martes, 24 de mayo de 2016

La implosión

“El hombre es lobo del hombre”, escribió Thomas Hobbes en el siglo XVII. Con la osadía de parafrasear al filósofo inglés, podría decirse que la dirigencia del fútbol argentino es víctima de la dirigencia del fútbol argentino. La dilación en el cambio de mando en la AFA, la pretensión de crear de una liga autárquica y la escisión como amenaza velada nacen de un colectivo que se presenta como solución a los problemas que alimentó. Enfrentados en bandos, alistando voluntades y tejiendo apoyos políticos, los conductores de los clubes se lanzaron a un enfrentamiento en el que se señalan culpas pero no reconocen errores.

El caos suele ser el paso obligado tras un mando de hierro. Los 35 años de Julio Humberto Grondona como poder absoluto del fútbol argentino engendraron el turbulento desmadre en el que ahora se bambolea la pelota. La dirigencia actual es hija de ese período, heredera de una muy extensa lista de vicios y defectos pero huérfana de sus virtudes, que también las hubo, claro.

Los problemas no serán superados solo con mayores ingresos, porque el sistema se habituó a gastar más de lo que genera, sea que en las tesorerías de los clubes entren mil pesos o un millón. Las soluciones deben ser estructurales y las reglas taxativas, no con la flexibilidad de quien las acomoda a su gusto por estar de los dos lados del mostrador. Todos estos años, los dirigentes se han hecho trampa a sí mismos.

Habilitar el imperio de los cinco tradicionales grandes, como en el inicio del profesionalismo, sería contraproducente. Soslayar la importancia de estos clubes, los de mayor convocatoria, también sería un error. Habrá que conseguir el equilibrio, siempre difícil.

Es una mala señal que se observe como parámetro a la Liga Profesional de Fútbol de España, el certamen más desigual. Ningún torneo europeo es trasladable a nuestro ámbito. Sí puede tomarse alguno como modelo (acaso la Bundesliga o la Premier League) para adaptarlo a las particularidades del movimiento deportivo y cultural que constituye el fútbol argentino.

En la segunda mitad del año comenzará un torneo que se jugará de manera distinta al actual, que se diferencia del desarrollado el año pasado, también aquel diferente al del último semestre de 2014. Cuatro formatos distintos en cuatro ediciones consecutivas. Apenas un síntoma de un mal que todo lo toma.

El fútbol argentino implosiona por su mala conducción, por una estructura patriarcal y negociadora que sentó la bases para una inevitable peor etapa posterior. Comenzará un nuevo orden, la incógnita pasa saber si será una instancia superadora o repetirá los viejos errores.
(Foto: Infobae.com)
Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de abril de 2016

Lanús, el mejor de todos y la revancha de Almirón

Es el equipo que mejor juega en el torneo. El tramo final de la fase regular se le presenta como un camino llano y de paisaje diáfano. Su gran funcionamiento colectivo puede verse reflejado en la contundencia de los números de un campaña, hasta acá, superlativa: sacó 31 puntos de 36 posible (diez victorias, un empate y una derrota) y en 12 partidos marcó 23 goles y recibió solo seis.

En el particular torneo argentino (que por tercera edición consecutiva tiene un formato diferente, y que también será distinto del próximo), Lanús es el elenco de mejor funcionamiento. Y es también la gran revancha de Jorge Almirón. Después de un paso agitado por Independiente, estaba decidido a regresar al fútbol mexicano. Pero llegó el llamado de un club que, por su ordenamiento, es un territorio ideal para cualquier entrenador. “Quería tener una oportunidad más en Argentina, y me entusiasmó mucho que me llamen de un club del cual tenía las mejores referencias”, mencionó antes del inicio del torneo, cuando en la pretemporada moldeaba un equipo que ahora recoge un elogio tras otro.

Lanús es un equipo de ataque, ese es su rasgo principal. Se ensancha y desdobla para avanzar en bloque, generar opciones de pase y acomodar a sus delanteros (fundamentalmente a José Sand) en posición favorable de definición. Pero es un equipo que sabe resguardarse. Si el Independiente de Almirón tenía mandíbula de cristal, su Lanús sabe cómo mantener la guardia alta.

El buen funcionamiento de conjunto genera, y a la vez se nutre, de grandes rendimientos individuales. Entonces, apoyado en sus virtudes, el Granate se ilusiona con ser campeón argentino por segunda vez en su historia, y Almirón con conseguir su primer título como entrenador. 
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 15 de marzo de 2016

Adiós, Mariscal

Zaguero del equipo ideal del fútbol argentino de todos los tiempos, Roberto Perfumo ya era un mito en vida. Para todos, su muerte es la partida de un jugador de excepción; y para quienes tuvimos la suerte de tratarlo cotidianamente en el ámbito laboral significa la pérdida de una persona entrañable. En cada transmisión era uno más, sin ningún divismo, pero uno más al que jamás le faltaba una sonrisa o un comentario divertido. Era hipnótico escucharlo hablar con un café de por medio o en una sobremesa.

En el Racing multicampeón de la segunda mitad de los 60, en el Cruzeiro de Brasil, en el resurgir de River en los 70 y en la Selección argentina dejó una marca eterna. “Todos le dicen al jugador qué cosas debe hacer para convertirse en un profesional del fútbol. El problema es que, cuando le llega la hora del retiro, nadie le explica cómo dejar de serlo”, contó alguna vez. El retiro derivó en un tránsito depresivo que luego motorizó sus estudios de psicología social. Más tarde sumó algunas experiencias como técnico para luego dejar esa faceta. Sin un equipo a cargo, de todas maneras seguía muy conectado con el funcionamiento de los equipos y por eso llegó a ser instructor de FIFA.

“La verdad pasa por los futbolistas dotados de técnica, pero adaptados a una táctica”. “La práctica es lo único que hace aflorar el talento”. "Mejorar continuamente la técnica individual es la única forma que tiene un futbolista de aumentar su patrimonio, de hacerse más rico en técnica y en dinero”. Esas son algunas de las muchas sustanciosas frases que definían su mirada del fútbol.

Si su última versión como comentarista de partidos no era la mejor, vale entonces destacar que en los medios aportó una mirada diferenciadora desde su incursión a finales de los 70. Como analista del juego siempre se destacó, en radio, prensa escrita y televisión. Precisamente en la pantalla protagonizó uno de los mejor programas de análisis y entrevistas de los últimos años, Hablemos de fútbol, con Víctor Hugo Morales, en ESPN. Ahí patentó como saludo de despedida el clásico “abrazo de gol”.

La muerte lo sorprendió de repente, como ocurre tantas veces. Sus días transcurrían como siempre y su salud no había dado ninguna señal de alerta. Una de las habituales cenas con amigos marcó el desenlace, que llegaría tras una agonía que no se prolongó. Dejó su recuerdo para siempre, en letras de oro para la historia del fútbol, en una sonrisa de arrabal para quienes tuvimos la suerte de compartir tareas con él y en una vida de afectos con sus familiares y amigos.

Adiós, Mariscal.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 23 de febrero de 2016

El mejor, con los mejores

Barcelona es el mejor equipo del mundo. Hay quienes lo colocan en lo más alto de la historia del fútbol. Para otros ese lugar le corresponde a la versión de Pep Guardiola. Se anotan en la compulsa el Real Madrid de Di Stéfano, el Santos de Pelé, el Ajax de Cruyff o el Milan de Arrigo Sachi y los holandeses. Los debates a la hora de comparar conjuntos de distintas épocas no tienen comienzo ni final. Pero que el equipo de Luis Enrique es, hoy y desde hace rato, el mejor del globo se presenta como una verdad absoluta.

Lo mejor se construye con los mejores, y Barcelona tiene a futbolísticas únicos, insuperables cada uno en su rol. El funcionamiento colectivo es la matriz de sostén, pero lo que diferencia al equipo catalán del resto son sus individualidades. Sistema y nombres se retroalimentan el un círculo virtuoso.

Tiene al mejor centrodelantero del mundo, Luis Suárez. Goleador voraz, cada uno de los ochenta millones de euros que el club catalán pagó por el uruguayo configura una fabulosa inversión. Implacable frente al arco rival a partir de un repertorio pleno de recursos, es también un jugador de maniobra, que teje con suma prolijidad en el aceitadísimo juego de pases blaugrana. En cada contragolpe o ataque vertical elige la posición correcta para recepcionar la pelota o toma la mejor decisión si la lleva.

Tiene al mejor español del mundo, Andrés Iniesta. El artífice del fútbol cerebral, el hombre que parece tener el campo de juego parcelado en una cuadrícula para hacer correr la pelota como un geómetra. Lector superdotado del juego, nada se escapa a su visión periférica. Sereno ante el apremio y frío en los momentos calientes, su sensible dominio de la pelota aporta claridad en cada intervención.

Tiene al mejor mediocentro del mundo, Sergio Busquets. Conoce cada faceta del juego e interpreta de la mejor manera los distintos momentos de un partido. Sabe cuándo retroceder, cuándo avanzar, de qué manera presionar y cómo distender. Esclusa entre el ataque y al defensa, es dueño de un sector neurálgico y lo maneja con maestría.

Tiene al mejor brasileño del mundo, Neymar. El futbolista formado en Santos es un malabarista sumamente efectivo. Cada uno de sus lujos con la pelota tiene sentido para el juego. El virtuosismo con el que deslumbra está puesto en función de un ataque de conjunto. Indescifrable en la gambeta, a poco de cumplir 24 años su techo lo pondrá él mismo.

Tiene al mejor central del mundo, Piqué. Tiempista de excepción, no hay zaguero que lo supere en el juego de adelanto que exige el Barcelona. Defiende más cerca de la mitad de la cancha que de su área, en un sector muy amplio del terreno que cubre con inteligencia, destreza y decisión. Garantía de prolijidad en el primer pase y fuerte en el juego aéreo, es un bastión en la defensa del mejor ataque.

Y tiene al mejor jugador del mundo, Lionel Messi. El genio supremo, el hacedor de lo imposible. Si la pelota está en su dominio, no hay límites. Goles y más goles, cada uno mejor que el otro. Regates y zigzagueos que nadie puede detener. Messi solo compite contra él mismo; está en otra dimensión. La inigualable década del Barcelona se inició con su llegada al primer equipo y se mantiene hasta hoy. Pura causalidad.
(Foto: EFE/Alejandro García)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 19 de enero de 2016

El fútbol no sólo se alimenta de fútbol

Como deporte y fenómeno cultural, el fútbol atraviesa cualquier frontera y allana la escala social. En cambio, como ámbito laboral muta en un reducto de casta que resiste a los outsiders. Incluso prefiere evitar a los especialistas que se desarrollaron en otra disciplina, como a un médico deportólogo que venga del rugby o un kinesiólogo proveniente del voleibol. Todos aquellos que no son del palo deben destrabar varios cerrojos para ingresar a un mundo abierto hacia afuera y cerrado hacia adentro.

Distintos casos demuestran que el prejuicio suele ser infundado. En Primera División, Ariel Holan desarrolló un gran trabajo en el Defensa y Justicia. La mayor parte de su carrera como entrenador fue en el hockey y desembarcó en fútbol después de los 40 años para comenzar en el ámbito infantil y juvenil. En el mundo, hay otro muy buenos ejemplos. 

En el Mundial de Brasil, Louis van Gaal contó en el cuerpo técnico de Holanda con dos ex jugadores de hockey, Hans Jorritsma (también había sido parte de la delegación naranja en Sudáfrica 2010) y Max Reckers, quien lo acompañó luego al Manchester United. En Alemania, Bernhard Peters también pasó de una exitosa carrera en el hockey al fútbol. Trabajó junto a Jürgen Klinsmann y Joachim Löw y es considerado clave en el proceso que recorrió el juego de Alemania en los últimos años. Hoy se desempeña como director deportivo del Hamburgo, cargo que también desarrolló en otros clubes de la Bundesliga.

El principal ayudante de Josep Guardiola en el Bayern Múnich es Manel Estiarte, el mejor waterpolista español de la historia. Antes de lanzarse como entrenador y también cuando ya estaba al frente del Barcelona, Pep se reunió en distintas ocasiones con Julio Velasco, actual entrenador del seleccionado argentino de voleibol, para conocer su opinión sobre diversos temas. Consagrado en Italia, Velasco fue director deportivo de Lazio e Inter y la injerencia de su cargo también se extendía al fútbol. Incluso estuvo cerca de ser técnico del Milan.

A comienzos de la década del 80, convivían en Ferro Carlos Timoteo Griguol y León Najnudel. Quien estaba al frente del primer equipo de fútbol convocó al entrenador del equipo de básquetbol para que Gerónimo Saccardi, Juan Domingo Rocchia, Héctor Cúper, Adolfino Cañete y Alberto Márcico aprendiesen a cortinar y desmarcarse en los córners.

El fútbol profesional es un terreno específico, pero no por eso debería poner trabas a quienes desde otros deportes se acercan para hacer novedosos aportes. Porque, además, en ningún caso se trata de improvisados, sino de profesionales que han sabido desarrollarse en otro ámbito. El fútbol también puede enriquecerse desde otras vertientes.
(Foto: TycSports.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de enero de 2016

Goles nómadas

Ángel Labruna vistió la camiseta de River ininterrumpidamente durante dos décadas y el paraguayo Arsenio Erico jugó 11 años en Independiente. Se trata de los máximos artilleros de Primera División desde la instauración del profesionalismo. José Sanfilippo hizo más de 200 goles en San Lorenzo entre 1953 y 1962. Juan Carlos Cárdenas, el Chango, autor del tanto con el que Racing fue campeón del mundo, estuvo 10 años en la Academia desde su primer ciclo en 1962 hasta el tercero en 1976. Más cerca en el tiempo, Martín Palermo se convirtió en el máximo goleador de la historia de Boca con sus dos pasos en 1996-2000 y 2004-2011.

Hoy los protagonistas de los goles son nómades, no es posible ubicarlos con precisión en un estadio ni identificarlos con determinados colores. Cargan con sus botines y sus gritos de un destino a otro. Ponen en alta cotización sus conquistas y las negocian a la incuestionable medida de sus propios intereses. Son los tiempos que corren, con un fútbol de fronteras abiertas y representantes e intermediarios ávidos de transacciones de piernas.

Los cinco centrodelanteros que se desempeñan en nuestro medio y más goles hicieron en Primera División son Santiago Silva, José Sand, Rubén Ramírez, Mauro Óbolo y Mariano Pavone. Cuatro de ellos cambiaron de equipo para este año; solamente Óbolo continuará con el mismo escudo, el de Belgrano. En tanto, Mariano Pavone es el único que jugó más de dos temporadas seguidas en un mismo club, cuando permaneció seis años en Estudiantes al inicio de su carrera.

En menos de un año, el uruguayo Silva habrá vestido tres camisetas diferentes, de instituciones cercanas geográficamente: Lanús, Arsenal, y Banfield, donde afrontará su segundo ciclo. Además, pasó por Newell´s, Gimnasia, Boca y tuvo dos etapas en Vélez. En esos siete clubes hizo 106 goles en la máxima categoría. Si se toman en cuenta sus experiencias en Uruguay, Brasil, Alemania, Portugal e Italia, son 15 camisetas distintas las que lució Silva en 18 ciclos.

Desde su debut en Primera en 1999, José Sand jugó para Colón (dos pasos), River, Banfield, Lanús, Racing, Tigre, Argentinos Juniors y Aldosivi. Lleva 91 goles en la máxima categoría con ocho casacas diferentes. La mayoría, 50 en 67 partidos, fueron en el Granate, institución a la que regresó para el torneo que comenzará el mes próximo. Solamente en el Bicho no pudo marcar. Además, en el ascenso estuvo en Independiente Rivadavia de Mendoza, Defensores de Belgrano y Boca Unidos, mientras que fuera del país recorrió canchas en Brasil, España, México y Emiratos Árabes.

Temperley será el sexto equipo para Rubén Ramírez en la elite del fútbol argentino. El conjunto del sur del Gran Buenos Aires es la nueva morada de los hasta aquí 89 goles que antes habitaron en Colón (dos veces), Racing, Banfield, Godoy Cruz y Quilmes. Tiro Federal y Audax en Chile completan el recorrido en la trayectoria del santafesino de Margarita.

Mauro Óbolo continuará en Belgrano, donde buscará acrecentar su cifra goleadora en Primera. Lleva 84 tantos convertidos en Vélez (tres ciclos), Lanús, Arsenal, Godoy Cruz y el Pirata cordobés (dos etapas). Sus goles también tuvieron vuelo internacional en Italia, España, Suecia y Chile.

Después de 15 partidos en Racing, Mariano Pavone comienza el año en el mismo lugar donde lo había hecho en 2015, Vélez. Antes de sus pasos por Avellaneda y Liniers, el bonaerense oriundo de Tres Sargentos pasó por Estudiantes, Lanús y River para totalizar 79 goles. Otros 51 los celebró en el Betis español y el Cruz Azul mexicano.

Valor preciado en todas las latitudes, los goles del fútbol argentinos saltan de un club a otro, se pierden en paisajes lejanos y regresan sin melancolía. Cambian de colores pero no se extinguen. Los clubes van detrás de sus portadores. Así, hoy son suyos y mañana de otro. Los hinchas celebran los goles de quien en el pasado fue su verdugo y sufren los quien en el futuro puede ser su goleador.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com