martes, 2 de diciembre de 2014

La medida Messi

El Balón de Oro es un premio de gran prestigio, pese a que cada vez más el trofeo aparece envuelto en un halo de intereses marketineros y lobbies empresariales. Por sus actuaciones en 2014, Lionel Messi fue considerado por octava vez consecutiva para integrar la terna de la cual saldrá el mejor futbolista del año para la FIFA y la revista France Football. El rosarino es el único que ganó cuatro veces el galardón y verá si el voto de los técnicos y capitanes de los seleccionados más los de un un grupo de periodistas se lo otorga por quinta vez.

No son pocos -y si lo son han hecho oír su voz- los que consideran que no fue un buen año del crack del Barcelona. La afirmación, que no deja de ser temeraria, solamente puede hacerse a partir de comparar a Messi con la mejor versión del propio Messi. En la carrera contra el resto, no dejó de ser el mejor.

Este año condujo a la selección argentina a la final de Brasil 2014, Mundial en el cual la FIFA lo condecoró como el mejor jugador del campeonato, y sostuvo el protagonismo del equipo catalán en España y en Europa. Además, recientemente estableció dos marcas que parecen destinadas a perdurar por décadas, sobre todo porque estirará sus números: se transformó en el máximo goleador de la historia de la liga española y de la Champions League. Al margen de sus más de 50 goles en el año y la estadística que establece números de época, Messi volvió a desplegar en 2014 ese juego que agotó elogios: definiciones imposibles, gambetas supersónicas, asistencias quirúrgicas y un prodigioso dominio de la pelota en cualquier circunstancia.

Después de haberlo ganado en 2009, 2010, 2011 y 2012, Messi competirá por un nuevo Balón de Oro con Cristiano Ronaldo y Manuel Neur. El portugués aparece como el favorito, para repetir su consagración de 2013; mientras que el arquero alemán campeón del mundo paga en las casas de apuestas 25 a 1. Ahí, en la gala de Zúrich, volverá a estar una vez más Lionel Messi, el mejor jugador del mundo; con o sin Balón de Oro.
(Foto: Sport.es)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 18 de noviembre de 2014

No hubo elogios anticipados, sino merecidos

A tres fechas del final del torneo, River marcha puntero y está en la víspera del primer superclásico de una serie de dos por un lugar en la final de la Copa Sudamericana. El final del año lo encuentra en plena disputa de dos frentes. No ha cedido protagonismo, pese a que su forma no es la misma que expuso en el inicio del semestre. El desgaste no implica, necesariamente, una crisis en su idea y ejecución de juego.

Los elogios que Marcelo Gallardo recibió en el inicio de su gestión al frente del equipo no fueron prematuros, sino merecidos. El Muñeco estableció desde su llegada una dinámica de juego que rompía con lo anterior. Logró en un brevísimo tiempo mejorar sustancialmente a un equipo campeón con una muy evidente idea colectiva que potenció individualidades y se robusteció desde esos destacados rendimientos personales. El entrenador logró una versión muy alta de algunos futbolistas de los que no era esperable que lo consiguiese.

De los últimos nueve puntos en disputa por el campeonato River apenas pudo rescatar uno. Se redujo su ventaja al mínimo y el próximo fin de semana irá a Avellaneda para enfrentar a Racing, su escolta y equipo que sumó 16 de los últimos 18 puntos que disputó. El momento determinante no tiene al Millonario en su mejor versión, pero ya demostró que tampoco la necesita para imponer condiciones y ganar; aunque con mayor esfuerzo, claro está.

El final del año implica además sobreponerse a adversidades propias, más allá de las que general los rivales que ya tomaron nota de las virtudes del equipo. Se trata de las ausencias dadas por las lesiones generadas por el desgaste físico, por sanciones disciplinarias pro las tarjetas y por la sesión de jugadores a los seleccionados, como ocurrió con Leonel Vangioni, Teófilo Gutiérrez y Carlos Sánchez.

Superclásico, defensa de la punta ante el escolta y otra vez ante Boca en el cruce decisivo. La hoja es de altísima exigencia. Tan cierto es que River no la afrontará con la misma frescura y potencia de las primeras fechas como que no ha dejado de ser el equipo más destacado. Su bajón no es crisis. Acaso le toque cerrar el año con las manos vacías, el fútbol sabe de esas muecas. Como sea, lo que hizo Gallardo con su equipo sigue mereciendo el elogio.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 28 de octubre de 2014

Una certeza que conlleva muchas dudas

De cara al año próximo, ya casi recibiéndolo, el fútbol argentino tiene algo en claro: su principal torneo lo jugarán 30 equipos. Sin embargo, todo lo que refiere a cómo se estructurará ese certamen despierta varias incógnitas que todavía no han sido dilucidadas.

No lo dicen públicamente, pero tampoco lo callan por lo bajo. La mayoría de los dirigentes de los clubes de Primera División sabe que fue un error haber apoyado la creación de un megatorneo. Deportivamente sin un atractivo especial y de difícil viabilidad económica, el futuro próximo presenta más interrogantes que certezas.

Sin posibilidades de volver sobre los pasos dados, la encrucijada se cierne entorno a qué formato darle al torneo. Se aprobó un cambio que tenía como único parámetro un crecimiento del 50 por ciento entre los clubes participantes de la máxima categoría del fútbol nacional. Todo lo demás no se sabía. Ni se sabe aún. El fallecido Julio Humberto Grondona había propuesto una Primera División agrandada, y sus propuestas eran órdenes. Los que entonces votaron sumisos ahora no saben cómo arreglar el desatino.

En el umbral del anteúltimo mes del año, la incertidumbre sobre cómo será la competencia en 2015 es total. En consecuencia, la planificación de los clubes se hace imposible. Los entrenadores y los dirigentes no pueden organizar la pretemporada por no saber cuándo comenzará el torneo y cuál será el formato del certamen. Tampoco se sabe si la temporada será anual o si el primer semestre del año próximo volverá a ser de transición para luego disputar el año futbolístico de agosto a junio, en línea con las ligas europeas. La incertidumbre sobre el principal torneo se extiendo consecuentemente a todos los del ascenso.

Tal vez un torneo de 30 equipos sea beneficioso para el nivel fútbol argentino, acaso potencie equipos menores y consolide a los de mayor jerarquía; incluso hasta económicamente incremente ingresos para tener una mayor torta para repartir con parámetros equitativos. No se sabe, se verá en el futuro. Lo que sí debería conocerse ya es cuál será el formato de un torneo que golpea la puerta.
(Foto: Clarin.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 30 de septiembre de 2014

El que fue y el que pudo ser


Gerardo Martino es el entrenador del seleccionado nacional, y Diego Simeone bien pudo haber ocupado ese lugar. El rosarino fue designado para guiar al equipo nacional en el inicio de la era post Julio Grondona y quien fuera el primer jugador en llegar a 100 partidos con la casaca celeste y blanca continúa al frente del Atlético de Madrid, club en el que generó una transformación excepcional. Cada uno observa y piensa el fútbol a su manera, pero con ideas que se entrecruzan y expresan con meridiana claridad conceptual cuando la charla se ahonda bajo superficial.

Eso fue lo que consiguió Cristian Grosso, uno de los mejores periodistas gráficos de la prensa deportiva argentina. Entrevistó a ambos protagonistas para el diario La Nación, en dos charlas de las que se desprendieron conceptos centrales del conductor albiceleste y del técnico argentino más exitoso en Europa.

Pese a contar con Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, y otros atacantes de elite mundial, como Ángel Di María, Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín, Martino postula que en un equipo con esas fortalezas “también hay que correr, hay que presionar y a veces hay que trabar con la cabeza”. Esa premisa de exigir el máximo esfuerzo, sin concesiones, explica parte del éxito de Simeone en España y Europa.

En un adelanto de lo que pretende para Argentina, el Tata expuso que su ideal sería “una síntesis entre la presión de la selección de Paraguay y el juego de Newell's”. Por su parte, Simeone valoró haber logrado “un estilo diferente al que se juega en España, basado especialmente en la impronta de Barcelona” y agregó que “con otras armas, con otras formas, igual se puede competir”. Contra la cátedra futbolística que muchas veces señala acusadora métodos y formas que le son ajenos, amplía el escenario: “No tenemos la verdad de nada, no hay una fórmula”.

Martino y Simeone profesan la comunión humana como punto de partida deportivo. “En Europa no importa si hay tanta cercanía, si somos tan amigos (…), pero yo creo que todos los emprendimientos que terminan bien tienen una solidez grupal”, asegura el DT campeón con Newell´s. “Se encontraron distintas personalidades pero con gustos afines por competir por lo mismo”, repasó el Cholo sobre el tránsito que lo llevo a ganar la liga española, la Europa League, la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Supercopa de Europa.

Sobre el vínculo con los futbolistas y lo que pretende al tenerlos bajo sus órdenes, Martino subrayó que le “importa mucho tener jugadores valientes para llevar adelante una propuesta que implica riesgos”. No le faltó osadía al plantel dirigido por Simeone, que logró en la capital española un equipo dispuesto a seguirlo a ultranza. En el convencimiento a cada futbolista y, a colación, en la confianza ciega de cada uno de ellos en el técnico se forjó el Atleti multicampeón. Esa búsqueda emprenderá Martino, el presente del seleccionado; la que logró Simeone, acaso el futuro del equipo nacional.
(Foto: Mundodeportivo.com - AP)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 5 de agosto de 2014

El final de una era que marcó a fuego el fútbol argentino

Con la muerte de Julio Humberto Grondona llegó a su fin un ejercicio de poder absoluto como pocas veces se conoció en cuestiones públicas. El fútbol hace mucho tiempo que dejó de ser solamente fútbol; en Argentina es un hecho cultural con grandes implicancias sociales. La pelota y los muchos satélites de fuertes interesen que orbitan entorno a ella se movían en un complejo equilibrio dominado por Don Julio, con un talento maquiavélico para el muñequeo político que no se hereda ni se enseña.

Durante 35 años mandó con mano de hierro de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) haciendo y deshaciendo a su entera voluntad, con la cintura y la habilidad necesarias para no confrontar con otras cúpulas, aliándose así a cada gobierno, fuese radical, peronista, aliancista, transversal o militar.

Extendió su influencia a una de las multinacionales más grandes del planeta: la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA). Era vicepresidente desde 1988 y el máximo responsable de sus finanzas, en un negocio que mueve la friolera de más de 1.000 millones de dólares por año. Tan relevante era su figura que fue el principal artífice de la llegada de Joseph Blatter a la presidencia. En un agradecimiento extendido en el tiempo, el suizo tomaba cada decisión solo con su aval; así, no dudó en cruzar el océano Atlántico para despedir los restos del adalid.

En la FIFA era la voz y la representatividad del fútbol sudamericano. Con el imperio europeo en la sede de Zúrich, no son pocos los que creen que la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) quedará muy relegada en el contexto mundial. Los directivos de la CSF dejaban todo en sus manos para defender los intereses de esta parte del mundo futbolero.

El hombre que fundó a Arsenal de Sarandí y presidió durante dos años a Independiente hizo de la AFA su feudo con marco legal. El estatuto de AFA le permitió nombrar a los miembros del Tribunal de Disciplina, el Colegio de Árbitros, el Tribunal de Apelaciones y el Consejo Federal. La división de tareas y criterios era una pantomima. Cualquier documento solo tenía validez con su rúbrica. El Comité Ejecutivo lo reelegía una y otra vez a partir sus 49 miembros, una síntesis poco democrática de los más de 4.200 clubes que aúna la casa matriz del fútbol argentino.

Armó un andamiaje para tener a todos comiendo de su mano. En la medida que los ingresos de la AFA se multiplicaban, crecían las deudas de los clubes. Las cuentas deficitarias eran una herramienta de dominación. Cuando una nueva dirigencia asumía en un club y se presentaba en el edificio de la calle Viamonte, era recibida con una lista de los cheques emitidos y adeudados. Hubo clubes quebrados y decenas concursados. Los grupos inversores encontraron margen para rapiñar en instituciones famélicas Además, amparó, protegió y acomodó en cargos internacionales a ex presidentes que hicieron las peores tropelías en sus clubes.

Los dirigentes más que sufrir el despotismo parecían admirarlo. Si Grondona fue una referencia para los hombres más poderosos del país, para los directivos del fútbol fue un dios mundano; tenían por él la misma devoción que los futbolistas profesan hacia Maradona. Sin embargo, como a rey muerto rey puesto, comienzan a escucharse voces de quienes eran mudos en el Comité Ejecutivo. Ahora sacan pecho, reclaman y señalan.

Durante más de dos décadas le entregó a una empresa privada la llave del mayor negocio, los derechos de televisión. Siderales ganancias erigieron un emporio desde la nada y el fútbol solo veía migas de lo que generaba al ser la materia primera y la manufactura. Los partidos y los goles fueron encerrados en cables y sistemas codificados. Un partido que se iniciaba el viernes antes de que cayese el sol recién podía verse poco antes de la medianoche del domingo. Nunca faltaron indicios para creer que Grondona y esa empresa eran un mismo elemento.

La violencia en el fútbol dejó en del debe de su gestión alrededor de 200 muertos y un sinfín de hechos delictuales cada fin de semana. Las barras bravas, asociaciones ilícitas, multiplicaron sus tentáculos. Lejos de ser un problema que debía ser resuelto solamente por el fútbol (la Justicia, las fuerzas de seguridad y la política también actuaron de modo pernicioso), de todas maneras procuró poner un velo que cubriese la cuestión, y por eso ni siquiera permitía en la sede de AFA el ingreso de los familiares de la víctimas para presentar un petitorio.

Su gran logro y su mejor carta de presentación fue la Selección. Defendió los procesos y puso al equipo nacional al tope de las prioridades en la cabeza de los futbolistas, los entrenadores y los dirigentes. Para su preparación creó primero y modernizó después un predio de primer nivel mundial. Extendió la lógica a los seleccionados juveniles, lográndose en su gestión seis títulos del mundo Sub-20. Sin embargo, la Selección dejó de ser su gran medalla a partir de 2006, cuando los partidos preparatorios del conjunto nacional fueron entregados a una empresa privada para su comercialización, los ciclos de los entrenadores dejaron de durar cuatro años y los combinados de menores fueron puestos en manos de entrenadores que no eran especializados. Así y todo, estuvo muy cerca de irse con un nuevo título del mundo.

Grondona manejó todo hasta el último día. Desde la elección del técnico de la Selección y el multimillonario negocia de la televisión hasta un corriente inconveniente en la Primera D eran resueltos a sus órdenes. “Esto lo arregla Julio” era la frase que se escucha muchas veces cada día en la AFA. Murió en su cargo y con plenos poderes, como más de una vez se había animado a anticipar. La sucesión está en marcha y es de esperar que sea virulenta. Es mucho lo que hay en juego. El fútbol argentino se encuentra entre la oportunidad de despegarse de viejos vicios y el peligro de profundizarlos.
(Fotos: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de julio de 2014

No se pudo, pero vale mucho

El resbalón en el último escalón da más pesar que haber perdido el equilibrio en el umbral de esa escalera que fue el Mundial. El dolor es profundo aunque no exista nada para reprocharse. Pese a haber dejado todo, perdura la idea de que podría haberse hecho algo más. Se instala la mueca por el error que no debió ser, por el detalle en el que no había que fallar. Fue muy importante lo que se consiguió, pero fue agrio el desenlace

En Brasil 2014, Argentina fue de menor a mayor, creció como equipo conforme aumentó la exigencia y recibió un golpe demoledor en el minuto 113 de la final. El gol de Mario Götze enterró la ilusión de bordar la tercera estrella. Pese a la tristeza por la derrota, hay que poner en medida el enorme valor haber vuelto a estar en una definición mundialista, la quinta en la historia del fútbol argentino tras las de 1930, 1978, 1986 y 1990.

Alemania fue el mejor equipo del campeonato, un conjunto producto de un proceso de casi una década; pero en el último partido del Mundial, en el choque por el título en el estadio Maracaná, Argentina fue más que el seleccionado germano. Como nunca, quedó demostrado que en la elite la diferencia la hacen los detalles, en los cuales la Selección no estuvo fina y los teutones fueron quirúrgicos. Una inmejorable en el tramo inicial del partido, otra en los pies del mejor jugador del mundo y una más en el alargue fueron las tres muy claras situaciones de gol que no capitalizó argentina. Alemania, perdonado, no perdonó.

Argentina viajó al Mundial con muchos interrogantes en la defensa y pleno de certezas en ataque. En Brasil la ecuación se invirtió y el equipo soldó una armadura en el fondo (el arquero, los cuatro defensores y el magnánimo Javier Mascherano) y perdió el fuego ofensivo que había sido su principal característica. Lionel Messi salvó al equipo en los tres partidos del grupo y en el choque de octavos de final. Ante Bélgica, en cuartos, jugó acaso como nunca para el equipo y mejoró el cuadro final con sus pinceladas únicas. En la semi y la final -instancias a las que se accedió por sus actuaciones precedentes- padeció la marca férrea y, sobre todo, la ausencia de compañeros con quienes generar un fluido diálogo futbolístico. Sufrió a lo largo del Mundial el bajo rendimiento y las lesiones de todos sus socios de ataque, lo cual quedó muy en evidencia en los últimos dos partidos.

Parecía un Mundial escrito para Argentina. Todo fue acomodándose de tal manera que el destino final no podía ser otro que la copa adornada con los colores celeste y blanco, como en 1978 y 1986. Pero no fue. Sin embargo, la Selección volvió un lugar del que se había alejado por casi un cuarto de siglo. Eso vale mucho.

(Foto: FIFA.com)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com