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martes, 12 de enero de 2016

Goles nómadas

Ángel Labruna vistió la camiseta de River ininterrumpidamente durante dos décadas y el paraguayo Arsenio Erico jugó 11 años en Independiente. Se trata de los máximos artilleros de Primera División desde la instauración del profesionalismo. José Sanfilippo hizo más de 200 goles en San Lorenzo entre 1953 y 1962. Juan Carlos Cárdenas, el Chango, autor del tanto con el que Racing fue campeón del mundo, estuvo 10 años en la Academia desde su primer ciclo en 1962 hasta el tercero en 1976. Más cerca en el tiempo, Martín Palermo se convirtió en el máximo goleador de la historia de Boca con sus dos pasos en 1996-2000 y 2004-2011.

Hoy los protagonistas de los goles son nómades, no es posible ubicarlos con precisión en un estadio ni identificarlos con determinados colores. Cargan con sus botines y sus gritos de un destino a otro. Ponen en alta cotización sus conquistas y las negocian a la incuestionable medida de sus propios intereses. Son los tiempos que corren, con un fútbol de fronteras abiertas y representantes e intermediarios ávidos de transacciones de piernas.

Los cinco centrodelanteros que se desempeñan en nuestro medio y más goles hicieron en Primera División son Santiago Silva, José Sand, Rubén Ramírez, Mauro Óbolo y Mariano Pavone. Cuatro de ellos cambiaron de equipo para este año; solamente Óbolo continuará con el mismo escudo, el de Belgrano. En tanto, Mariano Pavone es el único que jugó más de dos temporadas seguidas en un mismo club, cuando permaneció seis años en Estudiantes al inicio de su carrera.

En menos de un año, el uruguayo Silva habrá vestido tres camisetas diferentes, de instituciones cercanas geográficamente: Lanús, Arsenal, y Banfield, donde afrontará su segundo ciclo. Además, pasó por Newell´s, Gimnasia, Boca y tuvo dos etapas en Vélez. En esos siete clubes hizo 106 goles en la máxima categoría. Si se toman en cuenta sus experiencias en Uruguay, Brasil, Alemania, Portugal e Italia, son 15 camisetas distintas las que lució Silva en 18 ciclos.

Desde su debut en Primera en 1999, José Sand jugó para Colón (dos pasos), River, Banfield, Lanús, Racing, Tigre, Argentinos Juniors y Aldosivi. Lleva 91 goles en la máxima categoría con ocho casacas diferentes. La mayoría, 50 en 67 partidos, fueron en el Granate, institución a la que regresó para el torneo que comenzará el mes próximo. Solamente en el Bicho no pudo marcar. Además, en el ascenso estuvo en Independiente Rivadavia de Mendoza, Defensores de Belgrano y Boca Unidos, mientras que fuera del país recorrió canchas en Brasil, España, México y Emiratos Árabes.

Temperley será el sexto equipo para Rubén Ramírez en la elite del fútbol argentino. El conjunto del sur del Gran Buenos Aires es la nueva morada de los hasta aquí 89 goles que antes habitaron en Colón (dos veces), Racing, Banfield, Godoy Cruz y Quilmes. Tiro Federal y Audax en Chile completan el recorrido en la trayectoria del santafesino de Margarita.

Mauro Óbolo continuará en Belgrano, donde buscará acrecentar su cifra goleadora en Primera. Lleva 84 tantos convertidos en Vélez (tres ciclos), Lanús, Arsenal, Godoy Cruz y el Pirata cordobés (dos etapas). Sus goles también tuvieron vuelo internacional en Italia, España, Suecia y Chile.

Después de 15 partidos en Racing, Mariano Pavone comienza el año en el mismo lugar donde lo había hecho en 2015, Vélez. Antes de sus pasos por Avellaneda y Liniers, el bonaerense oriundo de Tres Sargentos pasó por Estudiantes, Lanús y River para totalizar 79 goles. Otros 51 los celebró en el Betis español y el Cruz Azul mexicano.

Valor preciado en todas las latitudes, los goles del fútbol argentinos saltan de un club a otro, se pierden en paisajes lejanos y regresan sin melancolía. Cambian de colores pero no se extinguen. Los clubes van detrás de sus portadores. Así, hoy son suyos y mañana de otro. Los hinchas celebran los goles de quien en el pasado fue su verdugo y sufren los quien en el futuro puede ser su goleador.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 7 de abril de 2015

La tecnología, el asistente que falta

El árbitro cobra penal y expulsa a un jugador. Minutos después revierte la decisión, no hay pena máxima y quien se iba rumbo a los vestuarios regresa al campo de juego. Déjà vu de lo que va a venir. Más tarde vuelve a cobrar penal para el mismo equipo, esta vez definitivo. Y poco después otra vez le muestra la tarjeta roja al mismo futbolista, que está vez sí termina anticipadamente en las duchas.

Podría haberse tratado de un cuento del inolvidable y genial Roberto Fontanarrosa, pero lo acontecido no ocurrió en el plano de la ficción literaria, sino de la realidad futbolera. Y fue un escándalo, que posteriormente reabrió un debate que ya no debería ser tal: si usar o no imágenes de video en virtud de la justicia deportiva.

Vélez y Arsenal se enfrentaban en el estadio José Amalfitani cuando Mariano Pavone y Daniel Rosero Valencia de arrojaron hacia adelante en el área del conjunto de Sarandí en busca de la pelota. La misma entró en contacto con la mano de un brazo extendido y Germán Delfino entendió que era una acción intencional del colombiano, acto por el cual cobró el consecuente penal. También le mostró tarjeta amarilla, que se transformaría en roja al ser la segunda que veía en el encuentro. Tras unos minutos de incertidumbre, el árbitro retrotrajo su sanción, por lo que no hubo penal y volvió el expulsado.

El debate se instaló entonces a partir de cómo fue que se tomó esa determinación. Sin quedar comprobado, se instaló que la vuelta atrás estuvo ligada a una revisión de las imágenes. Si efectivamente sucedió así (personalmente creo que es altamente improbable), entonces Delfino revirtió lo que hubiese sido una injusticia, pero violando los reglamentos para hacerlo, ya que está prohibida la consulta de imágenes. El contrasentido quedó circunscripto entonces al hecho de hacer justicia apartándose de los reglamentos.

La intervención de la tecnología mediante el uso de imágenes de las transmisiones televisivas achicaría el margen de error de los árbitros. Se incrementaría así la justicia deportiva, al tiempo que se reduciría la desconfianza. El fútbol debería superar el debate de si habilitar o no esta herramienta y avanzar hacia los patrones para definir su utilización.
(Foto: Clarin.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com