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martes, 25 de enero de 2011

Falcioni, orden y progreso

Con la despedida de 2010, Boca cerró su peor año en más de una década. Sin competiciones internacionales, a las cuales no logró clasificarse, ganó 12 partidos, empató 9 y perdió 17. En esos 38 encuentros recibió 55 goles para ser el segundo equipo más vulnerado, detrás de Colón (61) y junto con Huracán. En la tabla anual, al margen de los ascendidos (All Boys, Olimpo, y Quilmes, que disputaron la mitad de los partidos que el resto de los equipos), Boca sólo quedó por delante de San Lorenzo, Huracán y Gimnasia, y fue el más derrotado junto con Tigre y el Lobo. Ese tránsito implicó cuatro ciclos de entrenadores, los de Hugo Alves, Roberto Pompei en su primer interinato, Claudio Borghi y nuevamente Pompei.

Las diferencias entre Martín Palermo y Juan Román Riquelme, glorias de la historia xeneize, son públicamente conocidas. Detrás, arrastran al resto de los jugadores a enrolarse en uno u otro bando. Pese a su eterna presencia goleadora (fue el máximo anotador de 2010), el aporte del centrodelantero es por demás discreto. La condición del Nº 10, quien firmó un contrato hasta 2014 exorbitante para el fútbol argentino, no difiere demasiado: en los últimos dos años, de 85 partidos disputados por Boca jugó 44 y anotó ocho goles.

En 2011 habrá elecciones en el club. Jorge Amor Ameal, pese a su infructuosa gestión, pretende la reelección. José Beraldi, vicepresidente primero, manifestó su interés en tomar la conducción del club, y Juan Carlos Crespi, vice segundo, podría ser una tercera alternativa. La convivencia parece ser muy difícil cuando los tres máximos dirigentes apuntan a ocupar la misma oficina.

En ese contexto arribó Julio César Falcioni para hacerse cargo de la dirección técnica del equipo. Asumió el desafío de hacer su trabajo pese al lastre del año pasado, la interna del plantel y la disputa electoral de la dirigencia. Pero a pulso firme y desde el comienzo impuso sus condiciones. En la Posada de los Pájaros, en Tandil, sometió a los futbolistas a una pretemporada de altísima exigencia, como no la habían tenido en mucho tiempo. Se repitieron los días de trabajos en triple turno, iniciados a las 6:15 y con gran protagonismo de Gustavo Otero, preparador físico que se formó bajo la tutela de Julio Santella, quien fuera el PF de Carlos Bianchi.

"En concentración y esfuerzo el rival no nos puede ganar nunca" sentenció recientemente el entrenador. Una frase que sintetiza buena parte de su concepción del juego. Sabe que pulida técnica y sabiduría táctica son patrimonio de un selecto grupo, pero que la mejor prestación física y la atención plena están al alcance de cualquier futbolista ejercitándolo.

Fueron apenas dos partidos de verano, ante Independiente y River, con todas las salvedades que tienen los ensayos preparatorios, pero en ambos Boca esbozó las líneas características del DT. Un equipo firme en defensa, rápido en las transiciones, de permanente presión y con todos sus jugadores en constante movimiento para lograr dos premisas fundamentales: ahogar al rival doblando marcas y que con la pelota el portador tenga distintas opciones de pase.

Orden y progreso son los cimientos a partir de los cuales Falcioni edifica su Boca.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

martes, 31 de agosto de 2010

El momento “determinante” de los entrenadores

La anemia colectiva y la falta de sustento individual mostrado por Boca en la derrota ante All Boys había llevado a Claudio Borghi a sentenciar tras el encuentro que el siguiente, frente a Vélez, sería determinante. No puntualizó lo que quería significar con ese término y en su siguiente conferencia de prensa aseguró que nunca había pensado en renunciar. La victoria en la Bombonera ante el conjunto de Liniers archivó el asunto.

Acorralado por un pobre inicio en el Apertura, en el que está último con un punto en cuatro partidos, Daniel Garnero, entrenador de Independiente, eligió la misma palabra que su colega xeneixe: “Puede ser que no seguir en la Sudamericana sea determinante”. En el partido de ida, el Rojo le ganó en Avellaneda a Argentinos Juniors 1 a 0 y la continuidad en el plano internacional es, según quedó planteado, la llave para que Garnero se mantenga en el cargo.

Al parecer, “determinante” pasará a ser la palabra de cabecera para los entrenadores que, asfixiados por la falta de resultados positivos, aturdidos por la reprobación de los hinchas, aislados por la falta de proyección dirigencial y señalados por la histeria mediática, se sientan tambalear en el borde del abismo.

En el fútbol argentino es una rareza encontrar un proyecto que sobreviva a un mal comienzo. El límite es cada vez más próximo, máxime cuando se trata de alguno de los equipos más populares. Optar por un cambio de conducción se trasformó no en una opción posible en la búsqueda de una solución sino en la única alternativa.

El partido determinante para los entrenadores aparece cada vez más cercano en el horizonte. Principales responsables de lo que sus equipos puedan producir dentro de la cancha, nunca son los únicos. Los recursos que proporciona la dirigencia, el compromiso de los jugadores y la talla del oponente configuran un contexto que debe ser tenido en cuenta.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de agosto de 2010

La serena resistencia de Borghi

El tono ameno, la sonrisa fácil, las explicaciones sustentadas y el humor sin ironía son las principales marcas de los diálogos de Claudio Borghi con la prensa. Sus formas se contraponen con la locura de urgencia que impera en el fútbol argentino. No lo contamina la histeria generalizada. En una caja de resonancia como casi ninguna otra, el Bichi mantiene su tranquila prédica de hablar del juego con pausada reflexión, aunque sabe perfectamente la premura que lo rodea. “Boca siempre es noticia, hasta cuando yo bostezo", figuró en su última conferencia.

En apenas dos fechas, tras un empate y una derrota, el entrenador xeneixe ya sintió cómo el aleteo de una mariposa puede generar un sismo en la Ribera. Desde el momento mismo de su desembarco, incluso antes de que dirigiese la primera práctica, desde distintos puntos del mentado mundo Boca se miró con recelo su sistema táctico con una línea de tres hombre en el fondo. "Esto es fútbol, ganar es muy importante, a veces más importante que jugar bien. Me gusta ganar como a mucha gente. No hemos podido hacerlo y no es un drama tan grande“, contempló.

Cosechado un punto de seis posibles, los cuestionamientos apuntaran al esquema con tres defensores. En un programa televisivo, Carlos Aimar, técnico que se formó de la mano del gran Carlos Timoteo Griugol, se ocupó por explicar desde el análisis de las imágenes de los encuentros de Boca que hasta aquí el funcionamiento táctico del equipo ha sido muy prolijo y de muy buena sincronización entre los mediocampistas y la última línea. Así fue como dio cuenta que de los tres goles que recibió Boca, uno fue por una mala decisión individual de Matías Giménez (ante Godoy Cruz), luego de cubrir perfectamente el sector que le correspondía, y otro por un accidente de Clemente Rodríguez (ante Racing), quien tropezó con la pelota cuando ya habían cerrado todos los caminos posibles a su rival. El restante fue desde un tiro libre en el cual el autor de la conquista (Claudio Yacob, de Racing) se encontraba en clara posición adelantada.

Claudio Borghi no cede ante los aguijoneos, ni se sube a la montaña rusa que busca constantemente el conflicto. Sus formas seguirán siendo las que tuvo en el momento de alejarse vencido de Independiente o de ser campeón con Argetinos Juniors. Siempre es buena esa serena resistencia.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 17 de mayo de 2010

El grito de un barrio: Argentinos campeón

El festejo es genuino, sin ningún paso ensayado previamente. Saúl Laverni pita el final en Parque Patricios y los jugadores saltan como chicos. Néstor Ortigoza se toma la cabeza. Su otra mitad, Juan Mercier, se arrodilla y mira al cielo. El juvenil Luis Ojeda, dueño del arco en el partido decisivo, grita su felicidad de cara a los más de 10.000 hinchas que tuvo a sus espaldas en el segundo tiempo y ahora deliran de felicidad. Claudio Borghi y su cuerpo técnico son un solo abrazo en el banco de suplentes y varios futbolistas una montaña humana en el centro del campo de juego.

Argentinos se consagró como el mejor del país después de 25 años y aunque el propio Borghi se había encargado de marcar las diferencias entre aquel campeón y este, hay puntos de conexión. Uno inevitable es el de Néstor Ortigoza como exponente clásico de la mejor fábrica de mediocampistas centrales del fútbol argentino y dueño de los tiempos del equipo. Se trató, también, de un conjunto forjado desde la inteligencia de su entrenador y la zapienza de los ejecutantes. El fútbol es músculo y cerebro. Más fácil ejercitar el sacrificio físico que el conocimiento del juego, el Bicho hizo honor a la predica de su escudo (mens sana in corpore sano) al revertir la ecuación que domina al fútbol actual.

Sale Mercier del vestuario, con un gorro de lana, colorado, por supuesto, obsequio de un hincha. Un rato antes hizo el gol más importante de su carrera, que mucho supo del Ascenso. Destaca la importancia suprema que tuvieron las victorias ante Central e Independiente. “El Bichi nos dio un mensaje que nos permitía jugar muy tranquilos. El título es un premio justo para estos jugadores, para un equipo que vino muy de abajo. Callados y tranquilos ahora festejamos un campeonato con el equipo como figura, por la entrega, el hambre y la humildad”.

En el fragor de los festejos, ningún jugador dejó de referirse a la importancia de Borghi, un hombre ya trascendental en la historia del club por su presencia en todos los títulos conseguidos. Brilló como uno de los mejores talentos de aquel equipo que se quedó con el Metropolitano de 1984 y en el Nacional y la Copa Libertadores de 1985. El estadio Diego Armando Maradona no corre peligro de ser rebautizado, pero no podría extrañar que en un futuro cercano alguna de las tribunas lleve su nombre.

Autor del segundo gol ante Huracán, Facundo Coria enfrenta cámaras, micrófonos y grabadores y destaca que “el equipo jugó muy bien a lo largo de todo el torneo y el título es un premio al esfuerzo”. Como todos sus compañeros, elogia al entrenador: “Él armó este equipo y potenció a todos estos jugadores. Nos marcó una línea de juego desde el primer día y nos dio confianza. Porque una de las claves para lograr el campeonato fue la tranquilidad que siempre tuvo el equipo”. El enlace sentencia que el campeonato es producto “del buen juego, la perseverancia y la búsqueda siempre del arco rival”.

Con cinco derrotas fue el equipo que menos perdió en la temporada y con 67 goles a favor el que más marcó. Esos números reflejan una campaña extraordinaria, un año futbolístico en el que Argentinos supo muy bien cómo defenderse y enarboló un ataque siempre difícil de contener para sus rivales, que tuvo el merecido premio de la consagración en el Clausura 2010.

José Luis Calderón es un ex futbolista. Deja el vestuario visitante consciente de que esa fue su última tarde adentro de una cancha. Lleva la sonrisa del broche perfecto. “Siento que se termina una etapa importante en mi vida, a la cual le dediqué muchísimo tiempo. Bajo la persiana del jugador y espero la etapa que va a empezar, que es la de del técnico. El Bichi se acordó de un jugador retirado y por eso le estoy muy agradecido. Cuando llegué a Temuco, a la pretemporada, les dije a los muchachos que venía para ser campeón y me miraron como si estuviera loco. Pero cuando el equipo empezó a jugar se dieron cuenta que el equipo estaba para más”.

Argentinos no llegó a la cima con la brillantez como patrón. Tampoco por su solidez. Encontró, desde la prédica de su entrenador -un hombre que enriquece el medio- una estación intermedia a partir de una estructura sin rigidez a la vez que responsable de cada uno de los aspectos del juego. Así arriesgó sin miedo y forjó una identidad propia y bien definida.

El capitán del equipo, Matías Caruzzo, otro de los formados en el club, no duda de los méritos de la consagración y, con la copa entre las manos, destaca el esfuerzo colectivo como valor supremo. “Somos merecedores de esto. Lo esperábamos. Estoy contento por el equipo, por el cuerpo técnico y por la gente. Hay que disfrutar este momento. Luchamos, sufrimos y nos sacrificamos, y con humildad y hambre logramos ser campeones. El partido contra Independiente va a quedar grabado”.

La Paternal desde el sentimiento, Villa General Mitre para los puristas de la geografía porteña, es hoy el epicentro de un escenario barrial de sonrisas amplias. Y lo será durante el próximo tiempo, porque los festejos que se habían iniciado el domingo por la mañana como buen augurio para la posterior consagración vespertina se prologarán largamente. Argentinos recuperó su gloria y es el nuevo campeón del fútbol argentino.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 26 de abril de 2010

Argentinos ya ganó

Aunque una campaña sorprenda a los propios protagonistas al superar las expectativas iniciales, llega una instancia en la que lo que hubiera conformado en un comienzo queda de lado para ir por más. Así transcurren los días de Argentinos Juniors, que a tres fechas del final del Clausura se encuentra a solamente un punto de la cima del campeonato y sueña con obtener el tercer título de Primera División de su historia, tras el Metropolitano de 1984 y el Nacional de 1985.

El conjunto de Claudio Borghi tiene sello propio. Juega cercano entre líneas para achicar espacios y con acumulación de pases sin caer en una horizontalidad que no hiere al rival. Tiene vocación ofensiva sin descuidarse atrás y tomó los riegos que en algún momento debe asumir todo equipo que tiene altas aspiraciones.

El esquema táctico inicial de Argentinos rompe con la habitualidad que suelen mostrar los equipos argentinos: una defensa de tres hombres; cuatro mediocampistas, dos abiertos por los laterales y un binomio de medios, un enlace y dos delanteros. Esa disposición 3-4-1-2 no es fija, porque Argentinos mueve continuamente la pelota y entonces también a sus ejecutantes. Borghi tiene un discurso descontracturado que no es sólo de la boca para afuera, como una postura preciosista, sino llevada a la práctica por sus dirigidos.

El corazón del equipo está en el centro del campo, donde Néstor Ortigoza y Juan Mercier conformar un doble volante central que regula el funcionamiento de todo el conjunto. De ellos nace el inicio del ataque y la presión para la recuperación del balón cuando lo tiene el rival. Se entienden y complementan a la perfección, con Mercier con más responsabilidades en la marca y Ortigoza (dicho sea de paso, el mejor ejecutantes de penales del fútbol argentino) con mayor pista para acompañar los ataques.

Pero el Bicho tiene un talón de Aquiles y en un lugar demasiado sensible: el arco. Nicolás Peric es inseguro y sus recurrentes errores han significado goles que hasta aquí, de todos modos, no han tenido un alto costo. Es difícil que un equipo pueda ser campeón con un arquero tan frágil como el chileno.

Pese a sus méritos y virtudes, los de la Paternal no la tienen fácil. Corren de atrás, a un punto nada menos que de Estudiantes, el mejor equipo argentino. Apenas por debajo lo tienen a Independiente, el único grande que, al menos en este campeonato, ejerce de tal y al que recibirá en el Diego Armando Maradona en la anteúltima fecha. En la línea del Rojo también está Godoy Cruz, la revelación del certamen.

Coronar este gran torneo con el título es el deseo de todo Argentinos Juniors. No conseguirlo en nada opacaría una campaña excepcional, en la que suma 64 puntos y tiene prácticamente asegurado su regreso al plano internacional, clasificándose a la Copa Sudamericana, que se disputará en el segundo semestre del año. Borghi, hombre profundamente de la casa, logró un equipo que juega de acuerdo a su prédica; los buenos resultados se suman y los hinchas lo disfrutan. Aunque no llegue la gloria final, Argentinos ya ganó.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 23 de marzo de 2009

Rebelión en la granja

En las siete fechas que se llevan disputadas del torneo Clausura 2009, seis técnicos renunciaron –por decisión propia o forzados a hacerlo- y otros dos podrían seguir el mismo camino próximamente. La lista la componen Juan Manuel Llop (Racing), Omar Labruna (Gimnasia de Jujuy), Gustavo Alfaro (Rosario Central), Leonardo Astrada (Estudiantes), Miguel Ángel Santoro (Independiente) y Jorge Burruchaga (Banfield). En tanto, no sería de extrañar que a muy corto plazo Argentinos Juniors y San Lorenzo observasen las idas de Claudio Vivas y Miguel Ángel Russo, respectivamente. En algunas instituciones las salidas anticipadas son ya cuestiones estructurales en los últimos tiempos. En Independiente se fueron antes de lo pactado Daniel Bertoni, César Luis Menotti, Julio César Falcioni, Burruchaga, Pedro Troglio, Claudio Borghi y ahora Santoro. Antes de Alfaro, Rosario Central tuvo las prematuras salidas de Astrada, Néstor Gorosito, Carlos Ischia, Leonardo Madelón y Pablo Sánchez. Por su parte, en Banfield hace 4 años que un técnico no completa su contrato. Más grave aún es lo de Racing, donde el desfile de técnicos es una cuestión crónica.

La novedad en muchos de estos alejamientos es que ya no responden únicamente a los malos resultados, sino a enfrentamientos entre técnico y dirigidos en los cuales los entrenadores vieron como sus planteles se les paraban de manos en desacuerdo con sus premisas. Tal vez no sea una novedad el hecho de que los futbolistas comploten para la salida de un DT, pero es algo que aparece ahora con más claridad. Llop reconoció poco antes de irse de la Academia que su relación con los jugadores no era la mejor, de lo cual se desprende que si esa fue la declaración pública es porque el vínculo era pésimo. Santoro dejó en el estribo una frase contundente dirigida al plantel: “Fue una ballata desleal”. En tanto, si bien se especuló que la salida de Burruchaga seguía esta línea, el campeón del mundo en Mexico 86 desmintió cualquier diferencia con los jugadores (incluso aseguró que éstos le pidieron su continuidad) y afirmó que su renuncia fue producto de diferencias irreconciliables con el cuestionable Carlos Portell, presidente del Taladro desde hace 10 años.

Sin dudas se trata de una cuestión muy delicada, de un equilibrio difícil de encontrar. Se requiere de entrenadores firmes, que ejerzan la autoridad que su cargo demanda pero sin la tiranía de hacer oídos sordos a cuestión alguna. Para esto es necesario el completo respaldo de la directiva hacia la persona a la cual se eligió para dirigir el grupo. Con jugadores que aparecen no ya en la prensa deportiva, sino además en los programas de chimentos o en las revistas de la farándula del espectáculo y con intermediarios y representantes que los tientan con futuros irresistibles, el manejo de grupos se vuelve hoy una condición tan necesaria a la hora de elegir un técnico como las cuestiones específicamente conceptuales del juego.

En otro orden, mención especial merecen por lo hecho este fin de semana Huracán y Colón, conjuntos que con distintos argumentos, más tecnisistas aunque sin despreciar la táctica los porteños y más tactisistas pero sin relegar la técnica los santafesinos, imponen sus virtudes. El conjunto de Parque Patricios le dio un tremendo cachetazo a Lanús, puntero en soledad del campeonato, al derrotarlo 3 a 0 en una gran demostración futbolística, la cual eleva su cotización a partir de la jerarquía del rival. Señalado por haber organizado una pretemporada distinta de la que con fuertes cargas físicas se realiza habitualmente, Ángel Cappa ha logrado hasta aquí que su equipo juegue con un prolijo y fluido manejo de la pelota sin escatimar verticalismo. El ex ayudante de campo de Jorge Valdano eludió las dificultades institucionales que se sabe tiene el Globo y armó un buen equipo con destacados jugadores como Mario Bolatti, Facundo Pastore y Matías De Federico, pero sin futbolistas de gran cartel. Por su parte, el Sabalero mostró en su victoria ante San Lorenzo -en un partido que se desvirtuó por las expulsiones de tres jugadores del Ciclón-, también 3 a 0, algunas de las muy buenas variantes que tiene el equipo desde que lo tomó Antonio Mohamed: es el conjunto que mejor y más variantes de pelota parada maneja, ejerce una gran presión sobre los rivales al doblar marcas, muestra una buena lectura previa de las características del rival para actuar en consecuencia y tiene variantes tácticas dentro de un mismo partido para corregir sobre la marcha cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado. Con sus virtudes y también sus defectos, Colón está a un punto de la cima y Huracán a dos.
(Foto: Goal.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de abril de 2008

Roja ilusión en marcha

Probablemente Claudio Daniel Borghi haya sido la mayor frustración argentina en lo que a proyección de estrella del fútbol mundial se refiere. Su gigantesco talento y asombrosa ductilidad lo hicieron sobresalir desde sus primeros pasos en Argentinos Juniors. Por eso se interesaron por contratarlo clubes como Milan y Juventus. Precisamente ante el conjunto turinés, el Bichi tuvo una actuación deslumbrante, opacando incluso al propio Michel Platini, en el recordado choque entre los de La Paternal y la Vecchia Signora en la edición de 1985 de la ya desaparecida Copa Intercontinental disputada en Tokio.

Fue, según su propio decir, su reticencia al trabajo y su no disposición a cumplir con los sacrificios que debe hacer un futbolista profesional lo que hicieron de él un talento desperdiciado. Por aquel entonces, nadie -incluso ni el propio Borghi- imaginaban que sería el técnico de prestigio que es hoy, a los 43 años.

Su llegada a la dirección técnica de Independiente constituye una nueva ilusión para la falange roja. Y la misma no se apoya, como suele ocurrir, en el mero arribo de un nuevo conductor, sino en la sensación de recibir a un hombre hecho a la medida del Rojo. Sus antecedentes en el fútbol chileno prevén una propuesta ofensiva, que correrá riesgos y buscará recobrar el protagonismo desde la aceptación del rol de equipo grande. Por eso en su presentación oficial no dudó en afirmar que el objetivo es ser campeón. Esas premisas serán bien recibidas por una parcialidad que, pese a compartir con todas la prioridad de acumular victorias, desarrolló a lo largo del tiempo un gusto por un determinado modo de jugar.

Pero sacar el óxido de la chapa histórica de Independiente no será tarea exclusiva de Borghi, sino que dependerá también de una reconstrucción institucional que, aunque lenta, parece haberse iniciado hacer un par de años. En este sentido, aseguró en su oficialización como DT rojo: “Es imposible reconstruir la época del glorioso Independiente de Bochini, Villaverde y Marangoni. Esa no es mi intención, lo que quiero es acercarme a esos tiempos y que el equipo juegue bien y sea aplaudido". Si los buenos resultados no aparecen en los primeros pasos del nuevo proceso, bueno será que haya una paciencia lógica entendiendo la realidad actual de Independiente a partir de los recursos futbolísticos de los que se disponga por el manejo dirigencial. Pero el saber esperar no es una cualidad de nuestro medio.

En este punto de partida, aparecen dos interrogantes, uno del juego y otro extrafutbolístico. El primero remite a la solidez defensiva necesaria en todo equipo y el modo en que afectará su preferencia por la libertad creativa de los jugadores por sobre el rigor táctico. El otro se vincula al hecho de que Borghi esté radicado desde hace más de una década en Chile, ya que su familia, al parecer, continuará del otro lado de Los Andes, con lo cual habrá que ver cómo influirá la distancia con los afectos y la circunstancia de realizar, por su fobia a los aviones, constantes y prolongados viajes en auto para unir ambos países.

Comenzó su carrera como entrenador allí en Chile y en poco tiempo llegó al Colo-Colo, uno de los clubes más populares del fútbol trasandino. En el Cacique diagramó un esquema de trabajo que se reflejó en la obtención de las últimas cuatro ediciones del certamen doméstico chileno y un buen protagonismo a nivel internacional. Como correlato obvio se sucedieron las ventas de jugadores muy importantes para su idea de juego, como Matías Fernández, Alexis Sánchez y Humberto Suazo. Pero logró sobreponerse a esas ausencias y mantuvo la identidad adquirida. Esto es un buen antecedente para las arcas chicas de un equipo grande como Independiente.

La llegada de Borghi al fútbol argentino trae también a alguien capaz de hacer un gran aporte a la hora de hablar sobre el juego, de sentar posiciones y enriquecer un eterno debate.

Aquel Borghi jugador fue un brillante que nunca pudo ser pulido para aprovechar su valor, este Borghi entrenador demostró en su corto recorrido ser buen estratega y un hombre con un idea definida del juego que pretende. El fútbol argentino es un desafío mayor al chileno, el modo en que logre ensamblar un sólido bloque defensivo para resguardar la propuesta de ataque es un interrogante que se impone. De todos modos, la contratación de Borghi parece ser una buena apuesta del Rojo.
(Foto: Clarin.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com