lunes, 3 de mayo de 2010

Una buena defensa despierta muchos ataques

El Inter llegó a la final de la Champions League sin patear un solo tiro al arco en el encuentro que lo clasificó a esa instancia definitoria y, entonces, se generó un virulento debate sobre su juego. Aunque en realidad no se trató de una discusión, de una contienda de ideas, posiciones y pareceres, ya que las descalificaciones le ganaron ampliamente a los argumentos.

El ideal del fútbol es ser punzante en ataque y sólido en defensa. Desplegarse en campo adversario y compactarse en el propio. El engreído portugués José Mourinho pensó la llave semifinal ante el Barcelona como un único partido, cuya primera mitad se jugaba en Milán y la segunda en la Ciudad Condal. Supo en el cotejo de ida que tenía que atacar para establecer una diferencia favorable y entendió que lo que necesitaba en el vuelta para estar el 22 de mayo en el Santiago Bernabeu era defender la ventaja conseguida una semana antes.

Pensar un partido en virtud de un ataque constante implica correr riesgos. Defenderse cerca del propio arco, como lo hizo Inter en Catalunya, también. En los 90 minutos disputados en el Camp Nou, el conjunto dirigido por Josep Guardiola procuró atacar continuamente pero no logró imponer condiciones, mientras que el elenco milanés sólo aspiró a defender su arco y lo consiguió, pese al gol de Piqué a poco del final. Y lo hizo sin caminar jamás por la cornisa del reglamento, como aseguraron varios medios de la prensa española: no hizo tiempo, ni recurrió al juego brusco y por eso Barcelona no logró siquiera entrar con tiros libres. Fue el que jugó mejor a lo largo de los 180 minutos; primero al manejar la pelota (tuvo una posesión de casi el 70 por ciento en el Gusseppe Meazza) y hacer el daño que quedó reflejado en el 3 a 1 y segundo al abroquelarse casi sin fisuras para mantener esa ventaja. Siempre logró hacer su juego, ejecutar el plan que había pergeñado.

Si un equipo ataca bien y se defiende mal y otro ataca mal pero se defiende bien, se estará frente a dos conjuntos con una faceta del juego satisfactoria y otra deficitaria. Sin embargo, las mayores críticas recaerán sobre el que tenga limitaciones ofensivas. Mientras que un ataque virtuoso siempre es destacado favorablemente, defenderse con férrea solidez recoge marcadamente menos reconocimientos.

Quedarse con el último paso del largo camino que recorrió el Inter para llegar a la final de la Champions es hacer un recorte parcial para distorsionar y desmerecer los méritos de un equipo que con pragmatismo optó por aplicar distintas estrategias de acuerdo a las circunstancias. Si está en los umbrales del penta campeonato en Italia y accedió a la definición del torneo de clubes más importante del mundo es porque fueron muchos más los partidos que salió decididamente a ganar que los que se preocupó exclusivamente por no perder.

No existe un único modo ni un gusto uniforme. El concepto de antifútbol es una malicia que debe ser desterrada. Debe aceptarse el derecho de ver defectos donde otro vislumbra virtudes y viceversa. Lo que no tiene razón de ser es la descalificación, que desmorona cualquier posibilidad de debate y hace que las discusiones sobre los estilos futbolísticos no salgan de las chicanas para avanzar hacia intercambios superadores.
(Foto: Elmundo.es)

Patricio Insua
mailto:papatinsua@gmail.com

lunes, 26 de abril de 2010

Argentinos ya ganó

Aunque una campaña sorprenda a los propios protagonistas al superar las expectativas iniciales, llega una instancia en la que lo que hubiera conformado en un comienzo queda de lado para ir por más. Así transcurren los días de Argentinos Juniors, que a tres fechas del final del Clausura se encuentra a solamente un punto de la cima del campeonato y sueña con obtener el tercer título de Primera División de su historia, tras el Metropolitano de 1984 y el Nacional de 1985.

El conjunto de Claudio Borghi tiene sello propio. Juega cercano entre líneas para achicar espacios y con acumulación de pases sin caer en una horizontalidad que no hiere al rival. Tiene vocación ofensiva sin descuidarse atrás y tomó los riegos que en algún momento debe asumir todo equipo que tiene altas aspiraciones.

El esquema táctico inicial de Argentinos rompe con la habitualidad que suelen mostrar los equipos argentinos: una defensa de tres hombres; cuatro mediocampistas, dos abiertos por los laterales y un binomio de medios, un enlace y dos delanteros. Esa disposición 3-4-1-2 no es fija, porque Argentinos mueve continuamente la pelota y entonces también a sus ejecutantes. Borghi tiene un discurso descontracturado que no es sólo de la boca para afuera, como una postura preciosista, sino llevada a la práctica por sus dirigidos.

El corazón del equipo está en el centro del campo, donde Néstor Ortigoza y Juan Mercier conformar un doble volante central que regula el funcionamiento de todo el conjunto. De ellos nace el inicio del ataque y la presión para la recuperación del balón cuando lo tiene el rival. Se entienden y complementan a la perfección, con Mercier con más responsabilidades en la marca y Ortigoza (dicho sea de paso, el mejor ejecutantes de penales del fútbol argentino) con mayor pista para acompañar los ataques.

Pero el Bicho tiene un talón de Aquiles y en un lugar demasiado sensible: el arco. Nicolás Peric es inseguro y sus recurrentes errores han significado goles que hasta aquí, de todos modos, no han tenido un alto costo. Es difícil que un equipo pueda ser campeón con un arquero tan frágil como el chileno.

Pese a sus méritos y virtudes, los de la Paternal no la tienen fácil. Corren de atrás, a un punto nada menos que de Estudiantes, el mejor equipo argentino. Apenas por debajo lo tienen a Independiente, el único grande que, al menos en este campeonato, ejerce de tal y al que recibirá en el Diego Armando Maradona en la anteúltima fecha. En la línea del Rojo también está Godoy Cruz, la revelación del certamen.

Coronar este gran torneo con el título es el deseo de todo Argentinos Juniors. No conseguirlo en nada opacaría una campaña excepcional, en la que suma 64 puntos y tiene prácticamente asegurado su regreso al plano internacional, clasificándose a la Copa Sudamericana, que se disputará en el segundo semestre del año. Borghi, hombre profundamente de la casa, logró un equipo que juega de acuerdo a su prédica; los buenos resultados se suman y los hinchas lo disfrutan. Aunque no llegue la gloria final, Argentinos ya ganó.
(Foto: Canchallena.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 19 de abril de 2010

Otro capítulo de la violencia en el fútbol

La decimoquinta fecha del Apertura se desarrolló con varios incidentes en los encuentros que se disputaron durante el fin de semana. No faltaron hechos de violencia explícita ni tampoco los mensajes intimidatorios, como lo son siempre las banderas colocadas en el centro de las tribunas populares. Esta vez se vieron en el seno de las hinchadas de Boca y River.

La 12 sentenció en letras azules sobre fondo amarillo “Martín Palermo, mi único héroe en este lío”, un claro respaldo al N° 9 en la disputa que mantiene con Juan Román Riquelme, quien en la última conferencia de prensa que brindó dio a entender claramente que había sufrido un apriete de ese grupo. El histórico goleador xeneixe siempre ha exhibido una deportividad ejemplar, con un profesionalismo que muchas veces lo llevó a extender y agregar jornadas de trabajo a las pautadas por los cuerpos técnicos, sin simulaciones ni reclamos de tarjeta para los adversarios, algo tan habitual en los últimos años del fútbol argentino. Sin embargo, su relación con la barra brava boquense, dedicándole goles, con visitas a líderes detenidos y participaciones en sus eventos para recaudar dinero, ha sido una mancha en su carrera.

Por su parte, Los Borrachos del Tablón colgaron una bandera en lo alto del Monumental que rezaba “Muñeco Gallardo ortiva y golpista”. Los reclamos de los barras a los jugadores siempre están referidos a las cuotas que pretenden cobrarles a los jugadores y ahí está la explicación al primer adjetivo: la negativa al aporte. Con la cercanía del Mundial el botín se incrementa y, entonces, la virulencia también. El segundo seguramente hacía alusión al rol del ídolo millonario en la salida de Reinaldo Merlo de la dirección técnica, en los primeros días de 2009.

En el estadio Diego Maradona, donde Chacarita hace de local, la derrota parcial 2 a 0 ante Atlético de Tucumán provocó la ira de una parte del público que descargó su furia contra los blindex y alambrados perimetrales. Aunque lo más grave ocurrió días antes del partido y en otros ámbitos. Primero fue la intimidante presencia de miembros de barra del conjunto de San Martín en los tribunales donde el ex juez Mariano Bergés fue sobreseído en el litigio que mantenía con Luis Barrionuevo, sindicalista y político que fuera presidente del Funebrero. En tanto, Walter Chichilo Acevedo, líder de la barra tucumana, fue detenido acusado de balear la Subjefatura de Policía.

Otro episodio similar ocurrió en Rosario, donde el día balearon la casa de una hermana de Roberto Pimpi Camino, justo cuando se cumplía un mes del asesinato del ex jefe de la barra leprosa en los tiempos de Eduardo López. Durante el clásico ante Newell´s, el día anterior, se habían producido incidentes en los sectores de cabinas, donde plateístas de Central agredieron a algunos periodistas.

En otro choque de rivales acérrimos, San Lorenzo y Huracán, hubo enfrentamientos entre parte de la parcialidad del Globo y la Policía. En tanto, en el último partido del domingo, hinchas de Vélez arrogaron butacas y varios de Racing pretendieron avanzar hacia su ubicación, para lo cual derribaron una reja divisoria y más tarde regresaron a su sitio haciendo equilibrio por una cornisa de la segunda bandeja del estadio Presidente Perón.

El fútbol argentino está enfermo de violencia, víctima de las sociedades entre dirigentes políticos, policías, dirigentes y barras bravas. Cada uno a su manera alimentó durante años un entramado que parece ahora imposible de desarticular. Los hinchas de a pie, con insultos, escupidas y vítores a los bravos también hacen su aporte. Claro que las responsabilidades no son las mismas y será tarea de quienes ocupan posiciones que implican tomas de decisiones obrar para que el fútbol deje de ser un espectáculo de alto riesgo.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua
Patinsua@gmail.com

lunes, 12 de abril de 2010

Messi sube la apuesta

Su permanente aparición en las tapas de todos los periódicos deportivos del planeta, los elogios que agotan sinónimos y las comparaciones con los máximos astros de la historia del fútbol mundial no lo cohíben. Lionel Messi se supera continuamente. Cuando ejecuta una actuación que se cree es lo máximo que puede exhibir, poco tarda en realizar otra faena que hace olvidar a la anterior. Abriga ese anhelo de superación constante que, contra lo que puede pensarse, no es patrimonio de todos los deportistas de elite. Estar en la cima no lo marea en absoluto. Adversario, escenario y circunstancia parecen ser siempre los mismos; juega como si estuviese en el patio de sus casa.

En esta temporada, en Barcelona, demostró su capacidad para desempeñarse en distintas posiciones de ataque. Fue extremo derecho, flotó detrás de los delanteros y, el último fin de semana, apareció como el hombre más adelantando del conjunto de Josep Guardiola en el derby ante Real Madrid. En todas rindió con aportes decisivos y lleva anotados 40 goles en la temporada. Voraz, ahora irá por el récord que estableció Ronaldo en el club de la Ciudad Condal: en la temporada 1996/1997, R9 hizo 47 goles en 49 partidos y se convirtió en el máximo anotador culé en una Liga con 34 conquistas en 37 encuentros disputados.

Casi todos sus tantos son golazos. Están -y son mayoría- los que a todas luces tienen el sello característico de su genialidad y también los que lo llevan oculto, como el que abrió el camino a la victoria ante el Madrid, en el Bernabeu. Bajó la pelota más con la cara que con el pecho y definió mordido con la derecha, pero en cada uno de los movimientos hizo lo que deseaba; primero logró desarticular la marca de Raúl Albiol haciéndolo pasar de largo y cuando Iker Casillas se desesperaba por taparle todos los ángulos aguardó ese instante eterno hasta que el arquero merengue sí cedió y optó por hamacarse hacia su izquierda para de derecha vulnerarlo a contrapié.

¿Podría hacer lo que hace en otro club que no sea este impresionante Barcelona? Probablemente no. ¿El conjunto blaugrana tendría el mismo brillo sin su N° 10? Seguramente tampoco. Messi descolla en un gran conjunto, como lo hicieron todos los grandes jugadores de la historia, porque, verdad de Perogrullo, los mejores futbolistas juegan en los mejores equipos.

Sea cual fuere su actuación y la de la selección argentina en el Mundial, Leo ha logrado, por lo pronto, un reconocimiento solamente alcanzado por otros dos futbolistas argentinos: ser considerado el mejor jugador del mundo. Amplía así el binomio que conformaban Alfredo Di Stéfano y Diego Maradona para convertirlo en una terna. Pelusa y la Saeta Rubia incluso están en el podio de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Los 22 años de la Pulga lo proyectan a ubicarse en ese olimpo.

Messi nunca será Maradona. Tal vez hasta llegue a superarlo futbolísticamente, pero nunca será la bandera que es Diego. Es cuestión, entre otras cosas, de personalidades, de tiempos distintos, de vínculos de identificación diversos. Entonces la comparación, aunque muchas veces inevitable, es poco o nada lo que aporta; menos aún cuando lo que oculta es una falsa antinomia. El deleite por la magia del hoy entrenador de la selección argentina y por la habilidad, desequilibrio y definición a máxima velocidad del rosarino no son excluyentes.

Los ojos del planeta deportivo están posados con tremenda expectativa sobre este duende que ejerce su arte en una cancha de fútbol. Él sube la apuesta y entonces cuanto se piensa que lo suyo no puede ser mejor vuelve a sorprender, una y otra vez.
(Foto: Lanueva.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 5 de abril de 2010

Finalmente, Simeone se fue de San Lorenzo

En su cruda y parabólica novela Una sombra ya pronto serás, el genial Osvaldo Soriano, sanlorencista de ley, le hace decir al gordo Coluccini, personaje central de esa historia sin bordes, que "hay que saber retirarse antes que el espectáculo se vuelva grotesco". Eso fue lo que entendió Diego Simeone tras la derrota 1 a 0 frente a Gimnasia, en el Nuevo Gasómetro, el último fin de semana. Los atronadores insultos que recibió exigiéndole que se vaya (también los hubo para jugadores y dirigentes) antes de que se consume la caída ante el Lobo seguramente terminaron por decidirlo a dejar su lugar. El descontento de los seguidores del Ciclón respondía a un equipo desorientado, a la deriva en las últimas posiciones y que sabe no tendrá competencia internacional en 2010, al igual que Boca y River.

El largo plazo es una quimera en el fútbol argentino. Ni dirigentes, ni técnicos, ni jugadores, ni mucho menos los hinchas creen en un proyecto que siente bases hoy para recoger sus mejores frutos mañana. El propio Cholo desestimó un trabajo de presente ganador y futuro más que promisorio al dejar Estudiantes. Un DT que esté cuatro o cinco temporadas el frente de un equipo en un imposible en nuestro medio y por eso Antonio Mohamed es presentado como un rara avis por llevar dos años al frente Colón.

Antes de que se que comenzara el Clausura, el ex capitán de la selección argentina adelantó que sería un campeonato cruel. Lo fue sin dudas para él. Con esa frase tal vez apuntaba a la histeria que implicaría un torneo que sería una obligación impostergable para los tradicionales grandes, ausentes en el pasado Apertura ganado por Banfield. Nunca logró que San Lorenzo plasme en la cancha sus ideas y eso lo hizo ingresar en una vorágine que culminó con un equipo anárquico.

Sus pasos por River y San Lorenzo desfiguraron la excelente imagen que había logrado en Estudiantes. Se trata de un animal futbolero, un hombre de gran apego al trabajo, de actualización constante, de reflexión permanente sobre el juego y sus distintas alternativas. Pero en su diatribas, siempre plenas de conceptos y con distintos blancos, se vislumbra el convencimiento de contar con algo así como una verdad relevada. Hay cierto fanatismo en Simeone y un posicionarse por encima de sus interlocutores, algo que practica como nadie el inefable José Mourinho, el portugués entrenador del Inter. Como fuera, Simeone deberá replantear sus últimas fórmulas, hacer una revisión introspectiva y frenar el vértigo con el que ha vivió hasta acá su carrera como entrenador.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 29 de marzo de 2010

La desfiguración de Simeone

Su despegue como entrenador daba indicios de un trayecto de muy alto vuelo. Rápidamente Diego Pablo Simeone había despertado merecidos elogios por el trabajo hecho, principalmente, en Estudiantes de La Plata. Sin embargo, optó por abandonar la segura ruta por la que transitaba para internarse en un laberinto en el que está cada vez más perdido. Hoy, al frente de San Lorenzo, el ex capitán de la selección argentina muestra una cara que en nada se emparenta con aquellos inicios, hace apenas menos de cuatro años, y el reconocimiento de ayer mutó en cuestionamientos.

Se calzó el buzo de DT del modo más vertiginoso posible. En Racing, club de sus amores de niño, en apenas un par de semanas cambió la indumentaria de futbolista por esos ya característicos ceñidos trajes italianos para dirigir al equipo en un momento por demás espinoso. Tras un inició a los tumbos logró encausar al equipo sobre el final de aquel Clausura 2006, pero la dirigencia académica culminó el maltrato que había iniciado adelantándole el retiro al señalarle la puerta de salida. El destino entonces fue el mejor posible al depositarlo en Estudiantes. Allí conformó un equipo aguerrido, dinámico, vertical, con orden y variantes que gritó campeón. Recién asomado a la dirección técnica era considerado un gran entrenador y su nombre aparecía como el más natural a la hora de proyectar el seleccionado tras Sudáfrica 2010. Pero obnubilado con las luces de la historia abandonó la ciudad de las diagonales para ir a River, al peor River de la historia, el de José María Aguilar. Fue el inicio de su desfiguración como DT.

Muchas veces son los propios técnicos quienes dinamitan los proyectos a largo plazo que reclaman y fomentan la histeria que critican. Así procedió el Cholo cuando mudó su trabajo de La Plata a Núñez, y el costo que pagó fue muy alto; de hecho aún no lo saldó. Miró el pasado, sin entender que institucional y futbolísticamente era mucho más lo que le ofrecía Estudiantes que River.

Pese a quedarse con el título -el último conseguido por los millonarios- en su primer torneo al frente de uno de los dos equipos más populares del país, jamás encontró el juego que pretendía. Inauguró una búsqueda permanente en la que perdió el rumbo y que comenzó a reflejarse en un vivir cada partido al borde de un ataque de nervios, en contrapunto con la tranquilidad de sus días platenses. A un título que de los 33 conseguidos por River seguramente fue el más opaco, siguió un último puesto que sí quedó en la historia.

El ideal de tener siempre un equipo ofensivo se volvió una obsesión desvirtuadora y así los esquemas flexibles que lo caracterizaron se volvieron disposiciones tácticas inverosímiles, con amontonamiento de delanteros y carencia de juego. Desde su llegada a Boedo, cada vez que el equipo comenzó en desventaja apresuró un juego desesperado, propio de un equipo a cinco minutos de una eliminación. Agotar los cambios con 40 minutos por delante, desequilibrar el equipo y avanzar -que no siempre es atacar- en terreno adversario desordenado aparecieron como marcas habituales. Todo eso se potencia en este San Lorenzo que no convirtió en siete de las once fechas que se llevan disputadas del torneo.

Sus días en San Lorenzo están contados. Se trata de una cuenta regresiva cuyo plazo máximo es el 16 de mayo, la última fecha del torneo, pero que a nadie podría extrañar llegase antes. El último fin de semana, en Sarandí, en la derrota 1 a 0 ante Arsenal, la gente estalló como nunca reclamando su salida.

En el Simeone actual no se puede reconocer a aquel que tuvo un arranque fulgurante como DT. Estudioso del futbol, de enorme experiencia como futbolista, su capacidad de conducción no esta en duda. Porque la demostró. Pero desde la partida de Estudiantes ingresó en una turbulencia de la cual no puede escapar. Reencontrar el rumbo es el desafío y si lo consigue será una gran noticia para el fútbol argentino, que recuperará así a un hombre que enriquece el medio.
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com