lunes, 16 de marzo de 2009

Made in Lanús

En 1992, luego de tres décadas con muchísimas tardes de sábado y muy pocas de domingo, de que su gente se repartiese entre el cariño al club de la zona y los goles de Boca, River, Independiente, Racing o San Lorenzo, Lanús era campeón del Nacional B y lograba, nuevamente, su pasaporte para ser parte del fútbol grande de la Argentina. Entonces, la ilusión pasaba por conseguir que la Primera División no fuera algo efímero, como en los últimos 30 años, en los cuales el club había logrado tres ascensos, pero apenas había disputado en la elite la misma cantidad de temporadas: subió en 1971, 1976 y 1990 y bajó en 1972, 1977 y 1991. (En medio sufrió la peor debacle de su historia, cuando en 1979 descendió a Primera C, tenía un mínimo puñado de socios, una deuda millonaria y el yugo de un juicio con la AFA). Si bien se trataba de una institución con historia, que bien podía golpearse el pecho al recordar dos maravillosos equipos, Los Globetrotters subcampeones de River en 1956 y Los Albañiles de 1964, el hecho de tener un masa societaria reducida, una situación económica inestable y un arcaico estadio íntegramente de tablones de madera hacían temer que la historia de los últimos fantasmales pasos en Primera se repitiera.

Pero a partir de esa debilidad, el Granate construyó uno de los mayores y más exitosos crecimientos de la historia de nuestro fútbol. Desde aquel ascenso a inicios de los 90 se consolidó en Primera con un proyecto futbolístico a largo plazo basado en un impecable trabajo en divisiones inferiores; hoy una de las mejores canteras del fútbol nacional. Incluso cuando las cosas no salían y el equipo estaba lejos de realizar buenas campañas, desde una conducción tan seria como convencida supieron detectar muy prontamente los errores cometidos para retomar la línea trazada.

Institucionalmente los pasos se sucedieron con una velocidad asombrosa: lograron hacer de un estadio vetusto uno moderno, con comodidades y un aforo muy importante; reformaron su sede, trasformándose en un orgullo para la ciudad; sumaron una gran cantidad de actividades amateurs y se convirtieron en un ejemplo desde sus iniciativas sociales, culturales y educativas. Recientemente inauguraron debajo de una de las tribunas del estadio una concentración de lujo para los chicos de las inferiores oriundos de distintos puntos del país.

Esa visión integral de lo que una institución deportiva cimentada estructuralmente en el fútbol profesional debía ser y el trabajo consecuente a esa premisa tuvo su merecido premio con la conquista de su primer y hasta ahora único título local en 2007. Antes, en 1996, había alzado la Copa Conmebol, un torneo internacional de tercer orden, pero que le sirvió al club para creer en que un logro grande, como el que posteriormente consiguió, era algo posible y no una quimera.

Si bien hacía años que la apuesta era por sus divisiones inferiores, tras las malas experiencias que implicaron las etapas de Néstor Gorosito y Carlos Ramacciotti como entrenadores, Lanús vio claramente que no sólo lo mejor que podía poner en cancha provenía de su semillero, sino que entendió que para maximizar los resultados era necesario que la conducción recayera también en alguien de las entrañas de la institución. Así, decidieron que Ramón Cabrero se haga cargo del primer equipo. Pese a que tenía casi 60 años y una corta y lejana experiencia como entrenador, conocía muy bien a muchos de los muy buenos talentos juveniles que pedían pista. El contrapunto generacional con el DT lo aportaba su ayudante de campo, Luis Zubeldía, quien asumía ese rol y el de entrenador de la Reserva con apenas 23 años, luego de un retiro prematuro producto de una osteocondritis que mató la carrera de un volante que prometía mucho desde Lanús y las selecciones juveniles (disputó los Mundiales Sub 17, en Egipto 1997, y Sub 20, en Nigeria 1999).

Cabrero se hizo cargo del equipo luego de la 13º fecha del Apertura 2005, tras la derrota 4 a 1 ante River que marcó la salida de Gorosito. Entonces, el objetivo principal era engrosar el promedio y escaparle a la Promoción, instancia que había disputado en 2002. Pese a las dificultades propias de un equipo que no venía bien, Ramonín obtuvo el 50 por ciento de los puntos en juego: 9 en seis fechas. Al siguiente torneo, tras realizar la pretemporada y sabiéndose técnico definitivo y no interino realizó una sensacional campaña al lograr un subcampeonato. Los dos torneos siguientes, en los que repitió la sexta posición, fueron la antesala de la gloria máxima: el título del Apertura 2007.

El Clausura 2008 fue muy malo. Incidieron el desgaste de la doble competencia al disputar la Copa Libertadores –certamen que jugaba por primera vez-y las lesiones para que el Granate termine 16º, apenas 3 puntos por sobre el último. La decisión de Cabrero fue alejarse de la dirección técnica para ocupar la coordinación general del fútbol y su apuesta y la de la CD fue dejar a Zubeldía, de apenas 27 años, al frente del equipo. Con tremenda madurez y muy interesantes conceptos futbolísticos, en su primer torneo como DT el equipo terminó cuarto, sólo por debajo de San Lorenzo, Tigre y Boca, los tres equipos que definieron el título en un triangular final. Con apenas dos puntos menos que los que llegaron mano a mano al final, había sido, para muchos, el equipo que mejor fútbol había desplegado en el torneo.

Trascurridas seis fechas del presente torneo, Lanús está solo en lo más alto de la tabla de posiciones con 15 puntos. Incluso podría tener puntaje ideal si ante Gimnasia, en La Plata, hubiese tenido un poco de fortuna y un arbitraje justo. De todas maneras, pase lo que pase el, próximo fin de semana no se bajará de la cima, ya que su escolta, Vélez, suma 12 unidades. El último sábado defendió la punta en la victoria 2 a 1 ante Colón con un equipo en el que fueron reservados varios titulares, en una demostración de la inagotable aparición de recursos de los que dispone. Jugadores como Sebastián Blanco, José Sand y Matías Fritzler estuvieron en el banco a la espera del próximo partido ante Everton, de Chile, un encuentro clave para las aspiraciones de continuar en la Libertadores. Porque Lanús es puntero mientras atiende tanto al frente doméstico como al internacional, aunque si resiste la tentación y deja de lado el certamen continental para concentrase en el Apertura será el principal candidato a adjudicárselo.

El proceso iniciado con Cabrero y continuado hoy con Zubeldía se sustenta en la solidez institucional y económica que le permite al club vender poco y muy bien y pagar los sueldos necesarios para que ninguno de sus futbolistas presione por irse. Esto pasa, además, por la identificación de los jugadores con el club. Y no sólo con los que provienen de las inferiores, para lo cual basta con mirar el caso de Sand. El correntino fue el goleador del último torneo y es uno de los mejores artilleros de la Argentina; sin embargo, pese a orillar los 30 años, no pide a gritos una transferencia, porque encontró en Lanús su lugar en el mundo: un club que hizo un gran esfuerzo por sumarlo a su plantel, que le paga lo que vale y donde la gente lo adora.

En todos estos años de crecimiento, Lanús no tuvo elecciones para elegir a sus autoridades. Esa circunstancias no fue porque se le puso trabas a quienes quisieran participar, sino que cuando el equipo descendió a la tercera categoría las agrupaciones políticas del club se dieron cuanta que en la unidad estaba el crecimiento y que éste se daría solamente con pautas inequívocas: buena y austera administración, claridad en las cuentas, apertura a los socios, trabajo a largo plazo en las divisiones inferiores y, más tarde, controlar las conductas de los representantes y mantener a raya a los intermediarios. Forjó así una identidad que evidencia una clara comunión entre todos y cada uno de quienes forman parte de la vida del club. Así, Lanús es hoy un ejemplo, un modelo y una fantástica realidad.
(Foto: Esfutbol.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Irritable por demás, Riquelme le dijo basta a la selección

Hace algunos días, Diego Maradona, técnico del seleccionado argentino, dijo en un programa televisivo que no le había visto un buen rendimiento a Juan Román Riquelme ante Huracán y que así no le servía para su equipo. Maradona vertió una opinión puramente futbolística sobre lo que pretendía de uno de sus jugadores. Muy lejos estuvo de hacerle una fuerte crítica, como pretendieron vender algunos medios. Puntualmente, el DT dijo: “A Riquelme lo quiero en los últimos 20 metros para que se comunique con Tévez, Agüero y Messi. Necesito que se pueda sacar un hombre de encima. Con Huracán, no sé si tenía un problema, pero no volvía. Eso en la selección cuesta mucho. Estás atrás o adelante, en el medio no me servís. Yo lo quiero de enganche, pero que tenga esa velocidad mental para ponerles pelotas de gol a los delanteros y que llegue él también. Si no, no me sirve Román. No quiero que me dé vueltas entre Mascherano y Gago. Él es utilizable si está bien físicamente, si no, está en otro nivel del resto de los jugadores, que están en el aire...".

Entonces, llegó la desmesurada réplica de JR con el anuncio de su renuncia a ser parte del conjunto nacional. “No manejo los mismos códigos que el técnico y el técnico no maneja los mismos códigos que yo. Me enteré de que no iba al partido contra Francia cuando escuché a Bilardo por la radio y me enteré por la tele de la posición en la que el técnico me quiere”, disparó.

Esa respuesta del Nº 10 xeneixe encuentra lados flacos por todos los costados. En primer término, el tema de los códigos aludió, seguramente, a que Maradona dio públicamente una opinión que no lo favorecía. Si embrago, él hizo su descargo desde su casa con un móvil en vivo del noticiero más visto del país y ante un periodista que, sentado a su lado, más bien parecía su jefe de prensa. En la misma pantalla y ante los mismos interlocutores, fue una remake de su primera renuncia, allá por septiembre de 2006. En tanto, no parece real que se haya enterado por la radio que no viajaría a Francia, ya que debía saberlo desde el momento en que Torneos y Competencias, empresa que arma el cronograma de cada fecha del fútbol argentino, determinó que Boca jugase en Jujuy un domingo a las 19:40. Por último, fue el propio jugador el que, también públicamente, reconoció haber hablado varias veces con Maradona después de que lo nombraran entrenador de la selección, con lo cual no suena factible que se haya enterado de lo que pretendía de él recién con las declaraciones que lo ofuscaron.

Desde siempre, Maradona lo elogió cada vez que tuvo un micrófono o grabador delante. Lo marcó como un jugador distinto, como uno de los mejores del mundo. Lo protegió con todo el peso de su figura al criticar a los técnicos con los que tuvo desacuerdos, como Marcelo Bielsa y Manuel Pellegrini. Ya con la responsabilidad de ser el conductor de la selección reiteró su reconocimiento al asegurar que formaría parte de su equipo y que le tenía reservada la emblemática camiseta número 10. Siempre le tiró flores. Sin embargo, una vez que expresó una opinión distinta (que no está jugando bien, algo que es evidente), sin llegar a ser una crítica, porque hasta aseguró que de todas maneras iba a formar parte de la convocatoria para enfrentar a Venezuela y Bolivia por las eliminatorias, Román pega el portazo. Tan desproporcionada resulta la determinación que lo dejan como una persona desagradecida, caprichosa y soberbia.

Esto ocurre porque no concibe puntos intermedios. O es estrella con privilegios o nada, no va con él ser uno más. Después del divismo que le concedieron José Pekerman y, aún más, Alfio Basile, no recibió bien que Maradona declarase que su selección era “Mascherano y diez más” y tampoco soportó nunca el estrellato de Lionel Messi. El ego de Riquelme es evidentemente un problema, ya que no admite el más mínimo señalamiento a su juego, ni tolera tener cerca a alguien que lo pueda eclipsar. Esto lo hace un elemento de discordia. Ha tenido conflictivas salidas de todos los conjuntos que formó: se fue mal de Boca, del Barcelona, del Villarreal y de la selección, antes y ahora.

La mayor parte del plantel de Boca no lo quiere. Sus compañeros no ven con buenos ojos las licencias de las que goza a la hora de los entrenamientos y también genera malestar el hecho de verlo con los brazos en jarra y estacionado en un sector de la cancha cuando las cosas no le salen bien al equipo. El enfrentamiento quedó de manifiesto en el cruce mediático que protagonizó con Julio César Cáceres, cuando ninguno, salvo Hugo Ibarra, salió a romper lanzar por él. Es más, se pusieron claramente del lado del paraguayo y habían decido hacer pública esa postura si el zaguero era sancionado por la Comisión Directiva. De todas maneras, goza de un poder mayúsculo en el club, entre los dirigentes y el técnico, y por eso varias veces se ha excluido o puesto en el equipo públicamente, algo que también hizo cuando se colocó en el equipo olímpico que se quedó con el oro en Beijing.

Ocurre que en Boca le alcanzan 10 ó 15 minutos por partido para hacer lo suficiente para que su equipo se quede con los tres puntos y reforzar la idolatría entre el público de la Bombonera. Pero esas pocas pinceladas que son suficientes en el fútbol local, no alcanzan a nivel de selección. Técnicamente Riquelme detenta un gran virtuosismo, una pegada excelsa, enorma capacidad para tener la pelota aguatándola de espalda a los rivales y una mira finamente calibrada para poner habilitaciones entre líneas. Pero todo eso lo brinda a cuenta gotas y en la selección no alcanza con un tiro libre o un par de pases precisos y que el resto sea un manejo intrascendente de la pelota, lateralizando por demás y frenando al equipo. Nunca fue Riquelme un jugador con la condición atlética necesaria para el fútbol de más alto nivel internacional. Su actuación en el Mundial de Alemania no fue buena y con 31 años es muy aventurado creer que podría estar en la próxima Copa del Mundo en las condiciones acordes a tamaña cita.

La selección se fortalece sin Riquelme, porque la mayoría de sus compañeros, al igual que en Boca, no lo quieren. Mucho más problemático hubiera sido perder a Messi, Mascherano o Gago, que son más importantes para el funcionamiento del equipo. Se afianzará el grupo y tomarán como una motivación extra el hecho de demostrar que Riquelme no es imprescindible para que el equipo nacional vuelva a estar en la primera consideración mundial, camino que ha comenzado a recorrer desde que Maradona se puso al frente.
(Foto: Larazon.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 9 de marzo de 2009

Un negocio seguro

Por estos días, la inseguridad producto de la delincuencia callejera en los centros urbanos argentinos pasó a ocupar un lugar preponderante en los medios nacionales. Los estadios de fútbol y sus adyacencias, tristemente, supieron condensar ese contexto en el cual impera la violencia. Sin embargo, la seguridad de los encuentros se transformó en un negocio y no en una garantía para aquellos que quieren ir a la cancha sin tener que vivir una peligrosa travesía.

El nuevo proyecto que promete, una vez más, erradicar las barras bravas del fútbol es un padrón de hinchas. Pergeñado por AFA, diseñado por la Universidad Tecnológica Nacional y aplicado por Telecom, el costo de esta iniciativa será de 60 millones de dólares. Obviamente, esa enorme cifra correrá por cuenta de los espectadores, que verán incrementarse el costo de las populares en $7,80. De esta manera, las entradas habrán aumentado un 170 por ciento en menos de 18 meses (de $14 a $37,80; actualmente cuestan $30). Si al valor de la entrada se le suma apenas una botellita de agua mineral en un kiosco y el dinero para llegar hasta la cancha en el dinamitado transporte público la suma se acercará a los $50. Un valor más que elevado para un trabajador argentino y una estafa si se tiene en cuenta no ya la falta de comodidades, sino el gran número de incomodidades y trastornos que implica ser habitante de la popular. Un par de partidos por mes equivalen, entonces, a pagar el cable y los codificados para poder ver los diez partidos de la fecha en la tranquilidad hogareña. Nada es casualidad.

Esta iniciativa, todavía en etapa de desarrollo, determina que todos aquellos que deseen seguir a su equipo deban empadronarse dando distintos datos personales, con la vulnerabilidad de la privacidad que esto implica. Con este sistema, aquella persona que no es habitual concurrente a los estadios pero que un fin de semana sí quiera hacerlo, se verá imposibilitado sino está empadronado. Y lo mismo correrá para los argentinos que residan en el exterior y de visita en el país quieran ir a la cancha y para los turistas extranjeros que deseen conocer la Bombonera o el Monumental.

Todo esto y más fue dado a conocer por Víctor Hugo Morales y su equipo de la tira deportiva Competencia, por radio Continental, y por el periodista Gustavo Veiga en una nota publicada en el diario Pagina 12 titulada “Seguridad que pagarán los hinchas”. Sabida la lucha del excelso relator uruguayo contra los negocios más grandes del fútbol, es de destacar fuertemente la posición de Veiga por ser empleado de un diario muy oficialista, cuando el tema de la violencia en el fútbol toca de cerca de un pesado hombre del Gobierno nacional, como Aníbal Fernández, ministro de Justicia y Seguridad.

Aseverar que la mayoría de la gente que concurre a las chancas argentinas se comporta mal al incurrir en las conductas violentas que, sin dudas, constituyen insultar o escupir, no parece temerario. Sin embargo, aquellos que encuentran en los alrededores de los estadios y en las tribunas espacio para delinquir y que están dispuestos a tomar un objeto contundente, un cuchillo o un arma de fuego para agredir o hasta quitar la vida a otra persona son, está claro, una minoría. Políticos, dirigentes y Policía –que en diversas circunstancias y de modos distintos utilizan esa mano de obra- han reconocido en varias oportunidades que se trata de grupos reducidos si se los compara con la cantidad de gente que concurre al fútbol, lo que implica un reconocimiento de su mal desempeño al no poder controlarlos y castigarlos.

La agotada promesa de hacer de los estadios un lugar donde pueda disfrutarse tranquilamente de un evento deportivo tiene así un nuevo capítulo. Los hinchas que no reciben entradas de favor ni tratos especiales, pondrán 60 millones de dólares en las manos de quienes han mostrado, si se es bien pensado, una reiterada inoperancia. Porque se sabe que el problema no es la implementación de un nuevo sistema de seguridad que corra a los violentos, sino la inacción de políticos, hombres de la Justicia, policías y directivos de los clubes que lejos de combatirlos muchas veces, directamente, parecerían apañarlos.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 2 de marzo de 2009

Fabbiani, la síntesis del fútbol argentino

Los medios que venden el show futbolístico, que poco se ocupan del análisis del juego y muy rara vez hacen foco en las delictuales conductas de una actividad de cifras pesadísimas, encontraron su fetiche en Cristian Fabbiani. Lo exprimirán, magnificándolo al extremo, hasta encontrar un nuevo elemento para vender. Las circunstancias entorno al jugador surgido de Lanús evidencian las bajezas del periodismo deportivo dominante y su influencia en los hinchas, así como el nivel de juego del fútbol argentino en general y de River en particular.

A comienzos del año, cuando los equipos comenzaban sus pretemporadas, la atención mediática recayó en la negativa de Fabbiani de reincorporarse a Newell´s por un dinero que el club le adeudaba. A esa altura, ya se sabía del interés de River por contar con él. Le reclamaba a la flamante Comisión Directiva rojinegra la importante suma que nunca le había exigido al oscuro Eduardo López. Las nuevas autoridades leprosas lograron reunir el dinero y depositarlo, pero Fabbiani de todas maneras se negó a volver a Rosario, influenciado por empresarios y dirigentes riverplatenses que le aseguraban su arribo a Núñez. Hasta Néstor Gorosito, DT de la Banda, pedía públicamente su llegada y anunciaba, en una exageradísima comparación, que podía transformarse en el Guillermo Barros Schelotto de River. En un mercado de pases con muy poca actividad, el Ogro fue suficiente para crear una novela de verano.

La prensa más consumida se regocijaba con su invento, con las declaraciones de Fabiani sobre su amor por River y su negativa a vestir cualquier otra camiseta. Nunca se preocuparon por referirse al pésimo manejo del jugador al huir de Newell´s. Tampoco se detuvieron en el desplante que le hizo a la gente de Vélez, cuando luego de arreglar de palabra su incorporación con Christian Bassedas, manager del conjunto de Liniers, los dejó plantados para la presentación oficial y firma de contrato.

Todo River esperaba como un mesías salvador a un delantero que en el último torneo marcó 5 goles y que antes había jugado en Lanús (club que lo dejó ir sin complejos dos veces), Palestino, de Chile; Beitar Jerusalem, de Israel, y CFR Cluj, de Rumania. Antes de vestirse de rojo y balanco sus apariciones eran más en la prensa del corazón que en la deportiva.

Los hinchas de River pisotearon su historia al darle status de ídolo a Fabbiani incluso antes de pisar el Monumental. Se trató de una muestra de la capacidad de los periodistas para imponer temas y posiciones. El mismísimo Enzo Francescoli, instalado para siempre en el Olimpo del club, fue inicialmente resistido. Sin embargo, el hombre de Ciudad Evita no valoró esa tremenda ventaja de ser recibido con alfombra roja al presentar una forma física inaceptable para un profesional y al hacer los días cortos y las noches largas. Esto último fue avalado por Gorosito que preguntó retóricamente cuándo iba a ir Esperando (edén de la noche porteña, muy frecuentado por varios futbolistas) sino ahora, siendo joven. La respuesta es tan clara como breve: nunca. La diversión de madrugada es incompatible con la vida de que debe llevar un futbolista de alto rendimiento. Desempeñarse en uno de los equipos más grandes de la Argentina, es decir ganar muchísimo dinero por ocupar un lugar de privilegio en la profesión elegida, implica dejar de lado ciertas cosas. No está mal que un futbolista salga de noche esporádicamente, pero sí es un problema que sea un asiduo concurrente de la movida nocturna.

Que Fabbiani haya marcado diferencias con su muy mal estado físico pone de manifiesto un bajo nivel futbolístico. Sin dudas no se puede desestimar el componente psicológico, que hizo que los rivales tambaleen ante la presión de hacerle frente al fetiche mediático. Fue fundamental en los triunfos ante Central, al marcar el gol de la victoria, y ante Banfield, con una asistencia a Falcao para liquidar un partido abierto. Su influencia había comenzado antes del partido en Arroyito, en el agónico triunfo por la Copa Libertadores ante Nacional, de Paraguay, en su debut oficial: bajó la pelota en el área (con la mano) y remató cruzado para que tras el rebote del arquero convirtiera Buonanotte (en posición adelantada).

Cristian Fabbiani es un buen delantero, técnicamente tiene la capacidad para participar del circuito de juego y sabe aguatar la pelota para jugar de espaldas al arco rival. Pero eso no implica que sea un gran atacante, destinado a vestir camisetas pesadas. Si River no estuviera en uno de los peores momentos de sus historia jamás se hubiese detenido en él.

El último fin de semana Gorosito volvió a darle media hora en cancha. Esta vez no tu incidencia favorable en su equipo y nada pudo hacer en la paliza que River recibió por parte de San Lorenzo, 5 a 1 en el Nuevo Gasómetro. Tal vez al ex Lanús y Newell´s le sobrevenga una serie de partidos sin goles ni intervenciones decisivas, entonces esa misma prensa que lo elevó le apuntará y se preguntará qué le pasa a Fabbiani, señalará su mal presente y cuestionará si era la contratación que River necesitaba.
(Foto: Nosolodeportes.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Llop, Molina y una historia que se repite

Racing ha vivido más de la mitad de las casi ocho décadas del profesionalismo en crisis. En los últimos 42 años obtuvo apenas un campeonato local, el Apertura 2001; título conseguido con una legitimidad manchada por arbitrajes beneficiosos y la disputa del partido definitorio apenas una semana después de uno de los hechos más lamentables de la historia argentina, como fue el desastroso y luctuoso final del gobierno que encabezaba Fernando De La Rúa. Aquel 28 de diciembre sólo jugaron Vélez ante Racing y River frente a Rosario Central, ya que el resto de los partidos correspondientes a la última fecha se postergaron para febrero de 2002. Pero el necesario festejo de Racing no podía esperar, era más importante que la crisis nacional. Y el gol de Gabriel Loeschbor le dio al pueblo racinguista una alegría que, pese a todo, era honda y genuina.

Ese logro y la conquista de la Supercopa de 1988 fueron los únicos festejos del conjunto de Avellaneda en más de cuatro décadas. El contrapunto lo dieron el descenso y la permanencia en la segunda categoría dos años, la quiebra del club, su privatización y la disputa de la Promoción la pasada temporada. Esos fueron los principales males de una lista tan larga como dolorosa para la gente de Racing.

Ese derrotero incluyó el paso de casi un centenar de técnicos. Este fin de semana, tras la derrota en el clásico ante Independiente 2 a 0, Juan Manuel Llop pasó a ser un nombre más de esa nómina. Probablemente, el ciclo del Chocho estaba agotado por los malos resultados (ocho partidos sin victorias) y la sabida distante relación con el plantel. Ocurre que Racing -sus dirigentes, sus seguidores- deberá aceptar que sus problemas no responden a la coyuntura de cambiar un entrenador, sino que son estructurales. Sólo Boca, Vélez, Lanús y Estudiantes, instituciones serias y con proyectos sólidos, pueden aspirar a mejorar un mal momento futbolístico a partir de un cambio de DT.

Pese a todo esto, la grandeza de Racing no está en duda. La gran cosecha de títulos en el amateurismo (1913-14-15-16-17-18-19-20-21-25) para ganarse el mote de Academia, conseguir antes que nadie un tricampeonato en la era profesional (1949-50-51) y haber sido el primer equipo argentino campeón del mundo (1967) son parte de una riquísima historia, contenida por una de las hinchadas más grandes y emocionantes de nuestro fútbol.

El presidente de Racing, Rodolfo Molina, ya tomó la decisión de despedir a Llop. A dos meses de haberse hecho cargo de la conducción del club, después de sólo tres partidos oficiales como titular de la entidad, eligió despedir a un técnico, en línea con lo que han sido los manejos de club en los últimos años. No puede señalarse falta de coherencia. Antes del choque ante Independiente, Molina aseguró que se trataba de un cuerpo técnico “heredado”, algo absolutamente cierto, aunque omitió recordar que en su campaña electoral prometió la continuidad del ex entrenador de Newell´s, Godoy Cruz y Banfield. Molina debería blanquear la realidad de Racing recordándole a sus hinchas que la etapa de gloria está registrada en blanco y negro, que los números son de un rojo cegador y que una reconstrucción sólo es posible con orden institucional y un trabajo a mediano y largo plazo en inferiores para que el primer equipo se nutra de esos valores juveniles; es decir, encarar un proceso de saneamiento que muy difícilmente implique estar en la disputa por un título. Si en lugar de eso opta por prometer pomposas contrataciones y grandes campañas que al no concretarse lleven entonces a semestrales cambio de técnicos, entonces Racing continuará en la misma tenebrosa senda de los últimos 40 años.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2009

Otra nota positiva para la selección

Creció el juego, apareció el sentido colectivo y se recuperó la mística. Es mucho lo que se avanzó, aunque todavía queden varios aspectos por mejorar, y por eso la selección despierta entusiasmo. Lo hecho por el conjunto nacional para derrotar a Francia 2 a 0 en Marsella (ciudad en la que el seleccionado galo nunca había caído) no lo convierte en el mejor del mundo, pero sí marca una clara contraposición respecto del proceso precedente. En apenas dos partidos, este ante los franceses y el anterior ante Escocia, Diego Armando Maradona le cambió la cara a la selección.

Alfio Basile, tras renunciar a su cargo, se refirió a la falta de compromiso de los jugadores. Las actuaciones del combinado albiceleste bajo su conducción dejaron la sensación, es cierto, de que los futbolistas no estaban consustanciados y la entrega era parcial. Ocurre que esa era la línea que bajaba desde un cuerpo técnico que nunca mostró apego al trabajo necesario para conducir a uno de los seleccionados más importantes del mundo. El vínculo entre el plantel y el Coco estaba roto, por eso uno de los primeros objetivos que se propuso Maradona fue restablecer ese esencial puente entre dirigidos y entrenador.

Con los mismos jugadores que elegía Basile, más el único agregado de Emiliano Papa, lateral izquierdo del medio local, Diego logró claramente una prestación superior. Dispuesto a entregar todo de sí, como en sus épocas de jugador, se puso a trabajar con intensidad desde el primer día. Sabedor de las limitaciones temporales para disponer de los futbolistas y realizar trabajos de campo, no perdió tiempo y se fue a Europa para ver en acción a sus dirigidos y dialogar con ellos sobre su idea de juego. Ya en su presentación había expuesto una fuerte declaración de principios al asegurar que su selección no jugaría amistosos sino partidos internacionales. Haber regado las canchas con sangre, sudor y lágrimas vestido con la casaca albiceleste obliga a sus dirigidos a dar lo mejor de sí, lo cual surge espontáneamente por el reverencial respecto, la gigantesca admiración y la idolatría desde la niñez que le profesan.

Ante Francia, la sociedad integrada por Javier Mascherano y Fernando Gago demostró nuevamente que es el epicentro del equipo, el equilibro perfecto entre marca y juego, para ser el eje del esquema defensivo, fundamentalmente a partir del capitán, y el inicio de los ataques, principalmente desde la prolijidad del hombre del Real Madrid. Por su parte, Lionel Messi, sin dudas en el podio de los talentos individuales a nivel mundial, demostró que con la pelota en los pies tiene una repentización, una velocidad y un desequilibrio que lo convierten en un arma letal. El desafío de Maradona será lograr que La Pulga dé en la selección lo mismo que en el Barcelona. Entonces, tras haber asegurado que el rosarino deberá jugar como atacante deberá definir quien será el centrodelantero, si Sergio Agüero o Carlos Tevez, o alguien de menor cartel pero con más estereotipo del clásico número 9, como Diego Milito, Germán Denis o Fernando Cavenaghi. Además, deberá resolver cómo incluirá a Juan Román Riquelme -o el enganche que pretenda-, ya que en los dos partidos que dirigió jugó con el actual esquema 4-4-2; probablemente opte por una defensa de tres hombres (¿Burdisso-Demichelis-Heinze?).

Los cortocircuitos en cuanto a la conformación de su cuerpo técnico, con la negativa de la AFA para que Oscar Ruggeri sea su principal colaborador, tal cual era su pedido, y que quien continúe en esa función sea Alejandro Mancusso, amigo de Maradona pero no entrenador –con las críticas que esto puede generar- lo preocuparon y ocuparon sin distraerlo de sus tareas como entrenador. Se trata de un contratiempo que hasta ahora ha sabido manejar con mucha altura.

Francia no es el mismo equipo que fue finalista del Mundial de Alemania, ha sufrido el recambio generacional y los cuestionamientos a su entrenador, Raymond Domenech. Por esto hubo quienes le bajaron la cotización al triunfo marsellés. Pero lo cierto es que se hace difícil encontrar hoy cuál es el seleccionado que sirva de medida. En esta reciente fecha FIFA, Alemania perdió con Dinamarca en Düsseldorf e Italia cayó 2 a 0 con Brasil, pese a lo cual el conjunto dirigido por Dunga se apoya actualmente más en el peso histórico de su camiseta que en su realidad futbolística. Tal vez quien se encuentra al tope sea España, ganador de la última Eurocopa, vencedor de Inglaterra en su última presentación y portador de un récord de 29 partidos invicto.

De la mano de Maradona, Argentina recuperó terreno y buscará afianzar este crecimiento en sus próximos encuentros, que serán ante Venezuela, en Buenos Aires, y ante Bolivia, en La Paz; ambos por las Eliminatorias. A poco más de 15 meses de la Copa del Mundo, una mirada hacia el pasado reciente del conjunto nacional y una observación de su actualidad exponen un contrapunto que alimenta la ilusión de cara al futuro.
(Foto: Abc.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com