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martes, 14 de junio de 2011

Mucho más que un campeón

El torneo Clausura 2011 coronó al mejor equipo de la temporada y a la institución deportiva más sólida del país. Una dirigencia responsable, un entrenador –Ricardo Gareca- laborioso y desconocedor de excusas, un plantel nutrido desde su propia cantera, un equipo de virtuosismo colectivo y un nexo –Christian Bassedas, el manager- ideal entre la directiva y los protagonistas propiciaron el éxito. En Vélez todo es consecuencia.

A falta de una fecha para que se complete el torneo, suma 36 puntos (en el Apertura fue segundo de Estudiantes con 43). Será uno de los equipos que menos puntos necesitó para consagrarse entre los últimos campeones. Pero haber convertido en todos sus partidos, ser el conjunto más goleador con 34 tantos (por intermedio de 12 jugadores distintos) y mantener la valla invicta en la mitad de ellos exponen los méritos. Al margen de la estadística, el equipo de Liniers expuso un gran juego.

Apoyado en una estructura tejida armoniosamente, fue un equipo completo: sólido en defensa, de transiciones rápidas sin arrebatarse en el mediocampo, virtuoso y efectivo en ataque. Siempre confió en sus argumentos. La eliminación a manos de Peñarol en las semifinales de la Copa Libertadores no fue un golpe de knock out. Se repuso para quedarse con la gloria doméstica.

El equipo dirigido por Gareca tuvo en cada línea, al menos, a uno de los más destacados jugadores del campeonato en su puesto. Marcelo Barovero fue el mejor arquero del torneo; muy seguro y sin estridencias, sostuvo al equipo desde atrás y brilló en los momentos determinantes, como ante Godoy Cruz, en la 17º fecha. Sebastián Domínguez fue el comandante de una defensa sólida y de gran entendimiento. Víctor Zapata ratificó su inteligencia para interpretar el juego y ejecutar con claridad. En ataque, Maximiliano Moralez fue un constante generador de espacios, Juan Manuel Martínez un gambeteador vertical con gol y Santiago Silva un centrodelantero conocedor de todos los secretos del puesto.

Ganó su octavo campeonato doméstico, para sumarlo a los cinco logrados en el plano internacional. Presente en 77 de las 80 temporadas que se llevan del profesionalismo se ubica quinto en la tabla histórica. El legado de José Amalfitani se aprecia en el estadio que lleva su nombre y en la Villa olímpica. Vélez reconfigura una historia pretendida de una vez y para siempre. Es un grande.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 6 de julio de 2009

Vélez fue el merecido campeón

Una previa de 15 días a partir de la crónica desorganización del fútbol argentino, un partido suspendido durante 20 minutos por la caída de granizo y con polémicas por los desatinos de un arbitraje que muy lejos estuvo de estar a la altura del acontecimiento desdibujaron el encuentro que Vélez le ganó 1 a 0 a Huracán para ser campeón del torneo Clausura y festejar en la más absoluta desprolijidad el séptimo título local de su historia.

En ese enfrentamiento directo que operó de final, el conjunto dirigido por Ricardo Gareca, un laburante de perfil bajo, fue quien más hizo para ganar el partido. Enfrentó a un adversario que no pudo exponer los argumentos que lo habían llevado a la cima de la tabla de posiciones a falta de una fecha. Sin la pelota, arrebatada y manejada con solvencia por el dueño de casa, el Globo sufrió ante un rival aplomado y que tuvo una lectura precisa para hacer el juego que más lo beneficiaba. Tácticamente Vélez superó a Huracán; planificó mejor el partico bisagra. Fue el mejor del semestre y lo ratificó con autoridad en la última fecha. Fue, desde el comienzo del campeonato, un equipo trabajado, sólido y contundente, con variantes, mentalidad ganadora, inteligencia, seguro en todos los aspectos del juego y con una fuerte estructuralmente de conjunto.

El Fortín tuvo en Germán Montoya a un arquero que fue garantía; una excelsa dupla central conformada por Sebastián Domínguez y Nicolás Otamendi (la más fabulosa aparición de este Clausura), en una defensa que se completó con la experiencia de Fabián Cubero y las constantes subidas de Emiliano Papa; un mediocampo en el que sobresalieron Franco Razzotti, Víctor Zapata y Maximiliano Moralez (lesionado en gran parte del campeonato), y un atacante como el uruguayo Hernán Rodrigo López, que fue de menor a mayor y finalizó como el goleador del equipo con 11 gritos. Jonathan Cristaldo, Juan Manuel Martínez, Roberto Nanni y Leandro Velázquez fueron las valiosas alternativas que permitieron torcer el rumbo en varios encuentros.

El triunfo ante Colón, en Santa Fé, después de estar abajo 2 a 0 y el empate ante Racing tras ir en desventaja por el mismo marcador fueron una muestra del carácter del equipo, de la precisión de su técnico para introducir variantes ganadoras y del buen desempeño colectivo de sus futbolistas, aún en esas situaciones adversas. En las dos últimas fechas debió enfrentar a los equipos que le peleaban el campeonato, Lanús y Huracán, y en ambos encuentros tuvo personalidad, autoridad y juego de campeón. Sólo perdió un partido, ante Gimnasia y Esgrima de La Plata en la 14º fecha, y fue el equipo que menos goles recibió: apenas 13.

Pese a la justicia del logro velezano, vale resaltar al milagroso Huracán, que estuvo a sólo 7 minutos de ser el protagonista de vuelta olímpica y tuvo motivos suficientes para sentirse como el más perjudicado por el impresentable arbitraje de Gabriel Brazenas. Pese a que el Globo no pudo hacer pie en el cotejo definitorio, disputó un gran campeonato. Con un presupuesto de los más modestos del fútbol argentino, Ángel Cappa armó al equipo sensación del torneo, basándose en la acumulación de toques y un poder ofensivo vistoso y efectivo (fue el más goleador del Clausura con 35 tantos). Parió al elenco revelación con jugadores que ya se creía que habían dado todo lo que podían, como Carlos Arano y Eduardo Domínguez, y otros juveniles que no eran tenidos en cuenta, como Matías Defederico y Javier Pastore. Estos dos y Mario Bolatti, excelso volante central, fueron tres de los mejores jugadores del torneo. Pero otra vez, como hace 15 años, a Huracán le tocó llegar a la última fecha como líder y enfrentándose a su escolta en condición de visitante con la doble alternativa de ganar o empatar para quedarse con el título. Como aquella vez ante Independiente, ese último peldaño fue nuevamente el tropezón para la caída.

Los dos equipos fueron estigmatizados durante el torneo. Vélez señalado como un conjunto de exclusivo perfil defensivo y Huracán apuntado como un liviano equipo de vistoso juego ofensivo. Pero claramente los dos fueron más que eso. Por caso, Vélez mostró en muchos partidos un fluido manejo de la pelota en la mitad de la cancha y Huracán concretó muchos goles originados en jugadas de pelota parada.

Cuando Christian Bassedas, manager de Vélez, optó por Gareca y Carlos Babington, presidente de Huracán, llamó a Cappa ambos entrenadores fueron mirados de reojo al desembarcar en Liniers y Parque Patricios, respectivamente. En apenas un semestre ambos lograron revertir contundentemente aquel prejuicio inicial; uno al salir campeón y el otro por haber armado un equipo a precio de coste que fue inesperadamente protagonista hasta los últimos minutos del torneo y exhibió un fútbol valorado por muchos desde su estética.

Con un equipo templado y ambicioso, Vélez se quedó legítimamente con el título, uno más en la historia de un club modelo para instalarse definitivamente entre los grandes del fútbol argentino.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com