martes, 17 de julio de 2012

Tinelli y la institucionalidad de San Lorenzo

En las últimas dos décadas nadie ha sido más influyente en San Lorenzo que Marcelo Tinelli. Jamás ocupó un cargo directivo y su único vínculo institucional con el club, más allá de  ser socio, estuvo referido al departamento de marketing en un breve período. Sin embargo, las decisiones futbolistas más trascendentes han estado referidas a su voluntad o consejo.

El aporte del exitoso empresario televisivo se circunscribe al aspecto económico. Efectivizó pagos de premios por objetivos alcanzados y sumó futbolistas, varios de ellos de alta jerarquía. Esos jugadores fueron acercados con el costo de importantes honorarios a cargo del club, que muchas veces actuó apenas como vidriera, siendo convidado de piedra en posteriores transferencias.

La financiación del plantel profesional es un elemento central en los clubes de fútbol, pero no se trata de lo único. Un proyecto integral debe estar apoyado sobre bases sólidas, vinculadas a la atención y los beneficios para los asociados, las actividades amateurs, la infraestructura, las divisiones inferiores y el ordenamiento contable, al cual los aportes de Tinelli no contribuyeron. Una entidad sustentable no se construye sólo con el paso de jugadores de renombre.

La institucionalidad de un club centenario y señero del fútbol argentino como San Lorenzo no puede ser obviada. Marcelo Tinelli decidió no participar de la vida política azulgrana, aunque adelantó con continuará acercando futbolistas. Será entonces tarea de la Comisión Directiva limitar su accionar a ese aporte, documentándolo con claridad y asociándose en las ganancias y las pérdidas. Las decisiones deberán estar solamente en manos de quienes hayan sido elegidos por los socios para conducir el club. Probablemente el conductor se impondría en elecciones, pero no es algo que haya sucedido y esa suposición no alcanza para darle de hecho un mandato que la masa societaria no le entregó.

La organicidad de San Lorenzo en tanto sociedad civil sin fines de lucro es la que debe primar; su orden estatutario no puede situarse detrás de ninguna persona. (Foto: Elonce.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 10 de julio de 2012

Riquelme, su verdad y las interpretaciones

“Le comuniqué al presidente que no voy a continuar. Amo a este club, voy a estar agradecido por siempre con la gente de Boca. El compromiso que tengo es muy grande, pero me siento vacío y no tengo nada más para darle al club. Estoy agradecido, a mis compañeros, al cuerpo técnico y a los dirigentes. Es una decisión mía. Yo no puedo jugar a la mitad. Llevo 16 años en el fútbol. Llegué a lo máximo, pensé que no iba a jugar una final de Copa nunca más. Ahora sólo quiero ir a mi casa, abrazarme con mis hijos y comer asado con mis amigos”.

La voz entrecortada de Juan Román Riquelme cerraba así su tercer ciclo vestido de azul y oro. Los periodistas que se encontraban en la antesala del vestuario visitante del estadio Pacaembú eran testigos de una noticia que eclipsaría incluso la derrota de Boca en la final de la Copa Libertadores.

Pese a sus dichos, las interpretaciones de la prensa recorrieron dos caminos, ambos a partir de la suposición del descontento del ídolo xeneize. Por un lado, se especuló con una ruptura con el entrenador, y, por otro, con el presidente. De ningún modo fueron lógicas infundadas, porque Riquelme ha tenido marcadas diferencias con Julio César Falcioni y con Daniel Angelici.

El número diez y el DT han expresado públicamente y en la cancha –uno con su juego, el otro con la disposición de sus equipos- distintos modos de entener el juego. Se trató entonces de una conveniencia forzada, muy friccionada en la llegada del entrenador y más llevadera con el paso del tiempo. Más o menos ríspida, nunca fue una relación basada en la confianza.

En tanto, Angelici renunció en su momento a la tesorería de la institución en desacuerdo con el contrato que se le había ofrecido al jugador, el mismo vínculo que ahora como presidente desea que cumpla. El futbolista había dicho en la campaña electoral que se quedaría en el club si Jorge Amor Ameal continuaba al frente de la Comisión Directiva, pero que no sabía qué haría ante un cambio de autoridades. La mirada que le dirigió Angelici segundos antes del anuncio de su partida no es posible entre dos personas a buenas.

Pero lo concreto es que las palabras de Riquelme no apuntaron ni al técnico ni al presidente. Contrariamente, les agradeció. De haberse sentido a disgusto con alguien, lo hubiese expresado, como lo hizo nada menos que con Maradona y en la Selección.

A lo largo de su carrera ha sido muy valiente dentro y fuera de la cancha. Callarse o mandar a decir no va con él. Lo que hayan afirmado quienes se jactan de ser sus confidentes correrá por su cuenta, tanto como las elucubraciones de los intérpretes de los medios. Riquelme puntualizó en el desgaste mental y físico, el mismo que lo hizo jugar poco en las pasadas temporadas. Esa fue su verdad, la única que cuenta.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com 

martes, 3 de julio de 2012

Festejos impensados

El Monumental explotó en un grito unísono con las lágrimas y las enloquecidas carreras de los protagonistas. La algarabía hasta derivó en festejos en el Obelisco. Días más tarde, el pueblo azulgrana rebalsó su estadio con una colorida fiesta y una efervescente celebración posterior. El cierre de la temporada 2011-2012 dejó las postales de los festejos de River y San Lorenzo. Pero no fueron por haberse quedado con el Clausura o la Copa Libertadores. Muy por el contrario, el Millonario desgarró gargantas por el ascenso a la primera división y el Ciclón emocionó a los suyos a partir de la permanencia en el círculo privilegiado.

Hasta la última de las 38 fechas de la primera B nacional tuvo que penar River para volver a Primera. Impuso su peso específico y la jerarquía individual del plantel más rico de la categoría para compensar su colectivismo anémico. Lo despertó de la pesadilla que duró un año el triunfo frente a Almirante Brown y fue entonces cuando todo River reeditó festejos de verdadera gloria para el logro más pequeño de toda su historia.

Pero saberse otra vez en el lugar que le es propio no trajo paz en Núñez. Daniel Passarella, Matías Almeyda, Chori Domínguez y Fernando Cavenaghi concitaron la atención mediática por la salida del club de los dos futbolistas. El presidente, el entrenador y los dos emblemáticos jugadores protagonizaron una historia sin buenos y repleta de medias verdades. Entre miserias y con River de rehén, también tuvo un actor con un apellido dorado en la historia riverplatense: Sívori. Néstor, hijo del legendario y desaparecido Cabezón, es el representante de Domínguez y Cavenaghi.

San Lorenzo llegó a la última fecha de la temporada con el objetivo de pelear por la permanencia en una reválida. Estuvo a 60 minutos de irse al descenso directo; lo salvó la desastrosa campaña de Banfield. Conservó su lugar tras imponerse en la Promoción ante Instituto. En el partido de vuelta ante los cordobeses, el Nuevo Gasómetro lució con una euforia y una concurrencia como hacía mucho tiempo no se lo veía. El Ciclón, que supo de la penuria del descenso, celebró a rabiar no caerse de la primera división.

En el instante en que terminó el partido, la gente insultó a la Comisión Directiva liderada por Carlos Abdo. Vibró con el festejo que menos hubiese imaginado al iniciarse la temporada y luego condenó el proceder de amparar barras, romper con la institucionalidad, desproteger a Leonardo Madelón, no haber reparado los destrozos en una tribuna pasados dos meses del temporal que la daño y el desmanejo que colocó al club en una posición de absoluta vulnerabilidad.

Mientras River festejaba el ascenso a la primera división y San Lorenzo el hecho de haberse mantenido ahí, el cuadro surrealista del fútbol argentino lo completó la consagración de Arsenal de Sarandí, alzándose con el título del Clausura 2012. Un final de temporada con celebraciones particulares, impensadas en otros tiempos.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 26 de junio de 2012

River concluyó el suplicio del peor año de su historia

El dolor lo acompañó, punzante, a cada paso de su tortuoso camino y la angustia, persistente, se mantuvo contenida. La sublimación de ambos pesares quedó expuesta en las lágrimas de Matías Jesús Almeyda una vez consuma la obra que se le había encomendado: la de devolver a River a la primera división. Sí, un objetivo que hubiese resultado inverosímil años atrás. Después de haber sufrido el descenso y transitar por la B nacional con mayores dificultades que las que podían esperarse, el equipo más veces campeón del fútbol argentino regresó a su ámbito de pertenencia.

El partido de la consagración, ante Almirante Brown -en un Monumental que recibió la patética sanción de la inhabilitación de una tribuna tras un asesinato- mostró a un conjunto tan fuera de línea como a lo largo de casi todo el torneo. River siempre fue más sus individualidades que un equipo. Nunca dejó de intentarlo y los constantes movimientos en la formación inicial fueron la muestra, pero Almeyda, en su primera experiencia como DT, no logró ensamblar un elenco de dinámica colectiva.

El peso psicológico y surrealista de medirse en el ascenso le pesó muchísimo, a tal punto que River se olvidó de que era River y magnificó un torneo con las complejidades lógicas de una competencia prologada y geográficamente extenuante. Era un certamen de segunda división, para un plantel de lujo y un estadio con 50.000 hinchas en cada partido.  Todos los rivales se le pararon delante como si se tratase de una final, sin dudas; nada nuevo bajo el sol, así ha sido siempre a lo largo de su riquísima historia.

En el receso del meridiano del torneo, River incorporó a Leonardo Ponzio y David Trezeguet. Ninguno de los dos parecía necesario en posiciones bien cubiertas, y en el caso del francés pesaba la prejuiciosa idea de recurrir a un jugador con las piernas ya agotadas. Pero los dos se erigieron en elementos importantes para el ascenso, el ex Newell´s desde su polifuncionalidad, entrega y sabiduría táctica, y el galo constituyéndose con sus goles, jerarquía e inteligencia en el elemento más determinante del equipo. Si en su llegada se creía que Trezeguet necesitaba a River sólo para decorar una carrera superlativa con el gusto de jugar con la camiseta de sus amores, fue River quien necesito de Trezeguet para regresar a Primera.

Se acabó el largo y doloroso peregrinaje de River; llegó al lugar del que jamás pensó que se iría. No deberá olvidarse de José María Aguilar y Mario Israel, quienes destrozaron uno de los nombres medulares y más pesados de la historia del fútbol nacional. Tras la resurrección, será tiempo de la reconstrucción.
(Foto: Telam.com.ar)

Patricio Insua patinsua@gmail.com  

martes, 19 de junio de 2012

Tigre expone al ridículo

El domingo Tigre puede ser campeón. El domingo Tigre puede quedar condenado a la promoción y como posterior consecuencia descender. El domingo Tigre puede dar la vuelta olímpica y luego perder la categoría. El domingo Tigre puede concretar el mayor ridículo deportivo de la historia de la Primera División.

El conjunto dirigido por Rodolfo Arruabarrena desnudó como nunca antes la improvisada organización del fútbol argentino. No había legislación sobre qué hacer si el campeón quedase además condenado por los promedios y la AFA debió colocar un parche a una fecha del final de la temporada. No es posible encontrar un sinsentido mayor que el de un equipo que logre el título y pierda la categoría.

Si los promedios no desaparecen después de este episodio, serán para siempre. Actúan a destiempo porque protegen cuando no deberían hacerlo y condenan con retroactividad. Tigre debió descender en la temporada 2009-2010 y de ningún modo lo merece este año, pero mantuvo su lugar hace dos años y ahora pena para no caerse del círculo privilegiado del fútbol argentino.

En caso que el Matador de Victoria consiga el título, lo habrá logrado con un merecimiento inobjetable; a lo largo de todo el torneo fue un equipo que arriesgó y mostró virtudes bajo la presión de tener que engrosar su promedio persiguiendo a todos desde la última posición. Si cae al Nacional B con el centro de campeón argentino será un desatino sin precedentes.
(Foto: Talam.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de junio de 2012

El peregrinaje del regreso y el propio empequeñecimiento

El descenso de River era inimaginable, pero la cadena de desatinos en Núnez hizo realidad la peor pesadilla. Desde entonces, lo esperable era el desfile futbolístico en un torneo de ascenso. Nada de eso. Otra vez lo que no parecía posible ocurrió: el tránsito por el Nacional B del club más veces campeón de Primera División es portentosamente traumático.

Bajo la dirección técnica de Matías Jesús Almeyda volverá al círculo privilegiado del círculo nacional. Es líder del certamen con 70 puntos y se asegurará el regreso a su lugar natural si el próximo fin de semana, en la anteúltima fecha de la temporada, derrota a Patronato, en Santa Fe. Pero no será un motivo de festejo, ni siquiera un desahogo; se tratará del final de un suplicio deportivo.

El componente anímico es relevante en el juego, pero para el Millonario se trata de un cepo mental. Liberado espasmódicamente y atrapado en un síndrome vertiginoso, avanza a los tumbos y por su peso específico. No son pocos los hinchas a los que debe menguarles el pulso al imaginar qué hubiese pasado sin la llegada de David Trezeguet a mitad de campeonato. El francés campeón del mundo aportó como ningún otro tranquilidad, jerarquía, goles determinantes y disposición colectiva en un equipo que siempre fue más sus individualidades que un conjunto.

River, por sí mismo, decidió reducirse. Siendo uno de los dos gigantes del país, entendió que no podía diversificarse en dos competencias y sólo atendió una. A tal punto llegó River que consideró que el torneo de segunda división es todo su universo. Así, en la semifinal de la Copa Argentina (como en las instancias previas) puso a un equipo alternativo. No tomó nota de su grandeza, su popularidad en todo el país en un torneo disputado en distintas provincias, del importante beneficio económico, ni de la posibilidad de ganarlo para regresar al plano internacional, del cual también se cayó. Lo paralizó un solo torneo, el Nacional B. No se trataba del Clausura y la Libertadores, sino la segunda categoría y un torneo novel. Pero a River le pareció demasiada carga.

Así se prepara para el ascenso, un objetivo inverosímil para su historia. Buscará un instante de paz entre tanto sufrimiento dado por la continuidad de desatinos iniciados en la cabeza de sus dirigentes y expandidos hasta los pies de sus futbolistas. Intentará, traumas mediantes, volver a ser lo que fue. (Foto: Telam.com.ar) Patricio Insua patinsua@gmail.com