banfield y Boca. Además, en cada una de esas instituciones cosechó el reconocimiento de los hinchas. A los 31 años, Erviti se mueve con madurez y aplomo, con habilidad e inteligencia; lejos de los egos y compenetrado en el rol que forjó para afianzar la estructura del Boca de Falcioni que lidera el Clausura y se ilusiona con la Copa Libertadores.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 7 de febrero de 2012

Apuntes para el cambio

Hace ya un tiempo considerable que el nivel del fútbol argentino bien pude graficarse con una curva descendente. El nivel de juego, materia prima del espectáculo deportivo, decayó marcadamente –con excepciones ocasionales, claro- y entonces la paridad se transformó en el elemento decisivo del fútbol nacional. Tal vez hizo un paréntesis en Apertura, con la ventaja conseguida por Boca para lograr el título; o quizás prevaleció entre todos los equipos que quedaron comprendidos entre el elenco de Julio Falcioni y Banfield, el último de la tabla.

Así las cosas, tal vez se a tiempo de mover el avispero, de buscar alternativas, pensar variantes. A continuación algunos apuntes en tal sentido, amplios, líneas bocetadas, circunscriptos a dos aspectos: la movilidad de los futbolistas y el formato de los campeonatos.

La histeria cortoplacista del fútbol argentino tiene uno de sus reflejos en un constante movimiento de jugadores. Limitar esto podría tener un correlato positivo económica y deportivamente para los clubes. Se trata de no permitir el traspaso de un futbolista de un equipo a otro sin que haya disputado 76 partidos (dos temporadas completas) en su club de origen o cumplido 21 años, lo que suceda primero. En el mismo sentido, las partidas al exterior deberían propiciarse solamente con 152 encuentros en nuestro fútbol (cuatro temporadas) o 23 años, también lo que se dé en primer término. Como no se puede obligar a nadie a permanecer en el país, si un futbolista decidiese emigrar a ligas de otras latitudes antes de los plazos establecidos, el camino a recorrer sería el de establecer un período (tal vez dos temporadas) en el cual esté impedido de regresar al fútbol argentino y tomar parte en la selección.

Condicionar la compra-venta de jugadores daría aire a las asfixiadas arcas de los clubes, ya que, además de evitar costosas adquisiciones, los salarios de los jugadores estarían en un plano factible y no en las astronómicas cifras a las que hoy se comprometen. Al dejar de existir ofertas para cambiar de equipo desaparecería también la exigencia de contratos que sólo generan deuda en las instituciones. Ante esta parcial inmovilidad, para que no haya abusos de uno ni otro lado, podrían establecerse salarios mínimos y máximos. Además dejarían de proliferar los misteriosos grupos inversores y los intermediarios que hacen pingües negocios a costa de los clubes, no pocas veces entregados en bandeja por los propios dirigentes.

En lo deportivo, mantener planteles no haría más que cumplir con el ruego de todos los entrenadores cada fin de temporada. El conocimiento de de los futbolistas sostenido en el tiempo es un elemento indispensable para la generación de equipos con una identidad definida.

Se agrega también un aspecto intangible, ligado a lo emocional, y es el que tiene que ver con una identificación más fuerte de los protagonistas con los colores que lucen y el orgullo de los hinchas de recitar formaciones de corrido sin preguntar qué fue de tal jugador o dónde fue a parar aquel otro.

En lo que hace a los torneos, lo que se impone es establecer unanimidad en las competiciones: todos deben disputarse con el mismo formato. Los promedios son injustos con los que ascienden de categoría y en Primera División hacen que los equipos que disputan certámenes internacionales ninguneen su competencia madre, que es el torneo nacional. Su eliminación debe ser con prudente antelación para evitar que algún club saque ventaja o se generen suspicacias. A partir de entonces, los ascensos y descensos serían tres en cada categoría, suprimiéndose las promociones.

Los campeonatos deberían seguir el calendario anual y no la temporada europea, disputándose a dos ruedas todos contra todos en condición de local y visitante. En el caso de la máxima categoría, además del campeón, los tres equipos que lo sigan en el escalafón ingresarían en forma directa a la Copa Libertadores, el quinto disputaría el repechaje y del sexto al undécimo correspondería la Sudamericana. Si el equipo que pugna por ingresar a la zona de grupos del principal certamen continental no lo lograse su cometido, ingresaría entonces a la Sudamericana en lugar de quien estaba en la undécima posición, relegándolo. En lo que hace a las categorías inferiores, el primero de la tabla se haría acreedor de un ascenso, pudiendo establecerse para los dos restantes un certamen reducido de eliminación directa.

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 29 de noviembre de 2011

La revancha de Falcioni

Hay que voltear apenas la vista, al semestre pasado, para apreciar con qué vértigo y contundencia cambiaron las cosas. O, mejor dicho, las hizo cambiar. Julio César Falcioni desembarcó en Boca a comienzos de este año y el Clausura 2011 fue un difícil trance para el entrenador que llegaba de ser campeón con Banfield. Convocado a la institución de la Ribera por lo conseguido en el sur, no logró que su equipo se emparentase ni lejanamente con aquel colectivo granítico, compacto, inteligente, veloz y punzante. Hubo, en cambio, un elenco endeble, desconectado, con fisuras defensivas y carencias de ataque.

Así fue como inició cuestionado este torneo en el que será campeón con holgura. Luego del empate sin goles con Olimpo en el debut crecieron los rumores sobre el prematuro final del ciclo si el estreno en Brandsen 805, ante Unión, no era con victoria. El contundente 4-0 ante los santafesinos archivó la cuestión, pero el DT expuso la herida cuando tras el encuentro monologó apenas 30 segundos con la prensa antes de dar media vuelta para meterse nuevamente en el vestuario.

Todo lo que no había podido plasmar en el Clausura lo consiguió con claridad en el Apertura. Las contrataciones de Agustín Orión y Rolando Schiavi cimentaron una defensa que se revitalizó para hacerse muy difícil de vulnerar. En 16 fechas apenas recibió cuatro goles; dos de tiro libre (Gabriel Méndez, de San Lorenzo, y Nicolás Castro, de Atlético de Rafaela), uno en contra (Juan Insaurralde, ante Lanús) y otro con un furioso disparo desde afuera del área de Ariel Rojas en la pasada victoria ante Godoy Cruz.

En la mitad de la cancha, Leandro Somoza volvió a ser el de Vélez, con rigor en la marca, atención en los relevos y buena administración de pelota. Sobre la izquierda, Walter Erviti se rehízo a un posición que no ocupaba desde hacía muchos años y se transformó en una pieza muy importante, tanto como Diego Rivero del otro costado, aunque limitado en sus presencias por distintas lesiones.

Pero Falcioni logró un funcionamiento grupal más allá de los nombres, incluso más allá del de Juan Román Riquelme, con todas las implicancias que tiene para el mundo auriazul. Si el equipo tuvo un salto de calidad cada vez que el ídolo jugó, cuando los problemas físicos lo marginaron la estructura no se resintió y Cristian Chávez demostró su jerarquía. Lo mismo ocurrió en el centro del ataque, donde el equipo no perdió gol pese a las alternancias de Lucas Viatri, Nicolás Blandi y Darío Cvitanich.

Reponerse a la adversidad, algo que siempre tiene un enorme valor, ha sido uno de los mayores méritos del técnico. Cambió un equipo endeble por uno que juega bien; porque se defiende bien y ataca bien. Además, lleva 26 partidos invicto, lo que establece la quinta mejor racha en la historia del profesionalismo. Alcanzará su segundo título como técnico y se habrá quedado con dos de los últimos cinco campeonatos con dos equipos distintos. No es poco. Es la revancha de Julio César Falcioni, un gran entrenador.
(Foto: Telam.com.ar)


Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 22 de noviembre de 2011

Teófilo Gutiérrez le puso fin a su ciclo en Racing y expuso a Simeone

En la previa del partido ante Boca, Diego Simeone tuvo que debatirse entre lo que correspondía y lo que convenía y entre el disgusto del plantel y el de los hinchas. La encrucijada la forzó Teófilo Gutiérrez al retrasar su regreso desde Colombia, donde había estado con su selección. Excluirlo debilitaba al equipo pero mantenía las reglas de trabajo y convivencia; colocarlo entre los once fortalecía la formación inicial y resquebrajaba el aspecto grupal. Al medir costos y beneficios, el excapitán del seleccionado nacional optó por mantenerlo como titular.

El delantero barranquillero se había sumado a los entrenamientos un día antes choque ante los de Julio Falcioni; fue expulsado en la Bombonera y luego arremetió contra sus compañeros y el entrenador. Así, en un par de días le puso punto final a su estada en la institución de Avellaneda.

Nombrándolo por el apellido, con la clara intención de marcar distancia, Sebastián Saja apuntó contra el colombiano al postular que el partido contra Boca debía prepararse con varios días de antelación y en lugar de mentalizarse en ese compromiso recién al momento de salir a la cancha. Tras las declaraciones del arquero llegaron las de colombiano, quien marcó su preferencia por el anterior entrenador de Racing, Miguel Ángel Russo, y se quejó de que sus compañeros hayan hablado con la prensa en lugar de encararlo personalemente. Auqnue hizo lo mismo, ya que su descargo fue ante los medios. La respuesta del otro lado la dio Luchas Licht, quien lo tildó de “poco hombre”. Como síntesis, en una remake de la recordada frase de Diego Latorre cuando se refirió al Boca del Bambino Veira como un cabaret, Gabriel Hauche emparentó la interna de la Academia con “un teatro de revistas”.

El conflicto dañará a Racing, al propio jugador y, sobre todo, a Simeone, que quedó expuesto por su determinación. Postulado como un conductor de grupo que no admite faltas de conducta ni negocia la dedicación, la excepción lo debilitó frente al resto del plantel. Por convicción o conveniencia, decidió apostar por el goleador y la respuesta de este fue una bofetada; primero, con una expulsión por demás evitable y, luego, cuestionándolo ante los medios.

Nacido y criado en el marginal barrio La Chinita, con la muerte como vecina y la violencia en cada esquina, forjó un carácter con más heridas que callos. Su verba desafiante y altanera mostró a un personaje ideal para los medios y él pareció enamorarse esa condición de guapo desafiante.

Teófilo Gutiérrez decidió cerrar su ciclo en la Racing de la peor manera, enfrentado con sus compañeros y el entrenador, quien quedó muy observado por el plantel. Tan sólo un semestre le bastó al colombiano para mostrar condiciones de jugador de excepción, de goleador pura sangre; y también para que se lo rotule como un profesional endeble a partir de reiterarse en conductas inapropiadas.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 4 de octubre de 2011

Por sus méritos y el contexto, Boca desfila al título

Julio César Falcioni logró armar su mejor Boca en el momento indicando, cuando Vélez, Estudiantes y Lanús perdieron su forma. Así, por la autoridad futbolística mostrada superado el meridiano del Apertura y la anemia de los rivales de fuste, el Xeneize se aleja en lo alto de la tabla de posiciones. Hizo lo suyo con una notable mejora respecto de la primera mitad de año y los demás, hasta acá, le allanaron el camino.

Los datos estadísticos y la exposición de su juego se evidencia el resurgir. Apenas recibió dos goles en diez fechas, lleva 20 partidos invicto y volvió a ocupar en solitario la punta de un campeonato después de más de 100 fechas y casi tres años. En los últimos cuatro torneos el protagonismo había quedado referido al peso de su camiseta y no a la pelea en los primeros lugares. La conformación de un conjunto sólido, rocoso, ordenado y colectivo y con una luminosa versión de Juan Román Riquelme, la cual parecía extinta, se generó desde el trabajo del técnico, con trabajo de campo y convencimiento del plantel.

Uno de los mayores méritos del entrenador ha sido despertar al Nº 10. En los últimos dos años el ídolo había mostrado su jerarquía en cuentagotas, pero ahora revitalizó su juego para marcar claras diferencias en el amesetado fútbol argentino. Desde su estelar actuación en la conquista de la Copa América 2007, la cual lo tuvo como factótum, que no aparecía en la dimensión que hoy muestra. Seguramente desde concepciones del juego distintas, Falcioni convenció a Riquelme y Riquelme convenció a Falcioni.

El DT campeón con Banfield (título que le valió la consideración de la dirigencia boquense) consiguió también que los futbolistas que llegaron al club desde que se hizo cargo del plantel alcanzasen un destacado rendimiento. Diego Rivero, Leandro Somoza, Rolando Schiavi, el lesionado Darío Cvitanich, Agustín Orión y Walter Erviti, su jugador, hicieron hasta acá un aporte de alta cotización.

Boca marcha con cinco puntos de ventaja sobre Atlético de Rafaela, uno de los equipos ascendidos en esta temporada y quien conoce perfectamente que su realidad no pasa por pelear el campeonato sino por consolidar en la primera mitad de la temporada su permanencia en Primera División. Un punto por detrás de los santafesinos aparece Racing, también todavía invicto y con la valla bien resguardada (apena recibió tres tantos), pero el equipo dirigido por Diego Simeone todavía no logró consolidarse en su idea y estructura.

En un semestre electoral, la intención de Carlos Bianchi de volver a dirigir será la promesa proselitista de cada uno de los candidatos a encabezar la nueva Comisión Directiva. Mientras el futuro de Falcioni parece no conjugarse en la institución de la Ribera, el DT afianza un equipo que avanza decidido hacia su 24º título en el fútbol argentino.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de abril de 2011

El bronce no puede alterarse, la titularidad sí

El momento más especial de su carrera, el de los últimos pasos, se convirtió en el más amargo. Porque desde que Martín Palermo es Martín Palermo nunca tuvo un período tan aciago, en su juego y en su obsesión: el gol. Cuando era suplente en Estudiantes de La Plata en el Nacional B las cosas tampoco le resultaban fáciles, pero sabía que tenía mucho tiempo por delante para revertir ese presente. Y vaya si lo hizo.

La historia de los clubes la escriben en buena medida sus grandes futbolistas. Palermo es una parte nuclear de la Boca, hecho que no hay posibilidad de corromper. Así será para siempre. Pero el aporte individual, por mayor que haya sido, no debe estar por sobre lo colectivo; y, en este momento, sea por falencias propias o por una disposición táctica que no lo favorece, su presencia en el equipo titular no parece ser la mejor opción para el Xeneize.

Como lo merece, en cada partido, la hinchada boquense lo ovaciona. No escatima cariño para agradecerle al ídolo todo lo que le dio. Pero al margen de la cuestión sentimental de las tribunas, está el lado racional de quien conduce. Seguramente Julio César Falcioni tenga sus razones, pero mantener al disminuido ariete platense en lugar de optar por Lucas Viatri, parece un boicot a sí mismo. Aunque, al fin de cuentas, desde que llegó a Boca, el DT parece dispuesto a transitar un camino alejado de sus convicciones.

Hay muchas maneras de valorar a una gloria de un club, a un goleador con registros de otra época (en Boca anotó en 230 en 394 partidos). Mantenerlo como titular no es necesariamente una. Nada de lo que haga o deje de hacer en los diez partidos que le quedan modificará su antológica carrera. Sus goles significaron varios títulos, locales e internacionales. Que hoy escaseen no altera el bronce para la posteridad en La Ribera. Que su aporte al equipo no sea entre los once que inician cada partido, tampoco. (Foto: Telam.com.ar) Patricio Insua patinsua@gmail.com

martes, 15 de marzo de 2011

Un plácido hogar por una inhóspita mansión

Habitaban una casa confortable, en donde eran, ambos, amo y señor. Incluso moradores de viviendas que habían sabido ser las más elegantes admiraban su construcción. Pero, de repente, decidieron mudarse del acogedor y elogiado sitio a una inhóspita mansión, con mucho por reparar. Optaron dejar la comodidad que tenían por algo que solamente tal vez fuera mejor.

Julio César Falcioni y Walter Erviti eran protagonistas del fútbol argentino en Banfield. El entrenador, que en sus dos ciclos en el club había encontrado sin dudas su lugar en el mundo, y el zurdo mediocampista, olvidado durante muchos años en el medio local, tenían, además, contratos de elite en el contexto del fútbol argentino. Pero, aunque reconocidos y bien remunerados, migraron hacia el cartel que siempre significa un gigante como Boca, y hoy sufren el desarraigo.

Los suculentos vínculos que habían firmado tenían larga vigencia, pero decidieron interrupirlos. Esos papeles legales se han transformado en cartón pintado, en meras excusas de acuerdo a la ocasión y la conveniencia. Dirigentes, técnicos y futbolistas suelen reclamar proyectos, en los que, en realidad, ninguno cree.

Tras la derrota ante San Lorenzo, Falcioni sentenció: “No puede ser que no liguemos nada. Con Vélez fue una pelota parada y ahora un tiro de lejos". Así, aplicó la misma diatriba que sufría cuando era técnico de Banfield y despreciaban sus métodos y formas. Solía protestar contra las excusas que ahora formula. Habla de suerte y abarata el hecho de ganar un partido con una jugada con balón detenido. En un mar de confusión, Falcioni, ahora, declara como Ángel Cappa.

En la anteúltima fecha del Apertura, aún ataviado con la casaca albiverde, Erviti le había anotado un gran gol a San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. Esa noche, como en anteriores enfrentamientos entre ambos equipos, el marplatense había sido ovacionado al unísono. Pero con contradicciones en sus declaraciones y entre lo dicho y sus actitudes logró que los hinchas del Ciclón y el Taladro lo miren de reojo. Incluso, los simpatizantes del conjunto azulgrana fueron más allá, insultándolo y silbándolo cada vez que tocó la pelota en la caída de Boca 1 a 0 frente al conjunto dirigido por Ramón Díaz, el pasado fin de semana. Despreciado por quienes lo idolatraban, ahora le queda, nada menos, la ardua tarea de ganarse a la hinchada de Boca.

Falcioni y Erviti apostaron a un futuro con más brillo. Obnubilados, abandonaron un lugar seguro por uno desconocido. Entendieron que el desafío valía el riesgo. El comienzo les ha sido muy dificultoso, pero acaso aún puedan revertirlo. Hicieron una apuesta de riesgo, poniendo en juego nada menos que el prestigio que bien se habían ganado. En no mucho tiempo conocerán el resultado.
(Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 1 de marzo de 2011

Falcioni y Riquelme, una historia previsible

Este presente era absolutamente nítido desde diciembre. En el momento en que se supo que Julio César Falcioni sería técnico de Boca -algo que ocurrió antes del vínculo legal- comenzó la cuenta regresiva del cortocircuito con Juan Román Riquelme. Seguramente se produjo antes de lo esperado, pero no cabe la sorpresa. Todo era previsible: que el DT prescindiera del astro, que la gente se pusiese del lado del ídolo y que en el primer partido sin el Nº 10 y sin victoria, la Bombonera tronase. Un guión fácil de anticipar.

Si un entrenador llega al máximo desafío de su carrera por jugar de una determinada manera, lo esperable es la ratificación. Siempre hay matices, pero dentro de la concepción del juego que se tiene. Así, Falcioni deberá buscar variantes, porque en tres fechas Boca no jugó bien, pero lo hará a partir de su universo de ideas y no de otras.

Es probable que, por sus concepciones futbolísticas, desde el primer encuentro se hayan observado con mutua desconfianza. El primero en expresarlo, en marcar territorio, fue JR. Antes del inicio del campeonato, cuando el técnico había valorado lo hecho en los partidos de verano, le quitó importancia a esos amistosos y postuló que se podía jugar mejor. Con el torneo en marcha destacó la producción ante Godoy Cruz y criticó lo hecho frente a Racing. Es decir, elípticamente aseguró que Boca juga bien con él y mal en su ausencia. Por el lado del entrenador, un futbolista de las características de Riquelme no encaja más que como alternativa para determinadas circunstancias en su esquema táctico preferido, el 4-4-2 con un mediocampo con dos jugadores abiertos por las bandas y un doble pivote central, y, además, entiende como condición indispensable la movilidad permanente.

En la previa del encuentro ante All Boys, Falcioni tomó una determinación inherente a su función. Ni más ni menos que eso. Ocurre que por el contexto, Boca, y el protagonista, Riquelme, las repercusiones fueron múltiples. Interesado como el que más en ganar, entendió que el mejor equipo para conseguirlo no lo contemplaba. La decisión de no incluirlo entre los once fue una muestra de autoridad y, fundamentalmente, una apuesta firme y plena por sus convicciones. Tan sólo un partido, la derrota 4-1 ante los mendocinos, le sirvió para regresar a las fuentes. Esa será la única manera de no reclamarse nada.

De todas maneras, no haberlo colocado entre los suplentes ante el conjunto de Floresta, así como mantener entre los relevos a Walter Erviti, su jugador, apuntó a la diplomacia. Salvo que el entrenador notase falta de compromiso y mala predisposición al trabajo por parte del jugador, algo que no dijo públicamente, debió incluirlo entre los 18.

Falcioni y Riquelme se han comportado de manera oscilante. El entrenador lo halagó en su arribo al club y lo calificó de emblema tras el primer partido, pero luego lo borró. El futbolista, por su parte, no estuvo disponible para los amistosos estivales, sí para el debut ante Godoy Cruz, luego se bajó por molestias del choque ante Racing, pero tres días después, de cara al partido ante All Boys, aseguró estar plena físicamente y en la previa del cotejo ante Vélez otra vez dejó el entrenamiento rumbo a las camillas de kinesiología.

Haber quitado a Riquelme -quien lleva dos temporadas jugando poco-, si es que el DT resiste en el cargo a partir de la dictadura de los resultados, puede ser el primer eslabón de una determinación similar con otros históricos, ya que ni Sebastián Battaglia ni Martín Palermo han demostrado méritos para mantenerse en el equipo titular. Sea por lo que fuese, Falcioni no fue Falcioni en la primera fecha al conformar un equipo en el que no creía; ahora parece dispuesto a mantenerse fiel a sus ideas, pese al costo que pueda implicar.
(Foto: telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de febrero de 2011

Falcioni, de espaldas a su historia

“No hay jugadores como Riquelme, por eso ensayo con dos esquemas”, había postulado Julio César Falcioni en la Posada de los Pájaros, en Tandil, donde Boca trabajó durante la pretemporada. En su primer partido oficial, el entrenador incluyó al ídolo y la disposición con él en cancha, nunca utilizada en los encuentros preparatorios, fue claramente deficitaria.

Llegó a Boca por plantar a sus equipos de una determinada manera, propuesta que insinuó con buen funcionamiento y carácter colectivo en los torneos estivales; con un sistema táctico 4-4-2, presión sobre el rival y variantes con pelota detenida. Había presentado un muy interesante boceto, que trazaba con claridad las líneas fundamentales. Pero en el debut ante Godoy Cruz dejó todo eso de lado para armar un mediocampo sin su sello, lejos de sus preferencias y con la evidencia de haber priorizado los nombres por sobre el funcionamiento. Se traicionó y lo pagó muy caro, con una estruendosa derrota 4 a 1 en el inicio del Clausura, en la Bombonera. Arrió las banderas que lo habían hecho desembarcar en Brandasen 805.

Ante los mendocinos, el mediocampo xeneize estuvo conformado por cuatro futbolistas habituados a moverse por el eje central del campo; Sebastián Battaglia, Leandro Somoza, Walter Erviti y Juan Román Riquelme. Las bandas quedaron descubiertas y así nacieron cada uno de los goles de los dirigidos por Jorge Da Silva, con jugadores que llegaban por los costados sin que nadie los persiguiese.

El mandato de colocar a Riquelme en cancha le condicionó la formación. Además, el Nº 10 estuvo lejos de su mejor versión, con poca movilidad y recostado en el pase corto y lateral, constante pocas veces alterada, en una ocasión por un portentoso disparo desde fuera del área que rebotó en uno de los postes del arco magníficamente defendido por Sebastián Torrico.

Por ningún refuerzo insistió más que por Erviti, pero cuando dispuso del marplatense lo colocó en un sector de la cancha distinto al que le asignó durante más de un año en Banfield y en el cual el volante surgido en San Lorenzo se transformó en uno de los mejores del medio local. Falcioni no fue Falcioni, entonces Erviti no fue Erviti.

El técnico se encuentra en una encrucijada. Por un lado, con un Riquelme opaco, el desafío es recuperarlo y buscar la manera de insertarlo en el esquema que prefiere, que es el que más y mejor utilizó a lo largo de su carrera como entrenador. Por otro, una apuesta mucho más riesgosa sería mantenerlo como alternativa, con todo lo que eso implica.

Falcioni llegó a Boca, el mayor desafío y el punto más alto de su carrera, por méritos propios, por una consecuencia en su trabajo y por haber concretado sus ideas sin dejar de intentar mejorarlas continuamente. Estar en un lugar de privilegio y hacer otra cosa no es más que traicionarse a sí mismo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de enero de 2011

Falcioni, orden y progreso

Con la despedida de 2010, Boca cerró su peor año en más de una década. Sin competiciones internacionales, a las cuales no logró clasificarse, ganó 12 partidos, empató 9 y perdió 17. En esos 38 encuentros recibió 55 goles para ser el segundo equipo más vulnerado, detrás de Colón (61) y junto con Huracán. En la tabla anual, al margen de los ascendidos (All Boys, Olimpo, y Quilmes, que disputaron la mitad de los partidos que el resto de los equipos), Boca sólo quedó por delante de San Lorenzo, Huracán y Gimnasia, y fue el más derrotado junto con Tigre y el Lobo. Ese tránsito implicó cuatro ciclos de entrenadores, los de Hugo Alves, Roberto Pompei en su primer interinato, Claudio Borghi y nuevamente Pompei.

Las diferencias entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme, glorias de la historia xeneize, son públicamente conocidas. Detrás, arrastran al resto de los jugadores a enrolarse en uno u otro bando. Pese a su eterna presencia goleadora (fue el máximo anotador de 2010), el aporte del centrodelantero es por demás discreto. La condición del Nº 10, quien firmó un contrato hasta 2014 exorbitante para el fútbol argentino, no difiere demasiado: en los últimos dos años, de 85 partidos disputados por Boca jugó 44 y anotó ocho goles.

En 2011 habrá elecciones en el club. Jorge Amor Ameal, pese a su infructuosa gestión, pretende la reelección. José Beraldi, vicepresidente primero, manifestó su interés en tomar la conducción del club, y Juan Carlos Crespi, vice segundo, podría ser una tercera alternativa. La convivencia parece ser muy difícil cuando los tres máximos dirigentes apuntan a ocupar la misma oficina.

En ese contexto arribó Julio César Falcioni para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo. Asumió el desafío de hacer su trabajo pese al lastre del año pasado, la interna del plantel y la disputa electoral de la dirigencia. Pero a pulso firme y desde el comienzo impuso sus condiciones. En la Posada de los Pájaros, en Tandil, sometió a los futbolistas a una pretemporada de altísima exigencia, como no la habían tenido en mucho tiempo. Se repitieron los días de trabajos en triple turno, iniciados a las 6:15 y con gran protagonismo de Gustavo Otero, preparador físico que se formó bajo la tutela de Julio Santella, quien fuera el PF de Carlos Bianchi.

"En concentración y esfuerzo el rival no nos puede ganar nunca" sentenció recientemente el entrenador. Una frase que sintetiza buena parte de su concepción del juego. Sabe que pulida técnica y sabiduría táctica son patrimonio de un selecto grupo, pero que la mejor prestación física y la atención plena están al alcance de cualquier futbolista ejercitándolo.

Fueron apenas dos partidos de verano, ante Independiente y River, con todas las salvedades que tienen los ensayos preparatorios, pero en ambos Boca esbozó las líneas características del DT. Un equipo firme en defensa, rápido en las transiciones, de permanente presión y con todos sus jugadores en constante movimiento para lograr dos premisas fundamentales: ahogar al rival doblando marcas y que con la pelota el portador tenga distintas opciones de pase.

Orden y progreso son los cimientos a partir de los cuales Falcioni edifica su Boca.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 5 de octubre de 2010

El cruce entre Falcioni y Cappa

Consumado el 2 a 2 entre Banfield y River, Ángel Cappa sintetizó el juego de su rival en un equipo que busca faltas para ejecutarlas con la precisión de un gran lanzador como Walter Erviti y que “tira centros hasta con el arquero”, para luego agregar que en el segundo tiempo no pasó la mitad de la cancha. El entrenador millonario dirige hace más de 20 años y su discurso siempre fue el mismo, con lo cual es sencillo darse cuenta que cuando mencionó esos recursos lo hizo con desdén, despreciándolos y minimizándolos. Pese a que los dos goles que convirtió su equipo en el estadio Florencio Sola llegaron con pelotas aéreas.

Con una retórica siempre muy rica y prolija, Cappa se transforma en uno de los personajes más agresivos del fútbol argentino a partir de la descalificación sistemática a sus rivales cuando estos ejecutan ideas que no son las suyas. Menciona en reiteradas oportunidades que “River juega al fútbol”. Parece una verdad de Perogrullo: eso es lo que hacen cada uno los clubes que participan de todos los campeonatos del país. Ocurre que lo dice porque acuña el anacrónico concepto de “anti-fútbol”; si señala que sus dirigidos juegan al fútbol es porque otros elencos no lo hacen y así pretende quitarles entidad.

Falcioni acusó el golpe y salió a responder. En su réplica cometió un error al señalar que mientras que él con su receta había salido campeón, Cappa no lo logró. La división entre ganadores y perdedores nunca es una argumentación válida en un intercambio de posturas. Ganar no hace a alguien valioso y perder no vuele al otro descartable. El propio Falcioni era ya un técnico destacado antes de lograr el título en el Apertura 2009. De todos modos tuvo el tino de no menospreciar el juego de River, aunque sí ironizó que Cappa entre tanta lectura no había visto los videos de Banfield y por eso Víctor López marcó el segundo gol de cabeza desde una posición que ocupa habitualmente. “Estoy podrido de la gente que falta el respeto y menosprecia el trabajo”, concluyó.

Falcioni y Cappa encarnan filosofías futbolísticas diferentes. Parten de premisas distintas para llegar al mismo fin, la victoria. A unos les gustará más una propuesta y algunos preferirán la otra. Lo que no puede tener lugar es la descalificación al adversario, el desprecio por lo que es ajeno y un discurso que, por más puntilloso que sea en su elaboración, se vuelve tan agresivo como los peores insultos.
(Fotos: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
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lunes, 4 de enero de 2010

Estudiantes, Vélez y Banfield, los campeones

El año que ya quedó atrás dejó en las páginas más destacadas de su anuario futbolero la consagración de Estudiantes como el mejor de América, la ratificación de Vélez como un grande por vigencia y no por herencia y el inédito festejo de Banfield, nuevo integrante del cuadro de honor de los campeones argentinos.

El conjunto platense se adjudicó la Copa Libertadores de menor a mayor. Tras clasificarse en la etapa preliminar ajustadamente, en la zona de grupos avanzó también con sufrimiento, pero ya en las instancias cruciales, en los encuentros de ida y vuelta para seguir o perecer, el equipo apareció en su mejor versión: consciencia colectiva, prolija defensa, potencia goleadora y la tremenda gravitación de Juan Sebastián Verón para coordinar los movimientos de sus compañeros con precisión de relojería suiza erigieron merecidamente al Pincha como el monarca del continente. En el cierre del año premundialista, el elenco de Alejandro Sabella estuvo muy cerca de subirse a la cima del Planeta Fútbol, pero el fenomenal Barcelona ganador de todo le arrebató la corona cuando parecía suya. Por sus méritos, el León se ganó el reconocimiento de ser el mejor equipo argentino del año que ya es historia.

En el ámbito doméstico, Vélez fue quien celebró en el primer semestre. Luchó por el título hasta la última fecha con Huracán, conjunto que cosechó muchos elogios y adhesiones por su juego fluido de toques permanentes y desestructuración de líneas. Reflejo de una institución sin par en Argentina, los dirigidos por Ricardo Gareca fueron un conjunto serio, coherente y en constante crecimiento. Dinámico y de transiciones muy veloces su propuesta fue un juego vertical y con desbordes, siempre con el basamento de la solvencia para manejar los tiempos de cada partido. Vélez no sólo obtuvo el Clausura, sino que también fue quien más sumó en 2009: con 73 puntos lideró la tabla anual. Además, parió al fútbol profesional a Nicolás Otamendi, la gran revelación y una de las apariciones más fulgurantes de los últimos años en lo que a marcadores centrales refiere.

El Apertura quedó en manos de Banfield, que se dio el enorme gusto de gritar campeón en Primera División. Julio César Falcioni configuró al mejor equipo del certamen; un conjunto granítico, furiosamente colectivo, concentrado sin distracción alguna en su libreto y con un despliegue físico incansable para ahogar a sus rivales. El Taladro contó con Cristian Lucchetti en su punto de maduración justo para tener una gran presencia desde el arco, un esquema defensivo impenetrable por el centro y que siempre dobló marcas, la jerarquía y entrega de Walter Erviti y la mejor dupla delantera del año, conformada por los uruguayos Sebastián Fernández y Santiago Silva, goleador del torneo.

De vuelta al trabajo en la pretemporada estival, Estudiantes, Vélez y Banfield apuntarán a revalidar las credenciales que exhibieron para lograr la satisfacción de ser los mejores. Con varias similitudes conceptuales y diferencias de ejecución e identidad, sus virtudes los hicieron ser los campeones de 2009. La gloria que buscarán defender es la misma que otros sueñan con arrebatarle para festejar
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
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lunes, 14 de diciembre de 2009

Banfield es el nuevo campeón del fútbol argentino

Campeón justo y con lo justo, Banfield. Porque fue el mejor, pero terminó con la cabeza en Rosario para desatar en la Bombonera el festejo por el que esperó más de un siglo. Se trató, sin dudas, del equipo más destacado del torneo y por eso el merecimiento de la vuelta olímpica es inobjetable, pese a la zozobra final. Desde el trabajo meticuloso y sin concesiones de su entrenador, Julio César Falcioni, el padre de la criatura, los del sur del Gran Buenos Aires se mostraron desde la primera fecha, en la victoria 2 a 0 ante River, como un conjunto de un destacadísimo funcionamiento colectivo que potenció individualidades. El conjunto siempre fue más que la suma de las partes que lo conformaban. Pero ese equipo, compacto, agresivo, regular, sólido, de presión constante, fortaleza en las dos áreas, identidad definida desde le orden y gran equilibrio se desdibujó en las últimas cuatro fechas. Tras dos buenas victorias ante Godoy Cruz y Gimnasia enhebró una espectacular serie de triunfos ante Estudiantes, San Lorenzo, Vélez e Independiente, todos rivales directos a los que dejó afuera de la disputa. Y, sin embargo, lo que siguió a esas seis victorias en fila fueron la derrota ante Racing, los triunfos ajustados y enjundiosos frente a Huracán y Tigre y su partido más flojo, la derrota ante Boca en la última fecha. Pese a ese último tránsito, Banfield fue a lo largo de las 19 fechas del Apertura 2009 el mejor de todos, por eso es el nuevo y merecido campeón del fútbol argentino.

Las estadísticas del conjunto de Falcioni evidencian lo extraordinaria que fue su campaña. Obtuvo una gran cantidad de puntos, 41, más del 70 por ciento de los que disputó; tuvo al goleador del certamen, Santiago Silva, con 14 tantos; la valla menos vencida, con 11 goles recibidos en 19 partidos (en diez Cristian Lucchetti mantuvo su arco en cero), y se mantuvo invicto las primeras tres cuartas partes del torneo, hasta la fecha 15. La contundencia de los números exponen con claridad la categoría del campeón, de quien maximizo como nadie las virtudes y supo esconder celosamente las debilidades.

Para que Banfield llegase al momento más esperado fue valiosa la tregua política. Antes y después de las elecciones que Carlos Portell ganó muy ajustadamente en octubre del año pasado, las diferencias entre oficialismo y oposición eran furiosas. Pero hubo consenso para la vuelta de Falcioni, quien se había ido en muy malos términos con el titular albiverde desde 1998 y bajo la promesa de no regresar al club hasta su salida. La firme marcha del equipo bajó marcadamente los decibeles disputa dirigencial, que sin desaparecer se silenciaron detrás del objetivo mayúsculo.

La seguridad en el arco de su capitán, el histórico Lucchetti; la firmeza de su zaga central, con Víctor López y Sebastián Méndez; la entrega por los costados de Julio Barraza y Marcelo Bustamante; el extraordinario trabajo táctico en el centro del campo de Marcelo Bustos primero y la posterior prestancia de Roberto Battión; la inteligencia y entrega de Walter Erviti; el desequilibrio de James Rodríguez; el sacrificio de Marcelo Quinteros y la temible dupla de ataque uruguaya con el punzante Sebastián Fernández y el voraz goleador Silva. Las ganas de Julio Marchant, el oportunismo de Cristian García y los aportes de Santiago Ladino, José Devaca, Emanuel Pio, Pablo Vergara y Federico Sardella. Así Banfield edificó el monumento que diseñó Falcioni.

El fútbol argentino tiene un nuevo campeón, el 16º de su historia profesional y así queda saldada una deuda. Hace dos años fue Lanús quien celebró lo que se le debía y en La Plata Gimnasia sueña hasta la obsesión con la conquista del título tan esquivo. Banfield merecía la gloria, por su historia, por su lugar el fútbol argentino, por aquel puñal de 1951. La alegría ahora es toda verde y blanca, el pueblo banfileño, de esa ciudad que late con su equipo, tendrá un gran motivo para brindar a fin de año y pocos días después, el 21 de enero, celebrar de manera más que especial sus 114 años de vida. Salud, Taladro. Salud, campeón.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 23 de noviembre de 2009

Banfield, Newell´s y nadie más

En su etapa definitoria, a cuatro fechas del final, el torneo Apertura definió a sus candidatos. El abanico que había comenzado a cerrarse en la decimotercera fecha completó su acción el pasado fin de semana para dejar sólo a Banfield y Newell´s en la disputa por el título. Albiverdes y rojinegros lograron tomar distancia de sus perseguidores cuando restan 12 puntos en juego y dirimirán en un mano a mano que se vislumbra apasionante quién será el nuevo campeón del fútbol argentino.

La campaña del conjunto de Julio César Falcioni es extraordinaria. Los números así lo reflejan. Obtuvo 35 puntos de 45 posibles (casi el 80 por ciento), marcha invicto con 10 triunfos y 5 empates, tiene la valla menos vencida con 7 goles recibidos en 15 encuentros y cuenta con el goleador del campeonato, Santiago Silva, autor de 12 tantos.

Finalizada la undécima fecha, ya puntero, Banfield sabía que tenía por delante una serie de cuatro partidos de altísima exigencia ante rivales directos. Primero recibió a Estudiantes en Peña y Arenales, cuando ambos ocupaban el primer puesto, y lo derrotó 2 a 1. Una semana después visitó a San Lorenzo, que se jugaba su última ficha, y lo venció 1 a 0. Otra vez en su casa, eliminó a Vélez de la disputa por el campeonato con un contundente 3 a 0. La última víctima del Taladro fue Independiente, a quien también hizo sepultar sus aspiraciones de título al propinarle su primera caída -2 a 1- en tres presentaciones en el inconcluso Libertadores de América.

Con ese resultado en Avellaneda, Newell´s salió a jugar el clásico ante Central a sabiendas que necesitaba un triunfo para no perderle pisada a Banfield y así continuar ambos en lo más alto. El 2 a 0 en contra a los 12 minutos de juego pintó repentinamente un temible horizonte plomizo; pero con jerarquía, juego y garra lo empató antes de la primera media hora. Luego pasó lo que suele darse en muchos clásicos y que ha sido una constante en el de Rosario en los últimos años: ambos entendieron que perdían mucho, demasiado, con una derrota y eso llevó a la igualdad definitiva.

Al ver lo que le queda a cada uno de los candidatos, el camino parecería ser más llano para Banfield, ya que en los cuatro partidos que le restan enfrentará a los tres últimos, Racing, Huracán y Tigre. Pero en el fútbol nada está dicho hasta el final y Newell´s tiene tantos argumentos como los del sur bonaerense para conseguir el título. Poco falta para saber si el Taladro conseguirá su primer campeonato o si la Lepra dará su sexta vuelta olímpica.
(Foto: Elpais.com.uy)

Patricio Insua
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