lunes, 19 de marzo de 2007

Las dos realidades

La noticia, de entrada, parecía una broma. Más tarde, hecha realidad, se convertía en una sorpresa de enormes proporciones. Lo cierto es que la FIFA colocó por primera vez en el primer puesto de su ranking a la selección argentina. ¿Cómo? Así es. Al menos para los genios estadistas con sede en Zurich, quienes con un sistema de puntuación absurdo por cualquiera de sus costados elaboran una tabla de puntuación que hoy tiene a la selección de Alfio Basile como líder.

Hay una realidad concreta y tangible. Se reflejó en los medios de todo el mundo y mostró que nuestra selección encabeza el escalafón que la FIFA elabora mensualmente. Esa es la realidad de los escritorios, invento comercial que auspicia la gigantesca multinacional Coca Cola y firma la federación deportiva más importante y rica del mundo. Hay otra realidad, también concreta y tangible. Se trata de la que expone que la selección argentina no es la mejor, la número 1, como promocionan Blatter y los suyos. No lo puede ser un equipo que quedó eliminado en los cuartos de final de la Copa del Mundo, certamen en el cual sólo ganó sus dos primeros partidos ante los debutantes Costa de Marfil y Serbia y Montenegro. Menos aún si de los tres encuentros post-mundialista dos fueron claras derrotas ante Brasil (0-3) y España (1-2). El tercer amistoso sí fue victoria, y aunque sin brillar de peso: 1 a 0 ante Francia, subcampeón del mundo, en París. Valioso triunfo, pero de ningún modo justificativo suficiente para el desmesurado punteo en el ranking FIFA.

Muy bien por Basile. El Coco, sabedor que el equipo que quiere está aún en su mente y de ningún modo en el campo de juego, minimizó la cuestión. No se colgó la medalla, porque sabe que su selección no es la mejor del mundo. Desea que lo sea, pero sabe que ese anhelo habita en el futuro y no en el presente.

Argentina, por jerarquía y peso propio, puede ganarle a cualquiera. Es una potencia. Está en condiciones de imponerse ante cualquier equipo en 90 minutos de juego. Para la FIFA la selección albiceleste es la mejor. Para quienes ven fútbol sin interés alguno de llenarse los bolsillos, sin aristas corporativistas, está claro que Argentina no ha obtenido los resultados ni exhibido los rendimientos necesarios para ser colocada en la cima de Planeta Fútbol.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

lunes, 12 de marzo de 2007

Mostaza light

A primera vista, Carlos Reinarlo Merlo es un hombre duro. De fuertes códigos. No da la impresión de ser un hombre que retroceda cuando tiene delante algo que no es de su gusto. Forjado en un fútbol de guapos, sacó chapa de tal nada menos que en River, el único club de su vida y cuyos colores vistió en más de 500 oportunidades en Primera División. Sin embargo, este Merlo DT que parece estar dotado de una coraza de hierro tiene en realidad una armadura de caramelo.

En su segundo ciclo como técnico millonario, Merlo vio como sus dirigidos, comandados por Marcelo Gallardo, le reclamaban de brazos cruzados por su idea de juego. Inmerso en un laberinto en el que se descubrió cuando estaba ya en su tramo más intrincado, salió por la única puerta posible: la renuncia.

Aunque hasta ahora con final distinto, la historia se le repitió en Racing. El plantel no mostraba sintonía con el DT, quien entonces optó por hacer su demostración de poder: separó a Panchito Maciel del grupo de profesionales. Claudio López, con pocos días en Racing luego de una década de ausencia pero con chapa de ídolo, encabezó la demanda de todos sus compañeros para pedir el retorno del futbolista forzado al exilio. No omitió, además, decírselo a los periodistas. Otra vez, también en verano como aquella, Mostaza asistía a la sublevación en su contra. Pero el final fue otro, al menos por ahora. Merlo disfruta hoy de una tregua. Para gritar a los cuatros vientos que es él quien manda citó a la prensa para una demostración patética. Aclarando de antemano que no se aceptaban preguntas buscó explicar lo inexplicable, para que después el Piojo López, a su lado, dijese que no había dicho lo que sí dijo. sentenció que no se aceptaban preguntas, aunque no aclaró de quien, porque menos de medio minuto después de haberse levantado de su silla ya estaba siendo entrevistado por quien lo emplea cuando no tiene trabajo como entrenador.

Los equipos dirigidos por Merlo no se han caracterizado ni por sus buenos resultados, ni mucho menos por su juego. Por su puesto que los hinchas de Racing gritarán a rabiar que fue quien les dio el primer campeonato luego de casi cuatro décadas. Es cierto. Pero, aunque le sea al fanático académico imposible analizarlo, bien cabe recordar de qué modo ganó Racing aquel Apertura. Al pasar, vale señalar que disputó la última fecha de aquel certamen, la consagratoria frente a Vélez, el 27 de diciembre de 2001, con un país incendiado en la peor crisis de su historia. La fecha se había suspendido, pero Racing tenía que salir campeón. Fue el único partido que se disputó, el resto de la fecha se completó al año siguiente, 40 días más tarde.

Carlos Reinaldo Merlo se sostiene como técnico de Racing. Tal vez lo haya salvado ese golazo de Maximiliano Morales desde 35 metros a Lanús. Merlo, por ahora, resiste.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

viernes, 2 de marzo de 2007

Si te he visto no me acuerdo

El status habitual del fútbol argentino es definitivamente el reino de lo increíble. En este contexto, apareció la noticia que daba cuenta de la visita de hinchas de España y México (entre otros países) al seno de la barra brava de Boca, comandada por Rafael Di Zeo, para asesorarse en temas como manejo de entradas, ingreso de banderas a los estadios y organización del traslado de muchedumbres de una ciudad a otra.

Di Zeo y los suyos se conducen por los pasillos de Boca con total cotidianeidad. Son socios y por eso puede vérselos en casa amarilla cada semana disputado un picado en alguna de las canchas auxiliares. Tienen un vínculo estrecho con los jugadores, a los cuales suelen llevar a las peñas xeneixes fuera de la Capital Federal. Entradas y viajes dan cuenta del vínculo de la barra con la dirigencia de Boca. Pero la tranquilidad con la que el líder de La 12 dice no tener ninguna relación con Mauricio Macri y el desconocimiento que habitualmente el presidente de Boca asegura tener de las actividades del barrabrava y su grupo llevan a pensar absolutamente lo contrario. Así, parece evidente que existe un acuerdo entre ambos por el cual se intercambian favores bajo la premisa de hierro de negarse mutuamente.

Por ejemplo, Di Zeo asegura que no se dedica a la reventa de entradas, simplemente porque, según sus palabras, las que tienen (la barra brava) no les alcanzan; de lo que se desprende que desde el club les dan tickets. Estos y otros muchos beneficios obtienen los bravos xeneixes; porque Macri no pretende combatirlos, sino sólo esconderlos, despegarlos de su figura para que no embarren su carrera política. A fin de cuentas, después de todo, Macri y Di Zeo tienen algo en común: ambos utilizaron y utilizan a Boca para un rédito personal.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 20 de febrero de 2007

El milagro de existir

Con el maltrato que se le dispensa, parece un milagro que le fútbol argentino siga en pie. ¿Goza nuestro deporte rey de buena salud? La respuesta es, evidentemente, un no rotundo. Lo increíble radica en que pese a recibir cachetazo tras cachetazo la competencia de cada fin de semana se mantiene en pie, incluso, gracias a la materia prima de una cantera inagotable, con prestigio.

Que con oscuros hombres tras los escritorios de los clubes, negocios millonarios en la trasmisión de los partidos, el conjunto campeón estrenando su título un día lunes, una AFA que avala cuanta irregularidad se ponga delante, barrabravas no ya amos y señores de las tribunas, sino con participación y ganancia en pases de jugadores, y mil vicios más, es realmente un milagro que el fútbol argentino subsista con este nivel.

Tal descalabro de ninguna manera tiene un único responsable. Pero, al mismo tiempo, difícilmente tenga a alguien libre de culpa. Porque poder político, Justicia, AFA, Policía, dirigentes de los clubes, futbolistas, periodistas y hasta el hombre “común” que va al fútbol colaboran para el desastre. Claro que no todos y los que sí con distintos grados de responsabilidad. Porque de ninguna manera es lo mismo José María Aguilar en tanto presidente de River que un hombre de control de ingreso a las tribunas toreado por medio centenar de bravos.

La connivencia entre los violentos y quienes tendrían que frenar su proceder es evidente. El empleo en dependencias estatales, los hábiles abogados que los patrocinan, sus entradas y salidas instantáneas de los lugares de detención y el dinero con el que financian sus actividades son, entre otros tantos hechos, pruebas más que suficientes para ver el vínculo entre los barrabravas y quienes deberían ser sus enemigos.

Además, los jugadores también hacen su parte. Porque si bien puede entenderse que por temor colaboren con el dinero que les exigen los barras, los cierto es que la mayoría de las veces los triunfos dedicados desde el campo de juego y las camisetas obsequiadas tienen por referencia al sector de la tribuna donde se disponen los barras. Eso sí, cuando tras una entrenamiento algún chico se acerca para conseguir aunque sea una media de alguno de sus ídolos obtienen como respuesta una escueta negativa en simultaneo con la suba de los oscuros vidrios de los autos importados que tanto gustan a los futbolistas. Tristemente, a esto se agrega la idolatría que la mayoría de los que concurren a las canchas (quienes insultan, escupen y se comportan del peor modo) le dan a los violentos, vitoreando su ingreso a la tribuna y cantando las barbaridades que luego estos concretan.

Por ser el fútbol una parte constitutiva de la cultura y la identidad argentina duele tanto su arrebato. Porque hoy lo dominan violentos de armas tomar y corruptos vestidos con los mejores trajes franceses o italianos. Deberá entonces buscarse la normalización del fútbol, la cual implica devolverle el espectáculo de este deporte al público -que hoy es rehén o quedó proscripto de los estadios- y sacárselo a quienes se enriquecen y obtienen diversos réditos con los peores artilugios.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

miércoles, 14 de febrero de 2007

Doble o nada

La salida del laberinto en que se había transformado el Villarreal depositó a Juan Román Riquelme en el sitio que le devuelve la sonrisa. La amplia y continua sonrisa que no abandonó en su presentación oficial junto a Mauricio Macri y Pedro Pompillo. Su segundo ciclo en Boca se presenta como la alternativa ideal para un 2007 que había comenzado para el talentoso mediocampista con sombras de pesadilla. Porque supo hacer durante más de tres años del Submarino Amarillo un hogar perfecto, al tener rol protagónico en un equipo que se amoldaba a su juego y vivir en una tranquila ciudad que no lo ahogaba por su estatus de futbolista estrella. Las recientes diferencias con el entrenador chileno Manuel Pelegrini derrumbaron ese mundo casi ideal en el que morada con felicidad el ídolo xeneixe.

Con todo, la llegada de Riquelme a Boca tiene, al menos, dos lecturas posibles. Por un lado, se trata del regreso de un jugador de enormes condiciones, que llega para potenciar y jerarquizar a su equipo y al torneo argentino. Pero, asimismo, arriba luego de un derrotero que comenzó con una actuación decepcionante en el Mundial de Alemania, la posterior renuncia al seleccionado, el reciente conflicto en el Villarreal y el desinterés de club europeo alguno por sumarlo a sus filas.

Entonces, los cortos seis meses de JR en Boca serán una apuesta a doble o nada. Descollará en busca de su revancha personal para mostrar su valía, o continuará por el mismo camino que lo trajo de nuevo al país, abundarán las críticas y seguirá el hombre surgido en Argentinos Juniors sin poder levantar cabeza. Sus condiciones no merecen discusión, por lo que restará ver su adaptación a un entrenador, Miguel Ángel Russo, de fuerte rigor táctico (tal vez la mayor debilidad de Riquelme) y cómo resolverá más de dos meses sin competencia oficial.

Riquelme llega a Boca antes de lo que hubiese imaginado, ya que su deseo era permanecer en la liga española. No es difícil entonces intuir que buscará capitalizar estos seis seis meses en Boca para obtener su pasaje de regreso al fútbol europeo. Así, motivación y presión también tendrán su disputa en la mente y las piernas del hombre que rompió el mercado argentino versión 2007.

Tampoco debe obviarse que repatriar a Riquelme, en una cifra que parecería imposible para un club argentino (Boca le habrá pagado 2.000.000 de dólares al 30 de junio del corriente año) es una jugada a la que Mauricio Macri espera sacarle rédito político en un fuerte año electoral; porque es claro que todo lo que el líder del PRO es en al arena política se cimenta en sus más de 10 años como presidente de Boca.

La sonrisa de quien se calzó la muy simbólica camiseta número 10 de la selección argentina en el último Mundial en su presentación en Boca es un síntoma para los hinchas xeneixes. Será un nuevo capítulo en la historia del último jugador que logró polarizar las posturas del pueblo futbolero con defensores obstinados y detractores obsesionados.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

domingo, 4 de febrero de 2007

Los colores de turno

En el súper profesionalizado fútbol de empresa de nuestros días, la fidelidad a los colores, la pertenencia a un club y la comunión con su idiosincrasia, parece no tener lugar. Aunque pocas, hay excepciones. Una de ellas -tal vez la más fabulosa- la encarna Paolo Maldini, uno de los mejores defensores de la historia del fútbol mundial, quien debutó en el Milan hace 22 años y vistió la casaca del conjunto rossonero en más de 830 partidos. Curiosamente, el cuatro veces mundialista tendrá como nuevo compañero a otro futbolista estrella, Ronaldo, quien no ha cultivado la misma lealtad que el otrora lateral y hoy zaguero italiano.

Luis Nazario de Lima, a quien el Planeta Fútbol conoce como Ronaldo, apareció en Brasil con una irrupción estremecedora, al marcar 58 goles en 60 partidos en el Cruzeiro. Entonces, con sólo 17 años mudó su furia goleadora al fútbol europeo, donde tuvo una presentación electrizante al disputar 56 cotejos en el PSV Eindhoven y gritar 55 tantos. Tremendos números le valieron la atención del Barcelona, que lo hizo suyo para luego festejar sus 39 conquistas en 44 encuentros. En la ciudad Condal lo adoraron. Una temporada le alcanzó al Fenómeno para ser idolatrado por la entidad blaugrana, que lo eligió como el autor del segundo mejor gol en la centenaria historia del club. La respuesta de Ronie al cariño catalán fue ponerse, tiempo después, la camiseta merengue del Real Madrid.

Cierto es que no fue un pase sin escalas, como el de Figo, sino que en medio trascurrieron cinco temporadas en el Inter, acérrimo rival del Milan, su nuevo equipo. Estuvo un lustro el equipo donde supo brillar Ramón Díaz. Allí sufrió una terrible lesión que lo tuvo alejando de las canchas cerca de un año. Por el comportamiento del conjunto milanes en aquellos tiempos, el máximo goleador en la historia de los Mundiales aseguró que Massimo Moratti, dueño del conjunto milanés, era como su segundo padre. Algunos años más tarde, en un parricidio, Ronaldo volverá a jugar en el Giuseppe Meazza, pero esta vez para el Milan. El furtivo goleador recibió a baldazos el cariño y sostén –en todos los aspectos- de dirigentes y seguidores del Inter cuando sufrió una serie de cruentas lesiones en su rodilla derecha. Sabiendo que les dibujaría a éstos una mueca de decepción en el rostro al fichar para sus eternos rivales, de todas maneras lo hizo.

Ronaldo podrá, con legítimo orgullo, golpearse el pecho y decir que vistió las camisetas de cuatro de los equipos más grandes y con más historia. En este fútbol industrial, la mayoría de los jugadores aseguran que se deben a la institución que confió en sus cualidades, dejando implícito que los sentimentalismos no tienen lugar. Aunque con dinero de sobra, el astro brasileño eligió el camino más antipático, el de jugar para un equipo con mucha historia, hablar loas del club y sus seguidores, y más repetir lo actuado pero en la vereda de enfrente, en la casa del rival de siempre. Con justo derecho hizo su elección, pero seguramente no hubiese estado de más pensar en el dolor que le causaría a los hinchas y dirigentes que en el pasado no habían escatimado en elogios para su bellísimo juego. Pero así es Ronaldo, paradigma del fútbol publicitario de nuestros días.
(Foto: Adnkronos.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com