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sábado, 13 de mayo de 2006

La peor paga

El canibalismo del fútbol argentino no es novedad y bajo esta premisa es poco o nada lo que puede sorprender. Sin embargo, de todos modos, vale detenerse en la injusticia que se ha cometido con Diego Simeone en Racing. Ante Newell`s fue el último partido de La Academia en el torneo Clausura y ese cotejo, disputado en Avellaneda, era el que el Cholo había elegido para ponerle punto final a su extraordinaria carrera cómo futbolista. El partido ante los rosarinos fue el último del ex capitán de la selección argentina en Racing, aunque no como jugador sino como DT.

La dirigencia del club lo indujo al retiro anticipado en dos oportunidades (“Yo quisiera estar jugando”, admitió en sus primeros pasos como técnico) para ubicarlo en el banco de suplentes en un momento sumamente delicado. Simeone entonces puso el pecho, incluso en contra de lo que hubiera sido más conveniente para él. A cambió recibió un cachetazo. Se le agradeció por los servicios prestados y se lo despachó. Llegado el momento en que podía planificar su trabajo, armar un equipo en circunstancias más favorables y no en base a urgencias, se le dio la espalada.

Patrones instalados en nuestro fútbol, en la conferencia de prensa que dio antes dirigir su último partido, Simeone aseguró entendía que la llegada de una nueva autoridad trajese aparejado un cambio en la dirección técnica. De todas maneras su dolor era evidente.

Por suerte para Simeone, queda la imagen de esta buena racha de Racing sobre el final, lo cual le permitirá quedar con credencial de técnico apetecible y bien visto. Se fue de Racing el día que el había elegido cuando empezó el campeonato, aunque lo hizo como técnico y no como jugador. Como merecía se despidió ovacionado.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricion Insua
patinsua@gmail.com

jueves, 4 de mayo de 2006

Basile, los títulos y la gente

En una temporada, bajo la conducción de Alfio Basile, Boca se quedó con la Recopa, el Apertura y la Sudamericana. El Clausura completará el póker y así habrá máxima efectividad para el Coco: cuatro torneos disputados, cuatro ganados. Sin embargo, el ex seleccionador nacional no logró el reconocimiento del hincha. Jamás cálidos aplausos lo recibieron al acercarse al banco de suplentes, ni la hincha coreó su nombre.

Con tantos logros es difícil encontrar una respuesta a la actitud de la gente. Si de ensayar suposiciones se trata, tal vez se puede seguir el camino de lo que marcó en Boca la Era Bianchi. En ese período el hincha xeneixe pudo haber desarrollado una mirada fina sobre la táctica, lo que hizo que prefiriera un equipo como aquel, muy sólido aunque con menos brillo, a este basado en el vistoso peso de sus individualidades. El Boca de Bianchi parecía imbatible, este de Basile ofrece un fútbol más ofensivo, pero lo abriga lo que suele llamarse la manta corta.

Otro camino puede buscarse en el plano los sentimientos alejados de la razón, el cual ocupa en el fútbol un lugar de privilegio. Entonces habrá que decir que Basile nunca cayó bien en el hincha de Boca por cuestiones extra deportivas, como ser su personalidad o sus modos, y que ese sentimiento no hay título que lo pueda revertir.

Basile no fue bienvenido en su llegada a Boca, se lo observó con dureza ante cada paso en falso y a la hora de los laureles su nombre quedó relegado en la afición boquense. La explicación no parece fácil de encontrar, tal vez si Enrique Santos Discépolo viviría nos podría alumbrar el camino para meternos un poco más en la cabeza y el corazón del hincha.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com

domingo, 16 de abril de 2006

¿Hacia dónde mira la Justica?

En la noche del 26 de marzo, por la undécima fecha del torneo Clausura, Banfield visitó a Independiente en su estadio de Avellaneda y se vivió un hecho al que, lamentablemente, el fútbol argentino se acostumbró. Es cierto que esta vez adquirió ribetes más escandalosos, hecho por el cual entonces sí se hizo hincapié en la gravedad de la cuestión.

A falta de 10 minutos para la finalización del partido que Banfield ganaba 2 a 1, los insultos de los plateístas locales provocaron la reacción del técnico del Taladro, Carlos Leeb. Tras el intercambio de insultos, el DT recibió el golpe de un proyectil (se presume que un hielo) sobre uno de sus ojos. Entonces los hechos se concatenaron: Leeb tirado en el piso, atención del médico de Banfield, camilla rumbo a los vestuarios y suspensión del partido.

Casi tres semanas más tarde, un juez de paz de Avellaneda determinó que Leeb no podría ingresar a estadios de fútbol durante cinco fechas por haber incitado a la violencia. Ahora bien, ¿no fue el revés? ¿no fue que Leeb reaccionó porque desde al platea lo incitaron a él a la violencia? ¿dónde estaba ese mismo juez de paz cuando Julio César Falcioni, técnico de Independiente, se insultó del mismo modo con los plateístas de su equipo? ¿por qué no tomó entonces la misma medida que con Leeb?

No se trata en esta nota de justificar el proceder de Leeb. No se trata de dejar pasar una más ya que todo es un descalabro. No vale el “qué le hace una mancha más al tigre”. Leeb cometió un error y merece una pena. Ocurre que en un marco de total injusticia como en el que se vive, con las cosas que se ven cada fin de semana en una cancha, la medida tomada contra el entrenador de Banfield parece más una injusticia que una búsqueda por imponer justicia. Y esto es por una cuestión elemental: cuando la Justicia no es justa, cuando no tiene ecuanimidad, no es Justicia.

Barrabravas delincuentes de profesión se exhiben impúdicamente y adinerados abonados a plateas se comportan del peor modo. Ahí la vista es infinitamente más gorda de lo soportable. Si la medida que se tomó contra Leeb (independientemente de apelaciones que le permitan sortearla) es el punto de partida para que algo mejore, bienvenido sea; sino, será una nueva tomada de pelo.
(Foto: Fotobaires.com)

Patricio Insua
patinsua@gmail.com