
Desde siempre hubo argentinos que, forzados por crisis, dictaduras o impulsados por crecimientos profesionales, cruzaron el Atlántico para radicarse en la tierra de sus antepasados. Pero lo cierto es que la mayaría de los que se fueron, volvieron y con una certeza: que lo ideal es una mixtura de lo argentino y lo europeo. Allá se extraña lo que acá y acá se extraña lo de allá.
En lo que al fútbol respecta el paralelismo se traza en la búsqueda de hermanar la impronta proteril del jugador argentino y la obediencia táctica y el profesionalismo de los europeos. Entonces el ideal aparece también en la combinatoria de lo de acá y lo de allá. Y ahí está Lionel Messi como consumación de ese modelo. La máxima promesa del fútbol mundial tiene la genética del fútbol criollo, pero llegó a Europa en el ingreso a la adolescencia, a un club como el Barcelona -con todo lo que ello implica-, y le agregó a su materia prima los mejores aditamentos del fútbol europeo.
El caso de Lionel Messi es la materialización del anhelo de muchos, tomando lo mejor de acá y lo mejor de allá, descartando lo peor de acá y lo peor de allá. Concretado en el fútbol y como una metáfora de lo social, Messi logró cumplir el sueño de muchos. La valoración, positiva o negativa, de lo que ese sueño, ese modelo ideal, implica queda para cada lector.