martes, 30 de agosto de 2016

El imprescindible

Todavía no había debutado en River cuando en julio de 2003, un mes después de cumplir 19 años, le llegó la oportunidad de su estreno en el seleccionado nacional. Marcelo Bielsa fue el primero de los ocho técnicos que considerarían a Javier Mascherano para el equipo nacional. Luego mantendría su lugar en las formaciones de José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino y ahora Edgardo Bauza, el nuevo entrenador de Argentina.

Inteligencia táctica, capacidad técnica, despliegue físico y la virtud del ordenamiento colectivo son algunas de las características que lo transformaron en un imprescindible; uno de los pocos en la Selección. En ese ideal de un equipo en el que todos defiendan y también todos ataquen, el jugador del Barcelona se involucra como ningún otro en ambas facetas. Es tan capaz de desactivar el peligro con un quite parado de último hombre como de dar el pase para poner a un compañero delante del arquero rival.

Si Mascherano disputa los partidos frente a Uruguay (el que marcará el debut de Bauza) y Venezuela en la doble fecha de Eliminatoria habrá llegado a los 131 encuentros con Argentina. Esa marca lo deja no tan lejos de la establecida por Javier Zanetti, que con 145 encuentros ostenta el primer lugar del podio de presencias.

Haber sido convocado por ocho técnicos al seleccionado es un récord que marca la valía de Mascherano y la desorganización del fútbol argentino. En los 30 años que transcurrieron entre 1974 y 2004 Argentina tuvo cinco entrenadores (César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Alfio Basile, Daniel Alberto Passarella y Marcelo Bielsa), mientras que en los últimos 12 se sucedieron siete. Así, desde hace más de una década los ciclos de los técnicos en el seleccionado promedian menos de 2 años.

En los turbulentos cambios de conducción, Mascherano nunca dejó de ser un futbolista sin reeemplazo. Así lo consideró Bielsa en el rearmado de su equipo después del Mundial 2002 y así lo considera Bauza rumbo a Rusia 2018.
Foto: Clarin.com.ar

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de julio de 2016

La Selección a la deriva

Para elegir a su nuevo entrenador, el fútbol argentino parte relegado. Asume que no puede apuntar a la excelencia a la hora de buscar al nuevo conductor del equipo nacional tras la renuncia de Gerardo Martino. Así se desprende de las palabras de Nicolás Russo, quien aseguró que “pensar en Bielsa, Sampaoli o Simeone es una locura”. Para el presidente de Lanús esos tres técnicos “son inalcanzables para la realidad económica de la Asociación del Fútbol Argentino”.

Si el dinero es una limitación (la AFA llegó a mantener una deuda de siete meses de salario con Martino), acaso la mayor barrera tenga que ver con la maltrecha estructura a disposición. La implosión dirigencial inundó la isla que hasta hace poco había sido el equipo nacional. “Qué desastre son los de la AFA”, explotó en las redes sociales Lionel Messi en plena Copa América Centenario. El mejor jugador del mundo adelantó entonces que al finalizar el certamen expondría los motivos de su enojo, explicación que no llegó tras el impacto del anuncio de su renuncia al seleccionado.

A partir de la intervención de hecho en la AFA con la figura de la Comisión Normalizadora presidida por Armando Pérez, de excelente gestión en Belgrano, comenzó a barajarse una posibilidad impropia de un equipo de la envergadura del seleccionado argentino: contratar un tiempo de medio tiempo. La muy improbable figura de un técnico que lo sea a la vez de un equipo y del representativo nacional es la que más expone el deterioro y cómo se le baja el precio a la Selección.

Sin técnico en la mayor y con los seleccionados juveniles desmantelados (el Sub-20 acaba de partir a una gira con un cuerpo técnico prestado por Lanús), el equipo olímpico quedó a cargo de Julio Olarticoechea, porque era el único entrenador que la AFA tenía contratado. Después de integrar distintos cuerpos técnicos en las Sub-20, 18, 17 y 15, en el selectivo para jugadores menores de 23 años del ascenso y en la selección femenina panamericana, el Vasco quedó entonces al frente del equipo que competirá en Río de Janeiro 2013. Incluso, si la excursión carioca es exitosa y la definición en la elección del nuevo técnico se dilata, el campeón del mundo en México 86 podría conducir a la mayor en la doble fecha de eliminatoria de septiembre, frente a Uruguay y Venezuela.

Con una dirigencia generadora y multiplicadora de problemas, una competencia doméstica de luces y sombras en un nivel que no se ha elevado, la Selección era el escudo del fútbol argentino. Esa nave insignia hoy está a la deriva.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 28 de junio de 2016

El estigma y la partida

El dolor por otra final perdida solamente se apaciguó con una tristeza todavía mayor, la concreción de la pesadilla más temida: no contar más con Lionel Messi en el seleccionado. Después de otro título que se le escurrió como jugador del conjunto nacional, el mejor del planeta anunció su alejamiento. El héroe acusa el golpe recibido por un equipo que parece víctima de un maleficio que no le permite cortar una racha adversa de más de dos décadas, la peor de su historia..

En los 26 años transcurridos desde 1990 Argentina disputó diez finales y perdió ocho, las últimas siete de manera consecutiva, tres en los 24 meses que van de junio de 2014 a hoy. La de la Copa América Centenario agiganta el karma. Es posible encontrar explicaciones en el juego, realizar análisis tácticos y contemplar aspectos organizativos de cada una de las caídas enfiladas una tras otra. Pero las finales de las Copas América de 2004, 2007, 2015 y 2016, la del Mundial 2014, la de la Copa Rey Fahd 1995 y la del torneo en el cual derivó aquella competencia saudí, la Copa de las Confederaciones, en el año 2005 no pueden ser enhebradas por un consecuente hilo conductor. El destino del equipo nacional parece hechizado para arrodillarlo una y otra vez en la derrota que más duele.

Una nueva frustración, otra vez ante Chile, como el año pasado en Santiago pero esta vez en Estados Unidos, tiene razones futbolísticas, claro; pero también hay que contemplar el aspecto psicológico y emocional. No podrá saberse cuánto le pesó a este grupo de jugadores las dos finales que había perdido en los últimos dos años y el lastre de la acumulación de 23 años sin vueltas olímpicas.

La a caída por penales en Nueva Jersey tuvo como epílogo una mucho más profunda en el anuncio de Lionel Messi. “La Selección no es para mí. Ya está, es por el bien de todos. Lo intenté mucho, son cuatro finales. Lamentablemente no se dio lo que más buscaba que era un título con la Selección”, pronunció lacónico al abrirse la puerta del vestuario. Y se fustigó injustamente: “Es una tristeza grande y encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo hacerlo para sacar diferencia”. Antes de arrodillarse y enterrar el rostro en el césped, de hundirse en el banco de suplentes y de llorar por otra copa que se escapó, el rosarino había hecho en la cancha todo lo que le era posible. Siempre rodeado por cuatro adversarios y golpeado artera y sistemáticamente para no prosperar en el campo, de todas maneras era, como siempre, la llave maestra del ataque.

Ese fútbol de dirigentes que terminaron de dinamitaran la AFA y empobrecieron los clubes, de barrabravas delictivas y plateístas desbocados, de estadios sin visitantes, de un Tribunal de Disciplina penoso, ese fútbol que indujo a poner todo bajo la lupa de la sospecha acaso no se merezca a Messi. Pero lo necesita, imperiosamente, depende casi absolutamente de una cabeza capaz de procesar la mejor jugada en una mínima fracción y de uno pies para ejecutarla con una maestría sin igual.

Messi no es ninguno de los problemas de la Selección. Es, por el contrario, todas sus soluciones. Su renuncia, como toda decisión personal, no puede ser cuestionada. Resta esperar que no sea definitiva, que se trate de un tiempo de oxigenación y recarga para que el seleccionado vuelva a gozar con el privilegio de tener a uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.
(Foto: Elpais.com / AFP-Nicholas Kamm)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 31 de mayo de 2016

Campeón total

Será un título para recordar el de Lanús, porque hacía mucho tiempo que un campeón no marcaba tanta diferencia con el resto. La goleada 4-0 ante San Lorenzo en la final evidenció la enorme distancia entre ambos conjuntos, tan amplia como la que el Granate había establecido en la Zona 2. Fue una consagración de reivindicaciones. Para el club, porque esta nueva vuelta olímpica lo ratifica como la institución deportiva que más creció en los últimos 35 años; y para Jorge Almirón, porque armó un conjunto de alta gama después de su turbulento paso por Independiente.

Fue cuantitativa y cualitativamente el mejor. Desde los números, a partir de la contundencia de haber sido el equipo que más partidos ganó (13), el que menos perdió (2), el que más goles hizo (32) y el que menos recibió (10). Desde el juego, tuvo una extraordinaria dinámica para alimentar su voracidad ofensiva con el avance en bloque de sus futbolistas y para compactarse en retroceso y así guarecerse. Un equipo completo, que atacó muy bien y se defendió muy bien, que tuvo un alto poder de fuego y estableció una sólida muralla.

Un funcionamiento colectivo casi sin fisuras es el respaldo indispensable para el desataque individual. Así apareció la valía de Fernando Monetti, la vigencia de Maximiliano Velázquez, la jerarquía de Gustavo Gómez, la electricidad de Lautaro Acosta y José Luis Gómez, el aplomo de Iván Marcone y los goles de José Sand, el máximo ídolo en la historia granate.

Cada paso que Lanús dio en el campeonato fue para mejorar todavía más su propia forma y alejarse de sus posibles competidores. Los dejó a todos muy atrás de sus efectiva y vistosa línea de juego. Argentina tiene un campeón de fútbol total.
(Foto: Lanacion.com.ar - Fabián Marelli)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 24 de mayo de 2016

La implosión

“El hombre es lobo del hombre”, escribió Thomas Hobbes en el siglo XVII. Con la osadía de parafrasear al filósofo inglés, podría decirse que la dirigencia del fútbol argentino es víctima de la dirigencia del fútbol argentino. La dilación en el cambio de mando en la AFA, la pretensión de crear de una liga autárquica y la escisión como amenaza velada nacen de un colectivo que se presenta como solución a los problemas que alimentó. Enfrentados en bandos, alistando voluntades y tejiendo apoyos políticos, los conductores de los clubes se lanzaron a un enfrentamiento en el que se señalan culpas pero no reconocen errores.

El caos suele ser el paso obligado tras un mando de hierro. Los 35 años de Julio Humberto Grondona como poder absoluto del fútbol argentino engendraron el turbulento desmadre en el que ahora se bambolea la pelota. La dirigencia actual es hija de ese período, heredera de una muy extensa lista de vicios y defectos pero huérfana de sus virtudes, que también las hubo, claro.

Los problemas no serán superados solo con mayores ingresos, porque el sistema se habituó a gastar más de lo que genera, sea que en las tesorerías de los clubes entren mil pesos o un millón. Las soluciones deben ser estructurales y las reglas taxativas, no con la flexibilidad de quien las acomoda a su gusto por estar de los dos lados del mostrador. Todos estos años, los dirigentes se han hecho trampa a sí mismos.

Habilitar el imperio de los cinco tradicionales grandes, como en el inicio del profesionalismo, sería contraproducente. Soslayar la importancia de estos clubes, los de mayor convocatoria, también sería un error. Habrá que conseguir el equilibrio, siempre difícil.

Es una mala señal que se observe como parámetro a la Liga Profesional de Fútbol de España, el certamen más desigual. Ningún torneo europeo es trasladable a nuestro ámbito. Sí puede tomarse alguno como modelo (acaso la Bundesliga o la Premier League) para adaptarlo a las particularidades del movimiento deportivo y cultural que constituye el fútbol argentino.

En la segunda mitad del año comenzará un torneo que se jugará de manera distinta al actual, que se diferencia del desarrollado el año pasado, también aquel diferente al del último semestre de 2014. Cuatro formatos distintos en cuatro ediciones consecutivas. Apenas un síntoma de un mal que todo lo toma. La organización del fútbol argentino hace agua en todas facetas; incluso en la Selección, histórico escudo de la dirigencia.

El fútbol argentino implosiona por su mala conducción, por una estructura patriarcal y negociadora que sentó la bases para una inevitable peor etapa posterior. Comenzará un nuevo orden, la incógnita pasa saber si será una instancia superadora o repetirá los viejos errores.
(Foto: Infobae.com)

Patricio Insua

patinsua@gmail.com

martes, 26 de abril de 2016

Lanús, el mejor de todos y la revancha de Almirón

Es el equipo que mejor juega en el torneo. El tramo final de la fase regular se le presenta como un camino llano y de paisaje diáfano. Su gran funcionamiento colectivo puede verse reflejado en la contundencia de los números de un campaña, hasta acá, superlativa: sacó 31 puntos de 36 posible (diez victorias, un empate y una derrota) y en 12 partidos marcó 23 goles y recibió solo seis.

En el particular torneo argentino (que por tercera edición consecutiva tiene un formato diferente, y que también será distinto del próximo), Lanús es el elenco de mejor funcionamiento. Y es también la gran revancha de Jorge Almirón. Después de un paso agitado por Independiente, estaba decidido a regresar al fútbol mexicano. Pero llegó el llamado de un club que, por su ordenamiento, es un territorio ideal para cualquier entrenador. “Quería tener una oportunidad más en Argentina, y me entusiasmó mucho que me llamen de un club del cual tenía las mejores referencias”, mencionó antes del inicio del torneo, cuando en la pretemporada moldeaba un equipo que ahora recoge un elogio tras otro.

Lanús es un equipo de ataque, ese es su rasgo principal. Se ensancha y desdobla para avanzar en bloque, generar opciones de pase y acomodar a sus delanteros (fundamentalmente a José Sand) en posición favorable de definición. Pero es un equipo que sabe resguardarse. Si el Independiente de Almirón tenía mandíbula de cristal, su Lanús sabe cómo mantener la guardia alta.

El buen funcionamiento de conjunto genera, y a la vez se nutre, de grandes rendimientos individuales. Entonces, apoyado en sus virtudes, el Granate se ilusiona con ser campeón argentino por segunda vez en su historia, y Almirón con conseguir su primer título como entrenador. 
(Foto: Infobae.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com