martes, 5 de julio de 2011

A 25 años de un triunfo eterno

Eran tiempos de télex, no de Twitter; y las fotos nacían en un cuarto de revelado en lugar de retocarse con Photoshop y volar por el ciberespacio. Mucho giró el mundo para un presente que poco se asemeja a ese pasado que parce aún mucho más lejano en tantas cosas. Pero un grito, una celebración, un festejo, quedó detenido en el tiempo para siempre. Hace 25 años, en México, Argentina lograba su último título mundial y daba lugar a la página más épica de la historia del fútbol nacional. Lo hacía con la marca a fuego del mejor jugador de todos los tiempos, Diego Armando Maradona.

La Mano de Dios, el gol más golazo de la vida, la interminable carrera a la eternidad de Jorge Luis Burruchaga, el llanto de Carlos Salvador Bilardo abrazado por Pedro Pablo Pasculli y Diego en andas con la copa son algunas instantáneas que aparecen nítidas de aquella consagración mexicana. Se trató de un equipo que forjó su identidad a contracorriente; con muchos garrotazos y contadas muestras de apoyo, logró revertir a una mayoría que no había creído en sus posibilidades para luego rendirse ante su magnificencia.

No hay manera de concebir aquel equipo sin Maradona, pero también es un reduccionismo demasiado injusto colocar a ese seleccionado apenas como un apéndice del Barrilete cósmico que danzó por el Estadio Azteca, con esa zurda como una pluma de incomparable exquisitez y el césped vuelto el más fino papel para escribir el poema perfecto del fútbol.

Aquel seleccionado enfrentó a cuatro a campeones mundiales. Se trató del empate 1-1 con Italia en la primera fase y los triunfos ante Uruguay, 1-0 en octavos; Inglaterra, 2-1 en cuartos, y Alemania, 3-2 en la final. El resto de los encuentros fueron las victorias frente a Corea del Sur y Bulgaria, en la fase de grupos, y Bélgica, en semifinales.

Delante del arquero, un líbero y dos stoppers, cinco mediocampistas ajedrecísticamente dispuestos y dos delanteros conformaron el sistema trabajado con obsesión durante casi cuatro años. Además, Bilardo supo hacer los cambios de intérpretes necesarios sobre la marcha. Así, entre el debut con Corea del Sur y la final con Alemania el equipo tuvo modificaciones. Néstor Clausen salió en la línea de fondo por José Luis Cuccifo, el sector izquierdo del medio campo fue ocupado por Julio Olarticoechea y no ya por Oscar Garré y Pasculli dejó su lugar en la delantera para que allí se acomodase Maradona y Héctor Enrique ingresase en la mitad de la cancha. Pero la base siempre estuvo muy clara: Nery Pumpido, José Luis Brown, Oscar Ruggeri, Ricardo Giusti, Sergio Batista, Burruchaga, Maradona y Jorge Valdano jugaron los siete partidos como titulares (Olarticoechea también disputó todos los partidos; pero ingresó como suplente en los cuatro primeros y estuvo desde el arranque en los tres últimos).

Se cumplen las Bodas de Plata del último gran logro del fútbol nacional, cuando Maradona se convirtió en bandera. Un festejo que será para siempre.

Patricio Insua
patinsua@gmail.com