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martes, 10 de julio de 2012

Riquelme, su verdad y las interpretaciones

“Le comuniqué al presidente que no voy a continuar. Amo a este club, voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. El compromiso que tengo es muy grande, pero me siento vacío y no tengo nada más para darle al club. Estoy agradecido, a mis compañeros, al cuerpo técnico y a los dirigentes. Es una decisión mía. Yo no puedo jugar a la mitad. Llevo 16 años en el fútbol. Llegué a lo máximo, pensé que no iba a jugar una final de Copa nunca más. Ahora sólo quiero ir a mi casa, abrazarme con mis hijos y comer asado con mis amigos”.

La voz entrecortada de Juan Román Riquelme cerraba así su tercer ciclo vestido de azul y oro. Los periodistas que se encontraban en la antesala del vestuario visitante del estadio Pacaembú eran testigos de una noticia que eclipsaría incluso la derrota de Boca en la final de la Copa Libertadores.

Pese a sus dichos, las interpretaciones de la prensa recorrieron dos caminos, ambos a partir de la suposición del descontento del ídolo xeneize. Por un lado, se especuló con una ruptura con el entrenador, y, por otro, con el presidente. De ningún modo fueron lógicas infundadas, porque Riquelme ha tenido marcadas diferencias con Julio César Falcioni y con Daniel Angelici.

El número diez y el DT han expresado públicamente y en la cancha –uno con su juego, el otro con la disposición de sus equipos- distintos modos de entener el juego. Se trató entonces de una conveniencia forzada, muy friccionada en la llegada del entrenador y más llevadera con el paso del tiempo. Más o menos ríspida, nunca fue una relación basada en la confianza.

En tanto, Angelici renunció en su momento a la tesorería de la institución en desacuerdo con el contrato que se le había ofrecido al jugador, el mismo vínculo que ahora como presidente desea que cumpla. El futbolista había dicho en la campaña electoral que se quedaría en el club si Jorge Amor Ameal continuaba al frente de la Comisión Directiva, pero que no sabía qué haría ante un cambio de autoridades. La mirada que le dirigió Angelici segundos antes del anuncio de su partida no es posible entre dos personas a buenas.

Pero lo concreto es que las palabras de Riquelme no apuntaron ni al técnico ni al presidente. Contrariamente, les agradeció. De haberse sentido a disgusto con alguien, lo hubiese expresado, como lo hizo nada menos que con Maradona y en la Selección.

A lo largo de su carrera ha sido muy valiente dentro y fuera de la cancha. Callarse o mandar a decir no va con él. Lo que hayan afirmado quienes se jactan de ser sus confidentes correrá por su cuenta, tanto como las elucubraciones de los intérpretes de los medios. Riquelme puntualizó en el desgaste mental y físico, el mismo que lo hizo jugar poco en las pasadas temporadas. Esa fue su verdad, la única que cuenta.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 25 de enero de 2011

Falcioni, orden y progreso

Con la despedida de 2010, Boca cerró su peor año en más de una década. Sin competiciones internacionales, a las cuales no logró clasificarse, ganó 12 partidos, empató 9 y perdió 17. En esos 38 encuentros recibió 55 goles para ser el segundo equipo más vulnerado, detrás de Colón (61) y junto con Huracán. En la tabla anual, al margen de los ascendidos (All Boys, Olimpo, y Quilmes, que disputaron la mitad de los partidos que el resto de los equipos), Boca sólo quedó por delante de San Lorenzo, Huracán y Gimnasia, y fue el más derrotado junto con Tigre y el Lobo. Ese tránsito implicó cuatro ciclos de entrenadores, los de Hugo Alves, Roberto Pompei en su primer interinato, Claudio Borghi y nuevamente Pompei.

Las diferencias entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme, glorias de la historia xeneize, son públicamente conocidas. Detrás, arrastran al resto de los jugadores a enrolarse en uno u otro bando. Pese a su eterna presencia goleadora (fue el máximo anotador de 2010), el aporte del centrodelantero es por demás discreto. La condición del Nº 10, quien firmó un contrato hasta 2014 exorbitante para el fútbol argentino, no difiere demasiado: en los últimos dos años, de 85 partidos disputados por Boca jugó 44 y anotó ocho goles.

En 2011 habrá elecciones en el club. Jorge Amor Ameal, pese a su infructuosa gestión, pretende la reelección. José Beraldi, vicepresidente primero, manifestó su interés en tomar la conducción del club, y Juan Carlos Crespi, vice segundo, podría ser una tercera alternativa. La convivencia parece ser muy difícil cuando los tres máximos dirigentes apuntan a ocupar la misma oficina.

En ese contexto arribó Julio César Falcioni para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo. Asumió el desafío de hacer su trabajo pese al lastre del año pasado, la interna del plantel y la disputa electoral de la dirigencia. Pero a pulso firme y desde el comienzo impuso sus condiciones. En la Posada de los Pájaros, en Tandil, sometió a los futbolistas a una pretemporada de altísima exigencia, como no la habían tenido en mucho tiempo. Se repitieron los días de trabajos en triple turno, iniciados a las 6:15 y con gran protagonismo de Gustavo Otero, preparador físico que se formó bajo la tutela de Julio Santella, quien fuera el PF de Carlos Bianchi.

"En concentración y esfuerzo el rival no nos puede ganar nunca" sentenció recientemente el entrenador. Una frase que sintetiza buena parte de su concepción del juego. Sabe que pulida técnica y sabiduría táctica son patrimonio de un selecto grupo, pero que la mejor prestación física y la atención plena están al alcance de cualquier futbolista ejercitándolo.

Fueron apenas dos partidos de verano, ante Independiente y River, con todas las salvedades que tienen los ensayos preparatorios, pero en ambos Boca esbozó las líneas características del DT. Un equipo firme en defensa, rápido en las transiciones, de permanente presión y con todos sus jugadores en constante movimiento para lograr dos premisas fundamentales: ahogar al rival doblando marcas y que con la pelota el portador tenga distintas opciones de pase.

Orden y progreso son los cimientos a partir de los cuales Falcioni edifica su Boca.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 20 de julio de 2010

Riquelme, presión y demagogia

Es un estratega, dentro y fuera de la cancha. Piensa, mide y ejecuta con precisión de cirujano en el rectángulo de juego; elabora, apunta y espeta con grueso calibre cada vez que tiene un micrófono delante. Sus palabras nunca son vacías, siempre tienen un destinatario y la certeza del efecto que causarán. A veces lo hace de modo directo, muchas más con la necesidad de una lectura entrelíneas. Las últimas declaraciones de Juan Román Riquelme apuntaron a la Comisión Directiva de Boca para que cedan a sus imposiciones para renovar contrato.

Calculador, entiende perfectamente quién está del otro lado. Conoce muy bien la debilidad del presidente Jorge Amor Ameal y el costo político que le implicaría la salida del ídolo. El año próximo habrá elecciones y, pese a su mala gestión, el actual titular xeneixe pretende continuar en el cargo. Así, tensa la soga y presiona. Entonces reclama un contrato inviable no sólo para Boca, sino para cualquier club de fútbol argentino; pero, demagógico, grita su amor por el club como premisa fundamental.

Riquelme tiene el derecho de ponerle el precio que crea a su trabajo. Pero eso es incompatible con su profesado amor al club, simplemente porque el dinero que pretende implica un daño para la institución. En los hechos antepone su condición de futbolista profesional, pero hacia afuera asegura que prima lo emocional. Una mirada hacia La Plata le serviría para entender lo que implica realmente un vínculo en el cual lo económico está condicionado por lo afectivo.

El último contrato de JR le costó a Boca más de 10 millones de dólares. Un cifra similar es la que pretende por una renovación que exige sea por cuatro años. Tuvo una última temporada en la cual su rendimiento no fue bueno. No se sabe si podrá jugar en lo que queda de este año por la lesión de la que se recupera en una de sus rodillas y en el último año del nuevo vínculo pretendido la cédula marcará 36 abriles. Si el costo es altísimo per se, la proyección de las prestaciones del N° 10 lo elevan aún más.

Los clubes argentinos firman contratos inviables, un mal endémico del fútbol nacional. Los dirigentes deberían explicarle a los socios de los clubes los motivos por los cuales hay circunstancias imposibles afrontar pese al deseo de concretarlas. Ese sería un correcto proceder, sin pensar en el rédito personal, sino en cumplir con el mandato que se les dio de cuidar la buena marcha institucional. Por su parte, los hinchas tienen que ver más allá de lo que ocurre dentro de la cancha.

En el caso de Boca, el agradecimiento por lo hecho en el pasado no tiene porqué tomar forma de contrato exorbitante. Riquelme sabe que con utilizar su talento a cuentagotas le alanza para que la Bombonera brame por su figura, conoce que ante técnicos y dirigentes tiene el manejo de la situación. Su amor por el club seguramente sea cierto, solamente debería reconocer que corre detrás de su interés laboral.
(Foto: Labombonera.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 2 de julio de 2009

Basile fue presentado como DT de Boca y aseguró que con él la Selección estaba “bárbara”

Con su aguardentoso vozarrón y su verba característica, Alfio Basile aplicó su ya registrado “no coments” cuando se escuchó por primera vez la palabra Selección en la conferencia de prensa en la cual ayer fue presentado como nuevo entrenador de Boca. Sin embargo, pocos minutos después, pese a que había dicho que no hablaría del equipo nacional, cuando un periodista intercaló en una pregunta la aseveración de que le había ido mal en su segundo ciclo como DT albiceleste, lo cortó y sorprendió al referirse a lo que entiende fue un paso absolutamente positivo: “No me fue mal, me fue bien a mí en la Selección. Estaba clasificada, estaba bárbara. Yo no me fui por los resultados, me fui por otras causas, por cosas que sé sólo yo y mi almohada”.

Reconoció que extrañó el trabajo de campo diario con un plantel y que le faltaba acostarse pensando qué haría al otro día y cómo estaban los jugadores, algo que bien puede –y debe- hacerse siendo entrenador de la Selección, aunque al otro día no se tenga a los futbolistas en un entrenamiento. “Uno extraña el vestuario, el césped, el frío, la helada o el calor. Para los que somos técnicos lo máximo es estar en un plantel con jugadores”, agregó. Evidentemente, cuando estando en Boca se fue a la Selección su orden de prioridades era otro.

Basile fue presentado en la sala de prensa de la Bombonera, con el presidente Jorge Amor Ameal en el centro de la escena, Carlos Bianchi, manager del club, a su derecha y él a su izquierda. “Cuando nuestro técnico (Carlos Ischia) se retiró de la institución a todos los directivos nos creó un problema”, fue la flagrante mentira con la cual el titular de la entidad xeneixe inició la conferencia. Ameal quiso instalar que de buenas a primeras Ischia desapareció ocasionándole un perjuicio al club, cuando lo real es que la Comisión Directiva que lidera lo despidió. También hizo su propia y particular lectura de la actualidad contable de Boca al afirmar que “el club está económicamente muy bien, sólo con diferencias financieras”, pese a que el balance anual fue deficitario, que se debió acortar el presupuesto del plantel profesional –algo que le costó, entre otras cosas, la ida de Fabián Vargas, en el podío de los jugadores que mejor rindieron en el último año- y que poco antes Basile había dicho que por "la situación" le daría al manager tres o cuatro opciones de jugadores cuando se trate de reforzar una posición.

Por su parte, Bianchi desmintió haber pensado en otras alternativas y aseguró que su elección original fue la de Basile, a quien tuvo como entrenador en su última etapa de jugador, en Vélez, en 1984. Apuntó, además, que lo encontró con muchas ganas, “no con de revancha, sino con la intención de mostrar que sigue siendo ese Coco ganador”.

En su presentación Basile se mostró distendido y manifestó estar “contentísimo” por su regreso al Xeneixe. Su anterior paso fue plenamente exitoso, con la conquista de los cinco campeonatos que disputó. Ahora buscará retomar la senda ganadora y dejar atrás su pasado reciente en la Selección, que lejos se encontraba de estar “bárbara” cuando se alejó de su conducción.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 25 de mayo de 2009

Entretelones de la ida de Ischia

Tras la eliminación copera y en la previa del choque ante Vélez, Carlos Ischia había asegurado públicamente que no renunciaría a su cargo de director técnico de Boca. Sin embargo, tras la derrota ante los del Fortín Jorge Amor Ameal, presidente del club, anunció que el entrenador dirigirá hasta el final del Clausura y luego renuncia. En realidad se trató de un despido cuya negociación implicó la continuidad hasta el final del torneo y el pago íntegro de un contrato que finaliza en diciembre. Ahora, en la Ribera estarían abocados a encontrar un entrenador de transición para que luego Carlos Bianchi, manager de la institución, vuelva al ruedo como DT. De este modo se cumplirá con la cláusula que el Virrey había exigido en su contrato y que establece que no puede ser el sucesor de quien fuera su ayudante de campo durante 8 años.

El camino de Ischia en Boca tuvo su punto de partida a fines de 2007, cuando la dirigencia encabezada por Pedro Pompillo había decidido no renovarle el contrato a Miguel Ángel Russo, pese a que pocos meses antes se había convertido en el tercer técnico en la historia del club (junto con Juan Carlos Lorenzo y Bianchi) en ganar la Copa Libertadores -aquella vez con una trascendental prestación de Juan Román Riquelme-. Con un curriculum discreto, cuyo último y reciente antecedente era una precipitada renuncia en Rosario Central dejándolo en la última posición de la tabla, Ischia logró despejar las dudas iniciales a partir de los buenos rendimientos del equipo en su primer semestre como cabeza de grupo. El protagonismo en la Copa Libertadores en la cual avanzó hasta las semifinales y quedó eliminado -sin merecerlo- ante Fluminense, la obtención de la Recopa Sudamericana ante Arsenal y la conquista del Apertura en la segunda mitad de 2008 luego de imponerse en el triangular de desempate con Tigre y San Lorenzo le dieron sus credenciales.

Pero en el trayecto a la conquista de aquel título local un hecho marcó el punto de inflexión que comenzó resquebrajar la autoridad de Ischia entre un grupo de jugadores con fuertes diferencias. La pirotecnia verbal entre Julio César Cáceres y Riquelme desnudó la fractura que existente en el plantel. Se conoció entonces el enfrentamiento que se mantiene hasta hoy, en el cual la mayoría de los jugadores, encolumnados detrás de Martín Palermo, se hartó de las actitudes del número 10. Las licencias de las que siempre gozó JR esta vez se hicieron inaguantables para casi todos sus compañeros. La obtención del campeonato corrió del primer plano la interna, pero era tapar el sol con las manos.

El comienzo de este año fue con un nuevo sismo en el seno del grupo, pero esta vez con Ischia en el centro de la escena y con un muy mal manejo de la situación. Protagonizó un enfrentamiento con Mauricio Caranta, por entonces titular del arco de Boca, que incluyó varias declaraciones cruzadas y una situación escandalosa cuando el arquero fue por sus propios medios a la pretemporada en Tandil y se le prohibió el ingreso al hotel donde se concentraba el equipo. El técnico prestó su colaboración a la usina de especulaciones periodísticas al no aclarar jamás los motivos de la exclusión del cordobés.

En medio de Carantagate se dio el regreso de Bianchi al club. Aunque esta vez llegaba para desempeñarse como manager, su presencia significaba una presión extra, cuando no el vencimiento de un plazo fijo, para el entrenador de turno. Vale señalar que la aparición del Virrey implicó una contradicción en sí misma ya que llegó a cambio de una cifra millonaria con la excusa de reducir el déficit del club (que en el último Balance reflejó un pasivo de más de 100 millones de pesos) a partir de la reducción de contratos de futbolistas, ventas, elección de los lugares de concentración y una serie de cuestiones que antes resolvían un grupo de dirigentes.

Sin Copa y con un pésimo andar en el Clausura, a tres puntos de la última colocación con sólo cuatro partidos por delante, las malas actuaciones del equipo se explican en buena parte por la influencia en la cancha de los desencuentros irreconciliables fuera de ella. Los privilegios de los que disfruta Riquelme, siendo por mucho el jugador mejor pago del plantel, evidencian su nulo compañerismo y la misma falta de compromiso con el grupo que en su momento ya había señalado Manuel Pellegrini como causa central de su salida del Villarreal.

La culpa de que Riquelme no se entrene como es debido y que decida cuándo jugar no se le puede endilgar sólo Ischia, sino que no puede dejar de responsabilizarse del mismo modo al manager y la Comisión Directiva. También tiene su responsabilidad el público que cada domingo llena la Bombonera y expresa su acuerdo con el libre albedrío para el ídolo.

Boca atraviesa un mal momento, pero fue campeón hace apenas 5 meses. El periodismo y los hinchas se retroalimentan para generar la artificiosa imposición de que cada año tiene que haber una vuelta olímpica teñida de azul y oro. Seguramente sea más grave la ruptura interna del plantel que el semestre sin títulos y con malas actuaciones, pero a esas cosas solamente se les presta atención en la derrota. Solucionar el enfrentamiento entre Riquelme y el resto, justificar el millonario contrato que se le paga a Bianchi y encontrar un técnico de paso como antesala del retorno al trabajo de campo del técnico devenido en manager son las premisas de la actualidad xeneixe.
(Foto: Losandes.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 26 de enero de 2009

Código de área

El conflicto suscitado entre Mauricio Caranta y Carlos Ischia se ha transformado en un laberinto cada vez más intrincado para Boca. Fue la bienvenida para Carlos Bianchi, que tuvo en ese enfrentamiento y en las dilatadas negociaciones con el Getafe español por la llegada de Roberto Abbondanzieri un tránsito inicial a los tumbos en su novedoso puesto gerencial. Si bien no se trata de una cuestión que haya debilitado al equipo, ya que fue campeón del pasado torneo Apertura, la falta de resolución luego de más de tres meses daña la imagen del club y perjudica al jugador.

En su última conferencia de prensa en Buenos Aires antes de partir hacia la pretemporada, Ischia reiteró que el cordobés no sería tenido en cuenta y agregó que, a razón de esa decisión, no podría entrenarse ni con la Primera ni con el plantel de Reserva. De todos modos, asesorado por la gente de Futbolistas Argentinos Agremiados, Caranta se dirigió a Tandil en compañía de su representante y el apoderado legal del gremio. No fue bien recibido: se le negó el ingreso al hotel donde se concentraban sus compañeros. En realidad lo que perseguía no era sumarse a los entrenamientos, sino forzar su libertad de acción.

Bianchi, en su rol de manager, cuestionó duramente al jugador al asegurar que si bien éste le había prometido que no viajaría a Tandil finalmente no cumplió. Al respecto, dedujo que “lo hicieron cambiar de idea” y reflexionó que “los códigos han cambiado”. En el inicio de su exposición a la prensa, el pasado viernes, el Virrey destacó que el ex hombre de Instituto de Córdoba y el Santos Laguna mexicano debería haberse presentado a entrenar con la Reserva –en contradicción a lo que había señalado Ischia- y no lo hizo, dejando implícito que se trataba de una falta que podría ser castigada.

La réplica de Caranta fue durísima. No le apuntó a Bianchi, pero sí a Ischia y a la Comisión Directiva. Del entrenador cuestionó su capacidad y autoridad al contar que “en la práctica había algunos jugadores que se iban y tenía que ir el médico a avisarle que estaba jugando con diez”, al tiempo que aseguró que “no tiene justificativos deportivos” para haberlo excluido. Sobre la directiva, denunció: “un alto dirigente me dijo: 'Si llegás a Tandil te embarramos'”. También cuestionó la honestidad de la CD al contar que su pase al Valencia de España no se realizó porque no le daban el dinero que le correspondía, ya que según señaló “alguien se llevaba una buena plata de esa negociación". Puntualmente, de Jorge Amor Ameal, presidente del club , dijo que “está mal asesorado y se tiene que informar” y auguró que su situación se resolverá judicialmente porque “no hubo (desde Boca) buena voluntad”.

Caranta era indiscutido arquero titular (tuvo su consagración definitiva en la conquista de la Copa Libertadores de 2007), hasta que en el tramo final del último Apertura una implosión lo eyectó del arco. Obviamente se trató de un problema personal y la circunstancia de no aclarar desde un principio la naturaleza del conflicto (sin necesidad de pormenorizarlo) y caer en un enredo de declaraciones cruzadas y contradictorias, que incluyeron incluso al padre del protagonista, propiciaron rumores de todo tipo. Caranta es víctima de un conflicto que también alimentó al no haber hecho pública su versión de los motivos de su separación del plantel.

Incluso en con este panorama, dentro de la cancha, Boca no acusa golpe alguno y cada vez muestra una superioridad mayor respecto de los demás equipos del fútbol argentino. El pasado sábado, en una ventosa noche marplatense, se quedó con el primer superclásico del año. Pese a que no puede dejar de señalarse el escaso valor de un choque de verano, siempre tiene un gusto especial superar al más rival. Máxime cuando se lo consigue sin varias de sus mejores destacadas figuras. Mientras que River únicamente no tuvo a Oscar Ahumada, por lo que tuvo que improvisar a Facundo Quiroga como centrocampista, el elenco auriazul prescindió para la victoria de cinco titulares: su arquero (sea Abbondanzieri o Sergio García), Gabriel Paletta y su tremendo tridente ofensivo compuesto por Juan Román Riquelme, Rodrigo Palacio y Martín Palermo. Y se podría agregar un sexto ausente, precisamente su jugador más influyente del pasado semestre, Sebastián Battaglia, que fue expulsado en el primer tiempo.

Pese a que la directiva no supo manejar el Carantagate y se creó un problema que debería haber ahogado antes de que se transforme en esta escabrosa novela, Boca continúa dando muestras que está un escalón por encima de los demás. Dualidades que hoy no son excluyentes en el Mundo Boca.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 12 de enero de 2009

Bianchi y la novedad del manager

Si en algo el fútbol europeo de las ligas más poderosas tiene un abismo de distancia con el argentino es en sus escenarios y organización. Esto último se ve reflejado en todas las escalas, en la UEFA, en las asociaciones de cada país y en los clubes que las integran. En esta última instancia, la figura de manager o director deportivo se ha hecho, desde hace varios años, esencial para el funcionamiento de las instituciones. Pero se trata de cuestiones de idiosincrasias y formas de trabajo, por lo que, tal vez, lo que es aplicable y algo acostumbrado allí no lo sea aquí. En Argentina todas las tareas referidas al fútbol profesional son llevadas adelante por un número reducido de dirigentes y el director técnico. Así las cosas, ¿nuestros clubes necesitan de un manager o es apenas una copia sólo de formas del modelo europeo?

Por tratarse de Boca y Carlos Bianchi, el nombramiento de quien fue colocado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol como el 13º máximo goleador de todos los tiempos (es el argentino mejor ubicado, con 385 conquistas) como manager del fútbol amateur y profesional del club de la Ribera generó una gran repercusión mediática. De hecho, antes que la institución auriazul, las nuevas autoridades de Vélez y Newell´s habían nombrado para la misma función a Christian Bassedas y Gustavo Dezotti, respectivamente, y Banfield desde hace tiempo cuenta con Clide Díaz, aunque su tarea real es más la de un administrativo que la de alguien que toma decisiones. Pero la gran repercusión llegó con el nombramiento del Virrey, por lo mencionado y por la extraordinaria cifra que percibirá en tres años de contrato.

En su presentación oficial, Bianchi –que ya ocupó ese cargo en el Paris Football Club entre 1991 y 1992- inició la conferencia de prensa por la negativa, enumerando las tareas que no estarán en su órbita: participar de los entrenamientos, injerir en la formación del equipo y opinar sobre la táctica a aplicar. Sí, en cambio, aseguró que será su responsabilidad el mercado de incorporaciones y ventas, la negociación de contratos, la venta de amistosos, la organización de giras y viajes, la determinación de lugares de concentración y entrenamiento, la negociación con los sponsors y los viajes por el país para participar de las pruebas para reclutar jugadores. Estas tareas son las que en los últimos años ha realizado con buenos resultados la directiva xeneixe, por lo cual surge la incógnita de si era necesario, en un contexto de crisis financiera mundial a la cual el fútbol no es ajeno, hacer una erogación tan fuerte por una tarea que estaba bien cubierta a costo cero. ¿Cuál habrá sido la reacción en el seno de la CD de José Berardi y Juan Carlos Crespi, los dirigentes que se encargaban de las tareas que ahora realiza Bianchi?.

Consultado por un periodista sobre si su hijo, Mauro, dedicado a la representación de futbolistas, trabajará para Boca, lo negó rotundamente y le espetó, con la acidez y la ironía que suelen mostrarlo altanero (la misma que lo llevó a decir del juvenil Mouche que su apellido es francés y debe pronunciarse Mush y a preguntarle a los cronistas presentes si sabían quién es Arsène Wegner, DT del Arsenal de Inglaterra desde hace 13 años), que su vástago había propiciado el regreso de Lucas Castromán -hasta ahora pésimo negocio para el club por su rendimiento- gratuitamente. En el preámbulo de su presentación, Jorge Amor Ameal, presidente de Boca, había hablado de cuestiones éticas, fundamentalmente para decir que el ex ariete velezano no será el sucesor de Carlos Ischia cuando éste se aleje de la dirección técnica. Habrá que ver qué sucede si Bianchi padre recomiendo la contratación de un jugador representado por Bianchi Jr.

Boca no necesitaba un manager, necesitaba a Bianchi. Si el técnico más ganador de su historia hubiese rehusado aceptar el cargo que le ofrecieron no se habría barajado otro nombre, ya que no es una posición que el club requería para su funcionamiento. Lo que Boca necesitaba era tener al hombre más aglutinador otra vez en el club, premisa que elevó su cotización cuando el Virrey afirmó que no está retirado de la dirección técnica.

El sistema político argentino es fuertemente presidencialista. Quien ocupa el despacho principal de la Casa Rosada avanza y su poder real suele exceder ampliamente al determinado en la Constitución. Esta realidad, como es lógico, se ha derramado hacia otras formas de organización y el fútbol no ha sido la excepción. Incluso más que eso: la Asociación del Fútbol Argentino se encuentra dirigida desde hace tres décadas por Julio Humberto Grondona, quien mediante cooptaciones, favores hechos y recibidos, dádivas, aprietes y demás estratagemas se convirtió en el todopoderoso de la pelota. En los clubes el ejemplo se siguió a pies juntillas y cada uno de los aspectos relacionados al fútbol han sido sólo potestad de los titulares de las instituciones junto a uno pocos dirigentes y el entrenador de turno.

La figura del manager se abre camino en el fútbol argentino. Celos y egos tendrán un rol protagónico en el inicio de este nuevo formato de conducción. Habrá que esperar para saber si la aparición de estos gerentes mudará personalismos o descentralizará el armado del fútbol profesionalizando su manejo.
(Foto: Futbolred.com - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com