martes, 29 de noviembre de 2016

Chapecoense, del sueño de campeón a la peor tragedia

El milagro de los seis sobrevivientes no compensa el luto por los 71 muertos. Las imágenes de alegría del plantel del Chapecoense registradas dentro del avión tuvieron como trágico correlato las del fuselaje destrozado en las montañas de Medellín. El plantel del modesto club brasileño pereció al estrellarse el vuelo chárter de la empresa Lamia que lo trasladaba a Colombia para disputar la final de la Copa Sudamericana ante Atlético Nacional.

Sin haberse realizado todavía los peritajes correspondientes, expertos en aviación alertaron que el motivo del accidente seguramente haya sido el que parecería más inverosímil: falta de combustible. Restaban cerca de 60 kilómetros (menos de 5 minutos de vuelo) para el aterrizaje cuando la nave se apagó por completo. La autonomía del Avro Regional Jet 85 matrícula CP2933 apenas alcazaba para cubrir el trayecto entre Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, (donde había hecho la escala técnica desde San Pablo, Brasil) y la región colombiana de Antioquia.

Chapecoense es un club que se fundó hace menos de 45 años y en los últimos seis había logrado llegar desde la cuarta división del fútbol brasileño hasta la final de un torneo continental, en el cual había eliminado a Independiente y San Lorenzo. Ante lo sucedido, los dirigentes y jugadores de Atlético Nacional, quien sería su rival en las finales, pidieron públicamente que la Conmebol declare al Verdão do Oeste campeón de la edición 2017 de la Copa Sudamericana.

Futbolistas, cuerpo técnico y directivos del equipo murieron por el impacto de la caída, lo mismo que los periodistas, allegados y la tripulación que completaba. La amplificación que genera el deporte, el fútbol en particular, y la magnitud de la tragedia replicaron las muestras de dolor, afecto y condolencias por todo el mundo. El sueño de un equipo y decenas de historias particulares quedaron truncas en un instante fatal. 
(Foto: Goal.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 18 de octubre de 2016

Selecciones de bajo costo

Cuando la Selección del mejor futbolista del planeta y varias de las figuras de los equipos más poderosos del mundo salió a buscar un entrenador, lo hizo revisando los bolsillos. Desde la AFA, intervenida bajo la pátina de la Comisión Normalizadora encabezada por Armando Pérez, se había advertido rápidamente que los técnicos argentinos más encumbrados estaban fueran de las posibilidades por falta de dinero. La misma lógica se aplicó para los abandonados seleccionados juveniles, para los cuales se convocó a la presentación de proyectos y luego se les preguntó a los candidatos el presupuesto que requerían para su cuerpo técnico.

Así, por una puerta entreabierta ingresó Edgardo Bauza y por la ventana entró Úbeda, que fue nombrado al frente del Sub 20 pese a que no había presentado ningún proyecto (la AFA había recibido 44) ni contaba con experiencia en la categoría. Mientras que la mayor necesita clasificarse al Mundial de Rusia (la única vez que Argentina quedó margina por una Eliminatoria fue en México 1970), los equipos juveniles deberán reinventarse desde el más absoluto abandono.

El debut del Patón había sido ideal, con un valioso triunfo ante Uruguay y porque con la casaca número 10 y el brazalete de capitán había estado Lionel Messi. Ese partido por Eliminatorias en el estadio mundialista de Mendoza había sido el primer partido después de la derrota en la final de la Copa América Centenario, tras la cual el rosarino había anunciado su alejamiento del equipo nacional. Que finalmente no se hubiese producido el alejamiento y Messi estuviese en el estreno del nuevo ciclo fue una bendición para Bauza.

Pero la ausencia por lesiones en los siguientes tres partidos del futbolista insuperable expuso todas las rajaduras del equipo. Fueron empates con Venezuela y Perú y derrota frente a Paraguay en malas actuaciones, sin funcionamiento colectivo ni respuestas individuales. Acaso el mayor interrogante en esos encuentro fue si el técnico puso formaciones con el estilo que él prefiere.

Después esas tres fechas, previas a los próximos exigentes encuentros, frente a Brasil y Colombia, Bauza tuvo dos actos reflejo desafortunados. Primero, en una entrevista televisiva, prometió lo único que un entrenador de ninguna manera puede garantizar: ser campeón. Más tarde, aseguró que a los futbolistas les gusta jugar en la Bombonera, algo que no tendría nada de malo, conocida la especial vibración que emana de ese estadio, sino fuera porque podría verse entrelíneas que las malas producciones anteriores respondieron en alguna medida a los escenarios que las albergaron. Acaso lo hizo por sentirse, ya de entrada, cuestionado. Su ciclo apenas germina, necesita tiempo para sumar entrenamientos y encontrar a los mejores intérpretes para la línea de juego que pretende.

El descalabro que es el fútbol argentino llegó a donde nunca se pensó que se iba a llegar, a las selecciones nacionales. Es difícil esperar la solución de los mismos dirigentes que llevaron a esta situación. La AFA es tierra arrasada. Ocurre que, aún pese a todo, el inagotable surgimiento de futbolistas de jerarquía evita la implosión completa. El fútbol argentino parece resistir solamente a partir de sus jugadores. 
Foto: Lanacion.com.ar

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 27 de septiembre de 2016

Rómulo, Remo y Totti, los padres de Roma

Es uno de los mitos fundadores de Roma, ciudad que lo venera; aun con la resistencia lacial. A diferencia de sus hermanos Rómulo y Remo, a él no lo amamantó Luperca en el Monte Palatino, su alimento fue provisto siempre por una pelota. Los festejos de sus primeros goles estuvieron retratados con cámaras fotográficas analógicas que obturaban la imagen en un rollo de celuloide. Entre los últimos, él mismo se encargó del retrato con un smartphone y segundos después la instantánea ya circulaba por todo el planeta. Francesco Totti es parte del fútbol de ayer, de hoy y de siempre. Acaso encarna mejor que nadie el arquetipo del futbolista, el estereotipo del jugador.

Más de la mitad de su vida transcurrió como futbolista profesional del único club de su carrera, la Roma. Debutó a los 16 años y se convirtió en una institución dentro de otra. Dos días antes de cumplir 40 años convirtió su gol 250 en Serie A, más de dos décadas después de su primer grito en la primera división italiana. En la historia de los máximos anotadores del Calcio solo marcha detrás de Silvio Piola, goleador sepia que marcó 274 tantos en la primera mitad del siglo pasado.

De sus 24 temporadas con los colores de su corazón, la más gloriosa fue la 2000-2001, cuando la Roma consiguió el que hasta acá es su último Scudetto. El goleador de aquel torneo fue Omar Batistuta y también era parte del plantel otro ídolo romano, Abel Balbo. En su vínculo con los argentinos (también fue compañero de Roberto Trotta, Walter Samuel, Guillermo Burdisso, Gabriel Heinze, Fernando Gago y Erik Lamela, entre otros), ninguno fue tan conflictivo como el que tuvo con Carlos Bianchi cuando el entrenador lo dirigió a mediados de los 90. "No lo soportaba. Quiso que me cedieran a la Sampdoria y si me hubiera ido no habría vuelto a este club, que es mi casa y mi vida. Ese señor no me permitía vivir el sueño que yo quería", declaró varios años después sobre el técnico.

Campeón del mundo con Italia en el Mundial de 2006 y de Europa en 2000, su último partido con la selección de su país fue hace 10 años. Vestido con la casaca azzurra alcanzó los máximos logros mientras paseaba su talento. Pero en su piel siempre estuvieron pintados los colores de la Roma.

Cuando debutó en el estadio Rigamonti ante el Brescia, Lionel Messi empezaba primer grado en Rosario. "Hola Francesco, sólo quería desearte un muy feliz cumpleaños. Espero que tengas un día maravilloso. Siempre te he admirado y más incluso desde el día en que te conocí. ¡Un abrazo fuerte!", fue el saludo del mejor del mundo en un video.

Con patente de leyenda desde hace, Francesco Totti sigue paseando su talento por las canchas italianas. Dosificado, conserva un juego tan estético como eficaz, el mismo que comenzó a despuntar a los 16 años y todavía mantiene a los 40. El jugador eterno de la ciudad eterna.

martes, 30 de agosto de 2016

El imprescindible

Todavía no había debutado en River cuando en julio de 2003, un mes después de cumplir 19 años, le llegó la oportunidad de su estreno en el seleccionado nacional. Marcelo Bielsa fue el primero de los ocho técnicos que considerarían a Javier Mascherano para el equipo nacional. Luego mantendría su lugar en las formaciones de José Pekerman, Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino y ahora Edgardo Bauza, el nuevo entrenador de Argentina.

Inteligencia táctica, capacidad técnica, despliegue físico y la virtud del ordenamiento colectivo son algunas de las características que lo transformaron en un imprescindible; uno de los pocos en la Selección. En ese ideal de un equipo en el que todos defiendan y también todos ataquen, el jugador del Barcelona se involucra como ningún otro en ambas facetas. Es tan capaz de desactivar el peligro con un quite parado de último hombre como de dar el pase para poner a un compañero delante del arquero rival.

Si Mascherano disputa los partidos frente a Uruguay (el que marcará el debut de Bauza) y Venezuela en la doble fecha de Eliminatoria habrá llegado a los 131 encuentros con Argentina. Esa marca lo deja no tan lejos de la establecida por Javier Zanetti, que con 145 encuentros ostenta el primer lugar del podio de presencias.

Haber sido convocado por ocho técnicos al seleccionado es un récord que marca la valía de Mascherano y la desorganización del fútbol argentino. En los 30 años que transcurrieron entre 1974 y 2004 Argentina tuvo cinco entrenadores (César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo, Alfio Basile, Daniel Alberto Passarella y Marcelo Bielsa), mientras que en los últimos 12 se sucedieron siete. Así, desde hace más de una década los ciclos de los técnicos en el seleccionado promedian menos de 2 años.

En los turbulentos cambios de conducción, Mascherano nunca dejó de ser un futbolista sin reeemplazo. Así lo consideró Bielsa en el rearmado de su equipo después del Mundial 2002 y así lo considera Bauza rumbo a Rusia 2018.
Foto: Clarin.com.ar

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de julio de 2016

La Selección a la deriva

Para elegir a su nuevo entrenador, el fútbol argentino parte relegado. Asume que no puede apuntar a la excelencia a la hora de buscar al nuevo conductor del equipo nacional tras la renuncia de Gerardo Martino. Así se desprende de las palabras de Nicolás Russo, quien aseguró que “pensar en Bielsa, Sampaoli o Simeone es una locura”. Para el presidente de Lanús esos tres técnicos “son inalcanzables para la realidad económica de la Asociación del Fútbol Argentino”.

Si el dinero es una limitación (la AFA llegó a mantener una deuda de siete meses de salario con Martino), acaso la mayor barrera tenga que ver con la maltrecha estructura a disposición. La implosión dirigencial inundó la isla que hasta hace poco había sido el equipo nacional. “Qué desastre son los de la AFA”, explotó en las redes sociales Lionel Messi en plena Copa América Centenario. El mejor jugador del mundo adelantó entonces que al finalizar el certamen expondría los motivos de su enojo, explicación que no llegó tras el impacto del anuncio de su renuncia al seleccionado.

A partir de la intervención de hecho en la AFA con la figura de la Comisión Normalizadora presidida por Armando Pérez, de excelente gestión en Belgrano, comenzó a barajarse una posibilidad impropia de un equipo de la envergadura del seleccionado argentino: contratar un tiempo de medio tiempo. La muy improbable figura de un técnico que lo sea a la vez de un equipo y del representativo nacional es la que más expone el deterioro y cómo se le baja el precio a la Selección.

Sin técnico en la mayor y con los seleccionados juveniles desmantelados (el Sub-20 acaba de partir a una gira con un cuerpo técnico prestado por Lanús), el equipo olímpico quedó a cargo de Julio Olarticoechea, porque era el único entrenador que la AFA tenía contratado. Después de integrar distintos cuerpos técnicos en las Sub-20, 18, 17 y 15, en el selectivo para jugadores menores de 23 años del ascenso y en la selección femenina panamericana, el Vasco quedó entonces al frente del equipo que competirá en Río de Janeiro 2013. Incluso, si la excursión carioca es exitosa y la definición en la elección del nuevo técnico se dilata, el campeón del mundo en México 86 podría conducir a la mayor en la doble fecha de eliminatoria de septiembre, frente a Uruguay y Venezuela.

Con una dirigencia generadora y multiplicadora de problemas, una competencia doméstica de luces y sombras en un nivel que no se ha elevado, la Selección era el escudo del fútbol argentino. Esa nave insignia hoy está a la deriva.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 28 de junio de 2016

El estigma y la partida

El dolor por otra final perdida solamente se apaciguó con una tristeza todavía mayor, la concreción de la pesadilla más temida: no contar más con Lionel Messi en el seleccionado. Después de otro título que se le escurrió como jugador del conjunto nacional, el mejor del planeta anunció su alejamiento. El héroe acusa el golpe recibido por un equipo que parece víctima de un maleficio que no le permite cortar una racha adversa de más de dos décadas, la peor de su historia..

En los 26 años transcurridos desde 1990 Argentina disputó diez finales y perdió ocho, las últimas siete de manera consecutiva, tres en los 24 meses que van de junio de 2014 a hoy. La de la Copa América Centenario agiganta el karma. Es posible encontrar explicaciones en el juego, realizar análisis tácticos y contemplar aspectos organizativos de cada una de las caídas enfiladas una tras otra. Pero las finales de las Copas América de 2004, 2007, 2015 y 2016, la del Mundial 2014, la de la Copa Rey Fahd 1995 y la del torneo en el cual derivó aquella competencia saudí, la Copa de las Confederaciones, en el año 2005 no pueden ser enhebradas por un consecuente hilo conductor. El destino del equipo nacional parece hechizado para arrodillarlo una y otra vez en la derrota que más duele.

Una nueva frustración, otra vez ante Chile, como el año pasado en Santiago pero esta vez en Estados Unidos, tiene razones futbolísticas, claro; pero también hay que contemplar el aspecto psicológico y emocional. No podrá saberse cuánto le pesó a este grupo de jugadores las dos finales que había perdido en los últimos dos años y el lastre de la acumulación de 23 años sin vueltas olímpicas.

La a caída por penales en Nueva Jersey tuvo como epílogo una mucho más profunda en el anuncio de Lionel Messi. “La Selección no es para mí. Ya está, es por el bien de todos. Lo intenté mucho, son cuatro finales. Lamentablemente no se dio lo que más buscaba que era un título con la Selección”, pronunció lacónico al abrirse la puerta del vestuario. Y se fustigó injustamente: “Es una tristeza grande y encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo hacerlo para sacar diferencia”. Antes de arrodillarse y enterrar el rostro en el césped, de hundirse en el banco de suplentes y de llorar por otra copa que se escapó, el rosarino había hecho en la cancha todo lo que le era posible. Siempre rodeado por cuatro adversarios y golpeado artera y sistemáticamente para no prosperar en el campo, de todas maneras era, como siempre, la llave maestra del ataque.

Ese fútbol de dirigentes que terminaron de dinamitaran la AFA y empobrecieron los clubes, de barrabravas delictivas y plateístas desbocados, de estadios sin visitantes, de un Tribunal de Disciplina penoso, ese fútbol que indujo a poner todo bajo la lupa de la sospecha acaso no se merezca a Messi. Pero lo necesita, imperiosamente, depende casi absolutamente de una cabeza capaz de procesar la mejor jugada en una mínima fracción y de uno pies para ejecutarla con una maestría sin igual.

Messi no es ninguno de los problemas de la Selección. Es, por el contrario, todas sus soluciones. Su renuncia, como toda decisión personal, no puede ser cuestionada. Resta esperar que no sea definitiva, que se trate de un tiempo de oxigenación y recarga para que el seleccionado vuelva a gozar con el privilegio de tener a uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.
(Foto: Elpais.com / AFP-Nicholas Kamm)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com