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lunes, 13 de julio de 2009

Hazaña de Gimnasia para quedarse en Primera

Revertir una serie que se inició con un 3 a 0 en contra siempre implica una epopeya futbolística. Si además se logra agónicamente, con nueve jugadores y para evitar el descenso, la alegría que hace de catarsis a la angustia contenida tiene la desmesura propia de la concreción de una hazaña. Así transcurrió la soleada tarde de domingo del pueblo de Gimnasia y Esgrima de la Plata, que a los 27 minutos del segundo tiempo empataba sin goles ante Atlético Rafaela –es decir que estaba tres goles abajo en el resultado global- y terminó ganándolo 3 a 0, con un hombre menos que su rival y gracias a los goles de Diego Alonso (había convertido sólo dos en toda la temporada) y el doblete de cabeza de Franco Niel, que supera por 2 centímetros el metro sesenta de estatura, a los 44 y 47 minutos. Se trató de un milagro deportivo y fue un premio a la lucha y la entrega del conjunto platense, por eso se celebró tanto como un campeonato.

Pero la hazaña tripera no fue solamente la que se concretó en la cancha ante la Crema, con más coraje que fútbol. Se trató, además, de una cruzada que le permitió eludir la sinrazón de un sistema de ascensos y descensos descabellado y, seguramente lo más importante, sobreponerse al caótico reciente pasado dirigencial que tuvo su máxima expresión de descaro y daño al club en la Comisión Directiva que encabezó el impresentable Juan José Muñoz.

El nefasto Promedio hizo que Gimnasia deba disputar la Promoción cuando había sumado 55 puntos en la temporada, gracias al gran trabajo de Leonardo Madelón y el esfuerzo de sus jugadores. Pero el año pasado le jugó a favor, ya que lo mantuvo a salvo pese a que había sido uno de los dos peores equipos de la temporada. Porque el coeficiente que surge de la división de puntos y partidos de las últimas tres temporadas es, además de injusto, anacrónico, lo cual quedó en evidencia con el Lobo: mantuvo la categoría con relativa tranquilidad al quedar anteúltimo y se tambaleó en el borde del abismo cuando fue noveno.

Luego de haber arañado el primer título de Primera División de su historia cinco veces en los últimos 14 años (fue subcampeón en los torneos Clausura 1995, Clausura 1996, Apertura 1998, Clausura 2002 y Apertura 2005), Gimnasia estuvo a un suspiro de descender, algo que no le sucede desde 1979 y con 25 años ininterrumpidos en Primera. Llegó a esta situación por los malos manejos de quienes tuvieron la responsabilidad de conducir el club. Los socios deberán aprender del error que significó haber puesto hombres oscuros al frente de la institución y que, con el efecto retardado que muchas veces tienen las malas administraciones, a punto estuvo de costar la tristeza de un descenso.
(Foto: Lanacion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

viernes, 10 de noviembre de 2006

Definitivamente, algo huele mal

La historia se divide en mitades, ambas lamentables. La primera tuvo tres protagonistas principales. El patotero Juan José Muñoz, presidente de Gimnasia, quien ingresó en el entretiempo del partido que disputaban su equipo y Boca a un lugar vedado como es el vestuario de los árbitros para amenazar a Daniel Giménez. El propio sargento oriundo de Chaco, pésimo árbitro, que suspendió el partido por la gravedad del hecho y pidió incluso parar el fútbol, pero luego relativizó lo sucedido y hasta dejó de lado la denuncia pertinente, pese a que en un primer momento dijo que Muñoz lo había amenazado de muerte. Resulta evidente que alguien “invitó” a Giménez a volver sobre sus pasos. Y, por último, la AFA con su política del todo pasa, al buscar minimizar el escándalo, darle una levísima sanción al presidente platense y hacer disputar el segundo tiempo dos meses más tarde.

La segunda parte no escatima en miserias. Al suspenderse el partido Gimnasia ganaba 1 a 0, pero al momento de la reanudación el campeonato ya no era el mismo. Estudiantes, eterno rival del Lobo, aparecía como uno los candidatos a robarle el título a Boca. Entonces entró en acción la barra del Lobo, para amenazar a los jugadores y darles como única opción perder el encuentro ante los de La Volpe. Versiones periodísticas aseguran incluso, aunque parezca increíble, que dos miembros de la CD participaron del apriete. Tremenda situación lógicamente repercutió en la actuación de los dirigidos por Troglio, quienes jugaron con una liviandad imposible de ver en la máxima categoría del fútbol argentino.

No se puede culpar a los jugadores de Gimnasia. El miedo de saber que habitan en un país en el cual quines los amenazaron tienen manos amigas para moverse sin inconvenientes los llevó a obedecer y a callar. Entonces, los cuatro goles que anotó Boca fueron su modo de dar cuenta del suceso, de dejar en claro que algo había sucedido. Fue así como el tema estalló en los medios y mientras que Ariel Franco se animó a contar lo que pasó (sin demasiadas exactitudes, es cierto), la novia de uno de los integrantes del plantel hizo la denuncia policial.

Si bien, como se ha señalado, el plantel tripero es víctima y rehén, también resulta doloroso ver como ante tan graves situaciones nadie da un paso al costado para separarse de tales miserias. Y esta conducta atraviesa a todos los sectores de nuestro fútbol. Así, se hacen posibles sólo dos lecturas respecto de quienes hoy, ayer o mañana aparecen involucrados en estos hechos: o son parte de la mugre o son tan pusilánimes que no están dispuestos a resignar ni una moneda de sus ingresos por más que se vean involucrados en tretas que manchen su nombre.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 19 de septiembre de 2006

La violencia de todos

Funcionarios de la administración pública y dirigentes de los clubes, deslindando responsabilidades que por sus cargos les competen, aseguran que la violencia en los estadios es un problema social y no del fútbol. Si bien yerran de cuajo al decir que están atados de pies y manos a la hora de buscar soluciones, su diagnóstico de la violencia como algo inserto en la sociedad toda es absolutamente real.

Lo sucedido en la cancha de Colón muestra otra parte de la violencia, no la que suele asociarse a los estadios de fútbol. Se trata de la transformación del “hombre común”. Muy probablemente el plateísta que agredió al juez de línea es una persona que protesta contra las injusticias y las miserias que padece nuestra sociedad. Sin embargo, en la cancha actuó de forma violenta, porque de unos años a esta parte la cancha parece haber legitimado esto. “¿Dónde te pensás que estas, en la cancha?”, suele ser el reto de una madre ante un insulto de su hijo. Así se le prohíbe algo, pero también se lo autoriza a otra conducta: a insultar en la cancha. Lo autorizan también los jugadores: “la gente paga y tiene derecho a insultar”. Bajo esa lógica, ¿pagar en un restaurante da derecho a insultar a los mozos?.

En una cancha los delincuentes, los que financian su día a día a punta de pistola, son minoría. Pero la mayor parte del resto de la gente que llena un estadio saca ahí lo peor de sí; entonces insulta, escupe, canta barbaridades o le arroja con odio un encendedor a un juez de línea. El plateísta de Colón debe ser sancionado, pero no usado como chivo expiatorio; su proceder no merece la cárcel, pero sí medidas vinculadas a la realización de jornadas de trabajo comunitario y la prohibición de concurrir a eventos deportivos por un tiempo prudencial. Por su parte, los hombres que por su posición tienen las herramientas para modificar esta realidad deberán poderse a trabajar con la sapiencia y la honestidad que los lugares que ocupan requieren.

Disputado apenas un poco más de la tercera parte del campeonato, tres cotejos debieron suspenderse. Primero fue el que debían disputar Godoy Cruz y Arsenal, con los barras mendocinos como protagonistas. Luego tuvo lugar en La Plata la bochornosa actitud de Juan José Muñoz en el choque de Gimnasia con Boca. En tanto, el pasado fin de semana un alterado hincha sabalero arruinó el encuentro entre Colón y Vélez. Esto sin contar los incidentes en las divisionales de ascenso y los partidos que no se suspendieron para evitar que la pelota deje de rodar, paralizando así un negocio millonario.

Vivimos en una sociedad violenta y lo peor de ese modo de ser se condensa en la cancha. Cuando eso es funcional, es decir se suma, a los que los hacen de la violencia un negocio y a los que roban y extorsionan de lunes a viernes para el fin de semana ocupar el mejor lugar de la popular, el resultado es el que tenemos ahora.
(Foto: Lancion.com.ar)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

martes, 12 de septiembre de 2006

Una nueva oportunidad

La suspensión del partido entre Gimnasia y Boca marcó un nuevo hecho vergonzoso en el fútbol argentino y, a su vez, una nueva oportunidad para la AFA. Si sanciona lo que ocurrió con la severidad que corresponde, marcará el punto de partida de una nueva y correcta forma de actuar; será el inicio de un nuevo modo de proceder. De lo contrario, se tratará de un nuevo mamarracho del máximo órgano rector de nuestro fútbol.

El solo hecho de que Juan José Muñoz, presidente de Gimnasia, haya ido en el entretiempo al vestuario del árbitro es un mal indicio. La molestia de la gente del Lobo radicaba en las amonestaciones a seis jugadores en los primeros –y en este caso únicos- 45 minutos y la expulsión de su técnico, Pedro Troglio. Seguramente no se sabrá qué se dijo ni cual fue el tono del intercambio entre el presidente del conjunto platense y Daniel Giménez, árbitro del encuentro, aunque lo que sí se sabe es que Muñoz estaba en un lugar donde no tenía nada que hacer.

La gravedad que Giménez le asignó a lo acontecido hizo que se suspendiera el partido y entonces los equipos no salieran al campo de juego para disputar el segundo tiempo. Las más de 35.000 personas que concurrieron al Estadio Ciudad de La Plata debieron irse luego de ser informadas tardíamente de la resolución que se había tomado. Más tarde y ante los medios, el titular de Gimnasia reconoció su error al admitir que su presencia en el vestuario del árbitro había sido inapropiada, pero negó cualquier amenaza. No sólo eso, sino dejó su lugar de victimario para colocarse como víctima al asegurar que fue maltratado y amenazado por uno de los jueces de línea. Los antecedes de Muñoz, con varios hechos escandalosos desde que llegó a la presidencia del Tripero, no lo ayudan.

Un punto es clave y hace particular a este suceso: no se trata de barrabravas –al menos en el sentido que se le suele asignar a este término-, sino del presidente mismo de la institución que oficiaba como dueña de casa. Será tarea de la AFA sancionar a Muñoz, inhabilitándolo para ocupar cargo alguno en Gimnasia, y al propio club, quitándole puntos. La gravedad de la cuestión así lo demanda.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com