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martes, 17 de febrero de 2015

A la conquista de Sudamérica

No hay título más prestigioso en el ámbito de la Confederación Sudamericana de fútbol que la Copa Libertadores, y Argentina es el país que más veces alzó ese trofeo. Nuestro fútbol se consagró 23 veces por intermedio de ocho equipos distintos; desde Independiente, el primero, hasta San Lorenzo, actual defensor del título.

En esta edición, de los ocho grupos que conforman la primera instancia, seis tienen presencia argentina. Así, una buena performance en la fase inicial podría acomodar las llaves de manera tal que el fútbol nacional vuelva a tener un representante en la final, como ya ocurrió en 32 ocasiones desde 1960, cuando se inauguró la competición, hasta la fecha.

San Lorenzo aspira a retener el título que lo obsesionó tanto tiempo y lo hizo alcanzar el goce máximo en 2014. En tanto, Boca va por su séptima copa para convertirse en el máximo ganador de la historia junto con Independiente, que pese a muchos años de ausencia protagónica ganó el certamen más que ningún otro. Por su parte, River buscará volver a ser celebrar a 30 años de su primera conquista y 10 de la última.

Racing, vigente campeón argentino, quiere conseguir por segunda vez el título que consiguió hace medio siglo. Estudiantes, con su mística copera sin igual, sueña con alzar el trofeo por vez quinta vez. Por último, Huracán, clasificado tras ganar la Copa Argentina, apunta a ser la gran sorpresa en su segunda participación en la historia.

Argentina es el coloso del fútbol sudamericano, y en 2015 procurará volver a imponer su prestigio. El torneo en la que brillaron Ricardo Bochini, Juan Román Riquelme, Juan Ramón Verón y tantos otros, puede volver a quedar embanderado de celeste y blanco.
(Foto: Espndeportes.espn.go)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de diciembre de 2014

San Lorenzo, River, Racing y Huracán, los campeones del año

El año se va con cuatro equipos laureados: San Lorenzo, en la cima de América con la Copa Libertadores; River, campeón del torneo Final y la Copa Sudamericana; Racing, portador del título del certamen disputado en el segundo semestre del año, y Huracán, que conquistó la Copa Argentina. Para cada uno de los cuatro clubes, las respectivas vueltas olímpicas tuvieron una significación especial.

A mitad de año, llegó a su final la mayor obsesión de San Lorenzo: el elenco azulgrana alzó la Copa Libertadores para ponerle punto final a una historia de desencuentros con el mayor trofeo del fútbol sudamericano. De la mano de Edgardo Bauza, el Ciclón ganó el torneo con sólidos merecimientos. Fuerte en defensa y rápido en ataque, con un mediocampo moviéndose al compás del doble pivote central compuesto por Néstor Ortigoza y Juan Mercier, encontró respuestas para casi todos los interrogantes que le plantearon sus adversarios. De menor a mayor, creció hasta la máxima gloria.

La consagración fue ante Nacional de Paraguay, pero para llegar a esa instancia tuvo que dejar en el camino a poderosos equipos. Selló su clasificación en la fase de grupos al derrotar 3-0 a Botafogo, equipo ante el que había caído 2-0 en Brasil en el estreno copero. En las dos primeras instancias de eliminación directa volvió a encontrarse con equipos brasileños y en ambos casos definió de visitante: eliminó a Gremio por penales en octavos y sacó a Cruzeiro en cuartos después de un gran segundo partido. En semifinales arrazó: goleó a Bolivar 5-0 en el Nuevo Gasómetro y ya con la llave resuelta cayó 1-0 en la revancha en La Paz. No fue un camino sembrado de rozas; como tampoco lo fue la final, en la que tuvo sus padecimientos, como el empate sobre la hora en Asunción. Pero ganó en su casa y fue campeón, el equipo campeón más esperado de la riquísima historia de San Lorenzo.

Para River, volver a situarse en la cima del fútbol nacional implicó exorcizar a sus propios demonios. Fue cortar con un período de seis años sin títulos, que transcurrieron en la peor era de su historia, con conducciones que esquilmaron a la institución y propiciaron lo que parecía imposible: el descenso del equipo más veces campeón del fútbol grande de la Argentina. El título de la reivindicación llegaba además con tu técnico fetiche, Ramón Díaz.

Apenas bajado de la ola del festejo, el riojano -acaso más en una jugada que medía beneficios futuros-, renunció a su cargo. Fue un impacto para River. Rápido, fue por otro hombre de la casa: Marcelo Gallardo. Pese a su buen desempeño como entrenador en Uruguay, donde había sido campeón con Nacional, su llegada era una incógnita para el gran público; no así para Enzo Francescoli, mánager del club, quien no dudó en ir a buscarlo.

Y con el Muñeco las cosas fueron mejor que con Ramón, porque River jugó mucho mejor. Intensidad, buen toque, presión, rotaciones, concepción colectiva y gran capitalización de las individualidades fueron algunas de las líneas que convirtieron a un equipo campeón en otro todavía superior. Y así llegó la consagración en la Copa Sudamericana para cortar con una sequía de títulos internacionales de 17 años. El único error de cálculos de Gallardo fue cuando en el trascendental partido ante Racing ni siquiera concentró a los habituales titulares y la derrota le costó lo que pudo haber sido un doblete de títulos.

Pero no existe la historia de lo que pudo haber sido, y la realidad es que Racing fue el campeón de la segunda parte del año, de un torneo fantástico, en el que hubo grandes partidos y orilló los 500 goles. La Academia se consagró con la vuelta de un hijo pródigo, Diego Milito, cuya imagen será para siempre la síntesis de este logro. Pese al agotamiento de sus piernas, consecuencia lógica de una larga y exitosa carrera en Europa, marcó evidentes diferencias; puso su jerarquía y liderazgo como locomotora del equipo.

“Prefiero perder el clásico y salir campeón”, había dicho Diego Cocca, técnico llegado para este torneo, en la víspera del cruce ante Independiente. Y el choque de la quinta fecha fue victoria para el Rojo en el estadio Libertadores de América. Entonces, las críticas –muchas despiadadas- arreciaron contra el entrenador y algunos futbolistas. Pero Cocca, que a mitad de año había ascendido con suceso a Primera División con Defensa y Justicia, fue torciendo el rumbo. Más pragmático y menos osado, encontró el equilibrio y la fortaleza para llegar al título.

Contra los libros de la ortodoxia futbolística, Racing ganó en campeonato por sus resultados de visitante y más por no recibir goles que por hacerlos. El primer ítem se explicita en haber sido el equipo que más puntos sacó fuera de su estadio, 22, y el que marcó más goles, 20 (en el estadio Presidente Perón anotó 11). El segundo, es más evidente: ganó en las últimas seis fechas del torneo sin recibir goles, y solo le marcaron uno en las últimas nueve.

Huracán fue quien se adjudicó la Copa Argentina tras vencer por penales a Rosario Central en San Juan. Fue su primer título en más de 40 años y le permitirá volver a disputar la Copa Libertadores también después de más de cuatro décadas. Haberse quedado con el torneo federal fue para el conjunto de Parque Patricios dejar atrás años de frustraciones en instancias decisivas. El Globo se consagró con un técnico de la casa, alejado de las grandes marquesinas, Néstor Apuzzo, y con varios jóvenes de muy buena proyección.

Además de la Copa Argentina, Huracán logró algo acaso todavía más importante: el regreso a la máxima categoría. Después de ganar el desempate jugado con Atlético de Tucumán en Córdoba, terminó el año de la mejor manera: de regreso en el lugar que merece en la historia del fútbol argentino y con un trofeo en alto.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de diciembre de 2014

Para perder había que llegar hasta Marruecos

San Lorenzo cayó ante el Real Madrid porque consiguió el mayor logro de su historia. Sin la conquista de la Copa Libertadores no hubiese podido ponerse cara a cara con uno de los clubes más poderosos del planeta y el más laureado de la historia. Con la conquista de la América futbolera, el Ciclón le puso este año fin a una propia historia de desavenencias con el máximo trofeo del ámbito sudamericano. La tristeza por la derrota en la final del Mundial de Clubes no empaña ese logro, y hace de 2014 un año histórico para la institución azulgrana.

El choque en el Gran Estadio de Marrakech, en Marruecos, enfrentó a dos equipos con una notable desigualdad. La diferencia es tan obvia en todos los aspectos que no hace falta detenerse a puntualizarla. Ocurre que a veces el fútbol sabe igualar lo que parece imposible de emparejar; sobre todo cuando se trata de un solo partido, sin ayer ni mañana. Sin embargo, esta vez no hubo una ruptura de status quo de la pelota y sucedió lo esperable con la victoria merengue.

Edgardo Bauza optó por un planteo basado en el tenor del rival: intentar anular al conjunto madrileño y apostar todo a un tiro certero. Con esa idea es cierto que San Lorenzo nunca estuvo cerca de ganar el partido; tanto como que el Real Madrid estuvo lejos de su mejor versión. Si los dirigidos por el italiano Carlo Ancelotti no estuvieron cómodos fue por una oposición esforzada. Fueron superiores, sí, pero sin brillo; fueron justos ganadores, sí, pero resolvieron el partido más con dos errores de San Lorenzo que con méritos propios. Si así se dieron las cosas es porque el partido que pensó el técnico rosarino mundialista en Italia 90 no fue desacertado.

Como suele suceder ante una elección como la de San Lorenzo, no faltaron las críticas y hasta la descalificación. Sobran grandes inversores y generosos mecenas con el dinero ajeno. San Lorenzo tenía que plantear un partido desde una inferioridad real. Salir a una disputa de ataque por ataque implicaba negar esa realidad. Algunos pueden considerar que jugar un partido así hubiese tenido a la victoria como una posibilidad más concreta. Otros, que se hubiese sufrido una derrota histórica. Todo lo que lo que no fue, lo que pudo haber sido, pertenece al incontrastable mudo de las suposiciones.

Entonces, para muchos, ante perder o perder, la mejor opción era arriesgar. Pero no se detienen en algo que va de suyo: Bauza no pensó un planteo agazapado para perder, sino para ganar. Entendió que la mejor receta para buscar la victoria era correr el riesgo de jugar más cerca de su arco que del otro, atrincherándose. Lo hizo desde la enorme diferencia real que hay entre ambos equipos. No le salió, lo que no quiere decir que la idea haya sido inapropiada.

Se cierra para San Lorenzo un año formidable, en el que fue campeón argentino y campeón de América. No pudo con el Real Madrid, ante el que lo enfrentó como corolario de un gran camino.
(Foto: AP)

Patricio Insua 
patinsua@hotmail.com

martes, 17 de julio de 2012

Tinelli y la institucionalidad de San Lorenzo

En las últimas dos décadas nadie ha sido más influyente en San Lorenzo que Marcelo Tinelli. Jamás ocupó un cargo directivo y su único vínculo institucional con el club, más allá de  ser socio, estuvo referido al departamento de marketing en un breve período. Sin embargo, las decisiones futbolistas más trascendentes han estado referidas a su voluntad o consejo.

El aporte del exitoso empresario televisivo se circunscribe al aspecto económico. Efectivizó pagos de premios por objetivos alcanzados y sumó futbolistas, varios de ellos de alta jerarquía. Esos jugadores fueron acercados con el costo de importantes honorarios a cargo del club, que muchas veces actuó apenas como vidriera, siendo convidado de piedra en posteriores transferencias.

La financiación del plantel profesional es un elemento central en los clubes de fútbol, pero no se trata de lo único. Un proyecto integral debe estar apoyado sobre bases sólidas, vinculadas a la atención y los beneficios para los asociados, las actividades amateurs, la infraestructura, las divisiones inferiores y el ordenamiento contable, al cual los aportes de Tinelli no contribuyeron. Una entidad sustentable no se construye sólo con el paso de jugadores de renombre.

La institucionalidad de un club centenario y señero del fútbol argentino como San Lorenzo no puede ser obviada. Marcelo Tinelli decidió no participar de la vida política azulgrana, aunque adelantó con continuará acercando futbolistas. Será entonces tarea de la Comisión Directiva limitar su accionar a ese aporte, documentándolo con claridad y asociándose en las ganancias y las pérdidas. Las decisiones deberán estar solamente en manos de quienes hayan sido elegidos por los socios para conducir el club. Probablemente el conductor se impondría en elecciones, pero no es algo que haya sucedido y esa suposición no alcanza para darle de hecho un mandato que la masa societaria no le entregó.

La organicidad de San Lorenzo en tanto sociedad civil sin fines de lucro es la que debe primar; su orden estatutario no puede situarse detrás de ninguna persona. (Foto: Elonce.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de julio de 2012

Festejos impensados

El Monumental explotó en un grito unísono con las lágrimas y las enloquecidas carreras de los protagonistas. La algarabía hasta derivó en festejos en el Obelisco. Días más tarde, el pueblo azulgrana rebalsó su estadio con una colorida fiesta y una efervescente celebración posterior. El cierre de la temporada 2011-2012 dejó las postales de los festejos de River y San Lorenzo. Pero no fueron por haberse quedado con el Clausura o la Copa Libertadores. Muy por el contrario, el Millonario desgarró gargantas por el ascenso a la primera división y el Ciclón emocionó a los suyos a partir de la permanencia en el círculo privilegiado.

Hasta la última de las 38 fechas de la primera B nacional tuvo que penar River para volver a Primera. Impuso su peso específico y la jerarquía individual del plantel más rico de la categoría para compensar su colectivismo anémico. Lo despertó de la pesadilla que duró un año el triunfo frente a Almirante Brown y fue entonces cuando todo River reeditó festejos de verdadera gloria para el logro más pequeño de toda su historia.

Pero saberse otra vez en el lugar que le es propio no trajo paz en Núñez. Daniel Passarella, Matías Almeyda, Chori Domínguez y Fernando Cavenaghi concitaron la atención mediática por la salida del club de los dos futbolistas. El presidente, el entrenador y los dos emblemáticos jugadores protagonizaron una historia sin buenos y repleta de medias verdades. Entre miserias y con River de rehén, también tuvo un actor con un apellido dorado en la historia riverplatense: Sívori. Néstor, hijo del legendario y desaparecido Cabezón, es el representante de Domínguez y Cavenaghi.

San Lorenzo llegó a la última fecha de la temporada con el objetivo de pelear por la permanencia en una reválida. Estuvo a 60 minutos de irse al descenso directo; lo salvó la desastrosa campaña de Banfield. Conservó su lugar tras imponerse en la Promoción ante Instituto. En el partido de vuelta ante los cordobeses, el Nuevo Gasómetro lució con una euforia y una concurrencia como hacía mucho tiempo no se lo veía. El Ciclón, que supo de la penuria del descenso, celebró a rabiar no caerse de la primera división.

En el instante en que terminó el partido, la gente insultó a la Comisión Directiva liderada por Carlos Abdo. Vibró con el festejo que menos hubiese imaginado al iniciarse la temporada y luego condenó el proceder de amparar barras, romper con la institucionalidad, desproteger a Leonardo Madelón, no haber reparado los destrozos en una tribuna pasados dos meses del temporal que la daño y el desmanejo que colocó al club en una posición de absoluta vulnerabilidad.

Mientras River festejaba el ascenso a la primera división y San Lorenzo el hecho de haberse mantenido ahí, el cuadro surrealista del fútbol argentino lo completó la consagración de Arsenal de Sarandí, alzándose con el título del Clausura 2012. Un final de temporada con celebraciones particulares, impensadas en otros tiempos.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 3 de abril de 2012

Imposición por convicción y juego

“La posición en la que puedo rendir mejor no existe en el equipo. O me adapto o no juego”.
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Algunas semanas antes del inicio del Apertura 2011, Walter Erviti había reconocido en una entrevista radial la necesidad de un cambio de hábito para exponer una versión mejorada respecto de la que había presentado en su primer campeonato en Boca. Para permutar murmullos por aplausos se impuso una reedición de su juego que debía nacer del convencimiento mental; no eludió su responsabilidad ni culpó a terceros, sino que se desafió a sí mismo.

El esquema para el mediocampo de Julio César Falcioni, a partir de la presencia de Juan Román Riquelme, contemplaba un clásico número cinco, dos volantes externos y un enlace. Sin un doble pivot central, módulo en el cual el marplatense se había convertido en uno de los mejores jugadores del país en Banfield, precisamente bajo las órdenes del propio Falcioni, asumió el desafío de reconvertirse. Tuvo entonces que volver a sector izquierdo de la mitad de la cancha, como en sus primeros pasos en el fútbol profesional, en San Lorenzo.

Recostado sobre el sector externo, como lugarteniente en la conducción de Riquelme primero y Christian Chávez después, multiplicando el sacrificio y con más goles que en el promedio de su carera, se convirtió en una pieza importante del campeón del Apertura 2011. Y la hinchada de Boca se lo reconoció.

Erviti forjó su camino en el club de la Ribera desde una fuerte convicción. No le preocupó el mal proceder que tuvo en su desprolija salida de Banfield y utilizó como combustible el mal primer campeonato en su llegada a Brandsen 805. Relegó el protagonismo que había tenido en el mejor momento del club sureño, pero se afianzó como un elemento relevante en el colectivismo xeneize.

Fue campeón en todos los equipos en los que jugó: San Lorenzo, Monterrey (México), Banfield y Boca. Además, en cada una de esas instituciones cosechó el reconocimiento de los hinchas. A los 31 años, Erviti se mueve con madurez y aplomo, con habilidad e inteligencia; lejos de los egos y compenetrado en el rol que forjó para afianzar la estructura del Boca de Falcioni que lidera el Clausura y se ilusiona con la Copa Libertadores.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 25 de octubre de 2011

Los fantasmas del Ciclón

San Lorenzo ve como algunos de los fantasmas que lo persiguen comienzan a corporizarse, y esa acechanza despierta nerviosismo, temor y enojo. El nerviosismo estrangula a un equipo que entró en un laberinto en el que no logra orientarse, ni mucho menos vislumbra la salida. El temor traducido en enojo lo encarnaron los hinchas, que cuando aún no estaba consumada la derrota ante Arsenal zarandearon con sus cánticos a dirigentes, jugadores y, por primera vez, al entrenador.

Tras la caída en el Viaducto y luego de que las puertas del vestuario visitante permanecieran cerras por casi una hora, Omar Asad dialogó con los periodistas: "Estoy tranquilo para seguir; por ahora no me voy. Me siento bien y con fuerzas. Pienso terminar mi contrato. Hay un grupo de jugadores con mucho compromiso. Veo cómo se matan en la semana y cómo entrenan, con ganas de revertir la situación en la que estamos. Sino no lo viera ese compromiso sería el primero en dar un paso al costado. La gente tiene derecho a expresar su disconformismo, yo estoy para trabajar. Nadie viene a robar ni a mentir. Pongo en cancha lo mejor que tenemos y no nos están saliendo las cosas como pretendemos".

El Turco sabe que su posición es tan incómoda como la del club. La postura de mostrase firme en sus convicciones y su puesto suele aparecer cuando un entrenador se sabe acorralado. El Ciclón perdió la mitad de los 12 partidos que disputó en el torneo Apertura y apenas logra asomar la cabeza de la temidísima zona de Promoción. El próximo fin de semana se medirá ante All Boys, rival directo -aunque todavía falta más de media temporada- en la pugna por mantener la categoría. Ante los de Floresta, el Nuevo Gasómetro será una olla a presión.

San Lorenzo sabe dónde está y lo que se juega. El fresco descenso histórico de River marca un precedente que lo eriza y contrae. Los dirigentes andan en círculos, el entrenador no encuentra el camino, los jugadores no dan respuestas y la gente revienta a voz en cuello. El Ciclón amenaza con convertirse en tsunami.
(Foto: Canchallena.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 2 de agosto de 2011

Un proyecto caído por su propio peso

Los promedios se instauraron (tras su génesis efímera en la década de 1940) después de que San Lorenzo perdiese la categoría; pasaron entonces a computarse la temporada en disputa y la precedente, pero ese sistema no le alcanzó a Racing, que también se fue a la vieja Primera B. Entonces la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió que se tomasen en cuenta los últimos tres años futbolísticos para establecer el coeficiente de descenso. Era el reaseguro para que los grandes no volviesen a caer y la definitiva disposición del negocio por delante de la pelota. El sistema funcionó sin fisuras por casi tres décadas, hasta la hecatombe de River.

Para reposicionar al Millonario y ante el peligro latente por los bajos promedios de Boca, San Lorenzo y Racing se pensó en un campeonato que uniese la Primera División y el Nacional B en un megatorneo de 38 equipos. De esta manera se garantizaba el regreso de River al tiempo que se desactivaba la alarma de peligro respecto de los otros cuatro poderosos.

Ernesto Cherquis Bialo, vocero de la AFA, reconoció en una nota radial que la búsqueda de un cambio trascendental de ninguna manera se hubiese dado sin el descenso del club presidido por Daniel Passarella, quien emitió un comunicado en el cual se desligaba de cualquier maniobra para establecer el nuevo formato dado que su aspiración es regresar al sitio dejado por méritos deportivos.

El anunció del tratamiento del proyecto antes de fin de año para, de aprobarse, iniciar la nueva era a mediados del año próximo implicaba un desatino mayúsculo referido a comenzar la temporada con un reglamento flotante en lo que refería a ascensos y descensos.

Algunos dirigentes, entre ellos Julio Baldomar, vicepresidente de Vélez, y Nicolás Russo, titular de Lanús, aseguraron que la idea no había surgido de la AFA sino del gobierno nacional. Julio Humberto Grondona, presidente de la casa matriz del fútbol argentino, y Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de la Nación, los desmintieron.

La cronología implicó el anunció de fusión de la Primera División con la máxima divisional del Ascenso, indicios de retractación, la ratificación en la voz de José Luis Meiszner, secretario ejecutivo de la AFA, y vuelta a foja cero. Los desatinos y las contradicciones abundaron. La postura mayoritaria fue de rechazo. Las desprolijidades no podían más que hacer caer un proyecto que estaba sostenido sobre patas de gelatina.

Los promedios se instauraron para proteger a los grandes y los torneos cortos para devolverlos a la gloria luego del reparto de títulos de la década de 1980. Este amago de cambio iba en la misma dirección.

El megatorneo quedó archivado, aunque difícil sería afirmar que definitivamente. Habrá que ver qué sucede si el derrotero de River el Nacional B no es satisfactorio y si se mantienen los flacos coeficientes de Boca, San Lorenzo y Racing. En el fútbol argentino nunca parece estar dicha la última palabra.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 22 de marzo de 2011

La violencia de todos

El de Ramón Aramayo será un nombre más, uno de los tantos que ya dejó en el olvido el fútbol argentino. Integra la larga lista de los que murieron en el intento de ir a ver un partido. Su deceso, aún por aclararse, habría sido producto de apremios ilegales por parte de la Policía Federal en las adyacencias del estadio José Amalfitani. Luego, Vélez y San Lorenzo jugaron apenas siete minutos antes de que el encuentro se suspendiese por la agresión de la parcialidad local a Pablo Migliore y los destrozos en la tribuna visitante.

La violencia en el futbol tiene bien marcada su escala de culpables, pero ya nadie parece quedar exento. A esta altura, no hay inocentes. Todos tienen su parte, dirigentes, Policía, barrabravas, hinchas, Justicia, jugadores y periodistas. Las excepciones remiten a individualidades.

La cara visible son los barras. Ejercen la violencia física en primera persona; cuando reposan, es producto de la extorsión satisfactoria. Actúan a sabiendas del cobijo que tienen en distintos ámbitos: político, dirigencial, policial y judicial. Además, han sido legitimados desde dos sectores. Por un lado, son el blanco de los festejos de los jugadores, es a ellos a quienes ofrendan los goles. Por otro, son vitoreados y festejados por la mayoría del resto de los concurrentes a los estadios, cuyas cartas de presentación suelen ser los insultos y escupitajos.
El principal enemigo de los concurrentes al fútbol, su blanco predilecto, es la Policía. El maltrato de uno y otro lado parece no tener retorno, pero la mayor culpa le caberá siempre a los uniformados, por ser profesionales de la tarea que deben realizar. El maltrato y el abuso del poder y la fuerza nunca encuentran justificativo.

Si la violencia en el fútbol no nace por generación espontánea, sino que es engendrada por una sociedad semejante, al menos parecería que condensa sus peores conductas. Ir a ver un partido debería ser un momento de divertimento, de ocio, de disfrute, donde la alegría de un triunfo o la desazón de una derrota no deberían vivirse con la desmesura que se aprecia.

La solución, seguramente, está en manos de las personas con cargos y potestad para tomar determinaciones. De todos modos, en la medida en que cada uno de los involucrados en el fútbol revise y corrija sus conductas se podrá comenzar, lentamente, a transitar un camino alejado de la muerte y la violencia y cercano al disfrute de un espectáculo deportivo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de marzo de 2011

Un plácido hogar por una inhóspita mansión

Habitaban una casa confortable, en donde eran, ambos, amo y señor. Incluso moradores de viviendas que habían sabido ser las más elegantes admiraban su construcción. Pero, de repente, decidieron mudarse del acogedor y elogiado sitio a una inhóspita mansión, con mucho por reparar. Optaron dejar la comodidad que tenían por algo que solamente tal vez fuera mejor.

Julio César Falcioni y Walter Erviti eran protagonistas del fútbol argentino en Banfield. El entrenador, que en sus dos ciclos en el club había encontrado sin dudas su lugar en el mundo, y el zurdo mediocampista, olvidado durante muchos años en el medio local, tenían, además, contratos de elite en el contexto del fútbol argentino. Pero, aunque reconocidos y bien remunerados, migraron hacia el cartel que siempre significa un gigante como Boca, y hoy sufren el desarraigo.

Los suculentos vínculos que habían firmado tenían larga vigencia, pero decidieron interrupirlos. Esos papeles legales se han transformado en cartón pintado, en meras excusas de acuerdo a la ocasión y la conveniencia. Dirigentes, técnicos y futbolistas suelen reclamar proyectos, en los que, en realidad, ninguno cree.

Tras la derrota ante San Lorenzo, Falcioni sentenció: “No puede ser que no liguemos nada. Con Vélez fue una pelota parada y ahora un tiro de lejos". Así, aplicó la misma diatriba que sufría cuando era técnico de Banfield y despreciaban sus métodos y formas. Solía protestar contra las excusas que ahora formula. Habla de suerte y abarata el hecho de ganar un partido con una jugada con balón detenido. En un mar de confusión, Falcioni, ahora, declara como Ángel Cappa.

En la anteúltima fecha del Apertura, aún ataviado con la casaca albiverde, Erviti le había anotado un gran gol a San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. Esa noche, como en anteriores enfrentamientos entre ambos equipos, el marplatense había sido ovacionado al unísono. Pero con contradicciones en sus declaraciones y entre lo dicho y sus actitudes logró que los hinchas del Ciclón y el Taladro lo miren de reojo. Incluso, los simpatizantes del conjunto azulgrana fueron más allá, insultándolo y silbándolo cada vez que tocó la pelota en la caída de Boca 1 a 0 frente al conjunto dirigido por Ramón Díaz, el pasado fin de semana. Despreciado por quienes lo idolatraban, ahora le queda, nada menos, la ardua tarea de ganarse a la hinchada de Boca.

Falcioni y Erviti apostaron a un futuro con más brillo. Obnubilados, abandonaron un lugar seguro por uno desconocido. Entendieron que el desafío valía el riesgo. El comienzo les ha sido muy dificultoso, pero acaso aún puedan revertirlo. Hicieron una apuesta de riesgo, poniendo en juego nada menos que el prestigio que bien se habían ganado. En no mucho tiempo conocerán el resultado.
(Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de febrero de 2011

Falcioni, de espaldas a su historia

“No hay jugadores como Riquelme, por eso ensayo con dos esquemas”, había postulado Julio César Falcioni en la Posada de los Pájaros, en Tandil, donde Boca trabajó durante la pretemporada. En su primer partido oficial, el entrenador incluyó al ídolo y la disposición con él en cancha, nunca utilizada en los encuentros preparatorios, fue claramente deficitaria.

Llegó a Boca por plantar a sus equipos de una determinada manera, propuesta que insinuó con buen funcionamiento y carácter colectivo en los torneos estivales; con un sistema táctico 4-4-2, presión sobre el rival y variantes con pelota detenida. Había presentado un muy interesante boceto, que trazaba con claridad las líneas fundamentales. Pero en el debut ante Godoy Cruz dejó todo eso de lado para armar un mediocampo sin su sello, lejos de sus preferencias y con la evidencia de haber priorizado los nombres por sobre el funcionamiento. Se traicionó y lo pagó muy caro, con una estruendosa derrota 4 a 1 en el inicio del Clausura, en la Bombonera. Arrió las banderas que lo habían hecho desembarcar en Brandasen 805.

Ante los mendocinos, el mediocampo xeneize estuvo conformado por cuatro futbolistas habituados a moverse por el eje central del campo; Sebastián Battaglia, Leandro Somoza, Walter Erviti y Juan Román Riquelme. Las bandas quedaron descubiertas y así nacieron cada uno de los goles de los dirigidos por Jorge Da Silva, con jugadores que llegaban por los costados sin que nadie los persiguiese.

El mandato de colocar a Riquelme en cancha le condicionó la formación. Además, el Nº 10 estuvo lejos de su mejor versión, con poca movilidad y recostado en el pase corto y lateral, constante pocas veces alterada, en una ocasión por un portentoso disparo desde fuera del área que rebotó en uno de los postes del arco magníficamente defendido por Sebastián Torrico.

Por ningún refuerzo insistió más que por Erviti, pero cuando dispuso del marplatense lo colocó en un sector de la cancha distinto al que le asignó durante más de un año en Banfield y en el cual el volante surgido en San Lorenzo se transformó en uno de los mejores del medio local. Falcioni no fue Falcioni, entonces Erviti no fue Erviti.

El técnico se encuentra en una encrucijada. Por un lado, con un Riquelme opaco, el desafío es recuperarlo y buscar la manera de insertarlo en el esquema que prefiere, que es el que más y mejor utilizó a lo largo de su carrera como entrenador. Por otro, una apuesta mucho más riesgosa sería mantenerlo como alternativa, con todo lo que eso implica.

Falcioni llegó a Boca, el mayor desafío y el punto más alto de su carrera, por méritos propios, por una consecuencia en su trabajo y por haber concretado sus ideas sin dejar de intentar mejorarlas continuamente. Estar en un lugar de privilegio y hacer otra cosa no es más que traicionarse a sí mismo.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 19 de abril de 2010

Otro capítulo de la violencia en el fútbol

La decimoquinta fecha del Apertura se desarrolló con varios incidentes en los encuentros que se disputaron durante el fin de semana. No faltaron hechos de violencia explícita ni tampoco los mensajes intimidatorios, como lo son siempre las banderas colocadas en el centro de las tribunas populares. Esta vez se vieron en el seno de las hinchadas de Boca y River.

La 12 sentenció en letras azules sobre fondo amarillo “Martín Palermo, mi único héroe en este lío”, un claro respaldo al N° 9 en la disputa que mantiene con Juan Román Riquelme, quien en la última conferencia de prensa que brindó dio a entender claramente que había sufrido un apriete de ese grupo. El histórico goleador xeneixe siempre ha exhibido una deportividad ejemplar, con un profesionalismo que muchas veces lo llevó a extender y agregar jornadas de trabajo a las pautadas por los cuerpos técnicos, sin simulaciones ni reclamos de tarjeta para los adversarios, algo tan habitual en los últimos años del fútbol argentino. Sin embargo, su relación con la barra brava boquense, dedicándole goles, con visitas a líderes detenidos y participaciones en sus eventos para recaudar dinero, ha sido una mancha en su carrera.

Por su parte, Los Borrachos del Tablón colgaron una bandera en lo alto del Monumental que rezaba “Muñeco Gallardo ortiva y golpista”. Los reclamos de los barras a los jugadores siempre están referidos a las cuotas que pretenden cobrarles a los jugadores y ahí está la explicación al primer adjetivo: la negativa al aporte. Con la cercanía del Mundial el botín se incrementa y, entonces, la virulencia también. El segundo seguramente hacía alusión al rol del ídolo millonario en la salida de Reinaldo Merlo de la dirección técnica, en los primeros días de 2009.

En el estadio Diego Maradona, donde Chacarita hace de local, la derrota parcial 2 a 0 ante Atlético de Tucumán provocó la ira de una parte del público que descargó su furia contra los blindex y alambrados perimetrales. Aunque lo más grave ocurrió días antes del partido y en otros ámbitos. Primero fue la intimidante presencia de miembros de barra del conjunto de San Martín en los tribunales donde el ex juez Mariano Bergés fue sobreseído en el litigio que mantenía con Luis Barrionuevo, sindicalista y político que fuera presidente del Funebrero. En tanto, Walter Chichilo Acevedo, líder de la barra tucumana, fue detenido acusado de balear la Subjefatura de Policía.

Otro episodio similar ocurrió en Rosario, donde el día balearon la casa de una hermana de Roberto Pimpi Camino, justo cuando se cumplía un mes del asesinato del ex jefe de la barra leprosa en los tiempos de Eduardo López. Durante el clásico ante Newell´s, el día anterior, se habían producido incidentes en los sectores de cabinas, donde plateístas de Central agredieron a algunos periodistas.

En otro choque de rivales acérrimos, San Lorenzo y Huracán, hubo enfrentamientos entre parte de la parcialidad del Globo y la Policía. En tanto, en el último partido del domingo, hinchas de Vélez arrogaron butacas y varios de Racing pretendieron avanzar hacia su ubicación, para lo cual derribaron una reja divisoria y más tarde regresaron a su sitio haciendo equilibrio por una cornisa de la segunda bandeja del estadio Presidente Perón.

El fútbol argentino está enfermo de violencia, víctima de las sociedades entre dirigentes políticos, policías, dirigentes y barras bravas. Cada uno a su manera alimentó durante años un entramado que parece ahora imposible de desarticular. Los hinchas de a pie, con insultos, escupidas y vítores a los bravos también hacen su aporte. Claro que las responsabilidades no son las mismas y será tarea de quienes ocupan posiciones que implican tomas de decisiones obrar para que el fútbol deje de ser un espectáculo de alto riesgo.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

lunes, 5 de abril de 2010

Finalmente, Simeone se fue de San Lorenzo

En su cruda y parabólica novela Una sombra ya pronto serás, el genial Osvaldo Soriano, sanlorencista de ley, le hace decir al gordo Coluccini, personaje central de esa historia sin bordes, que "hay que saber retirarse antes que el espectáculo se vuelva grotesco". Eso fue lo que entendió Diego Simeone tras la derrota 1 a 0 frente a Gimnasia, en el Nuevo Gasómetro, el último fin de semana. Los atronadores insultos que recibió exigiéndole que se vaya (también los hubo para jugadores y dirigentes) antes de que se consume la caída ante el Lobo seguramente terminaron por decidirlo a dejar su lugar. El descontento de los seguidores del Ciclón respondía a un equipo desorientado, a la deriva en las últimas posiciones y que sabe no tendrá competencia internacional en 2010, al igual que Boca y River.

El largo plazo es una quimera en el fútbol argentino. Ni dirigentes, ni técnicos, ni jugadores, ni mucho menos los hinchas creen en un proyecto que siente bases hoy para recoger sus mejores frutos mañana. El propio Cholo desestimó un trabajo de presente ganador y futuro más que promisorio al dejar Estudiantes. Un DT que esté cuatro o cinco temporadas el frente de un equipo en un imposible en nuestro medio y por eso Antonio Mohamed es presentado como un rara avis por llevar dos años al frente Colón.

Antes de que se que comenzara el Clausura, el ex capitán de la selección argentina adelantó que sería un campeonato cruel. Lo fue sin dudas para él. Con esa frase tal vez apuntaba a la histeria que implicaría un torneo que sería una obligación impostergable para los tradicionales grandes, ausentes en el pasado Apertura ganado por Banfield. Nunca logró que San Lorenzo plasme en la cancha sus ideas y eso lo hizo ingresar en una vorágine que culminó con un equipo anárquico.

Sus pasos por River y San Lorenzo desfiguraron la excelente imagen que había logrado en Estudiantes. Se trata de un animal futbolero, un hombre de gran apego al trabajo, de actualización constante, de reflexión permanente sobre el juego y sus distintas alternativas. Pero en su diatribas, siempre plenas de conceptos y con distintos blancos, se vislumbra el convencimiento de contar con algo así como una verdad relevada. Hay cierto fanatismo en Simeone y un posicionarse por encima de sus interlocutores, algo que practica como nadie el inefable José Mourinho, el portugués entrenador del Inter. Como fuera, Simeone deberá replantear sus últimas fórmulas, hacer una revisión introspectiva y frenar el vértigo con el que ha vivió hasta acá su carrera como entrenador.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 29 de marzo de 2010

La desfiguración de Simeone

Su despegue como entrenador daba indicios de un trayecto de muy alto vuelo. Rápidamente Diego Pablo Simeone había despertado merecidos elogios por el trabajo hecho, principalmente, en Estudiantes de La Plata. Sin embargo, optó por abandonar la segura ruta por la que transitaba para internarse en un laberinto en el que está cada vez más perdido. Hoy, al frente de San Lorenzo, el ex capitán de la selección argentina muestra una cara que en nada se emparenta con aquellos inicios, hace apenas menos de cuatro años, y el reconocimiento de ayer mutó en cuestionamientos.

Se calzó el buzo de DT del modo más vertiginoso posible. En Racing, club de sus amores de niño, en apenas un par de semanas cambió la indumentaria de futbolista por esos ya característicos ceñidos trajes italianos para dirigir al equipo en un momento por demás espinoso. Tras un inició a los tumbos logró encausar al equipo sobre el final de aquel Clausura 2006, pero la dirigencia académica culminó el maltrato que había iniciado adelantándole el retiro al señalarle la puerta de salida. El destino entonces fue el mejor posible al depositarlo en Estudiantes. Allí conformó un equipo aguerrido, dinámico, vertical, con orden y variantes que gritó campeón. Recién asomado a la dirección técnica era considerado un gran entrenador y su nombre aparecía como el más natural a la hora de proyectar el seleccionado tras Sudáfrica 2010. Pero obnubilado con las luces de la historia abandonó la ciudad de las diagonales para ir a River, al peor River de la historia, el de José María Aguilar. Fue el inicio de su desfiguración como DT.

Muchas veces son los propios técnicos quienes dinamitan los proyectos a largo plazo que reclaman y fomentan la histeria que critican. Así procedió el Cholo cuando mudó su trabajo de La Plata a Núñez, y el costo que pagó fue muy alto; de hecho aún no lo saldó. Miró el pasado, sin entender que institucional y futbolísticamente era mucho más lo que le ofrecía Estudiantes que River.

Pese a quedarse con el título -el último conseguido por los millonarios- en su primer torneo al frente de uno de los dos equipos más populares del país, jamás encontró el juego que pretendía. Inauguró una búsqueda permanente en la que perdió el rumbo y que comenzó a reflejarse en un vivir cada partido al borde de un ataque de nervios, en contrapunto con la tranquilidad de sus días platenses. A un título que de los 33 conseguidos por River seguramente fue el más opaco, siguió un último puesto que sí quedó en la historia.

El ideal de tener siempre un equipo ofensivo se volvió una obsesión desvirtuadora y así los esquemas flexibles que lo caracterizaron se volvieron disposiciones tácticas inverosímiles, con amontonamiento de delanteros y carencia de juego. Desde su llegada a Boedo, cada vez que el equipo comenzó en desventaja apresuró un juego desesperado, propio de un equipo a cinco minutos de una eliminación. Agotar los cambios con 40 minutos por delante, desequilibrar el equipo y avanzar -que no siempre es atacar- en terreno adversario desordenado aparecieron como marcas habituales. Todo eso se potencia en este San Lorenzo que no convirtió en siete de las once fechas que se llevan disputadas del torneo.

Sus días en San Lorenzo están contados. Se trata de una cuenta regresiva cuyo plazo máximo es el 16 de mayo, la última fecha del torneo, pero que a nadie podría extrañar llegase antes. El último fin de semana, en Sarandí, en la derrota 1 a 0 ante Arsenal, la gente estalló como nunca reclamando su salida.

En el Simeone actual no se puede reconocer a aquel que tuvo un arranque fulgurante como DT. Estudioso del futbol, de enorme experiencia como futbolista, su capacidad de conducción no esta en duda. Porque la demostró. Pero desde la partida de Estudiantes ingresó en una turbulencia de la cual no puede escapar. Reencontrar el rumbo es el desafío y si lo consigue será una gran noticia para el fútbol argentino, que recuperará así a un hombre que enriquece el medio.
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Godoy Cruz por la punta, River por el descenso

La división histórica entre grandes y chicos se ha vuelto sumamente difusa. Las clases sociales del fútbol argentino ya no son más de una vez y para siempre, sino que los lugares se ocupan de acuerdo a la coyuntura permanente que nunca es estructura. Los equipos más populares nunca dejarán de serlo, pero su poderío deportivo no es el que supo monopolizar la primera mitad del profesionalismo.

Así las cosas, Godoy Cruz fue al estadio Diego Armando Maradona en la búsqueda de la cima del Clausura y la consiguió al derrotar a Argentinos Juniors por 2 a 1. El elenco mendocino marcha invicto disputado un tercio del torneo, recibió apenas dos goles y muestra un juego asociado que le ha dado muy buenos resultados hasta el momento. Omar Asad, técnico debutante, organizó un conjunto atento y dinámico. Un sólido esquema defensivo es una condición impostergable para un equipo que pretende protagonismo en los primeros planos y Godoy Cruz parte de esa premisa. Pero además de su firme en defensa, expone un mediocampo con rápidas transiciones que marca sin resignar ataque y una veloz dupla delantera conformada por César Carranza y Nicolás Higuaín.

Mientras el Tomaba mira la punta y se olvida del promedio, River mira el promedio y se olvida de la punta. En el bosque platense, los dirigidos por Leonardo Astrada, gritaron a voz de cuello el empate agónico ante Gimnasia, el peor equipo de las últimas tres temporadas. Como resabios de un pasado radicalmente opuesto que pretende no ver el doloroso presente, el Jefe, sentado en banco, y Marcelo Gallardo, dentro de la cancha, ensayaron un festejo breve. Pero nunca es bueno negar la realidad y engañarse a uno mismo. Astrada asegura que no piensa en la tabla de los promedios y aspira a una mejora del equipo que le permita ganar dos o tres partidos consecutivos para pelear arriba. Sin embargo, no hay indicios que permitan creer en la posibilidad de esa remontada y la real dimensión de River es sumar para no penar por mantener la categoría.

La hipoteca dejada por la precedente Comisión Directiva riverplatense es asfixiante. José María Aguilar y sus laderos produjeron, en 8 años, un vaciamiento estrepitoso: degradación institucional, quebranto económico y descapitalización absoluta del fútbol profesional, su bien más preciado. Entonces River es en cancha el equipo pequeño que se compadece con su situación general y se vuelve un rival accesible para cualquiera.

Seguramente, tan difícil es que Godoy Cruz pueda consagrarse campeón del Clausura como que River se vaya al descenso. Pero hoy el Tomba sonríe por situarse en la cima de la tabla y los millonarios sienten el escalofrío de verse obligados a mirar la tabla de los promedios.

Estudiantes, Vélez y Banfield soy los grandes de hoy. River comienza a pelear por esquivar el descenso, lucha a la que Racing está abocado hace varias temporadas. Colón y Godoy Cruz puntean, mientras que Boca y San Lorenzo no encuentran juego ni puntos. Independiente se alegra por verse inmiscuido en las primeras posiciones, en tanto que Lanús se lamenta por no estar otra vez, como en los últimos años, entre los de arriba. Este es el nuevo orden que impera en el fútbol argentino, en el cual grandes y chicos intercambian ropajes para serlo alternadamente.
(Foto: Ovacion.com.ar - Fotobaires)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 1 de febrero de 2010

En un torneo a la medida de los grandes, buenos arranques de Racing y San Lorenzo

La estruendosa alegría en la noche del sábado en Avellaneda se convirtió en la postal de la primera fecha del Clausura. Cuatro años debió esperar Racing para volver a ganar en el inicio de un torneo; y lo hizo sin objeciones al imponerse claramente 3 a 0 ante Rosario Central, rival directo en la zona baja de los promedios a la cual busca escaparle como objetivo primordial. Con una propuesta inusual en el medio nacional de tres defensores y tres delanteros y la importancia de los refuerzos contratados (Gabriel Hauche, Claudio Bieler, Lucas Litch y la inminente llegada de Roberto Ayala), el trabajo de Claudio Vivas completa el combo de la esta renovada Academia que apueta a dejar de mirar el descenso y apuntarle a la lucha grande.

El otro grande que cantó victoria fue San Lorenzo, al derrotar a Atlético de Tucumán 1 a 0, en el norte, con gol de Fabián Bordagaray. En un escenario que será complicado para todos los que lo visiten, el conjunto de Diego Simeone, sin brillar, mostró algunos de los argumentos con los que pretende luchar por el título.

Mientras que Independiente fue a Rosario y empató sin goles ante Newell´s, los dos colosos del fútbol argentino tuvieron un debut que les dejó un sabor amargo. Boca no pudo con Argentinos, que le empató 2 a 2 en el epílogo del partido y desnudó, una vez más, los graves problemas defensivos xeneixes. Por su parte, River padeció en el Monumental ante el innegociable orden del campeón Banfield y se dio la lógica: victoria del Taladro ante un rival que jamás lo preocupó. Anodino y agrietado, el Millonario es en la cancha la prueba cabal de la destrucción institucional del club llevada a cabo por la Comisión Directiva que lideró José María Aguilar.

Con Vélez, Estudiantes, Banfield, Lanús, Colón y Newell´s (fueron los seis equipos que se ubicaron en las primeras posiciones de la tabla anual de 2009 y ninguno perdió en el debut de este Clausura) enfocados en la Copa Libertadores, el Clausura parece un torneo hecho a la medida de los grandes. Sin embargo, los serios desacoples de Boca en su última línea y la liviandad de River como concepto de conjunto hipotecan seriamente sus aspiraciones. Para ambos la primera fecha ha sido una continuidad del semestre anterior. Independiente, en tanto, buscará capitalizar el proceso de formación que significó el Apertura, mientras que San Lorenzo necesitará contar con la cuota de gol y el equilibrio que le faltaron en la primera mitad de la temporada. Aunque se trató apenas de la primera fecha y pese al pedido de cautela de Vivas, de todas maneras la ilusión de Racing es grande. El conjunto de Avellaneda es, entre los cinco grandes, quien presenta una evidente superación de sí mismo respecto del último campeonato y eso habilita una ilusión genuina.
(Foto: Lagaceta.com.ar-Fotobaires)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 26 de noviembre de 2009

Cappa se fue de Huracán con pretensiones de eternidad

En Fundación mítica de Buenos Aires, el inigualable genio de Jorge Luis Borges refiere al nacimiento de la ciudad a partir del desembarco de mil hombres en Palermo y termina su poema con la aseveración que, en realidad, Buenos Aires es desde siempre. La fantástica elaboración del gran escritor jamás pretendió, claro está, alterar la historia real.

Muy lejos y en otra orilla, Ángel Cappa dejó la dirección técnica de Huracán con la desmesurada pretensión de instalar al Globo del pasado torneo Clausura como una maravilla excepcional. “El tiki tiki fue lo mejor que le pasó al fútbol en los últimos 20 años”, arriesgó, en referencia al estilo del equipo que él formó y guió en el primer semestre del año y quedó en los umbrales del título.

Sin dudas que aquel Huracán era un conjunto admirable. Desarrolló un juego fluido con el que obtuvo muy buenos resultados para llegar a la última fecha con posibilidades concretas de ser campeón. Despertó elogios merecidamente. De ahí a creerse el mejor equipo de las últimas dos décadas hay varios abismos. Sólo por nombrar algunos, Cappa pretendió colocarse por sobre el Vélez de los 90´, el River tricampeón, el Boca ganador de todo en la última década, el San Lorenzo campeón récord con 47 puntos, el visto Independiente de Gallego y el Estudiantes campeón de América.

El desvelo de trascendencia personal y de reavivar una discusión de estilos anacrónica lo llevó a una prédica mediática para instalar la ficción de un Huracán perfecto y preciosista que brilló en el Clausura 09. Trabajó como un sofista para crear el mito de Aquel fabuloso Huracán de Cappa desde el mismo instante en que perdió la chance de ser campeón. El último paso fue la tremenda exageración de poner a su equipo en lo más alto que produjo el fútbol argentino desde 1989 hasta hoy.

Cappa es un intolerante en lo que al debate futbolístico refiere. Desprecia y desmerece todas las fórmulas, tácticas y estrategias de juego que no son las que él pregona. Desprestigia con tono insultante, incluso cuando un adversario lo supera con abrumadora claridad, como ocurrió con San Lorenzo tras el clásico que determinó su ida a sólo cuatro partidos del final del torneo, al sentenciar que el equipo de Diego Simeone "no podía hacer tres pases seguidos". Obviamente poco dijo de la pobrísima tarea de los suyos.

En su despedida, aseguró que “los argentinos pudieron ver que nuestra identidad no está muerta” y que “el fútbol que le gusta a la gente no murió”. Temerario, se erigió en el porta voz de una ilusionaria única manera de apreciar el fútbol y, a la vez, no le dio entidad a otras formas: el modo de jugar que prefiere es vida y los otros serían muerte y tendrían una identidad foránea; una especie de no-ser futbolístico. Aunque luego esbozó que valora todos los modos, su fundamentalismo lo hace caer en contradicciones insalvables, como aseverar que “nuestra identidad jamás murió, no la traicionamos”, cuando en aquella última fecha ante Vélez terminó jugando sin delanteros y haciendo tiempo en cada instancia posible durante todo le partido.

A su salida del club de Parque Patricios, Cappa miró la mitad que le convenía, sin hacer promedio. Se refirió al muy buen desempeño de su equipo el torneo pasado, pero nada dijo del presente certamen, en el cual, también por él dirigido, lo hizo muy mal.

El equipo que con buenos argumentos peleó el título hasta la última instancia quedará sin dudas en la rica historia de Huracán, porque será siempre recordado por el pueblo quemero. En cambio, la pretendida fantasía de Cappa de instalarlo en los anales del fútbol argentino no hace más que exponer su cegador fanatismo, reflejado en frases como “se revalorizó la identidad del fútbol argentino”, “Huracán jugó bien, defendiendo un estilo que es nuestro, de todos los argentinos” y “con Huracán revivió el gusto por este fútbol, resucitó la alegría de poder disfrutar en una cancha de un equipo que juega al toque”.

Ángel Cappa logró casi desde la nada armar un equipo que jugaba muy bien y peleó un título hasta los minutos finales del campeonato. Ni más ni menos que eso. Su exageración de querer colocarlo como un oasis en medio de una geografía desolada corre de plano incluso los legítimos méritos de aquel subcampeón.
(Foto: Espndeportes.espn.go.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 23 de noviembre de 2009

Banfield, Newell´s y nadie más

En su etapa definitoria, a cuatro fechas del final, el torneo Apertura definió a sus candidatos. El abanico que había comenzado a cerrarse en la decimotercera fecha completó su acción el pasado fin de semana para dejar sólo a Banfield y Newell´s en la disputa por el título. Albiverdes y rojinegros lograron tomar distancia de sus perseguidores cuando restan 12 puntos en juego y dirimirán en un mano a mano que se vislumbra apasionante quién será el nuevo campeón del fútbol argentino.

La campaña del conjunto de Julio César Falcioni es extraordinaria. Los números así lo reflejan. Obtuvo 35 puntos de 45 posibles (casi el 80 por ciento), marcha invicto con 10 triunfos y 5 empates, tiene la valla menos vencida con 7 goles recibidos en 15 encuentros y cuenta con el goleador del campeonato, Santiago Silva, autor de 12 tantos.

Finalizada la undécima fecha, ya puntero, Banfield sabía que tenía por delante una serie de cuatro partidos de altísima exigencia ante rivales directos. Primero recibió a Estudiantes en Peña y Arenales, cuando ambos ocupaban el primer puesto, y lo derrotó 2 a 1. Una semana después visitó a San Lorenzo, que se jugaba su última ficha, y lo venció 1 a 0. Otra vez en su casa, eliminó a Vélez de la disputa por el campeonato con un contundente 3 a 0. La última víctima del Taladro fue Independiente, a quien también hizo sepultar sus aspiraciones de título al propinarle su primera caída -2 a 1- en tres presentaciones en el inconcluso Libertadores de América.

Con ese resultado en Avellaneda, Newell´s salió a jugar el clásico ante Central a sabiendas que necesitaba un triunfo para no perderle pisada a Banfield y así continuar ambos en lo más alto. El 2 a 0 en contra a los 12 minutos de juego pintó repentinamente un temible horizonte plomizo; pero con jerarquía, juego y garra lo empató antes de la primera media hora. Luego pasó lo que suele darse en muchos clásicos y que ha sido una constante en el de Rosario en los últimos años: ambos entendieron que perdían mucho, demasiado, con una derrota y eso llevó a la igualdad definitiva.

Al ver lo que le queda a cada uno de los candidatos, el camino parecería ser más llano para Banfield, ya que en los cuatro partidos que le restan enfrentará a los tres últimos, Racing, Huracán y Tigre. Pero en el fútbol nada está dicho hasta el final y Newell´s tiene tantos argumentos como los del sur bonaerense para conseguir el título. Poco falta para saber si el Taladro conseguirá su primer campeonato o si la Lepra dará su sexta vuelta olímpica.
(Foto: Elpais.com.uy)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 9 de noviembre de 2009

El abanico de candidatos comienza a cerrarse

La lucha en la vanguardia, la pelea por el título, comienza a decantar. El corte que reduce la cantidad de equipos que pugnarán hasta el final por la conquista del torneo Apertura 2009 se produjo y se extenderá. Al promediar el campeonato, la 9a fecha había dejado a los primeros ocho equipos agrupados en apenas dos puntos, pero tras la 13a quedaron un par punteros, un único escolta a tres unidades y otros dos aspirantes, uno a cuatro puntos de la cima y otro a cinco.

Con sólidos argumentos pero distintas fisonomías, Banfield y Newell´s son los sorpresivos líderes del certamen, ya que seguramente muy pocos habían imaginado que los dirigidos por Julio César Falcioni y Roberto Sensini estarían en lo más alto, y con tanta firmeza. El Taladro y los rojinegros sumaron 29 puntos de 39 posibles (una efectividad de casi el 75 por ciento). Mientras que los rosarinos son el conjunto que más victorias logró (nueve), el del sur del Gran Buenos Aires es el único invicto del campeonato, ostenta la valla menos vulnerada (recibió apenas seis tantos) y tiene en el uruguayo Santiago Silva al goleador del torneo, con 11 gritos.

Detrás de los líderes se encuentra el que seguramente es el mejor equipo argentino, Estudiantes de La Plata. El último fin de semana el elenco Pincha tuvo una actuación soberbia en la victoria 3 a 0 ante Vélez. Por un lado, una muy definida identidad y su magnífico juego colectivo lo hacen un equipo temible, en tanto que, por otro, lo ajustado del calendario por tener que adelantar las últimas dos fechas por su presencia en el Mundial de Clubes podría serle perjudicial. Además, la cita en Abu Dhabi, Qatar, es el objetivo mayúsculo de este semestre, lo cual puede generarle una lógica dispersión de la atención.

Un punto detrás de los platenses se encuentra Colón. Los santafesinos son un conjunto de gran prolijidad táctica, tal vez el equipo con mejores variantes a la hora de aprovechar las pelotas paradas desde la gran habilidad de su entrenador, Antonio Mohamed, para generar variantes en esa faceta del juego. Su aspecto negativo refiere al marcado bajo rendimiento cuando juega como visitante, condición en la que ganó dos partidos de seis disputados.

Vélez, campeón defensor, sufrió en pocos días dos duros golpes: quedó eliminado de la Copa Sudamericana en la altura de Quito, ante Liga Deportiva Universitaria, y a la vuelta chocó contra la contundente derrota ante Estudiantes que lo dejó a cinco puntos de Banfield y Newell´s. Pero los dirigidos por Ricardo Gareca tendrán este sábado la oportunidad encaramarse arriba nuevamente cuando visiten al Taladro, en un encuentro que les será bisagra.

Más atrás, a seis puntos de la cima, se encuentran Independiente y San Lorenzo, que se enfrentarán el próximo domingo. De haber una ganador éste podrá aferrarse a la ilusión de dar pelea y habrá retirado al otro de la disputa; en tanto que un empate simplificaría la ecuación dejándolos a ambos definitivamente al margen de la contienda por el título.

En un campeonato de gran paridad se perfilan con más claridad protagonistas y elenco. La cantidad de equipos con posibilidades sigue siendo grande, aunque las instancias definitorias comienzan, inevitablemente, a bajar aspirantes y cerrar los márgenes entorno a los mejores y más templados.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
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lunes, 5 de octubre de 2009

Independiente y San Lorenzo, dos que se agrandan

Después de un arranque de torneo con los cinco grandes a los tropiezos y sin asomarse a la primera mitad de la tabla, en la séptima fecha Independiente y San Lorenzo lograron dos victorias que, sumadas a la falta de triunfos de Estudiantes, Banfield y Vélez, les permitieron quedar a sólo tres puntos de la cima de la tabla de posiciones poniéndolos en carrera cuando el certamen se acerca a su meridiano.

La conquista del clásico ante Racing y el posterior triunfo frente a Tigre marcaron el contorno del Independiente que Américo Gallego, su técnico, pretende. Ahora el Rojo buscará llenar su figura con el juego y los resultados que le permitan estar arriba y, después de varios torneos, dar pelea por el título. Un equipo que ya no se muestra tan descompensado, con presencia en el fondo, equilibrio en el medio y dos delanteros, Néstor Silvera y Darío Gadín, siempre peligrosos, presenta los argumentos para aspirar a la consagración que anhela su gente.

Por su parte, San Lorenzo dejó de lado su versión de equipo nervioso y supo capitalizar los errores de un River desbandado para quedarse con tres puntos que lo dejan, también, a tiro de la punta. El Ciclón es otro que parece haber encontrado el camino de la identidad que busca su entrenador. Es, además, junto con Argentinos y Banfield, uno de los invictos que le quedan al Apertura. Al conformar un conjunto con mayoría de suplentes para enfrentar a Tigre, de modo tal de reservar de su plantel para la revancha ante Cienciano por la Copa Sudamericana, Diego Simeone había mostrado cuál será la prioridad del equipo en lo que queda de 2009. Sin embargo, ganar en Victoria, avanzar de fase en Cuzco y derrotar a los Millonarios pusieron a San Lorenzo otra vez como protagonista en los dos frentes, la contienda internacional y campeonato doméstico.

Diablos y Santos dieron el último fin de semana una muestra de carácter al revertir resultados adversos. Independiente perdía 1 a 0 con el gran gol de Carlos Luna y lo dio vuelta con tantos de Walter Acevedo y Carlos Matheu, mientras que San Lorenzo también ganó 2 a 1 después de ir abajo en el marcador con los gritos de Leandro Romagnoli, de penal, y Bernardo Romeo. Sobreponerse a una derrota parcial para hacerla triunfo refuerza la confianza de un equipo desde la seguridad en sus condiciones futbolísticas.

En un torneo que parecía no tendría protagonismo de los equipos más tradicionales, Independiente y San Lorenzo se plantan para hacer que el Apertura sea también cosa de grandes.
(Foto: Desanlorenzo.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com