martes, 5 de junio de 2012

Messi enamora hasta a los descorazonados

La versión de Lionel Messi en el Barcelona no encontraba correlato en la selección argentina. El descollar constante con el conjunto catalán mutaba en chispazos vestido de celeste y blanco. Pero el crack rosarino siempre fue el punto más alto de los suyos; en el mejor equipo de la historia y en un conjunto errático por carencias colectivas. El contexto, indefectiblemente, condiciona.

Argentina nunca será el Barça, algo difícil de entender para muchos pero que Messi comprende y asimila para actuar en consecuencia. Sabe del edén de allá y el barro de acá, y está dispuesto a cambiar las alas por las botas en cada ocasión sin dejar en el camino el talento que lo hace el mejor de todos.

El aceitado esquema culé se alimenta en el trabajo del día a día y en una filosofía de juego forjada a través de los años desde la Masía hasta el primer equipo. El conjunto nacional es, en cambio, un ámbito esporádico (no por eso sin sentido de pertenencia), más apoyado en lo individual que en la función de conjunto desde que los distintos entrenadores que se han sucedido se limitaron a ser seleccionadores.

Los cuestionamientos que jamás surgieron en Europa proliferaban por estas latitudes. Se le exigió que por sí mismo mejorase a un equipo que arrastra años de frustraciones y carencias. Y lo hizo en buena medida, pero nunca parece alcanzar. Los cracks mundiales se han elevado siempre a tal rango en equipos de estirpe, en cuadros que pasaron a la historia junto con sus proezas individuales.

Pero Messi es, además, un talento tozudo; un futbolista con el amor propio necesario para ir siemrpe más allá. Entonces ganó el genio deslumbrante, el fulgurante brillo de cada una de sus intervenciones, la electricidad que corre por cada espectador cuando él toma la pelota. No podía ser de otra manera. Los incrédulos fueron cada vez menos después de cada partido del elenco nacional. El segundo tiempo ante Colombia y el partido frente a Ecuador, ambos por Eliminatorias, marcaron un quiebre; en Messi y en la gente. La Pulga ya enamora hasta a los descorazonados.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com